Iniciación y Misticismo en Samotracia

Victoria de Samotracia

Los cultos mistéricos antiguos reunían una serie de características comunes. La iniciación en éstos era principalmente una decisión personal que quedaba sometida al cumplimiento de unos requisitos de admisión. Ésta se solía dividir en distintas etapas que diferenciaban a los iniciados en grados, cuyas ceremonias de iniciación eran llevadas a cabo en determinados edificios de un santuario. En ellos,  se celebraba un ritual caracterizado por la experiencia de lo sagrado, el secretismo y, en general, la nocturnidad.

Los cultos van ligados a la comprensión de un “secreto divino” que los diferenciaba del resto de personas. He aquí donde reside la clave de lo mistérico, lo esotérico y lo místico.

Los misterios eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto,  que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado. No existía un credo como forma fija.

El propósito de su iniciación en el culto pudo ser el sufrir una mortificación para poder “renacer” lo cual se adecuaría al tipo de rito iniciático de muerte y renacer. Así, los iniciados lograrían la transformación que proporcionaban los ritos de pasos tribales. De ser así, el momento de la epifanía y de la concesión de la gracia divina de ser salvado por los Grandes Dioses se convertiría en el episodio principal de la nueva vida del sujeto salvado. Éste le habría permitido experimentar en primera persona lo sagrado y habría marcado un antes y un después en su vida, que ahora se desarrollaría bajo el amparo de los dioses mistéricos de Samotracia.

Orientaciones místicas

En la isla de Samotracia, sede de los Misterios de los Cabirios, adoradores de Hefestos, el dios herrero, y de las deidades relacionadas con la fertilidad, cuyos cultos se mezclaban con el de Dionisos, perseguían la comunicación con los dioses luminosos del cielo y con los del inframundo a través del trance extático que llegaba en la culminación de las prácticas de exaltación y desenfreno sexual. También los Misterios de los Cabirios han sido identificados por las fuentes literarias antiguas y modernas con muchas otras divinidades, entre las que figuran una Gran Diosa, los Curetes, los Coribantes, los Dáctilos, los Dióscuros, los Pataikoi fenicios, los hijos de Ptaḥ egipcios, los Penates o los Lares romanos. Cabe subrayar que hay dos himnos homéricos que están dedicados a los Curetes: en uno son «los compañeros de la Madre que ama los montes», y en el otro los soberanos de Samotracia, identificados con los Dioscuros y Coribantes.

En la mitología griega, los Curetes custodiaron a Zeus cuando era un recién nacido en la cueva de Dicte y se encargaron de hacer ruido golpeando sus armas y bailando para que Crono no oyese al niño, al que quería devorar.

Los Cabiros o Cabirios (en griego antiguo Κάβειροι Kabeiroi) eran un grupo de enigmáticas deidades ctónicas. La mayoría de las veces se les representan como dos personas: un hombre viejo, Axiocerso, y su hijo, Cadmilo.  Sin embargo, debido al secretismo de su culto, su exacta naturaleza y relación con otras antiguas figuras religiosas griegas y tracias permaneció en el misterio. Como resultado, la afiliación y papel de los Cabiros cambió significativamente con el tiempo, incluyéndose entre las variantes comunes una pareja femenina (Axíero y Axiocersa) y dos jóvenes gemelos que a menudo eran confundidos con Cástor y Pólux, quienes también eran adorados como protectores de los marineros. El número de Cabiros también cambió,  algunas fuentes citaban cuatro (a menudo una pareja masculina y otra femenina) e incluso a veces más, como una tribu o raza completa de Cabiros.

Por otra parte, se tiende a vincular también los beneficios que otorgaban estos “desconocidos” Grandes Dioses con la protección en el mar. De hecho, muchos son los puntos que conectan los Misterios de Samotracia con el mar, más allá del famoso monumento de la Victoria y su evidente relación marítima al estar la Nike posicionada sobre la proa de un barco.

