El viaje como rito iniciático

Viajar es el término más importante de la mitología grecorromana. Si observamos detenidamente, los relatos míticos presentan un continuo peregrinaje de dioses y héroes. Las vidas de Jasón, Ulises y Eneas (por nombrar a tres héroes referentes en el mundo mitológico) no habrían sido las mismas si no hubieran realizado aquellos viajes, llenos de aventuras y peripecias. Estos viajes solían ser largos, turbulentos, sembrados de obstáculos y dificultades. A cada paso, tras una ola o en cada recodo del camino se escondían seres extraños, monstruos terribles, la vida pendía de un hilo…El héroe debía emprender un viaje a lugares desconocidos donde le sucederían unas arduas y complejas pruebas, una serie de aventuras que servirían como prueba iniciática y le consagrarían, finalmente, como un ser excepcional, único e irrepetible.

El viaje de un héroe comenzaba desde muy temprana edad. Recordemos que Atenea (bajo la figura de Mentes) insta a Telémaco a salir de Ítaca para buscar respuestas a todas las cuestiones sobre el regreso de Ulises, tras la guerra de Troya, a su patria, Ítaca.

Trasládate primeramente a Pilos e interroga al divinal Néstor; y desde allí endereza los pasos a Esparta, al rubio Menelao (…) si oyeres decir que tu padre vive y ha de volver, súfrelo todo un año más, aunque estés afligido; pero si te participaren que ha muerto y ya no existe, retorna sin dilación a la patria, erígele un túmulo, hazle las muchas exequias (…). (Odisea, Canto I).

Atenea, protectora de Ulises y conocedora de todas sus cuitas, acompaña al joven Telémaco en su pequeña odisea particular para averiguar el paradero de su padre o, bien, si aún continúa en el mundo de los vivos o no.

Sin embargo, Ulises le reprochó a Atenea por qué le incitó a que viajara su hijo, aún imberbe e inexperto guerrero, cuando la propia diosa conocía su paradero. La diosa, sin titubear, le respondió que tenía que buscar la fama. (Odisea, Canto XIII).

El guerrero, joven e inexperto, tiene que recorrer mundos (viajar) bien para adquirir fama, bien para tener más experiencia y conocimientos y, por último, lograr la sabiduría para consagrarse como héroe. Atenea desea que Telémaco salga de su estado tierno e inocente para tomar las riendas de su propio destino encarándose a los pretendientes y así empezar a tomar decisiones propias. El viaje de Telémaco le sirve, finalmente, para hacerse respetar y madurar como guerrero y futuro rey.

Ahora sabemos de dónde viene y a dónde van Ulises y Eneas: del caos al cosmos. Es un itinerario de sabiduría, pero a su vez un camino tortuoso, arduo, de mucho sufrimiento, cuyo fin, sin embargo, es alcanzar la sabiduría aceptando la condición de mortal que es la de todo ser humano.

Heroico sólo puede ser el individuo que ha erigido su propio sentido, su noble y natural obstinación, en su destino.

Hermann Hesse (1877-1962)

Ambos héroes trazaron las líneas heroicas a seguir para futuras generaciones:

  1. Es muy importante pertenecer a una comunidad armoniosa, a una patria y elevar sus actos hacia Arriba, al Cosmos.
  2. Dar la espalda a nuestra naturaleza (divina, eterna…) y arrancar nuestras raíces que están conectadas con los verdaderos valores e hilvanadas a nuestras tradiciones ancestrales son desviaciones que hay que enmendar y, por lo tanto, representan las peores formas de despersonalización que pueda conocerse en la vida de un guerrero porque se debe evitar caer en el olvido. Eneas y Ulises tienen que luchar, precisamente, para no caer en el destierro, en el olvido y, desde luego, no desviarse de los propósitos del cosmos.
  3. La guerra de Troya es una máquina de engullir a miles de jóvenes, un desarraigo sin igual para unos guerreros llevados a la fuerza lejos de sus hogares, lejos de toda civilización, de toda dicha, lanzados a un campo de batalla que no tiene nada que ver con la vida en armonía y equilibrio. Esta visión es muy importante para entender el universo como parte elemental de nosotros. Hoy día, nos están arrancando nuestras raíces. El desorden y el caos son esas grandes trampas de nuestras vidas. No hace falta que nos lleven a un campo de batalla, pues la propia vida es en sí una gran trinchera donde se ponen a prueba nuestras facultades mentales. “Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo”. ( Sun Tzu, El Arte de la Guerra).
  4. Más allá de su dimensión casi iniciática en el plano humano, incluso de los aspectos cosmológicos, esta concepción de la búsqueda de la armonía y una reconciliación con el cosmos poseen también una dimensión metafísica que guardan relación con el tema de la muerte. Para los griegos, lo que caracteriza a la muerte es la pérdida de la entidad. Aquí la muerte no sería física: Ulises nos alienta a que jamás dejemos de ser personas trascendentales para convertirnos en zombis de la sociedad, sombras carentes de identidad, en masas ignorantes que abandonan su verdadera patria, sus raíces, para terminar siendo anónimos.
  5. Ulises busca la inmortalidad en la sabiduría. Se sacude de todas las irrealidades, de sueños utópicos y de fluctuaciones inestables que el héroe va sorteando a cada paso.
  6. Eneas nos revela que tras la caída de Troya la búsqueda de su destino es posible. La diosa Afrodita (Venus, versión romana, su madre) le guía en su nuevo camino, su verdadero lugar en el mundo.
  7. Eneas y Odiseo, tras conseguir el estatus de héroes, se han liberado de las cadenas de una sociedad encorsetada y llena de espejismos, gracias a la experiencia, al conocimiento y a la memoria.
  8. El proceso de evolución de los dos héroes va en paralelo al desarrollo de la sociedad en la que coexistieron.

Viajar es prepararse para la muerte

Memento mori (Recuerda que vas a morir). Museo Arqueológico de Nápoles.

La vida es un viaje a la muerte, sin billete de vuelta. La vida es un cúmulo de experiencias con una honda lección. Por eso, Eneas y Odiseo relatan sus aventuras para seguir existiendo en otras personas. Sus hazañas serán repetidas, a través de los tiempos, y formarán parte de la estructura de culturas venideras. En cada aventura nos acercamos a la creación de un mundo, la existencia de nuevos seres , a conocer otros fenómenos naturales, así también a cómo superar los problemas morales y éticos que iban surgiendo a lo largo de sus viajes.

Homero, Hesíodo, Ovidio o Virgilio compusieron un corpus de historias, hazañas, teogonías, cosmogonías para educar al pueblo y darles sentido a sus vidas explicando las razones de los acontecimientos diarios.

Llama la atención que ambos héroes viajen al Inframundo para tener una experiencia de renacimiento interior, un viaje dentro de otro viaje; vida y muerte se conjugan en un punto del viaje que le aproximan a una conciencia mucho más elevada sobre el viaje de la vida. De esta manera, el héroe afronta el último tramo de la meta final sin miedo, sin temor alguno para enfrentarse a los obstáculos de la vida y a su propio destino.

No cabe la menor duda de que el viaje de la vida es una reflexión sobre la muerte, de cómo el guerrero se prepara concienzudamente para esta experiencia vital en la iniciación de los Misterios Mayores. Morir es vivir, sería el sentido que le daría a esas poderosas iniciaciones mistéricas, para el alcance de muy pocos guerreros que anhelaban conseguir lo que un viaje largo y lleno de interrogantes les aportaría (fama, gloria, sabiduría…).

Copia romana de un original helenístico perdido, realizada en el siglo II d.C. Museo Arqueológico de Nápoles.

Atlas (…) había trabajado más que nadie en la ciencia de la astrología y había descubierto con ingenio la naturaleza esférica de los astros por lo que se tenía la creencia de que llevaba todo el universo sobre su espalda.

Diodoro Sículo, Biblioteca Histórica IV-27,5

Los antiguos sabios creían que el camino iniciático estaba trazado en la bóveda del cielo, entre las Constelaciones. En la foto de arriba, el Atlas Farnesio sostiene dicha bóveda.

Este camino iniciático se puede observar en Jasón y en la búsqueda del Vellocino de Oro y en los doce trabajos de Hércules. En Hércules se nos muestra un mapa cósmico de cada uno de los trabajos que realiza en consonancia con el Zodiaco. En palabras de Clemente de Alejandría: “El Sendero de las almas a la ascensión se extiende a través de los doce signos del Zodiaco…el sendero que desciende es el mismo”. En dicho mapa cósmico, el hombre intenta reflejarse en cierto modo en el espejo de la bóveda del cielo, empezando desde la ignorancia hasta alcanzar la sabiduría. El héroe lucha en su vida cotidiana, desde muy temprana edad, con sus errores, tragedias, crímenes por expiar; emprende un viaje cargado de aprendizaje y de connotaciones simbólicas, solamente al alcance de algunos elegidos. El hombre debe liberarse de las ataduras de la naturaleza inferior con la finalidad de tomar las riendas de su vida para alcanzar el despertar de la divinidad, la apoteosis final, como le sucedió a Hércules.

Por último, y no menos importante, el viaje iniciático casi siempre se presenta como símbolo del círculo, tal como se refleja en el interior del laberinto de Minos, la bóveda celeste con sus representativas constelaciones o el símbolo serpentino como icono del tiempo que retorna sobre sí mismo y su papel de custodia de las fuentes de la vida y la inmortalidad, o las conexiones con las fuerzas oscuras que facilitaban o dificultaban la transición entre niveles, rompiendo así el propio espacio de la realidad presente.

