Chrónos, ¿el tiempo existe?

animasmundi_chronosAión es el dios de la eternidad al que no le hace falta devorar nada para ser eterno, es a la vez niño y anciano, el dios generoso y satisfecho que tiene sentido en sí mismo, el dios que no contempla los objetivos ni los planes sino que nos invita a la acción con valor por sí misma. Hay que destacar que el dios Aión no es ningún dios genético. Siempre está. No nace, no es originado, sino originario. No tiene que sublevarse contra nada y no tiene que comerse nada para ser eterno, tan solo da. En otras palabras, Aión es la eternidad.

Por otra parte, basándonos en las palabras de Antonio Campillo, al Tiempo, Chrónos, se le considera como la suma actual de todos los ahoras o instantes y como la suma virtual (en potencia, esto es, no llevada a término nunca) de esos mismos instantes o ahoras. Es a la suma actual o simultánea a la que acabará por dársele el nombre de Aión, y es a la suma virtual o sucesiva a la que acabará por dársele el nombre del Chronos.Si la suma sucesiva es infinita, y por tanto innumerable, sin principio ni fin, los antiguos filósofos se preguntaron varias cuestiones: ¿cómo puede darse una simultaneidad de la eternidad en acto? ¿Qué relación de semejanza y diferencia mantiene entre sí las dos infinitudes o eternidades: la infinita o eterna simultaneidad y la infinita o eterna sucesión?(Aión, Chronos y Kairós: la concepción del tiempo en la Grecia Clásica). Este es el gran problema que se encontraron los filósofos de la antigua Grecia, siendo para  los científicos actuales un rompecabezas aún por resolver.

El tiempo es complejo, ambiguo y a la vez relativo. Es decir, pensamos en el tiempo como un río que abarca del nacimiento a la muerte, pero en realidad, de lo que nos percatamos es de lo cambios que observamos, por eso recurrimos al concepto del tiempo. El tiempo es tan complejo que hay opiniones diversas sobre el tema: muchos científicos piensan que el tiempo es una ilusión pura y no existe; otros, piensan que el tiempo existe; y, a la vez, hay otros científicos que tienen dudas.

Vayamos por parte: Heráclito decía que el sol es siempre el mismo, y sin embargo es nuevo cada día. Afirmaba que lo eterno es a la vez instantáneo. También destacaba que lo más viejo es a la vez lo más joven y que el mundo entero está comenzando a cada instante. En definitiva, la suma sucesiva es infinita, sin principio ni fin.

Pero, la cuestión es: ¿Por qué se da simultaneidad de lo infinito?

Anaximandro establece dos dimensiones.

  1. Originaria: se refiere a ilimitada, eterna.
  2. Originada: se refiere a limitada y temporal.

La segunda parte depende de la primera, y esto hace que el Tiempo sea eterno, pero es una eternidad regulada, una sucesión numérica o rítmica de los ciclos cósmicos.

Anaximandro llama Ápeiron a aquello que es principio (Arché) y expresa que es eterno. De este Ápeiron nace los cielos y el mundo, en cuyo seno nacen y perecen, se engendran y corrompen todas las cosas. Del ser ilimitado nacen las cosas limitadas (temporales) que vuelven a retornar cuando perecen.

Parménides mantiene la siguiente idea:

  1. Vía del Ser: se refiere que es siempre.
  2. Vía del no-Ser: aquello que llega a ser y deja de ser.

Parménides piensa que el Ser que “es siempre” no puede ser ilimitado porque sería “igual a sí mismo”, estaría completo, lo tiene todo, y al abarcarlo todo es inmóvil.

El Ser sería: eterno, perfecto, autosuficiente, inmóvil, siempre igual a sí mismo. Esta base filosófica fue aceptada después por Plotino y Platón, entre otros.

Parménides, por otra parte, refuerza su teoría identificando la Vía del Ser con la Vía de la Verdad (Aletheia) y el pensar y  la Vía del no- Ser con la vía de las apariencias, de las opiniones (doxa) diversas, cambiantes. Parménides concluye que ambas vías son diferentes pero necesarias.

Aparcamos un momento el plano filosófico y vamos a hacer una reflexión:

crhnos_animasmundiEl sol sale por el este, pero llegará un instante, un momento en el que el sol estará en otra posición. Su movimiento nos indica que el tiempo avanza. Si se parase el sol y mis manos se parasen y nada cambiara, entonces podríamos decir que no ha pasado el tiempo. Por otra parte, sabemos que el tiempo se divide en tres estadios: pasado, presente y futuro, pero sabemos que estos estadios no son más que ilusiones. Igualmente, pensamos que el fluir estáasociado al movimiento. El aire, el agua, la tierra se mueven, es decir, fluyen, lo observamos con nuestras percepciones. Pero el tiempo, en sí, no lo vemos, solo apreciamos los cambios. Los objetos físicos tienen cambio. Los tiempos pasados y futuros no tienen una base real; los sucesos si tienen una base real, tienen una secuencia unidireccional. Por ejemplo: si hago rodar un huevo sobre la mesa, caerá al suelo y el huevo se romperá. Sabemos que es imposible volver atrás, es decir, reconstruir el huevo de nuevo. Por lo tanto, no podemos volver al pasado, porque el pasado no es un lugar; ni tampoco podemos viajar al futuro, porque tampoco es un lugar. A primera vista, parece que el tiempo tiene una dirección hacia el futuro, pero esto no implica que el tiempo avance hacia él. De la misma manera que, aunque una brújula apunta siempre al norte, no significa que estemos avanzando hacia el norte. La flecha indica una simetría, como arriba y abajo es una posición relativa en el espacio, por eso el futuro y el pasado son posiciones a lo largo de un eje que es el tiempo. Por lo tanto, no tiene sentido hablar de futuro y pasado.

