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Pensamientos, reflexiones, meditaciones sobre filósofos griegos que dejaron su voz entre nosotros para la eternidad. Por eso, también podemos dejar nuestras reflexiones sobre la vida, la muerte, el destino, el azar así como nuestros sentimientos más profundos de nosotros mismos.

Chrónos, ¿el tiempo existe?

animasmundi_chronosAión es el dios de la eternidad al que no le hace falta devorar nada para ser eterno, es a la vez niño y anciano, el dios generoso y satisfecho que tiene sentido en sí mismo, el dios que no contempla los objetivos ni los planes sino que nos invita a la acción con valor por sí misma. Hay que destacar que el dios Aión no es ningún dios genético. Siempre está. No nace, no es originado, sino originario. No tiene que sublevarse contra nada y no tiene que comerse nada para ser eterno, tan solo da. En otras palabras, Aión es la eternidad.

Por otra parte, basándonos en las palabras de Antonio Campillo, al Tiempo, Chrónos, se le considera como la suma actual de todos los ahoras o instantes y como la suma virtual (en potencia, esto es, no llevada a término nunca) de esos mismos instantes o ahoras. Es a la suma actual o simultánea a la que acabará por dársele el nombre de Aión, y es a la suma virtual o sucesiva a la que acabará por dársele el nombre del Chronos.Si la suma sucesiva es infinita, y por tanto innumerable, sin principio ni fin, los antiguos filósofos se preguntaron varias cuestiones: ¿cómo puede darse una simultaneidad de la eternidad en acto? ¿Qué relación de semejanza y diferencia mantiene entre sí las dos infinitudes o eternidades: la infinita o eterna simultaneidad y la infinita o eterna sucesión?(Aión, Chronos y Kairós: la concepción del tiempo en la Grecia Clásica). Este es el gran problema que se encontraron los filósofos de la antigua Grecia, siendo para  los científicos actuales un rompecabezas aún por resolver.

El tiempo es complejo, ambiguo y a la vez relativo. Es decir, pensamos en el tiempo como un río que abarca del nacimiento a la muerte, pero en realidad, de lo que nos percatamos es de lo cambios que observamos, por eso recurrimos al concepto del tiempo. El tiempo es tan complejo que hay opiniones diversas sobre el tema: muchos científicos piensan que el tiempo es una ilusión pura y no existe; otros, piensan que el tiempo existe; y, a la vez, hay otros científicos que tienen dudas.

Vayamos por parte: Heráclito decía que el sol es siempre el mismo, y sin embargo es nuevo cada día. Afirmaba que lo eterno es a la vez instantáneo. También destacaba que lo más viejo es a la vez lo más joven y que el mundo entero está comenzando a cada instante. En definitiva, la suma sucesiva es infinita, sin principio ni fin.

Pero, la cuestión es: ¿Por qué se da simultaneidad de lo infinito?

Anaximandro establece dos dimensiones.

  1. Originaria: se refiere a ilimitada, eterna.
  2. Originada: se refiere a limitada y temporal.

La segunda parte depende de la primera, y esto hace que el Tiempo sea eterno, pero es una eternidad regulada, una sucesión numérica o rítmica de los ciclos cósmicos.

Anaximandro llama Ápeiron a aquello que es principio (Arché) y expresa que es eterno. De este Ápeiron nace los cielos y el mundo, en cuyo seno nacen y perecen, se engendran y corrompen todas las cosas. Del ser ilimitado nacen las cosas limitadas (temporales) que vuelven a retornar cuando perecen.

Parménides mantiene la siguiente idea:

  1. Vía del Ser: se refiere que es siempre.
  2. Vía del no-Ser: aquello que llega a ser y deja de ser.

Parménides piensa que el Ser que “es siempre” no puede ser ilimitado porque sería “igual a sí mismo”, estaría completo, lo tiene todo, y al abarcarlo todo es inmóvil.

El Ser sería: eterno, perfecto, autosuficiente, inmóvil, siempre igual a sí mismo. Esta base filosófica fue aceptada después por Plotino y Platón, entre otros.

Parménides, por otra parte, refuerza su teoría identificando la Vía del Ser con la Vía de la Verdad (Aletheia) y el pensar y  la Vía del no- Ser con la vía de las apariencias, de las opiniones (doxa) diversas, cambiantes. Parménides concluye que ambas vías son diferentes pero necesarias.

Aparcamos un momento el plano filosófico y vamos a hacer una reflexión:

crhnos_animasmundiEl sol sale por el este, pero llegará un instante, un momento en el que el sol estará en otra posición. Su movimiento nos indica que el tiempo avanza. Si se parase el sol y mis manos se parasen y nada cambiara, entonces podríamos decir que no ha pasado el tiempo. Por otra parte, sabemos que el tiempo se divide en tres estadios: pasado, presente y futuro, pero sabemos que estos estadios no son más que ilusiones. Igualmente, pensamos que el fluir estáasociado al movimiento. El aire, el agua, la tierra se mueven, es decir, fluyen, lo observamos con nuestras percepciones. Pero el tiempo, en sí, no lo vemos, solo apreciamos los cambios. Los objetos físicos tienen cambio. Los tiempos pasados y futuros no tienen una base real; los sucesos si tienen una base real, tienen una secuencia unidireccional. Por ejemplo: si hago rodar un huevo sobre la mesa, caerá al suelo y el huevo se romperá. Sabemos que es imposible volver atrás, es decir, reconstruir el huevo de nuevo. Por lo tanto, no podemos volver al pasado, porque el pasado no es un lugar; ni tampoco podemos viajar al futuro, porque tampoco es un lugar. A primera vista, parece que el tiempo tiene una dirección hacia el futuro, pero esto no implica que el tiempo avance hacia él. De la misma manera que, aunque una brújula apunta siempre al norte, no significa que estemos avanzando hacia el norte. La flecha indica una simetría, como arriba y abajo es una posición relativa en el espacio, por eso el futuro y el pasado son posiciones a lo largo de un eje que es el tiempo. Por lo tanto, no tiene sentido hablar de futuro y pasado.