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Bajo la sombra del Vesubio: tempus fugit

Autor: George Julius Scrope

Tras la Titanomaquia[1] comienza un periodo mitológico clave. Gea (la diosa primigenia de la Tierra y abuela de Zeus) quiere vengarse engendrando a los Gigantes porque Zeus decidió castigar a los Titanes en el Tártaro. De esta manera se entabla una cruenta guerra entre los Gigantes y los dioses olímpicos. Los dioses olímpicos, tras consultar al oráculo, necesitaban un aliado mortal que luchara a su lado para vencer a los Gigantes. Tras un periodo de reflexión decidieron que Hércules representaba el héroe por excelencia para que, de nuevo, se restableciera el orden tanto en el Cosmos como en la Tierra. Pero Gea creó un brebaje para impedir que los Gigantes murieran en manos de Hércules. Sin embargo, Zeus también ordenó a Helios (la personificación del Sol), Selene (la personificación de la Luna) y Eos (la personificación de la Aurora) que dejaran de brillar con su fulgor para que la semilla de la poción no creciera. En otras versiones se cuenta que Zeus aprovecharía la oscuridad para robar dicha semilla.

La gran batalla se libró en los Campos Flegreos, situado en el Golfo de Nápoles, en la cercanía de Cumas[2]. Había un Gigante por cada Dios Olímpico; cada gigante tenía una fuerza y agresividad brutal creada para aniquilar a un dios en concreto. Todo estaba bien orquestado por Gea para alzarse con la supremacía del cosmos. Pero se tuvo que contar con la ayuda de Hércules para que el poder y el orden del universo cayera en el lado de Zeus, tal como predijo el oráculo.

Hércules Farnesio. Copia romana de un original de Lisipo, siglo IV a. C. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

 «Heracles en Flegra dio muerte a unos gigantes soberbios»[3].

Todos los Gigantes fueron contrarrestados y eliminados, pero algunos de ellos acabaron presos. Por ejemplo, Mimas fue sepultado por Hefesto bajo una masa de metal fundido, en la que sigue preso bajo el Vesubio.[4]

Así que tenemos a un Gigante palpitando bajo el Vesubio, su ira aún no se ha apagado. Su madre Gea le recuerda que tiene una naturaleza salvaje e indómita y que algún día tendrá que rugir desde las entrañas de su ser…¡y sí que rugió!. Clío, la musa de la Historia, me reveló el siguiente relato cuando visité Pompeya:

El 24 de Octubre del año 79 el sol alcanzaba su cenit. Un grupo de niños se afanaban en la representación de la guerra de Troya dividiéndose en aqueos y troyanos. Uno de ellos se jactaba de ser Eneas, el otro de ser Odiseo. Ambos batallaban junto a la fachada de la Villa de Poppea imaginando que estaban en las murallas inexpugnables de Troya; mientras, los otros niños jaleaban el combate como si estuvieran en el Circo Romano.

A varias manzanas, en el Teatro romano ensayaban un fragmento sobre el origen de la ciudad de Roma. Un joven Eneas logra escapar de la ira de Ulises gracias a la ayuda de su madre, la diosa Venus. Fue a desembarcar en Italia, en la región del Lacio, donde se casó con la hija del monarca Latino, Lavinia, y fundó un reino. Ocho generaciones después, una de las descendientes de Eneas, Rea Silvia, mantuvo una relación amorosa con el dios Marte. De aquel encuentro nacieron dos gemelos: Rómulo y Remo. Ambos tienen doble linaje: por un lado, proceden de la diosa Venus, gracias a Eneas; y, por otro lado, también tienen el linaje divino y la protección de Marte, por vía paterna.

Clío proseguía su relato con todo tipo de detalles…

La vida en la próspera ciudad romana de Pompeya fluía con total naturalidad aquel día cuando súbitamente Mimas (tras oír los consejos de Gea) explotó y lanzó una nube con forma de hongo que invadió todo el cielo pompeyano. Luego, Mimas agitó con toda su ira y vomitó cenizas y fragmentos de piedra pómez incandescentes: Helios (la personificación del Sol) quedó completamente eclipsado por la oscuridad que emanaba del interior de Mimas, dando lugar a una noche que duraría dos días. Luego, dieron comienzo fuertes agitaciones bajo la tierra; la fuerza y la agresividad del Gigante Mimas hizo que Pompeya y Herculano desaparecieran sepultadas por un tapiz blanco de varios metros de espesor. Todo había quedado arrasado, ni rastro de los viñedos que crecían en las laderas del monte Vesubio. El silencio se adueñó de la tragedia humana.

Reloj de sol en el Templo de Apolo en Pompeya. El tiempo se paró el 24 de Octubre del año 79 de nuestra Era.
Inscripción localizada en la Regio V. Pompeya.

La sucinta inscripción de arriba corroboró lo que ya los arqueólogos y los historiadores sospecharon: la fecha de la erupción del Vesubio que sepultó Pompeya. La inscripción está realizada a carboncillo sobre una pared y reza “decimosexto día antes de las calendas de noviembre» que correspondería al 17 de octubre y, por lo tanto, una semana antes de la trágica erupción.

Al parecer el copista (el amanuense) se equivocó de fecha al transcribir la carta de Plinio el Joven en la Edad Media. La fecha hasta hace poco era el 24 de Agosto del 79 de nuestra Era.

Templo de Júpiter en Pompeya

El Templo de Júpiter fue construido alrededor de 250 a. C. y fue dedicado originalmente a Júpiter : fue construido durante un período de fuerte expansión urbana de la ciudad y pronto se convirtió en la principal estructura sagrada de Pompeya.

Júpiter, Juno y Minerva son las tres deidades del Imperio. El templo de Júpiter, en el Foro, acoge a los dioses tutelares de la ciudad. Sin embargo, la triada pierde notable influencia debido al culto imperial que recarga los lugares con estatuas, arcos, pinturas…En el ámbito privado son muchas las tendencias, desde quienes veneran a Isis hasta los seguidores de Dioniso y Sémele, representados en los frescos de la Villa de los Misterios.

Villa de los Misterios

Observamos una decoración impresionante, la más importante de toda Pompeya, en mi opinión. Estas decoraciones tan colosales se conocen con el nombre de megalografía, por el gran tamaño de los personajes representados.

Hay varias interpretaciones. En principio, parece ser la representación de un culto dionisiaco de carácter mistérico en relación a una serie de ritos iniciáticos para mujeres destinados a la adoración de Dioniso (Baco en la versión romana). Dioniso queda representado en la figura de un hombre ebrio, apoyado el regazo de su esposa Ariadna; aunque, las versiones vacilan a la hora de interpretar dicho fresco.

Villa de los Misterios

Templo de Isis

Isis es una diosa del Antiguo Egipto. Su culto se extendió a lo largo del mundo grecorromano. Fue venerada como matrona de la maternidad y del matrimonio, así también está conectada con ciertos ritos místicos y de la práctica de la magia.

Calzada típica de Pompeya

Cuando uno pasea por Pompeya es inevitable observar pinturas pompeyanas en las villas, relacionadas con la mitología griega: podemos ir reconociendo, por ejemplo, a Teseo, Ariadna, Hermes (Mercurio en la versión romana) o distintas escenas de la Guerra de Troya. Pompeya es un museo abierto que te va sorprendiendo conforme vas caminando. Pasear por sus calles, entrar en sus tabernas, en los espacios cívicos y públicos, en sus templos, en definitiva, es una entrada a su mundo cotidiano, la forma en cómo vivían, indagar en sus quehaceres diarios…todo ha quedado plasmado en una estampa inmóvil, una imagen congelada…¡es impresionante! Te da mucha melancolía pasear por sus calzadas. El tiempo se ha detenido en un día concreto, las Parcas han cortado los hilos de miles y miles de habitantes, desde personas mayores hasta niños y recién nacidos…

Fresco que representa el Canto I de la Cólera de Aquiles de la Ilíada.
Fresco de una villa de Pompeya donde se observa a Narciso.
La leyenda de Acteón sobre un fresco de otra villa pompeyana
Son muy común los espacios religiosos (lararios), pequeños altares con ofrendas dentro de los hogares.

El larario es un pequeño altar sagrado situado en la vivienda romana. En este espacio se ofrecía ofrendas y oraciones a los dioses protectores del hogar o también se rendía culto a los antepasados.

Anfiteatro de Pompeya
Calcos

Cuando uno contempla los calcos de los pompeyanos te estremeces porque sientes el sufrimiento en sus rostros, la mirada llena de dolor y de impotencia. La muerte se refleja en sus caras…el dolor humano contenido dentro de unos calcos y que nos han sido revelados tal como murieron.

Los calcos muestran la tragedia de los pompeyanos. La ciudad fue sepultada por lava y pumita, lo que provocó que los techos se derrumbaran. También se cubrió todo con cenizas sepultando a personas y animales. Indudablemente, los objetos se quedaron intactos, al formarse una “cápsula” alrededor de ellos.

En definitiva, los estratos compactos y sólidos , con el paso del tiempo, formaron una serie de “vacíos” tal como se refieren los arqueólogos; en otras palabras, los miles de cadáveres se descompusieron, pero sus siluetas se habían mantenido en las cenizas. Fiorelli se dio cuenta de la importancia de estos “vacíos” que los llenó con yeso y agua y tras solidificarse, los resultados fueron tal como se observan en las imágenes. (Enlace sobre Fiorelli y sus calcos).