Como se puede comprobar hay ambigüedad en el tiempo y hay confusión, pero ¿cómo podemos asegurar que el tiempo pasa? Una cuestión que para la comunidad científica es un quebradero de cabeza.

Volviendo al Aión y a Chrónos, se pensaba que ambos mantenían una relación de grados, de diferentes jerarquías, pero además se deliberaba quedefendían una relación tanto de precedencia como de procedencia. Pero, ¿cómo se origina el tiempo a partir de la eternidad? ¿Qué movimiento es ése por el que pasa de lo inmóvil a lo móvil, de lo perfecto a lo imperfecto, del alma al cuerpo inmortal? ¿Por qué se piensa como un movimiento de degradación, como una “caída” una “deuda” que ha de ser pagada? Muchas preguntas y pocas respuestas fiables…

Partimos de la idea que desde el Aión al Chrónos hay un instante, un punto, un momento en el que se da un movimiento o tránsito, pero no puede darse en el tiempo, pues es precisamente el cambio que da origen al tiempo. Pero a su vez, este movimiento o tránsito tampoco puede darse en la eternidad porque la eternidad no puede cambiar. Ese justo instante, ese “nacimiento”, ese punto de conexión, el intervalo, por llamarlo de alguna manera,  una “chispa”, es el punto donde se encuentra la eternidad y el tiempo. Hay muchas más cuestiones sobre el tiempo que no dependen sólo de cuestionarse su existencia:

  1. ¿Cómo ha sido pensado el instante?
  2. ¿Cómo se realiza en él la génesis del Chrónos a partir del Aión?

Estas preguntas  no se pueden explicar cronológicamente, pero sí ontológicamente, y según cuenta Platón de Parménides,  el filósofo parte de dos ideas:

  1. Chrónos deriva del Aión, porque lo imita, lo refleja, lo copia, lo produce o representa.
  2. Chrónos depende constitutivamente del Aión: el uno no puede darse sin el otro.

Platón lo resumía con “la imagen móvil de la inmóvil eternidad”

Por lo tanto se llega a la conclusión teórica que el tránsito de la eternidad al tiempo es el que hace posible todo tránsito, todo cambio, todo movimiento.

Como sabemos, el tiempo es rítmico, se mueve, tiene sus ciclos, el tiempo es métrico. El Aión, por lo tanto, no puede ser pensado sin el Chrónos. En otras palabras, gracias a él  se conoce el Aión. Además, la copia (Chrónos) no puede darse sin el original (Aión); a su vez, el original no puede darse sin la copia.

La idea fundamental de todo esto es que la eternidad no puede dejar de engendrar o producir tiempo como fórmula universal.

Desde otra perspectiva,si nos remitimos a la geología, por ejemplo, los fósiles nos cuenta una historia, clara y precisa. Las rocas, los fósiles nos detallan una historia personal, sabiendo la edad que tiene, por ejemplo, la tierra. Esto es la prueba que tenemos del tiempo, marcas o huellas que dejan un elemento, un objeto, un fósil, que pasan a nuestros recuerdos. Algunos científicos creen que cuando percibimos el movimiento es una ilusión que nuestro cerebro procesa, nos cuenta una historia. Igualmente, los recuerdos lejanos nos hacen dudar. Por ejemplo, si dudo que hace 20 años viajé al norte de España a un lugar concreto y determinado, recurro al álbum de fotografías para “refrescar” la memoria.

Recapitulemos: envejecer es cambiar y nos permite decir que el tiempo pasa; de lo contrario, si no envejecemos el tiempo no pasa.Por lo tanto, el tiempo es un parámetro que utilizamos para definir cambios. Esta es la idea que se tiene sobre el tiempo, por eso, se dice que el tiempo existe, porque lo vemos en nosotros mismos. La problemática que nos encontramos se ve también reflejada en la ambigüedad con la que es tratado el tiempo en los refranes y la fraseología popular:

“se me ha pasado el tiempo volando”

“se me ha hecho el tiempo pesado, largo”

“La semana se me ha hecho corta..”

Como podemos observar, también el tiempo es psicológico, subjetivo.

Un segundo se ve de manera diferente:el latido de un corazón se mueve cada segundo, pero en ese mismo segundo el sol ha viajado 274 km por nuestra galaxia. Las neuronas transmiten impulsos eléctricos en menos de un segundo…En un mismo segundo, nacer y morir se dan la mano. En definitiva, existe el movimiento, pero parece ser que el tiempo es algo muy subjetivo y psicológico.

El más claro ejemplo son las estrellas y galaxias que están a millones de años luz de distancia. Las podemos ver en los cielos pero ellas ya no están ahí, se han movido, hace miles de años que ya no están ahí. Parece magia.