Como se puede comprobar hay ambigüedad en el tiempo y hay confusión, pero ¿cómo podemos asegurar que el tiempo pasa? Una cuestión que para la comunidad científica es un quebradero de cabeza.

Volviendo al Aión y a Chrónos, se pensaba que ambos mantenían una relación de grados, de diferentes jerarquías, pero además se deliberaba quedefendían una relación tanto de precedencia como de procedencia. Pero, ¿cómo se origina el tiempo a partir de la eternidad? ¿Qué movimiento es ése por el que pasa de lo inmóvil a lo móvil, de lo perfecto a lo imperfecto, del alma al cuerpo inmortal? ¿Por qué se piensa como un movimiento de degradación, como una “caída” una “deuda” que ha de ser pagada? Muchas preguntas y pocas respuestas fiables…

Partimos de la idea que desde el Aión al Chrónos hay un instante, un punto, un momento en el que se da un movimiento o tránsito, pero no puede darse en el tiempo, pues es precisamente el cambio que da origen al tiempo. Pero a su vez, este movimiento o tránsito tampoco puede darse en la eternidad porque la eternidad no puede cambiar. Ese justo instante, ese “nacimiento”, ese punto de conexión, el intervalo, por llamarlo de alguna manera,  una “chispa”, es el punto donde se encuentra la eternidad y el tiempo. Hay muchas más cuestiones sobre el tiempo que no dependen sólo de cuestionarse su existencia:

  1. ¿Cómo ha sido pensado el instante?
  2. ¿Cómo se realiza en él la génesis del Chrónos a partir del Aión?

Estas preguntas  no se pueden explicar cronológicamente, pero sí ontológicamente, y según cuenta Platón de Parménides,  el filósofo parte de dos ideas:

  1. Chrónos deriva del Aión, porque lo imita, lo refleja, lo copia, lo produce o representa.
  2. Chrónos depende constitutivamente del Aión: el uno no puede darse sin el otro.

Platón lo resumía con “la imagen móvil de la inmóvil eternidad”

Por lo tanto se llega a la conclusión teórica que el tránsito de la eternidad al tiempo es el que hace posible todo tránsito, todo cambio, todo movimiento.

Como sabemos, el tiempo es rítmico, se mueve, tiene sus ciclos, el tiempo es métrico. El Aión, por lo tanto, no puede ser pensado sin el Chrónos. En otras palabras, gracias a él  se conoce el Aión. Además, la copia (Chrónos) no puede darse sin el original (Aión); a su vez, el original no puede darse sin la copia.

La idea fundamental de todo esto es que la eternidad no puede dejar de engendrar o producir tiempo como fórmula universal.

Desde otra perspectiva,si nos remitimos a la geología, por ejemplo, los fósiles nos cuenta una historia, clara y precisa. Las rocas, los fósiles nos detallan una historia personal, sabiendo la edad que tiene, por ejemplo, la tierra. Esto es la prueba que tenemos del tiempo, marcas o huellas que dejan un elemento, un objeto, un fósil, que pasan a nuestros recuerdos. Algunos científicos creen que cuando percibimos el movimiento es una ilusión que nuestro cerebro procesa, nos cuenta una historia. Igualmente, los recuerdos lejanos nos hacen dudar. Por ejemplo, si dudo que hace 20 años viajé al norte de España a un lugar concreto y determinado, recurro al álbum de fotografías para “refrescar” la memoria.

Recapitulemos: envejecer es cambiar y nos permite decir que el tiempo pasa; de lo contrario, si no envejecemos el tiempo no pasa.Por lo tanto, el tiempo es un parámetro que utilizamos para definir cambios. Esta es la idea que se tiene sobre el tiempo, por eso, se dice que el tiempo existe, porque lo vemos en nosotros mismos. La problemática que nos encontramos se ve también reflejada en la ambigüedad con la que es tratado el tiempo en los refranes y la fraseología popular:

“se me ha pasado el tiempo volando”

“se me ha hecho el tiempo pesado, largo”

“La semana se me ha hecho corta..”

Como podemos observar, también el tiempo es psicológico, subjetivo.

Un segundo se ve de manera diferente:el latido de un corazón se mueve cada segundo, pero en ese mismo segundo el sol ha viajado 274 km por nuestra galaxia. Las neuronas transmiten impulsos eléctricos en menos de un segundo…En un mismo segundo, nacer y morir se dan la mano. En definitiva, existe el movimiento, pero parece ser que el tiempo es algo muy subjetivo y psicológico.

El más claro ejemplo son las estrellas y galaxias que están a millones de años luz de distancia. Las podemos ver en los cielos pero ellas ya no están ahí, se han movido, hace miles de años que ya no están ahí. Parece magia.

A su vez, la memoria y el tiempo  van ligados entre sí. Un hecho que nos de miedo, un recuerdo tortuoso parece que nos dio una sensación mucho más duradera en el tiempo; sin embargo, una vacaciones en el Caribe pasan volando.

imagen_tiempoYo soy de los que pienso que el tiempo no existe. Es una invención. Lo que es infinito no puede dejar de serlo por división del tiempo. Para ello, me baso en las ideas de Julian Barbour, considerado una eminencia en la cosmología del tiempo. Barbour propone una física sin tiempo desde un polémico punto de vista en el cual el tiempo, tal como lo percibimos, no existe más que como ilusión, añadiendo que algunos problemas en las teorías de la física surgen de suponer su existencia como real. Barbour argumenta que no tenemos ninguna evidencia del pasado más allá de nuestra memoria de él, de igual modo, que no hay evidencia de un futuro que no sea nuestra creencia en el mismo. «El cambio se limita a crear una ilusión de tiempo, con cada momento individual existiendo por derecho propio, completo y entero.» Él llama a estos momentos los “ahoras”. Todo es una ilusión: no hay movimiento ni cambio alguno. El físico afirma además que la ilusión del tiempo es lo que interpretamos a través de lo que él llama “cápsulas de tiempo”, que representan «cualquier patrón fijo que genere o codifique la apariencia de movimiento, cambio o historia».

