Archivo de la categoría: Reflexiones Metafísicas

Pensamientos, reflexiones, meditaciones sobre filósofos griegos que dejaron su voz entre nosotros para la eternidad. Por eso, también podemos dejar nuestras reflexiones sobre la vida, la muerte, el destino, el azar así como nuestros sentimientos más profundos de nosotros mismos.

¿Por qué Perséfone se resiste a volver?

Cada año se celebra la llegada de la primavera con júbilo y alegría, pues nacen las plantas y los campos se llenan de flores y de colores. Quizá, tengamos que echar la vista atrás y entender que la llegada de la primavera va mucho más que el nacimiento de la naturaleza. Haciendo un breve recorrido por la mitología, Deméter es la diosa de la vida, de la agricultura y de la fertilidad. Descuidó sus deberes con la humanidad mientras buscaba a su hija Core (después se le llamó Perséfone cuando fue raptada por Hades), por lo que la tierra se heló y la humanidad pasó hambre: fue el primer invierno. Durante ese tiempo Deméter enseñó los secretos de la agricultura y los Misterios de la vida. Finalmente, se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecería con Hades durante un tercio del año, omitiendo el otoño, y con su madre pasaría los restantes meses del año.

Su renacimiento es un símbolo del florecimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y de toda la vida sobre la tierra. Lógicamente, detrás hay una gran carga espiritual, pues los Misterios sobre Deméter y Perséfone nacieron en la ciudad de Eleusis, cuna del misticismo griego. Para ampliar más información sobre el mito de Perséfone y Deméter os emplazo al siguiente enlace: los misterios de Eleusis.

Según la teoría, la primavera en el hemisferio norte del globo terráqueo empezó el martes, 20 de marzo, a las 17:15, hora peninsular. Pero, recuerdo que al asomarme por la ventana aquel martes arrancó con unos copos de nieves débiles, acompañado de frío. Ese día, Perséfone estaría resfriada, pensé para mí. A partir de ese día, los días han ido alternándose con sol, lluvia y frío.

El himno a Deméter, Hades, esposo de Perséfone, le dice: “Perséfone, debes volver con tu madre y que te vea contenta (..)”.

El mito es una realidad demasiado rica y compleja como para reducirla a una simple receta o a un cliché, a una única lectura. En la mayoría de los trabajos que tratan de interpretar el mito de Deméter y Perséfone hay aspectos interesantes; cada uno incide en detalles concretos y descubre nuevas facetas de extraordinario valor, aun cuando podamos considerar erróneo alguno de ellos. Hoy día, viendo el panorama de nuestra sociedad, voy a adaptar el mito a nuestro tiempo, sin perder la esencia. Por ejemplo, el cambio climático es evidente, pero desde el punto de vista metafísico se puede trascender otro mensaje: la mediocridad de la vida humana y su pobre y efímero tránsito por el mundo. Así, Deméter y Perséfone están acelerando nuestro aprendizaje sobre la tierra con un máster intensivo. El propósito de Deméter y Perséfone es, sin mayor dilación, el de enseñarnos que no podemos dar la espalda a la naturaleza y de no valorar la riqueza que hay alrededor nuestra. El resultado físico es palpable y a la vez una enseñanza, pues el cambio climático afecta a todas las regiones del mundo. Sólo hay que observar de qué manera se derriten los polos y la subida del nivel del mar; en otros lugares, los fenómenos meteorológicos son extremos con inundaciones cada vez más frecuentes; en otras zonas, se registran olas de calor y sequías. Es cierto que el hombre puede manipular cualquier objeto, incluso a personas, para alcanzar su egoísmo. También, el hombre piensa que puede manipular la naturaleza a su antojo. Esto último tiene unas gravísimas consecuencias, más de lo que podemos imaginar.

La primavera está siendo, desde el punto de vista meteorológico, muy inestable y con cambios bruscos de manera generalizada. Deméter está avisando, no es un castigo, pues nosotros formamos también parte de la naturaleza y del entramado del universo, y somos nosotros mismos los que lapidamos la esencia de la naturaleza.

Tengo que recordaros que los dioses son los garantes del orden del universo y es por ello que harán todo lo que estén en sus manos para reestablecer el equilibrio y la armonía en nuestro mundo. Ellos tienen una máxima: la calamidad siempre se alterna con la prosperidad. Los dioses conocen perfectamente la desmesura del hombre y saben que la mano del hombre trae consigo la propia calamidad, sin que ellos muevan un ápice de sus pensamientos más elevados hacia nosotros.

En el himno de Deméter, Perséfone, al salir del Hades, hace brotar el fruto en los campos y la tierra, que antes era estéril, la convierte en un hermoso jardín. Pero Deméter, ahora, se ha quedado muda, incluso, junto con su madre, observa que el hombre está maltratando a la naturaleza ¡su propia naturaleza! siendo responsable de las lamentables y devastadoras consecuencias: sequías, huracanes, hambre, pobreza y destrucción. Pensábamos que los dioses “con sus caprichos inmorales” eran los culpables de la inestabilidad de la naturaleza. Estamos equivocados: la soberbia del hombre, la avaricia, el poder, el egoísmo de querer ser dioses, va camino de destruir la madre naturaleza siendo un reflejo de su mundo interior sobre la propia naturaleza. Es decir, todo lo que somos interiormente termina manifestándose.

Cicerón cuenta que «los Misterios nos dieron la vida, el alimento; enseñaron a las sociedades las costumbres y las leyes, enseñaron a los hombres a vivir como tales». Todo apunta a una experiencia tan breve como intensa, donde el aspirante a iniciación era introducido al «término» y al «comienzo» de la vida, a morir y renacer, purificando así su concepto de lo real y evitando, a toda costa, vivir en el espejismo de la vida, en un reflejo ilusorio, construido mentalmente por el propio hombre. El hombre, definitivamente, se ha soltado de la mano de la divinidad.

Como bien reflejaba Cicerón no sólo la naturaleza aporta los frutos de la vida, tan necesarios en nuestras vidas…hay algo mucho más elevado.

La enseñanza primera es que las apariencias están vacías y la verdad está por encima de las apariencias donde no existe la corrupción ni apego, ni tan siquiera objeto o sujeto. Nosotros vivimos en la versión más grosera de la naturaleza. Pero no solamente vivimos bajo este estrato de basura, sino que nos alimentamos de ella y estamos sedientos de querer más inmundicias y excrementos. La enseñanza segunda es que hay que aprender a valorar la esencia, pero sin aferrarse a la forma. Y, por último, vivimos en un mundo engañoso, siempre en la búsqueda de algo, siempre en las costumbres. Todos los fenómenos están vacíos, no contienen nada que valga la pena desear realmente. Deseamos un reflejo cuando podemos vivir la realidad con total plenitud. Así, por ejemplo, en los Misterios consagrados a Deméter y a Perséfone no se podría conocer la mente real mientras te engañabas a ti mismo. Por lo tanto, si te enredas con las formas carentes de la vida, si estás embelesado por las cosas inútiles de la vida, nunca serás libre. La base espiritual estaba clara y definida. ¿Cómo hemos ido retorciendo a nuestra propia naturaleza que ni Perséfone quiere volver?

Nosotros podemos moldear nuestra propia naturaleza a través de la mente y dirigirla hasta lo interior de lo más sagrado. Pero, ¿Por qué se veneran ilusiones nacidas de la mente? ¿Qué nos arrastra hasta lo más bajo? La génesis de nuestra naturaleza es pura, así como nuestra mente, pero la llenamos de basura para terminar materializando nuestros deseos en este mundo en el que padecemos y sufrimos. Todos los seres vivos comparten la misma naturaleza, que no es aparente (que no se ve) porque está envuelta por el pensamiento ilusorio. Somos Narcisos reflejándonos en nuestro propio engaño, viviendo una vida ilusoria, de contornos efímeros que van y vienen, y uno no sabe de quién se aleja de quién. Lo que estoy seguro es que nos hemos alejados de Deméter, cerrándole las puertas del Hades a Perséfone para que no vuelva. Y Deméter descarga su ira con las calamidades que vemos en la naturaleza cada día. Es decir, nos hemos hocicados en ignorar nuestras raíces, en arrinconar a los dioses, sepultarlos en lo más bajo y mísero de nuestro ser. Hemos renunciado a alinearnos con las fuerzas sutiles de la naturaleza, en trabajar en pro de un mundo mejor y en soterrar la herencia de nuestra cultura matriz. Es como si entráramos en un orfanato por nuestros propios pies y hemos decidido, unilateralmente, abandonar a nuestros padres y a nuestras madres. Asimismo, al abandonar nuestra herencia, también abandonamos el contacto directo con el alma donde una nube, densa y oscura, se instala en nuestra mente y el resultado final ya sabemos cuál es, pues no hace falta que os diga lo que podéis leer en la prensa de vuestra localidad. Mientras  la naturaleza humana no cambie, la naturaleza tampoco variará. De hecho, hemos sepultado en el Hades a Perséfone y la naturaleza está respondiendo severamente.