Los resultados dieron unas impresiones exactas de cómo eran sus facciones de dolor, angustia y tragedia. También se observa lo que llevaban puesto ese día. Las imágenes son de un realismo preciso. ¡Sorprendente!

Un día en Pompeya da para mucho, pero en mi entrada a mi blog he querido destacar lo que he considerado más interesante. Continuamos la visita:

Fauno (Copia). El original está en el Museo. La Casa del Fauno.
Reconstrucción de la Casa del Fauno.
Taberna de comida. En el fresco se observa a Mercurio (dios de los negocios) y a Baco (dios del vino).

La taberna, que da a la calle principal, estaba presidida por un mostrador en el que se disponían grandes contenedores donde se guardaban los alimentos para mantenerlos fríos o calientes.

Reconstrucción de una taberna pompeyana.

Lupanar, prostíbulo de Pompeya.

La visita al prostíbulo fue una parada obligatoria. Dicho lupanar era el prostíbulo por excelencia de Pompeya, el más famoso. Los frescos de las paredes están decorados con escenas sexuales explícitas. El prostíbulo tenía varias dependencias pequeñas con camas de piedras para colocar un colchón. Para ampliar más información sobre este tema os emplazo al siguiente enlace: lupanar.

En el Museo de Nápoles hay una sala exclusiva centrada en el arte erótico en Pompeya y Herculano, denominada «Gabinete secreto». Te encuentras con esculturas obscenas e inadecuadas impropias del refinamiento griego, pero que no dejan de ser curiosas. La imagen de abajo representa muy bien la Sala X del Museo.

El falo como símbolo de fecundidad.

REFERENCIAS

[1] Se recomienda leer la batalla entre los titanes y los dioses olímpicos para entender la lucha por restablecer el orden del universo.

[2] Graves, R. (2016). Los mitos griegos. Ed. Ariel.

[3] Hesíodo: Catálogo de mujeres, fr. 43

[4] Apolodoro, Biblioteca mitológica I.6.2.

PARA AMPLIAR MÁS INFORMACIÓN:

Pompeya: la inscripción que cambió la fecha de la erupción.

Los descubrimientos de Pompeya.

Fiorelli.

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Pompeya y Herculano

Eva Tobalina, profesora de Historia Antigua, nos introduce sobre lo acontecido en Pompeya y Herculano, tras la erupción del volcán del Vesubio.

Mi viaje a Pompeya y Herculano se ha visto muy reforzado gracias a esta conferencia y por eso la recomiendo.

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UN PASEO POR LA MAGNA GRECIA

Autor: Michael Cheval

El colapso de la civilización micénica[1] trajo un empobrecimiento socioeconómico global. El mundo griego se empobreció en todos sus niveles, culturales y técnicos, y entró de lleno en la denominada Edad Oscura. Obviamente, la regresión en todas las capas socioeconómicas influyó también en la esfera de la vida cotidiana.

Tras la crisis de la Edad Oscura, los griegos levantaron ciudades-estados (polis) y se lanzaron a la conquista de nuevos mundos, fundando centenares de colonias para difundir su lenguaje, su religiosidad y su cultura por las riberas del Mediterráneo. En el siglo VI a.C. se vivió un crecimiento cultural y un hito histórico donde se separaba la religión de la ciencia y el hombre se situaba en el centro de su sistema de valores.

La escasez de la tierra sería otra causa para la colonización. El griego-colono debía iniciar una nueva búsqueda para paliar la falta de tierras para cultivar con el fin de encontrar un modo de vida que permitiera su supervivencia. La escasez de tierra traía consigo la pobreza, la sumisión y la incertidumbre. La poca tierra que había acarreaba tensiones sociales, disputas y un conflicto bélico. La única salida era abandonar definitivamente su lugar de origen en busca de otro donde fundar una nueva ciudad.

El hallazgo de una nueva ruta comercial (o de una tierra fértil y abundante) era la esperanza del griego que se lanzaría al mar en busca de sus sueños.

Cuando decide embarcarse en una expedición colonial, el primer paso era buscar una respuesta divina afirmativa y, para ello, se consultaba al oráculo de Delfos o el de Zeus en Dodona. Los oráculos servían para aconsejar rutas, destinos e información de interés. Luego, tras disipar las dudas con el oráculo, la ciudad nombraba a un jefe de expedición (oikistés) que seleccionaba a su núcleo de confianza, mayoritariamente miembros de la familia. Una colonia no se creaba a título personal, sino que resultaba de una decisión tomada por la propia ciudad. El objetivo era mandar una expedición a buscar un nuevo emplazamiento, a descubrir una nueva patria, a levantar los santuarios correspondientes según las divinidades y, no menos importante, establecer la defensa de la colonia. Todo esto, sin obviar que era sumamente importante establecer las instituciones cívicas y el reparto equitativo de la tierra por lotes. Desde el punto de vista religioso, la expedición portaba el fuego sagrado, encendido con la llama originaria de la ciudad, concretamente donde se hallaba el altar de Hestia con su fuego perpetuo. Para perpetuar el nuevo lugar sagrado, entre los emigrantes, siempre se encontraban los sacerdotes y sacerdotisas que garantizaban el cumplimiento divino y las tradiciones ancestrales.

La colonia seguiría teniendo un especial vínculo con su ciudad de origen. No se perdería contacto con su pasado, pues se pretendía crear una relación espiritual que unía a ambas ciudades. Además, se firmaban pactos militares, apoyo comercial, etcétera.

Sicilia y la Magna Grecia recibieron una fuerte oleada de colonos, ocupando las llanuras extensas, favorables a la agricultura, y se establecieron contactos con la población nativa del interior, que fueron su principal motor de materias primas y a la vez los compradores de sus productos manufacturados. La finalidad última era reforzar las rutas marítimas entre la ciudad de origen y su colonia.

La convivencia entre los colonos y los indígenas fue favorable. El representante colono tenía muy presente las indicaciones de los indígenas para asentarse en su nuevo emplazamiento. Hay constancias históricas que demuestran una concordancia entre ellos e, incluso, se celebraban matrimonios mixtos. En Sicilia y la península itálica las relaciones eran amistosas y pacíficas; nada que ver, por ejemplo, con Asia Menor, donde los griegos fueron sometidos por lidios y persas[2].

En definitiva, las colonias griegas en suelo italiano fueron muy importantes para la transmisión de la cultura helénica, sus instituciones, sus dioses y su arte, al tiempo que abrieron nuevos mercados y crearon otros propios entre los pueblos indígenas. El espíritu panhelénico irrigó las tierras italianas con su riqueza cultural.

Datos de interés[3]

El término “colonia” es una simplificación del término latino derivado de “colere”, que significa cultivar. Una forma de ocupación de nuevos territorios por parte de la polis.

La apoikía sería la nueva ciudad fundada por pobladores que abandonaban la ciudad origen. Precisamente “apoikizo” es el verbo heleno para definir el acto de separarse, lo que alude a la independencia con respecto a la ciudad de origen. Las colonias de la Magna Grecia estarían agrupadas bajo este concepto.

El empórion  o factoría comercial era un lugar más reducido que los dos anteriores.Su función era levantar bases comerciales para realizar transacciones comerciales con otros pueblos, básicamente el intercambio de productos de calidad, materias primas, especias, etcétera.

La kleruquía era la verdadera “colonia” en el sentido romano de término, pues consistía en la explotación agrícola de tierras situada fuera de la polis y que eran distribuidas en lotes entre sus ciudadanos mediante sorteo (Kléros).

Y como no puede ser de otra manera, para lanzarse a la aventura colonial, el pueblo griego buscaba el amparo divino y, para ello, se consultaba al oráculo. Delfos era el lugar elegido para realizar la consulta. Delfos proporcionaba información geográfica, datos bastantes fiables para aconsejar rutas marítimas y destinos propicios para empezar una nueva vida.

El oikisté o jefe de expedición era el responsable de fundar una colonia. Ya en Homero, en la Odisea, se marca la responsabilidad del jefe de expedición: conducir a los colonos a su nueva patria, establecer las defensas de la colonia, buscar emplazamiento para los santuarios de los dioses y asignar domicilio y campo de cultivo a los colonos. Obviamente, había unas estrictas normas para regir la colonia y establecer las instituciones religiosas y cívicas.

En líneas generales, se puede nombrar dos fases del movimiento colonial griego:

Primera fase: comprendería el periodo 775-675 a.C. donde los euboicos de Calcis y Eretria fundaron Pitecusas (actualmente la isla de Isquia).

Segunda fase: los colonos de Pitecusas se trasladaron a la Italia continental y a Sicilia y fundaron, por ejemplo, Cumas, Naxo, Catania; los aqueos fundaron Síbaris, Crotona y Metaponto; los espartanos, Taranto…

Fuego Sagrado

Hestia, hija de Cronos y Rea y, en consecuencia, hermana de Zeus, era la diosa del hogar y tenía como símbolo el fuego sacro, que debía arder continuamente para garantizar la pervivencia de aquellos que se ubicaban bajo su protección. Es una diosa que centra el culto del hogar, que se puede vislumbrar en tres niveles en función de los grados de asociación humana de la antigua Grecia: la casa, el oikos; la ciudad, la polis (la llama permanecía en el templo de Hestia o en el Pritaneo, sede de la política urbana, de ahí sus epítetos Boulaia, Prytaneia, Tamia, protectora del tesoro público); y la nación (cuyo fuego era el que ardía sin parar en el santuario de Delfos, por ejemplo). Su paralelo romano fue Vesta[4].