Igualmente,  la teoría de Einstein refleja una imagen del universo que actúa como un “bloque” estático que no cambia, en el cual el futuro y el pasado no difieren, de tal forma que la izquierda y la derecha no difieren físicamente. Tanto Barbour como Einstein piensan que el tiempo es solo una “ilusión persistente”

El tiempo tampoco existe en la Ecuación de Wheeler-DeWitt, que pretendía unir la relatividad y la mecánica cuántica. “Podemos decir que el tiempo simplemente desapareció de la ecuación de Wheeler-DeWitt. Es una cuestión por la que muchos teóricos se quedan desorientados. Quizá la mejor manera de pensar acerca de la realidad cuántica es abandonar el concepto de tiempo para que la descripción fundamental del universo sea intemporal”, expresa Carlo Rovelli, físico de la Universidad del Mediterráneo en Marsella.

Leucipo de Mileto, filósofo presocrático, expresa que los átomos están en movimiento desde la eternidad.  Su número, dado el número infinito de átomos y la inmensidad de espacios vacíos, es también infinito. Los átomos y el espacio vacío son los dos únicos elementos constitutivos de la realidad. Pero igual que en los seres individuales hay infinitos espacios vacíos, así también el espacio vacío circunda nuestro mundo y todos los mundos posibles y se extiende hasta el infinito, sin divisiones temporales.

Muchos científicos están ahora mismo resolviendo un problema que hace más de miles de años los primeros observadores de la naturaleza se cuestionaron :la vida, la muerte, la eternidad y el tiempo. Si consideraron al Uno como la idea del Bien, lo original, lo eterno, lo perfecto, ¿Por qué se originó la multiplicidad, el mal, el no Uno, la copia? En mi opinión, creo que esa no es la pregunta correcta, porque hemos observado que después de miles y miles de años los científicos no dan con la tecla acertada. Quizás, hay que liberarse de esa y otras cuestiones y observar que formamos parte del infinito, de la eternidad y que somos partícipe de este “movimiento” temporal en un universo atemporal..

Por otra parte, el Aión vive por encima del tiempo, en la eternidad. El Chrónos es una caída, una involución. De ahí se entiende que no evolucionemos de una manera caprichosa, sino que nos convertimos en algo que siempre hemos sido en nuestra naturaleza eterna. Hay una máxima oculta que dice: “conviértete en lo que eres”.

El tiempo es el resultado de la expresión de un arquetipo, incomprensible al intelecto humano, que se manifiesta gradualmente, en términos de tiempo y espacio,  en el proceso de la evolución. El tiempo es una expresión parcial y limitada.

El propósito de todo cambio o movimiento que percibimos forma parte del esquema de la evolución,de ayudar al desenvolvimiento de ese componente superior.

Todo cuanto suceda en el plano físico espacio-tiempo es un reflejo de algo más grande y bello que ocurre en los planos superiores. Existe una máxima que dice: “como es arriba, así es abajo”. Es decir, no sólo el Chronos es reflejo del Aión, sino que todo cuanto sucede en nuestra esfera física tiene su impacto e influencia en la esfera superior. En otras palabras, lo interno y lo externo, lo superior e lo inferior, aparecen afectándose recíprocamente en todo momento, y esta conexión lleva a cabo el proceso que vemos como evolución o desenvolvimiento.

Atributos de Chrónos:

  • Es limitado.
  • Desdicha: el paso del tiempo.
  • Relacionado con la memoria, la materia física.

Atributos de Aión:

  • Libertad
  • Inmortalidad
  • Felicidad
  • Independencia (cambios, enfermedad, muerte, etc..)
  • El tiempo es una expresión de la eternidad, del mismo modo que todos los colores naturales o artificiales son combinaciones diferentes de los tres colores primarios.
  • El Aión capacita a Chrónos para producir cambios y nosotros los percibimos por medio de los órganos sensoriales. Así captamos las vibraciones de luz, sonido, etc..

Para terminar, y a modo de aclaración hemos de saber que Chronos ha sido a veces confundido con Cronos, “el Tiempo” en griego, sin que exista relación etimológica.

 

 

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El amor y la muerte en Alcestis

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Admeto, Alcestis de vuelta del Hades y Heracles con la piel del León de Nemea: A Tánatos, dios de la muerte, Hércules le arrebata a Alcestis y la devuelve a Admeto. Óleo en lienzo de Johann Heinrich Tischbein. (1780)

