La destrucción del mundo antiguo por el fanatismo religioso

Fuente Original: Silvia Colomé/ La Vanguardia

Las destrozadas estatuas de Palmira hablan de atrocidades. Sus mármoles ojos han visto con inmovilizado horror cómo hombres barbudos vestidos de negro se lanzaban contra ellas en nombre de una fe que no compartían. Y no hablamos de los recientes ataques de los yihadistas del ISIS, que también, sino de cristianos que los precedieron muchos siglos antes, cuando la nueva religión se imponía a golpes de fanatismo y de terror.

“Durante los siglos IV y V la Iglesia cristiana demolió, destrozó y fundió una cantidad de obras de arte simplemente asombrosa”, explica la historiadora y periodista cultural de The Times Cahterine Nixey, que acaba de publicar el libro La edad de la penumbra (Taurus) con el objetivo de aportar luz a uno de los episodios más oscuros de la historia: cómo el cristianismo triunfó aniquilando mucho más que la cultura clásica, imponiendo un nuevo modelo que premiaba la fe y condenaba el conocimiento.

“El cristianismo también contenía aspectos positivos en su ideología”, justifica la autora, “pero su triunfo armó con gran efecto la ignorancia y el fanatismo”, analiza. Algo que fue posible gracias a una “combinación de ley, retórica y violencia”. “A medida que transcurría el siglo IV, cualquiera que hiciera sacrificios a los antiguos dioses podría, según decía la ley, ser ejecutado”.

Con la ley a su favor, los pensadores cristianos atizaron la llama del terror. San Agustín, por ejemplo, exclamó: “¡Que toda superstición de paganos debe ser aniquilada es lo que Dios quiere, Dios ordena, Dios proclama!”. “Dijo que no era crueldad sino bondad vencer con varas a quienes tenían creencias incorrectas y al final la violencia fue terrible”, cuenta Nixey. “En la ciudad de Harran, las personas que no se convertieron fueron ejecutadas y sus extremidades, colgadas en la calle”, ejemplifica. “El pensamiento libre difícilmente puede sobrevivir en un mundo así”.

¡Qué toda superstición de paganos debe ser aniquilada es lo que Dios quiere, Dios ordena, Dios proclama!

Los intelectuales de la época quizás pecaron de condescendientes ignorando o menospreciando una religión que no valía la pena ni rebatir porque sus creencias no se basaban en experimentos u observaciones, pero que finalmente acabaría con la mismísima Academia de Atenas y sus filósofos. “Muchos pensadores veían como una estupidez la enseñanza cristiana y para ellos Jesús era un simple embaucador”, apunta Nixey.

Solo algunas voces como la de Celso en el 170 d.C. lanzó ataques contra esas creencias que consideraban irracionales, desde la supuesta virginidad de María a la doctrina de la resurrección. “Describió a los cristianos como estúpidos y al Antiguo Testamento como basura”, añade la historiadora. “¿Cómo puede ser inmortal un muerto?”, se preguntaba Celso sarcásticamente a la vez que también lanzaba fuego contra el mito de la creación. Cabe tener en cuenta que en aquella época ganaba peso entre las élites la teoría del atomismo de Demócrito que consideraba que el mundo había sido creado por la colisión y la combinación de átomos.

No fueron solo las piedras las que fueron atacadas, pronto todos tenían que ser cristianos o pagar un precio por ello.

Pero todo cambió por orden casi divina. Cuando el emperador Constantino, que proclamaba “un dios, un emperador”, legalizó el cristianismo abrió, quizás sin saberlo, la caja de Pandora. “No fueron solo las piedras las que fueron atacadas, pronto todos tenían que ser cristianos o pagar un precio por ello”. Los que han pasado a la historia con el epíteto de ‘paganos’ “fueron perseguidos de todas las maneras posibles: legal, financiera y físicamente”.

En cambio, los que empuñaban martillos y piedras “no fueron vistos como criminales”, al contrario “fueron elogiados y santificados”, aclara Nixey. “En la Galia, San Martín fue aplaudido por su habilidad para reducir templos antiguos a escombros”, explica.

El emperador Constantino.

El emperador Constantino

Los no cristianos “estaban horrorizados por estos matones barbudos y vestidos de negro que recorrían el campo destrozando con palos y barras de hierro”, cuenta Nixey. La desolación avanzaba a pasos gigantescos. “Sabemos exactamente lo que las personas cultas pensaban mientras veían tales actos de violencia porque nos han llegado sus palabras”, añade. Por ejemplo, un poeta escribió: “Somos hombres reducidos a cenizas. Porque todo se ha vuelto en nuestra contra”. Un filósofo inmortalizó desesperado: “Estamos siendo arrastrados por el torrente”.

Tal figura retórica no era para nada gratuita. En tan solo un siglo, los cristianos pasaron a ser del 10% al 90% de la población del imperio. Los números se invertieron gracias a “muchas personas que se convertieron felizmente al cristianismo”, pero también debido a la “violencia y a su hermana aún más eficiente, el miedo a la violencia”, argumenta Nixey.

Arte destrozado y personas silenciadas

La autora realiza un gran trabajo de recopilación de arte destrozando en La edad de la penumbra, detallando las grandes obras que perdió la humanidad a manos de la barbarie cristiana. No solo se derrumbaron las estatuas de la ciudad de Palmira, también cayeron las del Partenón de Atenas y se desfiguraron las imágenes del templo egipcio de Dendera, dedicado a la diosa Hathor.

El templo más hermoso del mundo, el Serapis de Alejandría, fue arrasado por orden del obispo Teófilo. Evidentemente, tampoco se salvó el Museion, el templo dedicado a las musas. La lista es interminable. “Este período presenció la mayor destrucción de arte que la historia humana haya visto jamás, desde Antioquía a España”, detalla la autora. Nixey también repasa las voces que fueron silenciadas, como la de la famosa matemática Hipatia de Alejandría, desollada viva “porque los cristianos creían que era una criatura satánica del infierno porque usaba símbolos matemáticos de apariencia demoníaca”.

Unas pocas décadas después, se lanzó una persecución contra los filósofos no cristianos de la ciudad. “Como era de esperar, la filosofía disminuyó precipitadamente”, ironiza a la vez que recuerda que una de las pérdidas más irreparables fue la destrucción “de todo lo que quedaba en la Gran Biblioteca de Alejandría”.

Hipatia de Alejandría
Hipatia de Alejandría 

El físico italiano Carlo Rovelli calificó que la pérdida de todas las obras del pensador griego Demócrito fue “la mayor tragedia intelectual derivada del colapso de la antigua civilización clásica”. El filósofo y matemático griego “dijo que no había necesidad de temer a los dioses porque el mundo está hecho de átomos, que todo lo que vemos y sentimos solo son átomos que se unen y se separan”, recuerda Nixey.

“En términos de cultura, nunca recuperaremos lo que se perdió”, resume la historiadora británica. Se estima que el 90% de toda la literatura clásica se desvaneció en los siglos posteriores a la cristianización. La famosa hoguera de las vanidades de Savonarola en el Renacimiento parece una broma insignificante al lado de la sabiduría que desapareció para siempre entre las llamas de los cristianos que pretendían enviar al infierno el conocimiento clásico.

Pero no todas las obras se redujeron a cenizas. Algunas se rasparon para aprovechar los caros pergaminos “con temas mas elevados”, ironiza Nixey. Así pues, Agustín escribió comentarios a los Salmos encima del único ejemplar que quedaba de Sobre la república de Cicerón. Otro ejemplo: una obra biográfica de Séneca desapareció para copiar un Antiguo Testamento.

“¿Qué pasaría si aún tuviéramos a Demócrito, a todos los Arquímides, a todos los Cicerón?”, se pregunta Nixey. “Para mí la mayor pérdida es algo más intangible: la forma en que hablamos y nos vemos a nosotros mismos”, valora. “Desde el cristianismo, el mundo se ha roto en líneas religiosas”.

Así pues, los vientos oprimidos del cristianismo golpearon sin piedad los fundamentos de la civilización conocida hasta entonces, cuya debilidad “era la pluralidad”, según la autora. El mundo clásico fue tambaleándose hasta desmenuzarse en el suelo hecho añicos. De sus restos, el Cristianismo construyó su nuevo mundo, levantando iglesias de los mármoles de los templos caídos. “La historia la escriben los vencedores, y la victoria cristiana fue absoluta”, concluye Nixey.

