Viaje a Grecia: Eleusis

La religión griega ha sido siempre algo hasta cierto punto familiar, pero está lejos de ser fácil de conocer y comprender. Aparentemente natural y sin embargo atávicamente extraña, al mismo tiempo refinada y bárbara, se ha tomado una y otra vez como guía en la búsqueda del origen de cualquier tipo de religión. Pero como fenómeno histórico es única e irrepetible y es en sí misma producto de una complicada prehistoria. (Walter Burkert)
Walter Burkert resume, en cierto modo, las impresiones de lo que ha sido mi viaje por Grecia. Del mismo modo que el viento siempre sopla a nuestro alrededor, la religión era para el griego el aire que respirar. Estar in situ en algunos de los yacimientos arqueológicos más representativos de la Grecia antigua ha sido una experiencia interiormente transformadora, única e irrepetible. Al pisar por primera vez suelo helénico se te abre dentro de ti una nueva ventana que va más allá de tus lecturas y reflexiones, va más allá de lo aprendido en el mundo académico, mucho más, incluso, de mis experiencias de vida.
La religión brota con fuerza en cada santuario, es el motor de la sociedad griega, es la luz que impregna los recodos de la naturaleza, es el manantial donde saciar la sed interior. En el resplandor natural de cada paisaje, de cada vestigio antiguo, están las huellas imperecederas de la religión. Contemplar este fenómeno es tan fascinante como extraño, pues las sensaciones se mezclan como una paleta de colores que nos hace ver que hay muchas más multiplicidades a nuestro alrededor de la que creemos y nuestra única finalidad es aprehenderlas para entender la base de nuestra civilización y de qué manera se articulaba la religión dentro de la sociedad griega.
Para conectar con la Unidad, primero hay que entender la multiplicidad de las cosas. Después de conocer y entender la multiplicidad, se llega a alcanzar y captar el misterio de las cosas en su identidad única, pero hay que saber desprenderse a su vez de dicha multiplicidad, pues cuando se observa la naturaleza con plena ecuanimidad es cuando regresamos a nuestra naturaleza original. Si te sales de este marco de referencia, es imposible conocer y comprender el mundo griego. Por eso, mencionar Eleusis es precisamente un ejemplo de esta hojarasca religiosa que de la que debemos desprendernos, cuidadosamente, para así poder captar el misterio de su naturaleza original. Para introduciros en el mundo de Eleusis, os remito el siguiente enlace de Animasmundi, fundamental, para entender el paso de la multiplicidad hacia la Unidad. Enlace: Eleusis

En Ática, el corazón arcaico de Grecia, he recorrido y contemplado el arcano santuario de los Misterios en Eleusis, epicentro espiritual ateniense más conocido dentro de la religiosidad de la antigua Grecia. Su ritualidad está plagada de preguntas y dudas sin resolver, debido a la naturaleza hermética y secreta que tenía el culto, solamente visible para los iniciados. Como tal, los misterios estaban totalmente al margen de la religiosidad popular y opuestos, por tanto, a lo que se conoce como religión pública griega. Por lo tanto, los Misterios Mayores de Eleusis son un culto secreto en el que sólo podían participar las personas que se preparaban mediante un ritual iniciático, totalmente diferente de la religión oficial o política, donde participaban todos los ciudadanos atenienses. En el caso de Eleusis era diferente.
Cuando uno se iniciaba en los Misterios Mayores había que acercarse a ellos con gran respeto, pues vienen a ser como las ideas puras, originarias, primigenias, el alma de todo lo que nos rodea, como Platón bien atestiguó. Así pues, mi camino hacia Eleusis empezó desde Atenas con un interrogante: ¿Por qué se teme a la muerte?
En Eleusis, a través de los Misterios Mayores, la única finalidad era la apertura de un mundo suprasensible donde tu alma conectaba directamente con el dios del Hades y su compañera Perséfone.
Para empezar a comprender el mito etiológico de estas iniciaciones, hay que recurrir al Himno Homérico a Deméter. Enlace: Himno Deméter.