En síntesis, en el curso de estos cultos se invocaban a los antepasados en ceremonias protagonizadas por el fuego sagrado y veneraban a sus dioses ctónicos, simbolizados por las fraguas de Hefestos, el patrón de los metalúrgicos y con cuya tradición nació la alquimia. Si a todo esto añadimos el culto a Dionisos –el dios de la fertilidad, la embriaguez y la locura sagrada, con su cortejo de sátiros y bacantes danzando al son de la flauta agreste–, es evidente que nos hallamos en un ambiente religioso en el cual la magia sexual no podía estar ausente.

Bajo esta atmósfera, iluminado por las hogueras sacras y animado por la vibración febril de tambores y liras, el iniciado quedaba fascinado por la sacerdotisa que danzaba frenéticamente, con su cuerpo envuelto en serpientes.

En el santuario de los Grandes Dioses de la isla de Samotracia, los iniciados accedían a dichos cultos mediante unas ceremonias cuyos detalles permanecen ocultos.

El recorrido por el santuario se realizaría de la siguiente manera:

El Propileo de Ptolomeo II servía como entrada para los iniciados al culto de los Misterios de Samotracia. La estructura servía de puente para atravesar un profundo arroyo que separaba el mundo físico del espacio sagrado.

En el Edificio de las Bailarinas, cuyo nombre proviene de las bailarinas representadas en su elaborado friso, se realizaban sacrificios y libaciones en ofrenda a los dioses. Este era el mayor edificio de culto construido en el siglo IV a.C.

Finalmente, en el Hierón los iniciados finalizaban sus ritos tras doblar una esquina y acceder a este lugar equipado con largos bancos pegados a sus paredes y con un ábside curvo al fondo.

Otras partes del santuario de los Grandes Dioses de la isla de Samotracia son:

Anaktoron. Su propósito es un misterio pero que ha sido destruido y reconstruido en tres ocasiones y al que es posible que los iniciados no pudieran acceder.

Rotonda de Arsínoe II. Este gran Tholos, la mayor sala circular cubierta del mundo griego, fue construido en mármol en honor a una princesa de Egipto, hija de Ptolomeo I Sóter.

Sala de banquetes. Es la sala en la que los candidatos celebraban haber sido iniciados.

Neorion. En este edificio se exhibía un navío entero, probablemente capturado en batalla y ofrecido a los dioses por el vencedor.

Estoa. Se cree que los iniciados pernoctaban aquí durante sus visitas de más de un día. Sus nombres aparecen inscritos en las paredes del que fue el edificio más grande del santuario.

Teatro. Excavado en una ladera de la montaña, el teatro albergaba representaciones públicas y obras dramáticas religiosas en las que se escenificaban relatos de los dioses y los héroes de Samotracia.

Victoria Alada. Descubierta en 1863 y hoy en el Museo del Louvre, esta famosa estatua de Niké, la diosa de la victoria, estaba colocada sobre la escultura de un navío. Se esculpió en mármol y probablemente sirviera para conmemorar una victoria naval del siglo II a.C.

Victoria de Samotracia

La victoria de Samotracia va ligada a la iconografía del santuario de los Grandes Dioses de Samotracia, siendo uno de los principales santuarios panhelénicos. Principalmente, el santuario participa en los ritos de Samotracia donde se otorgaba la protección de la Gran Madre, reina de las montañas.

Según cuenta el mito, la diosa Niké, símbolo de la victoria en la mitología griega, siempre se ha representado como una mujer con alas. Pasó sus primeros años de vida entre los mortales, pero al conocer los vicios de la humanidad, así como la maldad, decidió regresar al Olimpo. Durante siglos, su figura presidía  enfrentamientos militares, así como competiciones deportivas, incluso en el reverso de las medallas olímpicas aparece su figura portando una corona de laurel, señal de éxito.

En el Partenón de Atenas, la diosa griega Atenea, realizada por Fidias, es en realidad  una magistral representación de Niké, simbolizando la victoria en las manos de Atenea, diosa de la guerra. En la misma Acrópolis también se encontraba un templo dedicado en exclusiva a la unión de las dos diosas, construido para conmemorar la victoria sobre los persas en la Batalla de Salamina, sobre el 480 a.C.

