Archivo de la categoría: Reflexiones Metafísicas

Pensamientos, reflexiones, meditaciones sobre filósofos griegos que dejaron su voz entre nosotros para la eternidad. Por eso, también podemos dejar nuestras reflexiones sobre la vida, la muerte, el destino, el azar así como nuestros sentimientos más profundos de nosotros mismos.

Diálogo con Alétheia sobre Edipo, el devenir y el alma. (Parte III)

Me adentré por una playa desierta del Cabo de Gata (Almería). Sentía el sol rozar mi piel, el aroma del mar embriagaba todo mi entorno y las lánguidas olas  parecían querer susurrarme algo. Me senté y miré al horizonte. Sentí el palpitar de la naturaleza próximo a mí. Empecé a relajarme  y me quedé dormido, en un profundo sueño. Durante el sueño mi alma viajó hacia los dioses y encontré la Verdad (Alétheia) y la Justicia (Díke). Conversé  con los dioses y hablé con Alétheia (literalmente la palabra significa “aquello que no está oculto“, “aquello que es evidente“, lo que es verdadero) y Díke (la personificación de la justicia). Aquí está el corpus de la conversación íntegra que tuve con Alétheia, que se materializó ante mí como sacerdotisa y que tengo el placer de compartir con todos ustedes:

  • Alejandro: Tengo la sensación de que ayer las cosas estaban como siempre, pero hoy las cosas me resultan tan distintas…
  • Sacerdotisa: ¿Te refieres a cambios? El devenir de la naturaleza es el escollo de toda la humanidad.
  • Alejandro: Esta mañana al levantarme y mirar por la ventana hacia el mar me sentía distinto, pero si no soy el mismo, ¿quién soy? ¿soy el mismo al levantarme cada mañana?
  • Sacerdotisa: A veces la naturaleza interior te llama, te susurra que hay algo más, te anuncia que eres mucho más…
  • Alejandro: ¿Se puede borrar el pasado y empezar de nuevo? Algún día, me gustaría ir a ese lugar y volver a empezar de nuevo, como si el ayer no existiera.
  • Sacerdotisa: Toda historia, por muy torcida y compleja que sea se basa en una verdad, sólo en una.
  • Alejandro: ¿Se puede aspirar a algo más?
  • Sacerdotisa: La vida es complicada. Lo único cierto es que es real.
  • Alejandro: ¿Pero cómo se alcanza lo real?
  • Sacerdotisa: Con la conciencia absoluta de lo real. Vuestros ancestros pensaban que sus pensamientos eran la voz de los dioses, como un monólogo interior, y esa voz tenía consecuencias en sus actos. En cierto modo, era una forma de despertar la conciencia y conectar con la divinidad.
  • Alejandro: ¿La búsqueda de la conciencia?
  • Sacerdotisa: Darse cuenta de algo que va más allá de los sentidos.
  • Alejandro: ¿A qué se refiere exactamente?
  • Sacerdotisa: Al despertar de la divinidad. En Edipo la multiplicidad hace que se oculte la verdad, pero verdad sólo hay una: cuando Edipo descubrió quién es, fue libre; Yocasta, sin embargo…
  • Alejandro: Pero si el río es evolución, es vida, es el camino, pero vamos en contra de la corriente, ¿cómo que la humanidad va retrocediendo en su crecimiento espiritual?
  • Sacerdotisa: La humanidad forjó el sendero de la vida con una herramienta: el error.
  • Alejandro: Los dioses también cometen errores, lo hemos visto tantas y tantas veces…
  • Sacerdotisa: El hombre presenta a sus dioses con sus intervenciones erráticas y sus objetivos irracionales para justificar sus propias caídas. El hombre en sociedad vive con su error, en el sentido de que éste pasa a formar parte de su historia y, por lo tanto, determina lo que él es. El hombre tiene que ser fiel a su naturaleza intrínseca divina, devoto a su génesis.
  • Alejandro: A veces pienso que no podemos elegir nuestros caminos tal como nos gustaría, que hay algo superior que nos controla y nos guía por senderos inescrutables. Los pitagóricos tenían como símbolo una Y, el signo del cruce de caminos en el que el hombre debía elegir qué camino tomar: el del bien o el del mal.
  • Sacerdotisa: La fe también utiliza el simbolismo, pero no surge de él.
  • Alejandro: Edipo y Yocasta soñaron con la vida que querían, pero ninguno la consiguieron. Ambos eligieron lo mejor, no dudaron de sus caminos, de sus destinos, pero, de repente, la tragedia  cae sobre ellos y todo cambia. Pero, el error de Edipo es esa clase de error que puede cometer cualquier hombre bueno, ya que le viene impuesto con unas condiciones adversas que uno lo presencia con compasión. Yo estoy con Edipo, le comprendo perfectamente y me hallo dispuesto a seguir su historia hasta el final. Cada una de sus decisiones, incluso en los momentos de mayor ceguera, nacen exactamente de la admirable clase de persona que es.
  • Sacerdotisa: Sólo así se comprende la liberación de Edipo: el alma siente que tiene sed de una realidad superior con más valor que la vida terrenal y cotidiana, de una realidad superior donde no hay dioses, ni héroes, ni mezquinos sentimientos humanos que llevan al hombre a ser frágiles. Edipo y Yocasta se movían en medio del fragor de la vida, de los deseos mundanos, de los reclamos incesantes de la vida que le rodeaban, de tanto ruido, de tantas mentiras, al igual que los cantos de sirenas que confunden al hombre. Edipo piensa que es víctima, después se da cuenta que su vida es una línea continua de sufrimiento y dolor, pero nunca se desploma, no se rinde. Esa elasticidad hace que Edipo entienda en la espiral en la que se mueve y anhela cambiar todos sus sueños por uno solo: no quebrantar las leyes del cosmos. Es el llamado problema de equilibrio. Edipo acepta la llamada, esa llamada a que todo el mundo nace para cumplir. El camino no es escoger el bien o el mal, no es elegir entre Edipo y Yocasta: el único camino es trascender el bien y el mal.
  • Alejandro: ¿Trascender el bien y el mal?
  • Sacerdotisa: Como seres libres que sois, tenéis capacidad de elegir.
  • Alejandro: Edipo mira hacia el futuro pero está sumido al orden de la naturaleza y a los límites de sus conocimientos…
  • Sacerdotisa: El papel de Edipo exige más que sumisión; exige que tenga iniciativa, que mande y decida. Edipo, no a través de sus ojos, decide mirar hacia algo que está más allá…
  • Alejandro: Pero decidir entraña la posibilidad de errar de nuevo, de fracasar otra vez.
  • Sacerdotisa: Sin embargo, sin libertad y, por lo tanto, sin la posibilidad de error no hay liberación. El hombre debe actuar para convertirse en verdadero héroe en la acción.
  • Alejandro: ¡Por Zeus! ¿Qué soy? ¿Qué he sido? ¿Qué seré? ¡Lo ignoro por completo! Estoy confuso, mi mente a veces está perdida en una densa y oscura nube y camino errante, sin lograr, ni en sueños, aquello a lo que aspira mi alma. Soy un ser limitado, finito y temporal, y sin embargo, dentro de mí, siento algo…
  • Sacerdotisa: La naturaleza es eterna, no lo olvides nunca Egan[1], al igual que tu alma. El alma es una cosa, y otra muy distinta la materia, el cuerpo y la mente. Cuando tu mente está en reposo, tu alma florece, cuando tu mente se nubla, el alma ve; cuando el cuerpo está muerto…¡tu alma se libera y vive eternamente!
  • Alejandro: ¿De dónde nos viene el alma?
  • Sacerdotisa: El alma os viene del Cosmos. El alma es armonía
  • Alejandro: ¿Por qué el hombre fracasa teniendo un alma en armonía?
  • Sacerdotisa: El alma lo abarca todo y se mueve de tal forma que el hombre nunca alcanza a conocerla y a dirigirla en los intereses que desearía. El hombre fracasa constantemente porque para él es una célebre desconocida. Cuando el hombre le da la espalda a la naturaleza divina y rompe vínculos con el Cosmos le queda una profunda anomalía, una desarmonía y una fractura profunda que le llena de angustia, y de infelicidad, y de tristeza, y de sorpresa y de melancolía y de desengaños y de insatisfacción. Sin embargo ignoráis que los opuestos se necesitan el uno al otro, es una armonía de tensiones opuestas, como la del arco y la lira. La naturaleza se resuelve finalmente en una armoniosa unidad en la que, sin embargo, aparecen una multiplicidad de tensiones opuestas. Apolo es la conjunción de la lucha y la paz, y la única sabiduría divina que podrá gobernar el devenir de la naturaleza. La oposición entre el cuerpo y el alma se da en vosotros. Estáis siempre en constante evolución y pasáis de un estado a otro, sin daros cuenta, y  debéis aprender a escuchar para alcanzar esa dimensión.
  • Alejandro: ¡Por Zeus! ¡No estamos preparados para la tarea ya que al adentrarnos en el oleaje de la vida tropezamos de inmediato con grandes dificultades! Tenemos el Cosmos dentro de nosotros cuya vastedad no controlamos y cuyas claves resultan desconocidas. Cada uno erramos por el mar de la vida, con nuestros conflictos interiores y nuestros esfuerzos para alcanzar los propósitos de nuestros anhelos espirituales.
  • Sacerdotisa: La capacidad de aprender es un aspecto de la eternidad. El único camino para aprender es descubrir los caminos interiores. El alma os llevará a donde pertenecéis, el alma es amor y volverá a su génesis, más allá de donde ni tan siquiera vuestra imaginación puede alcanzar.