Huellas mitológicas

La Magna Grecia es tierra fértil de mitos y de grandes hazañas heroicas. Ya en Homero, a través de la Odisea, observamos que el periplo de Ulises también circunda las costas italianas. El héroe va descubriendo esos parajes muy similares a su continente e islas griegas con unas playas de aguas cristalinas, paisajes con viñedos y olivares, tierras fecundas para la agricultura, etcétera.

Los historiadores sitúan al dios Eolo en las islas Eolias, sobre la costa nordeste de Sicilia. La isla de Eea donde vivía la hechicera Circe, la sitúan en las costas cercanas a Nápoles, donde se encuentra precisamente el Cabo Circeo. La propia Nápoles nació como la ciudad nueva de “Neápolis”.

El pasaje donde Escila y Caribdis, dos monstruos que provocaban fuertes marejadas y devoraban a los marineros, se ubica en la actual Scilla, un enigmático y encantador cabo que se adentra en el Tirreno, a la altura de Calabria.

En definitiva, a los griegos de la época arcaica ya les eran conocidas estas rutas marítimas que evocaban lugares paradisiacos, pero, a la vez, destinos que infundían desconfianza, miedo, incertidumbre y misterio.

Según las fuentes mitológicas[5], la Gigantomaquia se libró en los Campos Flegreos, en las cercanías de Cumas. Las Moiras, armadas con mazas de bronce, derrotaron a Agrio y Toante, dos gigantes hijos de Urano y Gea. Hércules también participó en la determinante batalla. Cada gigante que caía al suelo el héroe lo remataba. Pausanias (VIII. 29. 1-2) relata esta descomunal batalla y cita los Campos Flegreos como gran escenario.

También en las fuentes mitológicas Dédalo voló hacia el oeste hasta que descendió en Cumas y allí dedicó sus alas a Apolo y le erigió un templo con techo de oro (Imagen 1). Luego hizo una visita a Cámico, en Sicilia, donde le recibió hospitalariamente el rey Cócalo, y vivió con los sicilianos disfrutando de una gran fama y erigiendo muchos edificios magníficos.

Y qué decir de la Sibilas de Cumas. Siguiendo el periplo de Eneas, el héroe troyano acude a Cumas (Imagen 2-3) para consultar sobre cómo descender al inframundo para visitar a su padre muerto. (abordaremos una entrada especial en el blog sobre Cumas y la Sibila).

Imagen 1
Imagen 2
Imagen 3
En los Campos Flegreo, vista panorámica del Averno, lugar donde habitaban los espíritus del Más Allá.

En la antigüedad griega existían mitos que habían dado origen a ciertas doctrinas de salvación, sólo accesibles a los iniciados, caso del culto de Deméter y el de Dionisos. Sus rituales, las Tesmoforias y las Antesterías, representaban el ciclo de la vida agraria, desde la muerte de la simiente hasta la renovación vegetal. Estas religiones acabaron asimilándose a la vida ciudadana. De hecho, en Atenas, tanto los misterios de Eleusis como los de Dionisos se integraron en el ámbito de las festividades públicas.

Alrededor del año 200 a. C. estos cultos mistéricos llegaron a Roma. Según Livio, los cultos dionisíacos fueron escasamente aceptados en un principio, porque eran exclusivos para las mujeres. Sin embargo, su popularidad creció, en especial desde el momento en que se incluyeron varones gracias a las innovaciones que introdujo una sacerdotisa de Campania, llamada Paculla Annia. Los cambios consistían en celebrar el ritual del culto por la noche, de forma que acabarían convirtiéndose en cultos secretos y de masas.

Dionisos se presenta como un dios liberador de las penas y las tristezas de esta vida mundana. Sus cultos y festividades representan la liberación de los sentimientos, la alegría sin control frente a las duras exigencias del orden establecido[6].

En Italia, el orfismo floreció en la Magna Grecia en el s. VI a.C, de carácter místico y esotérico.

Según reza la tradición[7], Orfeo se presenta como un poeta al que se le destina una amplia elaboración de relatos sagrados, pero su figura también figura en el viaje con los argonautas, como amante que desciende al Hades en busca de asu mada, como mago, hechicero, como músico y, sobre todo, como la figura que representa la ideología órfica, a través del cual el iniciado adquiere no solamente un conocimiento escatológico que versa sobre el destino de las almas en el Más Allá sino también la Sabiduría ancestral, pues se da a conocer la vida antes del nacimiento y después de la muerte, en definitiva, la transmisión de un saber fundamental que se ha de manifestar durante el rito.

Tras visitar los Campos Flegreos, Pozzuoli entraba en los lugares de peregrinación más apetitoso porque uno puede contemplar el tercer anfiteatro (conocido como el anfiteatro Flavio) más grande de la época (a finales del Siglo I de nuestra era) tras el Coliseo y el anfiteatro de Capua. Destaca su foso de 43 m a lo largo del eje principal que permitía la elevación de escenografías ambientadas en el mundo de la naturaleza, así también había otras aperturas preparadas para levantar jaulas con fieras del tamaño de un elefante, jirafas, fieras temibles sobre la arena para dotar al espectáculo de más dureza y realismo. (Imagen 4).

Imagen 4

En este teatro habrían muerto, víctimas de las fieras, San Jenaro, el patrón de Nápoles y San Procolo, patrón de Pozzuoli.

Vista aérea del anfiteatro de Pozzuoli (Imagen: Wikipedia)

Como dato curioso, el olor a azufre en Pozzuoli acompaña a la vista y se impregna como una colonia agria. Esto se debe al volcán que hay en la localidad que tiene una gran cantidad de azufre, de ahí su nombre Solfatara Pozzuoli.

Su nombre proviene del latín Sulpha terra, «tierra de azufre» (de ahí el mal olor). El olor a “huevos podridos” está en el ambiente de la localidad difuminado por el aire.

En definitiva, los Campos Flégreos ocupan una extensa zona volcánica y la gran parte de ellos están sumergidos. Algún día los dioses abrirán esos volcanes y lo más probable que la hybris de la humanidad desaparezca…Los romanos de la época creían que la entrada al inframundo era por este volcán, por su mal olor. El imaginario romano, dotado de mucha fuerza, era muy supersticioso y creía en ese mundo de fuerzas ctónicas que dominaban los hilos de la vida…por eso, se respetaba todo rito relacionado con las potestades del inframundo.

Allende el mar, Bayas sumergida, una ciudad al estilo resort veraniego para la élite romana. Un lugar de lujo, a pie de playa, con unas vanguardistas instalaciones para disfrutar de ellas, que incluía aguas minerales medicinales. Julio Cesar, Nerón, Calígula, Augusto, Pompeyo el Grande, Marco Antonio o Séptimo Severo pasaron por allí, muchos de los cuales construyeron villas en la zona de todo lujo.

Hay otra parte de la ciudad que no está sumergida y pudimos visitar. Tenía las termas, sólo superados en tamaño y prestigio por las termas de Roma. Acuarios, piscifactorías rudimentarias para asegurar el pescado y marisco fresco todos los días, villas y edificios opulentos decorados con mosaicos, frescos extraordinarios, mármoles y réplicas de esculturas griegas.

«La ciudad del pecado» tenía también un muelle privado, fastuosos jardines y la Piscina Mirabilis, con capacidad para cerca de 13.000 metros cúbicos que asegurasen el suministro de agua dulce. (Para ampliar más información: Bayas, la ciudad del vicio).

Termas de Baia

Una visita que me cautivó fue Posidonia o Paestum. Es como viajar a cualquier enclave de la antigua Grecia. Haremos un artículo especial sobre Posidonia y su museo. De mi visita destaco:

Templo de Hera

Paestum fue una Colonia fundada por los sibaritas (procedentes de Síbaris). Es uno de los mejores yacimientos de la arqueología griega, como se puede observar.

Tiene tres templos dóricos extraordinarios, con un siglo de diferencia.

Primer Templo: de Hera 560 a.C. Los griegos dejaban de construir en madera. En ese momento en la época arcaica griega estaba naciendo el arte dórico, y el primer templo dórico mejor conservado y más antiguo es el Templo de Hera. Destaca sus dimensiones tan descomunales que te asombra. Estamos ante una construcción más antigua que el Partenón griego, es decir, estamos en un periodo, arquitectónicamente hablando, en “pañales”, aún por aprender y por mejorar técnicas de construcción de templos.

Segundo templo: dedicado a la diosa Atenea, mucho mejor conservado, más pequeño, más elegante.

Templo de Atenea

Templo dedicado a Atenea

El tercer templo: más grande, pero cuando se ve es más pequeño, es más elegante, más equilibrado que el primer templo. Dedicado a Poseidón, a mediados del S. V a.C.

Me encuentro bajo el patrocinio de Atenea y empiezo a cantar a la diosa de los ojos glaucos, que nació armada, lista para el combate, que hizo temblar al mar y al Olimpo entumecer. El carro del sol se detuvo porque sus ojos brillaban como estrellas..¡Oh Atenea, te prometí volver a encontrarme contigo y tras una odisea de muchos años por fin veo tu luz…Sofía!

Otra colonia que merece una mención especial es Herculano, pequeña ciudad de mercaderes y veraneo de los patricios romanos, con casas grandes y de lujo que quedaron arrasadas por el Vesubio, al igual que Pompeya. [8]

Herculano

Y como no, Pompeya[9]

Pompeya
La Villa de los Misterios, en Pompeya. Haremos un especial sobre esta villa y de este fresco tan espectacular.