A su vez, la memoria y el tiempo  van ligados entre sí. Un hecho que nos de miedo, un recuerdo tortuoso parece que nos dio una sensación mucho más duradera en el tiempo; sin embargo, una vacaciones en el Caribe pasan volando.

imagen_tiempoYo soy de los que pienso que el tiempo no existe. Es una invención. Lo que es infinito no puede dejar de serlo por división del tiempo. Para ello, me baso en las ideas de Julian Barbour, considerado una eminencia en la cosmología del tiempo. Barbour propone una física sin tiempo desde un polémico punto de vista en el cual el tiempo, tal como lo percibimos, no existe más que como ilusión, añadiendo que algunos problemas en las teorías de la física surgen de suponer su existencia como real. Barbour argumenta que no tenemos ninguna evidencia del pasado más allá de nuestra memoria de él, de igual modo, que no hay evidencia de un futuro que no sea nuestra creencia en el mismo. «El cambio se limita a crear una ilusión de tiempo, con cada momento individual existiendo por derecho propio, completo y entero.» Él llama a estos momentos los “ahoras”. Todo es una ilusión: no hay movimiento ni cambio alguno. El físico afirma además que la ilusión del tiempo es lo que interpretamos a través de lo que él llama “cápsulas de tiempo”, que representan «cualquier patrón fijo que genere o codifique la apariencia de movimiento, cambio o historia».

Igualmente,  la teoría de Einstein refleja una imagen del universo que actúa como un “bloque” estático que no cambia, en el cual el futuro y el pasado no difieren, de tal forma que la izquierda y la derecha no difieren físicamente. Tanto Barbour como Einstein piensan que el tiempo es solo una “ilusión persistente”

El tiempo tampoco existe en la Ecuación de Wheeler-DeWitt, que pretendía unir la relatividad y la mecánica cuántica. “Podemos decir que el tiempo simplemente desapareció de la ecuación de Wheeler-DeWitt. Es una cuestión por la que muchos teóricos se quedan desorientados. Quizá la mejor manera de pensar acerca de la realidad cuántica es abandonar el concepto de tiempo para que la descripción fundamental del universo sea intemporal”, expresa Carlo Rovelli, físico de la Universidad del Mediterráneo en Marsella.

Leucipo de Mileto, filósofo presocrático, expresa que los átomos están en movimiento desde la eternidad.  Su número, dado el número infinito de átomos y la inmensidad de espacios vacíos, es también infinito. Los átomos y el espacio vacío son los dos únicos elementos constitutivos de la realidad. Pero igual que en los seres individuales hay infinitos espacios vacíos, así también el espacio vacío circunda nuestro mundo y todos los mundos posibles y se extiende hasta el infinito, sin divisiones temporales.

Muchos científicos están ahora mismo resolviendo un problema que hace más de miles de años los primeros observadores de la naturaleza se cuestionaron :la vida, la muerte, la eternidad y el tiempo. Si consideraron al Uno como la idea del Bien, lo original, lo eterno, lo perfecto, ¿Por qué se originó la multiplicidad, el mal, el no Uno, la copia? En mi opinión, creo que esa no es la pregunta correcta, porque hemos observado que después de miles y miles de años los científicos no dan con la tecla acertada. Quizás, hay que liberarse de esa y otras cuestiones y observar que formamos parte del infinito, de la eternidad y que somos partícipe de este “movimiento” temporal en un universo atemporal..

Por otra parte, el Aión vive por encima del tiempo, en la eternidad. El Chrónos es una caída, una involución. De ahí se entiende que no evolucionemos de una manera caprichosa, sino que nos convertimos en algo que siempre hemos sido en nuestra naturaleza eterna. Hay una máxima oculta que dice: “conviértete en lo que eres”.

El tiempo es el resultado de la expresión de un arquetipo, incomprensible al intelecto humano, que se manifiesta gradualmente, en términos de tiempo y espacio,  en el proceso de la evolución. El tiempo es una expresión parcial y limitada.

El propósito de todo cambio o movimiento que percibimos forma parte del esquema de la evolución,de ayudar al desenvolvimiento de ese componente superior.

Todo cuanto suceda en el plano físico espacio-tiempo es un reflejo de algo más grande y bello que ocurre en los planos superiores. Existe una máxima que dice: “como es arriba, así es abajo”. Es decir, no sólo el Chronos es reflejo del Aión, sino que todo cuanto sucede en nuestra esfera física tiene su impacto e influencia en la esfera superior. En otras palabras, lo interno y lo externo, lo superior e lo inferior, aparecen afectándose recíprocamente en todo momento, y esta conexión lleva a cabo el proceso que vemos como evolución o desenvolvimiento.

Atributos de Chrónos:

  • Es limitado.
  • Desdicha: el paso del tiempo.
  • Relacionado con la memoria, la materia física.

Atributos de Aión:

  • Libertad
  • Inmortalidad
  • Felicidad
  • Independencia (cambios, enfermedad, muerte, etc..)
  • El tiempo es una expresión de la eternidad, del mismo modo que todos los colores naturales o artificiales son combinaciones diferentes de los tres colores primarios.
  • El Aión capacita a Chrónos para producir cambios y nosotros los percibimos por medio de los órganos sensoriales. Así captamos las vibraciones de luz, sonido, etc..

Para terminar, y a modo de aclaración hemos de saber que Chronos ha sido a veces confundido con Cronos, “el Tiempo” en griego, sin que exista relación etimológica.

