Archivo de la etiqueta: Orfeo

Expediente Misterio Orfeo: el Cristo griego

Breve introducción:

Los orígenes de la religión órfica están todavía bastante confusos. Desde la mitad del siglo VI a.C., aproximadamente, podemos encontrar distintos puntos de contacto entre el mundo griego y comunidades religiosas, poseídas de unas peculiaridades teorías místicas que tienen como primer predicador a Orfeo, el legendario cantor tracio. La distinción decisiva que hay entre sus opiniones y las de la filosofía consiste en que las enseñanzas que se propagan en estos círculos no se dan como resultado de un trabajo intelectual de uno o varios investigadores, sino como revelaciones de Dios o más bien de su profeta Orfeo y que no se dirigen tanto a la razón cuanto al sentimiento religioso y a la fantasía. Estas religiones tenían que ser creídas, pues el orfismo era, en definitiva, una religión; más exactamente aún, una teoría.

La secta órfica no sólo encontró su centro principal en Atenas, también encontró un suelo favorable en la Magna Grecia y Sicilia, y por eso, no es casual el que la mención más antigua del famoso “Orfeo” se encuentre en el rapsoda Íbico de Regio. Noticias sorprendentes nos han ofrecido aquellas extrañas láminas de oro que fueron encontradas en las proximidades de la antigua Turios, y más al Sur todavía, en Petelia, en tumbas de los siglos IV y III a.C; según el texto de los hexámetros que hay grabados sobre ellas, se deduce que eran entregadas a los muertos “para indicarles el camino y para que fueran reconocidos por las divinidades de la muerte”. Pero también en Eleuterna, en Creta, se ha encontrado una inscripción semejante del siglo II a.C. Y aunque desde el siglo IV los cultos órficos fueron degenerando en conspiraciones, han durado, sin embargo, hasta el final de la Antigüedad y todavía han ejercido un influjo importante en los neopitagóricos y neoplatónicos e incluso también en las antiguas representaciones cristianas del más allá y en las del destino del alma humana después de la muerte.

Os invito a ver el vídeo sobre la analogía entre la religión cristiana y la órfica. 

Reflexión personal

El hombre siempre ha estado bajo una nube de interrogantes, de dudas, de crisis, que gira en torno a un sistema de mitos y creencias cuya principal función es canalizar la fe, la esperanza y la alegría. Sin embargo, siempre queda en la mente una nube llamada “misterio de la vida” que se queda depositada como semilla y que va ligada a nuestras vidas como una sombra inherente. Quiero destacar que el propósito de cada uno de nosotros  es  indagar en nuestro ser más íntimo y  personal, no dejar como evidencias claras y rotundas que las religiones sean nuestra única respuesta a nuestros pensamientos y direccionen nuestras vidas con leyendas imprecisas, con profetas transfigurados en cada civilización y con mitos remedados que retornan en cada cultura. De esta manera, mi enfoque ha sido siempre el de intentar comprender el posicionamiento del hombre en el universo, su relación directa con la divinidad, el contacto con nuestro Yo superior y la apertura hacia unas dimensiones que van más allá de lo tangible. Éstas y otras cuestiones van más allá de los dogmas, credos y leyes, pudiendo encontrar las respuestas (si algún día dejamos de leer la cartilla del parvulario llamada sistema de religiones) en nuestro interior, concretamente, en esa llama divina, eterna, enérgica que nos envuelve a todos. Me quedo, para cerrar líneas, con lo que escribió el poeta inglés William Blake: «ver un mundo en un grano de arena, un cielo estrellado en una flor silvestre, tener el infinito en la palma de su mano y la eternidad en una hora». He ahí la gloria: sumergirse en aquella Energía bienhechora que nos llena de sentido y alegría.

En definitiva, las religiones, sean cual sean sus orígenes, son cosas de grupos y sociedades donde el hombre queda totalmente estructurado. La religión que hay que profesar es la de la aspiración hacia el reino de la libertad, donde se colocará de nuevo al individuo en la fuente original de la vida. El único viaje espiritual es individual y no puede estar organizado ni estructurado y no sólo hay un camino, aunque todos tenemos el mismo destino. Como dijo Buddha: Al igual que la vela no puede arder sin fuego, el hombre no puede vivir sin vida espiritual.

Enlaces de interés sobre la misma temática:

  1. Orígenes de la religión órfica
  2. Orfeo, más allá del mito

 

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Antigua Grecia

Iniciación y Misticismo en Samotracia

Victoria de Samotracia

Los cultos mistéricos antiguos reunían una serie de características comunes. La iniciación en éstos era principalmente una decisión personal que quedaba sometida al cumplimiento de unos requisitos de admisión. Ésta se solía dividir en distintas etapas que diferenciaban a los iniciados en grados, cuyas ceremonias de iniciación eran llevadas a cabo en determinados edificios de un santuario. En ellos,  se celebraba un ritual caracterizado por la experiencia de lo sagrado, el secretismo y, en general, la nocturnidad.

Los cultos van ligados a la comprensión de un “secreto divino” que los diferenciaba del resto de personas. He aquí donde reside la clave de lo mistérico, lo esotérico y lo místico.

Los misterios eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto,  que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado. No existía un credo como forma fija.

El propósito de su iniciación en el culto pudo ser el sufrir una mortificación para poder “renacer” lo cual se adecuaría al tipo de rito iniciático de muerte y renacer. Así, los iniciados lograrían la transformación que proporcionaban los ritos de pasos tribales. De ser así, el momento de la epifanía y de la concesión de la gracia divina de ser salvado por los Grandes Dioses se convertiría en el episodio principal de la nueva vida del sujeto salvado. Éste le habría permitido experimentar en primera persona lo sagrado y habría marcado un antes y un después en su vida, que ahora se desarrollaría bajo el amparo de los dioses mistéricos de Samotracia.