El viaje a Italia se ha realizado con Pausanias Viajes Arqueológicos. ¡Os recomiendo viajar con ellos! Más información en: Pausanias.

Calzada de Pompeya.

[1] Para ampliar más información sobre el final de la Grecia Micénica os recomiendo el siguiente enlace: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/final-grecia-micenica_17507

[2] Mogué, Pecci. Fátima. La Aventura de la Historia. Nº 222. Abril 2017. Artículo: La aventura colonial: la diáspora.  P. 63.

[3] Véase nota 2 para ampliar más información.

[4] Saco López, J. (2017). Mito y religión en el mundo. Ed. Publicia.

[5] Graves, R. (2012). Los mitos griegos. Ed. Ariel.

[6] Hard, R. (2009). El Gran libro de la mitología griega. Ed. La Esfera de los Libros.

[7] https://animasmundi.wordpress.com/2020/06/23/el-orfismo-entre-religion-y-filosofia/

[8] Para ampliar más información sobre la erupción del Vesubio en Herculano os recomiendo

https://upwikies.top/wiki/Herculaneum#History_of_Herculaneum

[9] Para ampliar más información sobre Pompeya: https://upwikies.top/wiki/Pompeii

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VIAJE A LA MAGNA GRECIA

Viajamos a Italia, viajamos a la Magna Grecia…
Nuestro viaje arqueológico por la antigua Campania empezará con una jornada de visita a los extraordinarios restos de Pompeya: caminaremos por sus calles y entraremos en las tabernae, templos, edificios públicos y privados de una ciudad romana perfectamente conservada, gracias a la ira desatada por Vulcano en año 79, durante el reinado del emperador Tito.
Visitaremos la antigua Herculano, famosa ciudad de ocio de la rica élite romana, hoy en día celebrada por su extraordinario estado de conservación. A continuación nos trasladaremos a Oplontis para disfrutar de una increíble y lujosa villa de época imperial romana, supuesta residencia de verano de Popea, esposa del emperador Nerón.
Un gran espectáculo de magnificencia nos esperará en Paestum o Poseidonia, antigua ciudad de fundación griega donde se conservan algunos de los vestigios arquitectónicos más importantes de la Magna Grecia. El templo de Ceres, el templo de Hera, el templo de Neptuno, el famoso santuario de Hera Argiva y el Museo Arqueológico serán los elementos imprescindibles de nuestra segunda etapa.

TEMPLO EN POSIDONIA

Visitaremos las «tierras ardientes», los Campos Flegreos, lugares míticos y fascinantes, campo de batalla entre dioses y gigantes, que las fuerzas divinas han plasmado en un paisaje único y fascinante. Llegaremos a Pozzuoli para admirar su gran anfiteatro (entre los mas grandes del mundo) y los vestigios de la antigua y famosa Baia. A continuación, buscaremos la antesala del inframundo, bordeando el inquietante lago Averno para dirigirnos finalmente a la célebre colonia griega de Cuma. Es la colonia más antigua en la península itálica, fundada en el siglo VIII a.C. y una de las ciudades más ricas y cultas de la Magna Grecia. Aquí tenía su sede la famosa y misteriosa Sibila Cumana, sacerdotisa de Apolo y profetisa que sentenciaba o predecía el destino a los píos peregrinos desde su oscuro antro.

El origen de Nápoles se encuentra en la mitología y tiene los rasgos hechizantes de la bella sirena Parthenope. Durante nuestro recorrido en Nápoles reviviremos las diferentes etapas de su extraordinaria historia: el primitivo asentamiento cumano Parthenope «la ciudad nueva» o Neapolis hasta las edificaciones y las grandes villas de la época romana. Paseando por el centro de Nápoles nos encontraremos con las huellas de su pasado griego-romano, y recorriendo los principales decumani
de la ciudad antigua, tendremos la oportunidad de ver los conjuntos monumentales más interesantes de época medieval, renacentista y barroca.

Desde el punto de vista trascendental, abordaremos en este blog temas tan interesantes como:

  • El destino y la muerte
  • Las artes adivinatorias
  • El papel del guerrero hasta alcanzar el estatus de héroe
  • El «Tempus fugit»
  • La eclosión de Grecia hacia Italia a través de su religiosidad.
  • El orfismo y otras religiones mistéricas grecorromanas

El viaje ha comenzado…¡Qué los dioses nos sean benévolos!

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La concepción del alma en el pensamiento homérico

El río Estigia (Imagen: Wikipedia)

El pensamiento homérico sobre el alma reflejaba la resignación y no el deseo del hombre, cuya existencia después de la muerte se reducía a vagar como un alma en pena, existiendo sin duda, pero carente de todo sentido.

 En los poemas de Homero, la concepción del alma después de la muerte es la de no descansar de los oleajes de la vida.

 Odiseo refleja en el célebre Canto XI de la Odisea el sufrimiento de Sísifo:

Vi de igual modo a Sísifo, el cual padecía duros trabajos, empujando con entrambas manos una enorme piedra. Forcejaba con los pies y las manos e iba conduciendo la piedra hacia la cumbre de un monte, pero, cuando ya le faltaba poco para doblarla, una fuerza poderosa hacía retroceder la insolente piedra que caía rodando a la llanura. Tornaba entonces a empujarla, haciendo fuerza, y el sudor le corría de los miembros y el polvo se levantaba sobre su cabeza.

También describe el tormento de Tántalo:

Vi a si mismo a Tántalo, el cual padecía crueles tormentos, de pie en un lago cuya agua le llegaba a la barba. Tenía sed y no conseguía tomar el agua y beber: cuantas veces se bajaba el anciano con la intención de beber, otras tantas desaparecían el agua absorbida por la tierra; la cual se mostraba negruzca en torno a sus pies y un dios la secaba. Encima de él colgaban las frutas de altos árboles (…) y cuando el viejo levantaba los brazos para cogerlas, el viento se las llevaba a las sombrías nubes.

Parece que el reino del Hades no ofrecía una luz de esperanza, aunque sea una llamita tenue y ligera. El Hades es el fin para el hombre, cerrando así cualquier vestigio de luz y esperanza.

La única vía de esperanza para eludir el lóbrego reino del Hades era que los dioses enviaran a los héroes a los Campos Elíseos, un lugar donde la luz es eterna, nunca hay nieve, ni largo invierno, ni vientos ni lluvias, acompañado de una paz inquebrantable y eterna.

Según la creencia más popular, un dios podía, de repente, sustraer a un mortal protegido suyo y llevárselo a la eternidad, bien sea a los Campos Elíseos o al Olimpo. De manera arbitraria en algunos casos y otras por parentesco directo con el dios, el mortal pasaría a ser inmortal.

En la Odisea (Canto IV) Proteo, que tenía el don de leer el porvenir, le profetisa a Menelao

Oh Menelao, alumno de Zeus, el hado no ordena que acabes la vida y cumplas tu destino en Argos, país fértil de corceles, sino que los inmortales te enviarán a los campos Elíseos, al extremo de la tierra, donde se halla el rubio Radamanto – allí se vive dichosamente, allí jamás hay nieve, ni invierno largo, ni lluvia, sino que el Océano manda siempre las brisas del Céfiro, de sonoro soplo, para dar a los hombres más frescuras ­-, porque siento Helena tu mujer, eres para los dioses el yerno de Zeus.

Entendemos que el alma de Menelao (Psique) no tenía que separarse de su cuerpo ni ser sepultada. Por lo tanto, los Campos Elíseos era un lugar inasequible para los demás mortales, solamente para algunos privilegiados: a Menelao le garantiza un lugar especial de bienaventuranza e inmortalidad. La inmortalidad de los dioses tenía además otros disfrutes como el néctar y la ambrosía. Así pues, el hombre que se alimentaba de estos divinos regalos se convertía en dios, en inmortal. En suma, Menelao fue transportado vivo a la eterna vida gozosa y plena de felicidad, a un lugar especial.

En la otra cara de la moneda nos encontramos a Aquiles hundido y desolado en el reino de las sombras en el Libro XI de la Odisea así lo narra:

No me consueles de la muerte, ilustre Ulises. Preferiría estar en la tierra y servir a un hombre pobre, sin muchos medios de vida, que ser el señor de todos los consumidos.

Por otro lado, en el ámbito religioso, los héroes de la epopeya homérica no están a la altura de los dioses. Es decir, en la época homérica no hay indicios de que se realizaran rituales en honor a Menelao o a Heracles para que fueran los intermediarios entre los dioses y los hombres, sino que pasarían a ser fuerzas divinas de pleno derecho que tenían un trato de culto propio, unos santuarios cargados de pomposidad en su lugar de origen, y, por supuesto, detrás un mito indeleble e inquebrantable. Era muy común que, casi siempre, cada héroe fuera conocido solamente en su territorio, excepto Heracles que traspasó fronteras. Curiosamente, el caso de Hércules es muy peculiar porque Odiseo lo ve en el Hades de la siguiente manera:

Vi después al fornido Hércules o, por mejor decir, su imagen; pues él está con los inmortales dioses, se deleita en sus banquetes, y tiene por esposa a Hebe, la de los pies hermosos, hija de Zeus y de Juno, la de las áureas sandalias.

Odiseo se refiere a la “imagen” de Hércules como un término llamado “eidolon”. Heracles, cuyo eidôlon fue visto por Ulises en los infiernos, vivía al mismo tiempo entre los dioses inmortales.