¿Es Perséfone la que se resiste a salir o somos nosotros que nos resistimos a que no salga? Así está Deméter, agitada es poco…

El hombre ignora y lo peor de todo quiere ignorar los propósitos divinos a pesar de que los vislumbre cada día. Además, el hombre continúa en su soberbia a oponerse a ellos de mil formas, plantando cara a la naturaleza, desafiando sus fuerzas cósmicas, alterando el equilibrio armónico establecido por la naturaleza, en un suicidio que va aumentando cada día más. Tan sólo hay que ver la irresponsabilidad del hombre en sus actos como estúpido y culpable. El hombre crea sus propias leyes y pasa por encima de ellas, pero también quiere torcer las íntimas y sagradas leyes de la naturaleza, sin saber que forma parte de un Todo, y que dañando el vínculo hombre-naturaleza se pierde a sí mismo y a la propia naturaleza. El desastre ecológico y hasta la misma destrucción del planeta no se quieren evitar, y a su vez, el hombre está borrando su lado espiritual, esa parte íntima y sagrada, única e irrepetible. Imaginaros un puente entre el universo y el hombre, una correspondencia que nos alimenta mutuamente. Pues bien, ese puente se ha descolgado y no se puede derivar los influjos astrológicos hacia nosotros. Esto se traduce, de manera muy simple, a que el hombre ya no puede determinar su propio destino. Nos hemos convertido, en suma, en la versión más burda de la naturaleza. La otra cara de la moneda, desde el punto de vista de los dioses, es clara y rotunda: si el hombre causara una destrucción de la naturaleza capaz de alterar los planes divinos previstos, las fuerzas sutiles o numens reaccionarían destruyendo todo lo que se opone a la realización de dichos designios, si fuera necesario hasta la eliminación de la raza humana física sobre la tierra, para poder restablecer, en un plazo de miles de años, el equilibrio natural original. Revisad las fuentes arqueológicas y observad cómo han ido desapareciendo civilizaciones enteras sobre la faz de la tierra y de qué manera el planeta ha ido cambiando constantemente. ¡No sería la primera vez!

Por eso a los griegos les resultaban de suma importancia conocer los misterios mayores, aquellos que persistían en conseguir un estado de equilibrio y manifestarlos en la propia naturaleza, determinando un progresivo desarrollo vital que se expresaba como un orden, prudencia, templanza y equilibrio. Para ellos, la llegada de Perséfone simbolizaba el renacer, la conexión con su madre Deméter a la armonización o sintonización que, bajo el concepto esotérico, es el AMOR. En otras palabras, nosotros, podemos participar, de una manera u otra, en emitir esas energías con el mundo exterior, a través de nuestro yo más sagrado.

Enlaces de interés sobre la misma temática:

 

 

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La sabiduría griega frente a la fe cristiana

San Pablo (El Greco)

El cristianismo, en sus comienzos, distaba de ser homogéneo, pues  sólo consistía en un conjunto de creencias y principios no bien trabados, sin un símbolo de fe definido ni unas escrituras canónicas. En otras palabras, en los primeros siglos de nuestra era concurrían unas interpretaciones religiosas y unos ritos casi tan numerosos como las comunidades cristianas existentes.

Cuando Pablo de Tarso, en el siglo I, anunció en el Areópago de Atenas  a los filósofos griegos al Dios desconocido, aprovechando que los antiguos griegos adoraban a una deidad que ellos llamaban Agnostos Theos, es decir, el dios desconocido, los atenienses y los forasteros allí presentes quisieron oír la nueva doctrina que postulaba Pablo de Tarso. Es cierto que en Atenas hubo un templo dedicado específicamente a este dios y muy a menudo que los atenienses prestaban juramento “en el nombre del dios desconocido”, pero estaba muy lejos del pensamiento que iba a proponer Pablo de Tarso (Hch, 17, 13-34). Pablo de Tarso dio un discurso del que destacaremos los puntos más importantes:

  1. Dios hizo el mundo y todo lo que hay en él. 
  2. Señor del cielo y de la tierra.
  3. Creó el linaje humano.
  4. Dios vive dentro de nosotros.
  5. Se juzgará al mundo según justicia divina.
  6. Resurrección del hombre entre los muertos.

Imaginemos el espíritu griego, aquel que se manifiesta en las tragedias de Sófocles, en el Partenón, en la obra de Homero frente al discurso de Pablo de Tarso. Tras terminar con la evangelización cristiana y el recital de los puntos enumerados en líneas anteriores, los griegos le plantearon a Pablo de Tarso varias cuestiones:

  1. ¿Por qué precisamente era ese momento histórico cuando Cristo viene a salvarlos?
  2. ¿Por qué fue elegido el pueblo judío? ( así como otras cuestiones relacionadas con el pecado del hombre, el fin del mundo y el rechazo, entre otras cosas, como la reencarnación) La explicación del pecado es muy ambigua. El griego común se preguntaba qué pasaba con los miles de años ya pasados , con las generaciones anteriores que habían pecado, si existía salvación para sus antecesores.
  3. ¿Por qué un Cristo, una virgen, unos santos, unos rituales con una iconografía determinada?
  4. ¿Por qué el hombre ha sido creado a partir del polvo, del barro, siendo el hombre un pecador y culpable que se tiene que postrar ante su creador?
  5. ¿Por qué ese mensaje de continua sumisión y a la vez gratitud infinita, aunque se sufra cualquier penalidad, así como el temor a que todo podía ser peor?
  6. ¿Por qué el mayor pecado es desobedecer a Dios?
  7. ¿Por qué pecamos si no se cree en Dios?

Como Werner Jaeger relata en su libro Cristianismo Primitivo y Paideia Griega,  la expansión de la religión y la cultura griega favoreció el surgimiento del cristianismo como religión universal. Sin embargo, la predicación evangelizadora de Pablo de Tarso no pudo satisfacer ninguna de las cuestiones que se planteaban los griegos y fracasó estrepitosamente en su primera aproximación al pueblo ateniense. Lo que no se imaginaba Pablo de Tarso, es que, muchos siglos después, el motor de la religión cristiana lo impulsaría la influencia de la civilización griega sobre el cristianismo, que las implicaciones filosóficas de las doctrinas cristianas son de origen griego, que hay elemento puramente griego en los libros bíblicos mismos, en especial en el Nuevo Testamento. En suma, en el producto final de la tradición cristiana,  la civilización griega ejerció una influencia profunda.

Hay que destacar que la pureza de la religiosidad griega y el espíritu griego auténtico están fuera de cualquier dogma religioso, de libros sagrados y de poderes eclesiásticos. Es cierto que el espíritu ateniense vibra en sintonía con Atenea, protectora de Atenas, pero el manifiesto espiritual del ateniense no tenía nada que ver con las palabras evangelizadoras de Pablo de Tarso sobre Cristo.

Atenea

“Virgen venerable – dice el himno homérico -, tú eres la única guardiana de las ciudades”. Atenea es la patrona de los pueblos que piensan libremente y que aceptan la idea divina sin vanas angustias. Para el griego,  Atenea es la hija del pensamiento divino. “Cuando nace – dice el himno homérico en su honor-, el vasto Olimpo se estremece y la tierra se llena de clamores, el mar bravío infla sus olas profundas, el hijo de Hiperión detiene durante largo tiempo sus rápidos corceles”. Ante ella, en efecto, todo el cimiento de las religiones se desquicia. Atenea, diosa de todas las diosas, no exige ni lágrimas ni estremecimientos, ni tinieblas. Sus mandamientos son consejos, máximas que simplifican el camino del hombre para conseguir encender la luz de la sabiduría interna. Atenea recomienda y ensalza el trabajo, la pureza, la energía, la meditación y la equidad.

Si repasamos la influencia de Atenea a través de nuestra historia destacaría, sin ninguna duda, a Esquilo en la Euménides, pues sintetiza los valores del pueblo ateniense:

«Cuanto sea nobles y leales victorias; y que la tierra y el cielo, y el mar con sus aguas, y los vientos con sus blandas corrientes, y el sol con sus claros rayos traigan sobre este suelo toda suerte de bienes. Que la tierra abunde en frutos y rebaños; que vivan los ciudadanos en prosperidad, jamás derribada a los golpes del tiempo; que se logren y florezcan los tiernos retoños infantiles. Pero a los impíos ya puedes exterminarlos con más furor que nunca. Yo amo a los hombres como el hortelano a las plantas, y quiero que la semilla de los buenos no se dañe con la mala hierba de los malos.» Bienes pedidos por Atenea para el pueblo ateniense.

En su diálogo Crátilo, el filósofo griego Platón da la etimología del nombre de Atenea, a partir del punto de vista de los antiguos atenienses:

Éste, amigo mío, tiene más peso. Ahora bien, parece que los antiguos tenían sobre Atenea la misma idea que los actuales entendidos en Homero. Y es que la mayoría de estos, cuando comentan al poeta, dicen que Atenea es la responsable de la inteligencia (nous) misma y del pensamiento (dianoia). Conque el que puso los nombres pensaba, según parece, algo similar sobre ella; y, lo que es más importante, queriendo designar la «inteligencia de dios» (theoû nóēsis), dice –más o menos— que ella es la «inteligencia divina».

Enrique Gómez, escritor guatemalteco, describe en La Grecia eterna la figura de Atenea, diosa entre las diosas:

«Entre todas las divinidades, realmente ésta es única. Es la Idea, es la Abstracción, es la Conciencia, es la Armonía. Los hombres que la crean a su imagen y semejanza son seres sin vanos temores de tenebroso más allá. […] Las frentes que se inclinan ante ella son frentes libres de prejuicios oscuros […] »

El espíritu griego y su profunda religiosidad se condensa en las palabras de Ernest Renan: «¡Oh, nobleza! ¡Oh, belleza simple y verdadera! ¡Oh, diosa, cuyo culto significa razón y juicio; tú, cuyo templo es un altar eterno de la conciencia!»

Si penetramos al pensamiento de Hegel, el filósofo traza perfectamente el aura de Atenea:

«Cuando la filosofía pinta el claroscuro, ya un aspecto de la vida ha envejecido y en la penumbra no se le puede rejuvenecer, sino sólo reconocer: el mochuelo de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo.» Georg Hegel: Prefacio a Filosofía del Derecho, 1821.

