Archivo mensual: diciembre 2014

Ritos funerarios en la antigua Grecia

Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson El funeral de Atala (1808), Museo del Louvre.

Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson El funeral de Atala (1808), Museo del Louvre.

En la Grecia Antigua, un funeral era mucho más complejo que un enterramiento o una cremación del cuerpo. Se llevaban a cabo unos ritos que tenían la propiedad de ayudar al alma muerta en su tránsito del mundo de los vivos al mundo de los muertos. Del perfecto cumplimiento del ritual dependería la salvación del individuo, es decir, el alma no vagaría en una eterna angustia.

Tal y como dejó establecido en sus estudios el prestigioso arqueólogo Fernando Quesada Sanz, el ritual está compuesto de las siguientes fases:

Ritos pre-deposicionales

1. Prothesis: el cuerpo del difunto era expuesto, permitiendo comprobar que realmente había fallecido, y sus seres cercanos iniciaban el duelo así como la honra. Para los griegos, la psyché -espíritu del difunto- aún no había alcanzado su destino sino que estaba en pleno tránsito, entre medias del mundo terrenal y el Hades. La preparación del cuerpo la realizaban las mujeres de la familia y consistía en lavar el cuerpo y vestirlo con ropas de carácter funerario. Así mismo, se le cerraban los ojos y se le sujetaba la barbilla. Una vez preparado el cuerpo, se le tendía en una sala de la casa, con la particularidad de que los pies debían estar mirando hacia la puerta. Fuera de la casa había recipientes con agua que servía de elemento purificador para todos aquellos que acudían a mostrar condolencias. Por otro lado, dentro de esta primera fase ritual también se expresaba el dolor mediante cantos y gestos de lamento, entre las que destacaban, en ciertas ocasiones, las famosas plañideras que hasta hace bien poco estaban presentes en los entierros de los pueblos. En cuanto a la duración, no está del todo claro. Las fuentes literarias nos hablan desde dos días hasta diecisiete. Obviamente, en el caso de de que tuviera dicha duración, debían de tratar el cuerpo, embalsamándolo para evitar que comenzara el proceso de descomposición.

2. Ekphora: se trata del traslado del difunto al lugar de enterramiento. Dicho traslado se hacía con el cuerpo a hombros o mediante un carruaje, a la par que se escuchaba música. La hora elegida era la oscuridad de la noche. Los hombres estaban ubicados delante del fallecido y las mujeres detrás.

Ritos deposicionales

Desafortunadamente, sobre esta fase casi no disponemos de información, pues casi no ha sido representada en las cerámicas. Tal y como destaca Fernando Quesada, muy probablemente, en el momento de echar la tierra se llevasen a cabo libaciones sobre le ataúd si se trataba de inhumación y sobre la urna si había sido cremación. En este segundo caso, gracias a los textos de Homero se sabe que se utilizaba vino para apagar las últimas ascuas. Seguidamente, uno de los familiares metía las cenizas en una urna. Por último, tanto en un caso como en el otro, se colocaba el ajuar junto a los restos mortales.

Ritos post-deposicionales de carácter inmediato

1. En el cementerio:
Se han hallado restos de sacrificios animales como ofrenda. Éstos eran quemados -que no cocinados- y se ha documentado en los llamados depósitos de ofrendas. Es decir, que no hacían un banquete en honor del difunto, sino que simplemente quemaban los cuerpos de los animales.

2. Fuera del cementerio:
Este punto es probablemente el que más difiere de nuestro rito actual, a excepción de los funerales, por ejemplo, estadounidenses. Tras el enterramiento propiamente dicho, tenía lugar el perideipnon, es decir, el banquete funerario. Se celebraba en la casa familiar y servía para unir a la comunidad ante el dolor y seguir honrando al difunto con la recitación de elegías entre otras cosas. Así mismo, los griegos sentían que el difunto estaba presente en el banquete entre ellos. Al igual que ocurría durante la exposición del cadáver, el agua también adquiría un papel relevante y los asistentes se bañaban como símbolo de purificación. Este banquete era el cierre del funeral que duraba tres días.

Una vez transcurridos treinta días de deceso tenía lugar un curioso rito llamado triakostia, en el que sobre la tumba ponían la parte de la basura generada en el banquete que habían celebrado tras el entierro. A esto se sumaba un último banquete, con el que se daba por finalizado el duelo.

Ritos posteriores: visita a la tumba

Al igual que ocurre ahora -en unas familias más, en otras menos- las visitas a la tumba del difunto se efectuaban al menos durante una generación, llegando en casos muy raros hasta tres generaciones. Lo más curioso de esto es que era la obligatoriedad de mantener y cuidar la tumba de los antepasados. Tan importante era, que si alguien quería acceder a un cargo público o mantener los derechos de herencia, debía probar que había cumplido sus obligaciones respecto a sus seres fallecidos.

En las visitas, los familiares decoraban las estelas funerarias con flores, depositaban ofrendas no alimenticias, hacían libaciones con leche, vino, agua y otras sustancias, rompían los vasos utilizados para la libación, incluso se han hallado algunos sacrificios de animales. De forma excepcional, en honor al difunto, se celebraban juegos atléticos o se llevaban a cabo sacrificios humanos.

Más parecidos de lo que pensamos

Es cierto que los rituales difieren en pequeños detalles como los sacrificios y la concepción de la muerte y el tránsito, pero los realizados por los griegos difieren poco de los nuestros. Sobre todo, si el entierro al que asistimos es en un pueblo que conserva este tipo de tradiciones. Nos separan varios siglos de Solón, Sócrates, Platón y otros tantos… Pero, en este sentido, estamos muy cercanos a ellos, ¿o no?

Fuente original: David Benito

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