La primera mención de Alcestis y Admeto aparece ya en los poemas homéricos (Ilíada II 711 y 763; XXIII 376). En el verso 766 del canto II de la Ilíada parece haber ya una alusión al mito de Apolo sirviendo de jornalero en casa de Admeto.
Según cuenta la leyenda, el punto de arranque es el castigo que recibió Asclepio de Zeus por haber resucitado a un muerto. Por semejante acto, Zeus lo mató con su rayo. En venganza de ello, Apolo, padre de Asclepio, quitó la vida a los Cíclopes, que eran encargados de fabricar el fuego de Zeus. A pesar de que el sumo dios quería precipitar a Apolo en las profundidades del Tártaro, la intervención mediadora de su madre Leto hizo que solo fuera castigado a servir como jornalero durante un año en la mansión de un mortal, Admeto. Apolo tuvo que ocuparse de los rebaños, como tarea humillante para un dios. Sin embargo, Apolo en seguida prestaría servicios muy superiores a Admeto, concediéndole el deseo de poder casarse con Alcestis. El día de la boda Admeto olvidó de hacer los sacrificios a Ártemis y, en venganza de ello, fue castigado con la muerte. Gracias a la intervención de Apolo, las Moiras aceptan que una persona muera en su lugar. La única persona que se brinda a realizar el sublime sacrificio es su esposa Alcestis. Según la versión popular del mito, tras morir Alcestis, Perséfone, la esposa de Hades e hija de Deméter, compadeciéndose de la muchacha, la devuelve a la vida. Sin embargo, en la versión de Eurípides es salvada por Heracles, que obliga a los dioses infernales a entregarle a Alcestis. En definitiva, el drama, en ambos mito, es satírico, pues tiene un desenlace alegre y placentero,contrario a la cara trágica. La leyenda se hizo muy popular (438 a. C) pues destaca dos temas muy cercanos entre los antiguos: el de la esposa amante que ofrece el sacrificio de su vida para salvar la de su esposo y, unido a éste, el de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
En Animasmundi nos centraremos ahora en un análisis más amplio de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
No sería la primera vez que se gana a la muerte aunque Tánatos actúe cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. Cabe recordar el mito de Sísifo comentado en este blog. Esta vez la situación fue remediada por Heracles que entró en la tumba de Alcetis y luchó contra Tánatos. Tánatos no sólo no pudo vencer al mísmisimo Heracles sino que se vio obligado, por las artimañas de los dioses, en especial de Apolo, de devolver la vida a Alcestis.
Hay que destacar que Tánatos no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
Cuando Alcestis vuelve a la vida es curioso como Heracles le explica a Admeto la nueva situación: Alcestis se esconde tras un velo, en silencio, como un espectro residual. Alcestis deberá recuperar gradualmente su vida, justamente eliminando esa parte consagrada a los dioses infernales, Hades y Perséfone. Heracles, curiosamente, afirma no ser un nigromante.

Tánatos.

Tánatos.

Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos: ¿es natural esta relación de la muerte ligada con la vida? En la sociedad de la antigua Grecia este rol no era para nada extraño. Recordemos por ejemplo el mito de Sísifo. Zeus, para vengarse de la acusación de Sísif,o envió a Tánatos, la Muerte, para que se apoderase de él, pero fue el astuto mortal quien consiguió hacerlo prisionero y lo retuvo cargado de cadenas, librando así a los mortales por un tiempo del funesto genio alado. Tánatos, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte. Esta vez, Sísifo, antes de morir, rogó a su esposa que no le tributase honras fúnebres. Al llegar al Tártaro, Sísifo pudo así pedir a Hades que le permitiera regresar al mundo de los vivos con el pretexto de castigar la impiedad de su esposa. Sísifo regresó  a Corinto y sus días transcurrieron dichosos hasta edad muy avanzada, pero cuando finalmente murió, los escarmentados dioses del Olimpo le impusieron el suplicio de la roca para mantenerlo ocupado sin descanso y que no pudiera así urdir nuevas tretas. En definitiva, el ser humano, desde tiempos remotos, veía la manera de escapar de la muerte como una alternativa real.
Con Alcestis pretendo reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte, porque de esta manera estoy totalmente convencido de que podemos llevar una existencia más tranquila, profunda y en paz. En la Grecia antigua, el tema de la vida y la muerte estaba muy arraigado en su cultura, se hablaba y se meditaba sobre el tema. De hecho, se observaba al universo de manera que el individuo estaba constituido por la misma materia que conformaban los astros. Por eso, cada uno de nosotros está viviendo cada segundo de su vida las etapas del nacimiento y la muerte, como una rueda que gira sin parar.

De esta manera, el mito de Sísifo nos recuerda que no debemos quebrantar las leyes del universo, pero en Alcestis ¿el amor vence a la muerte? Admeto escapa a la muerte, su día estaba escrito, pero Alcestis, por amor, decide cambiar su vida por la de Admeto. Al morir Alcestis, Admeto se sintió condenado a una pena perpetua de vivir solo en la soledad, llevando una existencia pobre sin el amor de su vida. Reflexionó que no hay que intentar alterar el destino; también, aprendió que el que vive, aunque vea el sol salir cada día, ya no vive; que la vida es amor y, al no tener ese ingrediente, se arrepiente de no haber muerto.
En definitiva, para mí Alcestis es una de las mejores obras de Eurípedes porque hoy día sigue tan vigente como entonces. Además, da lugar a muchas interpretaciones, todas muy válidas, eso es realmente espectacular, porque el tema de la muerte aún sigue siendo la asignatura pendiente de la humanidad.

Bibliografía:

  1.  004. Tragedias (Eurípides). Vol. 1.: El cíclope. Alcestis. Medea. Los heraclidas. Hipólito. Andrómaca. Hécuba (BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

Enlaces recomendados:

 

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ÍTACA

Desde Animasmundi quiero dar apoyo al pueblo griego que está atravesando la peor crisis económica de su historia. Cuando se mira atrás no vemos nada más que una Grecia que creó una brillante cultura que aún está latente en nosotros. Esta gran civilización ahora está en la cuerda floja y entre todos, de una manera u otra, tenemos que extender nuestros corazones hacia ella. Por eso, he recurrido al poeta griego Constantino Petrou Cavafis, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Con su poema “Viaje a Ítaca”  nos recuerda que lo más importante es el camino y lo que aprendemos mientras lo recorremos en cada paso que damos. En este maravilloso “viaje” llamado vida, destaco lo importante que es el viaje interior que realizamos, lo que aprendemos de él y de que manera crecemos interiormente, obteniendo sabiduría y experiencia. Sensibilizarnos con el pueblo griego es para mi algo muy importante y especial  porque nuestras raíces se vinculan estrechamente con su cultura, en general, es decir: filosofía, literatura, historia, matemáticas, astronomía, teatro, medicina, poesía…En definitiva, todos deseamos que Grecia encuentre su “Ítaca” porque todos somos Grecia.

Cuando salgas en el viaje, hacia Itaca

desea que el camino sea largo,

pleno de aventuras, pleno de conocimientos.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al irritado Poseidón no temas,

tales cosas en tu ruta nunca hallarás,

si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta

emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

y al feroz Poseidón no encontrarás,

si dentro de tu alma no los llevas,

si tu alma no los yergue delante de ti.

