Archivo mensual: septiembre 2014

Las Hespérides

Las Hespérides

Las Hespérides

Las Hespérides son las “ninfas del poniente”, hijas de la Niche (Nix) en la Teogonía de Hesíodo, aunque según otras versiones serían hijas de Atlas y Hésperis. Son tres, según la tradición más extendida: Egle (la Brillante), Eritia (la Roja) y Hesperaretusa (la Aretusa del poniente). Con ayuda del dragón Ladón cuidan del jardín de los dioses, donde crecen las manzanas de oro que Gea ofreciera a Hera como presente de bodas. Uno de los últimos trabajos que Euristeo impuso a Heracles consistió en traer dichas manzanas. El héroe tuvo que buscar durante mucho tiempo el jardín, del que la mitología ofrece diversas localizaciones: en el extremo Occidente, en los límites del océano y cerca de las islas de los Bienaventurados, al pie del monte Atlas, o incluso en el país de los hiperbóreos, en el lejano Norte.

Lo esencial en este mito es la relación -fundamental en el pensamiento mágico arcaico- entre el Oeste, región donde se pone el Sol, y el mundo de los muertos. Las manzanas de oro son de hecho frutos de la inmortalidad y la victoria de Heracles en esta prueba prefigura su triunfo final sobre la muerte. Después del robo, Atenea se ocupó de que las manzanas de oro fueran devueltas al jardín del que ya no saldrían.

manzanasLos símbolos

La manzana ha figurado durante mucho tiempo en mitología y en simbología. En el jardín del Edén, como sabemos, la serpiente dio la manzana a Eva y, al dar esa manzana y con su aceptación,  llegó el conocimiento del bien y del mal. Este es un método simbólico de contarnos la historia de la aparición de la mente. Con el advenimiento de la mente llegó también el conocimiento de la dualidad, de la atracción de los pares opuestos, de la naturaleza del alma, que es buena, y de la naturaleza de la forma, que es mala si retiene el alma y le impide su completa expresión.

Es digno de notar que en el jardín del Edén una sola manzana fue dada al ser humano, simbolizando así la separación, la soledad. Heracles tuvo que buscar las manzanas de oro en otro jardín y en el jardín de las Hespérides las manzanas eran el símbolo de la pluralidad, de la síntesis, nutridas por el único árbol de la Vida.

En cuanto al simbolismo de la serpiente, ya hablamos en Animasmundi sobre dicho animal. El enlace es: el simbolismo serpentino. Os recomiendo su lectura. También os recomiendo el siguiente enlace externo sobre un hallazgo en arqueología relacionado con el jardín de las Hespérides: el jardín de las Hespérides

 

Obras de referencias recomendadas:

 

 

 

 

 

 

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El alma de las plantas y los animales en la Grecia antigua

Aristóteles

Aristóteles

El corpus filosófico del pensamiento griego, en concreto de Aristóteles, se basaba en la idea de que el alma inferior es el alma “vegetativa” a cuyo dominio están limitadas las plantas. A ella se deben la nutrición, el crecimiento, la procreación y el marchitarse. Superior a ésta es el “alma sensitiva”, que distingue al animal de la planta; sus “facultades” se refieren al movimiento local, a las percepciones de los sentidos y, con ello, a la representación y al apetito. Para esta distinción capital entre planta y animal, se apoya Aristóteles en el hecho de que la planta no tiene ninguna unidad íntima y no posee ningún órgano central, mientras que para los animales y los hombres este órgano es el corazón.

La cúpula de la sabiduría griega consideraba que de todos los seres vivos, inferiores y superiores, el más elevado y el más peculiar es el hombre. La causa de su indudable superioridad sobre todas las demás criaturas radica, sin duda, en la facultad intelectual, en el espíritu, denominado Nous (el espíritu), o sea, la tercera y superior forma del alma, que en la realidad empírica se da siempre en unión de las otras dos inferiores. Mientras que el alma animal nace y muere con el cuerpo, el espíritu, por el contrario, preexiste desde toda la eternidad y, viniendo de fuera, penetra en el cuerpo, es decir, en el esperma masculino, en el momento de la procreación o durante ella y se aparta después de la muerte, totalmente incontaminado, del cuerpo y del alma animal. Este espíritu está libre de todo sufrimiento y no es influido por el cuerpo ni por el alma animal. Su actividad consiste esencialmente en el puro pensar.

