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El oráculo de Trofonio: entre la consulta y la revelación iniciática

Fuente original: arsgravis

Estudio de Mario Agudo Villanueva sobre Trofonio en el que se explica quién era este misterioso personaje (dios, mito e historia) y los ritos que se practicaban para conocer su oráculo, en los que se relacionan los viejos cultos mistéricos, e incluso chamánicos, con las escuelas filosóficas.

 “Por supuesto que volverá a la superficie; no le preguntéis qué es lo que busca allá abajo; él mismo os lo dirá cuando vuelva a ser hombre ese Trofonio, ese sujeto de aspecto subterráneo” (NIETZSCHE, F. (1886): Aurora, prólogo, 1).

Friedrich Nietzsche se presenta a sí mismo como Trofonio en el prólogo de su Aurora. Se trata de una figura enigmática que el pensador alemán utiliza como recurso metafórico desde el que se parapeta con el fin de socavar la confianza del ser humano en la moral, para lo cual hace hincapié en su carácter subterráneo. Una referencia filosófica que nos permite calibrar el impacto que este personaje legendario, al cual Antonio Salieri consagró una ópera, adquirió en buena parte de Occidente tras la Antigüedad, donde su lúgubre antro sirvió de fuente de inspiración artística desde que Aristófanes se refiriese a él como lugar terrorífico: “Pon primero en mis manos una torta de miel, que me da miedo entrar, como si descendiera a la cueva de Trofonio” (Las Nubes, 500).

Grabado de Trofonio en el Tractatus Posthumus. (Wikipedia)

 

Dos siglos antes de la referencia nietzscheana, nos encontramos a este personaje en un contexto diferente, pero más vinculado con su función oracular primigenia. Se trata del Tractatus Posthumus. De Divinatione & magicis praestigiis, escrito por Jean-Jacques Boissarden en 1616. Allí aparece junto a medio centenar de personajes míticos e históricos relacionados con la magia y la adivinación, entre los que también se describe a Apolo Pitio, Hermes Trimegisto, Proteo, Nicóstrata, Tiresias, Anfiarao, Casandra, Laocoonte, las sibilas o el mismo Pitágoras. En el grabado que introduce al personaje, elaborado por Johann Theodor de Bry, se le representa sosteniendo un panal de abejas en su mano izquierda, mientras con la derecha agarra un extremo de su capa, única prenda que viste, junto con las sandalias. Completan la imagen un escenario repleto de vegetación y un ave que porta una rama que parece entregar al propio Trofonio. Aunque estamos ante una imagen tardía, los atributos representados coinciden en gran medida con los asignados por las fuentes antiguas, por lo que un análisis detallado de cada uno de ellos puede iluminar, aunque solo sea difusamente, el oscuro antro de este reconocido oráculo.

 Trofonio y sus atributos: entre lo ctónico y lo filosófico

Las abejas y la miel son una constante en los testimonios antiguos sobre el enclave. Un enjambre de las primeras condujo a un tal Saón hasta la grieta donde se encontraba el oráculo, ante la imposibilidad de los beocios de localizar su paradero, tal y como nos relata Pausanias (IX, 40-2). Las abejas están vinculadas también con los poderes ctónicos, no en vano se relacionan con divinidades como Deméter, de la que nos dice nuestro geógrafo que fue nodriza de Trofonio (IX, 39-5). Por otro lado, todos los que pretendieran consultar el oráculo debían llevar, según el mismo autor, dos panes de cebada amasados con miel (IX, 39-9). Filóstrato testimonia que las tortas de este suculento manjar servían para aplacar a los reptiles que acometían a los que descendían (Vida de Apolonio, VIII-19), creencia antigua extendida por el Ática y Beocia según la cual, una Gran Serpiente habitaba el subsuelo y debía ser mantenida con ofrendas ubicadas en las puertas de las grutas. Pero tratándose de un oráculo, nos gustaría proponer otra lectura más coherente con su función. Hesíodo nos dice que a los reyes que son vástagos de Zeus, las musas les derraman una gota de miel para que fluyan suaves palabras de su boca, de manera que resuelvan las disputas con sabiduría y rapidez (Teogonía, 81-88). Podríamos estar, por tanto, ante un oráculo especial, al que se acudía no solo para conocer sus vaticinios, sino también para obtener algún tipo de conocimiento, pues las musas saben y cuentan “todo lo que ha sido, todo lo que es y todo lo que será” (Teogonía, 38-39).