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

en que con cuánta dicha, con cuánta alegría

entres a puertos nunca vistos:

detente en mercados fenicios,

y adquiere las bellas mercancías,

ámbares y ébanos, marfiles y corales,

y perfumes voluptuosos de toda clase,

cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;

anda a muchas ciudades Egipcias

a aprender y aprender de los sabios.

Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.

Llegar hasta allí es tu destino.

Pero no apures tu viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure:

y viejo ya ancles en la isla,

rico con cuanto ganaste en el camino,

sin esperar que riquezas te dé Itaca.

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieras salido al camino.

Otras cosas no tiene ya que darte.

Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.

Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,

ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.

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En el laberinto de Homero

Aplaudo vigorasemente a los escritores que se lanzan a escribir sobre los clásicos. Aquí tenemos un valiente, os lo presento:

«Homero es joven cada mañana y no hay nada más viejo que el periódico de hoy cuando ya se ha leído», recordaba el escritor católico francés Charles Péguy evocando la eterna vigencia de los poemas de Homero. Y, en efecto, Homero está inserto ineludiblemente, podríamos decir, no sólo en nuestro ADN cultural, sino en nuestras vidas. La guerra de Troya, aquel conflicto mítico y primordial que es epítome de toda la condición humana, de su grandeza y miseria, ilumina desde hace siglos la literatura y la historia de Occidente, que ha engendrado desde sus propios comienzos. El regreso del rey Odiseo, uno de los retornos de los caudillos griegos a sus hogares, culmina el díptico tradicionalmente atribuido a Homero y que supone la génesis no sólo de nuestra manera de entender la literatura antigua y sus muchas reinterpretaciones a lo largo de los siglos, sino también de la propia historia europea, que encuentra en aquella celebrada «materia troyana» la chispa inicial y la inspiración originaria.

Historicidad, guerra y recuerdo

Un triángulo de literatura, historia y recepción, podríamos decir, se despliega gracias a los poemas homéricos: primero el ciclo épico acerca del asedio y la destrucción de Troya, germen de toda literatura para nosotros, que Borges consideraba el ciclo básico y primero de los cuatro en los que subdividía los esquemas literarios; en segundo lugar, la historicidad de una guerra arcaica en un recuerdo lejano, en el que los griegos creyeron ciegamente y que sólo desde 1871, siguiendo a Heinrich Schliemann, pudo demostrarse auténtico y ser investigado por la ciencia arqueológica; y en tercer lugar, la historia de sus innumerables recreaciones y postrimerías en Virgilio, Dante, Cervantes, Joyce y tantos otros. Pero lo más importante de Homero es que nos pertenece a todos. Es un clásico permanente que resulta inmune a los eruditos y abierto a que todo tipo de personas, de diversas épocas, se acerquen a él, de forma tal vez sólo comparable a Shakespeare y Cervantes, que cierran el triunvirato sublime de los clásicos universales. Como decía el viejo adagio de A. v. Schlegel: «Leed, leed a los antiguos, que lo que los modernos dicen de ellos importa más bien poco». Y es que su mensaje es tan poderoso que nadie resulta ajeno a él, como nos recuerda ahora este estupendo libro titulado «El mundo de Homero», de John Freely, físico y profesor, conocido como escritor amante de los viajes (también por tiempos pasados, como muestra ahora).

Freely no es especialista en filología clásica, historia antigua o arqueología, pero fue iluminado por Homero en el transcurso de un viaje por mar cuando servía en la Marina estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces las aventuras de Aquiles y Odiseo quedaron grabadas a fuego en su memoria y años después les dedicó este libro, que supone una completa guía de lectura e introducción al mundo de Homero realizada por un no especialista y dedicada para no especialistas, con todas las virtudes que ello tiene y, por supuesto, con algunos de sus defectos. Pero ante todo es un libro válido para cumplir la misión que se propone. Por un lado, da testimonio de la «Ilíada», el cantar de esa guerra legendaria en torno a las murallas de Ilión, y de sus episodios desde la funesta cólera de Aquiles. La genial concreción de la larga guerra de Troya en la narración de unos pocos días del décimo año exponen la gloria y la tristeza de todo conflicto y, por excelencia, de la condición humana. Desde la ira egoísta de un cruel aristócrata a la reconciliación final entre dos enemigos que se reconocen en su mutua tragedia entre lágrimas, pasando por la efímera vida de cada uno de los contendientes, cifrada en el relato de las muertes y lances guerreros. Por otro lado, la más moderna peripecia del héroe astuto y aventurero, Odiseo, en pos de su ansiada Ítaca, del regreso a casa junto a su mujer: otro ciclo clave de la literatura, como sugería también Borges, que combina aventuras fantásticas, fabulación novelesca, intrigas cortesanas, la «road movie» más singular y el anhelado «happy ending» del reencuentro. Freely nos conduce hábilmente por los episodios de cada uno de los dos poemas, «Ilíada» y «Odisea», glosando sus pasajes más conocidos (algo tal vez tedioso para quien los haya leído) y resumiendo las cuestiones más importantes de la literatura, la historia (y también la geografía) en torno a Homero a modo de guía de viajes o introducción a su mundo. Se configura así como una guía ideal para el lector interesado y no experto en la materia: tanto para el que lo ha leído como para el que no, al que auguramos lo mejor en tal aventura.

Una guía para la vida

Y es que Homero no es sólo, como hemos argumentado, fundamental para la literatura, la historia y en general para la cultura occidental, sino que también puede convertirse, como otros clásicos, en el punto de referencia de una vida. Así nos parece que ocurre, por ejemplo, con John Freely. Y curiosamente con otro libro dedicado a Homero recientemente por otro escritor de viajes, el inglés Adam Nicolson, que, lejos de los corsés académicos y eruditos, se acerca a Homero como guía existencial desde su experiencia personal. Como Freely, también Nicolson redescubre a Homero en un viaje marino y lo convierte desde entonces en una guía para la vida, para mejorar la existencia personal y buscar la felicidad en la literatura de este gran clásico. En fin, dos libros paralelos en cierto modo, de dos no especialistas que, sin embargo, reflejan mejor la fascinación y el entusiasmo por Homero que algunos expertos en la materia de prosa insufrible. En definitiva, comprobamos de nuevo cómo lo que canta el vate griego tiene que ver aún hoy con la vida de cada uno de nosotros en un viaje literario de eterna vigencia.