Orientaciones místicas

En la isla de Samotracia, sede de los Misterios de los Cabirios, adoradores de Hefestos, el dios herrero, y de las deidades relacionadas con la fertilidad, cuyos cultos se mezclaban con el de Dionisos, perseguían la comunicación con los dioses luminosos del cielo y con los del inframundo a través del trance extático que llegaba en la culminación de las prácticas de exaltación y desenfreno sexual. También los Misterios de los Cabirios han sido identificados por las fuentes literarias antiguas y modernas con muchas otras divinidades, entre las que figuran una Gran Diosa, los Curetes, los Coribantes, los Dáctilos, los Dióscuros, los Pataikoi fenicios, los hijos de Ptaḥ egipcios, los Penates o los Lares romanos. Cabe subrayar que hay dos himnos homéricos que están dedicados a los Curetes: en uno son «los compañeros de la Madre que ama los montes», y en el otro los soberanos de Samotracia, identificados con los Dioscuros y Coribantes.

En la mitología griega, los Curetes custodiaron a Zeus cuando era un recién nacido en la cueva de Dicte y se encargaron de hacer ruido golpeando sus armas y bailando para que Crono no oyese al niño, al que quería devorar.

Los Cabiros o Cabirios (en griego antiguo Κάβειροι Kabeiroi) eran un grupo de enigmáticas deidades ctónicas. La mayoría de las veces se les representan como dos personas: un hombre viejo, Axiocerso, y su hijo, Cadmilo.  Sin embargo, debido al secretismo de su culto, su exacta naturaleza y relación con otras antiguas figuras religiosas griegas y tracias permaneció en el misterio. Como resultado, la afiliación y papel de los Cabiros cambió significativamente con el tiempo, incluyéndose entre las variantes comunes una pareja femenina (Axíero y Axiocersa) y dos jóvenes gemelos que a menudo eran confundidos con Cástor y Pólux, quienes también eran adorados como protectores de los marineros. El número de Cabiros también cambió,  algunas fuentes citaban cuatro (a menudo una pareja masculina y otra femenina) e incluso a veces más, como una tribu o raza completa de Cabiros.

Por otra parte, se tiende a vincular también los beneficios que otorgaban estos “desconocidos” Grandes Dioses con la protección en el mar. De hecho, muchos son los puntos que conectan los Misterios de Samotracia con el mar, más allá del famoso monumento de la Victoria y su evidente relación marítima al estar la Nike posicionada sobre la proa de un barco.

En síntesis, en el curso de estos cultos se invocaban a los antepasados en ceremonias protagonizadas por el fuego sagrado y veneraban a sus dioses ctónicos, simbolizados por las fraguas de Hefestos, el patrón de los metalúrgicos y con cuya tradición nació la alquimia. Si a todo esto añadimos el culto a Dionisos –el dios de la fertilidad, la embriaguez y la locura sagrada, con su cortejo de sátiros y bacantes danzando al son de la flauta agreste–, es evidente que nos hallamos en un ambiente religioso en el cual la magia sexual no podía estar ausente.

Bajo esta atmósfera, iluminado por las hogueras sacras y animado por la vibración febril de tambores y liras, el iniciado quedaba fascinado por la sacerdotisa que danzaba frenéticamente, con su cuerpo envuelto en serpientes.

En el santuario de los Grandes Dioses de la isla de Samotracia, los iniciados accedían a dichos cultos mediante unas ceremonias cuyos detalles permanecen ocultos.

El recorrido por el santuario se realizaría de la siguiente manera:

El Propileo de Ptolomeo II servía como entrada para los iniciados al culto de los Misterios de Samotracia. La estructura servía de puente para atravesar un profundo arroyo que separaba el mundo físico del espacio sagrado.

En el Edificio de las Bailarinas, cuyo nombre proviene de las bailarinas representadas en su elaborado friso, se realizaban sacrificios y libaciones en ofrenda a los dioses. Este era el mayor edificio de culto construido en el siglo IV a.C.

Finalmente, en el Hierón los iniciados finalizaban sus ritos tras doblar una esquina y acceder a este lugar equipado con largos bancos pegados a sus paredes y con un ábside curvo al fondo.

Otras partes del santuario de los Grandes Dioses de la isla de Samotracia son:

Anaktoron. Su propósito es un misterio pero que ha sido destruido y reconstruido en tres ocasiones y al que es posible que los iniciados no pudieran acceder.

Rotonda de Arsínoe II. Este gran Tholos, la mayor sala circular cubierta del mundo griego, fue construido en mármol en honor a una princesa de Egipto, hija de Ptolomeo I Sóter.

Sala de banquetes. Es la sala en la que los candidatos celebraban haber sido iniciados.

Neorion. En este edificio se exhibía un navío entero, probablemente capturado en batalla y ofrecido a los dioses por el vencedor.

Estoa. Se cree que los iniciados pernoctaban aquí durante sus visitas de más de un día. Sus nombres aparecen inscritos en las paredes del que fue el edificio más grande del santuario.

Teatro. Excavado en una ladera de la montaña, el teatro albergaba representaciones públicas y obras dramáticas religiosas en las que se escenificaban relatos de los dioses y los héroes de Samotracia.

Victoria Alada. Descubierta en 1863 y hoy en el Museo del Louvre, esta famosa estatua de Niké, la diosa de la victoria, estaba colocada sobre la escultura de un navío. Se esculpió en mármol y probablemente sirviera para conmemorar una victoria naval del siglo II a.C.

Victoria de Samotracia

La victoria de Samotracia va ligada a la iconografía del santuario de los Grandes Dioses de Samotracia, siendo uno de los principales santuarios panhelénicos. Principalmente, el santuario participa en los ritos de Samotracia donde se otorgaba la protección de la Gran Madre, reina de las montañas.

Según cuenta el mito, la diosa Niké, símbolo de la victoria en la mitología griega, siempre se ha representado como una mujer con alas. Pasó sus primeros años de vida entre los mortales, pero al conocer los vicios de la humanidad, así como la maldad, decidió regresar al Olimpo. Durante siglos, su figura presidía  enfrentamientos militares, así como competiciones deportivas, incluso en el reverso de las medallas olímpicas aparece su figura portando una corona de laurel, señal de éxito.

En el Partenón de Atenas, la diosa griega Atenea, realizada por Fidias, es en realidad  una magistral representación de Niké, simbolizando la victoria en las manos de Atenea, diosa de la guerra. En la misma Acrópolis también se encontraba un templo dedicado en exclusiva a la unión de las dos diosas, construido para conmemorar la victoria sobre los persas en la Batalla de Salamina, sobre el 480 a.C.