 

 

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El sacerdocio en la antigua Grecia

La religión griega no fue prescrita al pueblo por una fuerza exterior, ni por una revelación sagrada. Es el producto de la fantasía del pueblo, de sus supersticiones, sus miedos y sus temores. Así, de manera paulatina, la religión griega alcanza una dimensión social y política, siendo propiedad de los ciudadanos. Básicamente, las creencias residen en la propia naturaleza, con una fuerte costumbre arraigada entre los pueblos, con una base firme en el culto doméstico y una fuerte adoración a las potencias de la naturaleza. Cabe destacar que cada región posee su culto, sus ritos y no pretenden enseñar nada, por lo tanto no hay contradicción. De este modo, la religión empieza a calar profundamente en la vida política social de los ciudadanos.

La religión griega se inicia con el culto doméstico privado, erigiendo en cada hogar propio un pequeño santuario, sustentado por unas creencias, unas supersticiones innatas y transmitidas por vía familiar. A partir de ahí, sería el prototipo de unidad familiar la que después invitaría a participar a su comunidad en el culto doméstico y a expandir unas creencias acogiendo una deidad como protectora del hogar, de la comunidad y de la ciudad. De esta manera, la ciudad acabará reclamando una persona familiarizada con el culto, sacrificio y ofrendas a la divinidad elegida.  Por lo tanto, se crea el oficio de sacerdote responsable no solamente del santuario y todo lo que rodeaba a las actividades religiosas, sino  también el responsable de que el pueblo creciera de manera próspera, evitando que los dioses descargaran una epidemia, una sequía, una guerra o una crisis social, como posibles amenazas.

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Escena de sacrificio, crátera del pintor de Pothos, 430–420 a. C., Museo del Louvre.

La figura del sacerdote implicaba conectar con la vida social, y disponía de unos privilegios como, por ejemplo, tener un asiento de honor en el teatro y una presencia destacada en la Asamblea. Otras de las peculiaridades de la religión griega era que el  sacerdocio no implicaba una jerarquía, ni se levantaba sobre una base política, ni  difundía sermones favorables de los dioses, ni tampoco acataban una doctrina sagrada. El sacerdote heredaba su oficio bien por vía familiar, bien por elección popular o en algunos casos por sorteo.  La mayor parte de los sacerdocios eran anuales, pero al igual que las magistraturas, estaban abiertos a todos los ciudadanos y prohibidos para los metecos y los extranjeros. La premisa que se exigía para alcanzar el puesto de sacerdocio era que el aspirante debía pasar un examen para comprobar, en primer lugar, si estaba física y psicológicamente apto y era hijo legítimo y, en segundo lugar, que en la medida de lo posible, procediera de una familia intachable. Por último, si sus manos estaban limpias de sangre homicida o de cualquier delito análogo contra las cosas sagradas, no sólo él sino también su padre y su madre, quienes tenían que haber vivido conforme a tales normas. Como dato curioso, nada impedía al sacerdote o a la sacerdotisa el contraer matrimonio —la obligación de la castidad, salvo casos especiales, es solamente temporal y está vinculada a las exigencias inmediatas del culto (períodos de fiestas, por ejemplo). Asimismo, las funciones del sacerdote tampoco le obligaban a residir en el santuario.

La principal función del sacerdote no sólo era la litúrgica al describir el desarrollo del sacrificio, también enfatizaba por su papel en la consagración de las víctimas, en la pronunciación de las fórmulas de invocación y las oraciones. El mismo sacerdote podía degollar a la víctima, pero también podía delegar este cometido en uno o varios de los sacrificantes, y  no era en absoluto necesario ser sacerdote para llevar a cabo un sacrificio.

Al no existir una jerarquía religiosa que representase a los dioses, es decir, la figura del clero, tal como hoy la entendemos en nuestra sociedad, cualquier ciudadano podía en su hogar, o en un templo, realizar las acciones que representaban la piedad del hombre griego. Sin embargo, fuera de la práctica privada,  alrededor del sacerdote había un determinado números de ciudadanos que asumían otros cargos religiosos delegados por el pueblo. Podemos destacar:

  1. Para organizar fiestas especiales y controlar los ingresos y los gastos estaban los epimeletas.
  2. Para dirigir, de manera especial, los sacrificios de los cultos heredados de los antepasados, según la tradición y tener una responsabilidad judicial, es decir, tratar los asuntos de impiedad, responsable del calendario litúrgico estaba la figura arconte. En Atenas, por ejemplo, era el encargado de los cultos heredados de los antepasados y presidía los Misterios de Eleusis.
  3. Para mantener la estatua de culto, que representa al dios en su morada, así como la limpieza del edificio o de las distintas estancias y también controlar la actividad administrativa y garantizar el correcto funcionamiento del santuario estaban los neócoros.

 Como se ha visto en líneas anteriores, la figura del sacerdote es totalmente opuesta a la nuestra y los términos que nosotros usamos hoy día en relación con la iglesia y la religión no tienen nada que ver con los de la época griega. Igualmente, la función de la religión de nuestra época está secularizada a nivel social; en la sociedad griega, la religión está solapada en todos los campos de la vida pública, social y política.

Enlaces de interés:

Obras de referencias:

  1. La religión griega en la polis de la época clásica (Universitaria)
  2. Religion Griega Arcaica Y Clasica (LECTURAS DE HISTORIA)
  3. La Religión Griega. Dioses Y Hombres: Santuarios, Rituales Y Mitos (Mundo griego)
  4. El imaginario griego: Los Contextos De Mitologia (Religiones y mitos)

 

 

 

 

 

 

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El rito en la antigua Grecia

En la Grecia arcaica, como en otras muchas civilizaciones antiguas, los ritos eran muy importantes, ya que en una época en la que todavía jugaban un papel muy destacado los elementos mágicos y religiosos, se creía en la eficacia de la ceremonia para propiciar  las fuerzas naturales y sobrenaturales. Por lo tanto, no nos debe extrañar que hubiese especialistas en estas cuestiones y que su rango fuese elevado y muy considerado.