Fuente de información: la Razón

Homero

Homero

Opinión personal:

 Me ha emocionado mucho, muchísimo, leer el artículo y no he dudado en compartilo con todos vosotros. Me siento identificado con cada una de sus líneas y, sobre todo, del concepto que el autor quiere reflejar. Hoy día, lamentablemente, la Humanidades, especialmente la cultura griega, están en el pozo de la sociedad, en el olvido, sin apreciar  los valores tan ricos que aportan en todos los niveles: arte, literatura, teatro, música, arquitectura, etc.  También me veo reflejado en Freely y en Nicolson, ambos no son especialistas en Homero, al igual que yo, pero los tres les ponemos mucho amor y entusiasmo por Homero dándole a nuestras vidas un sentido existencial más personal e íntimo. En definitiva, hoy estoy muy feliz porque Animasmundi forma parte de una realidad no tan lejana como muchos creen. Y para concluir, os invito a que leáis mis reflexiones sobre el mundo homérico: Ulises, más allá del mito.

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Los caballos de Aquiles

Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan valeroso, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar;
sus naturalezas inmortales se indignaban
por esta obra de la muerte que contemplaban.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con las patas, y lloraban a Patroclo
al que sentían inanimado -destruido una
carne ahora mísera -su espíritu desaparecido indefenso
-sin aliento de vuelto
desde la vida a la gran Nada.
Las lágrimas vio Zeus de los inmortales
caballos y apenóse. “En las bodas de Peleo”
dijo “no debí así irreflexivamente actuar;
¡mejor que no os hubiéramos dado caballos míos
desdichados! Qué buscabais allí abajo
entre la mísera humanidad que es juego del destino.
A vosotros que ni la muerte acecha, ni la vejez
efímeras desgracias os atormentan. En sus padecimientos
os mezclaron los humanos”. -Pero sus lágrimas
seguían derramando los dos nobles animales
por la desgracia sin fin de la muerte.

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Este poema pertenece al poeta griego Constantino Petrou Cavafis,  una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Analizaremos su poema, “Los caballos de Aquiles

Aquiles vendando a Patroclo.  kílix de figuras rojas, v. 500 a. C., Staatliche Museen (Berlín)

Aquiles vendando a Patroclo. kílix de figuras rojas, v. 500 a. C., Staatliche Museen (Berlín)

Es muy importante destacar la amistad recíproca que unía  Patroclo con Aquiles . Patroclo participó junto a Aquiles en la guerra de Troya, donde llevó a cabo numerosas hazañas. En una de ellas, la más notable, cuando Aquiles se retiró del combate, Patroclo, al ver la situación crítica en que se encontraban los griegos, convenció a su amigo para que le prestase su armadura y le dejase combatir. Así armado, llevó a cabo una verdadera carnicería  entre las filas troyanas, que sólo acabó cuando Héctor, con ayuda de Apolo, consiguió darle muerte. Al conocer la muerte de su compañero de batalla, Aquiles se lanzó sin armas al combate, espantando con un terrible grito a los troyanos, que huyeron despavoridos. Aquiles, destrozado por la pérdida, rindió honras fúnebres a su amigo . La muerte de Patroclo aparece relatada en los cantos XVI a XXIII de la Ilíada.

En el poema de Cavafis confluyen varios temas interesantes para comentar: el destino y la muerte.

El destino es representado por las Moiras, las diosas que han estado trazando la senda que han de seguir los hombres a lo largo de sus vidas y gobiernan desde el comienzo de los tiempos el destino de la humanidad. Ni Zeus, dios de dioses, es capaz de escapar a sus designios. Con la muerte de Patroclo,  su libertad y la seguridad de ser dueño de su propio futuro no eran sino sombra que se diluían en el inevitable transcurrir del tiempo, pensando que el era  dueño de su vida y que su futuro dependía de sus decisiones libremente adoptadas, pero, de repente, la vida le enseña que no es así, que hay un guión previo y que ellos, de manera inconsciente, se ven sometidos a una estructura diseñada, escrita por la necesidad del destino para reestablecer un orden. Es curioso que Patroclo se esconda bajo la armadura de Aquiles para intimidar al enemigo, desempeñando un papel que no es el suyo. Probablemente, pensaría que la batalla estaría ganada llevando la armadura de su compañero, siendo Aquiles el más temible de todos los guerreros. Patroclo se dejó llevar por la desmesura (hybris) aludiendo a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, especialmente cuando se ostenta poder. Sin embargo, en los animales nunca es posible la hybris, ya que les guía el instinto común a su especie y no existe el peligro de que no se hallen en su lugar. No nos podemos imaginar que un caballo se rebele contra su destino y decida ser el león de la selva. Al contrario, los hombres están dotados de un tipo de libertad, de una capacidad de exceso que sin duda los hacen más interesantes que los animales.

En cuanto al tema de la muerte, Homero traza un esquema muy sencillo sobre el pensamiento de la muerte y el destino del alma:

1) La muerte es el fin del hombre entero, aunque sobreviva el alma.

2) La muerte es la única certeza que posee el hombre sobre su futuro.

3) La sombra de la muerte se proyecta sobre el curso entero de la vida.