Para ampliar más información sobre la misma temática os remito a:

 

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El triunfo de Homero

Homero

La Odisea de Homero ha sido votada como la historia más influyente que ha dado forma al mundo, según una encuesta a más de 100 autores, académicos, periodistas y críticos internacionales realizada por la BBC británica.

La Odisea es, en parte, una secuela de la Ilíada, la otra gran obra atribuida a Homero, y es la segunda obra más antigua existente en la literatura occidental.

Los estudiosos creen que la Odisea fue compuesta a finales del siglo VIII a.C. en algún lugar de Jonia, la región costera griega de Anatolia.

El poema se centra principalmente en el héroe griego Odiseo, rey de Ítaca, y en su viaje a casa después de la caída de Troya. Odiseo tarda una década en llegar a Ítaca después de diez años de guerra en Troya.

Al explicar por qué ha votado por La Odisea de Homero, Natalie Haynes, escritora y locutora del Reino Unido, ha dicho:

“Porque es uno de los grandes mitos fundacionales de la cultura occidental, porque se pregunta qué significa ser un héroe, porque tiene grandes personajes femeninos, así como hombres, porque está lleno de dioses y monstruos y es propiamente épico y porque nos obliga a cuestionar las suposiciones que podríamos tener sobre las misiones, la guerra y el tema siempre actual de lo que significa el retorno a casa”.

Bethanne Patrick, editora colaboradora de Lit Hub, ha añadido: “Creo que el viaje de Odiseo definió una vena de individualismo particular de la cultura occidental que ha llevado a muchos cambios en el mundo, buenos y malos”.

Las 10 mejores historias son:

  • La Odisea (Homero, siglo VIII a.C.)
  • La cabaña del tío Tom (Harriet Beecher Stowe, 1852)
  • Frankenstein (Mary Shelley, 1818)
  • 1984 (George Orwell, 1949)
  • Todo se desmorona (Chinua Achebe, 1958)
  • Las mil y una noches (varios autores, siglos VIII-XVIII)
  • Don Quijote (Miguel de Cervantes, 1605-1615)
  • Hamlet (William Shakespeare, 1603)
  • Cien años de soledad (Gabriel García Márquez, 1967)
  • La Ilíada (Homero, siglo VIII a.C.)

 

Para saber más sobre la Odisea os invito a que leáis: Ulises, más allá del mito

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¿Por qué Perséfone se resiste a volver?

Cada año se celebra la llegada de la primavera con júbilo y alegría, pues nacen las plantas y los campos se llenan de flores y de colores. Quizá, tengamos que echar la vista atrás y entender que la llegada de la primavera va mucho más que el nacimiento de la naturaleza. Haciendo un breve recorrido por la mitología, Deméter es la diosa de la vida, de la agricultura y de la fertilidad. Descuidó sus deberes con la humanidad mientras buscaba a su hija Core (después se le llamó Perséfone cuando fue raptada por Hades), por lo que la tierra se heló y la humanidad pasó hambre: fue el primer invierno. Durante ese tiempo Deméter enseñó los secretos de la agricultura y los Misterios de la vida. Finalmente, se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecería con Hades durante un tercio del año, omitiendo el otoño, y con su madre pasaría los restantes meses del año.

Su renacimiento es un símbolo del florecimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y de toda la vida sobre la tierra. Lógicamente, detrás hay una gran carga espiritual, pues los Misterios sobre Deméter y Perséfone nacieron en la ciudad de Eleusis, cuna del misticismo griego. Para ampliar más información sobre el mito de Perséfone y Deméter os emplazo al siguiente enlace: los misterios de Eleusis.

Según la teoría, la primavera en el hemisferio norte del globo terráqueo empezó el martes, 20 de marzo, a las 17:15, hora peninsular. Pero, recuerdo que al asomarme por la ventana aquel martes arrancó con unos copos de nieves débiles, acompañado de frío. Ese día, Perséfone estaría resfriada, pensé para mí. A partir de ese día, los días han ido alternándose con sol, lluvia y frío.

El himno a Deméter, Hades, esposo de Perséfone, le dice: “Perséfone, debes volver con tu madre y que te vea contenta (..)”.

El mito es una realidad demasiado rica y compleja como para reducirla a una simple receta o a un cliché, a una única lectura. En la mayoría de los trabajos que tratan de interpretar el mito de Deméter y Perséfone hay aspectos interesantes; cada uno incide en detalles concretos y descubre nuevas facetas de extraordinario valor, aun cuando podamos considerar erróneo alguno de ellos. Hoy día, viendo el panorama de nuestra sociedad, voy a adaptar el mito a nuestro tiempo, sin perder la esencia. Por ejemplo, el cambio climático es evidente, pero desde el punto de vista metafísico se puede trascender otro mensaje: la mediocridad de la vida humana y su pobre y efímero tránsito por el mundo. Así, Deméter y Perséfone están acelerando nuestro aprendizaje sobre la tierra con un máster intensivo. El propósito de Deméter y Perséfone es, sin mayor dilación, el de enseñarnos que no podemos dar la espalda a la naturaleza y de no valorar la riqueza que hay alrededor nuestra. El resultado físico es palpable y a la vez una enseñanza, pues el cambio climático afecta a todas las regiones del mundo. Sólo hay que observar de qué manera se derriten los polos y la subida del nivel del mar; en otros lugares, los fenómenos meteorológicos son extremos con inundaciones cada vez más frecuentes; en otras zonas, se registran olas de calor y sequías. Es cierto que el hombre puede manipular cualquier objeto, incluso a personas, para alcanzar su egoísmo. También, el hombre piensa que puede manipular la naturaleza a su antojo. Esto último tiene unas gravísimas consecuencias, más de lo que podemos imaginar.

La primavera está siendo, desde el punto de vista meteorológico, muy inestable y con cambios bruscos de manera generalizada. Deméter está avisando, no es un castigo, pues nosotros formamos también parte de la naturaleza y del entramado del universo, y somos nosotros mismos los que lapidamos la esencia de la naturaleza.

Tengo que recordaros que los dioses son los garantes del orden del universo y es por ello que harán todo lo que estén en sus manos para reestablecer el equilibrio y la armonía en nuestro mundo. Ellos tienen una máxima: la calamidad siempre se alterna con la prosperidad. Los dioses conocen perfectamente la desmesura del hombre y saben que la mano del hombre trae consigo la propia calamidad, sin que ellos muevan un ápice de sus pensamientos más elevados hacia nosotros.

En el himno de Deméter, Perséfone, al salir del Hades, hace brotar el fruto en los campos y la tierra, que antes era estéril, la convierte en un hermoso jardín. Pero Deméter, ahora, se ha quedado muda, incluso, junto con su madre, observa que el hombre está maltratando a la naturaleza ¡su propia naturaleza! siendo responsable de las lamentables y devastadoras consecuencias: sequías, huracanes, hambre, pobreza y destrucción. Pensábamos que los dioses “con sus caprichos inmorales” eran los culpables de la inestabilidad de la naturaleza. Estamos equivocados: la soberbia del hombre, la avaricia, el poder, el egoísmo de querer ser dioses, va camino de destruir la madre naturaleza siendo un reflejo de su mundo interior sobre la propia naturaleza. Es decir, todo lo que somos interiormente termina manifestándose.

Cicerón cuenta que «los Misterios nos dieron la vida, el alimento; enseñaron a las sociedades las costumbres y las leyes, enseñaron a los hombres a vivir como tales». Todo apunta a una experiencia tan breve como intensa, donde el aspirante a iniciación era introducido al «término» y al «comienzo» de la vida, a morir y renacer, purificando así su concepto de lo real y evitando, a toda costa, vivir en el espejismo de la vida, en un reflejo ilusorio, construido mentalmente por el propio hombre. El hombre, definitivamente, se ha soltado de la mano de la divinidad.

Como bien reflejaba Cicerón no sólo la naturaleza aporta los frutos de la vida, tan necesarios en nuestras vidas…hay algo mucho más elevado.