El rito era una parte vital y sumamente importante pero además, se consideraba una señal de jerarquía, de poder. La conservación de estos antiguos ritos, por otra parte,  tenía que ver con los valores morales de una sociedad que mostraba respeto a los dioses y a la naturaleza.

Los ritos son un método de autodisciplina, de dominio de uno mismo y de la naturaleza, ya que el individuo se ve a obligado a hacer las cosas de una manera precisa y determinada. Igualmente, tenían la responsabilidad de la ritualización de la sociedad y del Estado garantizando un perfecto funcionamiento de los mismos.

Sintetizando, el ritual sirve para organizar el espacio y el tiempo, para definir las relaciones entre los hombres y los dioses, los hombres con la naturaleza y los hombres con los hombres. El rito no está construido en base a unas doctrinas ni es fiel a un dogma o a una creencia, sino más bien la continuidad de una tradición y una conexión de la comunidad que es la observancia. Pero, por otra parte, esto no excluye un pensamiento religioso o unas creencias, ya que se basan en un sistema de organización que conecta la sociedad humana con el universo que la rodea, incluyendo a los dioses.

Degollamiento de víctima sacrificial.

Degollamiento de víctima sacrificial

La vida pública y privada de un ciudadano griego estaba organizada en torno a un conjunto de ritos de todas clases, desde su nacimiento hasta su muerte, por lo que la religión se mezcla, de manera natural y orgánica, en todos los momentos y todas las etapas de la vida del ciudadano griego. Cualquier falta de cumplimiento en la práctica incitaba la ira divina, y cualquier cambio y alteración debía ser sancionada. En la antigüedad, uno de los fines de los oráculos, portadores de la palabra divina, por ejemplo, el oráculo de Delfos, era castigar o sancionar a aquellas personas que podían reformar la práctica del ritual.

La observancia de los ritos ya se encuentra codificada en época muy temprana por medio de unas leyes escritas. La multiplicación y la publicación de estas «leyes sagradas», grabadas en piedra y colocadas a las puertas de los templos y en los lugares públicos, es uno de los fenómenos que acompañan al nacimiento de la ciudad-estado al comienzo del siglo VIII a.C.

Para concluir, destacaremos un texto muy ilustrativo donde  refleja lo cotidiano que era realizar un ritual, siendo la libación y la plegaria fundamental en dicho rito:

«ELECTRA.— Heraldo supremo de cuantos viven sobre la tierra o debajo de ella, dame tu ayuda, Hermes, Hermes subterráneo; llévame el mensaje, para que los dioses de bajo la tierra, deidades tutelares de la morada de mi padre, presten oído a mis plegarias, y también la tierra, la que todo lo pare y, después de haberlo criado, lo recibe de nuevo en su seno.

Yo, al derramar estas libaciones en honor del muerto, digo, invocando a mi padre: «Ten compasión de mí y de mi amado Orestes y enciende de nuevo la luz en palacio, porque, en cierto modo, ahora andamos nosotros errantes, vendidos por la misma que nos parió, mientras que ella ha tomado, en tu lugar, por marido a Egisto, precisamente el que fue cómplice de tu asesinato. Yo ocupo el lugar de una esclava, y, lejos de tus riquezas, Orestes, está desterrado, en tanto que ellos, con arrogancia, se refocilan en grande con lo que ganaste Con tus fatigas. ¡Qué venga aquí Orestes —te ruego— por una fortuna feliz! Y escúchame, padre, concédeme que llegue yo a ser mucho más casta de lo que es mi madre y más piadosa con mi mano.

Éstas son mis plegarias en nuestro favor. Para los culpables, yo digo, padre, que se presente un vengador tuyo y que, con justicia, a los que mataron, se lo haga pagar con la muerte. Esto lo coloco en el centro de mi plegaria, diciendo, en perjuicio de aquellos, esta imprecación. Para nosotros, en cambio, envía aquí arriba bienes con ayuda de las deidades, la tierra y la justicia vengadora»

Con tales plegarias hago la ofrenda de estas libaciones. Exige el rito que vosotras lo coronéis con gritos de duelo, entonando el peán por el muerto.» (Esquilo, Las Coéforas, vv. 123-150.)

Obra de referencia:
El origen salvaje: Ritos de sacrificio y mito entre los griegos (Acantilado (edición digital))

Enlaces de interés sobre el mismo tema:

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Hermes, guía de las almas difuntas

Y Hermes llamaba a las almas de los pretendientes, el Cilenio, y tenía entre sus manos el hermoso caduceo de oro con el que hechiza los ojos de los hombres que quiere y de nuevo los despierta cuando duermen. Con éste los puso en movimiento y los conducía, y ellas le seguían estridiendo. Como cuando los murciélagos en lo más profundo de una cueva infinita revolotean estridentes cuando se desprende uno de la cadena y cae de la roca, pues se adhieren unos a otros, así iban ellas estridiendo todas juntas y las conducía Hermes, el Benéfico, por los sombríos senderos. Traspusieron las corrientes de Océano y la Roca Leúcade y atravesaron las puertas de Helios y el pueblo de los Sueños, y pronto llegaron a un prado de asfódelo donde habitan las almas, imágenes de los difuntos (La Odisea, XXIV)