En el Himno Homérico se expresa con claridad la bienaventuranza para el iniciado y la cuestión de estos misterios que, principalmente, ofrecen a sus acólitos la esperanza de una vida existencial mejor. Era muy importante realizar un descenso interior espiritual para conectar con las fuerzas sutiles de los planos metafísicos. Sin embargo, para descender a nuestras moradas internas era necesario recorrer un camino tortuoso, angosto, de sombras y peligros. Así se llevó a cabo la vuelta de nuevo a la vida de Perséfone, al mundo superior, con la ayuda de Hermes, Hécate y la propia Deméter. Otro ejemplo que ilustra la importancia de estos Misterios y que tuvo una rimbombancia mitológica y, a la vez, social-religiosa fue cuando Heracles tuvo que iniciarse en los misterios de Eleusis antes de comenzar sus doce trabajos y, concretamente, para emprender la captura de Cerbero. Así, Heracles se inicia en los misterios para entrar, precisamente, en el Hades y traer al mundo de los vivos al perro de tres cabezas. Heracles obtuvo respuestas sobre el Más Allá y le garantizaba a su vez un trato privilegiado por parte de Perséfone, con el fin de alcanzar la sabiduría y la eternidad. El descenso a la morada infernal también lo recorrieron otros héroes como Orfeo y Ulises. Cada uno de ellos, tuvo que prepararse para realizar unos trabajos específicos y diferentes, pero con una misma finalidad: la búsqueda de la sabiduría. Para ampliar información sobre Orfeo y Ulises os remito a los siguientes enlaces: Orfismo, Orfeo y Ulises.
Estamos equivocados si pensamos que la verdadera lucha es solamente externa, con el oleaje de la vida azotándonos cada día, siendo esclavos de la sociedad en la que vivimos. La verdadera lucha está en el campo de batalla de nuestro mundo interior, ésta es la gran guerra; la externa es sólo una pequeña batalla. Por eso, el hombre griego sabía que era más importante ganar la guerra interior que perder varias batallas relacionadas con las vicisitudes de la vida terrenal. En suma, la victoria interior te daba la eternidad, te abría una aurora interior hacia lo infinito, hacia la sabiduría. Este era el mensaje sublime de Eleusis.
Si escudriñamos las civilizaciones del mundo antiguo todas se han cuestionado por el destino, por el Más Allá, por la muerte, por la vida y es en Eleusis donde tienes la oportunidad de consagrarte no solo espiritualmente, a través de sus ritos, sino también de disipar tus dudas existenciales. Por lo tanto, una de las finalidades era la de mitigar el miedo a la muerte. A través de unos relatos sagrados, unas apariciones de luz acompañadas de olores de pétalos, de fragancias de la naturaleza, experimentabas una “muerte virtual” de ti mismo y un nuevo renacer espiritual donde ya no le tendrías miedo a la muerte. ¿Qué simboliza la muerte para el ser humano?
La experiencia del cambio es equivalente a la de la pérdida. El hombre levanta muros, construye sueños, aspira a todo tipo de creencias y de fantasías, con el fin de asegurar el futuro, la estabilidad de una vida feliz y completa. Pero cuando uno se iniciaba en los misterios eleusinos, el camino era otro muy diferente, pues el verdadero camino era la Vía interna, con la cristalización de un nuevo “despertar” como única aspiración.
Los antiguos sabios estaban establecidos en la certidumbre y no tenían que convencer a toda costa a los demás de sus convicciones. Sócrates dijo “Yo sé que no sé nada”. Él era consciente de lo que no sabe, pero permanecía unificado y apacible en un clima de certidumbre inquebrantable. La enseñanza de Sócrates es simple: no busquemos la certidumbre mientras todavía nos asalten las dudas. Hay que superar las dudas, despejar las incógnitas, una tras de otra, superar nuestras barreras mentales y nuestros miedos y, de esta manera, no quedará más que la certidumbre. La certidumbre es un estado de ser estable. Éstos eran los nobles propósitos de Eleusis.
Transitar por Eleusis, para mí, fue como atravesar un puente hacia otro mundo, pues entendí que la verdadera libertad y la búsqueda de la felicidad están estrechamente relacionadas con abandonar el ayer, el mañana y el hoy, para terminar, surcando la otra cara de la orilla más allá de la vida y de la muerte, pues, realmente, no hay fronteras entre este mundo y el más allá, tal como pensamos. Finalmente, ¡eres libre!
La iniciación no se podía detallar, pues era secreta, pero digamos que cuando alcanzabas el pico más alto de la montaña, de repente, llegabas a ver tu alma separada del cuerpo, de la mente y de tus emociones, donde no existían el presente, el futuro y el pasado, pues rompías la atadura de tu cuerpo en varias fases. No es de extrañar que Sócrates, abocado al suicidio, planteaba que no tenía miedo a la muerte, pues había conocido la agonía liberadora. Empédocles dudaba que la muerte y el nacimiento tengan unos límites que los hombres habían trazado con propósito.
Así que los Misterios Mayores te marcaban interiormente, pues te facultaban un don especial para ver el final de la vida, el principio dado por Zeus, la idea de conocimiento, pues era también una experiencia visual, una visión metafísica durante el transcurso de las iniciaciones que infundía el verdadero valor de la vida y de la muerte. Todos los conocimientos y la experiencia espiritual no se desvelaban a oídos profanos, pero si tengo que enfatizar que el iniciado tenía contacto directo con las potestades del mundo del Más Allá, y poseía el mapa cósmico (Sabiduría) que había de trazar en esta vida terrenal y también después de la muerte.
En cuanto al miedo a la muerte, también se reflejaba en los héroes griegos la valentía que encara la muerte con paz y armonía, otorgándole un estatus y unas prerrogativas especiales.
En síntesis, Eleusis es un foco espiritual que atrajo la atención de toda Grecia, un lugar de peregrinación durante toda la antigüedad. Deméter, entre cuyos atributos están la espiga, el narciso y la adormidera, además de las antorchas y una serpiente, es la diosa generadora de estos misterios. Por otra parte, las dos castas sacerdotales (los Cérices y los Eumólpidas) fueron los primeros linajes de los Misterios de Eleusis. Dichos misterios se celebraron anualmente durante unos dos mil años. Entre los iniciados también hubo personalidades influyentes como Sócrates, Platón, Aristóteles, Sófocles, Plutarco o Marco Aurelio, entre otros.
Platón comenta sobre estos misterios en su diálogo Fedón acerca de la inmortalidad del alma, asegurando que “nuestros misterios tenían un significado muy real: aquél que fuese purificado e iniciado viviría junto a los dioses”.
Joshua J. Mark apunta que Plutarco, también un iniciado, escribía al respecto que “a causa de estas devotas y sagradas promesas dadas en los misterios […] nos adherimos firmemente a la verdad incuestionable de que nuestra alma es incorruptible e inmortal”, añadiendo a continuación que “cuando un hombre muere es como aquellos que han sido iniciados en los misterios. Toda nuestra vida es una travesía por caminos tortuosos sin salida.”

Sófocles se inició en ellos:
“Tres veces son felices los mortales que, habiendo contemplado estos ritos, parten para el Hades, pues sólo a ellos les es dado poseer allí una vida verdadera.”
Sófocles marca el carácter del iniciado, pues sólo aquel que poseía un alma receptiva y con espíritu noble recibía esas energías inconmensurables que hacían posible una rearmonización interior en sus cuerpos sutiles que, a su vez, también repercutían en su cuerpo físico, además del despertar espiritual que he mencionado en párrafos anteriores. Pero no todos podían recibir un milagro, aun siendo auténtico el santuario y beneficiosos sus influjos.
El auténtico iniciado se construía desde el interior, pero el lugar sacro donde se celebraban los rituales era en la sala conocida como el Telesterion.
No es de extrañarnos que los Misterios de Eleusis estuvieran vigente durante más de dos mil años y que marcaron una huella en la sociedad griega, pues el hombre está llamado a conectar su naturaleza divina con las leyes naturales del Universo, de los designios divinos de evolución y de los métodos de despertar espiritual e iniciático, hasta alcanzar la ascesis mística. Al fin y al cabo, el Sendero del hombre que ha de hollar es el de superar la condición de su finitud y conquistar lo Eterno.
Grecia, cuna del más puro misticismo, transmitía las doctrinas esotéricas o mistéricas que velaban secretamente el verdadero sentido y significado de la sabiduría divina revelada (sophia) con sus órdenes iniciáticas, pero solo unos pocos estaban preparados para recibirlas.
Los Misterios Eleusinos alcanzaron rápidamente la categoría de culto mistérico más importante y con mayor afluencia de devotos del mundo de habla griega, una posición que mantuvo a lo largo de toda la antigüedad hasta que el emperador Teodosio decretó edictos contra los cultos mistéricos a finales del siglo IV d. C.
Finalmente, el emperador Claudio quiso trasladar el santuario a Roma y el emperador Teodosio I ordenó el cierre del santuario, hasta que, definitivamente, Alarico lo devastó en el año 395 de nuestra Era.

Desde Eleusis a su Museo Arqueológico, fui recorriendo cada uno de sus rincones. A continuación, haré una breve descripción de los enclaves más interesantes:

Imagen 1 (Museo Arqueológico Eleusis)

En la imagen 1 se representa en un relieve del siglo V a.C. a Triptólemo que está entre Deméter y Perséfone. Triptólemo (semidiós) aprendió los secretos de la agricultura de Démeter. De Perséfone asimiló los misterios eleusinos y gracias a estos conocimientos se convirtió en unos de los sacerdotes originales de Eleusis.