Volvemos al testimonio de Filóstrato sobre la visita de Apolonio de Tiana al oráculo para encontrar sentido a otro de los elementos de la imagen que nos sirve de guía. Nos cuenta nuestra fuente que el legendario personaje, ante la negativa de los sacerdotes a dejarle pasar por considerarle un brujo: “arrancó cuatro barrotes y se introdujo con el manto del filósofo, por lo que obró de forma grata al dios Trofonio” (Vida de Apolonio, VIII, 19). Después de que el oráculo se apareciera a los sacerdotes para reprenderles su actitud ante el visitante, les encomendó a que fueran a Áulide porque allí le haría emerger de una forma maravillosa. Así fue, Apolonio apareció siete días después con un libro que contenía doctrinas de Pitágoras, que Trofonio le había entregado ante la pregunta sobre cuál era la filosofía más perfecta y pura (Vida de Apolonio, VIII, 20). Tenemos aquí, por tanto, otra relación de sumo interés: el manto del filósofo, un símbolo que podría hacer referencia a una distinción especial, como maestro de algún saber que se transmite dentro de un determinado círculo, un papel que se vería reforzado por las sandalias que porta nuestro personaje.

Nos queda un último elemento, el ave portadora de la rama, que, dado el contexto que nos ocupa, podría tratarse de una manifestación de esa mítica “rama dorada” de la que Virgilio cuenta que la sibila de Cumas recomendó cortar a Eneas para descender al Hades: “Pero si ansia tan grande anida en tu pecho, si tanto deseo de surcar dos veces los lagos estigios, de dos veces ver la negrura del Tártaro y te place emprender una fatiga insana, escucha primero lo que has de hacer. En un árbol espeso se esconde la rama de oro en las hojas y el tallo flexible, según se dice consagrada a Juno infernal; todo el bosque la oculta y la encierran las sombras en valles oscuros. Mas no se permite penetrar en los secretos de la tierra sino a quien ha cortado primero los retoños del árbol de dorados cabellos. La hermosa Proserpina determinó que se le llevara de presente” (Eneida, VI, 133-142).

El origen de Trofonio: ¿dios, mito o historia?

La descripción y el análisis de los atributos de Trofonio nos ha permitido aproximarnos de una manera superficial a su figura, pero para conocer con más profundidad la verdadera naturaleza de este oráculo, es necesario que consultemos lo que las fuentes nos dicen sobre su origen. Pausanias nos cuenta que era semejante a los dioses (IX, 11-2), constructor de palacios para el hombre, como la casa de Anfitrión, o de santuarios para la divinidad, como el templo de Apolo en Delfos (IX, 37, 5-6). Esta versión es ratificada por el Himno homérico a Apolo, que da cuenta de que Trofonio y Agamedes, caros a los dioses inmortales, pusieron un umbral de piedra sobre los cimientos levantados por Febo Apolo en el gran santuario panhelénico (295). Pero no es la única obra arquitectónica que se le atribuye, diferentes testimonios lo vinculan con el tesoro de Augías, en Élide; el de Hirieo, en Hiria o el de Poseidón, en Mantinea.

Sobre su muerte hay diferentes versiones. Algunas fuentes, como Pausanias, apuntan a que trató de urdir una treta para quedarse con el tesoro de Hirieo junto a su hermano. Cuando este fue descubierto, Trofonio le cortó la cabeza para que no le delatase y, en su huida, fue tragado por la tierra en el bosque sagrado de Lebadea (IX, 37, 6-7). Otras, como Plutarco, aseguran que al pedirle a Apolo una recompensa por haber construido su templo, el dios les premió con el mejor fin al que puede aspirar un hombre, morir sin sufrimiento (Moralia, 109a).