Hermes

Hermes

Así empieza Homero el canto 24 de la Odisea. Hermes es una divinidad que presenta atributos muy variados entre los griegos, una figura que rehúsa las explicaciones globales y simples. Divinidad de la ambigüedad, es el señor de los mundos poco establecidos, es dios de las puertas, de los goznes, de los caminos, señor de los animales, enviado y acompañante. Se le conocen casi ochenta epítetos que matizan algunos de estos aspectos. Sin poder entrar en la ardua (e irresoluble) discusión de cuál es su cometido más primitivo, interesa puntualizar uno de sus aspectos principales: el encargado de escoltar a las almas de los difuntos (Hermes psychopompe).

Hermes conoce los caminos de la muerte y en los que se inicia el difunto que se aventura en el umbral del inframundo, siendo éste el cometido que más nos interesa. El carácter psicopompo de Hermes, a pesar de que puede parecer reciente, está conectado perfectamente con el resto de las especializaciones del dios y sus funciones en el campo de la mediación presentan una coherencia estructural grande: de dios viajero y protector de los territorios ambiguos y limítrofes pasa fácilmente a ser divinidad que ayuda en el trance del acceso al más allá. La propia limitación de su cometido al momento justo del tránsito, sin que se adentre más allá del límite externo del Inframundo, es característica de la preeminencia de Hermes no sobre los espacios establecidos, sino sobre los espacios de transición.

El dios no actúa, por tanto, en el mundo atemporal del mito sino que se persona imaginariamente ayudando al difunto en su viaje al más allá. Cumple un papel reconfortante en la ideología funeraria, pues se asegura que el muerto no emprenda en soledad su viaje ya que lo espera como un amigo, un dios para guiarlo en los caminos de la muerte.

La posición de Hermes, central en todas las representaciones, es una demostración de su papel intermediario entre el difunto y el barquero Caronte, lo que corresponde perfectamente con su cometido de divinidad de los umbrales.

Por lo tanto, nos podemos imaginar a Hermes tomando al difunto de la mano y llevándolo en presencia de Caronte que espera al difunto para realizar el último viaje: el embarque.

Hermes se nos presenta, en definitiva, como un dios que ayuda y si su papel en las escenas en las que también se figura Caronte se limita a un mínimo trayecto (el paso desde la estela funeraria a la barca infernal), sirve imaginariamente para insistir en que el difunto no estará solo ni siquiera en el primer tramo del camino de la muerte.

Además de actuar como un psicopompo o guía de los difuntos, a quienes ayudaba a encontrar su camino hasta el inframundo, en muchos mitos griegos, Hermes es representado como el único dios (además de Hades y Perséfone) que podía entrar y salir del Hades sin dificultad. Por ejemplo, en el mito de Orfeo, Hermes llevó de vuelta a Eurídice al Hades después de que Orfeo mirase atrás para ver a su esposa por segunda vez. Asimismo, en el himno homérico a Deméter, Hermes guiaba a Perséfone de vuelta con Deméter.

LVII. A HERMES INFERNAL

Olorosa reina de incienso

Tú, que habitas el inexorable sendero del Cocito, im­puesto por el destino, que guías las almas de los mortales al fondo de la tierra, Hermes, hijo de Dioniso, que danza con delirio báquico, y de la doncella pafia, esto es, de Afro­dita de ojos vivos, que frecuentas la sagrada mansión de Perséfone, asistiendo a las almas de funesto sino, bajo tie­rra, como acompañante, a las que conduces, cuando les llega el día fijado de su destino, porque todo lo seduces, hipnotizador, con tu caduceo mágico, y de nuevo des­piertas a los que están dormidos. Pues te dio la diosa Perséfone el honor de acompañar a las almas eternas de los mortales por el camino que lleva al ancho Tártaro. Bie­naventurado, envía, pues, te lo ruego, a tus iniciados un fausto final a sus labores.

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Caronte

El Hades

Los ritos funerarios

Hipno y Tánato

Cerbero

Los jueces infernales

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El culto a los difuntos en la antigua Grecia

Las inscripciones sepulcrales tienen un fin muy importante: acompañar al ser querido en su última y eterna morada. La inscripción va acompañada siempre con el soporte material, es decir, con el monumento sepulcral mismo.

Los griegos practicaban dos tipos de sepultura: la inhumación y la incineración, siendo ésta última reservada para los familiares más pudientes. La incineración procede de Asia Menor y está atestiguada en Grecia ya en el siglo XIII a.C. Los restos incinerados del difunto y del ajuar que los acompañaban, se depositaban en tierra o en recipientes de cerámica o mármol.

Al principio, surgió el deseo de marcar la presencia del sepulcro mediante una señal, siendo anónimo y reducido a un túmulo de tierra o piedras aglutinadas. Con la aparición de la escritura, en la tumba se escribe el nombre del difunto. El monumento sepulcral más extendido fue una estela, es decir, una piedra rectangular colocada encima de la tumba y sobre la que se escribe el nombre del difunto. Dicha estela era pintada y adornada con decoraciones en relieve en la época micénica, para más tarde adoptar el aspecto de un templete o naísko; sobre él, aparece la imagen del difunto y otras representaciones (niño con perro, un soldado galopando a caballo, etc.). En ocasiones, sobre la tumba, se podía erigir también una estatua, aunque solamente al alcance de las familias adineradas.