Imagen 2 (Museo Arqueológico Eleusis)

En la imagen 2, los cereales, el trigo y la antorcha son los símbolos más destacados relacionados con los misterios. Deméter y Perséfone simbolizan la vida, la muerte y la inmortalidad. Estos símbolos daban al iniciado confianza para afrontar la muerte y la promesa de la dicha en los oscuros dominios de Hades. Los iniciados estaban obligados a pasar primero por la fase preliminar del ritual, la purificación prescrita por Deméter.

Imagen 3. Yacimiento arqueológico de Eleusis, al fondo se observa el golfo de Egina

En la imagen 3 se observa el Telesterion. Fuera lo que fuera lo que ocurría en el Telesterion, los que entraban en él, salían a la mañana siguiente radicalmente transformados y estaba totalmente prohibido pormenorizar el protocolo que se seguía durante las iniciaciones.
Los misterios eleusinos celebraban el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra. Perséfone había comido semillas de granada que simbolizan la vida aún por renacer mientras estuvo en el inframundo y su renacimiento es un símbolo del renacimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y de toda la vida sobre la tierra.

 

Imagen 4

En la imagen 4 observamos el acceso al Hades, según los órficos. En uno de los himnos órfico, el dedicado a Hades, se nombra a Eleusis como la ciudad donde están las puertas de Hades.

Imagen 5

Según el mito, y como se narra en el himno homérico, Deméter, diosa de la agricultura, se detuvo en Eleusis para descansar cuando viajaba en busca de su hija Perséfone, raptada por Hades. En la imagen 5, Deméter se disfrazó de anciana y se sentó en esa roca. Llega a Eleusis disfrazada de anciana campesina y es encontrada por unos jóvenes y termina siendo aceptada en casa del rey Céleo y su esposa Metanira. Allí se encargará de ser la nodriza de un hijo recién nacido, Demofonte, quien tenía problemas de salud. Para ampliar el mito, os emplazo al siguiente enlace: Mito Demofonte.

Deméter mandó a edificar un templo y un altar en su honor. Tras la alegría del reencuentro de la diosa con su hija Perséfone, Deméter dio instrucciones de cómo llevar a cabo sus ritos. El culto de Eleusis, según el mito, habría sido enseñado directamente por la propia diosa Deméter.

Según E. Rohde, “sólo a los iniciados les ha sido concedido vivir en el Hades una vida verdadera; al resto de los hombres no les esperan más que males infinitos”. Como bien atestigua el filólogo y helenista alemán, “en Eleusis no se adquirió la convicción sobre la inmortalidad del alma como tal, de acuerdo con su propia naturaleza, lo que se aprende en Eleusis no es que las almas viven cuando se separan del cuerpo, sino cómo será ese vivir”.

Imagen 6

La Via Sacra, que comenzaba en la Puerta Dipylon y llegaba hasta la puerta del templo, era recorrida por los iniciados que tomaban parte en las ceremonias de los Misterios. Se conservan todavía los restos de las diferentes partes del Telesterion, la sala rectangular donde tenían lugar los Misterios, así como sectores del recinto del santuario que datan de diferentes épocas griegas y romanas.
El Telesterion (imagen 6) era una sala rectangular, casi cuadrada, con asientos a lo largo de sus muros, y con el techo soportado por una serie de columnas levantadas en las intersecciones de unas imaginarias líneas paralelas a los cuatro lados. Como clímax en las ceremonias de Eleusis, los iniciados entraban al Telesterion, se les mostraban las sagradas reliquias de Demeter y las sacerdotisas revelaban las visiones obtenidas durante la noche sacra-espiritual.

 

Imagen 7

En la imagen 7 se contempla el “Lugar de Plutón” o denominado Plutonion, santuario dedicado a Plutón, más conocido por Hades, como nombre más antiguo. Dicho santuario está cerca al recinto sangrado denominado temenos. Fue contruido por Pisístrato en el siglo VI a.C.

Imagen 8

En la imagen 8 nos encontramos en el Museo Arqueológico de Eleusis, actual Elefsina, la estatua de Heracles. Heracles se inició en los misterios eleusinos, tal como hemos explicado en párrafos anteriores.

Próximo post: Micenas.

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Viaje a Grecia: origen de nuestra civilización

El Templo de Apolo en Corinto

Cuando uno viaja a Grecia para ver in situ algunos de los yacimientos arqueológicos más representativos y hermosos de la Grecia antigua resulta desconsolador comprobar como enclaves tan simbólicos y significativos de nuestra civilización han quedado debilitados y esqueléticos por la invasión de otras culturas y de otras religiones. También, hay que añadir la dejadez humana y las heridas del tiempo que merman algunos restos arqueológicos imposibles de restaurar, como es el caso de Esparta.

En esta introducción, sin embargo, quiero expresar a los lectores que, a pesar de los distintos estados de los yacimientos, he disfrutado descubriendo la belleza más allá de los contornos físicos, contemplando los paisajes naturales más espectaculares, soberbios y melancólicos del mundo griego. Más allá de los vetustos y deteriorados yacimientos nunca tenemos que olvidar nuestros orígenes a pesar  del mundo materialista y decadente actual. Tenemos, pues, la tarea ardua de buscar dentro de nosotros el espíritu primigenio, la semilla de una civilización donde la unidad y la profundidad de su cultura se lo debemos a los griegos que, precisamente,  sentaron las bases espirituales, ideológicas y formales de toda la civilización occidental. Como bien dijo Gabriele D´Annunzio: “para todo pueblo de noble origen la cultura es la más luminosa de las armas de largo alcance, la cultura es más que un arma: es una fuerza indomable, como el derecho y la fe”.

Cuando uno recorre los enclaves más importantes de Grecia, en cada uno de sus santuarios, en cada expresión artística, no deja de asombrarse con todas y en cada una de sus manifestaciones, pues el pueblo griego ha marcado una huella tan profunda que hoy día sigue maravillando, pues lo original es lo más real, auténtico y cercano que podemos encontrar de nosotros mismos.

La búsqueda de la esencia del universo, las leyes del cosmos, la voluntad de representar no sólo la forma exterior de la realidad, sino de expresar los valores filosóficos, éticos, morales, espirituales, incluso, llegando al misticismo,  eran los pilares que sustentaban la sociedad griega. A todo esto hay que añadir los conocimientos exhaustivos que tenían sobre matemáticas, geometría, astrología,  teatro, literatura, resaltando en cada área el nacimiento, el devenir y el destino del hombre. Grecia es nuestra cuna, no lo olvidemos jamás, son nuestras raíces y nuestra cultura matriz.

Más allá de los espacios temporales , el arte cumple con una máxima sublime: la elaboración de un lenguaje artístico perfectamente relacionado con su mundo interior y que expresa las formas y el ideal pertenecientes al Ser, marcando un nivel no sólo de primera clase sino también universal.  Pongamos el ejemplo del arte “geométrico” (siglos X-VIII a.C.) que nace, precisamente, de una nueva mentalidad y de una nueva actitud del hombre frente a la naturaleza, ya no vista como un universo a representar, sino como una realidad infinita y compleja en la cual el hombre griego reconoce la esencia y las leyes ordenadoras internas, sin dejarse enmarañar por las formas aparentes, variables y circunstanciales del mundo externo.