Por otra parte, si comparamos el alma animal con el alma humana descubriremos que para los griegos antiguos las dos almas tenían mucho en común. Por ejemplo, la psiqué se menciona en Homero cuando Eumeo mata a un cerdo para Ulises y Homero detalla: “la psiqué lo abandonó”(La Odisea, XIV). Sin embargo, no se hace mención de que esta psiqué se dirigiera al Hades. Después del animal mencionado por Homero, el único animal que en la poesía antigua se dice que posee una psiqué es la serpiente. Hesíodo describe el cambio de piel de una serpiente con las palabras “sólo la psiqué permanece” y Píndaro menciona la psiqué dos veces en el caso de la muerte de una serpiente.

animalesEl Thymos (la fuente de las emociones y de los sentimientos) si que se asocia a muchos animales, como bueyes, cerdos, caballos, lobos, corderos, entre otros, en la obra homérica de La Ilíada y La Odisea. En la mayoría de los casos, el Thymós se nombra en el momento de la muerte, no existiendo diferencia alguna entre la descripción de la muerte de un animal y la muerte de un hombre.

Como ya hemos detallado en líneas anteriores, no se atribuye Nous a los animales. Era muy corriente asociar un Menos (la parte del alma relacionada con la valentía, el ardor de un guerrero, la fuerza innata)  a una pantera y a un león, a mulas, a un jabalí, a caballos, entre otros. Para ampliar más información detallada de lo que es el Nous, Thymos y Menos os remito a su enlace correspondiente de este mismo blog. Es fundamental discernir las partes del alma.

Por otra parte, en tiempos post-homéricos, la doctrina de la metempsicosis volvió a asignar una psiqué a los animales y creó la palabra empsico (lo que contiene una psiqué) para hacer referencia a seres vivos. Es curioso destacar que Empédocles creía que la carnicería sacrificial equivalía a un asesinato y en sus escritos las almas humanas de las víctimas sacrificiales protestaban por la muerte que les aguardaba. Sin embargo, según Yámblico (Vida de Pitágoras), Pitágoras negaba un alma humana en los animales sacrificiales. Asimismo, Pitágoras pensaba que en la cadena de las reencarnaciones la psiqué también se introducía en las plantas. Empédocles apoyó esta misma idea y prohibió la masticación de hojas de laurel, planta que él consideraba la forma más elevada de las encarnaciones vegetales, defendiendo incluso que él mismo había sido un arbusto en una existencia anterior.

Obras de referencias recomendadas:
EL CONCEPTO DEL ALMA EN LA ANTIGUA GRECIA
Iliada (B. CLÁSICA GREDOS)
Odisea: 62 (Letras Universales)
068. Odas y fragmentos (Olímpicas. Píticas. Nemeas. Istmicas. Fragmentos) (BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

 

 

 

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La Esperanza, ¿es un bien o un mal?

Pandora

Pandora

(…) Yo le hice pecar. Yo le hice desear ser más, por mi culpa tuvo esperanza.
Interesado por este asunto, pregunté:
¿Pero no es siempre la esperanza un bien, incluso en este caso y por breve que sea?
No es en mi opinión un bien la esperanza, muchacho, sino un mal y el peor de todo. Cuando Pandora cerró su caja, de la que escapaban todos los males, y la cerró a tiempo sólo al irse a escapar la esperanza, la divina esperanza, guardó en reserva el mal más terrible de todo, el incurable. La incurable esperanza humana de que un día seremos felices, o de que una soleada tarde de primavera, aromada por un lilo de flores blancas en torno a las cuales danzan las abejas, sea colmada alguna vez.

Yo no tengo esperanza, Redkins, porque aún reconociendo que es un bien, es un bien que daña mi instalación en la vida. A mi edad- Declaré solemnemente parándome en medio de la noche- ­ esperanza se reduce a energía vital, a gana de vivir. Y la gana de vivir parece un instante eterno que se colma instante tras instante según va produciéndose.
 