 

[1] Los dioses, Aletheia, Diké, entre otros seres superiores, siempre se han dirigido a mi como Egan y nunca por mi nombre terrenal, Alejandro. Entiendo por entonces que en el libro de los nombres de  las esferas superiores tenemos un nombre diferente al que nos bautizaron nuestros padres en la tierra. Egan, según me contó Hermes, es un nombre relacionado con el mito del fuego de los ancestros celtas, que define a un chico con luz propia que busca abrirse al mundo y al universo de lo extraño.

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La metafísica en Edipo (Parte II)

Cuando observamos una cascada de agua precipitándose por la montaña, en algunos tramos, se forman pequeños remolinos que de momento parecen retroceder en sentido contrario a la corriente; pero sin embargo, todo el caudal del agua, incluido los remolinos, son arrastrados por el impulso del torrente hacia delante con la fuerza de la corriente. La imagen de la cascada me recuerda al eterno problema del ser humano: el devenir. En el ámbito filosófico el devenir significa el ser como proceso, todas las maneras de llegar a ser, el cambio, el acontecer, el ir siendo, el movimiento. Además del contexto filosófico de la palabra, debo añadir que, para mí, el devenir es evolución, es ir hacia delante y dejar que las cosas sigan su curso, como esa cascada de agua precipitándose por la montaña, de la misma manera que también evolucionamos movidos por la irresistible fuerza del Logos que nos empuja hacia delante. Que vayamos movidos por la fuerza del Logos o empujado por una cascada no quiere decir que estemos progresando, dando pasos de gigantes. La corriente nos arrastra porque la propia naturaleza tiene un propósito cósmico y universal y depende de nosotros alinearnos a esa energía o no. Vayamos por parte:

El antiguo aforismo griego “conócete a ti mismo” (Gnothiseauton) es una hermosa advertencia, porque el conocimiento de uno mismo es absolutamente necesario a todo candidato para el progreso espiritual.

El explorarse a uno mismo parece inmiscuirse en una estrecha relación de causa-efecto, de explorar nuestro interior, de mirar dentro de sí, de tomar conciencia de nuestra naturaleza divina. Conócete a ti mismo es una invitación a una mirada introspectiva, como el detectar nuestras carencias y defectos y mantener prudencia en el manejo de nuestra lengua. Una llana y sincera capacidad de autocrítica. El alma tiene que estar en consonancia con el cosmos y elevarse a la Unidad, a la fuente original que la mayoría de los filósofos abogaban con una vida equilibrada.

El otro mandamiento que adornaba el frontón de Delfos era “nada en exceso” (médenagan).

Nada en exceso invita a los hombres a encontrar su justa medida en el orden cósmico para protegerse de la hybris, ese arquetipo de la falta de sabiduría, esa vanidad o esa desmesura que desafía a los dioses y, a través de ellos, al orden cósmico, pues todo es uno.

En el mito de Edipo, con la estirpe de Layo como eje central y las consideraciones detalladas en líneas anteriores se deduce, claramente, que si alguien fuese tan insensato que se empeñara en ir en contra de la corriente y actuar firme y decididamente en el mal, no por ello “se inclinaría” hacía atrás. En mi opinión más bien el sujeto sería el “remolino” que queda atrapado en el torrente que continúa su curso de manera natural; la fuerza del Logos no se  puede  invertir, del mismo modo que tampoco se puede invertir la corriente del río.

Sabemos que las circunstancias externas cambian incesantemente porque se ven afectadas por toda suerte de influencias. Pero la vida interna  no está en continua oscilación. Es decir, continuando con la metáfora del torrente,  el río puede estar contaminado, puede llevar más o menos caudal, pueden, incluso, imponerse varios obstáculos, pero sabemos con absoluta certeza que el curso del río seguirá adelante.

A esto hay que sumar que el devenir es uno de los problemas más destacados de la filosofía porque parece contraponerse al ser. Es un “sudoku” filosófico que a su vez entraña muchas contradicciones.

Por otra parte, para mí el devenir también representa la superación del ser y lo voy a explicar y desarrollar basándome en el mito de Edipo. (ir al enlace del mito de Edipo)

La maldición de Layo arrastra al linaje de Edipo pero cada uno no llega a entender su propio devenir: Layo viola al tierno Crisipo que termina suicidándose, Yocasta se ahorca, sus hijos se matan entre ellos y  solo Edipo representa la superación del ser y de la pura nada.

En el siguiente resumen recordaremos el devenir de los principales personajes:

Yocasta, madre de Edipo, se ahorca tras conocer su incesto con su propio hijo y la desgracia familiar que hay detrás del linaje de Layo. El suicidio se consideraba una muerte maldita, pues no permite que el alma encuentre su remanso de paz, al considerarse una muerte impura.

Etéocles y Polinices, los hijos de Edipo y Yocasta, se matan en combate el uno al otro. El poder les ciega  acarreando la muerte de ambos.

Antígona e Ismene, hijas de Edipo y Yocasta: son condenadas a muerte. Antígona fue condenada a ser emparedada viva, pero terminó ahorcándose.

Edipo: tras conocer su origen del linaje de Layo y el crimen que ha cometido decide cambiar su historia. La angustia se abate sobre él y acaba perforándose los ojos. Parte para el destierro de la mano de Antígona. Ella le guiará hasta Colono, en el Ática, donde es acogido hospitalariamente por Teseo. El viejo Edipo se sienta a descansar en un recinto sagrado dedicado a las Euménides (Erinias). Edipo intuye que el fin de su vida está cerca y solicita la presencia del rey Teseo de la ciudad de Colono.

Hay que recordar que las Euménides son las Erinias, pero bajo su aspecto benéfico. Las Erinias significan la culpa reprimida convertida en fuerza destructiva, en tormentoso remordimiento; las Euménides representan esa misma culpa confesada, sublimemente productiva, el arrepentimiento liberador.

Por lo tanto, Edipo escapa al tormento (las Erinias) buscando refugio en las Euménides (cuyo santuario tenía en Grecia el mismo poder curativo que el templo de Apolo y su inscripción “Conócete a ti mismo”)

Todos los personajes del mito representan, excepto  Edipo, desde mi punto de vista, el camino estático del devenir, es decir, están adheridos estrechamente al sistema estructurado y corrosivo que les lleva al fatalismo; Edipo representa el símbolo del alma solar, símbolo de la transmutación de la involución a la evolución, empujado por su debilidad a la caída, pero encontrando en ese hecho mismo la fuerza de la elevación. Edipo acaba finalmente convirtiéndose en un héroe-vencedor. En mi opinión, Edipo representa el camino dinámico que conduce a una existencia completa (la individualidad) en la que el yo se encuentra al fin consigo mismo perdiéndose en el Absoluto.

“No le mató ni el rayo portador del fuego de una deidad ni un torbellino que del mar se hubiera alzado en aquel momento. Más bien, o algún mensajero enviado por los dioses o el sombrío suelo de la tierra de los muertos le dejó paso benévolo. El hombre se fue no acompañado de gemidos y de los sufrimientos de quienes padecen dolores, sino de modo admirable, cual ningún otro de los mortales” (Edipo en Colono, 1659)

Dicho camino dinámico empuja a Edipo a convertir la ira en paz. También fue consciente de la inexorable fuerza del destino pero a su vez fue artífice y constructor de su propio destino.