 

Obras de referencias:

 

 

 

 

 

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Las Hespérides

Las Hespérides

Las Hespérides

Las Hespérides son las “ninfas del poniente”, hijas de la Niche (Nix) en la Teogonía de Hesíodo, aunque según otras versiones serían hijas de Atlas y Hésperis. Son tres, según la tradición más extendida: Egle (la Brillante), Eritia (la Roja) y Hesperaretusa (la Aretusa del poniente). Con ayuda del dragón Ladón cuidan del jardín de los dioses, donde crecen las manzanas de oro que Gea ofreciera a Hera como presente de bodas. Uno de los últimos trabajos que Euristeo impuso a Heracles consistió en traer dichas manzanas. El héroe tuvo que buscar durante mucho tiempo el jardín, del que la mitología ofrece diversas localizaciones: en el extremo Occidente, en los límites del océano y cerca de las islas de los Bienaventurados, al pie del monte Atlas, o incluso en el país de los hiperbóreos, en el lejano Norte.

Lo esencial en este mito es la relación -fundamental en el pensamiento mágico arcaico- entre el Oeste, región donde se pone el Sol, y el mundo de los muertos. Las manzanas de oro son de hecho frutos de la inmortalidad y la victoria de Heracles en esta prueba prefigura su triunfo final sobre la muerte. Después del robo, Atenea se ocupó de que las manzanas de oro fueran devueltas al jardín del que ya no saldrían.

manzanasLos símbolos

La manzana ha figurado durante mucho tiempo en mitología y en simbología. En el jardín del Edén, como sabemos, la serpiente dio la manzana a Eva y, al dar esa manzana y con su aceptación,  llegó el conocimiento del bien y del mal. Este es un método simbólico de contarnos la historia de la aparición de la mente. Con el advenimiento de la mente llegó también el conocimiento de la dualidad, de la atracción de los pares opuestos, de la naturaleza del alma, que es buena, y de la naturaleza de la forma, que es mala si retiene el alma y le impide su completa expresión.

Es digno de notar que en el jardín del Edén una sola manzana fue dada al ser humano, simbolizando así la separación, la soledad. Heracles tuvo que buscar las manzanas de oro en otro jardín y en el jardín de las Hespérides las manzanas eran el símbolo de la pluralidad, de la síntesis, nutridas por el único árbol de la Vida.

En cuanto al simbolismo de la serpiente, ya hablamos en Animasmundi sobre dicho animal. El enlace es: el simbolismo serpentino. Os recomiendo su lectura. También os recomiendo el siguiente enlace externo sobre un hallazgo en arqueología relacionado con el jardín de las Hespérides: el jardín de las Hespérides

 

Obras de referencias recomendadas:

 

 

 

 

 

 

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La Esperanza, ¿es un bien o un mal?

Pandora

Pandora

(…) Yo le hice pecar. Yo le hice desear ser más, por mi culpa tuvo esperanza.
Interesado por este asunto, pregunté:
¿Pero no es siempre la esperanza un bien, incluso en este caso y por breve que sea?
No es en mi opinión un bien la esperanza, muchacho, sino un mal y el peor de todo. Cuando Pandora cerró su caja, de la que escapaban todos los males, y la cerró a tiempo sólo al irse a escapar la esperanza, la divina esperanza, guardó en reserva el mal más terrible de todo, el incurable. La incurable esperanza humana de que un día seremos felices, o de que una soleada tarde de primavera, aromada por un lilo de flores blancas en torno a las cuales danzan las abejas, sea colmada alguna vez.

Yo no tengo esperanza, Redkins, porque aún reconociendo que es un bien, es un bien que daña mi instalación en la vida. A mi edad- Declaré solemnemente parándome en medio de la noche- ­ esperanza se reduce a energía vital, a gana de vivir. Y la gana de vivir parece un instante eterno que se colma instante tras instante según va produciéndose.
 

Lo que yo quise decir entonces (y que ahora, melancólico, veo con más claridad) fue que como consecuencia de mi juventud, yo hacía aquellos años un elogio ronsardiano de la vida, del disfrutar cada momento por sí mismo y no, como los viejos entonces, como yo mismo ahora, maldisfrutar de este ahora en aras de un presunto mañana mejor. O, sencillamente, dejarme arrastrar por la incurable vertiginosidad del tiempo y no ser capaz de pararme en medio de este ahora mismo y ahí plantarme con tenacidad heróica.
 
Así es como yo vivía la esperanza entonces, pero eso no se llama esperanza, ese sentimiento de presencia o, como mucho, de espera. Tener esperanza de un bien me desasosiega, me inquieta, me impide disfrutar del bien que ahora mismo tengo entre manos, por eso, de joven, el lugarteniente Aloof nunca llevó reloj. (…)

Ha caído en mis manos el libro de Álvaro Pombo: La previa muerte del lugarteniente Aloof. El texto que hemos leído anteriormente me invita a reflexionar y a compartir con vosotros el siguiente debate: ¿es la esperanza un bien o un mal?