Orfeo

Orfeo asume un papel que le asignan numerosas fuentes, el de arquetípico transmisor de ritos, cuando inicia a los Argonautas en los misterios de Samotracia . La obra en la que hallamos narrada con mayor detalle la participación de Orfeo en el mítico viaje de los Argonautas es las Argonáuticas de Apolonio de Rodas. Y las funciones que asume en muchos de los episodios en que aparece no son solamente las propias de un cantor maravilloso que marca el ritmo de los remeros de la Argo, pues la música de Orfeo tiene un valor sedante, mágico, que permite a los marinos remar sin esfuerzo, sino que también desempeña diversas funciones religiosas, como erigir un altar a Apolo u ofrecer un trípode a Tritón. En cambio, no se le atribuye tareas de adivino, ya que este papel lo desempeñaban en la expedición Mopso e Idmón.

Por lo tanto, se parte de la idea que el poder de Orfeo no es sobrehumano, sino que se debe a que había sido iniciado en Samotracia.

Diodoro cita una noticia de Éforo según la cual Orfeo fue discípulo de los Dáctilos del Ida, en Samotracia, y aprendió de ellos las iniciaciones y los misterios que luego difundió por Grecia. No sólo Orfeo se presenta como un iniciado de Samotracia, sino que también lo relaciona con los misterios de Creta de los que tomaría elementos que luego dispondría en sus propias iniciaciones, con los misterios de Eleusis y con el aprendizaje de toda clase de sabiduría, incluida la magia, en un viaje de nuestro mítico cantor a Egipto.

En definitiva, las fuentes originales señalan que Orfeo había participado y conocía los ritos de Samotracia.

Alejandro Magno

El mundo griego fue escenario de una notable floración de religiones mistéricas, especialmente en época helenística. Muchas de ellas procedían de Oriente, pero hubo misterios de origen griego que, en un principio, habrían constituido la religión de una ciudad o santuario, para convertirse con el tiempo en una secta más o menos accesible. Existe una evidente afinidad entre la naturaleza de las religiones mistéricas y el carácter telúrico de la religión prehelénica, anterior a la llegada de gentes indoeuropeas a suelo griego, con su religión solar. Es de notar que los rasgos fundamentales de aquella religión indígena de lo próximo, de la Tierra Madre y de lo ultraterreno, perduran casi siempre con más fuerza que la religión nacional y lo hacen en forma de misterios, en los que el individuo encuentra un sistema de dogmas y esperanza y, en definitiva, un cauce a sus necesidades espirituales.

Los llamados “cultos mistéricos” de Samotracia o simplemente “Misterios de Samotracia”, continuaron con prosperidad en el siglo IV a.C., de los que al parecer Filipo II de Macedonia era especialmente devoto junto a su esposa Políxena, su nombre de soltera, en honor de la joven llamada así, hija de Príamo y sacrificada en la tumba de Aquiles. Cambió su nombre por el de Myrtale cuando se casó con Filipo, como parte de la iniciación a los Misterios de Samotracia, y más tarde lo volvió a cambiar por Olimpia, en memoria de la victoria que Filipo obtuvo en los Juegos Olímpicos y que sucedió el mismo día del nacimiento de su hijo Alejandro. Olimpia sostuvo que Alejandro no era hijo de Filipo, sino del propio Zeus-Amón, encarnado en una serpiente que se había deslizado hacia su lecho. También inculcó esta firme convicción a su hijo. Al quedar encinta de Alejandro, Olimpia soñó que el rayo de Zeus –zig zag evocador de la serpiente celeste o de luz– la abrasaba antes de extenderse y envolver la Tierra. Alejandro nació con el Sol en Leo y teniendo como ascendente a Aries, el signo de Amón. En síntesis, el nacimiento de Alejandro Magno está envuelto de misterio y cargado de simbolismo, pues el Cielo había participado en su nacimiento bajo el amparo de los dioses de Samotracia.

Fuentes Primarias:

Cultos mistéricos antiguos (Paradigmas)
Religion Griega Arcaica Y Clasica (LECTURAS DE HISTORIA)

Enlaces de Referencias:

  1. National Geographic
  2. XLSEMANAL
  3. Cabiros
  4. Samotracia

 

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

El origen de los démones

La sociedad griega es totalmente opuesta a la nuestra y los términos que nosotros usamos hoy día no tienen nada que ver con los de la época griega. Por ejemplo, la función de la religión de nuestra época está secularizada a nivel social; en la sociedad griega la religión está inserta en todos los campos de la vida pública, social y política. Igualmente, el término démones (demonios) ha ido cambiando a lo largo de los diferentes periodos de la literatura griega. Para entender las variantes que ha adoptado dicho término debemos remontarnos a la religión prehelénica, minoica y micénica donde la naturaleza cobra un cariz notable al representar los fenómenos atmosféricos (lluvia, trueno, etc) como demonios, fuerzas que dominan la naturaleza y al hombre y a la que hay que respetar. Asimismo, el sol, la luna, los ríos, el mar, las estrellas, representan démones que guían el curso de la vida del hombre.

Hesíodo

Después, en Los trabajos y los días de Hesíodo se cuenta el relato de las cinco edades del mundo (v. 109-201). Es en la edad de oro donde los hombres vivían como los dioses, sin saber lo que eran las enfermedades ni la vejez, sin conocer el sufrimiento ni el hambre. Eran, pues, hombres ricos y poderosos. Tras llegar la inevitable muerte,  los hombres de la edad de oro morían vencidos por el sueño y eran  depositados en la tierra, por voluntad de Zeus, como demonios benignos y, concretamente, como demonios que moraban sobre la tierra, convertidos en guardianes de los hombres, que acompañaban y guiaban entre ellos, sin ser vistos, envueltos en nubes, observando la justicia y la injusticia y repartiendo la riqueza, como reyes. Así pues, los hombres de la generación de oro eran entes protectores, que no van al más allá, a otro plano, sino que moraban y actuaban sobre la tierra con los vivos. Hesíodo le da el nombre de “démones”.