Bajo mi punto de vista la evolución no es un hecho de la casualidad, sino el esfuerzo creador de uno mismo, por eso Edipo nos enseña que el hombre debe volver a colocarse en el eje de la evolución y  hacer el recorrido hasta el final, optando para que su alma no sea presa del devenir.  Subrayo que la existencia de Edipo es opuesta al fatalismo de Yocasta. Él sabe que forma parte del  bucle  del destino pero a su vez  pretende sobrepasar al propio destino trazando su propio camino.

En síntesis, Edipo representa la liberación del espíritu. Es decir, cambia una experiencia terrible por la verdad, consiguiendo en última instancia la conciliación de la unidad frente a la multiplicidad que presenta la experiencia. La multiplicidad se da en Yocasta y en sus hijos; Edipo busca incesantemente las condiciones que impidan su autodestrucción y de paso encontrar la liberación.

Aquí se manifiesta claramente la preocupación del ser humano por aquello que puede llegar a conocer, aun cuando la incógnita del Ser siempre nos remita a un hondo misterio. En otras palabras, Edipo anhela alcanzar lo ilimitado del conocimiento: conocer más y más, entrar en comunión cada vez más profunda con la realidad que le envuelve, ir más allá de cualquier horizonte y hacer la experiencia del misterio. Edipo nos descubre que todo es misterio: las cosas, la naturaleza, cada persona, su corazón, el universo entero…

Otra cuestión que podemos escudriñar sobre el mito: ¿La naturaleza divina valora el ocultarse? En mi opinión la naturaleza divina no se oculta. Somos nosotros la que lapidamos la naturaleza divina en pro de nuestros intereses egoístas. Sabemos de antemano que la experiencia de la estirpe de Layo recae con el mismo peso para todos, pero todos, menos Edipo, deciden celar la verdad e ir en contra de la propia naturaleza. En el mito de Edipo nos enseña que depende de nosotros ocultar los mecanismos racionales de la naturaleza que están a la luz. Depende de nosotros si queremos subestimar o no la fuerza superior de la naturaleza divina.

Recordemos que Yocasta y Layo decidieron arrojar a Edipo a un monte infranqueable para que la maldición no se cumpliera; Edipo, cuando escucha directamente esta versión de la propia Yocasta, su esposa, siente que su alma se precipita en una terrible espiral de consecuencias irreversibles. Edipo recuerda en su infancia como un hombre ebrio se le acercó y le dijo que era hijo putativo de Pólibo, rey de Corintio, y de  Mérope. Lógicamente, Pólibo y Mérope desoyeron el relato de Edipo. Ese episodio quedó en un segundo plano y se pasó por alto. Más adelante, en la época de la adolescencia, Edipo,  sin que sus padres lo supieran, se dirigió al oráculo de Delfo y le anunció la terrible maldición que corría por la sangre de su familia. Entonces, Edipo huyó de Corintio para eludir la tragedia de lo que él creía que eran sus padres biológicos, Pólibo y Mérope. A partir de ese momento, el destino continuó infaliblemente los pasos de Edipo hasta el final.

Por otro lado, recordemos que Yocasta no desea que Edipo continúe con las pesquisas sobre quién es él; Edipo, sin embargo, quiere conocer su origen, aunque proceda de un linaje oscuro y con un funesto destino.

Edipo sucumbe finalmente: “ Oh nube de mi oscuridad, que me aislas, sobrevenida de indecible manera, inflexible e irremediable! ¡Ay, ay de mi de nuevo! ¡Cómo me penetran, al mismo tiempo, los pinchazos de estos aguijones y el recuerdo de mis males!” (Edipo Rey, 1314)

Por este motivo, de nosotros depende enteramente desplegar la razón (lógos), en un camino arduo y abnegado que nos permita desenterrar la estructura racional de la naturaleza. Cuando Edipo se aleja de sus padres putativos, su mente cree que está escapando del desdichado destino. Salir de la patria que lo adoptó, fue para él, en ese preciso momento, sensato y noble por su parte. Pero él no sabía que su alma le estaba llevando a descubrir la verdad, su origen. Aquí se ve una oposición clara y contundente entre la mente y el alma. La naturaleza del alma evoluciona siempre;  la mente con sus multiplicidades de contrarios es la que nos hace errar y no ver las cosas tal como son, sino tal como somos.

“¿Cómo voy a ser un malvado por naturaleza, yo que devolví lo que había sufrido (Edipo recuerda que, antes de atacar él a su padre Layo, había sido golpeado por éste), de suerte caso hubiera llegado a ser un malvado? Y luego, sin saber nada, llegué adonde llegué y estoy perdido por obra de aquello que, sabiéndolo, me hicieron sufrir (cuando sus padres biológicos le abandonaron)”. (Edipo en Colono, 279)

En resumen, la evolución del alma es una razón universal, pero a veces pensamos que dicha evolución está gobernada por el hombre, por los sentidos, por la mente. Edipo pasa de escuchar la mente al logos eterno, del cual los hombres no tienen conciencia pero deben aprender a escuchar las señales de la propia naturaleza, la voz del cosmos,  para así alcanzar la unidad de las cosas, es decir, a lo eterno. En los diálogos de Edipo muchas veces se ve que él no sabe determinar qué es lo que corresponde a una cosa o a la otra. Si no sabe escuchar la única razón por la que está atravesando la terrible experiencia, ¿de qué manera podrá reparar el error de su linaje?

Recordaremos la famosa frase “Conócete a ti mismo”, en el templo de Apolo en Delfos:

“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”.

El mito de Edipo y los complejos mecanismos que lo componen parten, por un lado, del convencimiento de la solidez del equilibrio divino y, por otra parte, de la creencia de que el hombre está conectado de manera consciente a sus excentricidades y desarraigos con respecto al mundo de lo divino y esta conciencia, que casi siempre se podría calificar de existencial es siempre dolorosa.

En Edipo en Colono es totalmente desgraciado, y consigue en su misma desgracia una explicación. Lo tiene todo en su contra: el destino se comporta por su propio derecho. Y Edipo lo sabe, es consciente del peso que tiene encima. Sabe que en las cartas del destino no entran, desde luego, eximir su culpabilidad ya que él forma parte de la mancha del tejido familiar que los griegos llamaban miasma: la palabra proviene del griego μίασμα, mancha, pero es mucho más que eso. Según la R.A.E miasma es un efluvio maligno que, según se creía, desprendían cuerpos enfermos, materias corruptas o aguas estancadas. De ahí se creía que provenían infecciones que se propagaban de unos a otros como por ejemplo las bacterias. En el griego antiguo miasma es también una impureza no sólo física sino moral. Era necesario expiar los miasmas a través de rituales y ceremonias para que estos no se propagaran ya que estas personas podrían ser perjudiciales para la sociedad. ¿No es esto por ejemplo lo que ocurre en la tragedia de Edipo? El pueblo necesita encontrar al culpable del asesinato del rey para acabar con la enfermedad que los acecha y esa es la solución a las desdichas de Tebas, la repuesta que trae Creonte del Oráculo en Edipo Rey:

EDIPO.- ¿Cuál es la respuesta? Por lo que acabas de decir, no estoy ni tranquilo ni tampoco preocupado.
CREONTE.- Si deseas oírlo estando éstos aquí cerca, estoy dispuesto a hablar y también, si lo deseas, a ir dentro.
EDIPO.- Habla ante todos, ya que por ellos sufro una aflicción mayor, incluso, que por mi propia vida.
CREONTE.- Diré las palabras que escuché de parte del dios. El soberano Febo nos ordenó, claramente, arrojar de la región una mancilla que existe en esta tierra y no mantenerla para que llegue a ser irremediable.
EDIPO.- ¿Con qué expiación? ¿Cuál es la naturaleza de la desgracia?
CREONTE.- Con el destierro o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta sangre es la que está sacudiendo la ciudad.

SÍNTESIS

Recordemos que Edipo hizo cosas que nunca pensó que haría: matar a su padre, casarse con su madre…Le tocó escalar la montaña más alta del mundo, cada paso más difícil. Yocasta se suicidó porque no pudo llegar a la cima; sin embargo, Edipo se dio cuenta que expiar su delito no era subir hacia el pico más alto de la montaña, sino una peregrinación hacia dentro. Edipo empezó a darse cuenta que estaba vivo; Yocasta experimentó una mentira; Edipo alcanzó ese despertar, experimentó lo real, algo profundo y verdadero…Yocasta le dio la espalda al cosmos y sucumbió a un final trágico. ¡Edipo se encontró a sí mismo!