Sea como fuere, disponemos de un dato muy revelador en relación con la institución del oráculo en Lebadea. Nos cuenta Pausanias que los habitantes de Beocia, ante la ausencia de lluvias, acudieron a la Pitia, quien les remitió a Trofonio para que hiciera llover (IX, 40-1). Esta figura del artesano que puede controlar los fenómenos meteorológicos no es nueva. Nos recuerda a otros personajes de la mitología griega como los Telquinos, Kabiros, Curetes o Dáctilos, quienes constituían cofradías secretas en relación con misterios e iniciaciones de hermandades de trabajadores de los metales que tenían contacto con disciplinas tan variadas como la magia o la danza. Según Diodoro, los Telquinos, por ejemplo, podían producir tormentas, granizo y nieve (V, 55-3).

Conviene detenerse en este punto, puesto que resulta de gran interés para acercarnos a una posible interpretación del sentido del oráculo de Trofonio. El hombre de las sociedades arcaicas podía insertarse en lo sagrado mediante su propio trabajo, que adquiría un valor litúrgico. Vernant ha llamado la atención sobre cómo, en Homero, el término tecné se aplica al saber hacer de los demiurgoi, como metalúrgicos o carpinteros, pero también a las capacidades mágicas de Hefaistos o los sortilegios de Proteo. No hay una separación entre logro técnico y éxito mágico. Los secretos del oficio se incluyen en la misma esfera que el arte del adivino o las argucias del hechicero, ya que todos están en el marco de la praxis. Los artesanos intervienen de manera decisiva en la ordenación del mundo. En tiempos míticos son seres que viven al margen, recorriendo montes y bosques.

Este perfil encaja a la perfección con la trayectoria de Trofonio, un constructor errante que tiene la capacidad de controlar la naturaleza y que, una vez muerto, preside un oráculo desde el que transmite su saber. Pero esta capacidad de controlar los fenómenos atmosféricos no es exclusividad de los artesanos, es pertinente recuperar un pasaje muy revelador, el fragmento III de la colección Diels, que dice así: “De cuantos remedios hay para los males y resguardo para la vejez te informarás, porque para ti solo realizaré yo todo esto. Apaciguarás la furia de los infatigables vientos que sobre la tierra se agitan y destruyen con sus soplos los campos cultivados. Y aun, si quieres, dirigirás sus soplos en sentido favorable; y colocarás después de la lluvia sombría una sequía oportuna para los hombres, y después de la sequía estival dispondrás las corrientes que nutren a los árboles y que irrigan el éter, y retornarás del Hades el vigor de un hombre muerto”.

Significativas palabras que sitúan a Empédocles, en opinión de Peter Kingsley, como un mago depositario de un saber no solamente orientado a conocer los poderes de la naturaleza, sino también a controlarlos. Se trata, en efecto, de un conocimiento de la cosmología y de la naturaleza de aplicaciones prácticas. Un saber inserto en una tradición ancestral, heredera de tiempos míticos, que algunos grupos, como los pitagóricos, trataron de mantener como partes y portavoces de ese conocimiento. Es hora de abordar el ritual que seguían los consultantes del oráculo para tratar de comprender su sentido más profundo.

El ritual: entre los sueños y la revelación

Según ha identificado David Hernández de la Fuente, el esquema de la consulta al oráculo de Trofonio se corresponde con los ritos de paso de diversas culturas. Tiene tres fases: segregación del grupo y del mundo, que se obtiene mediante el aislamiento y la purificación; fase de liminalidad o descenso al infierno, katábasis, al estilo de los héroes que descienden al Hades para conocer el futuro y recuerdo de la experiencia como sueño revelador. El modo en el que se desarrolla cada una de estas fases de acuerdo con el testimonio de las fuentes arroja más luz sobre esta cuestión.

Pausanias relata que el consultante era aislado en el edificio del Buen Demon y la Buena Tique, donde se realizaban las purificaciones. Durante su estancia, tomaba baños de agua fría en el río Hercina, que separaba la antigua Lebadea del bosque sagrado donde se encontraba el antro de Trofonio, y realizaba sacrificios tanto en honor al oráculo como a otras divinidades. La noche del descenso se sacrificaba un carnero en presencia de un adivino, quien al examen de las entrañas de la víctima determinaría si era un momento propicio para el descenso. Si así era, el individuo era lavado de nuevo en el río por unos muchachos llamados Hermas, ungido en aceite y conducido por los sacerdotes hasta las fuentes de Leteo (olvido) y Mnemósine (memoria). Acto seguido se le presenta ante la estatua de Trofonio, atribuida al mítico Dédalo, y es conducido a la cueva vestido con una túnica de lino, atado con cintas y calzado con zapatos del país (IX, 39, 5-14).