Por otra parte, Daimon es sinónimo de Theos (Dios), pero en Homero y en Hesíodo se refiere a los dioses o a la divinidad, en general. Por ejemplo: Cuando Homero dice de Licaón que un dios “lo lanzó en las manos de Aquiles” (Ilíada XXI, 47), no se refiere a un dios en concreto, sino a un demonio (daimon). En Homero la palabra daimon se aplicaba a los dioses en cuanto poder indefinido; sin embargo Hesíodo es el primero en referirse con esta palabra a divinidades menores (Trabajos y días v. 123).

Por lo tanto, los démones de Hesíodo no actuaban como seres intermedios entre los dioses y los hombres. Eran concebidos como seres inmortales y que moraban en un plano intermedio,  participando de la acción invisible y la vida eterna de los dioses. En Homero, el demonio ejercía sobre la humanidad una acción bienhechora o funesta (Ilíada, XV, 418, 468; XXI, 93). De aquí surgió el término  polidemonismo, es decir, la creencia en muchos demonios que circundan la vida del individuo.

En el ámbito filosófico, Pitágoras expresa “el aire está todo lleno de almas a las que se llama demonios y héroes. Son ellas las que envían a los hombres los sueños y los signos de la enfermedad y la salud” (cf. D. L., VIII 32). Aquí el término cambia drásticamente, con respecto a Hesíodo y Homero, pues, los pitagóricos enfatizaban la idea de que el alma recibía en cada renacimiento un nuevo daimon.

En Platón el término demonio va oscilando por matices muy concretos: el demonio asesor que guía al hombre durante su vida y conduce su alma ante los jueces después de su muerte (Fedro, 242); el demonio-alma, alma razonable dada a cada hombre (Timero, 41ª); y, por último, el producto de un dios y una mortal (Leyes, IV, 717b).

En Sócrates, se refiere al guía del alma durante la vida y después de ella, es un protector personal que acompaña y conduce.

“Me sucede no sé qué divino y demoníaco…Es una voz que se hace oír por mí y que, cada vez que eso me ocurre, me aparta de lo que eventualmente estoy a punto de hacer, pero que nunca me empuja a la acción” (Apología de Sócrates, 31d)

Empédocles  elabora, al parecer, su versión de la caída de los daimones en términos decididamente míticos. Empédocles explica la manera en que un daimon podía, en cada vida sucesiva, ascender a reinos más altos de la creación (plantas, bestias, hombres), padecer la mejor forma de encarnación posible en cada uno de ellos y reconquistar su estado original de dios. (Empédocles)

En la literatura mágica y pseudocientífica atribuida a Orfeo hay una destacada obra titulada Dodecaetérides donde hay varios versos que declaran que su contenido fue dictado por un demonio, una revelación. Asimismo, en el Papiro de Derveni (S. IV a. C.), rollo de papiro que contiene comentarios órficos, menciona invocaciones y sacrificios que apaciguan las almas. Afirma que mediante un encantamiento de los magos se puede cambiar la actitud de los daimones que salen al encuentro y son almas vengativas. Estamos, pues, muy probablemente, ante algún ritual funerario que pretendía tranquilizar las almas de los difuntos y evitar que los daimones las hostigasen por las faltas cometidas expiando así sus culpas. También, se alude a la existencia de daimones en el más allá, servidores de los dioses y que podrían tener como misión castigar a los hombres injustos.

En cuanto a la tragedia destacamos el Áyax de Sófocles y al personaje de Casandra de la guerra de Troya. En ambos casos se le atribuye una locura, causada por un daimon externo, que le llega como un castigo divino y la designación fatalista e inevitable del destino.

  • ¡ay de mí!, poseído de divina locura (Áyax, v 610)
  • Nunca, por propio impulso, hijo de Telamón, te has apartado de tu razón, como para arrojarte entre rebaños. Un mal divino debe haberte llegado (Áyax, v 183).

En definitiva, a través de este blog  y examinando los versos de Homero,  encontramos bastantes huellas del culto al alma, las cuales nos hace admitir que los descendientes de los antiguos griegos creían en una vida consciente del alma (psique) separada del cuerpo y  que ejercía una notable y destacada influencia sobre los hombres. Dicha creencia, siendo la fe el principio activo, les llevaba a cumplir diferentes clases de culto a las almas de los muertos. Con Hesíodo se continúa, de manera viva y fresca, la creencia en la exaltación de las almas de los muertos y su paso a una vida superior. Además, hay que tener presente, ante todo, el motor personal y familiar, los rituales que desempeñaron en sus prácticas privadas, predominando, en todo momento, el culto a los muertos, a los antepasados, a los daimones o a los héroes estrictamente locales.

FUENTES PRIMARIAS:

Obras: Teogonía; Trabajos y días; Escudo (Alma Mater)

Ilíada (Clásicos de la literatura)

Áyax. Las Traquinias. Antígona. Edipo Rey (El Libro De Bolsillo – Clásicos De Grecia Y Roma)

Obras completas de Platón. III. Diálogos dogmáticos: Fedón, Gorgias, El banquete, El político, Timeo, Critias: Volume 3 (Platón. Obras completas)

Apología de Sócrates (Cultura Clasica)

BIBLIOGRAFÍA

La religión griega en la polis de la época clásica (Universitaria)

Diccionario crítico de esoterismo (2 vols.) (Diccionarios)

ENLACES DE INTERÉS

Empédocles

El démon

Áyax

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Los Misterios en la antigua Grecia

800px-NAMA_Mystères_d'Eleusis

Misterios eleusinos

En la antigua Grecia nunca dejaron de lado los Misterios filosóficos y sobrenaturales que fueron la base de sus dogmas. De ellos entresacamos aspectos ocultos de una doctrina denominada esotérica para los eruditos, con unas enseñanzas de mayor profundidad y sentido para los que son capaces de penetrar en la esencia de las cosas. La gran religión de Grecia ofrecía un amplio abanico tanto para sus neófitos como para personas con un desarrollo superior. En otras palabras, había dos marcos de actuación bien definidos: uno público o exotérico, comprensible para todos; y uno secreto o esotérico, comprensible para los iniciados.