Lo que yo quise decir entonces (y que ahora, melancólico, veo con más claridad) fue que como consecuencia de mi juventud, yo hacía aquellos años un elogio ronsardiano de la vida, del disfrutar cada momento por sí mismo y no, como los viejos entonces, como yo mismo ahora, maldisfrutar de este ahora en aras de un presunto mañana mejor. O, sencillamente, dejarme arrastrar por la incurable vertiginosidad del tiempo y no ser capaz de pararme en medio de este ahora mismo y ahí plantarme con tenacidad heróica.
 
Así es como yo vivía la esperanza entonces, pero eso no se llama esperanza, ese sentimiento de presencia o, como mucho, de espera. Tener esperanza de un bien me desasosiega, me inquieta, me impide disfrutar del bien que ahora mismo tengo entre manos, por eso, de joven, el lugarteniente Aloof nunca llevó reloj. (…)

Ha caído en mis manos el libro de Álvaro Pombo: La previa muerte del lugarteniente Aloof. El texto que hemos leído anteriormente me invita a reflexionar y a compartir con vosotros el siguiente debate: ¿es la esperanza un bien o un mal?

Según Hesíodo (Los Trabajos y los Días), Zeus ordena a Hefesto fabricar a la mujer, “digna de amar”, una mujer que va a enamorar locamente a los hombres. Cada uno de los dioses le dan un talento, una gracia, un atractivo: Atenea le enseña el arte del tejido, Afrodita le brinda la belleza absoluta y el don de suscitar el deseo “que hace sufrir” y provoca “los problemas que os dejan destrozados”. Dicho de otro modo, Pandora será la seducción hecha mujer; Hermes le pone un “corazón de perra y modales disimulados”: es decir, que Pandora querrá siempre, como dice Hesíodo, “bastante más”; esto es lo que significa el “corazón de perra”. Será insaciable en todos los planos: comida, dinero, regalos, siempre necesita más, pero también, claro está, en materia sexual, su apetito tampoco tiene límite. En cuanto a sus “modales disimulados”, significa que puede seducir a cualquiera, porque se le dan bien todos los argumentos, todas las argucias y todas las mentiras más deliciosas.
Zeus pretende que los hombres amen su propia desgracia. Además, regalará una extraña tinaja (“la caja de Pandora”) en la cual Zeus se ha ocupado de meter todos los males, todas las desgracias y todos los sufrimientos que se abatirán sobre la humanidad. Sólo la esperanza quedará encerrada en el fondo de este recipiente funesto. Entonces, Pandora fue enviada como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo, que seducido por su encanto la tomó por esposa, desoyendo los prudentes consejos de su hermano, que le había prevenido contra los regalos de los dioses. En su casa Epimeteo guardaba dicha “caja” que había prohibido tocar a su esposa. Pandora, demasiada curiosa, la abrió en cuanto tuvo oportunidad y todos los males del género humano que allí estaban encerrados escaparon y se extendieron por el mundo. Pandora consiguió cerrar la caja, pero demasiado tarde: sólo quedó la Esperanza (la Eris, para los griegos), tan engañosa a menudo para los mortales. Según otra versión, la caja encerraba todos los bienes que estaban destinados a los hombres, que de este modo los perdieron. Del mismo modo, como la Eva bíblica, el mito de Pandora presenta a la mujer como la responsable de todas las miserias humanas.
Por lo tanto, podemos interpretar de dos maneras el debate aquí presente. En primera lugar podemos pensar que los humanos no tendrán ni siquiera una esperanza a la que aferrarse porque esta última no ha salido de la caja. También podemos comprender que sí les queda la esperanza, pero que no es ningún favor que Zeus les haya concedido. Para los griegos, la esperanza no es un regalo. Más bien es una desgracia, una tensión negativa, ya que esperar es estar siempre en falta de algo, es desear lo que no se tiene y, en consecuencia, estar en cierto modo insatisfecho y ser desgraciado. Cuando se espera sanar es que se está enfermo; cuando se espera un trabajo es que no se tiene, cuando se espera ser rico es que se es pobre, de manera que la esperanza es mucho más un mal que un bien.

Para ahondar más en el tema, analicemos el punto de vista de Hesíodo:

¿Cómo concibe Hesíodo la esperanza: como esperanza de bienes o de males?