Rafael Spínola, pensador y político, le hace un guiño a Atenea, diosa de la Sabiduría:

«Y nosotros, los que estamos tachados de carecer de creencias religiosas, sólo porque rompimos las ataduras de la superstición y amamos la Libertad, también tenemos nuestro Dios, pero tan puro, que no encontramos ningún símbolo que lo represente, sino que lo adoramos en su esencia misma, que es la SABIDURÍA.»

Continuando con la Sabiduría, tema principal del pensamiento griego, el poeta Rubén Darío ensalza las virtudes de la diosa:

«Dulce y reflexiva Sofía,
Dinámica y omnipresente,
Su luz a todo artista envía,
Al laborioso, al elocuente;
Y anima con su íntimo soplo
A los artífices del fuego,
Al que mueve regla o escoplo,
A la que borda, a la que hila.» Rubén Darío: Palas Athenea, 1915, p. 5.

En síntesis, el espíritu griego, esa esencia pura  que tenía sobre la vida, la muerte, el destino y Dios, fuera de los dogmas cristianos impuestos por Pablo de Tarso, ha sido loada por muchos autores desde los clásicos hasta los más actuales.

La esencia de la religiosidad griega se puede resumir de la siguiente manera:

  • No nace de ninguna forma de temor.
  • No teme a la muerte.
  • No teme a Dios. Su Dios no es un dios castigador.
  • No cree que Dios concibiera el mundo.
  • Para el griego el mundo era antes un orden fuera del tiempo: hombres y dioses tienen su sede, su camino y su misión.
  • Creen en una eterna alternancia de mundos que nacen y desaparecen, en “reiterados crepúsculos de los dioses”, ej.: cataclismos, catástrofe cósmica.
  • No creen en el juicio final, ni en el advenimiento de un reino de dios…
  • No han sido creado por Dios, ni a la voluntad de un creador.
  • El origen del hombre, al igual que el Cosmos, es por  Manifestación del Principio Supremo de emanación. (Para ampliar más información: el emanantismo. )
  • No está sumiso a Dios.
  • La religiosidad griega no es servidumbre.
  • Dios se concibe como la Suprema Razón que se manifiesta en el Orden del Mundo, un vínculo Dios-Hombre, Idea esencia del mundo griego, siendo una común racionalidad. No dudaban de una Realidad Superior que les era evidente.
  • Los griegos buscaban la sabiduría, los judeocristianos buscan ansiosamente las revelaciones y la obediencia para llegar a Dios.
  • El griego confía en  una comunidad que abarca a hombres y dioses, la Polis de Atenas. Los dioses, como el hombre, han de encontrar el origen de su existencia en la Manifestación (por emanación) del Principio Supremo. Héroes como Teseo (Rey sacro de Atenas) y Ulises (Rey sacro de Ítaca) representan el guerrero espiritual, restaurando, equilibrando y armonizando el microcosmos que hay dentro de ellos, así forman parte del entramado mundo suprasensible del macrocosmos. La enseñanza de ambos héroes es  superar cualquier tipo de barrera que suponga un obstáculo para el recorrido iniciático que lleve a la Gran Liberación y de volver a nuestra génesis primera: incondicionada, eterna, divina…
  • La unión de los dioses en torno a una ciudad en los momentos críticos debía responder a la unión de los hombres, unión en la que la fuerza y la eficacia simbólica se expresaban en momentos como las Panateneas. Tanto en las Panateneas en Atenas y las Jacintias en Esparta, por poner el ejemplo de las fiestas más fastuosas de dos ciudades, es la manera de volver a renovar el pacto que une a la ciudad con sus dioses y que garantiza el orden y la prosperidad.
  • La cultura griega que precede a la era cristiana no tiene como ideal la santidad, sino la armonía tanto espiritual como corporal: el justo medio. En la medida en que los deseos espirituales y los deseos corporales corresponden a un deseo natural, ambos son conciliables; sin embargo, la exaltación y la pasión de Cristo los hace contradictorios.
  • Los griegos no se definieron a sí mismo como politeístas. La palabra politeísta la inventó Filón de Alejandría, filósofo cuya religión de origen fue judía… Una religión politeísta se caracteriza por la pluralidad de fuerzas divinas y de cultos. La diversidad de dioses no es contradictoria con la idea de unidad de lo divino. El politeísmo se parece al sistema de la “muñecas rusas”.
  • El griego honraban a una divinidad con respeto, educación, rezan de pie con la mirada dirigida al cielo, brazos extendidos: «A Palas Atena, ilustre diosa, comienzo a cantar, la de ojos de lechuza, rica en industrias, que un indómito corazón posee, doncella venerable, que la ciudad protege, valerosa, Tritogenia, a la que solo engendró el industrioso Zeus en su santa cabeza, de belicosas armas dotada, doradas, resplandecientes.» 28º Himno Homérico, c. s. VII a. C.
  • La religiosidad griega, de base indoeuropea, es la religiosidad de nuestro mundo y una de sus semillas más características es que no conocían el sentimiento del pecado, no se sentían víctima, para ellos no existía el miedo ni el sufrimiento, ni la mortificación para elevarse ante Dios.
  • El tema del alma es universal, pero es una célebre desconocida en nuestra sociedad. En veintiún siglos que llevamos las religiones nos hablan de Dios pero se les ha pasado un detalle muy grave: enseñarnos a hablar con Dios y entrar en comunión con nuestra alma. No importan sus mil nombres: Yavé, Padre, Tao, Zeus, Olorum. Lo más importante es conectar con nuestra fuente originaria y unirnos a su presencia. A  Pablo de Tarso se le pasó revisar las fuentes originarias del hombre griego que empezaba a hablar de dioses y estrechar un lazo de conexión íntima donde se identificaba profundamente con el el Ser Supremo y nunca dejaba en el olvido la existencia de la trascendencia. Por ejemplo, los dorios ejercían un tipo de espiritualidad Solar, pues para ellos la búsqueda de la Trascendencia no era ajena ellos. El pueblo griego conocía, gracias a sus ancestros, la Iniciación Espiritual, como era el caso de los Misterios Mayores de Eleusis, la mística de Samotracia, los misterios de Delfos, con una notable influencia de la escuela pitagórica, cuyos misterios constituyeron una de las más prestigiosas iniciaciones en la antigüedad.
  • El hombre griego quiere honrar a la Divinidad manteniéndose en medio de la fatalidad de la vida humana. Honraban la divinidad que hay en él.

Para concluir, citaré un poema de  Ricardo Reis que resume muy bien el espíritu griego:

Vosotros que, creyentes en Cristos y Marías,
turbáis de mi fuente el agua clara
sólo para decirme
que hay aguas más alegres
bañando prados con mejores horas.
¿De las otras regiones para que hablarme
si estas aguas y praderas
son de aquí y me agradan?

Esta realidad los dioses dieron
y para bien real la dieron externa.
¿Que serán mis sueños
más que la obra de los dioses?
Dejadme la Realidad del momento
Y mis dioses tranquilos e inmediatos
que no moran en lo Incierto
sino en los campos y ríos.
Dejad ir mi vida paganamente
acompañada por avenas tenues
con que los juncos de los márgenes
se confiesan de Pan.
Vivid vuestros sueños y déjame
el altar natural donde es mi culto
y la visible presencia
de mis cercanos dioses.
Inútiles procos de lo mejor de la vida,
dejad la vida a los creyentes más antiguos
que Cristo y a su cruz
y María llorando.
Deméter, dueña de los campos, me consuela
Y Apolo y Venus, y Urano antiguo
Y los truenos, con la ventaja
de ir de la mano de Júpiter.

Para saber más:

Jaeger, Werner. Cristianismo primitivo y paideia griega. 

Filosofía griega y cristianismo

Pablo en Atenas

Religiosidad Nórdica

El Emanatismo (Eduard Alcántara)

Enlaces de interés:

Filosofía versus cristianismo

El origen de las religiones

La destrucción de la cultura griega por el fanatismo religioso

 

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Ultraje a los clásicos griegos

Tras 24 horas de espectáculo en que 27 artistas bailaron, sufrieron y durmieron, cuestionando casi todas las reglas narrativas del arte del teatro, la expectación en Madrid era máxima. La obra «Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy», en la que el director Jan Fabre intenta reconstruir la cara más oscura de la tragedia griega en una abrumadora puesta en escena, desató la polémica por las continuas escenas sangrientas, bacanales de sexo explícito y violencia implícita a través de los eternos monólogos en los que sus protagonistas hablan, por ejemplo, de sacar los ojos y asesinar a sus hijos, todo ello entremezclado con coreografías obscenas. Para ampliar la información: abc

Así empezó mi semana. El corazón se me hizo un nudo, sin más. Sentí vergüenza profunda. Nuestra cuna, nuestra civilización, nuestra cultura occidental fue ultrajada, violada, denigrada, mancillada y desacreditada. ¿Por qué? Porque hay que vender y lo que se demanda  hoy día es basura, mentira, inmundicia, excremento e impureza. Pero, ¿por qué la sociedad consume esa basura? Porque la actual sociedad está invertida y las personas están carentes de valores, de ética, de pureza, de conocimiento, de sabiduría…Nuestra brújula,  en lugar de orientarnos hacia adentro, está educada hacia lo superficial y lo material, rigiéndonos por sentimientos frívolos, de desenfreno, de lujuria,  donde el caos devora, sin tapujos, la verdad. ¿Por qué se elige a los griegos y no a otra cultura?