Hay que mencionar que en los antiguos Misterios había  pocas ceremonias inmorales u  obscenas. Es cierto que hay algunas clases de Misterios relacionados con el culto a Baco y las festividades populares, que en los últimos tiempos del paganismo degeneraron obscenamente, pero que no tenían nada que ver en absoluto con los Misterios de Eleusis. Por lo tanto, hay que destacar dos clases de misterios: los misterios mayores y los menores. La mayoría de las personas tenían conocimientos de la existencia de los misterios menores, ya que estaban al alcance del pueblo;  también se conocían, a menor escala, los misterios mayores que guardaban determinadas enseñanzas para algunos privilegiados, como por ejemplo los misterios que seguían sigilosamente los pitagóricos. (Para saber más sobre los pitagóricos, pincha en el siguiente enlace: pitagorismo).

Por esta razón, los Misterios de Eleusis tenían dos ceremonias: por un lado, los misterios menores se celebraban en el mes de marzo. Los sacerdotes purificaban a los suplicantes para la iniciación. Sacrificaban un cerdo a Deméter y entonces se purificaban a sí mismos; por otro lado, los misterios mayores tenían lugar en el mes de septiembre y duraban nueve días. El primer acto de los misterios mayores era el traslado de los objetos sagrados desde Eleusis hasta el Eleusinion, un templo en la base de la Acrópolis de Atenas.

Cualquiera de los atenienses o de los demás griegos que lo desea es iniciado. (Heródoto 8.65. 4)

No obstante, sea cual fuere la envergadura de los misterios (eleusinos, pitagóricos, órficos, etc.), la palabra misterios menciona la atracción de lo secreto y la promesa de aportar las respuestas existenciales de la vida. Éste era el elemento principal. Otro elemento muy común es el de que las religiones de los misterios procedían de la antigüedad tardía con una destacada influencia de Oriente, Egipto y Mesopotamia. Por ejemplo,  Dionisio fue destrozado y despedazado, igual que Osiris por los egipcios; también hay un paralelismo  entre Atenea, que salvó el corazón de Dionisio insuflándole de nuevo vida, e Isis, en Egipto, al recoger los miembros de Osiris que Seth, dios de la fuerza bruta de la naturaleza, había esparcido por la tierra, y los volvió a juntar.

Cabe recordar que los misterios de la antigüedad pagana, el culto de Eleusis, floreció sin interrupción desde el siglo VI a.C. hasta el siglo IV d. C. Cuando se menciona que Eleusis era espiritual, se refiere a  un cambio fundamental en la actitud religiosa, en búsqueda de una espiritualidad superior. Esta visión le daba al individuo la Vía de la salvación. La iniciación en Eleusis no suponía la adhesión a una religión en el sentido que nos es familiar, aunque puede haber ciertos perfiles comunes con el judaísmo, cristianismo y el islamismo.

800px-NAMA_Triade_éleusinienne

Deméter y Perséfone celebrando los misterios.

Los misterios de Eleusis estuvieron dedicados a Deméter y a su hija Perséfone, conocida también como Core (la Doncella). Estos misterios estaban organizados por la polis de Atenas. Tuvieron un gran prestigio literario lo que aseguró su fama y su continuidad. El famoso mito describe a Deméter buscando a Core, que había sido raptada por Hades, el dios del inframundo. Finalmente, Core regresa sólo por un periodo de tiempo limitado a Eleusis. En resumen, los atenienses celebraban el gran festival de Otoño, los Mysteria. La procesión recorría de Atenas a Eleusis y culminaba con una celebración nocturna en la sala de iniciaciones, el telesterion, albergando a miles de iniciados, donde el hierofante revelaba las respuestas sagradas. Había dos dones que Deméter concedía: el trigo como base de la vida civilizad, y los misterios que guardaban la promesa de las mejores esperanzas para una vida futura más feliz y próspera. El iniciado recibía el don de la eterna bienaventuranza en el más allá en su camino sagrado al otro mundo. Además,  se le otorgaba el sentido de ver en su interior la contemplación de la verdad. Para ampliar más información sobre los Misterios de Eleusis, os recomiendo este enlace: Eleusis.

En síntesis, los misterios son una forma de religión personal, llevado al plano más íntimo, donde se busca una dimensión espiritual más profunda que depende de una decisión privada con el fin de  aspirar a alguna forma de salvación.  También  existe otra forma de religión personal, muy elemental y extendida, que constituye otra vertiente para la práctica de los misterios: la “religión votiva”. Es decir,  la  que practican aquellas personas que están enfermas, en peligro o en cualquier tipo de necesidad y, a la inversa, aquellos que alcanzan cualquier clase de beneficio, realizando promesas a los dioses y normalmente las cumplen ofreciendo donaciones, promesas, más o menos valiosas.

Un ejemplo que sintetiza mis palabras es el miedo a la muerte. El miedo a la muerte es un hecho de la vida inevitable, un cordón común que nos une a todos los seres humano. Cuando uno ve la muerte de cerca, aparece el miedo y la preocupación por cosas que no se pensaban antes. No reflexionamos sobre los acontecimientos hasta que nos toca. Por eso, cuando se llega al último escalón de la vida terrenal, uno piensa que algún tipo de purificación u oración le ayudará. Una vez limpiado su interior, creen que continuarán en el Hades sin que las sombras o la oscuridad le acechen. De este modo, los misterios eran la llave maestra para una vida futura de promesas y de paz. La raíz intrínseca de los misterios podía dividirse en dos líneas: curaciones e inmunizaciones, por un lado; y supuesta beatitud después de la muerte, por otra.

Entre los pitagóricos, la metempsicosis se presenta como la principal novedad en conexión con una auténtica vida ascética; en el orfismo, el culto fue, en lo esencial, a Dionisos como dios del inframundo, del que se esperaba la purificación de las almas y su beatitud final. Los órficos practicaban una vida de asceta muy rigurosa, bien su adherencia fuera por una preocupación del más allá, bien por un sentimiendo de pecado interior que tenían que purificar, perpetrada por una idea de culpa, las opiniones sobre el mal y una vida pesimista. La iniciación órfica debió de ser un misterior privado, ya que no se practicaba en el templo y con ninguna ceremonia popular como la de Eleusis. Más adelante los órficos se fusionarían con los pitagóricos hasta que estas corrientes desembocaron en el neoplatonismo.