Nos referimos con eidôlon a una imagen con idéntico aspecto al de una persona, pero que no siempre está relacionado con el alma de un difunto, ya que también se menciona dicho término para moldear el doble de una persona. Un ejemplo de esta peculiaridad característica la observamos cuando Apolo aleja a Eneas del templo para que fuera curado de sus heridas tras su lucha con Diomedes: y fabricó un eidôlon a imagen y semejanza de Eneas (Ilíada, V).

En definitiva, las descripciones del eidôlon sugieren que los griegos creían que el alma del muerto tenía también la apariencia del ser vivo y describían las acciones físicas de las almas de los muertos de dos formas contradictorias: por un lado, pensaban que las almas de los muertos se movían y hablaban como un ser vivo; y, por otro lado, que las almas de los muertos no podían hablar o moverse y en su lugar chillaban y revoleteaban de un lado a otro.  Por lo tanto, podemos expresar que la representación material del alma es el eidôlon, el doble de la persona.

Bibliografía:

Bremmer, J. N. «El concepto del alma en la antigua Grecia». Ediciones Siruela (2012).

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LOS DIOSCUROS

Cástor y Pólux, hijos de Zeus.

Cástor (Κάστωρ) es uno de los nombres de los Dioscuros (Apollod. Bibl. 3, 10, 6 ss.) junto a su hermano Pólux y sus hermanas Helena y Clitemestra. Son hijos de Zeus y Leda.

Se trata de un simple compuesto, con la flexión del primer término, de Ζεύς, gen. Διός y κοῦροι, «hijos» y significa por tanto «hijos de Zeus». (Diccionario Etimológico de Mitología).

El diccionario de “Símbolos y Temas misteriosos” de Federico González Frías cita al Dioscuros:
Se llamaba así a los gemelos Cástor y Pólux. Como todos los gemelos reunían tanto la unidad en sí como al binario lo que está testimoniado por numerosas Tradiciones –donde aparecen de múltiples formas tal Ormuz-Ahrimán en Persia, Ixbalamqué-Hunahpú (los mellizos del Popol-Vuh) y un dilatado etc.–, y en particular por la Griega donde en el origen del mundo había un huevo, precisamente dividido en dos mitades. (→ Uno → Dos → Gemelos).
Mitológicamente estos gemelos tomados como hijos de Zeus y Leda, y hermanos de Helena y Clitemnestra, nacen de dos huevos que puso su madre.
Imagínense entonces la aparición de dos parejas de gemelos en el vientre de Leda. ¡Qué significa tal anomalía! ¿Hasta dónde puede llegar el asombro de los ciudadanos ante ese fenómeno? Sin duda se trata de un hecho excepcional, y esto en las culturas arcaicas es signo de lo numérico, de lo extraordinario, de lo misterioso.

Por lo tanto, los Dioscuros son los gemelos Cástor y Pólux, fruto de los amores de Zeus y Leda; son hermanos de Helena de Troya y Clitemnestra. Su origen y nacimiento dio lugar a diferentes versiones. Según la más difundida, Leda se habría unido la misma noche a su esposo Tindáreo, rey de Esparta, y a Zeus, que había adoptado la forma de un cisne para seducirla. Leda puso un huevo del que nacieron dos parejas de gemelos: Cástor y Pólux, por un lado, Clitemnestra y Helena por otro. Pero mientras Cástor y Clitemnestra serían hijos mortales de la pareja real, Pólux y Helena serían el fruto divino de la unión de Leda con Zeus. Sin embargo, los gemelos son conocidos sobre todo por el apelativo prestigioso de Dioscuros, pues ambos se benefician en algunas ocasiones de la paternidad divina.
Ambos gemelos son considerados héroes dóricos por excelencia, ambos dirigen una expedición contra el Ática para rescatar a su hermana Helena que había sido raptada por Teseo. A las órdenes de Jasón, participan también en la expedición de los Argonautas, en el curso de la cual se distinguen como guerreros en la batalla que enfrentó a la tripulación de Argo contra las tropas del rey de los bébrices.
Su divinización prematura explica su ausencia en la guerra de Troya, a pesar de que la causa fue su hermana Helena. Tras la muerte de Cástor, Pólux fue recogido por su padre Zeus y transportado al Olimpo, pero rechazó la inmortalidad mientras su hermano permaneciera en el Hades. Zeus les ofreció entonces compartir el Olimpo de la siguiente manera: un día uno de ellos permanecería en el Hades mientras el otro estaría en el Olimpo y al día siguiente, al revés. Sin embargo, en otras versiones, Zeus colocó a ambos gemelos en la constelación de Géminis.

géminis

La constelación de Géminis tiene dos estrellas, llamadas por los griegos Cástor y Pólux o los gemelos,  que eran vistas como símbolos del hombre, que representa el microcosmos, en contraposición a Zeus, que representa el macrocosmos.
Cástor era considerado como mortal y Pólux como inmortal. Es un hecho astronómico interesante que la estrella Cástor está disminuyendo en fulgor y no tiene la luz que tenía hace varios cientos de años; mientras que Pólux, el hermano inmortal, está aumentando en brillantez y eclipsando a su hermano.
No nos es extraña la dualidad que es enfatizada en Géminis pues se presenta en una gran cantidad de historias mitológicas similares. Por ejemplo, nos la encontramos en Rómulo y Remo y en Abel y Caín, es decir, existe un fuerte paralelismo entre ellos: un hermano muriendo y el otro viviendo.
Los Dioscuros eran reverenciados tanto en Esparta como en Roma (donde se les dedicó un templo en el Foro) como símbolos de la virtud guerrera y de la solidaridad fraternal.

Mucho antes de su inmortalidad, Cástor era un luchador y Pólux era un boxeador. Esparta está ligada desde sus orígenes al culto de los Dioscuros que más tarde llegó a la colonia itálica de Taranto, donde se construyó un templo; después el culto llegó a Roma. El reconocimiento a este culto era para ritualizar la iniciación entre los jóvenes, en un proceso de integración en la ciudadanía plena. Por otra parte, los Dioscuros eran venerados como caballeros divinos a los que se puede pedir la protección para ir acompañados en el camino cambiante de la vida. Ambos hermanos, tras lograr su inmortalidad, van acompañados de un caballo y recibirán de Poseidón el poder para gobernar el viento y el mar. De aquí que se les reconozca como dioses solares, las estrellas de la mañana y de la tarde que surcan los cielos en sus caballos, como divinidades protectoras. El poeta griego Alceo de Mitilene, amante de Safo y oriundo de la isla de Lesbos (630-580 a.C.) así lo recita:

¡Venid a mi, desde la isla de Pélope,
hijos firmes y valientes de Zeus y Leda!
Mostradme que sois generosos y favorables,
Cástor y Pólux.

Vosotros que voláis en veloces caballos
sobre la tierra amplia y el amplio mar,
rescatándonos fácilmente
de la helada frialdad de la muerte,

coronando los bien asentados mástiles de las naves,
ascendiendo como unas tenues luces
por los puntales en la noche tenebrosa,
ofrendando el fuego ardiente a los buques en peligro
.

Para terminar, y como orgullo patriótico espartano, ambos representaban (sea cual sea las fuentes originales mitológicas) la conducta sobre la que debe ceñirse el hombre que aspira al progreso espiritual y a la liberación. De guerreros espartanos a lograr la inmortalidad ¡Patronos de los marineros !

Referencias:

Grimal, P (2008). «Diccionario de Mitología Griega y Romana». Paidós.

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Los dioses de Epicuro: felicidad, ataraxia y contemplación — El vuelo de la lechuza

La cultura helenística, mezcla de tradiciones clásicas y orientales, se vio portentosamente marcada por la figura de Alejandro Magno, quien logró que Grecia se «cosmopolizase» y construyera ciudades con una tendencia más universal de lo que la polis había sido. Tras su muerte, sin embargo, los atenienses perdieron la democracia y se enfrentaron a cuarenta […]

Los dioses de Epicuro: felicidad, ataraxia y contemplación — El vuelo de la lechuza

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Esparta

10 datos sobre los espartanos

Cuando uno se asoma al pasado remoto, concretamente a la antigua Grecia, no se puede ser objetivo, pero sí podemos ser honestos y ecuánimes. Hablar de Esparta es hablar de mito más que de historia, pues Esparta va conectada con el propio mito. El propio Bertrand Russel así lo afirma: “históricamente el mito es incluso más importante que la realidad”.

El mito espartano ha tenido una elasticidad adaptada a pensadores y a políticos de cualquier periodo, desde Platón hasta Hitler, cuyo efecto final ha sido exagerar y enaltecer a Esparta, para bien o para mal. La envoltura del mito sobre Esparta es casi siempre tóxica, perjudicial y muy manipulada. Para empezar, Esparta fue un centro cultural de primer orden, abierto al exterior, donde destacaban poetas y trabajaban reputados artistas en diferentes áreas. Un poeta que acentuó la cultura espartana fue Tirteo (mediados del s. VII), gran poeta lírico de contenidos épicos, como la guerra contra Mesenia. Ardor, coraje, valentía fueron sus mensajes para lograr estimular a los espartiatas. En general, la mentalidad espartana era la gloria del Estado y no la gloria individual.