Sófocles

Los clásicos nos humanizan: desde Homero a Cervantes. Ellos fueron los que nos libraron de la miseria y de la barbarie. Los clásicos se encargan de los grandes temas de la humanidad: la vida, la muerte, la corrupción, la ambición, el amor, el destino, el miedo. Han dado respuestas a nuestros interrogantes, siendo nuestro refugio, nuestra insignia, el referente humanístico del hombre. Otra característica de los clásicos es que son eternos. Sin embargo,  los mejores Best Sellers, con relatos y reseñas históricas clásicas, tienen fecha de caducidad. También nosotros tenemos  fecha de caducidad y nadie hablará de nosotros después de muerto. Homero, Sófocles, Eurípides, entre otros ilustres literatos, siempre estarán con nosotros, porque esa luz eterna nadie la va a cubrir de mierda, ni mucho menos 24 horas de espectáculo bochornoso, vergonzoso, totalmente opuesto al mundo clásico. Homero no se hizo rico, Cervantes tampoco. Ellos cambiaron el éxito fugaz de la basura superficial del mundo por la eternidad, por la verdad, por la belleza, por ser los hilos conductores de la sabiduría.

Se elige a los griegos porque vivimos en una sociedad ignorante que no se ha leído a Homero, a Sófocles, a Eurípides, a los grandes clásicos de la literatura griega y es mucho más fácil de controlar al rebaño de zombis para conducirlos al establo de nuestra demacrada y sucia sociedad. Desgraciadamente, los familiares de las grandes obras trágicas no están para denunciar estas basuras de obras que se crean. ¿Quién defiende nuestra cuna? Afortunadamente nuestra cuna cultural clásica se defiende sola porque es eterna, es inmortal, es imperecedera, es indestructible. Los únicos mortales, míseros, perecederos, infelices, desdichados somos nosotros.  Nuestra barbarie tendrá algún día fin. Es lo que me alivia.

La  cultura de nuestra sociedad está tan contaminada como el poder. Al poder no le gusta que sus ciudadanos sean libres, cultos, autónomos y críticos. El poder se ha casado con la cultura,  siendo la política globalizadora  su estafadora mecenas, y el resultado final es que la cultura de hoy día está podrida, al igual que los ciudadanos que beben como burros de la fuente de la ignorancia. Así es el actual sistema. La cultura de hoy busca a consumidores pasivos, personas sin cerebro y con un alma vacía de sensibilidad y piedad. El poder quiere rehacer la cultura clásica. Es como si pretendieran derruir una escultura de Miguel Ángel y usar los cascajos  para levantar otra. El poder le da igual que se pierda obras únicas e irrepetibles, quieren moldear las suyas propias y hacernos ver que son las verdaderas. Así está montado el circo de nuestra sociedad. Nuestros valores  están siendo extirpados desde la raíz. ¡Por eso se ataca al mundo griego!

El fruto de la cultura griega es rico, bello, limpio, hermoso, variado…pero preferimos consumir literatura basura, programas de televisión sensacionalistas, revistas de folletines y seguir bajo el dominio del poder actual. Perdonadme, pero yo no nací para  seguir a las masas. Mi camino va por otro cauce diferente a la inmensa mayoría.

No hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción. (Johann W. Goethe)

Otros artículos relacionados con la sociedad-basura actual en los que doy mi opinión son:

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El origen de las religiones

A comienzo del siglo III, el obispo de Roma Hipólito cita 32 sectas cristianas en competencia. Según el obispo Epifanio de Salamina, en su Panarion, escrito en el siglo IV, son 80 herejías, entre las que cuenta 20 sectas precristianas. A falta de un poder político que le permitiera obrar de una manera más contundente, la Iglesia preconstantiniana, que se tenía por ortodoxa, solo podía atacar verbalmente a los herejes.

Lo curioso es que la mayoría de esos ataques no eran con razonamientos teológicos, ni siquiera prácticos, se conformaban con una larga retahíla de insultos encadenados sin orden ni concierto. Entonces, ¿de dónde vienen tantas sectas, algunas precristianas, si la tradición nos dice que la Iglesia proviene directamente de los apóstoles? ¿Será posible que el cristianismo como idea fuese anterior al tiempo que se dice que vivió Jesucristo? Veremos algunas indicaciones sobre el tema.

Cabe destacar, dentro de las civilizaciones antiguas, que el cristianismo comparte creencias y ritos con otras religiones del pasado. Analizaremos algunas muy ligadas al cristianismo.

Mitraísmo:

El origen del mitraísmo puede remontarse al II milenio a. C. El nombre de Mitra es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitaníes escrito hacia 1400 a. C. Se destaca por ser una religión mistérica muy difundida en el Imperio romano entre los siglos I y IV d. C.

Las analogías con la religión cristiana son: la primera de ellas es que la madre de Mitra era virgen, llamada Madre de Dios; la siguiente es aquella que hace referencia a que Mitra nació en una cueva el 25 de diciembre y los pastores fueron los primeros en adorarlo. Le ofrecieron oro y esencia. Por otra parte, también Mitra era hijo del dios único Ahura Mazda, que lo envió a la tierra para redimir a la humanidad de sus pecados con su sacrificio. Después de enseñar en la tierra, fue muerto y sepultado, y resucitó al comienzo de la primavera y ascendió a los cielos.

Los mitraístas se bautizaban, comulgaban con pan y vino y creían en la resurrección, en el cielo y en el infierno. Solo en este culto, en la gnosis y en el de la Iglesia cristiana,  se unen el bautismo con la imposición de un signo en la frente. El día sagrado era el domingo. Mitra también recibía los apelativos de “La Luz”, “El Salvador”, el “Buen Pastor”, el “Mensajero de la Verdad”, el “hijo de Dios”, el “Redentor”, el “Cordero de Dios”. Fue enterrado en una tumba y después de tres días resucitó. Mitra fue asociado con el León y el Cordero.

El mitraísmo se representaba con una cruz en un círculo. Es curioso que los atributos del pater,  máximo nivel de iniciación en el mitraísmo, eran el gorro frigio, la vara y el anillo, muy similares a la mitra, el báculo y el anillo de los obispos cristianos, que son también llamados padres. Por último, el mitraísmo era un culto cerrado, con agrupamientos exclusivos y secretos como los cristianos de los primeros siglos.

Jesús con el disco solar, fresco del Juicio Universal (1320), de Pietro Cavallini

A continuación, analizaremos todos los nombres de Cristo que ha habido a lo largo de las civilizaciones y de sus mitologías. No sólo Mitra tuvo una concordancia con Jesucristo, aquí otros ejemplos de diferentes culturas y civilizaciones:

  1. HORUS (Egipto)
  • Nació de la Virgen Isis el 25 de diciembre en una cueva.
  • El parto de Isis fue anunciado por una estrella y fue atendida por tres hombres sabios.
  • Fue “bautizado” a los 30 años.
  • Al hombre que bautizó a Horus se le llamaba Anup “El Bautista”.
  • Horus tenía 12 discípulos.
  • Llevó a cabo muchos milagros.
  • Caminaba sobre las aguas.
  • Horus fue crucificado y enterrado. Resucitó después.
  • Se le conocía también como “La Luz”, “el Mesías”, “el ungido de Dios”, “el hijo del Hombre”, “el buen pastor”.
  1. KRISHNA (India)
  • Nació de una Virgen llamada Devaki.
  • Su padre fue carpintero.
  • Su parto fue asistido por Ángeles, pastores y hombres sabios que le entregaron como regalo oro, mirra e incienso.
  • Fue perseguido por un tirano que asesinó a miles de niños.
  • Resucitó a muertos y curó a leprosos.
  • Predicaba en parábolas enseñando la caridad.
  • Se transfiguró frente a sus discípulos.
  • Fue crucificado en un árbol.
  • Después de muerto, se puso en pie y ascendió a los Cielos.
  • Conocido como “el Redentor”, “el señor de los Señores”.
  1. ATTIS (Frigia)
  • Nació de la virgen Nana un 25 de diciembre.
  • Fue crucificado en un árbol para la salvación de toda la humanidad.
  • Fue enterrado pero resucitó al tercer día encontrando su tumba vacía. Resucitó un 25 de marzo.
  • A sus discípulos los bautizó con su sangre, de tal modo que sus pecados fueron lavados.
  • Denominado como “Buen Pastor”, “El Supremo Dios”, “El Unigénito Hijo de Dios”.
  1. DIONISIO (Grecia)
  • Nació de una virgen un 25 de diciembre y en un pesebre.
  • Realizó una procesión triunfal montado en un burro.
  • Transformó agua en vino.
  • Dio de comer alimento sagrado a sus seguidores y recibieron así el cuerpo de Dios.
  • Resucitó entre los muertos un 25 de marzo.
  • Es identificado con el símbolo del carnero y el cordero.
  • Denominado como “Rey de Reyes”, “el Redentor”, “el Alfa y el Omega”, “El Salvador”

Debo aclarar de manera enérgica que lo expuesto en líneas anteriores sobre el paralelismo de muchos dioses con la figura de Jesucristo no es firme ni precisa,  puesto que la mitología vacila a la hora de consultar las fuentes. Por ejemplo,  con las fechas del nacimiento, como es el caso de Krishna: se considera su nacimiento el 5 de septiembre. De hecho ese día es de fiesta nacional hindú. Pero también la fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazaret aún es muy debatida. La mayoría de historiadores se inclina por creer que la celebración del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre se debe a la antigua celebración del nacimiento anual del dios-Sol en el solsticio de invierno (natalis invicti Solis), adaptada por la Iglesia católica en el tercer siglo d. C. para permitir la conversión de los pueblos paganos.