Orfeo, cuyo nombre significa “el que cura con la luz” fundó los Misterios de Dionisio y difundió su culto. Dionisio representa el Yo cósmico que fue destrozado y despedazado (Ver siguiente enlace: Titanes) por los Titanes o fuerzas de la naturaleza. Atenea, la sabiduría divina nacida del pensamiento de Zeus, salvó su corazón y le devolvió a la vida entregándoselo a Zeus. De los vapores del cuerpo destrozado de Dionisio que arde en la pira nace la humanidad, caída y sin corazón, que custodia Zeus, y que se puede pues alcanzar por medio de Atenea, la sabiduría: así nacen los genios y los héroes, según afirma Orfeo. Asimismo, Orfeo despertó el sentido de la divinidad con su lira de siete cuerdas, que simbolizan el saber vibrar en las siete notas fundamentales del universo, las cuales, en música, corresponden a las siete notas musicales, en el hombre a los siete chakras principales, mientras que en el sistema solar corresponden a los siete planetas sagrados tradicionales.

Por último, aprovecho para recordar que había dos divisiones muy definidas con respecto a los dioses: los dioses del Olimpo (Zeus, Hera, Apolo, Atenea, etc.) y la de las divinidades ctónicas o infernales (Deméter, Perséfone, Hécate, Hades, etc.). Cabe destacar que las divinidades ctónicas son las que atañen a  las profundidades interiores del alma y  que con sus Misterios te introducen en sus secretos (Misterios menores).

Y en las cuatro grandes divinidades se simbolizan los elementos principales: Zeus, el aire, que corresponde a los sentimientos humanos; en Poseidón el agua, que corresponde en el hombre a la sangre; en Hades la tierra, que corresponde a la conciencia del Yo, que está también escondida en la tierra y oculta en el hombre no despertado; Hefesto, el fuego, que corresponde con la purificación y el cambio en el interior en el hombre.

Nota: desde “La Pequeña Grecia” han otorgado el 2º Premio Concurso Literario 2016 a este post. Desde aquí agradezco muchísimo vuestro premio así por el especial cariño que sienten desde Venezuela hacia este blog.

Obras de referencias:
Cultos Mistéricos Antiguos (Paradigmas)
Religion Griega Arcaica Y Clasica (LECTURAS DE HISTORIA)
La Creación De Lo Sagrado (El Acantilado)
De Homero A Los Magos (El Acantilado)
Historia de las creencias y las ideas religiosas I: De la Edad de Piedra a los Misterios de Eleusis (Orientalia)

Enlaces de interés:

  1. La iniciación al culto
  2. Los Misterios de Eleusis

 

 

 

 

 

 

 

 

1 comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

El simbolismo de Cerbero

cerbero-9-728Una de las más célebres descripciones de Cerbero la encontramos en el canto VI de La Divina Comedia de Dante, donde el poeta nos ofrece una aterradora imagen del monstruo guardián con sus tres fauces babeantes.
Según cuenta el mito cuando las almas se encuentran a Cerbero, que guardaba la entrada del Tártaro, su sola presencia resultaba aterradora, dejando el paso a todos los que iban a entrar y no permitía salir a nadie, sino que a todos los que intentaban salir los aterrorizaba con  horribles ladridos. Este Cerbero nació de Tifón y Equidna, según escribió Hesíodo en la Teogonia (311). Por otra parte, que custodiaba el palacio del Hades lo atestigua así Virgilio en el libro VI (417-8): El enorme Cerbero atruena estos reinos con el ladrido de su triple boca, recostándose temible en la parte delantera de la caverna. Decían que la forma de su cuerpo fue muy semejante a un perro, de cuya cabeza, sin embargo, colgaban numerosísimas serpientes en lugar de pelos, como dice Horacio en el libro III (11, 15-20) de las Odas: El temible portero del palacio, Cerbero, cede ante ti que lo acaricias, aunque su cabeza, como la de las Furias, la fortifican cien serpientes y un hediondo aliento y una baba mana de su boca de tres lenguas. Finalmente, que todo su lomo tiene serpientes en lugar de pelos y está atado por una cadena de serpientes, parece haberlo manifestado Tibulo en el libro III (4,87-8): el perro ceñido en su lomo por una caterva de serpientes, que tiene tres lenguas y triple cabeza. Que aquél tuvo tres cabezas lo atestigua así Sófocles en las Traquinias (1098): Al guardián de tres cabezas del Hades, monstruo irresistible, lo que también afirmó Cicerón en el libro I (5,10) de las Discusiones Tusculanas; en cambio, Hesíodo le atribuyó cincuenta cabezas en la Teogonia (310-3), según se ve claramente en estos versos: En segundo lugar parió un prodigioso hijo que no se puede nombrar. Cerbero, el sanguinario, el perro del Hades, de broncíneo ladrido, de cincuenta cabezas, despiadado y cruel. Horacio escribe que aquél tiene cien cabezas en el libro II (13,34-5) de los Poemas: La bestia de cien cabezas baja sus negras orejas. Hesíodo en la Teogonia (769-73) dice así que Cerbero lisonjea a los que entran y devora las almas que salen: Guarda la entrada un terrible perro, cruel y que actúa con malas artes: a los que entran los saluda alegremente con la cola y a la vez con ambas orejas, pero no les permite salir de nuevo sino que, acechando, devora al que coge en el momento de franquear las puertas. Pero Cerbero y también ya las Furias y la carencia de luz, el Tártaro vomitando por sus fauces llamas que causan terror, los que ni existen en ninguna parte ni pueden existir de hecho.
Los platónicos le consideraron como el principio del mal ya que sus funestas influencias se extienden sobre los tres elementos: aire, tierra y agua, de donde derivan sus tres cabezas. (Diccionario Mitología Universal, Edicocomunicación)