La interpretación genérica es que lo era de bienes. Así, Hesíodo querría explicar que en el mundo, junto con los males escapados de la tinaja, hay bienes y alegrías, que pueden prevalecer sobre los primeros si el hombre obra realmente. En suma, que aún quedaría una esperanza, esperanza de bienes. Bajo esta premisa, si admitimos que la esperanza de la tinaja son de bienes, y no de males, debemos tratar de precisar si ella misma es un bien o un mal. En mi opinión, la esperanza tiene dos caras: a veces, aparece concebida en términos positivos; otras, en términos negativos. Todo depende de la actitud que adopte el hombre ante la adversidad. Así pues, puede realizarse como un bien, la buena esperanza, cuando da fuerzas al hombre para seguir luchando en una situación de infortunio. Por el contrario, puede ser un mal, la vana esperanza, cuando lleva al hombre a holgazanear, confiado en que las cosas, independientemente de su actuación, mejorarán. En efecto, en Trabajos y días, Hesíodo nos habla de la vana esperanza, propia del holgazán, que por su imprevisión se ve necesitado de sustento y sin suficiente alimento; como la Eris amarga, esta vana esperanza aparta del trabajo. Pero también hace mención de la buena esperanza. Hesíodo, sin embargo, vive en un mundo donde prevalece la injusticia y tiene la firme esperanza de que Zeus no permitirá esta situación y que, gracias al trabajo, acabarán triunfando el bien y la justicia sobre los males que se dispersaron fuera de la tinaja, representándose como la Eris buena, esta esperanza conduce al trabajo.
En definitiva, la esperanza que quedó retenida en la vasija debió de ser concebida por Hesíodo en términos positivos, de acuerdo con la mención anterior, en la idea de que sería el único instrumento que le queda al hombre para defenderse de los males de los que repletos están la tierra y el mar, aquello que le incita a seguir luchando, con la confianza puesta en que Zeus no permitirá que la situación lamentable en que vive continúe por mucho tiempo.
Pero si la esperanza es un bien, su presencia en la tinaja en compañía de los males parece incoherente. La cuestión es saber si realmente es incoherente o si lo es sólo en apariencia. Por mi parte, es incongruente que en una tinaja en la que había males tuviese cabida un bien. Ahora bien, hay una segunda contradicción: saber si la esperanza es algo reservado al hombre o, por el contrario, algo que le es negado. Una cuestión que está íntimamente relacionada con la función de la tinaja. También, podemos defender que la tinaja presenta una doble función: cuando contiene un mal sirve como prisión, mientras que, por el contrario, cuando es el recipiente de un bien sirve como despensa, teniendo entonces la aplicación habitual de las tinajas de las culturas primitivas. La razón de que aquí la misma tinaja presente las dos funciones tiene su explicación en un relato tradicional sobre el origen de los males acuñado por las antiguas religiones.

No sería la primera vez que se presente el mismo tema; nos referimos al pellejo de buey que Eolo entregó a Ulises (La Odisea, Libro X). En él estaban encerrados y atados los vientos que, caso de escapar y soplar, impedirían la llegada de Ulises a Ítaca. En este relato, cuando el héroe estaba cerca de su hogar, sus compañeros, aprovechando que Ulises dormía, desataron el odre y todos los vientos se precipitaron fuera, acarreándoles la desgracia. Pues bien, como en la narración homérica, la tinaja hesiódica contiene algo que no debe dejarse escapar, pues las consecuencias de esta acción habrían de ser funestas. Pero en ambas ocasiones se abre el recipiente y escapa el contenido para desgracia de Ulises y sus compañeros, en un caso, y para la perdición de los hombres, en el otro. Éste sería probablemente el sentido de la historia primitiva. En el caso de Hesíodo, le añade un nuevo elemento: la esperanza. Un bien, que, al quedar encerrado en la tinaja, está a disposición del hombre y recurre a él en caso de necesidad. Sólo al añadir Hesíodo este nuevo elemento adquiere la tinaja esa doble función y se produce la citada incongruencia en el relato.
Y para ustedes, ¿la esperanza es un bien o un mal?

Fuente de información recomendada:

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