Viajar por el Peloponeso es sinónimo de esencia, raíz, alma inagotable, fuente, origen, nacimiento, esplendor, belleza… La antigua civilización griega nos mantiene en un estado hipnótico y tiene un poder mágico-sacro que todavía aún ejerce de manera intacta sobre las generaciones actuales. Sólo hay que ver la demanda turística que tiene el país heleno que cada día visitan para ver los antiguos vestigios y los museos arqueológicos que hay en cada yacimiento.  Viajar, en definitiva, a Grecia, es viajar a nuestra cuna, con una añoranza del esplendor, de la plenitud, de la belleza y del mundo Tradicional. Para mí,  recorrer las más hermosas ciudades y santuarios de antaño ha sido sentir en mi interior una luz perenne que hoy día, en los tiempos modernos en el que vivimos, jamás brotaría con tanta fuerza y sensibilidad.

Atenas, Eleusis, Corinto, Micenas, Epidauro, Nauplia, Tirinto, Esparta, Mesenia, Bassae, Olimpia, Delfos y el paso de las Termópilas han sido mi estaciones de penitencia espiritual. Y tal como dijo Tales de Mileto: “todo está lleno de dioses”. Ahora, más que nunca, entiendo sus palabras, pues a pesar de la estética de los yacimientos aún hay vida, esplendor, belleza e inmortalidad en todos ellos.

En los próximos posts haré una lectura íntima y fuera de los contornos físicos de cada yacimiento arqueológico destacando los valores que en este blog llevo varios años ensalzando: la religiosidad griega, la filosofía, la ética, la moral y los mitos. No obstante, haré otras lecturas que considero interesantes de comentar, como pueden ser algún monumento, una escultura en particular o una cerámica conmemorativa sobre una escena de la vida cotidiana.

BIENVENIDOS AL MUNDO GRIEGO: PRÓXIMA ESTACIÓN, ELEUISIS

 

 

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¡Nos vamos a Grecia!

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¡En este mes de julio voy a cumplir un sueño: viajar a Grecia, cuna de nuestra civilización occidental! El periplo es el siguiente: Atenas, punto de partida, donde contemplaré la Acrópolis y los museos de la capital más representativos de la civilización griega. Después, iré a Eleusis, cuna del misticismo griego y muy conocida por ser la ciudad natal de Esquilo. Será en Eleusis donde me iniciaré en los misterios mayores eleusinos, con el beneplácito de las diosas Deméter y Perséfone. Después, visitaré Corinto, una de las más famosas ciudades griegas de la antigüedad; Micenas, la ciudad de Agamenón, rey que dirigió la expedición aquea contra Troya; Tirinto, otro enclave fundamental del periodo micénico; Nauplia, el puerto de Argos; Epidauro, con su majestuoso y famoso teatro donde se acogió el festival de las Asclepias; Esparta, la cuna de Leónidas; Mesenia, con su teatro griego; Andritsena, con su imponente templo de Apolo; Olimpia, para visitar el Templo de Hera y el famoso estadio, sede de los primeros Juegos Olímpicos, taller de Fidias y el museo arqueológico de Olimpia; Delfos, lugar sagrado para la consulta de su oráculo, pues realizaremos un ritual de purificación en la Fuente de Castalia y contemplaremos el templo de Apolo. También se visitará el teatro, el estadio, donde se celebraban los Juegos Píticos, el templo de Atenea Pronaia y, desde luego, se visitará el Museo Arqueológico; las Termópilas, un enclave importante donde los griegos combatieron a los persas durante las Guerras Médicas y, por supuesto, rendiremos un especial tributo a Leónidas, con el monumento dedicado a él y a sus 300 espartanos. En definitiva, un viaje especial para tender un puente entre el mundo griego y el nuestro, para reencontrarnos con nuestras raíces.

No es solamente un recorrido arqueológico y cultural, pues para mi es un viaje interior, una consagración espiritual, pues comprender el posicionamiento del hombre en el universo, su relación directa con la divinidad, el contacto con seres sobrenaturales y, sin declinar, la respuesta del más allá, es y será el eje de este apasionante viaje. Considero fundamental volver la mirada hacia atrás para ahondar en nuestra huella original y recuperar los vestigios filosóficos y espirituales abandonados en nuestra era moderna. En suma, un viaje que llevaba muchos años en mi mente pero que nunca se presentó la oportunidad. Os recuerdo que en la antigua Grecia era muy común la búsqueda de la purificación del alma, la idea del cuidado del alma, por eso este viaje representa mucho para mí. A partir del mes de agosto mis entradas en este blog serán exclusivamente relacionadas con el viaje. ¡ Os veo muy pronto y felices vacaciones!