cerberoVarios héroes pudieron reducir al terrible Cerbero, como por ejemplo Orfeo, que consiguió amansar al animal con la música de su lira. Por otra parte, Heracles, cuya duodécima prueba consistía precisamente en traer al perro a Euristeo. Hades había aceptado con la condición de que el héroe redujese a Cerbero sin servirse de sus armas. Heracles lo aferró con sus brazos, impidiéndole respirar y lo llevó medio asfixiado a Euristeo, pero éste se escondió espantado dentro de una tinaja y le rogó que volviera a llevarlo lo antes posible a su lugar.
Para mi opinión, Cerbero simboliza la codicia y la discordia, pero a la vez la oportunidad que tiene el hombre de superarlas y de no vivir bajo la naturaleza animal, de no moverse por el mundo en un estadio primario a nivel emocional, sentimental y mental. Quizás el deseo material del hombre es el de trabajar para que cada deseo, cada disposición de ánimo y cada emoción sean más elevados y conscientes. Relatos como el de Heracles, Orfeo, Eneas muestran una luz y un ejemplo de conciencia más superior y elevada. En su sistema de interpretación moral de lo símbolos, se interpreta una perversión de las tres pulsiones esenciales: conservación, reproducción y espiritualización, dando lugar a la muerte del alma, razón por la cual aparece Cerbero como el guardián de las almas muertas, en el Tártaro, encargado de impedirles la salida y el retroceso hacia el mundo en el que todavía cabe la rectificación y la salvación.

  1. Perséfone
  2. Los jueces infernales
  3. Tártaro
  4. Hécate
  5. Orfeo
  6. Hermes, guía de las almas difuntas

 

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología

La transmigración del alma entre los órficos

OrpheusLos órficos eran seguidores de un movimiento religioso mistérico, es decir, al que se accedía por iniciación, basado en poemas atribuidos a Orfeo. Estos escritos tenían que ver con el origen y el destino del alma. Dichos escritos debieron ser compuestos durante un largo espacio del tiempo por diversos poetas, creadores y seguidores relacionados con este movimiento religioso.

Los órficos nunca configuraron una iglesia estable ni tuvieron una jerarquía que velara por dogmas de ninguna clase. Por eso, las doctrinas atribuidas a Orfeo oscilaron entre interpretaciones filosóficas. Sin embargo, había una serie de principios que permanecieron muy estables a lo largo de su historia. Uno de ellas es la idea de la transmisión de las almas.

La referencia más objetiva y particular es una compilación de fragmentos de las llamadas Rapsodias, un poema en hexámetro atribuido a Orfeo y datado hacia el siglo I. a.C.

SÍNTESIS DE LA TRANSMIGRACIÓN DE LAS ALMAS EN LAS RAPSODIAS:

  1. Hay transmigración de las almas en otros animales.
  2. El alma es inmortal.
  3. Diferentes tratamientos de las almas de los animales con respecto a las de los seres humanos. Base del vegetarianismo practicado por los órficos.
  4. Las almas son llevadas para su purificación y castigo.
  5. Las almas reciben diferentes tratamientos en el otro mundo, donde la justicia y la pureza son dos aspectos fundamentales para la salvación.
  6. Tres centurias es el periodo que lleva el alma en el más allá hasta su génesis (Platón atribuye mil años) periodo completo de la purificación de las almas humanas, de acuerdo con el modo en que han vivido durante su tránsito por la génesis. Aunque este periodo no indica la duración real del proceso, sino que es un número simbólico.
  7. La base sobre el alma es el mito de los Titanes, concebida como un castigo.
  8. Alma animal: al morir, queda en el aire y penetra en otro ser, junto con el aire.
  9. Alma seres humanos: es llevada por Hermes a los Elíseos o al Tártaro.
  10. La liberación del alma depende de Dioniso y de Perséfone.
  11. Para acceder a los Elíseos: iniciación, rituales, justicia, purificación.
  12. Orfeo es mediador en este proceso.
  13. La idea de que el alma es inspirada con el aire la documenta ya Aristóteles.

En suma, la transmigración del alma aparece como un castigo (mito de los Titanes): por un lado, los seres humanos proceden de dioses (los Titanes y Dioniso lo son) con una parte inmortal, divina; por otro lado, de la tierra, mortal y corruptible, el cuerpo. Pero su alma, antes del propio origen de la especie, había sido contaminada por el crimen de los Titanes, un crimen que deja huella en la naturaleza humana una parte de la “naturaleza titánica”, esto es, de la soberbia de sus antecesores, y que debía ser expiado. El alma tiene que liberarse del peso de su parte criminal. En consecuencia, el ingreso del alma en un cuerpo, la expiación y la liberación a la muerte de éste se repiten varias veces, en un proceso muy largo, en el que el alma es alojada sucesivamente en cuerpos que son para ella como una sepultura. Por eso, la metempsicosis para los órficos es la transmigración de alma desde el otro mundo a éste y de un cuerpo a otro, hasta que expiadas sus culpas, en el Hades y en este mundo, pueda lograr su liberación.

Los órficos afirman que el alma es divina, inmortal y poseedora de sus facultades: memoria, inteligencia, voluntad. Es más, sólo está verdaderamente viva cuando muere el cuerpo y se libera de él. En definitiva, el alma está como muerta mientras se encuentra en el cuerpo, ya que su verdadera vida se desarrolla en el Hades y por ello se puede afirmar que el cuerpo es como su sepultura.

Para saber más:

Obra de referencia: Platon Y El Orfismo (LECTURAS DE RELIGIÓN)

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Los orígenes de la religión órfica

Orfeo y Eurídice

Orfeo y Eurídice

Los orígenes de la religión órfica están todavía bastante confusos. Desde la mitad del siglo VI a.C., aproximadamente, podemos encontrar distintos puntos de contacto entre el mundo griego y comunidades religiosas, poseídas de unas peculiaridades teorías místicas que tienen como primer predicador a Orfeo, el legendario cantor tracio. La distinción decisiva que hay entre sus opiniones y las de la filosofía consiste en que las enseñanzas que se propagan en estos círculos no se dan como resultado de un trabajo intelectual de uno o varios investigadores, sino como revelaciones de Dios o más bien de su profeta Orfeo y que no se dirigen tanto a la razón cuanto al sentimiento religioso y a la fantasía. Estas religiones tenían que ser creídas, pues el orfismo era, en definitiva, una religión; más exactamente aún, una teoría.