En mi opinión, la vida es parte de un juego y hay un camino para cada hombre. Yocasta fingía desde un principio y esa es la historia que escogió; Edipo, sin embargo, escogió encontrarse a sí mismo. La maldición de Layo engullía a su familia lentamente y en ese juego Edipo entendió que hay que luchar, conquistar, ganar, perder, volver a levantarse, pero decidió una cosa muy importante: El destino es suyo y quería llegar hasta el final…

La justicia divina, como  juez severo, termina hasta con los más poderosos, del mismo modo las grandes civilizaciones perecerán y  todo se perderá, pero la humanidad seguirá buscando nuevos dioses, pertenecer a alguien que está por llegar, alguien muy grande. Entonces, la historia se repetirá y el libro se quemará justo cuando  encuentre  su desenlace.

Para cerrar mi análisis sobre el devenir y la metafísica de Edipo, me gustaría subrayar que muchas personas creen que los mitos son una fábula, un cuento, un entretenimiento mental, pero en realidad lo que no saben es que los mitos son mentiras que cuentan una verdad oculta. La mayoría de las personas se quedan en la superficie de los mitos, en el molde externo de la historia pasando las páginas de su vida sin ver el interior de su naturaleza. Pero luego hay personas que despiertan, que pueden cambiar, y tejen una nueva historia con sus decisiones metafísicas para convertirse en quienes decidan ser. Depende de nosotros mismos: romper la estructura corrosiva estática en la que nos movemos diariamente, o bien entrar en el dinamismo que nos lleva a una existencia más completa.

Próximo artículo: Diálogo con la Sacerdotisa sobre Edipo y el devenir de la naturaleza (Parte III)

Enlaces de interés:

El mito de Edipo (Parte I)

Diálogo con Aletheia sobre Edipo, el devenir y el destino (Parte III)

La tragedia en Sófocles

Catarsis y miasma

Edipo, la fuerza del destino

Las Erinias

Las maldiciones en la mitología griega

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Homero: ¡Presente!

El espectáculo que la compañía de teatro “El aedo” ofreció el pasado 28 de julio en Granada (España) fue una pesadilla, un horror, una gran mentira, un montaje hecho al estilo de los programas reality show que arrasan en los medios, porque son productos comerciales y vacíos que sólo aportan basura a nuestra sociedad perjudicando seriamente la salud cultural. La compañía de teatro lapidó a Ulises con miserias, mentiras, calumnias y trapos sucios;  invirtió los simbolismos de Homero, referente de la cultura griega.

Ulises atado al mástil de su barco tratando de vencer la atracción de las sirenas. Cuadro de Leon Belly Las sirenas (Museo de l’Hotel Sandelin, Saint Omer, Francia).

El mundo homérico tiene una forma de ver la verdad que ha llegado a nosotros  convirtiéndose en una tradición poética, en parte por reflejar su sociedad, no tan distante y lejana como podemos creer. En Homero, por ejemplo, se puede destacar las relaciones del hombre con la naturaleza, del hombre con el hombre, del hombre con dios, donde la ética, la moral y la psicología son las herramientas fundamentales del hombre para posicionarse ante la vida. Nuestro mundo, tal como se ve hoy día, está desequilibrado, desmoralizado, desestructurado y hay una carencia de valores humanos en cada rincón de la tierra. Así son los dioses homéricos, que se presentan en el mundo real tal como los vemos, con sus objetivos irracionales y sus intervenciones más bien erráticas. Homero  ha llegado a nosotros porque nos muestra, en cierto modo, la verdad, una verdad con la que yo me identifico plenamente y que trato de ensalzar y a la vez de desmenuzar.

¿Qué se aprende con Homero? Con Homero se aprende un camino: el hombre tiene que ser fiel a sí mismo, sin más.

De la obra de Homero emana una sabiduría que llama poderosamente la atención: una crítica a una sociedad y una comprensión de esta. Homero  nos presenta la cruda realidad tal como es, no acorde con nuestros deseos y sueños que anhelamos diariamente. Por eso, nosotros, como lectores, como observadores de la vida, de la naturaleza, de nuestro entorno,  debemos usar la inteligencia (Nous) en su más alta esfera porque las exigencias de la vida son tal como nos las presenta Homero. Por eso, hay que penetrar dentro de dicho pensamiento para discernir el papel que el hombre juega en esta vida.

La compañía de teatro El aedo le puso una máscara al Ulises de Homero con trapos sucios de Sófocles y Píndaro.

En la obra que vi,  los valores homéricos quedan adulterados, falseados, impuros y manipulados, además de mezclados con otros ingredientes que no corresponde con la magna obra de Homero. Por ejemplo la alusión a Sófocles que trató la muerte de Ulises en Ulises herido, de la que sólo se han conservado algunos fragmentos. En esta obra, Telégono, el hijo que Ulises había tenido con Circe llega a Ítaca y mata a su padre ignorando su identidad. Telélogo se casa con Penélope y Telémaco con Circe. Mi pregunta es: ¿Por qué no se han escogido a  los estoicos que proponen a Ulises como ejemplo de buena conducta? Es «el héroe paciente» por excelencia. Horacio celebra la templanza de Ulises (Epístolas, 1,7) y Séneca su prudencia (Cartas a Lucilo, XX, 123). ¿Por qué no se destacó esas virtudes? ¿Por qué caricaturizar de manera mísera a  Ulises? Homero y Ulises son una bella enseñanza para la vida de hoy, una forma de conciencia para superar el fracaso, no una pesadilla donde no se  nos muestra salida alguna. Ya tenemos suficiente con lo que se ve en los medios de comunicaciones manipuladores y corrosivos para ahora manipular al Ulises de Homero. Ulises no es un mediocre, no es un barrio bajero sin compasión, no es el hombre “de las mil mentiras” como se quisó vender en la obra de teatro. Ulises es luz, un faro que ilumina desde un extremo de la civilización humana hasta el opuesto. Pero el Ulises de la versión de la compañía de teatro tiene el alma oscura y los sentimientos opacos:  muestra la cara ácida de la antigua Grecia; para mi Ulises es luz, no es un muerto viviente como pasa hoy en nuestra sociedad que se dirige en masa uniformada sin reflexionar sobre la vida. ¡Ulises es reflexivo e intuitivo!

La compañía no sólo invirtió los valores de la cultura griega sino que fue más allá: violaron  la mitología, el mito. Fue tal bajeza que ya mi indignación fue máxima. Destriparon los pasajes de Homero explicando empíricamente los mitos de Circe, Calipso, Polifemo, las Sirenas…Ningún hombre debería tratar de obtener beneficio a costa de la ignorancia de otra persona. Cicerón  (106 AC-43 AC).

El error de la compañía teatral fue querer interpretar  los mitos de Ulises de manera racional y lógica:  Homero utiliza el mito de manera alegórica. El mito es uno de los fenómenos culturales que más directamente ha influido sobre el pensamiento del hombre y su conciencia. Han llegado a nosotros porque tienen la peculiaridad de responder a las preguntas más profundas que una comunidad científica o religiosa pueda plantearse. Detrás del mito hay una respuesta a los orígenes del hombre, a su destino  y a todos los elementos que envuelven nuestro entorno, a las estructuras fundamentales de la existencia, el mundo con todos sus movimientos sociales y políticos. Detrás del mito se esconden realidades transempíricas, intuiciones (a través del simbolismo) y metafísicas. La compañía se cagó en el mito y borró toda huella de simbolismo trascendente y dicha lectura sobre el mito y los mitos son reflejos de una mentalidad manipuladora, tóxica, depredadora e inculta.

Homero

Homero, ¡Presente!

 

 

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La fe en la inmortalidad

Campos Elíseos

El pensamiento homérico sobre el alma refleja la resignación y no el deseo del hombre, cuya existencia después de la muerte, se reduce a vagar como un alma en pena, existiendo sin duda, pero carente de todo sentido. Pero la cuestión es: ¿no existía ningún deseo de poder alcanzar otro tipo de vida más vivificante y estimulante a la hora de morir? En los poemas de Homero, la concepción del alma, después de la muerte, es la de no descansar siquiera de las extenuaciones de la vida (el alma de Sísifo, la de Tántalo, por mencionar algunos ejemplos que hemos comentado en este blog) pero tampoco sigue existiendo. Parece que el reino del Hades no ofrece una luz de esperanza, aunque sea una llamita tenue y ligera. El Hades es el fin para el hombre, cerrando así cualquier vestigio de luz y esperanza.

La única vía de esperanza para eludir el lóbrego reino del Hades era que los dioses te enviaran a los Campos Elíseos, un lugar donde la luz es eterna, nunca hay nieve, ni largo invierno, ni vientos ni lluvias, acompañado de una paz inquebrantable y eterna.