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Epigrama funerario

Los epigramas eran composiciones breves, de uno a ocho versos.  Pero fue a partir del siglo IV a.C. cuando se produce un giro decisivo, ya que se hacen más extensos con fines meramente literarios. De este modo, surge un género literario más, con un amplio abanico de temas como el carpe diem, la muerte considerada como una liberación de los sufrimientos de la vida, etc.

En este post abordaremos la función de los epigramas funerarios, considerados como la estela sepulcral y su epitafio de carácter conmemorativo. Desde una perspectiva primitiva, el fin del monumento sepulcral era impedir, con su peso, que el alma del difunto regresara a la tierra, terminando posteriormente siendo un lugar donde el alma podía asentarse.

Si nos remitimos a los textos más antiguos, comprobamos que la función de la estela sepulcral y de la inscripción grabada en ella era honrar y conservar la memoria del difunto entre las generaciones venideras:

Alcé un túmulo a Agamenón, para que su gloria sea imperecedera (Odisea IV, 584)

De este modo, el difunto conserva un vínculo con la vida, manteniéndose así en el recuerdo de los vivos gracias al sepulcro y al nombre grabado en él. El elemento principal, por lo tanto, es el nombre del difunto. El nombre formaba parte de la esencia del hombre, reflejando el ser con todas sus cualidades y virtudes, y era, sobre todo, una manera de que siguiera existiendo una vez muerto. Agamenón explica a Aquiles:

Ni muerto has perdido tu nombre, para siempre tendrás gran gloria entre todos los hombres, Aquiles (Odisea XXIV, 93-4)

La pronunciación del nombre era una parte esencial del rito funerario y del culto a los muertos. Cada vez que se decía el nombre del difunto en voz alta su persona era arrancada del mundo de los muertos y traído al de los vivos, siendo un vínculo del muerto con los vivos.

No ha de extrañarnos, por ejemplo, la costumbre griega de colocar la tumba a ambos lados del camino, a las afueras de la ciudad, para que los caminantes al pasar junto a ellas se detuvieran a leer el nombre del difunto. Para ello, era muy importante que en los epigramas funerarios se diera la llamada al caminante y la petición de que se detenga y lea la inscripción con el nombre del difunto, lo compadezca y después siga su camino.

Hombre que vas por el camino y en tu mente albergas otros pensamientos: detente y duélete al ver el sepulcro de Trason. (Atenas. Mediados del siglo VI a. C.).

Siguiendo en la época arcaica, también destaca la mención a las virtudes del difunto, apreciándose la evolución de los valores morales y éticos de los griegos, siendo, lógicamente, la virtud más valorada,  la excelencia del guerrero muerto defendiendo su patria y siendo Esparta, por ejemplo, el único lugar donde sólo tenían derecho a que su nombre figurara en la tumba los que habían padecido en combate o las mujeres muertas durante el parto. Los epitafios de caídos en combates son muy frecuentes en el siglo V a. C.,  durante las guerras médicas y del Peloponeso.

Detén tu paso y compadécete ante el sepulcro del difunto Creso, a quien en otro tiempo hizo perecer el violento Ares, cuando combatía entre los soldados de primera fila.

Triste destino en sus husos hilaron entonces las Moiras para hediste, cuando la muchacha llego a los dolores de parto, infeliz, pues no iba a tener en sus brazos al pequeño, ni alimentar con su pecho la boca de la criatura, porque solo pudo ver la luz de un día cuando el Destino se abalanzo sobre ellos y, sin hacer distinciones, se llevó a los dos a una sola tumba. (Tesalia siglo III a. C. )

En caso de morir lejos de la patria, sin recibir las honras fúnebres de los familiares, causaría grandes lamentos. Pongamos el caso de Sarpedón, comentado en este blog: la muerte de Sarpedón.

En los epigramas sepulcrales abundan las alusiones a ofrendas y ritos funerarios: sobre la tumba se depositan flores, mechones de pelo, se hacen libaciones, que pueden ser de leche, miel, agua, vino o aceite, que servía para aplacar la sed del difunto. En la tragedia griega hay alusiones a los ritos y ofrendas funerarias, por ejemplo, en Sófocles, Electra 326-7 448-451.

Para terminar, hoy día es imposible separar el día de todos los santos con Halloween y haré una mención especial muy curiosa: los fantasmas nunca faltaron en tierra de Grecia. Los sepulcros eran lugares inquietantes, tenebrosos y tétricos, porque se pensaba que algún resto de la vida del muerto quedaba enlazada al cadáver. En Esparta, donde los enterramientos se hacían en la misma ciudad, se consideraba como una especie de iniciación de los soldados más jóvenes medir su valor  paseando solos entre las tumbas. Por otra parte, la figura de Hécate se le consideraba como la diosa de las ánimas de los difuntos y se trató de seducirla con ofrendas para que impidiera las apariciones de los fantasmas. Según la leyenda, durante la noche Hécate se paseaba por los sepulcros en figura horrible acompañada de un cortejo de ánimas y del aullido de los perros.