En el  orfismo se distingue dos dominios principales: el de las doctrinas sobre la formación del mundo y el de la creencia en el alma.  Hay que destacar que tanto los cosmólogos órficos como la conocida descripción de Hesíodo acerca del surgimiento del mundo y del nacimiento de los dioses, están totalmente dominados, en lo que respecta a su manera de pensar, por las formas míticas: las dos fuentes de información hacen surgir el mundo de poderes personificados que encarnan dominios parciales del “Todo”, ciertas fuerzas naturales, como el Eros, o también conceptos aislados, como la noche o el tiempo; el desarrollo posterior sucede por generación sexual entre los poderes personales. En definitiva, sus especulaciones cosmogónicas no tienen mayor significación para el desarrollo posterior de la filosofía griega, a no ser la de que por ellos se han renovado los planteamientos sobre algunos problemas.

La significación histórica del Orfismo radica más bien en su doctrina del alma. La mística basada sobre ella ha podido desarrollarse realmente cuando se encontró una oposición hostil entre cuerpo y alma. El sentimiento de esta oposición, que era totalmente ajeno a la antropología homérica, el profundo convencimiento de que el alma humana tiene naturaleza divina y que su cuerpo es su cárcel, eran concepciones que solamente pudieron desarrollarse sobre el suelo griego a consecuencia de la experiencia del éxtasis y ante todo, del culto orgiástico a Dioniso. Por primera vez, con la victoria de la religión de Dioniso, por medio de la cual fue despertada la vida afectiva en sus profundidades más soterradas y fue elevada a alturas insospechadas, va ampliando sus círculos la creencia de que el alma, libre de las ataduras del cuerpo, se hace partícipe de fuerzas maravillosas. De esta manera pudo desarrollarse el pensamiento “de que también el alma tenía que purificarse del cuerpo como de un impedimento que la contaminaba”. Esta teoría surgió en primer lugar bajo el influjo de ideas catárticas como las que entonces dominaban, encarnadas especialmente en Epiménides de Creta, o sea, aquellas teorías que propugnaban que el hombre tenía que “purificarse” de ciertas manchas por medio de poderes demoníacos.

Así se formó el sentimiento de esta tajante oposición y con ello, de la profunda distinción valorativa entre cuerpo y alma, una de las raíces de la ascética órfica. La otra consiste en la aparición de una especie de conciencia de pecado y como consecuencia de esto, una nostalgia de salvación que brotaba de almas atormentadas. Por medio de esta ascética se quería liberar al alma de las ligaduras del cuerpo, es decir,  del mundo de los sentidos, para que ella, que era de origen divino pero que, a consecuencia de una culpa anterior a su existencia terrena, había sido atada al cuerpo, libre de la “órbita del devenir”, libre de todas las ligaduras terrenas, levantase el vuelo hacia la divinidad y pudiese unirse con ella de nuevo. Aquí está tendido el puente entre la ascética y la antigua mística griega, cuya profunda investigación tenemos que agradecer a Edwin Rohde en su Psyche.

La secta órfica no sólo encontró su centro principal en Atenas, también encontró un suelo favorable en la Magna Grecia y Sicilia, y por eso, no es casual el que la mención más antigua del famoso “Orfeo” se encuentre en el rapsoda Íbico de Regio. Noticias sorprendentes nos han ofrecido aquellas extrañas láminas de oro que fueron encontradas en las proximidades de la antigua Turios, y más al Sur todavía, en Petelia, en tumbas de los siglos IV y III a.C; según el texto de los hexámetros que hay grabados sobre ellas, se deduce que eran entregadas a los muertos “para indicarles el camino y para que fueran reconocidos por las divinidades de la muerte”. Pero también en Eleuterna, en Creta, se ha encontrado una inscripción semejante del siglo II a.C. Y aunque desde el siglo IV los cultos órficos fueron degenerando en conspiraciones, han durado, sin embargo, hasta el final de la Antigüedad y todavía han ejercido un influjo importante en los neopitagóricos y neoplatónicos e incluso también en las antiguas representaciones cristianas del más allá y en las del destino del alma humana después de la muerte.

El punto central de la religión órfica se trató en este mismo blog en el siguiente enlace: el mito de los Titanes.

Mito de los Titanes

Mito de los Titanes

Tras la lectura del mito de los Titanes, la ascética ha tenido otra meta, pues una de las doctrinas principales de los órficos es el juicio final de las almas en el Hades, donde a los piadosos se les concede su premio en un banquete sublime y a los impíos se les da el castigo en un pantano, donde tienen que echar agua en una criba y llevar a cabo otros trabajos sin sentido, indefinidamente. Junto al trono de Zeus está la Dike, diosa de la Justicia, inflexible vengadora de todo delito. Así pues, la doctrina de una retribución en el más allá constituye una parte fundamental de la antigua creencia órfica. Para escapar de los terribles castigos en el Hades, los ánimos atemorizados ofrecían a los dioses infernales sacrificios y plegarias con los cuales esperaban no sólo expiación de las culpas para los vivientes, sino también para los que ya habían muerto. De esta manera perseguiría también la ascética de los creyentes órficos escapar con la mayor indulgencia posible del juicio final en el Hades.

Para terminar, una de las características que más llama la atención en esta ascética y que es inaudita en la vida del pueblo griego consiste en la prohibición de comer carne. Uno de los pasajes de las Leyes de Platón nos pone este hecho de manifiesto, cuando habla, idealizándolos, de los hombres de la época primitiva: “Ni una vez se atrevieron a probar carne de reses muertas, ni tampoco sacrificaron animales a los dioses, pero sí ofrecían tortas y frutas rociadas con miel y otras dádivas puras como éstas. Se abstenían, pues, de comer carne en la creencia de que esto era una profanación y de manchar de sangre los altares de los dioses. Una vida órfica, por consiguiente, la llevaban aquellos hombres, que se alimentaban de lo inanimado y que temían lastimar a lo animado”.

Enlaces relacionados con la temática: MetempsicosisPitágoras y el concepto del almaLa transmigración del alma entre los órficosOrfeo más allá de la muerte

Obras de referencias recomendadas:

Psique: La idea del alma y la inmortalidad entre los griegos
Historia filosofia griega vol. 1: primer: Los primeros presocráticos y los pitagóricos. (VARIOS GREDOS)
Las leyes

2 comentarios

Archivado bajo Antigua Grecia