La enseñanza primera es que las apariencias están vacías y la verdad está por encima de las apariencias donde no existe la corrupción ni apego, ni tan siquiera objeto o sujeto. Nosotros vivimos en la versión más grosera de la naturaleza. Pero no solamente vivimos bajo este estrato de basura, sino que nos alimentamos de ella y estamos sedientos de querer más inmundicias y excrementos. La enseñanza segunda es que hay que aprender a valorar la esencia, pero sin aferrarse a la forma. Y, por último, vivimos en un mundo engañoso, siempre en la búsqueda de algo, siempre en las costumbres. Todos los fenómenos están vacíos, no contienen nada que valga la pena desear realmente. Deseamos un reflejo cuando podemos vivir la realidad con total plenitud. Así, por ejemplo, en los Misterios consagrados a Deméter y a Perséfone no se podría conocer la mente real mientras te engañabas a ti mismo. Por lo tanto, si te enredas con las formas carentes de la vida, si estás embelesado por las cosas inútiles de la vida, nunca serás libre. La base espiritual estaba clara y definida. ¿Cómo hemos ido retorciendo a nuestra propia naturaleza que ni Perséfone quiere volver?

Nosotros podemos moldear nuestra propia naturaleza a través de la mente y dirigirla hasta lo interior de lo más sagrado. Pero, ¿Por qué se veneran ilusiones nacidas de la mente? ¿Qué nos arrastra hasta lo más bajo? La génesis de nuestra naturaleza es pura, así como nuestra mente, pero la llenamos de basura para terminar materializando nuestros deseos en este mundo en el que padecemos y sufrimos. Todos los seres vivos comparten la misma naturaleza, que no es aparente (que no se ve) porque está envuelta por el pensamiento ilusorio. Somos Narcisos reflejándonos en nuestro propio engaño, viviendo una vida ilusoria, de contornos efímeros que van y vienen, y uno no sabe de quién se aleja de quién. Lo que estoy seguro es que nos hemos alejados de Deméter, cerrándole las puertas del Hades a Perséfone para que no vuelva. Y Deméter descarga su ira con las calamidades que vemos en la naturaleza cada día. Es decir, nos hemos hocicados en ignorar nuestras raíces, en arrinconar a los dioses, sepultarlos en lo más bajo y mísero de nuestro ser. Hemos renunciado a alinearnos con las fuerzas sutiles de la naturaleza, en trabajar en pro de un mundo mejor y en soterrar la herencia de nuestra cultura matriz. Es como si entráramos en un orfanato por nuestros propios pies y hemos decidido, unilateralmente, abandonar a nuestros padres y a nuestras madres. Asimismo, al abandonar nuestra herencia, también abandonamos el contacto directo con el alma donde una nube, densa y oscura, se instala en nuestra mente y el resultado final ya sabemos cuál es, pues no hace falta que os diga lo que podéis leer en la prensa de vuestra localidad. Mientras  la naturaleza humana no cambie, la naturaleza tampoco variará. De hecho, hemos sepultado en el Hades a Perséfone y la naturaleza está respondiendo severamente.

¿Es Perséfone la que se resiste a salir o somos nosotros que nos resistimos a que no salga? Así está Deméter, agitada es poco…

El hombre ignora y lo peor de todo quiere ignorar los propósitos divinos a pesar de que los vislumbre cada día. Además, el hombre continúa en su soberbia a oponerse a ellos de mil formas, plantando cara a la naturaleza, desafiando sus fuerzas cósmicas, alterando el equilibrio armónico establecido por la naturaleza, en un suicidio que va aumentando cada día más. Tan sólo hay que ver la irresponsabilidad del hombre en sus actos como estúpido y culpable. El hombre crea sus propias leyes y pasa por encima de ellas, pero también quiere torcer las íntimas y sagradas leyes de la naturaleza, sin saber que forma parte de un Todo, y que dañando el vínculo hombre-naturaleza se pierde a sí mismo y a la propia naturaleza. El desastre ecológico y hasta la misma destrucción del planeta no se quieren evitar, y a su vez, el hombre está borrando su lado espiritual, esa parte íntima y sagrada, única e irrepetible. Imaginaros un puente entre el universo y el hombre, una correspondencia que nos alimenta mutuamente. Pues bien, ese puente se ha descolgado y no se puede derivar los influjos astrológicos hacia nosotros. Esto se traduce, de manera muy simple, a que el hombre ya no puede determinar su propio destino. Nos hemos convertido, en suma, en la versión más burda de la naturaleza. La otra cara de la moneda, desde el punto de vista de los dioses, es clara y rotunda: si el hombre causara una destrucción de la naturaleza capaz de alterar los planes divinos previstos, las fuerzas sutiles o numens reaccionarían destruyendo todo lo que se opone a la realización de dichos designios, si fuera necesario hasta la eliminación de la raza humana física sobre la tierra, para poder restablecer, en un plazo de miles de años, el equilibrio natural original. Revisad las fuentes arqueológicas y observad cómo han ido desapareciendo civilizaciones enteras sobre la faz de la tierra y de qué manera el planeta ha ido cambiando constantemente. ¡No sería la primera vez!

Por eso a los griegos les resultaban de suma importancia conocer los misterios mayores, aquellos que persistían en conseguir un estado de equilibrio y manifestarlos en la propia naturaleza, determinando un progresivo desarrollo vital que se expresaba como un orden, prudencia, templanza y equilibrio. Para ellos, la llegada de Perséfone simbolizaba el renacer, la conexión con su madre Deméter a la armonización o sintonización que, bajo el concepto esotérico, es el AMOR. En otras palabras, nosotros, podemos participar, de una manera u otra, en emitir esas energías con el mundo exterior, a través de nuestro yo más sagrado.

Enlaces de interés sobre la misma temática:

 

 

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Eco y Narciso

El pasado 28 de abril en el Teatro Auditorio Roquetas de Mar (Almería) la compañía teatral “Miseria y Hambre Producciones” representó el mito de “Eco y Narciso” de Pedro Calderón de la Barca. Calderón recoge una versión de “Eco y Narciso” narrada por Ovidio, dejando a la posteridad uno de sus dramas mitológicos más hermosos y sugestivos. En esta versión mitológica, Calderón reescribe el mito de una manera delicada, sensible y bella, manteniendo a su vez  la esencia del mito de Ovidio: la reflexión que trasciende de lo que somos y lo que reflejamos ser.

Sin la conjunción de los dioses olímpicos sobre el escenario, pues Calderón se centra en el triángulo Eco, Narciso y Liríope (madre de Narciso), el autor da un giro limpio y muestra, de manera magistral, cómo la apariencia oculta la verdadera esencia. No es casualidad la ausencia de Zeus y Hera, pues Calderón de la Barca poseía estudios religiosos (Teología y Derecho Canónico) y estos los reflejó por ejemplo, con su talento natural, en crear autos sacramentales, género teatral con una gran carga de simbologías teológicas. Pero es en el campo de la mitología cuando el autor saca a relucir dramas filosóficos o teológicos, a veces influido por el neoplatonismo. Calderón de la Barca le da mucho valor en sus obras al significado profundo de la luz y la oscuridad, la superficialidad y la interioridad;  la realidad y el espejismo; el  irrealismo de un mundo idealizado y opuesto a la esencia misma del ser.  El autor da un cambio de rumbo o de punto de vista al mito, pues los mitos, según su sentido oculto, tratan de dos temas: la causa primera de la vida (la metafísica) y el comportamiento sensato de la vida (lo ético). El autor destaca la línea de lo que es ético y moral, el sentido de la vida, lo que realmente es importante, eliminando aquellas barreras ilusorias y mentales que acaban engullendo al hombre con su peor fobia.

Hay que subrayar que sin la participación de Zeus y Hera el espectador observa que la culpa del trágico desenlace entre Eco y Narciso recae sobre Liríope, madre de Narciso. Es la madre, desde el día del nacimiento de su hijo Narciso, la que modela e influye directamente en la personalidad de Narciso. La tragedia se va mascando desde el comienzo de la obra, pues la relación madre-hijo es conflictiva e irreparable, pues la madre se enfrenta a un impulsivo, joven y enamorado Narciso. Es la propia Liríope la que arrastra a su hijo a conocer sus debilidades, sus temores, sus miedos, a encerrarse en una burbuja y vivir una vida irreal y carente de valores. Ese vacío interior de Narciso es el punto más álgido de la obra, pues Narciso acaba consumiéndose hasta que muere. Liríope queda marcada, pues es la responsable del proceso involutivo de Narciso. Desde la perspectiva de la obra de Ovidio, la esencia es la misma, sin embargo los protagonistas sobre el escenario son Zeus y principalmente Hera, pues es la diosa la que teje una maldición para que el amor de Eco y Narciso nunca llegue a fraguarse y  Eco terminase sus días consumida y extenuada por el dolor y la tristeza.  La relación de amor de Narciso y Eco es derrotada por fuerzas superiores a ellos, fuerzas cuya comprensión íntegra no está a su alcance, ni mucho menos se puede vencer por la pasión de ambos.
Hay que destacar que esta visión humana, ese desenlace trágico y abismal no desemboca en el total pesimismo, sino que conlleva la existencia de un orden y un equilibrio superior, pues los dioses son los garantes del orden del universo y por encima de ellos sólo los dominan el destino, pues el hado de Narciso ya estaba escrito desde el día de su nacimiento, pues el adivino Tiresias así lo predijo.