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Citas célebres de Homero

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Homero

  • Ningún hombre o mujer nacido, cobarde o valiente, puede eludir su destino.
  • La vida es en gran medida una cuestión de expectativas.
  • De todas las criaturas que respiran y se mueven sobre la tierra, no hay nada que sea más agonizante que el hombre.
  • Las palabras vacías son malvadas.
  • La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil.
  • Odio a ese hombre que esconde una cosa en su corazón y habla otra.
  • Su descenso fue como la caída de la noche.
  • Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga.
  • Si sirves a muchos maestros, pronto sufrirás.
  • El sueño es el hermano gemelo de la muerte.
  • Incluso las penas son una alegría para alguien que recuerda todo lo que forjó y soportó.
  • Fuera de la vista, fuera de la mente.
  • Por las buenas o por las malas, este peligro también será algo que recordaremos.
  • ¿No es sagrado, incluso para los dioses, el hombre errante que viene cansado?
  • Hay un tiempo para muchas palabras, y también hay un tiempo para dormir.
  • No sé lo que depara el futuro, pero sé quién tiene el futuro en sus manos.
  • Un hombre que ha pasado por experiencias amargas y ha viajado lejos, disfruta incluso de sus sufrimientos después de un tiempo.                    Imagen relacionada
  • Un amigo con un corazón comprensivo no vale menos que un hermano.
  • Demasiados reyes pueden arruinar un ejército.
  • Una pequeña roca retiene una gran ola.
  • El esclavo pierde la mitad de su alma cuando entra en servidumbre.
  • No hay mayor fama para un hombre que la que él gana con el trabajo de sus pies o la destreza de sus manos.
  • No sigas cantando este amargo cuento que desgasta mi corazón.
  • Incluso un tonto aprende algo una vez que lo golpea.
  • Sé fuerte, dice mi corazón; soy un soldado; he visto peores lugares que este.
  • Permítanme no morir sin gloria y sin lucha, pero permítanme primero hacer algo grande que se contará entre los hombres en el más allá.
  • No envidies la riqueza del prójimo.
  • El vino puede engañar el ingenio del sabio, pero hacer que el sabio se divierta.
  • Los inmortales nunca son ajenos el uno al otro.
  • Pocos hijos son como sus padres; la mayoría son peores, algunos mejores.
  • Las almas generosas son dóciles.
  • Él sabía cómo decir muchas cosas falsas que eran como verdaderos dichos.
  • Ni el hombre más bravo puede luchar más allá de lo que le permiten sus fuerzas.
  • ¡Cuán propensos a dudar, cuán cautos son los sabios!
  • La desgracia no es tan grande como para morir por un amigo, como para encontrar un amigo por el que valga la pena morir.
  • No digas una palabra a favor de la muerte; prefiero ser un siervo pagado en la casa de un pobre y estar por encima del suelo, que el rey de reyes entre los muertos.
  • La caridad que es insignificante para nosotros puede ser preciosa para los demás.
  • Ni el hombre más bravo puede luchar más allá de lo que le permiten sus fuerzas.
  • Nosotros los hombres somos miserables.
  • ¡Cuán tedioso es un cuento contado de nuevo!
  • Le corresponde a un padre ser intachable si espera que su hijo lo sea.
  • Zeus no presta su ayuda a los embusteros.
  • No hay mejor aguijón que la necesidad.
  • Los mares rugientes y muchas montañas oscuras se encuentran entre nosotros.
  • La raza de los hombres es como la de las hojas: cuando una generación florece, la otra decae.
  • ¡No mentí! ¡Acabo de crear ficción con mi boca!
  • Todo hombre sabio ama a la esposa que ha elegido.
  • Cualquier momento puede ser el último. Todo es más hermoso porque estamos condenados. Nunca serás más adorable de lo que eres ahora. Nunca vamos a estar aquí de nuevo.
  • Ah, qué descarado, la forma en que estos mortales culpan a los dioses. De nosotros solos, dicen que vienen todas sus miserias, pero ellos mismos con sus propias maneras imprudentes agravan sus dolores más allá de lo que les corresponde.
  • Los excelsos regalos de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni pueden hacer ceder a sus fuerzas.
  • Cada hombre se deleita en el trabajo que más le conviene.
  • Algunas cosas pensarás de ti mismo,… algunas cosas que Dios te pondrá en la mente.
  • Nadie puede apresurarme a ir a Hades antes de mi tiempo, pero si llega la hora de un hombre, sea él valiente o sea cobarde, no tendrá escapatoria.
  • La espada misma incita a actos de violencia.
  • Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y bailar que de hacer la guerra.
  • Aunque en la casa de Hades los muertos se olvidan de sus muertos, aun así tendré en cuenta a mi querido camarada.

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Sátiros y Ménades

Los Sátiros y los Ménades eran seguidores de Dioniso. Los sátiros tenían una parte de hombres y otra parte de jabalíes (con pezuñas y orejas puntiagudas) y tenían cola de caballo. Eran criaturas horribles, retorcidas y amantes del vino, a las que solía representar en continua excitación sexual, acosando a Ninfas y Ménades. Su lujuria era extrema, y una de las funciones de la representación de los Sátiros era la de definir los límites de la conducta masculina. A diferencia de los Sátiros, según el mito, el hombre griego debería mostrar sentimientos moderados en su búsqueda de placer, tal como decía la máxima griega “Nada en exceso”. Nada en exceso invita a los hombres a encontrar su justa medida en el orden cósmico para protegerse de la hybrisese arquetipo de la falta de sabiduría, esa vanidad o esa desmesura que desafía a los dioses y, a través de ellos, al orden cósmico, pues todo es uno.

Sátiro portando una columna. (Wikipedia)

Según Vernant ( Mito y pensamiento en la Grecia antigua) afirma que la religión de Dionisio aporta a los fieles  una experiencia religiosa contraria del culto oficial: no ya la sacralización de un orden al cual es preciso integrarse, sino la emancipación de este orden, la liberación de las sujeciones que supone en algunos aspectos. El culto cívico se sujeta a un ideal de armonía y  de control, de dominio de sí, ocupando cada ser su puesto dentro de los límites que le son asignados. Lo dionisiaco aparece por el contrario como un culto del delirio y de la locura

El arte solía retratar con frecuencia a los Sátiros y también eran objeto de obras satíricas en Atenas, comedias desenfrenadas que en los festivales teatrales se representaban normalmente tras una trilogía trágica.

Algunas tradiciones consideran a Sileno padre de la tribu de los sátiros. Los tres mayores de estos, llamados Marón, Leneo y Astreo, eran iguales a su padre, y por ellos fueron también conocidos como silenos.

Sátiro y ménade en una vasija en torno al 500 a. C (Wikipedia)

Por otra parte, las Ménades (significa posesión de un dios) eran mujeres inducidas al frenesí religioso por Dioniso, tal como ejemplifica Eurípides en su obra “Las Bacantes”. Las Ménades abandonaban sus hogares y deambulaban frenética por el campo. Cada una de ellas llevaba una vara especial, el tirso. Se habían liberado tanto de las convenciones humanas que desgarraban animales vivos y comían su carne cruda con las manos. Las Ménades, por lo tanto, transgredían el orden masculino a través de la violación a las normas asignadas a las mujeres viéndose incitadas a saltarse las normas cívicas y sus deberes, con el fin de sumergirse en la locura del éxtasis dionisiaco. No era de extrañar que esta corriente asustaba al hombre griego que preferían tener a sus mujeres orando a los dioses y realizando las labores propias de su sexo.

Obras de referencias:

Diccionario de Mitología Clásica 2. Alianza Editorial.

Enciclopedia de Mitología Universal.

Vernant, J. P., Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Editorial Ariel.

 

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Crítica sobre “Troya: La caída de una ciudad”

La serie “Troya: La caída de una ciudad” ha sido una de las apuestas que Netflix ha ofrecido en su plataforma para sus clientes. El proyecto ha sido producido por la prestigiosa cadena inglesa BBC con 8 episodios que gira en torno a la figura de Paris, que descubre su verdadera identidad, a Helena de Esparta y a la caída de Troya.

La serie es una estafa, una sarta de mentiras con un producto de calidad pésimo y de mal gusto. Una serie que deja insatisfechos a los amantes de la cultura griega y en estado de shock a los lectores de Homero. No se la recomiendo a nadie. Para los más puristas, ni intenten de visionarla, pues vuestra sangre ardería en el Tártaro.