Como bien explica César Fornis, Catedrático de Historia Antigua: en la Atenas del siglo IV se inventará una tradición que hacía de Tirteo un ateniense, un maestro de escuela “prestado” a los espartanos para derrotar a los mesenios; con la reivindicación de la autoctonía ateniense, se despojaba al tradicional “enemigo” del que, junto a Alcmán, fuera uno de sus buques insignia culturales. El mensaje era claro: la embrutecida Esparta jamás habría podido producir semejante poeta.  En suma, Fornis continúa que la imagen negativa de los espartanos, como personas de una cultura estéril, es fruto, en gran medida, de la propaganda ateniense.

La mentalidad espartana de que todo el esfuerzo debía encaminarse para el bienestar de la comunidad (rasgo distintivo del hoplita y ciudadano espartano) llevó a Esparta a tener la primera educación pública de la historia, con una propuesta de más socialización y menos intelectual que la ateniense. Desde los siete años se enseñaba al niño a leer y escribir, aritmética elemental, expresión oral y algo de música, danza y poesía, básicamente lo mismo que los escolares atenienses; no obstante, la diferencia consistía en que el ateniense (desde el enfoque de la “paideía griega”) reforzaba el lenguaje oral con retóricas mucho más complejas que el ideario espartano que eran más parcos, lacónicos, expresando con ello que vivían más de los hechos que de las palabras. El estricto sentido de la vida guerrera que tenía un espartiata desplazó el refinamiento por las letras, pero la música, la danza y la religión eran sus pilares culturales más cercanos y formaban parte de sus vidas cotidianas. A esto hay que añadir que el adulto tenía la responsabilidad moral y ética sobre el joven en su aprendizaje de los valores inherentes a la ciudadanía. Aquí las versiones cambian porque Esparta veía la homosexualidad como algo natural, incluso beneficioso para el Estado; sin embargo, otras fuentes aclaran que la homosexualidad la asumían con decoro y decencia.

Como sociedad diferente a cualquier otra Ciudad-Estado, cabe destacar que las mujeres, desde muy temprana edad, recibían una educación cívica no sólo en música y religión sino también en el deporte, como un sello único, peculiar e insólito en el mundo griego antiguo. La preparación deportiva servía para que el parto fuera menos doloroso y así engendrar hijos sanos y fuertes. La propia reina Gorgo (esposa de Leónidas), preguntada por una mujer de Atenas que por qué las espartanas gobernaban a sus hombres, respondió (lacónicamente): “porque somos las únicas que traemos hombres al mundo”

Las mujeres espartanas exhortaban a los hombres (padres, esposos, hijos) a ser valerosos en el combate (aunque pierdan la vida), o incluso esas mismas mujeres les dan muerte en caso de que no hayan cumplido con las expectativas que la exigente Esparta esperaba de ellos. Sin embargo, es difícil extraer lo que corresponde a la realidad en el caso de la mujer espartana de lo que no es sino una visión idealizada, por parte en muchas ocasiones de los propios atenienses, de lo que representa Esparta.

Como dato curioso, las espartanas nunca tuvieron derechos políticos, pero podían participar en actividades públicas y participar en certámenes deportivos. También eran propietarias de la tierra.  Pero, la principal responsabilidad de una espartana era la de dar hijos que luego iban a ser ciudadanos-soldados, la base de la estructura política-social de Esparta.

En cuanto a la política espartana, se representa tergiversada y enredada en complejos mitos difíciles de aclarar. El problema de esta etiqueta resistente se la debemos al nazismo que desfiguró su visión de Esparta con el totalitarismo. La idea de una Esparta obsesionada con la selección natural, según comenta César Fornis, es en gran parte debida a la propaganda que impulsó el nacionalsocialismo durante la década de los treinta y cuarenta. Hitler declaró su admiración por Esparta, como un Estado referente para buscar la pureza racial. Precisamente, este debate sobre la pureza aria relacionó a Esparta con un sistema político totalitario, término que César Fornis puntualiza como exagerado y que ha llegado a nuestros días como un bucle difícil de salir. Más bien representaría un modo de monarquía hereditaria dentro de las dos familias reales: los Agíadas y los Euripóntidas, ambos descendientes respectivamente de los epónimos Agis y Euriponte, ambos del linaje de Heracles y, por extensión, del mismo Zeus.  A La realeza espartana le era concedía chárisma, es decir, gracia o don especial de derivación divina que la convertía de algún modo en mediadora entre la comunidad y las divinidades, interactuando entre ambos, y reforzando de paso el principio de transmisión hereditaria. Era a su muerte cuando los diarcas adquirían su verdadera condición al ser heroizados y recibir culto como héroes. Según César Fornis la diarquía no fue un sistema de gobierno en sí mismo, sino uno de los tres componentes fundamentales que hacían de la espartana una politeía (ordenamiento constitucional) modélica y perfecta. De esta manera, se conjugaba tres elementos equilibrados: el monárquico, la Gerousía o Consejo de ancianos (el aristocrático) y la Apélla o Asamblea (el democrático). Este equilibrio explica que Esparta nunca sufriera disturbios internos y no fuera gobernada por tiranos.

Heródoto, según subraya César Fornis en su libro, jamás describió la Esparta arcaica como una sociedad militarizada, aislada o intolerante con cualquier extranjero.

Es muy fácil de manipular y tergiversar el tema de Esparta cuando no hay apenas fuentes donde sostenerse. No existe ningún historiador referente espartano, como cronista, solamente se conservan fragmentos de dos poetas, Tirteo y Alcmán.

La tradición espartana, sobre todo recaía en la oralidad, como identidad autóctona.

Bajo el mito, Esparta fue el paladín de patriotismo, orden, disciplina, austeridad y a su vez ejemplo para encauzar una política ideal para los gobiernos. Asimismo, los espartanos restauraron el espíritu dórico-aqueo, cristalizando el ciclo heroico, a través de la casta guerrera y su sistema político, culminando ese logro espiritual y restauración del microcosmos. Para ampliar más información sobre el ciclo heroico os emplazo al siguiente enlace: Eduard Alcántara

Precisamente, la “areté” o “excelencia” no era solo militar, sino también moral, puesta al servicio de la comunidad, del bien común, y no de la gloria personal.

Sentido del honor y del deber (Dharma=destino) de lo espartiatas en la lucha por la libertad griega, como es la entrega hasta la muerte de Leónidas y sus trescientos en el desfiladero de las Termópilas (“Puertas Calientes”), en un intento baladí por contener el paso de los persas, siendo tal episodio como una muerte heroica. La muerte de Leónidas consumía al oráculo del Apolo Pitio en Delfos: “o bien la poderosa y eximia ciudad de Esparta sería asolada por los descendientes de Perseo, o bien lloraría la muerte de un rey de la estirpe de Heracles”

Ese “Deber” del espartano se concentraba en la defensa de su patria, de su religión, de su honor, propio de cada hombre de acuerdo con su casta y con su posición en la sociedad.

Mi visita a Esparta en el año 2019 no me llevó a una profunda decepción tal como le sucedió a Chateaubriand, escritor del periodo romántico de la literatura francesa: “las lágrimas inundaron mis ojos cuando los fijé en la miserable cabaña levantada en el paraje abandonado de una de las ciudades más renombradas del universo, ahora el único objeto que señala el lugar donde Esparta floreció”.

Esparta y Atenas | Egrecia
Restos arqueológicos de Esparta

Para mí, la Esparta actual representa muy bien los valores mencionados en párrafos anteriores. Si Atenas es bulliciosa, caótica, turística, desbordada por los selfies de los miles de turistas que la visitan, Esparta está en la otra cara opuesta, adversaria e incompatible. En ese momento uno entiende que todavía, en otros planos más sutiles, continúa esa batalla entre Atenas y Esparta, invisibles a los ojos humanos.

Suscribo la reflexión de Auguste Rodin: “Nada es tan bello como las ruinas de una cosa bella”. En Esparta el silencio es impactante, el sonido de la naturaleza penetra por tu piel y a tu alrededor observas restos esqueléticos de una ciudad inmortal que sigue manteniendo intacto su legado más preciado y del que os voy a detallar:

  • Moderación. Disciplina. Equilibrio. Serenidad. Fueron sus más preciados valores intangibles.
  • El sentido comunitario.
  • Se despoja del lujo y de la avaricia.
  • El espartiata toma el sendero de la eleuthería (la libertad).
  • Austeridad (llevar el mismo vestido en invierno y en verano), dormir en lecho recio, ser íntegro e incorruptible.
  • La doctrina de la indiferencia: ante los resultados de la acción, igualdad ante el éxito y el fracaso (el paso de las termópilas, una derrota que supo a victoria, hoy día el valor de ese momento histórico-político supuso que los persas no dominaran la cultura occidental). Toda acción produce consecuencias y éstas deben continuar en otras vidas venideras. El hombre debe cumplir los dictados del cosmos.
  • No es cierto que el dolor les haga más fuertes. «Dolor» proviene de la raíz latina «dolere», que hacía referencia al hecho de ser golpeado. Si acudimos a sus orígenes indoeuropeos, se refiere a pulir o alisar. El dolor golpea y, a la vez, cincela. No les fortificaba: les instruía.
  • Carencia de deseos.
  • Entrega total a los dictámenes del universo, como referencia cósmica y espiritual.
  • La brevedad en su lenguaje, conciso, pero cargado de sabiduría. Eran parcos a la hora de expresar sus sentimientos. Ellos practicaban un modo de vida más interior, apoyándose en una idea, en una imagen, en un símbolo, en un sentimiento, en una actitud.
  • El aislamiento del espíritu frente a la materia.
  • La identificación del alma individual con el alma universal, la unión de aquélla con ésta.
  • Firme voluntad de llegar a la cima espiritual.
  • Rechazo de la inactividad, del “quietismo”.
  • La carencia de deseos y pasiones los llevaban a conservar el sabor, el poder, la fuerza de una tradición.
  • Fuerte vigencia en los ritos de iniciación, particularmente los de transición a la edad adulta.
  • Un vínculo muy arraigado al culto heroico.
  •  Culto a los pathémata, las pasiones o estados de ánimo del ser humano: el Miedo, la Risa, el Pudor, el Amor, el Hambre, la Muerte o el Sueño; los espartanos debían aprender a vivir en armonía con estos pathémata si se pretendía alcanzar el “buen orden” (eúkosmon) y la “felicidad” (eudaimonía), lo que de hecho significa dominar sus emociones, ejercer un autocontrol (enkráteia), algo que en los momentos previos a entrar en combate podía resultar especialmente beneficioso. El miedo, cuya personificación era “Phóbos” tenía un templo en Esparta, quedaba exclusivamente para los enemigos. El espartiata no temía a la muerte, sino que se preparaba para ella.
  • Orgullo patriótico: Leónidas, Alfeo y Marón por la valentía demostrada en las Termópilas; Hipóstenes y Cinisca por sus victorias olímpicas; Menelao, Helena, figuras míticas y relacionadas con su pasado. Cástor, excelente domador de caballos y Polideuces (Pólux, versión romana), un experto pugilista, ejercían de divinidades tutelares.