La muerte de Narciso es inevitable en ambas versiones, pero  con Calderón hay un ingrediente que cambia con respecto a Ovidio: el libre albedrío.  El arte español del Barroco, una de las más altas expresiones de nuestra historia cultural es un arte contrarreformista, y su máximo representante es Calderón. Pues bien, si hay un tema que sea importante para los teólogos en el siglo XVII es sin duda la cuestión del libre albedrío. La madre de Narciso, sabiendo lo que el adivino Tiresias le alertó (que tendría una larga vida si no se contemplaba a sí mismo) decidió señalar el camino de su hijo, según sus criterios como buena madre. Su elección y no la decisión de los caprichosos dioses, es lo que marca el trágico final de la obra.

El problema doctrinal era importantísimo en la época de Calderón, pues sostenía que Dios quería que todos los hombres se salvaran, y que a todos les dieran la gracia necesaria para conseguirlo, y el único camino era realizando buenas obras, usando correctamente la libertad que les ha sido dada. En síntesis, Ovidio presenta, por un lado, la predestinación, el destino como fuerza superior a los dioses y al hombre limitado y, por otro lado, Calderón expone el libre albedrío y la libertad.

Para concluir, debo subrayar, a todo esto, que, bajo la dirección de Miseria y Hambre y a su elenco de artistas, el trabajo es sobresaliente. Una obra con mucha enjundia y cargada de mensajes que hoy día están muy vigente en nuestras vidas.

 

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La sabiduría griega frente a la fe cristiana

San Pablo (El Greco)

El cristianismo, en sus comienzos, distaba de ser homogéneo, pues  sólo consistía en un conjunto de creencias y principios no bien trabados, sin un símbolo de fe definido ni unas escrituras canónicas. En otras palabras, en los primeros siglos de nuestra era concurrían unas interpretaciones religiosas y unos ritos casi tan numerosos como las comunidades cristianas existentes.

Cuando Pablo de Tarso, en el siglo I, anunció en el Areópago de Atenas  a los filósofos griegos al Dios desconocido, aprovechando que los antiguos griegos adoraban a una deidad que ellos llamaban Agnostos Theos, es decir, el dios desconocido, los atenienses y los forasteros allí presentes quisieron oír la nueva doctrina que postulaba Pablo de Tarso. Es cierto que en Atenas hubo un templo dedicado específicamente a este dios y muy a menudo que los atenienses prestaban juramento “en el nombre del dios desconocido”, pero estaba muy lejos del pensamiento que iba a proponer Pablo de Tarso (Hch, 17, 13-34). Pablo de Tarso dio un discurso del que destacaremos los puntos más importantes:

  1. Dios hizo el mundo y todo lo que hay en él. 
  2. Señor del cielo y de la tierra.
  3. Creó el linaje humano.
  4. Dios vive dentro de nosotros.
  5. Se juzgará al mundo según justicia divina.
  6. Resurrección del hombre entre los muertos.

Imaginemos el espíritu griego, aquel que se manifiesta en las tragedias de Sófocles, en el Partenón, en la obra de Homero frente al discurso de Pablo de Tarso. Tras terminar con la evangelización cristiana y el recital de los puntos enumerados en líneas anteriores, los griegos le plantearon a Pablo de Tarso varias cuestiones:

  1. ¿Por qué precisamente era ese momento histórico cuando Cristo viene a salvarlos?
  2. ¿Por qué fue elegido el pueblo judío? ( así como otras cuestiones relacionadas con el pecado del hombre, el fin del mundo y el rechazo, entre otras cosas, como la reencarnación) La explicación del pecado es muy ambigua. El griego común se preguntaba qué pasaba con los miles de años ya pasados , con las generaciones anteriores que habían pecado, si existía salvación para sus antecesores.
  3. ¿Por qué un Cristo, una virgen, unos santos, unos rituales con una iconografía determinada?
  4. ¿Por qué el hombre ha sido creado a partir del polvo, del barro, siendo el hombre un pecador y culpable que se tiene que postrar ante su creador?
  5. ¿Por qué ese mensaje de continua sumisión y a la vez gratitud infinita, aunque se sufra cualquier penalidad, así como el temor a que todo podía ser peor?
  6. ¿Por qué el mayor pecado es desobedecer a Dios?
  7. ¿Por qué pecamos si no se cree en Dios?

Como Werner Jaeger relata en su libro Cristianismo Primitivo y Paideia Griega,  la expansión de la religión y la cultura griega favoreció el surgimiento del cristianismo como religión universal. Sin embargo, la predicación evangelizadora de Pablo de Tarso no pudo satisfacer ninguna de las cuestiones que se planteaban los griegos y fracasó estrepitosamente en su primera aproximación al pueblo ateniense. Lo que no se imaginaba Pablo de Tarso, es que, muchos siglos después, el motor de la religión cristiana lo impulsaría la influencia de la civilización griega sobre el cristianismo, que las implicaciones filosóficas de las doctrinas cristianas son de origen griego, que hay elemento puramente griego en los libros bíblicos mismos, en especial en el Nuevo Testamento. En suma, en el producto final de la tradición cristiana,  la civilización griega ejerció una influencia profunda.

Hay que destacar que la pureza de la religiosidad griega y el espíritu griego auténtico están fuera de cualquier dogma religioso, de libros sagrados y de poderes eclesiásticos. Es cierto que el espíritu ateniense vibra en sintonía con Atenea, protectora de Atenas, pero el manifiesto espiritual del ateniense no tenía nada que ver con las palabras evangelizadoras de Pablo de Tarso sobre Cristo.

Atenea

“Virgen venerable – dice el himno homérico -, tú eres la única guardiana de las ciudades”. Atenea es la patrona de los pueblos que piensan libremente y que aceptan la idea divina sin vanas angustias. Para el griego,  Atenea es la hija del pensamiento divino. “Cuando nace – dice el himno homérico en su honor-, el vasto Olimpo se estremece y la tierra se llena de clamores, el mar bravío infla sus olas profundas, el hijo de Hiperión detiene durante largo tiempo sus rápidos corceles”. Ante ella, en efecto, todo el cimiento de las religiones se desquicia. Atenea, diosa de todas las diosas, no exige ni lágrimas ni estremecimientos, ni tinieblas. Sus mandamientos son consejos, máximas que simplifican el camino del hombre para conseguir encender la luz de la sabiduría interna. Atenea recomienda y ensalza el trabajo, la pureza, la energía, la meditación y la equidad.

Si repasamos la influencia de Atenea a través de nuestra historia destacaría, sin ninguna duda, a Esquilo en la Euménides, pues sintetiza los valores del pueblo ateniense:

«Cuanto sea nobles y leales victorias; y que la tierra y el cielo, y el mar con sus aguas, y los vientos con sus blandas corrientes, y el sol con sus claros rayos traigan sobre este suelo toda suerte de bienes. Que la tierra abunde en frutos y rebaños; que vivan los ciudadanos en prosperidad, jamás derribada a los golpes del tiempo; que se logren y florezcan los tiernos retoños infantiles. Pero a los impíos ya puedes exterminarlos con más furor que nunca. Yo amo a los hombres como el hortelano a las plantas, y quiero que la semilla de los buenos no se dañe con la mala hierba de los malos.» Bienes pedidos por Atenea para el pueblo ateniense.

En su diálogo Crátilo, el filósofo griego Platón da la etimología del nombre de Atenea, a partir del punto de vista de los antiguos atenienses:

Éste, amigo mío, tiene más peso. Ahora bien, parece que los antiguos tenían sobre Atenea la misma idea que los actuales entendidos en Homero. Y es que la mayoría de estos, cuando comentan al poeta, dicen que Atenea es la responsable de la inteligencia (nous) misma y del pensamiento (dianoia). Conque el que puso los nombres pensaba, según parece, algo similar sobre ella; y, lo que es más importante, queriendo designar la «inteligencia de dios» (theoû nóēsis), dice –más o menos— que ella es la «inteligencia divina».