Para empezar, han buscado una épica y una presentación con un presupuesto bajísimo, comparado con “Juego de Tronos”, “Roma”, “Vikingos”, entre otras. Por lo tanto, se parte de un presupuesto de segunda línea. Después, no han sido fieles a los textos homéricos, pecando de inexactitudes y de falta de rigor en su presentación. Han envasado la Ilíada con la tendencia modernista de hoy día. Es una serie que está al mismo nivel que la basura cinematográfica de “Troya”, la película de Brad Pitt. En esa película, la figura de Aquiles está tergiversada y manipulada intencionadamente, fiel a los principios de inmundicia de la meca de Hollywood.

Destaquemos los gravísimos errores de la serie:

  • Zeus, Aquiles, Patroclo, Néstor y Eneas son de raza negra. Han “maquillado” a los dioses y héroes y lo han globalizado para que encajen en nuestra sociedad. Lógicamente no me refiero que moleste por temas raciales, sino por las imprecisiones culturales, raciales y mitológicas que suponen estas diversificaciones. Entiendo que hay que vender la serie, a nivel internacional, pero han tocado la “tecla” incorrecta.
  • La homosexualidad de Aquiles y Patroclo, un clásico que empezó en el cine y eso vende mucho, muchísimo. Pero esta vez, en los tiempos modernos que vivimos, han añadido un nuevo elemento, acorde a la tendencia actual: hacer un trío en una playa exótica con Briseida, la esclava de Aquiles. ¿Dónde está entonces la homosexualidad de ambos? Después de que un oráculo obligara a Agamenón a renunciar a Criseida, el rey ordenó a sus heraldos que tomasen a Briseida, esclava de Aquiles como compensación. Aquiles se ofendió por este embargo y, como resultado, se retiró de la batalla, a la que no regresaría hasta la muerte de Patroclo. En cuanto a la orientación sexual, en la obra homérica no existe ninguna mención homosexual entre Aquiles y Patroclo de manera directa, clara y concisa. Los dos héroes tienen una amistad profunda y extremadamente significativa, pero la evidencia de un elemento romántico o sexual es equívoca. La Ilíada describe a ambos héroes como «compañeros de guerra» no sexuales. En el canto IX de la Iliada se presenta a Aquiles y Patroclo durmiendo cada uno con una mujer, Aquiles con Diomeda y Patroclo con Ifis, mujer que, por cierto, el propio Aquiles entregó a Patroclo. ¿Dónde está la homosexualidad?
  • La falta del retrato de cada personaje. No te identificas con ellos, no están bien trabajado a nivel psicológico. Se salva Ulises y el padre de Héctor, Príamo. Es horrible la interpretación de Helena, sin palabras. En general, la interpretación es cutre y no empatizas con ningún personaje.
  • El guion es de segunda mano, una versión para los tiempos decadentes que estamos atravesando, un instrumento desafinado y mal compuesto.
  • Por falta de presupuesto la puesta de escena de los dioses es secundaria, sin actuar de manera directa con los héroes. La relación héroe-dioses es fría, distante y sin aliciente alguno. En la obra homérica la presencia de los dioses es opuesta a la de la serie.
  • Las batallas no son espectaculares, por la falta de presupuesto mencionada anteriormente.
  • La química es inexistente entre Paris y Helena, esa frialdad no se entiende, pero bueno, es normal no se han leído las fuentes originales para crear la serie.

La serie en sí es un castigo para los amantes de la cultura griega, sin tensión, con una dirección a nivel de aficionados, una coctelera llena de mentiras y manipulaciones. Se puede realizar una serie de bajo presupuesto, pero lo más fiel posible. Han sido ocho episodios insoportables, ocho episodios manipulando los textos homéricos.

Desmintiendo los mitos que salen en la serie:

  1. En la serie cuenta que fue Aquiles quien perpetra el asalto a la ciudad de Troya, disfrazado, para hablar con Helena y tejer un plan de conquista en caso de que ella no regrese a Esparta. En las fuentes originales, es Ulises el que se disfraza de mendigo para adentrarse en Troya.
  2. Eetión, padre de Andrómaca, muere a manos de Aquiles, pero los troyanos le hacen una ridícula exequias funeraria con el sacrificio de…¡un caballo! El rito funerario a nivel patriarcal estaba lleno de excesos, no escatimaban en gastos y en sacrificios. Pero, de todas formas, el mito es falso porque en realidad, Aquiles mata a Eetio y es el propio Aquiles quien lo entierra por temor religioso.
  3. Pándaro es un personaje de ficción que sale en la serie, como otros muchos. No voy a entrar en detalles de los múltiples personajes de ficción que no están en el mundo homérico. Otros personajes inventados por la serie: Telémono y Atio. Por lo tanto, todo lo que se relata de la historia de ambos, conectado al ciclo troyano, y relacionado con los episodios de la serie es mentira, lógicamente.
  4. Paris muere en el campo de batalla, pero en la serie muere en sus aposentos a mano de Menelao, bajo la indiferencia y fría mirada de su esposa Helena. El personaje de Paris lo presentan como débil, inseguro, temeroso y propenso al suicidio. Otro invento más de la BBC.
  5. Helena vuelve con Menelao. Abre las puertas de Troya y casi siempre juega a dos bandas en la serie, para darle más emoción e impulso a la trama. La interpretación de Helena es horrible y no es fiel al mito, pues Helena, al morir Paris en el campo de batalla, se casa de nuevo con un hermano de Paris (Deífobo) y lo mata delante de Menelao, por eso, Menelao la perdona.
  6. En cuanto al nacimiento de Alejandro fue Andrómaca, su madre, la que tuvo el sueño revelador de la maldición de su hijo y no Casandra.
  7. La puesta de escena de los dioses es ridícula, distante, sin conexión directa con los héroes de cada bando. En la serie, el mito de la famosa manzana de la discordia es ridículo, una parodia absurda y fuera de lugar. En general, la participación de los dioses nunca es relevante. ¿Qué puede pensar Homero de la serie? Vergüenza. ¿Qué pueden pensar los héroes de la serie? Pensarán que cuando pasen mil años por delante, ellos seguirán reinando las constelaciones y que nadie hablará de esta serie ni de nosotros.
  8. La serie enfoca con luz propia a las amazonas. Destacan con un papel en la serie. Es cierto que en la obra homérica la mencionan, pero no tienen un papel vital como en la serie. Es verdad que cuenta la leyenda que Aquiles tuvo un combate directo con Pentesilea, reina amazona. Pero de este combate, en la obra de Homero no hay rastro alguno. No es una invención de la serie, pues dicho combate se menciona en un poema perdido titulado “Etiópida”, narrando la breve participación de las amazonas en la guerra de Troya, casi un siglo después de la obra homérica. Sobre Etiópida: pinchar aquí.

Aquiles, junto a Zeus. Fuente: hipertextual.com

Vamos a tratar el tema racial con sumo interés, pues he visto en muchos foros que es el tema más conflictivo.

¿Por qué Zeus no puede ser negro? ¿Por qué los héroes de Homero no son negros?