Según la fuente consultada, el 25 de diciembre ya estaba establecido desde hacía mucho tiempo como el del nacimiento del Sol Invicto en el Imperio Romano, cuando el papa Liberio lo decretó como día del natalicio de Jesús en 354 d. C (siglo IV); es decir, varios siglos después de la ejecución del nazareno y de la muerte de sus apóstoles. La Iglesia Católica adoptó esa fecha de la antigua religión grecorromana para captar la atención de los paganos sobre la figura central del cristianismo pero sin ningún fundamento histórico. Se trataba de una fecha muy reverenciada por los paganos y establecida desde hacía siglos. La Iglesia lograba así introducir la navidad sin cambiar las costumbres festivas de los paganos. Las iglesias anglicanas, evangélicas y rumanas mantienen también esa misma fecha del 25 de diciembre como la del natalicio de Jesús pero fueron simples escisiones de la católica en siglos posteriores. Las iglesias ortodoxas y otras orientales celebran la Navidad el 7 de enero sólo porque mantienen todavía el calendario juliano (que data del 46 a.C cuando lo instituyó Julio César) pues se oponen al modificado por el papa Gregorio XIII, quien ajustó el calendario anterior en 1582 para evitar el desfase de los equinoccios y solsticios por un exceso de años bisiestos que el calendario juliano no tenía en cuenta, pero en realidad, se trata de la misma fecha histórica.

No obstante, todas las civilizaciones, cada cultura, con su asiento religioso, están unidas entre sí a la hora de tener muy presente una figura que represente los valores y creencias de una religión. Otra de las religiones que guardaba similitudes con el cristianismo era el gnosticismo, movimiento filosófico-religioso del siglo I a. C.  Sus libros van desde los Hechos de los apóstoles, el apocalipsis, varios evangelios, por destacar algunos. El fin del gnosticismo era procurar la salvación del espíritu a través del conocimiento no mediante un ceremonial. Los sacramentos gnósticos son varios, destaca, por ejemplo:

  1. El bautismo: símbolo de admisión de la comunidad.
  2. La unción: se celebraba junto con el bautismo. Se ungía varías partes del cuerpo
  3. El “sello”: marcaban el lóbulo de la oreja derecha de los fieles como signo de pertenencia a Cristo.
  4. La eucaristía: como la representación de la carne y la sangre de Cristo.

Para los gnósticos, Cristo no vendría a salvar a la Humanidad del pecado, sino a revelar a los hombres su origen divino y que puedan alcanzar su salvación.

Al parecer, Apolonio de Tiana, que nació el año IV a. C. fue concebido tras un sueño místico de la madre, anduvo entre los pobres predicando la justicia, expulsó a demonios, resucitó muertos, fue condenado a muerte y sus seguidores dicen que resucitó. Hasta el siglo V su reputación se mantuvo viva incluso entre los cristianos.

El erudito bíblico Bart Ehrman  describe a Apolonio de Tiana en la introducción a su libro sobre el Nuevo Testamento:

Aún antes de nacer, se sabía que sería alguien especial. Un ser supernatural le informó a su madre que el hijo que ella iba a dar a luz no sería un simple mortal, sino un ser divino. Él nació de un milagro, y se convirtió en un joven inusualmente precoz. Como adulto, dejó su hogar y emprendió su ministerio de predicación, implorando a sus escuchas a vivir, no por lo material del mundo, sino por lo espiritual. Reunió un número de discípulos a su alrededor, quienes se convencieron de que sus enseñanzas eran de inspiración divina, esto debido a que él mismo era un ser divino. Él lo demostró realizando muchos milagros, curando enfermos, expulsando demonios, y reviviendo muertos. Pero al final de su vida él despertó cierta oposición, y sus enemigos lo entregaron a las autoridades Romanas para que fuera juzgado. Aun así, luego de dejar este mundo, retornó para encontrarse con sus seguidores y convencerlos de que no estaba muerto, sino viviendo en un reino celestial. Tiempo después, algunos de sus discípulos escribieron libros sobre él.

Reflexión personal

El hombre siempre ha estado bajo una nube de interrogantes, de dudas, de crisis, que gira en torno a un sistema de mitos y creencias cuya principal función es canalizar la fe, la esperanza y la alegría. Sin embargo, siempre queda en la mente una nube llamada “misterio de la vida” que se queda depositada como semilla y que va ligada a nuestras vidas como una sombra inherente. Quiero destacar que el propósito de cada uno de nosotros  es  indagar en nuestro ser más íntimo y  personal, no dejar como evidencias claras y rotundas que las religiones sean nuestra única respuesta a nuestros pensamientos y direccionen nuestras vidas con leyendas imprecisas, con profetas transfigurados en cada civilización y con mitos remedados que retornan en cada cultura. De esta manera, mi enfoque ha sido siempre el de intentar comprender el posicionamiento del hombre en el universo, su relación directa con la divinidad, el contacto con nuestro Yo superior y la apertura hacia unas dimensiones que van más allá de lo tangible. Éstas y otras cuestiones van más allá de los dogmas, credos y leyes, pudiendo encontrar las respuestas (si algún día dejamos de leer la cartilla del parvulario llamada sistema de religiones) en nuestro interior, concretamente, en esa llama divina, eterna, enérgica que nos envuelve a todos. Me quedo, para cerrar líneas, con lo que escribió el poeta inglés William Blake: «ver un mundo en un grano de arena, un cielo estrellado en una flor silvestre, tener el infinito en la palma de su mano y la eternidad en una hora». He ahí la gloria: sumergirse en aquella Energía bienhechora que nos llena de sentido y alegría.

En definitiva, las religiones, sean cual sean sus orígenes, son cosas de grupos y sociedades donde el hombre queda totalmente estructurado. La religión que hay que profesar es la de la aspiración hacia el reino de la libertad, donde se colocará de nuevo al individuo en la fuente original de la vida. El único viaje espiritual es individual y no puede estar organizado ni estructurado y no sólo hay un camino, aunque todos tenemos el mismo destino. Como dijo Buddha: Al igual que la vela no puede arder sin fuego, el hombre no puede vivir sin vida espiritual.

Enlaces sobre el tema:

Libros recomendados:

  1. Cristianismo primitivo y religiones mistéricas (Historia. Serie Mayor)
  2. Constantino. El Grande (Tiempo De Historia)
  3. Historia de las religiones (td)
  4. Los misterios: Religiones orientales en el Imperio Romano (Crítica/Arqueología)
  5. Las mascaras de dios, t.4: mitologia creativa
  6. Las grandes herejías de la Europa cristiana (Fundamentos)

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Diálogo con Alétheia sobre Edipo, el devenir y el alma. (Parte III)

Me adentré por una playa desierta del Cabo de Gata (Almería). Sentía el sol rozar mi piel, el aroma del mar embriagaba todo mi entorno y las lánguidas olas  parecían querer susurrarme algo. Me senté y miré al horizonte. Sentí el palpitar de la naturaleza próximo a mí. Empecé a relajarme  y me quedé dormido, en un profundo sueño. Durante el sueño mi alma viajó hacia los dioses y encontré la Verdad (Alétheia) y la Justicia (Díke). Conversé  con los dioses y hablé con Alétheia (literalmente la palabra significa “aquello que no está oculto“, “aquello que es evidente“, lo que es verdadero) y Díke (la personificación de la justicia). Aquí está el corpus de la conversación íntegra que tuve con Alétheia, que se materializó ante mí como sacerdotisa y que tengo el placer de compartir con todos ustedes:

  • Alejandro: Tengo la sensación de que ayer las cosas estaban como siempre, pero hoy las cosas me resultan tan distintas…
  • Sacerdotisa: ¿Te refieres a cambios? El devenir de la naturaleza es el escollo de toda la humanidad.
  • Alejandro: Esta mañana al levantarme y mirar por la ventana hacia el mar me sentía distinto, pero si no soy el mismo, ¿quién soy? ¿soy el mismo al levantarme cada mañana?
  • Sacerdotisa: A veces la naturaleza interior te llama, te susurra que hay algo más, te anuncia que eres mucho más…
  • Alejandro: ¿Se puede borrar el pasado y empezar de nuevo? Algún día, me gustaría ir a ese lugar y volver a empezar de nuevo, como si el ayer no existiera.
  • Sacerdotisa: Toda historia, por muy torcida y compleja que sea se basa en una verdad, sólo en una.
  • Alejandro: ¿Se puede aspirar a algo más?
  • Sacerdotisa: La vida es complicada. Lo único cierto es que es real.
  • Alejandro: ¿Pero cómo se alcanza lo real?
  • Sacerdotisa: Con la conciencia absoluta de lo real. Vuestros ancestros pensaban que sus pensamientos eran la voz de los dioses, como un monólogo interior, y esa voz tenía consecuencias en sus actos. En cierto modo, era una forma de despertar la conciencia y conectar con la divinidad.
  • Alejandro: ¿La búsqueda de la conciencia?
  • Sacerdotisa: Darse cuenta de algo que va más allá de los sentidos.
  • Alejandro: ¿A qué se refiere exactamente?
  • Sacerdotisa: Al despertar de la divinidad. En Edipo la multiplicidad hace que se oculte la verdad, pero verdad sólo hay una: cuando Edipo descubrió quién es, fue libre; Yocasta, sin embargo…
  • Alejandro: Pero si el río es evolución, es vida, es el camino, pero vamos en contra de la corriente, ¿cómo que la humanidad va retrocediendo en su crecimiento espiritual?
  • Sacerdotisa: La humanidad forjó el sendero de la vida con una herramienta: el error.
  • Alejandro: Los dioses también cometen errores, lo hemos visto tantas y tantas veces…
  • Sacerdotisa: El hombre presenta a sus dioses con sus intervenciones erráticas y sus objetivos irracionales para justificar sus propias caídas. El hombre en sociedad vive con su error, en el sentido de que éste pasa a formar parte de su historia y, por lo tanto, determina lo que él es. El hombre tiene que ser fiel a su naturaleza intrínseca divina, devoto a su génesis.
  • Alejandro: A veces pienso que no podemos elegir nuestros caminos tal como nos gustaría, que hay algo superior que nos controla y nos guía por senderos inescrutables. Los pitagóricos tenían como símbolo una Y, el signo del cruce de caminos en el que el hombre debía elegir qué camino tomar: el del bien o el del mal.
  • Sacerdotisa: La fe también utiliza el simbolismo, pero no surge de él.
  • Alejandro: Edipo y Yocasta soñaron con la vida que querían, pero ninguno la consiguieron. Ambos eligieron lo mejor, no dudaron de sus caminos, de sus destinos, pero, de repente, la tragedia  cae sobre ellos y todo cambia. Pero, el error de Edipo es esa clase de error que puede cometer cualquier hombre bueno, ya que le viene impuesto con unas condiciones adversas que uno lo presencia con compasión. Yo estoy con Edipo, le comprendo perfectamente y me hallo dispuesto a seguir su historia hasta el final. Cada una de sus decisiones, incluso en los momentos de mayor ceguera, nacen exactamente de la admirable clase de persona que es.
  • Sacerdotisa: Sólo así se comprende la liberación de Edipo: el alma siente que tiene sed de una realidad superior con más valor que la vida terrenal y cotidiana, de una realidad superior donde no hay dioses, ni héroes, ni mezquinos sentimientos humanos que llevan al hombre a ser frágiles. Edipo y Yocasta se movían en medio del fragor de la vida, de los deseos mundanos, de los reclamos incesantes de la vida que le rodeaban, de tanto ruido, de tantas mentiras, al igual que los cantos de sirenas que confunden al hombre. Edipo piensa que es víctima, después se da cuenta que su vida es una línea continua de sufrimiento y dolor, pero nunca se desploma, no se rinde. Esa elasticidad hace que Edipo entienda en la espiral en la que se mueve y anhela cambiar todos sus sueños por uno solo: no quebrantar las leyes del cosmos. Es el llamado problema de equilibrio. Edipo acepta la llamada, esa llamada a que todo el mundo nace para cumplir. El camino no es escoger el bien o el mal, no es elegir entre Edipo y Yocasta: el único camino es trascender el bien y el mal.
  • Alejandro: ¿Trascender el bien y el mal?
  • Sacerdotisa: Como seres libres que sois, tenéis capacidad de elegir.
  • Alejandro: Edipo mira hacia el futuro pero está sumido al orden de la naturaleza y a los límites de sus conocimientos…
  • Sacerdotisa: El papel de Edipo exige más que sumisión; exige que tenga iniciativa, que mande y decida. Edipo, no a través de sus ojos, decide mirar hacia algo que está más allá…
  • Alejandro: Pero decidir entraña la posibilidad de errar de nuevo, de fracasar otra vez.
  • Sacerdotisa: Sin embargo, sin libertad y, por lo tanto, sin la posibilidad de error no hay liberación. El hombre debe actuar para convertirse en verdadero héroe en la acción.
  • Alejandro: ¡Por Zeus! ¿Qué soy? ¿Qué he sido? ¿Qué seré? ¡Lo ignoro por completo! Estoy confuso, mi mente a veces está perdida en una densa y oscura nube y camino errante, sin lograr, ni en sueños, aquello a lo que aspira mi alma. Soy un ser limitado, finito y temporal, y sin embargo, dentro de mí, siento algo…
  • Sacerdotisa: La naturaleza es eterna, no lo olvides nunca Egan[1], al igual que tu alma. El alma es una cosa, y otra muy distinta la materia, el cuerpo y la mente. Cuando tu mente está en reposo, tu alma florece, cuando tu mente se nubla, el alma ve; cuando el cuerpo está muerto…¡tu alma se libera y vive eternamente!
  • Alejandro: ¿De dónde nos viene el alma?
  • Sacerdotisa: El alma os viene del Cosmos. El alma es armonía
  • Alejandro: ¿Por qué el hombre fracasa teniendo un alma en armonía?
  • Sacerdotisa: El alma lo abarca todo y se mueve de tal forma que el hombre nunca alcanza a conocerla y a dirigirla en los intereses que desearía. El hombre fracasa constantemente porque para él es una célebre desconocida. Cuando el hombre le da la espalda a la naturaleza divina y rompe vínculos con el Cosmos le queda una profunda anomalía, una desarmonía y una fractura profunda que le llena de angustia, y de infelicidad, y de tristeza, y de sorpresa y de melancolía y de desengaños y de insatisfacción. Sin embargo ignoráis que los opuestos se necesitan el uno al otro, es una armonía de tensiones opuestas, como la del arco y la lira. La naturaleza se resuelve finalmente en una armoniosa unidad en la que, sin embargo, aparecen una multiplicidad de tensiones opuestas. Apolo es la conjunción de la lucha y la paz, y la única sabiduría divina que podrá gobernar el devenir de la naturaleza. La oposición entre el cuerpo y el alma se da en vosotros. Estáis siempre en constante evolución y pasáis de un estado a otro, sin daros cuenta, y  debéis aprender a escuchar para alcanzar esa dimensión.
  • Alejandro: ¡Por Zeus! ¡No estamos preparados para la tarea ya que al adentrarnos en el oleaje de la vida tropezamos de inmediato con grandes dificultades! Tenemos el Cosmos dentro de nosotros cuya vastedad no controlamos y cuyas claves resultan desconocidas. Cada uno erramos por el mar de la vida, con nuestros conflictos interiores y nuestros esfuerzos para alcanzar los propósitos de nuestros anhelos espirituales.
  • Sacerdotisa: La capacidad de aprender es un aspecto de la eternidad. El único camino para aprender es descubrir los caminos interiores. El alma os llevará a donde pertenecéis, el alma es amor y volverá a su génesis, más allá de donde ni tan siquiera vuestra imaginación puede alcanzar.

 

[1] Los dioses, Aletheia, Diké, entre otros seres superiores, siempre se han dirigido a mi como Egan y nunca por mi nombre terrenal, Alejandro. Entiendo por entonces que en el libro de los nombres de  las esferas superiores tenemos un nombre diferente al que nos bautizaron nuestros padres en la tierra. Egan, según me contó Hermes, es un nombre relacionado con el mito del fuego de los ancestros celtas, que define a un chico con luz propia que busca abrirse al mundo y al universo de lo extraño.

Enlaces de interés:

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La metafísica en Edipo (Parte II)

Cuando observamos una cascada de agua precipitándose por la montaña, en algunos tramos, se forman pequeños remolinos que de momento parecen retroceder en sentido contrario a la corriente; pero sin embargo, todo el caudal del agua, incluido los remolinos, son arrastrados por el impulso del torrente hacia delante con la fuerza de la corriente. La imagen de la cascada me recuerda al eterno problema del ser humano: el devenir. En el ámbito filosófico el devenir significa el ser como proceso, todas las maneras de llegar a ser, el cambio, el acontecer, el ir siendo, el movimiento. Además del contexto filosófico de la palabra, debo añadir que, para mí, el devenir es evolución, es ir hacia delante y dejar que las cosas sigan su curso, como esa cascada de agua precipitándose por la montaña, de la misma manera que también evolucionamos movidos por la irresistible fuerza del Logos que nos empuja hacia delante. Que vayamos movidos por la fuerza del Logos o empujado por una cascada no quiere decir que estemos progresando, dando pasos de gigantes. La corriente nos arrastra porque la propia naturaleza tiene un propósito cósmico y universal y depende de nosotros alinearnos a esa energía o no. Vayamos por parte:

El antiguo aforismo griego “conócete a ti mismo” (Gnothiseauton) es una hermosa advertencia, porque el conocimiento de uno mismo es absolutamente necesario a todo candidato para el progreso espiritual.

El explorarse a uno mismo parece inmiscuirse en una estrecha relación de causa-efecto, de explorar nuestro interior, de mirar dentro de sí, de tomar conciencia de nuestra naturaleza divina. Conócete a ti mismo es una invitación a una mirada introspectiva, como el detectar nuestras carencias y defectos y mantener prudencia en el manejo de nuestra lengua. Una llana y sincera capacidad de autocrítica. El alma tiene que estar en consonancia con el cosmos y elevarse a la Unidad, a la fuente original que la mayoría de los filósofos abogaban con una vida equilibrada.

El otro mandamiento que adornaba el frontón de Delfos era “nada en exceso” (médenagan).

Nada en exceso invita a los hombres a encontrar su justa medida en el orden cósmico para protegerse de la hybris, ese arquetipo de la falta de sabiduría, esa vanidad o esa desmesura que desafía a los dioses y, a través de ellos, al orden cósmico, pues todo es uno.

En el mito de Edipo, con la estirpe de Layo como eje central y las consideraciones detalladas en líneas anteriores se deduce, claramente, que si alguien fuese tan insensato que se empeñara en ir en contra de la corriente y actuar firme y decididamente en el mal, no por ello “se inclinaría” hacía atrás. En mi opinión más bien el sujeto sería el “remolino” que queda atrapado en el torrente que continúa su curso de manera natural; la fuerza del Logos no se  puede  invertir, del mismo modo que tampoco se puede invertir la corriente del río.

Sabemos que las circunstancias externas cambian incesantemente porque se ven afectadas por toda suerte de influencias. Pero la vida interna  no está en continua oscilación. Es decir, continuando con la metáfora del torrente,  el río puede estar contaminado, puede llevar más o menos caudal, pueden, incluso, imponerse varios obstáculos, pero sabemos con absoluta certeza que el curso del río seguirá adelante.

A esto hay que sumar que el devenir es uno de los problemas más destacados de la filosofía porque parece contraponerse al ser. Es un “sudoku” filosófico que a su vez entraña muchas contradicciones.