Según la creencia más popular, un dios podía, de repente, sustraer a un mortal protegido suyo y llevárselo a la eternidad, bien sea a los Campos Elíseos o al Olimpo. De manera arbitraria, en algunos casos, y otras por parentesco directo con el dios, el mortal pasaría a ser inmortal.

En la Odisea (Canto IV. 560) Proteo, que tenía el don de leer el porvenir, le profetisa a Menelao que los inmortales te enviarán a los Campos Elíseos y le enfatiza que es un lugar donde los hombres viven dichosos. Proteo le hace ver que, cuando llegue su hora, no acabará su vida, dice de él el poema; en otras palabras, Menelao no tendrá que morir para ir a los Campos Elíseos pues irá vivo y tampoco le arrebatará la muerte una vez alcanzado los Campos Elíseos. Entendemos que el alma de Menelao (Psique) no tiene que separarse de su cuerpo ni ser sepultado. Por lo tanto, los Campos Elíseos es un lugar inasequible para los demás mortales, solamente para algunos privilegiados: a Menelao le garantizan un lugar especial de bienaventuranza e inmortalidad. La inmortalidad de los dioses tiene además otros disfrutes como el néctar y la ambrosía. Así pues, el hombre que se alimente de estos divinos regalos se convierte en dios, en inmortal. En suma, Menelao es transportado vivo a la eterna vida gozosa y plena de felicidad, a un lugar especial.

Zeus, dios soberano.

¿Es la virtud y el mérito los que dan derecho a la futura bienaventuranza? En los poemas homéricos no hay el menor rastro de que sea así. Menelao no se distingue especialmente por ninguna virtud concreta, será transportado a los Campos Elíseos simplemente porque su matrimonio con Helena lo hace yerno de Zeus, tal como lo anuncia Proteo; en la otra cara de la moneda nos encontramos a Aquiles hundido y desolado en el reino de las sombras en el Libro XI de la Odisea:

No me consueles de la muerte, ilustre Ulises. Preferiría estar en la tierra y servir a un hombre pobre, sin muchos medios de vida, que ser el señor de todos los consumidos.

Esquema de dos mundos opuestos:

Aquiles

Tártaro, la muerte, separación de la psique del cuerpo, desolado, hundido, una sombra vagando. Aquiles es virtuoso, como guerrero y persona.

Menelao

En los Campos Elíseos, permanencia de la psique en el cuerpo, la evitación de la muerte, un privilegio. La virtud no es su fuerte.

Hay que precisar que aquellos inmortales que terminen su vida en los Campos Elíseos llevan una vida consciente interminable, eterna, pero no se les confiere ningún poder divino, ni salir más allá de los confines de la tierra.

Por otro lado, en el ámbito religioso, los héroes de la epopeya homérica no están a la altura de los dioses. Es decir, en la época homérica no hay indicios de que se realicen rituales en honor a Menelao o a Heracles para que sean los intermediarios entre los dioses y los hombres, sino que son fuerzas divinas de pleno derecho que tienen un trato de culto propio, unos santuarios florecientes y, por supuesto, detrás, una mitología indeleble e inquebrantable. Es muy común que, casi siempre, cada héroe es conocido solamente en su territorio, excepto Heracles que traspasó fronteras.

Pero, entonces, ¿qué virtudes tiene que tener un héroe para terminar su vida en los Campos Elíseos? Probablemente, en el caso de Menelao, fuera más un anhelo del espíritu poético de Homero que una necesidad de orden religioso, incluso dicha decisión iba más allá de una creencia popular. Es decir, sólo se subraya el deseo poético, apoyándose en la libertad de la poesía. Lo que sí podemos estar seguro es que el culto religioso no tuvo un peso influyente en la decisión de mandar a Menelao a los Campos Elíseos, sino más bien Homero intenta revelarnos el tema del tránsito hacia la eternidad.

Igualmente, hay otros casos en el que los dioses se llevan a los mortales a la morada de los dioses, al Olimpo, como un regalo exclusivo, que puede ser un don especial que los dioses aprecian y quieren compartir. En este caso, destacamos la figura de Ganímedes.

Ganímedes, el más bello de los mortales, de quien se dice que fue arrebatado por los dioses para ser transportado al Olimpo y vivir allí eternamente, como copero de Zeus. Fue el propio Zeus quien, transformado en águila, se lo llevó por los aires hasta el Olimpo. El rapto de Ganímedes ha sido una fecunda fuente de inspiración para la literatura griega y romana desde Homero (Ilíada V, 265; XX, 232) hasta Ovidio (Metamorfosis, X, 155).

¿Por qué la leyenda de Ganímedes tuvo tanta repercusión en aquella época? En mi opinión, la creencia según la cual un dios o una diosa podía, de repente, despojar a un mortal de su vida sin ser visto por nadie, como es el caso de la joven Core (conocida como Perséfone después de que Plutón la raptara al Hades) o Ganímedes, servía para explicar las desapariciones de individuos que jamás regresaban a su hogar, por circunstancias imprevistas, o de soldados que desaparecían en combate. Imaginaos salir de casa a dar un paseo y desaparecer de la faz de la tierra. ¿Qué impacto tendría en su familia? Era pues una justificación, de carácter divino, para exponer las desapariciones en combate, los raptos, la fuga premeditada, etc. Sin embargo, según la creencia antigua, los raptos de Ganímedes y Orión reflejarían los astros que se observan en los fenómenos del cielo y que debían ser explicados. En estas leyendas cabe destacar que a los fenómenos celestes se les consideraban seres animados y dotados de alma como a los hombres. El significado de estos mitos refleja que si los dioses elevan a Orión a su reino, cualquier mortal puede llegar a gozar de la misma suerte, contando con el favor de un dios. En el caso de Perséfone, después de ser raptada por Hades, Zeus, como intermediario, estableció que Perséfone volvería con su madre, Deméter, llegando con ella la primavera y volvería a descender al mundo de las tinieblas al llegar la época de la siembra.

En síntesis, la inmortalidad ofrece más ventajas que desventajas. Sin embargo, escudriñando los poemas de Homero, hay que ver la inmortalidad desde otra óptica. En la Odisea (Canto V. 209) la ninfa Calipso, enamorada de Ulises, le ofrece la inmortalidad siempre y cuando renuncie a su identidad. La reflexión de Ulises es la siguiente: si olvida quién es, también olvidará adónde va y nunca alcanzará su logro espiritual. Supongamos que Ulises aceptase la oferta de Calipso, si cediese a la tentación de ser inmortal, dejaría en ese instante de ser un hombre, no sólo porque se convertiría en un dios sino porque eso le llevaría al exilio, renunciando para siempre a vivir con los suyos, por lo que perdería su propia identidad. Con más rotundidad, al aceptar la inmortalidad, Ulises dejaría de ser Ulises y ya no sería el Ulises que todos conocemos: rey de Ítaca, marido de Penélope, hijo de Laertes…

El propio Zeus nos hace entender que Ulises es el más sabio de todos los humanos; Atenea es su escudo protector (Odisea, Canto V. 7). Ambos ven que su principal destino es comportarse en la tierra como el representante de los dioses a nivel del Gran Todo. Aunque Ulises es mortal, es un Zeus pequeño al igual que Ítaca es un mundo pequeño y el objetivo de su periplo en la Odisea se le hace tortuoso, retorcido, doloroso, con muchas pérdidas alrededor suya. Pero Ulises continúa hacia delante y declina la inmortalidad que le ofrece Calipso. Su único anhelo es hacer que la justicia reine por las buenas o por las malas, si hace falta y alcanzar la armonía, su destino. Por eso Zeus no permanecerá insensible a este proyecto que le recuerda al suyo, cuando tuvo que reestablecer el orden dentro del caos inicial que había en el universo (Teogonía). Ulises, por fin, después de diez años preso en la isla de Calipso, y gracias a la intervención de Atenea, pudo seguir el impulso de su espíritu.

Ahora sabemos de dónde viene y adónde va Ulises: del caos al cosmos pero a su nivel, que es humano, pero que a su vez refleja el orden cósmico. Es un itinerario de sabiduría pero a su vez un camino tortuoso, polvoriento, de mucho sufrimiento, cuyo fin, sin embargo, es el de alcanzar la sabiduría aceptando la condición de mortal que es la de todo ser humano.

Ulises

Ulises nos enseña la lección más importante: la inmortalidad es para los dioses no para los humanos y no es lo que uno debe buscar desesperadamente en esta vida. En síntesis, las líneas maestras que Ulises nos enseña son:

  1. Es muy importante pertenecer a una comunidad armoniosa, a una patria (un cosmos).

  2. Dar la espalda a nuestra naturaleza y arrancar nuestras raíces que están conectadas con los verdaderos valores e hilvanadas a nuestras tradiciones ancestrales es desviarnos de los propósitos del cosmos y, por lo tanto, representa la peor forma de despersonalización que pueda conocerse en la vida. No podemos caer en el olvido. Ulises tiene que luchar para no bajar al destierro, al olvido y, por encima de todo, su único fin es alinearse con su verdadero Yo, aquél que perdió cuando lo arrancaron de su patria.