La descripción del oráculo que realiza Filóstrato es muy semejante a la de Pausanias, aunque sitúa la entrada a la cueva más allá del bosque (Vida de Apolonio, VIII, 19). Sea como fuere, lo que nos interesa es el rito en sí, muy parecido en ambos casos. Otro de los descensos cuyo testimonio conservamos es narrado por Plutarco, en Sobre el genio de Sócrates, donde describe cómo Timarco acude al oráculo para conocer el poder del daimon del filósofo ateniense (590a). Cuenta el relato que Timarco bajó a la cueva tras realizar los ritos pertinentes y oró. Estaba aturdido, se había herido la cabeza de un golpe producido en el descenso y por las suturas abiertas se le salía el alma, “que se mezcló gozosa con el aire radiante y puro” (590c). Una vez que su alma estaba fuera de su cuerpo, fue reclamada su atención por un susurro. Al mirar al cielo vio unas islas iluminadas por un suave fuego que se movían en círculo, mientras el éter susurraba una música. Entre las islas corría un mar (590d) y ríos de fuego penetraban por dos bocas. Hacia abajo, una gran sima redonda era el origen de terribles aullidos, gemidos y lamentos (590e).

Estamos ante descripciones sumamente interesantes, de clara reminiscencia pitagórica, cuya lectura detallada puede proporcionarnos algunas claves para interpretar el sentido de este oráculo. El ritual preliminar, con la reclusión en el edificio del Buen Demon, los baños purificadores en el río Hercina y los sacrificios forman parte de una muerte ritual que se culmina con la ingesta de las aguas de la fuente de Leteo. Cabe recordar que en el mundo griego, la muerte es el dominio del olvido. por lo que el consultante, al borrar su memoria del pasado, está en disposición de iniciarse en una nueva existencia. Acto seguido, al beber de la fuente de Mnemósine, la memoria, el sujeto estará en disposición de recordar lo que el oráculo le ha transmitido.

No es este un procedimiento de consulta habitual, pues los oráculos no solían exigir que el consultante se olvidase de toda su existencia anterior. Pero no es el único rasgo excepcional, hay otro muy revelador. Mientras en Delfos o en Dodona, la pitia o los sacerdotes del roble sagrado hacían de intérpretes del mensaje divino, aquí es el propio consultante el que recibe la revelación, pero no lo hace en un estado de consciencia, sino en sueños o aturdido. La mayoría de testimonios que conservamos nos dicen que el visitante del antro vivía una experiencia aterradora, hasta el punto de que tardaban un tiempo en recuperar la risa. El relato de Plutarco sobre la visita de Timarco nos proporciona otro dato fundamental: por las suturas abiertas en la cabeza del consultante salía su alma y se mezclaba con el aire para recibir el mensaje de Trofonio.

Este trance en el que el alma se separa del cuerpo para viajar a otro mundo, como el relatado por Plutarco, recuerda a las experiencias chamánicas. El chamán logra comunicarse con el mundo de los muertos sin convertirse en un instrumento, pero para ello debe iniciar una nueva vida con una separación del mundo y tras haber recibido una doble instrucción: de orden extático –sueños, trances- y de orden tradicional –técnicas, funciones, genealogía. Si bien el chamanismo es un fenómeno siberiano y central-asiático en stricto sensu, no es ajeno en absoluto el mundo griego. Dodds estudió la transferencia de este tipo de experiencias por el contacto que los escitas y los tracios tuvieron con el universo heleno. Estos pueblos sí habían tenido relaciones con el chamanismo, no en vano, algunos personajes míticos griegos como Abaris, Aristeas, Epiménides u Orfeo, de origen septentrional, ponen de manifiesto la presencia de estados de disociación mental semejantes. Más allá de referencias míticas, señala Dodds que ciertos personajes históricos, como Empédocles o Pitágoras, combinaban funciones de mago y naturalista, poeta y filósofo, predicador, curandero y consejero público. Esta acumulación de saberes supranormales les confería una gran relevancia social.