Según Hesíodo (Los Trabajos y los Días), Zeus ordena a Hefesto fabricar a la mujer, “digna de amar”, una mujer que va a enamorar locamente a los hombres. Cada uno de los dioses le dan un talento, una gracia, un atractivo: Atenea le enseña el arte del tejido, Afrodita le brinda la belleza absoluta y el don de suscitar el deseo “que hace sufrir” y provoca “los problemas que os dejan destrozados”. Dicho de otro modo, Pandora será la seducción hecha mujer; Hermes le pone un “corazón de perra y modales disimulados”: es decir, que Pandora querrá siempre, como dice Hesíodo, “bastante más”; esto es lo que significa el “corazón de perra”. Será insaciable en todos los planos: comida, dinero, regalos, siempre necesita más, pero también, claro está, en materia sexual, su apetito tampoco tiene límite. En cuanto a sus “modales disimulados”, significa que puede seducir a cualquiera, porque se le dan bien todos los argumentos, todas las argucias y todas las mentiras más deliciosas.
Zeus pretende que los hombres amen su propia desgracia. Además, regalará una extraña tinaja (“la caja de Pandora”) en la cual Zeus se ha ocupado de meter todos los males, todas las desgracias y todos los sufrimientos que se abatirán sobre la humanidad. Sólo la esperanza quedará encerrada en el fondo de este recipiente funesto. Entonces, Pandora fue enviada como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo, que seducido por su encanto la tomó por esposa, desoyendo los prudentes consejos de su hermano, que le había prevenido contra los regalos de los dioses. En su casa Epimeteo guardaba dicha “caja” que había prohibido tocar a su esposa. Pandora, demasiada curiosa, la abrió en cuanto tuvo oportunidad y todos los males del género humano que allí estaban encerrados escaparon y se extendieron por el mundo. Pandora consiguió cerrar la caja, pero demasiado tarde: sólo quedó la Esperanza (la Eris, para los griegos), tan engañosa a menudo para los mortales. Según otra versión, la caja encerraba todos los bienes que estaban destinados a los hombres, que de este modo los perdieron. Del mismo modo, como la Eva bíblica, el mito de Pandora presenta a la mujer como la responsable de todas las miserias humanas.
Por lo tanto, podemos interpretar de dos maneras el debate aquí presente. En primera lugar podemos pensar que los humanos no tendrán ni siquiera una esperanza a la que aferrarse porque esta última no ha salido de la caja. También podemos comprender que sí les queda la esperanza, pero que no es ningún favor que Zeus les haya concedido. Para los griegos, la esperanza no es un regalo. Más bien es una desgracia, una tensión negativa, ya que esperar es estar siempre en falta de algo, es desear lo que no se tiene y, en consecuencia, estar en cierto modo insatisfecho y ser desgraciado. Cuando se espera sanar es que se está enfermo; cuando se espera un trabajo es que no se tiene, cuando se espera ser rico es que se es pobre, de manera que la esperanza es mucho más un mal que un bien.

Para ahondar más en el tema, analicemos el punto de vista de Hesíodo:

¿Cómo concibe Hesíodo la esperanza: como esperanza de bienes o de males?

La interpretación genérica es que lo era de bienes. Así, Hesíodo querría explicar que en el mundo, junto con los males escapados de la tinaja, hay bienes y alegrías, que pueden prevalecer sobre los primeros si el hombre obra realmente. En suma, que aún quedaría una esperanza, esperanza de bienes. Bajo esta premisa, si admitimos que la esperanza de la tinaja son de bienes, y no de males, debemos tratar de precisar si ella misma es un bien o un mal. En mi opinión, la esperanza tiene dos caras: a veces, aparece concebida en términos positivos; otras, en términos negativos. Todo depende de la actitud que adopte el hombre ante la adversidad. Así pues, puede realizarse como un bien, la buena esperanza, cuando da fuerzas al hombre para seguir luchando en una situación de infortunio. Por el contrario, puede ser un mal, la vana esperanza, cuando lleva al hombre a holgazanear, confiado en que las cosas, independientemente de su actuación, mejorarán. En efecto, en Trabajos y días, Hesíodo nos habla de la vana esperanza, propia del holgazán, que por su imprevisión se ve necesitado de sustento y sin suficiente alimento; como la Eris amarga, esta vana esperanza aparta del trabajo. Pero también hace mención de la buena esperanza. Hesíodo, sin embargo, vive en un mundo donde prevalece la injusticia y tiene la firme esperanza de que Zeus no permitirá esta situación y que, gracias al trabajo, acabarán triunfando el bien y la justicia sobre los males que se dispersaron fuera de la tinaja, representándose como la Eris buena, esta esperanza conduce al trabajo.
En definitiva, la esperanza que quedó retenida en la vasija debió de ser concebida por Hesíodo en términos positivos, de acuerdo con la mención anterior, en la idea de que sería el único instrumento que le queda al hombre para defenderse de los males de los que repletos están la tierra y el mar, aquello que le incita a seguir luchando, con la confianza puesta en que Zeus no permitirá que la situación lamentable en que vive continúe por mucho tiempo.
Pero si la esperanza es un bien, su presencia en la tinaja en compañía de los males parece incoherente. La cuestión es saber si realmente es incoherente o si lo es sólo en apariencia. Por mi parte, es incongruente que en una tinaja en la que había males tuviese cabida un bien. Ahora bien, hay una segunda contradicción: saber si la esperanza es algo reservado al hombre o, por el contrario, algo que le es negado. Una cuestión que está íntimamente relacionada con la función de la tinaja. También, podemos defender que la tinaja presenta una doble función: cuando contiene un mal sirve como prisión, mientras que, por el contrario, cuando es el recipiente de un bien sirve como despensa, teniendo entonces la aplicación habitual de las tinajas de las culturas primitivas. La razón de que aquí la misma tinaja presente las dos funciones tiene su explicación en un relato tradicional sobre el origen de los males acuñado por las antiguas religiones.

No sería la primera vez que se presente el mismo tema; nos referimos al pellejo de buey que Eolo entregó a Ulises (La Odisea, Libro X). En él estaban encerrados y atados los vientos que, caso de escapar y soplar, impedirían la llegada de Ulises a Ítaca. En este relato, cuando el héroe estaba cerca de su hogar, sus compañeros, aprovechando que Ulises dormía, desataron el odre y todos los vientos se precipitaron fuera, acarreándoles la desgracia. Pues bien, como en la narración homérica, la tinaja hesiódica contiene algo que no debe dejarse escapar, pues las consecuencias de esta acción habrían de ser funestas. Pero en ambas ocasiones se abre el recipiente y escapa el contenido para desgracia de Ulises y sus compañeros, en un caso, y para la perdición de los hombres, en el otro. Éste sería probablemente el sentido de la historia primitiva. En el caso de Hesíodo, le añade un nuevo elemento: la esperanza. Un bien, que, al quedar encerrado en la tinaja, está a disposición del hombre y recurre a él en caso de necesidad. Sólo al añadir Hesíodo este nuevo elemento adquiere la tinaja esa doble función y se produce la citada incongruencia en el relato.
Y para ustedes, ¿la esperanza es un bien o un mal?

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