Enrique Gómez, escritor guatemalteco, describe en La Grecia eterna la figura de Atenea, diosa entre las diosas:

«Entre todas las divinidades, realmente ésta es única. Es la Idea, es la Abstracción, es la Conciencia, es la Armonía. Los hombres que la crean a su imagen y semejanza son seres sin vanos temores de tenebroso más allá. […] Las frentes que se inclinan ante ella son frentes libres de prejuicios oscuros […] »

El espíritu griego y su profunda religiosidad se condensa en las palabras de Ernest Renan: «¡Oh, nobleza! ¡Oh, belleza simple y verdadera! ¡Oh, diosa, cuyo culto significa razón y juicio; tú, cuyo templo es un altar eterno de la conciencia!»

Si penetramos al pensamiento de Hegel, el filósofo traza perfectamente el aura de Atenea:

«Cuando la filosofía pinta el claroscuro, ya un aspecto de la vida ha envejecido y en la penumbra no se le puede rejuvenecer, sino sólo reconocer: el mochuelo de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo.» Georg Hegel: Prefacio a Filosofía del Derecho, 1821.

Rafael Spínola, pensador y político, le hace un guiño a Atenea, diosa de la Sabiduría:

«Y nosotros, los que estamos tachados de carecer de creencias religiosas, sólo porque rompimos las ataduras de la superstición y amamos la Libertad, también tenemos nuestro Dios, pero tan puro, que no encontramos ningún símbolo que lo represente, sino que lo adoramos en su esencia misma, que es la SABIDURÍA.»

Continuando con la Sabiduría, tema principal del pensamiento griego, el poeta Rubén Darío ensalza las virtudes de la diosa:

«Dulce y reflexiva Sofía,
Dinámica y omnipresente,
Su luz a todo artista envía,
Al laborioso, al elocuente;
Y anima con su íntimo soplo
A los artífices del fuego,
Al que mueve regla o escoplo,
A la que borda, a la que hila.» Rubén Darío: Palas Athenea, 1915, p. 5.

En síntesis, el espíritu griego, esa esencia pura  que tenía sobre la vida, la muerte, el destino y Dios, fuera de los dogmas cristianos impuestos por Pablo de Tarso, ha sido loada por muchos autores desde los clásicos hasta los más actuales.

La esencia de la religiosidad griega se puede resumir de la siguiente manera:

  • No nace de ninguna forma de temor.
  • No teme a la muerte.
  • No teme a Dios. Su Dios no es un dios castigador.
  • No cree que Dios concibiera el mundo.
  • Para el griego el mundo era antes un orden fuera del tiempo: hombres y dioses tienen su sede, su camino y su misión.
  • Creen en una eterna alternancia de mundos que nacen y desaparecen, en “reiterados crepúsculos de los dioses”, ej.: cataclismos, catástrofe cósmica.
  • No creen en el juicio final, ni en el advenimiento de un reino de dios…
  • No han sido creado por Dios, ni a la voluntad de un creador.
  • El origen del hombre, al igual que el Cosmos, es por  Manifestación del Principio Supremo de emanación. (Para ampliar más información: el emanantismo. )
  • No está sumiso a Dios.
  • La religiosidad griega no es servidumbre.
  • Dios se concibe como la Suprema Razón que se manifiesta en el Orden del Mundo, un vínculo Dios-Hombre, Idea esencia del mundo griego, siendo una común racionalidad. No dudaban de una Realidad Superior que les era evidente.
  • Los griegos buscaban la sabiduría, los judeocristianos buscan ansiosamente las revelaciones y la obediencia para llegar a Dios.
  • El griego confía en  una comunidad que abarca a hombres y dioses, la Polis de Atenas. Los dioses, como el hombre, han de encontrar el origen de su existencia en la Manifestación (por emanación) del Principio Supremo. Héroes como Teseo (Rey sacro de Atenas) y Ulises (Rey sacro de Ítaca) representan el guerrero espiritual, restaurando, equilibrando y armonizando el microcosmos que hay dentro de ellos, así forman parte del entramado mundo suprasensible del macrocosmos. La enseñanza de ambos héroes es  superar cualquier tipo de barrera que suponga un obstáculo para el recorrido iniciático que lleve a la Gran Liberación y de volver a nuestra génesis primera: incondicionada, eterna, divina…
  • La unión de los dioses en torno a una ciudad en los momentos críticos debía responder a la unión de los hombres, unión en la que la fuerza y la eficacia simbólica se expresaban en momentos como las Panateneas. Tanto en las Panateneas en Atenas y las Jacintias en Esparta, por poner el ejemplo de las fiestas más fastuosas de dos ciudades, es la manera de volver a renovar el pacto que une a la ciudad con sus dioses y que garantiza el orden y la prosperidad.
  • La cultura griega que precede a la era cristiana no tiene como ideal la santidad, sino la armonía tanto espiritual como corporal: el justo medio. En la medida en que los deseos espirituales y los deseos corporales corresponden a un deseo natural, ambos son conciliables; sin embargo, la exaltación y la pasión de Cristo los hace contradictorios.
  • Los griegos no se definieron a sí mismo como politeístas. La palabra politeísta la inventó Filón de Alejandría, filósofo cuya religión de origen fue judía… Una religión politeísta se caracteriza por la pluralidad de fuerzas divinas y de cultos. La diversidad de dioses no es contradictoria con la idea de unidad de lo divino. El politeísmo se parece al sistema de la “muñecas rusas”.
  • El griego honraban a una divinidad con respeto, educación, rezan de pie con la mirada dirigida al cielo, brazos extendidos: «A Palas Atena, ilustre diosa, comienzo a cantar, la de ojos de lechuza, rica en industrias, que un indómito corazón posee, doncella venerable, que la ciudad protege, valerosa, Tritogenia, a la que solo engendró el industrioso Zeus en su santa cabeza, de belicosas armas dotada, doradas, resplandecientes.» 28º Himno Homérico, c. s. VII a. C.
  • La religiosidad griega, de base indoeuropea, es la religiosidad de nuestro mundo y una de sus semillas más características es que no conocían el sentimiento del pecado, no se sentían víctima, para ellos no existía el miedo ni el sufrimiento, ni la mortificación para elevarse ante Dios.
  • El tema del alma es universal, pero es una célebre desconocida en nuestra sociedad. En veintiún siglos que llevamos las religiones nos hablan de Dios pero se les ha pasado un detalle muy grave: enseñarnos a hablar con Dios y entrar en comunión con nuestra alma. No importan sus mil nombres: Yavé, Padre, Tao, Zeus, Olorum. Lo más importante es conectar con nuestra fuente originaria y unirnos a su presencia. A  Pablo de Tarso se le pasó revisar las fuentes originarias del hombre griego que empezaba a hablar de dioses y estrechar un lazo de conexión íntima donde se identificaba profundamente con el el Ser Supremo y nunca dejaba en el olvido la existencia de la trascendencia. Por ejemplo, los dorios ejercían un tipo de espiritualidad Solar, pues para ellos la búsqueda de la Trascendencia no era ajena ellos. El pueblo griego conocía, gracias a sus ancestros, la Iniciación Espiritual, como era el caso de los Misterios Mayores de Eleusis, la mística de Samotracia, los misterios de Delfos, con una notable influencia de la escuela pitagórica, cuyos misterios constituyeron una de las más prestigiosas iniciaciones en la antigüedad.
  • El hombre griego quiere honrar a la Divinidad manteniéndose en medio de la fatalidad de la vida humana. Honraban la divinidad que hay en él.

Para concluir, citaré un poema de  Ricardo Reis que resume muy bien el espíritu griego:

Vosotros que, creyentes en Cristos y Marías,
turbáis de mi fuente el agua clara
sólo para decirme
que hay aguas más alegres
bañando prados con mejores horas.
¿De las otras regiones para que hablarme
si estas aguas y praderas
son de aquí y me agradan?