  3. La guerra de Troya, fiel reflejo de nuestro mundo actual, es una máquina de engullir a miles de jóvenes, un desarraigo sin igual para unos soldados llevados a la fuerza lejos de sus hogares, lejos de toda civilización, de toda dicha, lanzados a un universo que no tiene nada que ver con la vida en armonía y equilibrio. Esta visión es muy importante para entender el universo como parte elemental de nosotros. Hoy día, nos están arrancando nuestras raíces, el desorden y el caos son esos grandes agujeros negros de nuestras vidas.

  4. Más allá de su dimensión casi iniciática en el plano humano, incluso de los aspectos cosmológicos, esta concepción de la búsqueda de la armonía, una reconciliación con el cosmos, posee también una dimensión metafísica que guarda relación con el tema de la muerte. Para los griegos, lo que caracteriza a la muerte es la pérdida de la entidad. Aquí la muerte no sería física: Ulises nos alienta a que jamás dejemos de ser personas trascendentales para convertirnos en zombis de la sociedad, sombras carentes de identidad, en masas ignorantes que abandonan su verdadera patria, para terminar siendo anónimos, luces y sombras que parpadean sin brillo llevando consigo la pérdida de nuestra individualidad.

  5. Ulises busca la inmortalidad en la sabiduría. Se sacude de todas las irrealidades, de sueños utópicos y de fluctuaciones inestables que va sorteando a su paso.

 

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Chrónos, ¿el tiempo existe?

animasmundi_chronosAión es el dios de la eternidad al que no le hace falta devorar nada para ser eterno, es a la vez niño y anciano, el dios generoso y satisfecho que tiene sentido en sí mismo, el dios que no contempla los objetivos ni los planes sino que nos invita a la acción con valor por sí misma. Hay que destacar que el dios Aión no es ningún dios genético. Siempre está. No nace, no es originado, sino originario. No tiene que sublevarse contra nada y no tiene que comerse nada para ser eterno, tan solo da. En otras palabras, Aión es la eternidad.

Por otra parte, basándonos en las palabras de Antonio Campillo, al Tiempo, Chrónos, se le considera como la suma actual de todos los ahoras o instantes y como la suma virtual (en potencia, esto es, no llevada a término nunca) de esos mismos instantes o ahoras. Es a la suma actual o simultánea a la que acabará por dársele el nombre de Aión, y es a la suma virtual o sucesiva a la que acabará por dársele el nombre del Chronos.Si la suma sucesiva es infinita, y por tanto innumerable, sin principio ni fin, los antiguos filósofos se preguntaron varias cuestiones: ¿cómo puede darse una simultaneidad de la eternidad en acto? ¿Qué relación de semejanza y diferencia mantiene entre sí las dos infinitudes o eternidades: la infinita o eterna simultaneidad y la infinita o eterna sucesión?(Aión, Chronos y Kairós: la concepción del tiempo en la Grecia Clásica). Este es el gran problema que se encontraron los filósofos de la antigua Grecia, siendo para  los científicos actuales un rompecabezas aún por resolver.

El tiempo es complejo, ambiguo y a la vez relativo. Es decir, pensamos en el tiempo como un río que abarca del nacimiento a la muerte, pero en realidad, de lo que nos percatamos es de lo cambios que observamos, por eso recurrimos al concepto del tiempo. El tiempo es tan complejo que hay opiniones diversas sobre el tema: muchos científicos piensan que el tiempo es una ilusión pura y no existe; otros, piensan que el tiempo existe; y, a la vez, hay otros científicos que tienen dudas.

Vayamos por parte: Heráclito decía que el sol es siempre el mismo, y sin embargo es nuevo cada día. Afirmaba que lo eterno es a la vez instantáneo. También destacaba que lo más viejo es a la vez lo más joven y que el mundo entero está comenzando a cada instante. En definitiva, la suma sucesiva es infinita, sin principio ni fin.

Pero, la cuestión es: ¿Por qué se da simultaneidad de lo infinito?

Anaximandro establece dos dimensiones.

  1. Originaria: se refiere a ilimitada, eterna.
  2. Originada: se refiere a limitada y temporal.

La segunda parte depende de la primera, y esto hace que el Tiempo sea eterno, pero es una eternidad regulada, una sucesión numérica o rítmica de los ciclos cósmicos.

Anaximandro llama Ápeiron a aquello que es principio (Arché) y expresa que es eterno. De este Ápeiron nace los cielos y el mundo, en cuyo seno nacen y perecen, se engendran y corrompen todas las cosas. Del ser ilimitado nacen las cosas limitadas (temporales) que vuelven a retornar cuando perecen.

Parménides mantiene la siguiente idea:

  1. Vía del Ser: se refiere que es siempre.
  2. Vía del no-Ser: aquello que llega a ser y deja de ser.

Parménides piensa que el Ser que “es siempre” no puede ser ilimitado porque sería “igual a sí mismo”, estaría completo, lo tiene todo, y al abarcarlo todo es inmóvil.

El Ser sería: eterno, perfecto, autosuficiente, inmóvil, siempre igual a sí mismo. Esta base filosófica fue aceptada después por Plotino y Platón, entre otros.

Parménides, por otra parte, refuerza su teoría identificando la Vía del Ser con la Vía de la Verdad (Aletheia) y el pensar y  la Vía del no- Ser con la vía de las apariencias, de las opiniones (doxa) diversas, cambiantes. Parménides concluye que ambas vías son diferentes pero necesarias.

Aparcamos un momento el plano filosófico y vamos a hacer una reflexión:

crhnos_animasmundiEl sol sale por el este, pero llegará un instante, un momento en el que el sol estará en otra posición. Su movimiento nos indica que el tiempo avanza. Si se parase el sol y mis manos se parasen y nada cambiara, entonces podríamos decir que no ha pasado el tiempo. Por otra parte, sabemos que el tiempo se divide en tres estadios: pasado, presente y futuro, pero sabemos que estos estadios no son más que ilusiones. Igualmente, pensamos que el fluir estáasociado al movimiento. El aire, el agua, la tierra se mueven, es decir, fluyen, lo observamos con nuestras percepciones. Pero el tiempo, en sí, no lo vemos, solo apreciamos los cambios. Los objetos físicos tienen cambio. Los tiempos pasados y futuros no tienen una base real; los sucesos si tienen una base real, tienen una secuencia unidireccional. Por ejemplo: si hago rodar un huevo sobre la mesa, caerá al suelo y el huevo se romperá. Sabemos que es imposible volver atrás, es decir, reconstruir el huevo de nuevo. Por lo tanto, no podemos volver al pasado, porque el pasado no es un lugar; ni tampoco podemos viajar al futuro, porque tampoco es un lugar. A primera vista, parece que el tiempo tiene una dirección hacia el futuro, pero esto no implica que el tiempo avance hacia él. De la misma manera que, aunque una brújula apunta siempre al norte, no significa que estemos avanzando hacia el norte. La flecha indica una simetría, como arriba y abajo es una posición relativa en el espacio, por eso el futuro y el pasado son posiciones a lo largo de un eje que es el tiempo. Por lo tanto, no tiene sentido hablar de futuro y pasado.

Como se puede comprobar hay ambigüedad en el tiempo y hay confusión, pero ¿cómo podemos asegurar que el tiempo pasa? Una cuestión que para la comunidad científica es un quebradero de cabeza.

Volviendo al Aión y a Chrónos, se pensaba que ambos mantenían una relación de grados, de diferentes jerarquías, pero además se deliberaba quedefendían una relación tanto de precedencia como de procedencia. Pero, ¿cómo se origina el tiempo a partir de la eternidad? ¿Qué movimiento es ése por el que pasa de lo inmóvil a lo móvil, de lo perfecto a lo imperfecto, del alma al cuerpo inmortal? ¿Por qué se piensa como un movimiento de degradación, como una “caída” una “deuda” que ha de ser pagada? Muchas preguntas y pocas respuestas fiables…

Partimos de la idea que desde el Aión al Chrónos hay un instante, un punto, un momento en el que se da un movimiento o tránsito, pero no puede darse en el tiempo, pues es precisamente el cambio que da origen al tiempo. Pero a su vez, este movimiento o tránsito tampoco puede darse en la eternidad porque la eternidad no puede cambiar. Ese justo instante, ese “nacimiento”, ese punto de conexión, el intervalo, por llamarlo de alguna manera,  una “chispa”, es el punto donde se encuentra la eternidad y el tiempo. Hay muchas más cuestiones sobre el tiempo que no dependen sólo de cuestionarse su existencia:

  1. ¿Cómo ha sido pensado el instante?
  2. ¿Cómo se realiza en él la génesis del Chrónos a partir del Aión?