Por otra parte, para mí el devenir también representa la superación del ser y lo voy a explicar y desarrollar basándome en el mito de Edipo. (ir al enlace del mito de Edipo)

La maldición de Layo arrastra al linaje de Edipo pero cada uno no llega a entender su propio devenir: Layo viola al tierno Crisipo que termina suicidándose, Yocasta se ahorca, sus hijos se matan entre ellos y  solo Edipo representa la superación del ser y de la pura nada.

En el siguiente resumen recordaremos el devenir de los principales personajes:

Yocasta, madre de Edipo, se ahorca tras conocer su incesto con su propio hijo y la desgracia familiar que hay detrás del linaje de Layo. El suicidio se consideraba una muerte maldita, pues no permite que el alma encuentre su remanso de paz, al considerarse una muerte impura.

Etéocles y Polinices, los hijos de Edipo y Yocasta, se matan en combate el uno al otro. El poder les ciega  acarreando la muerte de ambos.

Antígona e Ismene, hijas de Edipo y Yocasta: son condenadas a muerte. Antígona fue condenada a ser emparedada viva, pero terminó ahorcándose.

Edipo: tras conocer su origen del linaje de Layo y el crimen que ha cometido decide cambiar su historia. La angustia se abate sobre él y acaba perforándose los ojos. Parte para el destierro de la mano de Antígona. Ella le guiará hasta Colono, en el Ática, donde es acogido hospitalariamente por Teseo. El viejo Edipo se sienta a descansar en un recinto sagrado dedicado a las Euménides (Erinias). Edipo intuye que el fin de su vida está cerca y solicita la presencia del rey Teseo de la ciudad de Colono.

Hay que recordar que las Euménides son las Erinias, pero bajo su aspecto benéfico. Las Erinias significan la culpa reprimida convertida en fuerza destructiva, en tormentoso remordimiento; las Euménides representan esa misma culpa confesada, sublimemente productiva, el arrepentimiento liberador.

Por lo tanto, Edipo escapa al tormento (las Erinias) buscando refugio en las Euménides (cuyo santuario tenía en Grecia el mismo poder curativo que el templo de Apolo y su inscripción “Conócete a ti mismo”)

Todos los personajes del mito representan, excepto  Edipo, desde mi punto de vista, el camino estático del devenir, es decir, están adheridos estrechamente al sistema estructurado y corrosivo que les lleva al fatalismo; Edipo representa el símbolo del alma solar, símbolo de la transmutación de la involución a la evolución, empujado por su debilidad a la caída, pero encontrando en ese hecho mismo la fuerza de la elevación. Edipo acaba finalmente convirtiéndose en un héroe-vencedor. En mi opinión, Edipo representa el camino dinámico que conduce a una existencia completa (la individualidad) en la que el yo se encuentra al fin consigo mismo perdiéndose en el Absoluto.

“No le mató ni el rayo portador del fuego de una deidad ni un torbellino que del mar se hubiera alzado en aquel momento. Más bien, o algún mensajero enviado por los dioses o el sombrío suelo de la tierra de los muertos le dejó paso benévolo. El hombre se fue no acompañado de gemidos y de los sufrimientos de quienes padecen dolores, sino de modo admirable, cual ningún otro de los mortales” (Edipo en Colono, 1659)

Dicho camino dinámico empuja a Edipo a convertir la ira en paz. También fue consciente de la inexorable fuerza del destino pero a su vez fue artífice y constructor de su propio destino.

Bajo mi punto de vista la evolución no es un hecho de la casualidad, sino el esfuerzo creador de uno mismo, por eso Edipo nos enseña que el hombre debe volver a colocarse en el eje de la evolución y  hacer el recorrido hasta el final, optando para que su alma no sea presa del devenir.  Subrayo que la existencia de Edipo es opuesta al fatalismo de Yocasta. Él sabe que forma parte del  bucle  del destino pero a su vez  pretende sobrepasar al propio destino trazando su propio camino.

En síntesis, Edipo representa la liberación del espíritu. Es decir, cambia una experiencia terrible por la verdad, consiguiendo en última instancia la conciliación de la unidad frente a la multiplicidad que presenta la experiencia. La multiplicidad se da en Yocasta y en sus hijos; Edipo busca incesantemente las condiciones que impidan su autodestrucción y de paso encontrar la liberación.

Aquí se manifiesta claramente la preocupación del ser humano por aquello que puede llegar a conocer, aun cuando la incógnita del Ser siempre nos remita a un hondo misterio. En otras palabras, Edipo anhela alcanzar lo ilimitado del conocimiento: conocer más y más, entrar en comunión cada vez más profunda con la realidad que le envuelve, ir más allá de cualquier horizonte y hacer la experiencia del misterio. Edipo nos descubre que todo es misterio: las cosas, la naturaleza, cada persona, su corazón, el universo entero…

Otra cuestión que podemos escudriñar sobre el mito: ¿La naturaleza divina valora el ocultarse? En mi opinión la naturaleza divina no se oculta. Somos nosotros la que lapidamos la naturaleza divina en pro de nuestros intereses egoístas. Sabemos de antemano que la experiencia de la estirpe de Layo recae con el mismo peso para todos, pero todos, menos Edipo, deciden celar la verdad e ir en contra de la propia naturaleza. En el mito de Edipo nos enseña que depende de nosotros ocultar los mecanismos racionales de la naturaleza que están a la luz. Depende de nosotros si queremos subestimar o no la fuerza superior de la naturaleza divina.

Recordemos que Yocasta y Layo decidieron arrojar a Edipo a un monte infranqueable para que la maldición no se cumpliera; Edipo, cuando escucha directamente esta versión de la propia Yocasta, su esposa, siente que su alma se precipita en una terrible espiral de consecuencias irreversibles. Edipo recuerda en su infancia como un hombre ebrio se le acercó y le dijo que era hijo putativo de Pólibo, rey de Corintio, y de  Mérope. Lógicamente, Pólibo y Mérope desoyeron el relato de Edipo. Ese episodio quedó en un segundo plano y se pasó por alto. Más adelante, en la época de la adolescencia, Edipo,  sin que sus padres lo supieran, se dirigió al oráculo de Delfo y le anunció la terrible maldición que corría por la sangre de su familia. Entonces, Edipo huyó de Corintio para eludir la tragedia de lo que él creía que eran sus padres biológicos, Pólibo y Mérope. A partir de ese momento, el destino continuó infaliblemente los pasos de Edipo hasta el final.

Por otro lado, recordemos que Yocasta no desea que Edipo continúe con las pesquisas sobre quién es él; Edipo, sin embargo, quiere conocer su origen, aunque proceda de un linaje oscuro y con un funesto destino.

Edipo sucumbe finalmente: “ Oh nube de mi oscuridad, que me aislas, sobrevenida de indecible manera, inflexible e irremediable! ¡Ay, ay de mi de nuevo! ¡Cómo me penetran, al mismo tiempo, los pinchazos de estos aguijones y el recuerdo de mis males!” (Edipo Rey, 1314)

Por este motivo, de nosotros depende enteramente desplegar la razón (lógos), en un camino arduo y abnegado que nos permita desenterrar la estructura racional de la naturaleza. Cuando Edipo se aleja de sus padres putativos, su mente cree que está escapando del desdichado destino. Salir de la patria que lo adoptó, fue para él, en ese preciso momento, sensato y noble por su parte. Pero él no sabía que su alma le estaba llevando a descubrir la verdad, su origen. Aquí se ve una oposición clara y contundente entre la mente y el alma. La naturaleza del alma evoluciona siempre;  la mente con sus multiplicidades de contrarios es la que nos hace errar y no ver las cosas tal como son, sino tal como somos.

“¿Cómo voy a ser un malvado por naturaleza, yo que devolví lo que había sufrido (Edipo recuerda que, antes de atacar él a su padre Layo, había sido golpeado por éste), de suerte caso hubiera llegado a ser un malvado? Y luego, sin saber nada, llegué adonde llegué y estoy perdido por obra de aquello que, sabiéndolo, me hicieron sufrir (cuando sus padres biológicos le abandonaron)”. (Edipo en Colono, 279)

En resumen, la evolución del alma es una razón universal, pero a veces pensamos que dicha evolución está gobernada por el hombre, por los sentidos, por la mente. Edipo pasa de escuchar la mente al logos eterno, del cual los hombres no tienen conciencia pero deben aprender a escuchar las señales de la propia naturaleza, la voz del cosmos,  para así alcanzar la unidad de las cosas, es decir, a lo eterno. En los diálogos de Edipo muchas veces se ve que él no sabe determinar qué es lo que corresponde a una cosa o a la otra. Si no sabe escuchar la única razón por la que está atravesando la terrible experiencia, ¿de qué manera podrá reparar el error de su linaje?

Recordaremos la famosa frase “Conócete a ti mismo”, en el templo de Apolo en Delfos:

“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”.

El mito de Edipo y los complejos mecanismos que lo componen parten, por un lado, del convencimiento de la solidez del equilibrio divino y, por otra parte, de la creencia de que el hombre está conectado de manera consciente a sus excentricidades y desarraigos con respecto al mundo de lo divino y esta conciencia, que casi siempre se podría calificar de existencial es siempre dolorosa.