No parece casualidad, por tanto, que en el relato de Filóstrato, Trofonio manifestase simpatía por la filosofía pitagórica, y que las características descritas por las fuentes coincidieran, de forma extensa, con el fragmento III de la colección Diels sobre los poderes de Empédocles, al que aludíamos líneas arriba. El propio Pausanias nos dice que en el templo de Hercina, en Lebadea, había una estatua con una serpiente enroscada en un bastón y que podría estar consagrada al propio Trofonio, pues se identifica con Asclepio (IX, 39-3), lo que añade más semejanzas a ambas figuras.

Misterios, orfismo y pitagóricos

Vernant aseguró que el oráculo de Trofonio estaba a mitad de camino entre la consulta y la revelación. La muerte ritual sirve, como decíamos, para iniciar una nueva vida, pero para un griego, morir y volver a nacer significaba hacerlo en la inmortalidad o divinidad. En este sentido, un espacio como este antro, que permite acceder a la vez a las profundidades del cosmos y a las alturas del cielo, a través del que se ha llegado mediante un descenso iniciático, es el escenario ideal para recibir la enseñanza que permita convertir la muerte en una experiencia apoteósica

Mnemósine dispensa a sus elegidos con una sabiduría primigenia, no es una memoria genérica, es una omnisciencia de tipo adivinatorio que tiene que ver con esa habilidad de las musas para revelar lo que ha sido, lo que es y lo que será. Solo personajes dotados de tal sabiduría, como Tiresias o Anfiarao, son capaces de mantener la lucidez en el mundo de las sombras del Hades, solo ellos, como Trofonio, disponen de una memoria que les sirve de puente entre el mundo de los vivos y el Más Allá. Por eso en este oráculo la consulta no se presenta como una adivinación, sino como revelación del destino de las almas después de la muerte.

Este anhelo del hombre por la inmortalidad tiene como uno de sus modelos primigenios a Orfeo, capaz de dominar a las fuerzas del Hades con su música. Su experiencia se convirtió en símbolo de esta búsqueda para los que profesaban el mensaje de la salvación del alma a través de una sabiduría teológica y de una praxis espiritual de purificación que se plasma en los misterios órficos, donde solo podían participar iniciados. Van surgiendo así textos sagrados, himnos y poemas cuyo contenido nos recuerda, en gran medida, a la experiencia iniciática de los consultantes de Trofonio.

Observamos, sin embargo, un matiz destacable. Hemos pasado del plano de la cosmología, del principio de las cosas, al plano de la escatología, ligado a la historia individual. Un proceso que, en palabras de Vernant, altera el equilibrio existente entre olvido y memoria en el mito tradicional. El Hades, región desolada, morada helada, reino de las sombras y el olvido pasa a ser ahora la existencia corporal, que es la prisión del alma. Dado que la materia es corruptible, solo el alma puede aspirar a vivir eternamente, pero para alcanzar su plenitud debe purificarse. La memoria proporciona una transmutación de la existencia temporal, es el instrumento mediante el cual el alma trata de salir para siempre del tiempo. A través de la anamnesis se trata de reintegrar el tiempo humano en la periodicidad cósmica y en el seno de la eternidad divina.

Esta concepción del alma, presente en el orfismo, en las doctrinas pitagóricas y en la filosofía de Platón es la que observamos en este fragmento de las reflexiones de Timarco en el antro de Trofonio que nos relata Plutarco: “El alma está sumergida en el cuerpo. Lo que queda libre de la corrupción la gente lo llama entendimiento”(“Sobre el genio de Sócrates”, 592a). Implica la existencia de un alma o yo separable, anterior al cuerpo, que le sobrevivirá. Reconocer a través de la multiplicidad de las encarnaciones del alma la unidad y continuidad de una historia individual, una psique cuyas circunstancias constituyen para cada hombre su propio destino individual, se presenta bajo la forma de un daimon, un ser sobrenatural que lleva en nosotros una existencia independiente. La reminiscencia de las encarnaciones que ha conocido en otro tiempo el daimon de nuestra alma tiende un puente entre el yo y el universo, en último término, da sentido a nuestra existencia pasada, presente y futura.