Esta realidad los dioses dieron
y para bien real la dieron externa.
¿Que serán mis sueños
más que la obra de los dioses?
Dejadme la Realidad del momento
Y mis dioses tranquilos e inmediatos
que no moran en lo Incierto
sino en los campos y ríos.
Dejad ir mi vida paganamente
acompañada por avenas tenues
con que los juncos de los márgenes
se confiesan de Pan.
Vivid vuestros sueños y déjame
el altar natural donde es mi culto
y la visible presencia
de mis cercanos dioses.
Inútiles procos de lo mejor de la vida,
dejad la vida a los creyentes más antiguos
que Cristo y a su cruz
y María llorando.
Deméter, dueña de los campos, me consuela
Y Apolo y Venus, y Urano antiguo
Y los truenos, con la ventaja
de ir de la mano de Júpiter.

Para saber más:

Jaeger, Werner. Cristianismo primitivo y paideia griega. 

Filosofía griega y cristianismo

Pablo en Atenas

Religiosidad Nórdica

El Emanatismo (Eduard Alcántara)

Enlaces de interés:

Filosofía versus cristianismo

El origen de las religiones

La destrucción de la cultura griega por el fanatismo religioso

 

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El origen de la Semana Santa

La Pascua se celebra siempre el primer domingo después de la luna llena que sigue el equinoccio de la primavera. ¿Cómo es posible que una fiesta religiosa determina su fecha de celebración por las fases de la luna?

Esta celebración no es nueva, la primera vez que se escuchó algo sobre la luna llena tras el equinoccio de la primavera fue en Babilonia, cuando uno de los nietos de Noe, Cus, se casó con la bella Semiramis. Semiramis no era otra que la hija de la Luna, la cual, tras un ciclo de 28 días dio a luz a un huevo gigantesco. Pues, Semiramis y Cus, tuvieron un hijo, Nimrod. Nimrod, tras la muerte de su padre, se casó con su madre y se convirtió en un rey poderoso, mencionado bastantes veces por la Biblia.

Sin embargo, este nuevo y poderoso rey, en algún momento fue asesinado por un soldado enemigo. Su cadáver se despedazó y se repartió por todas partes de su reino. Semiramis consiguió reunir todas estas partes, menos su falo, así que no pudo darle la vida otra vez. Entonces dijo a su pueblo, que Nimrod estaba ya en el cielo y que visitaría la tierra, en forma de llama, cada vez que sus feligreses prendieran una vela. Semiramis no tardó mucho en aceptar su naturaleza divina y se convirtió en Istar (os recuerda un poco el término inglés de la Pascua, ¿verdad?). Muy pronto, se quedó embarazada, ni más ni menos de los rayos del Sol, donde se encontraba Nimrod. Su hijo se llamó Tamuz y exactamente como su padre se dedicó a la caza. Su animal favorito fue la liebre y por eso se convirtió en el animal sagrado en el reino de Babilona. No obstante, llegó el día que Tamuz se mató por un cerdo. Istar declaró que su hijo se unió con su padre al cielo y entonces ella se convirtió en Madre del Dios.

Istar corrió tras él hasta el reino del inframundo y consiguió traerlo en la tierra, no solo una vez, sino varias en un círculo eterno de vida, muerte y resurrección. Cada año, Tamuz moría y el Medio Oriente sufría de calor y sequía. Cuando llegaba la época de las lluvias la tierra florecía de nuevo.

Cada año, 40 días antes de la fecha de la muerte de Tamuz, la gente se abstenía de la carne. Durante las celebraciones religiosas, siempre estaba presente el símbolo de la T de la primera letra del nombre de Tamuz. El primer domingo tras la luna llena que seguía el equinoccio de primavera, se hacía una fiesta muy grande: El domingo de Istar, que se celebraba con huevos, liebres y cerdo asado.

Istar y Afrodita

Muchos investigadores comparan a Istar con la diosa Afrodita de los antiguos griegos. Pues las dos, aparte de diosas del amor y de la fertilidad,  comparten semejanzas en las historias relacionadas con sus compañeros. En concreto, existe un paralelismo entre las historias de Istar con Tamuz y de Afrodita con Adonis.

Adonis y Afrodita

Es bien sabido que tanto Afrodita como Perséfone quisieron locamente a Adonis y las dos exigieron su amor. Sin embargo lo ganó Afrodita en la tierra, ya que Perséfone solo lo disfrutaba un tercio del año que se le permitía visitarla en el reino de Hades.

Sin embargo, el dios Aris, siempre enamorado de Afrodita quiso enviar a Adonis al reino del inframundo de manera permanente. De esta forma, un día que Adonis se fue a cazar, Aris se disfrazó en jabalí y lo mató.

Ahí es donde se encuentran las raíces de la costumbre de las procesiones y del “epitafio” ya que durante las celebraciones a honor Adonis que tomaban lugar cada primavera, mujeres en luto, colocaban sobre un lecho fúnebre flores, frutos e inciensos y lo llevaban por las calles cantando canciones de duelo. El día siguiente se celebraba su resurrección.

Estas dos, y muchas otras tradiciones más, que se celebraban o todavía se celebran en diferentes partes de este mundo nos parecen algo conocidas; una concepción algo diferente de las comunes, una muerte anticipada, una abstención de la carne durante 40 días, la letra T que recuerda el símbolo de la cruz y procesiones de lechos fúnebres decorados con flores, una resurrección. Y además una celebración muy importante durante la primavera, un domingo después de la luna llena de equinoccio de primavera que se celebra con huevos y carne asada.

El motivo del Dios que muere y después regresa en la tierra se repite en ambientes lejanos y completamente diferentes: desde el norte de Europa con Odín y Lamincainen, el Medio Oriente con Osiris, Mithra e Istar, la India con Ganesa y Crisna, hasta América con el culto del dios Quetzalcoatl. Todos estos ejemplos siguen demostrando la atracción que ejerce la muerte sobre los humanos.

Fuente original: mi mundo griego

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El mito de Medusa

Medusa, de Caravaggio.

Medusa significa “sabiduría femenina soberana”, en sánscrito es Medha, Metis en griego y en egipcio Met o Maat. Medusa fue importada a Grecia desde Libia, donde era adorada por las amazonas de la región como su diosa serpiente. Medusa (Metis) fue el aspecto destructor de la Gran Diosa Triple, también llamada Neith, Anat, Atenea o Ath-enna en el norte de África, y Athana en 1400 a.C., en la Creta minoica.

En las imágenes, el cabello de Medusa se asemeja en ocasiones a las trenzas cerradas, lo que muestra sus orígenes en África, donde tenía un rostro oculto y peligroso. Fue inscrito que nadie podía levantar su velo, y que al que miraba a la cara le permitía ver su propia muerte y su futuro.

El arquetipo

Históricamente, Medusa ha sido considerada el arquetipo de la madre mala; sin embargo, es mucho más compleja, pues simboliza lo siguiente:

  1. Soberana de la sabiduría femenina. Los misterios femeninos. Todas las fuerzas primordiales de la Gran Diosa: los ciclos del tiempo como pasado, presente y futuro. Los ciclos de la naturaleza como la vida, la muerte y el renacimiento. Es la creatividad y la destrucción universales en la transformación eterna. Es la guardiana de los umbrales y la mediadora entre los reinos del cielo, la tierra y el inframundo. Es la señora de las bestias. La energía latente y la energía activa.
  2. Es la conexión a la tierra. La unión del cielo y la tierra. Destruye para recrear el balance. Ella purifica.
  3. Es la verdad última de la realidad, la totalidad más allá de la dualidad. Ella rompe nuestras ilusiones mortales.
  4. Es la sabiduría prohibida pero liberadora. Las fuerzas indomeñables de la naturaleza. Como mujer joven y hermosa es la fertilidad y la vida. Como bruja, consume devorando todo en el plano terrestre. A través de la muerte tenemos que volver a la fuente, al abismo de la transformación, al reino eterno. Debemos someternos a ella y a sus términos de mortalidad. Ella refleja una cultura en armonía con la naturaleza.

 Constelación de imágenes

En su imagen podemos encontrar esta constelación de significado arquetípico. A lo largo de la historia arqueológica se han producido los patrones de correspondencia de su impronta en todo el mundo, como los antiguos poderes traducidos del mundo natural en una imagen orgánica que era accesible, práctica, ceremonial, mística y potente. Al principio su iconografía representa una poderosa fuerza natural que es adorada y venerada por las culturas como algo sagrado y santo, como símbolo de la potencia total de la Gran Diosa Triple.