Estas preguntas  no se pueden explicar cronológicamente, pero sí ontológicamente, y según cuenta Platón de Parménides,  el filósofo parte de dos ideas:

  1. Chrónos deriva del Aión, porque lo imita, lo refleja, lo copia, lo produce o representa.
  2. Chrónos depende constitutivamente del Aión: el uno no puede darse sin el otro.

Platón lo resumía con “la imagen móvil de la inmóvil eternidad”

Por lo tanto se llega a la conclusión teórica que el tránsito de la eternidad al tiempo es el que hace posible todo tránsito, todo cambio, todo movimiento.

Como sabemos, el tiempo es rítmico, se mueve, tiene sus ciclos, el tiempo es métrico. El Aión, por lo tanto, no puede ser pensado sin el Chrónos. En otras palabras, gracias a él  se conoce el Aión. Además, la copia (Chrónos) no puede darse sin el original (Aión); a su vez, el original no puede darse sin la copia.

La idea fundamental de todo esto es que la eternidad no puede dejar de engendrar o producir tiempo como fórmula universal.

Desde otra perspectiva,si nos remitimos a la geología, por ejemplo, los fósiles nos cuenta una historia, clara y precisa. Las rocas, los fósiles nos detallan una historia personal, sabiendo la edad que tiene, por ejemplo, la tierra. Esto es la prueba que tenemos del tiempo, marcas o huellas que dejan un elemento, un objeto, un fósil, que pasan a nuestros recuerdos. Algunos científicos creen que cuando percibimos el movimiento es una ilusión que nuestro cerebro procesa, nos cuenta una historia. Igualmente, los recuerdos lejanos nos hacen dudar. Por ejemplo, si dudo que hace 20 años viajé al norte de España a un lugar concreto y determinado, recurro al álbum de fotografías para “refrescar” la memoria.

Recapitulemos: envejecer es cambiar y nos permite decir que el tiempo pasa; de lo contrario, si no envejecemos el tiempo no pasa.Por lo tanto, el tiempo es un parámetro que utilizamos para definir cambios. Esta es la idea que se tiene sobre el tiempo, por eso, se dice que el tiempo existe, porque lo vemos en nosotros mismos. La problemática que nos encontramos se ve también reflejada en la ambigüedad con la que es tratado el tiempo en los refranes y la fraseología popular:

“se me ha pasado el tiempo volando”

“se me ha hecho el tiempo pesado, largo”

“La semana se me ha hecho corta..”

Como podemos observar, también el tiempo es psicológico, subjetivo.

Un segundo se ve de manera diferente:el latido de un corazón se mueve cada segundo, pero en ese mismo segundo el sol ha viajado 274 km por nuestra galaxia. Las neuronas transmiten impulsos eléctricos en menos de un segundo…En un mismo segundo, nacer y morir se dan la mano. En definitiva, existe el movimiento, pero parece ser que el tiempo es algo muy subjetivo y psicológico.

El más claro ejemplo son las estrellas y galaxias que están a millones de años luz de distancia. Las podemos ver en los cielos pero ellas ya no están ahí, se han movido, hace miles de años que ya no están ahí. Parece magia.

A su vez, la memoria y el tiempo  van ligados entre sí. Un hecho que nos de miedo, un recuerdo tortuoso parece que nos dio una sensación mucho más duradera en el tiempo; sin embargo, una vacaciones en el Caribe pasan volando.

imagen_tiempoYo soy de los que pienso que el tiempo no existe. Es una invención. Lo que es infinito no puede dejar de serlo por división del tiempo. Para ello, me baso en las ideas de Julian Barbour, considerado una eminencia en la cosmología del tiempo. Barbour propone una física sin tiempo desde un polémico punto de vista en el cual el tiempo, tal como lo percibimos, no existe más que como ilusión, añadiendo que algunos problemas en las teorías de la física surgen de suponer su existencia como real. Barbour argumenta que no tenemos ninguna evidencia del pasado más allá de nuestra memoria de él, de igual modo, que no hay evidencia de un futuro que no sea nuestra creencia en el mismo. «El cambio se limita a crear una ilusión de tiempo, con cada momento individual existiendo por derecho propio, completo y entero.» Él llama a estos momentos los “ahoras”. Todo es una ilusión: no hay movimiento ni cambio alguno. El físico afirma además que la ilusión del tiempo es lo que interpretamos a través de lo que él llama “cápsulas de tiempo”, que representan «cualquier patrón fijo que genere o codifique la apariencia de movimiento, cambio o historia».

Igualmente,  la teoría de Einstein refleja una imagen del universo que actúa como un “bloque” estático que no cambia, en el cual el futuro y el pasado no difieren, de tal forma que la izquierda y la derecha no difieren físicamente. Tanto Barbour como Einstein piensan que el tiempo es solo una “ilusión persistente”

El tiempo tampoco existe en la Ecuación de Wheeler-DeWitt, que pretendía unir la relatividad y la mecánica cuántica. “Podemos decir que el tiempo simplemente desapareció de la ecuación de Wheeler-DeWitt. Es una cuestión por la que muchos teóricos se quedan desorientados. Quizá la mejor manera de pensar acerca de la realidad cuántica es abandonar el concepto de tiempo para que la descripción fundamental del universo sea intemporal”, expresa Carlo Rovelli, físico de la Universidad del Mediterráneo en Marsella.

Leucipo de Mileto, filósofo presocrático, expresa que los átomos están en movimiento desde la eternidad.  Su número, dado el número infinito de átomos y la inmensidad de espacios vacíos, es también infinito. Los átomos y el espacio vacío son los dos únicos elementos constitutivos de la realidad. Pero igual que en los seres individuales hay infinitos espacios vacíos, así también el espacio vacío circunda nuestro mundo y todos los mundos posibles y se extiende hasta el infinito, sin divisiones temporales.

Muchos científicos están ahora mismo resolviendo un problema que hace más de miles de años los primeros observadores de la naturaleza se cuestionaron :la vida, la muerte, la eternidad y el tiempo. Si consideraron al Uno como la idea del Bien, lo original, lo eterno, lo perfecto, ¿Por qué se originó la multiplicidad, el mal, el no Uno, la copia? En mi opinión, creo que esa no es la pregunta correcta, porque hemos observado que después de miles y miles de años los científicos no dan con la tecla acertada. Quizás, hay que liberarse de esa y otras cuestiones y observar que formamos parte del infinito, de la eternidad y que somos partícipe de este “movimiento” temporal en un universo atemporal..

Por otra parte, el Aión vive por encima del tiempo, en la eternidad. El Chrónos es una caída, una involución. De ahí se entiende que no evolucionemos de una manera caprichosa, sino que nos convertimos en algo que siempre hemos sido en nuestra naturaleza eterna. Hay una máxima oculta que dice: “conviértete en lo que eres”.

El tiempo es el resultado de la expresión de un arquetipo, incomprensible al intelecto humano, que se manifiesta gradualmente, en términos de tiempo y espacio,  en el proceso de la evolución. El tiempo es una expresión parcial y limitada.

El propósito de todo cambio o movimiento que percibimos forma parte del esquema de la evolución,de ayudar al desenvolvimiento de ese componente superior.

Todo cuanto suceda en el plano físico espacio-tiempo es un reflejo de algo más grande y bello que ocurre en los planos superiores. Existe una máxima que dice: “como es arriba, así es abajo”. Es decir, no sólo el Chronos es reflejo del Aión, sino que todo cuanto sucede en nuestra esfera física tiene su impacto e influencia en la esfera superior. En otras palabras, lo interno y lo externo, lo superior e lo inferior, aparecen afectándose recíprocamente en todo momento, y esta conexión lleva a cabo el proceso que vemos como evolución o desenvolvimiento.

Atributos de Chrónos:

  • Es limitado.
  • Desdicha: el paso del tiempo.
  • Relacionado con la memoria, la materia física.

Atributos de Aión:

  • Libertad
  • Inmortalidad
  • Felicidad
  • Independencia (cambios, enfermedad, muerte, etc..)
  • El tiempo es una expresión de la eternidad, del mismo modo que todos los colores naturales o artificiales son combinaciones diferentes de los tres colores primarios.
  • El Aión capacita a Chrónos para producir cambios y nosotros los percibimos por medio de los órganos sensoriales. Así captamos las vibraciones de luz, sonido, etc..