En Edipo en Colono es totalmente desgraciado, y consigue en su misma desgracia una explicación. Lo tiene todo en su contra: el destino se comporta por su propio derecho. Y Edipo lo sabe, es consciente del peso que tiene encima. Sabe que en las cartas del destino no entran, desde luego, eximir su culpabilidad ya que él forma parte de la mancha del tejido familiar que los griegos llamaban miasma: la palabra proviene del griego μίασμα, mancha, pero es mucho más que eso. Según la R.A.E miasma es un efluvio maligno que, según se creía, desprendían cuerpos enfermos, materias corruptas o aguas estancadas. De ahí se creía que provenían infecciones que se propagaban de unos a otros como por ejemplo las bacterias. En el griego antiguo miasma es también una impureza no sólo física sino moral. Era necesario expiar los miasmas a través de rituales y ceremonias para que estos no se propagaran ya que estas personas podrían ser perjudiciales para la sociedad. ¿No es esto por ejemplo lo que ocurre en la tragedia de Edipo? El pueblo necesita encontrar al culpable del asesinato del rey para acabar con la enfermedad que los acecha y esa es la solución a las desdichas de Tebas, la repuesta que trae Creonte del Oráculo en Edipo Rey:

EDIPO.- ¿Cuál es la respuesta? Por lo que acabas de decir, no estoy ni tranquilo ni tampoco preocupado.
CREONTE.- Si deseas oírlo estando éstos aquí cerca, estoy dispuesto a hablar y también, si lo deseas, a ir dentro.
EDIPO.- Habla ante todos, ya que por ellos sufro una aflicción mayor, incluso, que por mi propia vida.
CREONTE.- Diré las palabras que escuché de parte del dios. El soberano Febo nos ordenó, claramente, arrojar de la región una mancilla que existe en esta tierra y no mantenerla para que llegue a ser irremediable.
EDIPO.- ¿Con qué expiación? ¿Cuál es la naturaleza de la desgracia?
CREONTE.- Con el destierro o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta sangre es la que está sacudiendo la ciudad.

SÍNTESIS

Recordemos que Edipo hizo cosas que nunca pensó que haría: matar a su padre, casarse con su madre…Le tocó escalar la montaña más alta del mundo, cada paso más difícil. Yocasta se suicidó porque no pudo llegar a la cima; sin embargo, Edipo se dio cuenta que expiar su delito no era subir hacia el pico más alto de la montaña, sino una peregrinación hacia dentro. Edipo empezó a darse cuenta que estaba vivo; Yocasta experimentó una mentira; Edipo alcanzó ese despertar, experimentó lo real, algo profundo y verdadero…Yocasta le dio la espalda al cosmos y sucumbió a un final trágico. ¡Edipo se encontró a sí mismo!

En mi opinión, la vida es parte de un juego y hay un camino para cada hombre. Yocasta fingía desde un principio y esa es la historia que escogió; Edipo, sin embargo, escogió encontrarse a sí mismo. La maldición de Layo engullía a su familia lentamente y en ese juego Edipo entendió que hay que luchar, conquistar, ganar, perder, volver a levantarse, pero decidió una cosa muy importante: El destino es suyo y quería llegar hasta el final…

La justicia divina, como  juez severo, termina hasta con los más poderosos, del mismo modo las grandes civilizaciones perecerán y  todo se perderá, pero la humanidad seguirá buscando nuevos dioses, pertenecer a alguien que está por llegar, alguien muy grande. Entonces, la historia se repetirá y el libro se quemará justo cuando  encuentre  su desenlace.

Para cerrar mi análisis sobre el devenir y la metafísica de Edipo, me gustaría subrayar que muchas personas creen que los mitos son una fábula, un cuento, un entretenimiento mental, pero en realidad lo que no saben es que los mitos son mentiras que cuentan una verdad oculta. La mayoría de las personas se quedan en la superficie de los mitos, en el molde externo de la historia pasando las páginas de su vida sin ver el interior de su naturaleza. Pero luego hay personas que despiertan, que pueden cambiar, y tejen una nueva historia con sus decisiones metafísicas para convertirse en quienes decidan ser. Depende de nosotros mismos: romper la estructura corrosiva estática en la que nos movemos diariamente, o bien entrar en el dinamismo que nos lleva a una existencia más completa.

Próximo artículo: Diálogo con la Sacerdotisa sobre Edipo y el devenir de la naturaleza (Parte III)

Enlaces de interés:

El mito de Edipo (Parte I)

Diálogo con Aletheia sobre Edipo, el devenir y el destino (Parte III)

La tragedia en Sófocles

Catarsis y miasma

Edipo, la fuerza del destino

Las Erinias

Las maldiciones en la mitología griega

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Homero: ¡Presente!

El espectáculo que la compañía de teatro “El aedo” ofreció el pasado 28 de julio en Granada (España) fue una pesadilla, un horror, una gran mentira, un montaje hecho al estilo de los programas reality show que arrasan en los medios, porque son productos comerciales y vacíos que sólo aportan basura a nuestra sociedad perjudicando seriamente la salud cultural. La compañía de teatro lapidó a Ulises con miserias, mentiras, calumnias y trapos sucios;  invirtió los simbolismos de Homero, referente de la cultura griega.

Ulises atado al mástil de su barco tratando de vencer la atracción de las sirenas. Cuadro de Leon Belly Las sirenas (Museo de l’Hotel Sandelin, Saint Omer, Francia).

El mundo homérico tiene una forma de ver la verdad que ha llegado a nosotros  convirtiéndose en una tradición poética, en parte por reflejar su sociedad, no tan distante y lejana como podemos creer. En Homero, por ejemplo, se puede destacar las relaciones del hombre con la naturaleza, del hombre con el hombre, del hombre con dios, donde la ética, la moral y la psicología son las herramientas fundamentales del hombre para posicionarse ante la vida. Nuestro mundo, tal como se ve hoy día, está desequilibrado, desmoralizado, desestructurado y hay una carencia de valores humanos en cada rincón de la tierra. Así son los dioses homéricos, que se presentan en el mundo real tal como los vemos, con sus objetivos irracionales y sus intervenciones más bien erráticas. Homero  ha llegado a nosotros porque nos muestra, en cierto modo, la verdad, una verdad con la que yo me identifico plenamente y que trato de ensalzar y a la vez de desmenuzar.

¿Qué se aprende con Homero? Con Homero se aprende un camino: el hombre tiene que ser fiel a sí mismo, sin más.

De la obra de Homero emana una sabiduría que llama poderosamente la atención: una crítica a una sociedad y una comprensión de esta. Homero  nos presenta la cruda realidad tal como es, no acorde con nuestros deseos y sueños que anhelamos diariamente. Por eso, nosotros, como lectores, como observadores de la vida, de la naturaleza, de nuestro entorno,  debemos usar la inteligencia (Nous) en su más alta esfera porque las exigencias de la vida son tal como nos las presenta Homero. Por eso, hay que penetrar dentro de dicho pensamiento para discernir el papel que el hombre juega en esta vida.

La compañía de teatro El aedo le puso una máscara al Ulises de Homero con trapos sucios de Sófocles y Píndaro.

En la obra que vi,  los valores homéricos quedan adulterados, falseados, impuros y manipulados, además de mezclados con otros ingredientes que no corresponde con la magna obra de Homero. Por ejemplo la alusión a Sófocles que trató la muerte de Ulises en Ulises herido, de la que sólo se han conservado algunos fragmentos. En esta obra, Telégono, el hijo que Ulises había tenido con Circe llega a Ítaca y mata a su padre ignorando su identidad. Telélogo se casa con Penélope y Telémaco con Circe. Mi pregunta es: ¿Por qué no se han escogido a  los estoicos que proponen a Ulises como ejemplo de buena conducta? Es «el héroe paciente» por excelencia. Horacio celebra la templanza de Ulises (Epístolas, 1,7) y Séneca su prudencia (Cartas a Lucilo, XX, 123). ¿Por qué no se destacó esas virtudes? ¿Por qué caricaturizar de manera mísera a  Ulises? Homero y Ulises son una bella enseñanza para la vida de hoy, una forma de conciencia para superar el fracaso, no una pesadilla donde no se  nos muestra salida alguna. Ya tenemos suficiente con lo que se ve en los medios de comunicaciones manipuladores y corrosivos para ahora manipular al Ulises de Homero. Ulises no es un mediocre, no es un barrio bajero sin compasión, no es el hombre “de las mil mentiras” como se quisó vender en la obra de teatro. Ulises es luz, un faro que ilumina desde un extremo de la civilización humana hasta el opuesto. Pero el Ulises de la versión de la compañía de teatro tiene el alma oscura y los sentimientos opacos:  muestra la cara ácida de la antigua Grecia; para mi Ulises es luz, no es un muerto viviente como pasa hoy en nuestra sociedad que se dirige en masa uniformada sin reflexionar sobre la vida. ¡Ulises es reflexivo e intuitivo!

La compañía no sólo invirtió los valores de la cultura griega sino que fue más allá: violaron  la mitología, el mito. Fue tal bajeza que ya mi indignación fue máxima. Destriparon los pasajes de Homero explicando empíricamente los mitos de Circe, Calipso, Polifemo, las Sirenas…Ningún hombre debería tratar de obtener beneficio a costa de la ignorancia de otra persona. Cicerón  (106 AC-43 AC).

El error de la compañía teatral fue querer interpretar  los mitos de Ulises de manera racional y lógica:  Homero utiliza el mito de manera alegórica. El mito es uno de los fenómenos culturales que más directamente ha influido sobre el pensamiento del hombre y su conciencia. Han llegado a nosotros porque tienen la peculiaridad de responder a las preguntas más profundas que una comunidad científica o religiosa pueda plantearse. Detrás del mito hay una respuesta a los orígenes del hombre, a su destino  y a todos los elementos que envuelven nuestro entorno, a las estructuras fundamentales de la existencia, el mundo con todos sus movimientos sociales y políticos. Detrás del mito se esconden realidades transempíricas, intuiciones (a través del simbolismo) y metafísicas. La compañía se cagó en el mito y borró toda huella de simbolismo trascendente y dicha lectura sobre el mito y los mitos son reflejos de una mentalidad manipuladora, tóxica, depredadora e inculta.

Homero

Homero, ¡Presente!

 

 

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