Orfeo

Orfeo asume un papel que le asignan numerosas fuentes, el de arquetípico transmisor de ritos, cuando inicia a los Argonautas en los misterios de Samotracia . La obra en la que hallamos narrada con mayor detalle la participación de Orfeo en el mítico viaje de los Argonautas es las Argonáuticas de Apolonio de Rodas. Y las funciones que asume en muchos de los episodios en que aparece no son solamente las propias de un cantor maravilloso que marca el ritmo de los remeros de la Argo, pues la música de Orfeo tiene un valor sedante, mágico, que permite a los marinos remar sin esfuerzo, sino que también desempeña diversas funciones religiosas, como erigir un altar a Apolo u ofrecer un trípode a Tritón. En cambio, no se le atribuye tareas de adivino, ya que este papel lo desempeñaban en la expedición Mopso e Idmón.

Por lo tanto, se parte de la idea que el poder de Orfeo no es sobrehumano, sino que se debe a que había sido iniciado en Samotracia.

Diodoro cita una noticia de Éforo según la cual Orfeo fue discípulo de los Dáctilos del Ida, en Samotracia, y aprendió de ellos las iniciaciones y los misterios que luego difundió por Grecia. No sólo Orfeo se presenta como un iniciado de Samotracia, sino que también lo relaciona con los misterios de Creta de los que tomaría elementos que luego dispondría en sus propias iniciaciones, con los misterios de Eleusis y con el aprendizaje de toda clase de sabiduría, incluida la magia, en un viaje de nuestro mítico cantor a Egipto.

En definitiva, las fuentes originales señalan que Orfeo había participado y conocía los ritos de Samotracia.

Alejandro Magno

El mundo griego fue escenario de una notable floración de religiones mistéricas, especialmente en época helenística. Muchas de ellas procedían de Oriente, pero hubo misterios de origen griego que, en un principio, habrían constituido la religión de una ciudad o santuario, para convertirse con el tiempo en una secta más o menos accesible. Existe una evidente afinidad entre la naturaleza de las religiones mistéricas y el carácter telúrico de la religión prehelénica, anterior a la llegada de gentes indoeuropeas a suelo griego, con su religión solar. Es de notar que los rasgos fundamentales de aquella religión indígena de lo próximo, de la Tierra Madre y de lo ultraterreno, perduran casi siempre con más fuerza que la religión nacional y lo hacen en forma de misterios, en los que el individuo encuentra un sistema de dogmas y esperanza y, en definitiva, un cauce a sus necesidades espirituales.

Los llamados “cultos mistéricos” de Samotracia o simplemente “Misterios de Samotracia”, continuaron con prosperidad en el siglo IV a.C., de los que al parecer Filipo II de Macedonia era especialmente devoto junto a su esposa Políxena, su nombre de soltera, en honor de la joven llamada así, hija de Príamo y sacrificada en la tumba de Aquiles. Cambió su nombre por el de Myrtale cuando se casó con Filipo, como parte de la iniciación a los Misterios de Samotracia, y más tarde lo volvió a cambiar por Olimpia, en memoria de la victoria que Filipo obtuvo en los Juegos Olímpicos y que sucedió el mismo día del nacimiento de su hijo Alejandro. Olimpia sostuvo que Alejandro no era hijo de Filipo, sino del propio Zeus-Amón, encarnado en una serpiente que se había deslizado hacia su lecho. También inculcó esta firme convicción a su hijo. Al quedar encinta de Alejandro, Olimpia soñó que el rayo de Zeus –zig zag evocador de la serpiente celeste o de luz– la abrasaba antes de extenderse y envolver la Tierra. Alejandro nació con el Sol en Leo y teniendo como ascendente a Aries, el signo de Amón. En síntesis, el nacimiento de Alejandro Magno está envuelto de misterio y cargado de simbolismo, pues el Cielo había participado en su nacimiento bajo el amparo de los dioses de Samotracia.

Fuentes Primarias:

Cultos mistéricos antiguos (Paradigmas)
Religion Griega Arcaica Y Clasica (LECTURAS DE HISTORIA)

Enlaces de Referencias:

  1. National Geographic
  2. XLSEMANAL
  3. Cabiros
  4. Samotracia

 

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