Los rasgos fundamentales de la religiosidad griega fueron propios de todos los pueblos de lengua indoeuropea que nos proporcionaron un arquetipo de su espiritualidad. Si nos remontásemos a Zeus como figura indoeuropea, como el “Padre Celeste”, afortunadamente, podemos encontrar rasgos que nos permiten remontarnos más profundamente al mundo griego, zambullirnos en lo más profundo para alcanzar una originaria religiosidad con sello indoeuropeo. Concretamente, en Grecia, es posible identificar aquellos elementos y atributos espirituales necesarios para comprender la religiosidad indoeuropea en sus picos más elevados. Gracias al pueblo griego se refleja en aguas puras y cristalinas unos de nuestros legados más hermoso, donde podemos contemplar con orgullo y alegría el espíritu primigenio impregnado en sus expresiones más puras.

El estudio sobre la religión micénica (aprox. 1580-1150 a.C.) se basa casi por completo en las excavaciones e investigaciones arqueológicas. Bajo esos resultados, la comunidad científica llegó a la conclusión de que había afinidad entre la religión micénica y la cretense.

Si nos basamos en las tabillas halladas en Pilos, se leen los nombres de los dioses, bien conocidos por nosotros, de la religión posterior de los griegos: Zeus, Hera, Poseidón, Ares, entre otros. La conclusión fue que, a pesar de que el panteón de los dioses del Olimpo no comenzó a crearse en la época micénica, sí existió los primeros vestigios de una estirpe de dioses destacando la presencia de nombres divinos de origen indoeuropeo en el mundo micénico, poniendo de manifiesto que la religión micénica no provenía completamente de la minóica o cretense, aunque sí compartían algunos rasgos comunes. Por lo tanto, el sincretismo de elementos indoeuropeos y micénicos lo tenemos bien atestiguado en algún caso como es el del culto de la Madre Tierra, o el culto a Zeus, con un nombre de claro linaje indoeuropeo y no de procedencia africana.

Otros rasgos fundamentales de dicha semilla indoeuropea de la que Homero es un perfecto canalizador de tradiciones, son las relaciones entre hombres y dioses, pues éstas no eran relaciones incompatibles y dioses y hombres no estaban tan alejados. Como ya sabemos, los dioses son superiores e inmortales, y los hombres de estirpes selectas (Aquiles, Agamenón, Heracles, entre otros) pueden vanagloriarse por su linaje de una afinidad con los dioses. ¿Y por qué esa conexión hombre-dios tan estrecha en el mundo griego? Se basa, fundamentalmente, en que ambos están ligados a los mismos valores, a la verdad y a la virtud, tal como Platón expresa reiteradamente en sus Leyes (X, 889).  Por otra parte, tenemos que destacar que los griegos tuvieron siempre clara la finitud del hombre ante la infinitud de la divinidad, así como la relación de dependencia de los hombres con los seres divinos. Un ejemplo sería el oráculo “Conócete a ti mismo”, inscrito en Delfos, en el Templo de Apolo. O como bien destaca Píndaro en la quinta Oda Ístmica: “no intentes nunca llegar a ser Zeus”. En la serie hay un vacío entre el héroe y los dioses, fiel reflejo de la actual sociedad que ha dado la espalda a lo Sagrado, a lo meramente espiritual.

Del pueblo griego emanaba siempre la herencia de aquellos siglos de historia de cada uno de los pueblos que representaba la gran Hélade, en la que el alma indoeuropea se expresaba en toda su magnitud, queriendo con ello conservar unas tradiciones rica y pura. Un ejemplo ilustrativo sería la nobleza que se plasma en la Procesión de las Panateneas del friso del Partenón. Así, para aprehender la mentalidad originaria de la religión griega era muy necesario inmortalizar sobre el friso del Partenón las tradiciones más arraigadas de un pueblo con sello indoeuropeo, de aquellos verdaderos helenos, llegados desde Europa Central durante el Neolítico y la Edad del Bronce. En otras palabras, desde Homero, Hesíodo, pasando por Píndaro, sin olvidarnos de Esquilo y Sófocles tenían presentes la religiosidad de sus antepasados con el único fin de aprehender el sentido de la vida religiosa indoeuropea.

En los foros en los que se debate sobre el tema racial, he visto que han incluido a los etíopes como claro ejemplo de que hubo héroes de raza negra y que, de algún modo, de ahí se explica la hipótesis de la mezcolanza de raza negra con los aqueos, de esta manera se justifica que la serie no haya visto agravio alguno en destacar a Aquiles o a Patroclo como de raza negra. En primer lugar, la raza negra no componía los pueblos que representaban la gran Hélade, tal como he desarrollado en líneas anteriores, por lo tanto, los dioses no eran negros ni tampoco se mezclaban culturas y etnias de otros pueblos durante la época homérica. En segundo lugar, resulta difícil situar a Etiopía en un enclave geográfico debido a las contradicciones de los textos griegos antiguos, existiendo diversas interpretaciones de donde se hallaba realmente Etiopía según que texto se consulte. Para unos autores Etiopía estaba en Israel, para otros en el Alto Nilo. Así que no podemos divagar con este tipo de inexactitudes. Por otra parte, hay una mención de un rey de Etiopía, Memnón, que cuenta que se alió con los troyanos para la defensa de Troya y que murió a manos de Aquiles, pero dicha muerte se relata en la Etiópida, escrito después de la Ilíada. En la serie, lógicamente, Memnón no aparece, pues es más fácil hablar de  Aquiles, Patroclo, Ulises que de Memnón, personaje menos conocido.

Para cerrar el debate, destaco una célebre frase de Miguel de Cervantes: La historia, testigo de lo pasado, es cosa sagrada, porque ha de ser verdadera.

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Febe, Ceo y Hécate

Febe es, tal y como lo expresa su nombre, portadora de un gran brillo. Por medio del titán Ceo se convierte en madre de Asteria y Leto; sus sobrinos son Apolo y Ártemis. La luz que irradia esta titánide también irrumpe con fuerza de su descendencia. Es la predecesora del oráculo de Delfos, que primero correspondía a Gea y después a la titánide Temis. El oráculo de Delfos estuvo desde un principio custodiado por mujeres. De él se dice que «hasta donde llega la memoria, el oráculo estuvo reservado a mujeres». En un primer momento se anunciaban allí las sentencias de Gea y de sus sucesoras, después las de Apolo por medio de su sacerdotisa. El oráculo titánico es un oráculo de las madres; el apolíneo, de las vírgenes que son boca, receptáculo y crátera de Apolo. Apolo se encarga de administrar el oráculo por encargo de Zeus. La sentencia de Dodona reza así:

Gea nos trae los frutos, por ello

venerad a la tierra como madre.

Zeus fue, Zeus es, Zeus será.

¡Oh tú, todopoderoso Zeus!