Como pueblo dorio cabe destacar las normas de conducta a las cuales debe ceñirse el hombre que aspira al progreso espiritual y a la liberación, buscando la sabiduría, como se refleja con Heracles, en sus doce trabajos.

Breve reseña mitológica: Esparta, descendientes de Heracles.

Casi un siglo después del final de la Guerra de Troya y según Tucídedes, los Heráclidas habrían regresado al Peloponeso, la denominada “tierra prometida” para tomar posesión por las armas del territorio que tal injustamente se les había arrebatado y que se dividió en tres reinos: Lacedemonia, Argos y Mesenia.

Este relato confirma la identidad doria con una patria.

Los reyes espartanos, descendientes directos de Heracles, se erigen en núcleo de un relato mítico en el que se otorgan las dos únicas familias de las que pueden salir reyes: Agíadas y Europóntidas.

Las tres tribus dorias serían: panfilios, hileos y dimanes; los hileos se correspondería a Hilo, hijo de Heracles. La vinculación entre dorios y Heráclidas están conectadas.

Para ampliar más información:

Fornis, C. (2019) «El Mito de Esparta». Alianza Editorial.

Enlaces de referencias:

Mediterráneo antiguo

Viaje a Grecia: Esparta, Leónidas

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EL PAPEL DE LA MUJER EN LA RELIGIÓN GRIEGA

La mujer tenía un papel fundamental y apreciado en el espacio sacro y, en consecuencia, una mayor visibilidad en la sociedad. Como bien sabemos, la religión griega implicaba prácticas cultuales que impregnaban la vida cotidiana, desde el espacio doméstico hasta en las diferentes manifestaciones de la ritualidad en el calendario litúrgico. La mujer no solamente estaba particularmente involucrada, sino que también resultaba complementario al rol masculino. Obviamente, complementario no significa igual, y muchas veces ni siquiera implicaba prácticas que realizaran ambos sexos de forma conjunta. No obstante, las festividades eran esos momentos puntuales en los que se permitía a las mujeres salir de su casa sin reproches para asistir a las grandes ceremonias religiosas en honor a los dioses.

La religiosidad cívica dependía mucho de los roles de cada uno y las expectativas sociales ligadas a su género, pero también hay que destacar que la clase social a la que pertenecían era un factor muy importante. Es decir, la selección se realizaba con las exigencias propias del culto, pero la reputación familiar o el origen de la candidata tenia un peso notable. Naturalmente, el poder adquisitivo contaba porque otorgaba ventajas económicas pero, a su vez, comportaba obligaciones y gastos que la familia de la mujer debía afrontar.

En general, las mujeres que desempeñaban un servicio divino duraban un periodo determinado y no precisaba de una dedicación de por vida a la divinidad. Por ejemplo, si estaban casadas, seguían estándolo; si se trataba de jóvenes vírgenes, tras finalizar su periodo, podían proyectar su vida matrimonial. Cabe destacar, por otro lado, que todas las personas que entraban en contacto con el mundo sacro en la religión griega era muy importante que prestaran una especial atención a la pureza ritual, con una vigilancia más estrecha al nacimiento, la muerte u otras expresiones de la corporeidad que afectaban fundamentalmente a las mujeres.

Algunos ejemplos ilustrativos muy comunes en la trayectoria de la mujer en la religión son:

  • Las jóvenes solteras servían como portadoras de cestas en las procesiones de las festividades. Por ejemplo, la procesión de las Panateneas.
  • Las mujeres adultas actuaban como sacerdotisas ante el altar de una divinidad y presidían el sacrificio de animales a los dioses. Por ejemplo, Cidipe, sacerdotisa de Hera.
  • Las mujeres casadas llevaban a cabo rituales secretos en los que no podían participar los hombres, ceremonias importantes para obtener la bendición de los dioses sobre los campos y las cosechas. Se creía que las mujeres tenían una relación íntima y especial con la fertilidad de la tierra que en definitiva, estaba representada por la diosa Gea.
  • Las mujeres también se involucraron en la adoración de divinidades “nuevas” ,como Adonis, que en el periodo clásico no formaban parte de la estructura formal de la ciudad. Era un rito privado fuera del calendario religioso oficial. Adonis es una divinidad oriental que nunca fue del todo aceptaba en el panteón griego. Cuenta el mito que Afrodita, la diosa del amor, se enamoró perdidamente del joven y hermoso Adonis, pero este pereció a manos de un jabalí mientras cazaba. En los últimos momentos de su vida, Afrodita lo tendió en un lecho hecho con lechugas.
  • Las mujeres de Dioniso. En Atenas, lejos de la presencia de los hombres, algunas mujeres se congregaban en un recinto cerrado y bailaban descalzas con desenfreno ante una efigie del dios Dioniso, con el pelo suelto. El hecho de ir descalzas o desmelenadas indica que han renunciado a su condición normal, sosegada, para adorar al dios en un estado de entusiasmo, que simboliza “tener el dios dentro de sí”
  • Profecías y profetisas: uno de los oficios femeninos más conocidos de la antigua Grecia era el de la pitia, la profetisa-sacerdotisa de Apolo en Delfos. Ostentaba la posición más prominente que podía ocupar una mujer en un cargo de tipo religioso en la Grecia clásica.
  • La religión en el ámbito doméstico: una de las tareas particulares de las mujeres consistía en hacer pastelillos para los sacrificios rituales. También se encargaban de las estatuas, que eran cuidadosamente lavadas por mujeres (las únicas que podían ver a la diosa “desnuda” sin vestido de culto) y se les daba un nuevo atuendo para llevar. Un ejemplo claro era la “ceremonia de aseo” en ella, las mujeres tejían  cada año un nuevo vestido para Atenea (Jenofonte, Helénicas, 1.4.12).
  • Sacrificios: las mujeres jóvenes estaban presentes en los sacrificios, incluso antes del matrimonio, pero además también lo estaban las sacerdotisas, que conducían el propio acto. Cuando el hacha golpeaba a la víctima, las mujeres entonaban un llanto ritual para llamar la atención de los dioses sobre aquello que se les ofrendaba. La presencia de mujeres eran tan importante en los rituales públicos que estas debían asistir tan pronto como fuera posible después de haber dado a luz o incluso inmediatamente después de haberse librado de la contaminación que suponía la participación en un funeral.
  • Ofrendas a los dioses: muchas veces las mujeres expresaban su piedad a través de regalos que ofrecían a los dioses. La más antigua de las dedicaciones conocidas entre las realizadas por mujeres es la de Nicandra de Naxos, quien en torno al 650 a.C. ofreció una estatua de Artemisa de gran tamaño en el templo de esta diosa en la isla de Delos, y en ella inscribió su propio nombre.
  • Rituales funerarios: las mujeres eran quienes preparaban el cuerpo del difunto, lo lavaban, lo vestían y lo dejaban listo para llevarlo hasta la carreta que lo conduciría hasta el cementerio. Es común ver a las mujeres golpeándose la cabeza, tirándose del pelo o arañándose las mejillas hasta sangrar. Los varones se lamentaban en silencio, sin mostrar emociones, de pie en torno al cadáver, levantando las manos en un silencioso gesto de respeto. Son famosas las plañideras: mujeres enérgicas con un exceso de luto. De hecho, en Atenas y Delfos decretaron leyes para prevenir estos hábitos excesivos en el luto femenino limitando los lamentos o prohibiendo lacerar sus mejillas.

Para terminar, las mujeres que no eran honestas no podían participar en las fiestas religiosas, como en las Tesmoforias atenienses. Tampoco podían entrar en muchos templos, públicos o domésticos, mujeres que habían parido recientemente (por el contacto con la sangre), que hubieran tenido relaciones sexuales o que hubieran tomado abortivos o anticonceptivos.

Las mujeres extranjeras como las esclavas estaban apartadas de todo ritual, así como las prostitutas.

Para ampliar más información:

Bruit, Louise y Schmitt, Pauline (1991) La religión griega en la polis de la época clásica. Madrid. Ediciones Akal S.A.

Revista Desperta Ferro Arqueología y Historia. Nº 11 «La mujer en Grecia».

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