No estamos ante una evolución del tipo de consulta que se podía realizar en el oráculo de Trofonio, sino ante un mismo acontecimiento interpretado por diferentes sensibilidades. En este lugar, como señala acertadamente David Hernández de la Fuente, se ponen en relación los viejos cultos mistéricos griegos con las escuelas filosóficas. La revelación de Lebadea parece situarse entre la doctrina órfica y la teoría socrática del alma, sobre una base enraizada en los albores del mundo griego.

Para ampliar más información sobre el mundo de los oráculos:

  1. Los orígenes de los oráculos.
  2. Sibila, el don de la profecía. 
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Los Misterios en la antigua Grecia

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Misterios eleusinos

En la antigua Grecia nunca dejaron de lado los Misterios filosóficos y sobrenaturales que fueron la base de sus dogmas. De ellos entresacamos aspectos ocultos de una doctrina denominada esotérica para los eruditos, con unas enseñanzas de mayor profundidad y sentido para los que son capaces de penetrar en la esencia de las cosas. La gran religión de Grecia ofrecía un amplio abanico tanto para sus neófitos como para personas con un desarrollo superior. En otras palabras, había dos marcos de actuación bien definidos: uno público o exotérico, comprensible para todos; y uno secreto o esotérico, comprensible para los iniciados.

Hay que mencionar que en los antiguos Misterios había  pocas ceremonias inmorales u  obscenas. Es cierto que hay algunas clases de Misterios relacionados con el culto a Baco y las festividades populares, que en los últimos tiempos del paganismo degeneraron obscenamente, pero que no tenían nada que ver en absoluto con los Misterios de Eleusis. Por lo tanto, hay que destacar dos clases de misterios: los misterios mayores y los menores. La mayoría de las personas tenían conocimientos de la existencia de los misterios menores, ya que estaban al alcance del pueblo;  también se conocían, a menor escala, los misterios mayores que guardaban determinadas enseñanzas para algunos privilegiados, como por ejemplo los misterios que seguían sigilosamente los pitagóricos. (Para saber más sobre los pitagóricos, pincha en el siguiente enlace: pitagorismo).

Por esta razón, los Misterios de Eleusis tenían dos ceremonias: por un lado, los misterios menores se celebraban en el mes de marzo. Los sacerdotes purificaban a los suplicantes para la iniciación. Sacrificaban un cerdo a Deméter y entonces se purificaban a sí mismos; por otro lado, los misterios mayores tenían lugar en el mes de septiembre y duraban nueve días. El primer acto de los misterios mayores era el traslado de los objetos sagrados desde Eleusis hasta el Eleusinion, un templo en la base de la Acrópolis de Atenas.

Cualquiera de los atenienses o de los demás griegos que lo desea es iniciado. (Heródoto 8.65. 4)

No obstante, sea cual fuere la envergadura de los misterios (eleusinos, pitagóricos, órficos, etc.), la palabra misterios menciona la atracción de lo secreto y la promesa de aportar las respuestas existenciales de la vida. Éste era el elemento principal. Otro elemento muy común es el de que las religiones de los misterios procedían de la antigüedad tardía con una destacada influencia de Oriente, Egipto y Mesopotamia. Por ejemplo,  Dionisio fue destrozado y despedazado, igual que Osiris por los egipcios; también hay un paralelismo  entre Atenea, que salvó el corazón de Dionisio insuflándole de nuevo vida, e Isis, en Egipto, al recoger los miembros de Osiris que Seth, dios de la fuerza bruta de la naturaleza, había esparcido por la tierra, y los volvió a juntar.

Cabe recordar que los misterios de la antigüedad pagana, el culto de Eleusis, floreció sin interrupción desde el siglo VI a.C. hasta el siglo IV d. C. Cuando se menciona que Eleusis era espiritual, se refiere a  un cambio fundamental en la actitud religiosa, en búsqueda de una espiritualidad superior. Esta visión le daba al individuo la Vía de la salvación. La iniciación en Eleusis no suponía la adhesión a una religión en el sentido que nos es familiar, aunque puede haber ciertos perfiles comunes con el judaísmo, cristianismo y el islamismo.