Se han formulado conjeturas sobre los inicios del oráculo de Apolo. En un primer momento parece que fueron pastores, caros a Apolo, quienes dieron con el lugar, se entusiasmaron con el vapor que ascendía de él y, bajo la inspiración de Apolo, pronunciaron las respuestas del oráculo. Boio, una délfica, dice que fueron los hiperbóreos quienes prepararon el oráculo para el dios. Se atribuye a Femónoe, la primera sacerdotisa de Apolo en Delfos, la invención del hexámetro, y se dice que fue la primera en componer las sentencias de Apolo en estos versos. Al parecer, la muerte del dragón pítico es el acontecimiento que pone punto final al antiguo oráculo ctónico. En Febe se advierte claramente que el oráculo pasa a pertenecer a Apolo.

Febe y Asteria representadas en un relieve del Altar de Pérgamo.

Asteria, hija de Febe y de Ceo, es la madre de Hécate, a la que engendra con el titán Perses. El himno a Hécate inserto en la Teogonía muestra la veneración que se le tributaba y el poder de que disponía. En Hécate hay algo que todo lo une, de manera que con sus poderes y dones impera y entreteje a través de vastos espacios; en todos los lugares sale al encuentro del hombre y el hombre tiene acceso a ella desde múltiples ámbitos y en todos los caminos de la vida. De ahí que se la llame «la que actúa desde la distancia». La Teogonía dice de Hécate que ya en la época de los titanes ejercía un triple dominio: sobre la tierra, sobre el cielo y sobre el mar. No sólo es de origen titánico, sino que ella misma es una titánida. Su ascendencia se remonta a tiempos inmemoriales y permanece incólume a través de todas las convulsiones. De ella se dice que tiene una parte en todo y que todo lo disfruta. Zeus la venera por encima de cualquier otra, jamás la ofende y no la priva de los honores de los que ya disfrutaba en gran medida bajo Crono. Antes bien, la respeta mucho y multiplica sus dignidades.

¿Qué significa que Hécate participa de todos los seres y todos los poderes titánicos y qué calidad tiene esta participación? Con ella nos encontramos ante una dominadora de un poder peculiar. No se limita a una determinada función; su acción atraviesa y cruza cualquier otra acción y une aquello que es opuesto o que parece serlo. Su poder interviene espacialmente en todo, en la tierra firme, en el espacio celeste y marino. No obstante, no es reina sobre la tierra, ni es soberana del cielo y del mar. Como Gea, abarca los espacios luminosos del día y la oscuridad subterránea. Pero no impera sobre el día ni sobre la noche. No es fácil pensar como una forma a la plural Hécate, que actúa en las correspondencias y en los antagonismos, pues se diluye de un modo fantasmagórico y se sustrae a toda mirada. Este diluirse es propio de ella. Como su poder, también ella tiene algo de trimorfo, su lugar predilecto es el cruce de tres caminos.

Hécate, ilustración de Stéphane Mallarmé.

Lo titánico en Hécate se manifiesta de un modo diferente al de los grandes titanes, como misterio de la naturaleza en el oscuro retorno de las conexiones y uniones. Hécate ama los caminos, sobre todo cuando se entrecruzan y entrelazan. A esto se debe que se haga escuchar en las reuniones, las contiendas, los juicios, las competiciones donde se cruzan muchas voluntades y opiniones; que asegure la victoria, el botín y la gloria; que otorgue protección a los navegantes, puesto que conoce incluso los desconocidos caminos del mar y guía con seguridad. Bajo su dominio están los juramentos; el juramento de aquel que la invoca es vinculante en cualquier lugar, puesto que Hécate está en todas partes. En sus manos está el saber hacer, es capaz de todo y de incentivar a todos.

Debido a que su poder actúa de múltiples maneras en las bifurcaciones, conexiones y cruces, al final de cada mes y en las encrucijadas de los caminos se colocaba en su honor y en el de los dioses que alejan las desgracias una comida con la que se confortaban los pobres. Como tiene parte en todo, está en contacto con todos los titanes y dioses, preferentemente con Rea, con Ártemis, protectora de los jóvenes, y con Selene y Perséfone. Bajo su dominio se encuentra toda la naturaleza elemental, pero siempre en las uniones, conexiones y perspectivas que existen entre los diferentes ámbitos y círculos. En el Himno homérico encuentra y acompaña a Deméter; sigue los pasos de Perséfone, que conducen de la oscuridad hacia la luz y de la luz hacia la oscuridad. Es también soberana del mundo inferior y al mismo tiempo diosa de las expiaciones y purificaciones, pues a través de ella se abre el buen camino. Como diosa nocturna que conduce a lo más subterráneo está, al igual que Selene, bañada de un brillo plateado. Saca a las almas del Hades inaccesible, pues entra y sale de él volando libremente. También, vagabundea fantasmagóricamente en las encrucijadas con las almas de los difuntos, es de ahí donde se comprende bien que guarde relación con el mensajero Hermes, conocedor de los caminos.

Por otra parte, Hécate es la madre ancestral de los magos y las magas, la instructora de Medea y Circe. Por esta característica suya la invocan aquellos que se ocupan de la magia y los conjuros, y los que en las noches de luna recolectan las hierbas en las que han penetrado los poderes de Hécate. A Hécate le seducen la noche, las tumbas, la sangre de los asesinados; en su honor se sacrifican ovejas de color negro, perros jóvenes y miel. El perro es un animal inseparable de Hécate. No sólo se presenta acompañada por perros estigios cuando asciende del submundo, sino que los perros que vagan por los caminos nocturnos anuncian su cercanía con aullidos y alaridos. La relación del perro con Hécate da una idea de la naturaleza de este animal.

Para ampliar más información: Hécate

Bibliografía:

Friedrich Georg Jünger: Mitos griegos. Carlota Rubies (tr.). Barcelona: Herder, 2006.

Datos de interés:

Friedrich G. Jünger, pensador alemán hermano del conocido Ernst Jünger, dedicó la mayor parte de su obra al estudio de la antigüedad clásica y las implicaciones filosóficas de la era técnica. Este es el primero de sus libros traducidos al castellano.

Friedrich Jünger estima que el mito no es sólo algo que ocurrió en un pasado imaginario sino que es una protohistoria que cíclicamente se manifiesta en el tiempo histórico del hombre. Por ello realiza una descripción de los dioses griegos, no tanto movido por una curiosidad filológica, sino por el interés de descifrar la naturaleza profunda de nuestra época. Jünger lleva a cabo retratos filosóficamente densos de los principales dioses de la mitología griega buscando su reflejo en el momento actual. Por ejemplo, estima que detrás de los titanes hay una forma de entender el tiempo que es la propia de la era técnica: un tiempo cavernario, mecánico y repetitivo. Son excelentes, y de clara influencia nietzscheana, los artículos dedicados a Apolo y Dioniso.

Texto recomendable para los interesados en la mitología griega y la filosofía de la técnica inspirada en Heidegger o Ernst Jünger.

 

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