Las imágenes de la medusa en la antigua Europa comenzaron varios miles de años antes de su reinvención en la mitología griega clásica. En el paleolítico superior su poder está representado en el laberinto, en la vagina, en lo uterino y en otros designios femeninos. A lo largo del neolítico, su fuerza es simbolizada por la figura femenina colocada en posturas y gestos sagrados de empoderamiento, con la presencia de animales, principalmente aves y serpientes a las que ella está íntimamente conectada. Esas imágenes aparecen en el área mediterránea y continúan extendiéndose hasta finales de la edad de bronce de la Creta minoica, (1600 a.C.), donde es representada como la diosa-serpiente.

Las aves que aparecen en su cabeza u hombro significan su generación, así como los poderes de la muerte en su aspecto oscuro, de bruja. También representan el firmamento.

Las serpientes enrolladas sus brazos, piernas o entrelazadas en su cabello son representadas susurrando en su oído. La serpiente es un tótem de los ciclos de la vida, la muerte y renacimiento, y de las estaciones. Es la conexión con la tierra fértil y el inframundo. También simbolizan la inmortalidad, ya que la serpiente cambia de piel constantemente.

Asimismo, la serpiente era relacionada con las mujeres en la antigüedad por su correspondencia con las propiedades inmortales de la sangre de la menstruación. En aquel entonces las mujeres en su periodo de menstruación eran temidas con reverencia por los hombres, debido a que sangraban inexplicablemente sin herida, y por su sincronización con los ciclos de la luna.

La serpiente era también un emblema del océano, cuando el mar era representado como una serpiente que rodea a la tierra. Siglos más tarde, los mitos de la Grecia clásica categorizaron a la serpiente como un mal, engañosa, como un personaje repugnante asociado con las “brujas” y las sabias.

En el año 750 a.C., la imagen de cuerpo completo de Medusa en Grecia es una pieza central de uno de los antiguos templos sobrevivientes, el de Artemisa, una de sus diosas ancestrales. Ella es la Señora de las Bestias, quien resguarda los recuerdos de Creta y Angolia. Al igual que Medusa, mata de una manera sagrada para que la vida pueda continuar. En esta imagen de Medusa las serpientes están atadas alrededor de la cintura en un nudo sagrado de curación, ya que esos reptiles eran utilizados con fines medicinales. Está representada con el cabello ensortijado, grandes alas de ave en la espalda e incluso sus pies en ocasiones aparecen con garras. Las alas simbolizan la libertad y el movimiento dinámico entre los mundos. Incluso hay imágenes sobrevivientes de Artemisa usando la máscara de Medusa, llamada también la máscara de la Gorgona o Hécate.

 La máscara

El símbolo ampliamente reconocido de la sabiduría femenina de las antiguas medusas era su atemorizante máscara ceremonial. Tenía grandes ojos que reflejaban su inmensa sabiduría. Representaban todo lo que se conocía, los ojos que ven a través de nosotros, hurgando en nuestras ilusiones y mirando hacia el abismo de la verdad. Su boca es mortal y semeja a una calavera. Devora toda la vida, devolviéndonos a la fuente. En ocasiones muestra amenazantes colmillos de jabalí, que significan que están destinados a asustar a los hombres, aunque aquellos más bien se remiten a los cerdos, un antiguo símbolo de la matriz del renacimiento. Su lengua sobresale como la de una serpiente y su rostro está rodeado por un halo de pelo en espiral, serpentinas que simbolizan los grandes ciclos y la sabiduría de la serpiente.

La máscara se utilizaba para guardar y proteger a las mujeres y el conocimiento secreto de la divinidad femenina. Literalmente advertía a los hombres “Aléjate de los misterios femeninos”. Fue erigida en piedra (correspondiente a su mirada de piedra), en cuevas y puertas de enlace a los lugares sagrados dedicados a la diosa. También aparecía en pilares de piedra levantados en honor de sus amantes muertos. Incluso tras la degradación de la cultura de la Medusa ateniense después del VII d.C. Antes de esa fecha, su imagen se siguió utilizando hasta el reinado de la cristiandad.

Su contaminación comenzó en Grecia en los siglos VII y VI a.C. Sin embargo, para ese entonces aún existían imágenes que veneraban a Medusa en su plena potencia. Se encontró una de la Gorgona Medusa como las de Creta en un carro de guerra flanqueado por leones. Se parece mucho a Cibeles, la Gran Diosa Madre, deidad de las fieras y de la fertilidad de la naturaleza. Al mismo tiempo fue hallado un relieve de una mujer con la máscara de Gorgona en una posición erótica o de alumbramiento, una representación de poder en las imágenes de las mujeres del neolítico. Pero su rostro y la máscara se siguieron utilizando en los templos y santuarios, y ser colocada comúnmente en columnas, puertas y corredores, reafirma su papel como guardiana de los umbrales y mediadora entre los senderos.

 La Grecia patriarcal

El patriarcado comenzó en las edades de bronce y hierro del primer milenio griego. Bajo esta concepción del mundo, Medusa ya no nació de una madre sagrada, sino de un padre supremo. Tierra y el cielo se dividen eternamente. En el mito, héroes y dioses son creados para dominar y subyugar a las fuerzas femeninas y naturales una y otra vez en diversas formas, la más común de ellas en forma de monstruosas serpientes gigantes. Un ejemplo de lo anterior es la serpiente-dragón llamada Eurinaes, quien es dominada por Apolo.

El dios Apolo representa el ascenso del patriarcado y de los intereses masculinos contemporáneos. La Eurinaes es una fuerza dinámica femenina que representa lo antiguo, las civilizaciones matrifocales y los valores femeninos anteriores a los dioses del Olimpo. Eurinaes es subordinada, dominada y domada por Apolo cuando se ve forzada a abandonar su santuario para establecerse en el templo de Delfos. A través de la dominación el héroe constantemente conquista el patrón cíclico de la naturaleza y trata de hacerlo lineal. Amansa las fuerzas femeninas salvajes y hace que las mujeres se ajusten a los roles de servicio del género masculino.

Pronto, la santa imagen de la Gorgona Medusa como símbolo antiguo de poder y sabiduría femeninos se volvió totalmente inaceptable. Para el VI a.C. sus ritos fueron interrumpidos, sus santuarios invadidos, los bosques sagrados fueron talados, sus sacerdotisas violadas y su imagen manchada. Su iconografía –al igual que las mujeres—fue dominada y domesticada. Su máscara se utilizó en elaborar linternas y estufas etruscas, probablemente por su relación con el fuego alquímico. Aunque la máscara fue ampliamente usada por la gente del campo, su sabiduría femenina, su fuerza natural, sus poderes creativos, de destrucción y regeneración fueron demonizados y se la consideró maligna. Medusa se convirtió en un monstruo horrible, (la mayoría de los monstruos eran mujeres o habían nacido de la Tierra). Su imagen más popular fue la de su derrota en el mito ateniense de Perseo.

En el arte arcaico, el momento en la historia representado más frecuentemente es la persecución después de la decapitación, cuando Perseo huye con la cabeza cortada, perseguido por las hermanas gorgonas de Medusa. En 550-450 a.C., pintada principalmente en jarrones, aparecía la imagen del héroe acechando a su víctima mientras esta duerme o cortando su garganta, mientras los dioses observan. En esas vasijas, Medusa es representada como una serpiente, un monstruo horrible. En esa época, los pocos rituales a Medusa se reservaban exclusivamente para el aspecto militar, y su imagen aparecía en armaduras o escudos.

En el curso del siglo V emergerá nuevamente como una mujer hermosa en su aspecto de doncella. Pero cuando los persas introdujeron la serpiente emplumada, sus poderes se transformaron otra vez en un dragón, el cual es fálicamente empalado por la boca, una imagen que fue muy popular en la Edad Media.

 Atenea, diosa patrona

El mito ateniense fragmentó y redujo el original libio de la triple diosa Atene a Atenea, Metis, Medusa y sus hermanas gorgonas. Gorgo, Gorgona o Gorgopis era la del “Rostro horrible y además Medusa (Metis) era el título de Atenea como diosa de la muerte. La hermana mayor era Medusa, quien representaba la sabiduría femenina; sus hermanas menores eran Esteno (la fuerza) y Euríale (la universalidad). Todas eran hijas de Ceto y Forcis, pero Medusa era la única mortal. Originalmente eran hermosas. Como Medusa, tenían alas en la espalda y en los tobillos, y llevaban la máscara de Hécate, la máscara de la Gorgona.