También, durante el festival conocido como Antesteria, las Keres eran ahuyentadas. Sus equivalentes romanas eran Letum (muerte) o Tenebrae (sombras).
El festival tenía lugar en primavera, durante el undécimo, duodécimo y decimotercer día del mes de Antesterio. Estaba dedicado a Dioniso y recibía su nombre de la floración de los zarcillos de las viñas. La frase: “Fuera de aquí, Keres, las Antesterias han terminado” surgió como fórmula para alejar a los espíritus de los muertos, que aparecían durante las celebraciones. Según las fuentes eruditas, el día comenzaba con la masticación de hojas de espino cerval, una planta de sabor bastante desagradable, que tenía las propiedades de detener a los fantasmas.

Obra de referencia:

Enlaces de interés sobre el tema:

  1. La muerte de Sarpedón
  2. Hipno y Tánato
  3. Hermes, guía de las almas difuntas
  4. Hécate
  5. Los ritos funerarios
  6. ¿Zombis en la antigua Grecia?
  7. Las Keres

 

 

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La iniciación en el culto contra el miedo a la muerte

“Llegué hasta la línea divisoria que separa la vida de la muerte. En el inframundo traspasé el umbral de Perséfone, y después de haber viajado a través de todos los elementos, emprendí de nuevo el regreso”.

Este texto tiene más de dos mil años de antigüedad y procede de un hombre anónimo que había sido iniciado en los antiguos cultos mistéricos, reservados únicamente a los iniciados, un círculo muy elitista. El hombre creía que iniciándose en los misterios participaría del poder divino y podría sacar provecho de ello en la vida después de la muerte. Todos los que no hubieran experimentado una iniciación a través de los misterios, estarían destinados al Hades.

Lo que les sucedía en la iniciación era una vivencia simbólica o ritual de la muerte. Ésta tenía que ver con la oscuridad, el recogimiento y con un retiro completo,  así que los sacerdotes escenificaban hábilmente la “vivencia”. Los creyentes entendían esta escenificación como su propia salvación tan pronto como se produjera su muerte real. El objetivo es que seguirían existiendo en el más allá, de manera consciente, y no como una sombra, un espectro.

En la antigüedad se originaron diferentes cultos mistéricos, como los Misterios eleusinos en Grecia, explicados en Animasmundi en el siguiente enlace: Misterios

El objetivo de la iniciación era adquirir unos conocimientos secretos. Estos conocimientos capacitaban al que participaba de los misterios para distinguir en profundidad lo divino de lo humano, lo terrenal de lo ultraterrenal pero, además, lo capacitaban para que perdiera el miedo a la muerte. En definitiva, al iniciado se le presentaba un camino mejor que al resto de los mortales.

Deméter

Deméter

La iniciación tenía lugar fundamentalmente porque la vida del individuo se hallaba ligada a la de los dioses. Por ejemplo, Deméter se lamentaba porque su hija Perséfone había sido raptada por Hades, dios de la muerte, así, de esta manera, el hombre reconocía en esto que los seres sobrenaturales tenían sentimientos similares a los suyos. De este modo se estrechó el vínculo entre dios y hombre por lo que los hombres se sentían unidos a su dios por encima de su propia muerte. El dios sobre el que se había experimentado en la iniciación se situaba en un plano humano; la persona iniciada se sentía emparentada a este dios en el luto, en el dolor y en el miedo. Esta relación estrecha la experimentaban exclusivamente los iniciados en los cultos mistéricos.

A quien no hubiera sido iniciado le aguardaría otro destino lleno de horrores y peligros. Estar muerto significaba tener que vegetar por toda la eternidad como una sombra.

“ Que la iniciación te permita a ti, hombre, perdurar en el tiempo más allá de la propia muerte. Sin embargo, todos los que no hayan sido iniciados, deberán permanecer hundidos en el fango eternamente filtrando agua con una criba. (…) Los no iniciados no pasan por el filtro y son eliminados. A continuación, serán aniquilados por los demonios guardianes de puertas”.

La iniciación en los cultos mistéricos debía de ser sin duda una vivencia única, especial y penetrante. Se cree que al iniciado le aplicaban determinadas técnicas para alcanzar el éxtais, que le provocaban estados psíquicos hasta entonces nunca experimentados. El éxtasis lo capacitaba para una percepción sobrenatural. En ese estado, el iniciado podía verse cara a cara frente a Deméter. Esta experiencia era percibida como algo completamente real por los iniciados.

Deméter era experimentada del siguiente modo: el hombre embargado por el éxtasis dice: “Yo soy ceniza, la ceniza es tierra, la tierra es una diosa, entonces no estoy muerto”.  La cercanía de la diosa sería felizmente percibida en ese momento. Después el iniciado continuaba: “He entrado en el castillo de la diosa del inframundo”. Él sabía que de estas entrañas brotaría una vida nueva, pues vida y muerte van de la mano. De esta manera, cada iniciado, a través de esta experiencia, se libraría del miedo a la muerte.

Enlaces de interés:

  1. Eleusis
  2. Los Misterios

 

 

 

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La percepción del más allá en el pensamiento griego

Los griegos creían que los dioses influían en todos los aspectos de la existencia; en los cielos, sobre la tierra y en el inframundo Los focos iluminan el templo de Poseidón, dios del mar, en el cabo Sunion, Grecia. Vincent J. Musi, Yacimiento Arqueológico de Sunion Fuente: Caroline Alexander | NATIONAL GEOGRAPHIC 5 de septiembre […]

a través de Dioses, misterios, oráculos… El Más Allá en la antigua Grecia — La túnica de Neso

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