Para terminar, y a modo de aclaración hemos de saber que Chronos ha sido a veces confundido con Cronos, “el Tiempo” en griego, sin que exista relación etimológica.

 

 

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El amor y la muerte en Alcestis

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Admeto, Alcestis de vuelta del Hades y Heracles con la piel del León de Nemea: A Tánatos, dios de la muerte, Hércules le arrebata a Alcestis y la devuelve a Admeto. Óleo en lienzo de Johann Heinrich Tischbein. (1780)

La primera mención de Alcestis y Admeto aparece ya en los poemas homéricos (Ilíada II 711 y 763; XXIII 376). En el verso 766 del canto II de la Ilíada parece haber ya una alusión al mito de Apolo sirviendo de jornalero en casa de Admeto.
Según cuenta la leyenda, el punto de arranque es el castigo que recibió Asclepio de Zeus por haber resucitado a un muerto. Por semejante acto, Zeus lo mató con su rayo. En venganza de ello, Apolo, padre de Asclepio, quitó la vida a los Cíclopes, que eran encargados de fabricar el fuego de Zeus. A pesar de que el sumo dios quería precipitar a Apolo en las profundidades del Tártaro, la intervención mediadora de su madre Leto hizo que solo fuera castigado a servir como jornalero durante un año en la mansión de un mortal, Admeto. Apolo tuvo que ocuparse de los rebaños, como tarea humillante para un dios. Sin embargo, Apolo en seguida prestaría servicios muy superiores a Admeto, concediéndole el deseo de poder casarse con Alcestis. El día de la boda Admeto olvidó de hacer los sacrificios a Ártemis y, en venganza de ello, fue castigado con la muerte. Gracias a la intervención de Apolo, las Moiras aceptan que una persona muera en su lugar. La única persona que se brinda a realizar el sublime sacrificio es su esposa Alcestis. Según la versión popular del mito, tras morir Alcestis, Perséfone, la esposa de Hades e hija de Deméter, compadeciéndose de la muchacha, la devuelve a la vida. Sin embargo, en la versión de Eurípides es salvada por Heracles, que obliga a los dioses infernales a entregarle a Alcestis. En definitiva, el drama, en ambos mito, es satírico, pues tiene un desenlace alegre y placentero,contrario a la cara trágica. La leyenda se hizo muy popular (438 a. C) pues destaca dos temas muy cercanos entre los antiguos: el de la esposa amante que ofrece el sacrificio de su vida para salvar la de su esposo y, unido a éste, el de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
En Animasmundi nos centraremos ahora en un análisis más amplio de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
No sería la primera vez que se gana a la muerte aunque Tánatos actúe cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. Cabe recordar el mito de Sísifo comentado en este blog. Esta vez la situación fue remediada por Heracles que entró en la tumba de Alcetis y luchó contra Tánatos. Tánatos no sólo no pudo vencer al mísmisimo Heracles sino que se vio obligado, por las artimañas de los dioses, en especial de Apolo, de devolver la vida a Alcestis.
Hay que destacar que Tánatos no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
Cuando Alcestis vuelve a la vida es curioso como Heracles le explica a Admeto la nueva situación: Alcestis se esconde tras un velo, en silencio, como un espectro residual. Alcestis deberá recuperar gradualmente su vida, justamente eliminando esa parte consagrada a los dioses infernales, Hades y Perséfone. Heracles, curiosamente, afirma no ser un nigromante.

Tánatos.

Tánatos.

Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos: ¿es natural esta relación de la muerte ligada con la vida? En la sociedad de la antigua Grecia este rol no era para nada extraño. Recordemos por ejemplo el mito de Sísifo. Zeus, para vengarse de la acusación de Sísif,o envió a Tánatos, la Muerte, para que se apoderase de él, pero fue el astuto mortal quien consiguió hacerlo prisionero y lo retuvo cargado de cadenas, librando así a los mortales por un tiempo del funesto genio alado. Tánatos, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte. Esta vez, Sísifo, antes de morir, rogó a su esposa que no le tributase honras fúnebres. Al llegar al Tártaro, Sísifo pudo así pedir a Hades que le permitiera regresar al mundo de los vivos con el pretexto de castigar la impiedad de su esposa. Sísifo regresó  a Corinto y sus días transcurrieron dichosos hasta edad muy avanzada, pero cuando finalmente murió, los escarmentados dioses del Olimpo le impusieron el suplicio de la roca para mantenerlo ocupado sin descanso y que no pudiera así urdir nuevas tretas. En definitiva, el ser humano, desde tiempos remotos, veía la manera de escapar de la muerte como una alternativa real.
Con Alcestis pretendo reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte, porque de esta manera estoy totalmente convencido de que podemos llevar una existencia más tranquila, profunda y en paz. En la Grecia antigua, el tema de la vida y la muerte estaba muy arraigado en su cultura, se hablaba y se meditaba sobre el tema. De hecho, se observaba al universo de manera que el individuo estaba constituido por la misma materia que conformaban los astros. Por eso, cada uno de nosotros está viviendo cada segundo de su vida las etapas del nacimiento y la muerte, como una rueda que gira sin parar.

De esta manera, el mito de Sísifo nos recuerda que no debemos quebrantar las leyes del universo, pero en Alcestis ¿el amor vence a la muerte? Admeto escapa a la muerte, su día estaba escrito, pero Alcestis, por amor, decide cambiar su vida por la de Admeto. Al morir Alcestis, Admeto se sintió condenado a una pena perpetua de vivir solo en la soledad, llevando una existencia pobre sin el amor de su vida. Reflexionó que no hay que intentar alterar el destino; también, aprendió que el que vive, aunque vea el sol salir cada día, ya no vive; que la vida es amor y, al no tener ese ingrediente, se arrepiente de no haber muerto.
En definitiva, para mí Alcestis es una de las mejores obras de Eurípedes porque hoy día sigue tan vigente como entonces. Además, da lugar a muchas interpretaciones, todas muy válidas, eso es realmente espectacular, porque el tema de la muerte aún sigue siendo la asignatura pendiente de la humanidad.

Bibliografía:

  1.  004. Tragedias (Eurípides). Vol. 1.: El cíclope. Alcestis. Medea. Los heraclidas. Hipólito. Andrómaca. Hécuba (BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

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ÍTACA

Desde Animasmundi quiero dar apoyo al pueblo griego que está atravesando la peor crisis económica de su historia. Cuando se mira atrás no vemos nada más que una Grecia que creó una brillante cultura que aún está latente en nosotros. Esta gran civilización ahora está en la cuerda floja y entre todos, de una manera u otra, tenemos que extender nuestros corazones hacia ella. Por eso, he recurrido al poeta griego Constantino Petrou Cavafis, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Con su poema “Viaje a Ítaca”  nos recuerda que lo más importante es el camino y lo que aprendemos mientras lo recorremos en cada paso que damos. En este maravilloso “viaje” llamado vida, destaco lo importante que es el viaje interior que realizamos, lo que aprendemos de él y de que manera crecemos interiormente, obteniendo sabiduría y experiencia. Sensibilizarnos con el pueblo griego es para mi algo muy importante y especial  porque nuestras raíces se vinculan estrechamente con su cultura, en general, es decir: filosofía, literatura, historia, matemáticas, astronomía, teatro, medicina, poesía…En definitiva, todos deseamos que Grecia encuentre su “Ítaca” porque todos somos Grecia.

Cuando salgas en el viaje, hacia Itaca

desea que el camino sea largo,

pleno de aventuras, pleno de conocimientos.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al irritado Poseidón no temas,

tales cosas en tu ruta nunca hallarás,

si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta

emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

y al feroz Poseidón no encontrarás,

si dentro de tu alma no los llevas,

si tu alma no los yergue delante de ti.

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

en que con cuánta dicha, con cuánta alegría

entres a puertos nunca vistos:

detente en mercados fenicios,

y adquiere las bellas mercancías,

ámbares y ébanos, marfiles y corales,

y perfumes voluptuosos de toda clase,

cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;

anda a muchas ciudades Egipcias

a aprender y aprender de los sabios.

Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.

Llegar hasta allí es tu destino.

Pero no apures tu viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure:

y viejo ya ancles en la isla,

rico con cuanto ganaste en el camino,

sin esperar que riquezas te dé Itaca.

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieras salido al camino.

Otras cosas no tiene ya que darte.

Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.

Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,

ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.

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