En el siglo VII a.C. los atenienses adoptaron a Atenea como su diosa patrona. A través del mito, los griegos cortaron las raíces de la antigua cultura de las mujeres, separándola de los aspectos oscuros de Medusa y Metis. Al separar a Atenea de Medusa, las dos se superponen: Metis se convirtió en su madre y Medusa en su enemiga.

Su madre, Metis, la cambiante de forma, se dice que es la madre original y la más sabia y grandiosa de todos los dioses. Para los atenienses, ella fue violada y devorada por Zeus. Así, Zeus obtuvo el poder sobre los demás dioses, consumiendo el antiguo linaje de Metis junto con su inmensa sabiduría. [Zeus utilizó su capacidad de cambiar de forma sobre todo para seducir y violar mujeres]. La sabiduría de Metis era tan grande que impregnó la cabeza de Zeus y de ella surgió la nueva Atenea.

Al traicionar su antiguo linaje, Atenea se convirtió en la hija obediente que conservó su aspecto virginal, fértil. Ella era la diosa municipal de la inteligencia de Zeus, al servicio del ego masculino-solar, haciendo a los hombres héroes que dominan a las mujeres y a la naturaleza, y que representan los valores patriarcales, los roles e ideales de Atenea. Ella ofrece a las mujeres un nuevo papel bendito, ausente de la esfera pública y al servicio del hombre. Las mujeres son prescritas en los roles de la virgen, esposa y madre. Como virgen, la prueba de su paternidad está confirmada. Como madre, ella es la nodriza de sus hijos. Y como esposa es devota de su hombre.

En 458 a.C. rechaza descaradamente a su madre Metis en la Orestíada de Esquilo, cuando justifica la prioridad de los hombres sobre las mujeres: “Es mi obligación dictar un fallo final aquí… No hay madre en algún lugar que me haya dado a luz… Yo estoy siempre para el hombre con todo mi corazón, y fuertemente al lado de mi padre. Por lo tanto, en los casos donde la mujer ha asesinado a su esposo, al señor de la casa, la muerte de ella no significará nada para mí”.

Sin embargo, el personaje de Atenea contiene muchas contradicciones que muestran la lucha del hombre para manejar su potente pasado. Un ejemplo de lo anterior es que el animal favorito de la diosa es la lechuza, un antiguo símbolo del ave de la muerte y de su regeneración, así como de sabiduría femenina, oscuridad, noche, luna y misterio.

La nueva enemiga de Atenea, Medusa, rivalizaba con ella en belleza y poder. Incluso Perseo acepta que admiró la belleza de Medusa cuando ella estaba muerta, por lo que llevó la cabeza con él para mostrarla a los griegos. Cuando Medusa se convirtió en un monstruo mitológico, fue la propia Atenea quien la hizo fea. De acuerdo con la Metamorfosis de Ovidio, cuando Medusa era virgen fue violada por Poseidón en el templo de Atenea. Ésta culpó a Medusa por el acto sacrílego y la castigó, transformando el elemento más bello de su persona, su cabello, en serpientes (en ese entonces las serpientes eran consideradas repugnantes). Pero incluso el monstruo Medusa responde al abuso con rabia, con una vitalidad de fuego para proteger la vida. A partir de entonces ella siempre usa su poderosa mirada para convertir a sus enemigos hombres en piedra; entre otros, Atlas fue convertido en una montaña de piedra.

Perseo con la cabeza de Medusa, por Benvenuto Cellini

El asesinato

En el mito ateniense del héroe griego Perseo, la sabiduría femenina de Medusa, junto con las potencialidades de las mujeres en general, es silenciada y las fuerzas de la naturaleza son conquistadas en un último acto de dominación y venganza.

Perseo es enviado en una misión por Polidectes, rey de Sérifos, y la propia Atenea, para recuperar la cabeza de la Gorgona, un hecho que exige las máximas heroicidad y habilidades masculinas. Se le proporcionan sandalias mágicas aladas, una capa y una bolsa de Hermes. Guiado por Atenea todo el tiempo, vuela sobre el océano hasta el lago Tritonis en Libia, donde continúa su camino a través de bosques de gran espesor. En la ruta al palacio de Medusa ve varias estatuas de hombres y bestias. También hay columnas de piedra erigidas en honor a los amantes muertos del monstruo. Perseo se encuentra a las gorgonas durmiendo. Mientras que Atenea sostiene un escudo a manera de espejo, Perseo decapita a Medusa con su espada. Enfurecidas, las hermanas gorgonas corren tras él, pero es en vano, ya que el casco lo hace invisible.

Perseo no pudo haber completado esa tarea sin la ayuda de la traidora diosa guerrera Atenea. Es ella la que lo guía e instruye a lo largo de su viaje y asesinato. Ya que el mito simboliza la usurpación de sus poderosas raíces en una cultura donde ella y Medusa eran una, fue muy útil que sólo Atenea conociera los secretos para encontrar y derrotar a Medusa.

 El poder de la sangre

Incluso muerta, la sangre de Medusa conserva sus poderes. Da vida a Pegaso, el militante corcel alado de Zeus que crea serpientes en la tierra con el toque de su pezuña, y que también introdujo el culto dionisíaco a Atenas. También Crisaor, el gigante de la espada de oro, nace de su cuello sangrante. La sangre de Medusa es drenada de su cuerpo y luego se utiliza para resucitar a los muertos (haciendo de Asclepio un gran sanador). Extraída de su vena derecha sana y alimenta la vida; de su serpiente izquierda, mata.

Las serpientes, el rostro terrible, su mirada de piedra y su sangre mágica se correlacionan con el antiguo tabú menstrual. El folklore primitivo creía que la mirada de una mujer que está menstruando podía convertir a un hombre en piedra. También se creía que la sangre menstrual era la fuente de toda vida mortal y también de la muerte, ya que ambas son indisolubles.

 Ritual militar

Perseo colocó la cabeza de Medusa en su bolsa. Utilizó la extremidad como arma en otro enfrentamiento y, cuando llega a casa, se la devuelve a Atenea. La cabeza de Medusa es entonces forjada en el centro de la égida de Atenea y en el escudo de Zeus, el cual es dado a Atenea. Incluso después de su derrota, el rostro de Medusa conserva su poder de Gorgona para proteger a la diosa de los enemigos, convirtiéndolos en piedra. Es la imagen llamativa, central de las representaciones de Atenea. El rostro de Medusa  continúa como símbolo de su fuerza en el ritual militar y en la armadura de los guerreros en la batalla.

La decapitación mitológica de Medusa simboliza el silencio final de la sabiduría y de expresión femeninas. Es el acto que se detiene su crecimiento, que limita su potencial, su movimiento y sus contribuciones culturales. Ella es eliminada y su cabeza cortada es ostentada en la Acrópolis y en obras de arte como orgullo del sometimiento de ella y de todas las mujeres en manos de los hombres violentos. Ella es rota y su cuerpo esclavizado. Su espíritu, mente, sus poderes espirituales son asesinados. Sus fuerzas de creatividad femenina y de destrucción alguna vez honradas se detienen. Su papel como mediadora dinámica es degradado. Las fuerzas salvajes de la naturaleza son controladas, domesticadas y caen bajo el yugo del orden masculino. Los ciclos de la vida y de la naturaleza se arreglan para cumplir con la perspectiva lineal de ellos.

 Detrás de las raíces libias

El mito de Perseo se inventó para explicar la aparición del rostro de la gorgona Medusa, o la máscara, en el escudo y en la égida de Atenea. No resulta sorprendente que las primeras imágenes de Atenea tuvieran un parecido asombroso con la venerada diosa-serpiente cretense. En el arte, los cambios de Atenea están asociados de manera consistente con las serpientes, tal y como aparecen en los hombros y sobre su armadura, junto con el rostro de Medusa como imagen central.

El mito de Perseo fue también un intento de ocultar las raíces libias de Atenea en la trinidad amazona-serpiente-diosa. En los mitos prehelénicos se decía que Atenea provenía del útero del lago Tritonis (que significa Tres Reinas), el mismo lugar en el que se decía que Medusa había gobernado, cazado y dirigido las tropas en el mito ateniense. Los mitos más antiguos son a su vez más específicos, y dicen que Atenea nació de las Tres Reinas de Libia, con Metis-Medusa como su aspecto destructor.

Fuente: operamundi

Enlace de interés: el simbolismo serpentino

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