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Deméter y Perséfone celebrando los misterios.

Los misterios de Eleusis estuvieron dedicados a Deméter y a su hija Perséfone, conocida también como Core (la Doncella). Estos misterios estaban organizados por la polis de Atenas. Tuvieron un gran prestigio literario lo que aseguró su fama y su continuidad. El famoso mito describe a Deméter buscando a Core, que había sido raptada por Hades, el dios del inframundo. Finalmente, Core regresa sólo por un periodo de tiempo limitado a Eleusis. En resumen, los atenienses celebraban el gran festival de Otoño, los Mysteria. La procesión recorría de Atenas a Eleusis y culminaba con una celebración nocturna en la sala de iniciaciones, el telesterion, albergando a miles de iniciados, donde el hierofante revelaba las respuestas sagradas. Había dos dones que Deméter concedía: el trigo como base de la vida civilizad, y los misterios que guardaban la promesa de las mejores esperanzas para una vida futura más feliz y próspera. El iniciado recibía el don de la eterna bienaventuranza en el más allá en su camino sagrado al otro mundo. Además,  se le otorgaba el sentido de ver en su interior la contemplación de la verdad. Para ampliar más información sobre los Misterios de Eleusis, os recomiendo este enlace: Eleusis.

En síntesis, los misterios son una forma de religión personal, llevado al plano más íntimo, donde se busca una dimensión espiritual más profunda que depende de una decisión privada con el fin de  aspirar a alguna forma de salvación.  También  existe otra forma de religión personal, muy elemental y extendida, que constituye otra vertiente para la práctica de los misterios: la “religión votiva”. Es decir,  la  que practican aquellas personas que están enfermas, en peligro o en cualquier tipo de necesidad y, a la inversa, aquellos que alcanzan cualquier clase de beneficio, realizando promesas a los dioses y normalmente las cumplen ofreciendo donaciones, promesas, más o menos valiosas.

Un ejemplo que sintetiza mis palabras es el miedo a la muerte. El miedo a la muerte es un hecho de la vida inevitable, un cordón común que nos une a todos los seres humano. Cuando uno ve la muerte de cerca, aparece el miedo y la preocupación por cosas que no se pensaban antes. No reflexionamos sobre los acontecimientos hasta que nos toca. Por eso, cuando se llega al último escalón de la vida terrenal, uno piensa que algún tipo de purificación u oración le ayudará. Una vez limpiado su interior, creen que continuarán en el Hades sin que las sombras o la oscuridad le acechen. De este modo, los misterios eran la llave maestra para una vida futura de promesas y de paz. La raíz intrínseca de los misterios podía dividirse en dos líneas: curaciones e inmunizaciones, por un lado; y supuesta beatitud después de la muerte, por otra.

Entre los pitagóricos, la metempsicosis se presenta como la principal novedad en conexión con una auténtica vida ascética; en el orfismo, el culto fue, en lo esencial, a Dionisos como dios del inframundo, del que se esperaba la purificación de las almas y su beatitud final. Los órficos practicaban una vida de asceta muy rigurosa, bien su adherencia fuera por una preocupación del más allá, bien por un sentimiendo de pecado interior que tenían que purificar, perpetrada por una idea de culpa, las opiniones sobre el mal y una vida pesimista. La iniciación órfica debió de ser un misterior privado, ya que no se practicaba en el templo y con ninguna ceremonia popular como la de Eleusis. Más adelante los órficos se fusionarían con los pitagóricos hasta que estas corrientes desembocaron en el neoplatonismo.

Orfeo, cuyo nombre significa “el que cura con la luz” fundó los Misterios de Dionisio y difundió su culto. Dionisio representa el Yo cósmico que fue destrozado y despedazado (Ver siguiente enlace: Titanes) por los Titanes o fuerzas de la naturaleza. Atenea, la sabiduría divina nacida del pensamiento de Zeus, salvó su corazón y le devolvió a la vida entregándoselo a Zeus. De los vapores del cuerpo destrozado de Dionisio que arde en la pira nace la humanidad, caída y sin corazón, que custodia Zeus, y que se puede pues alcanzar por medio de Atenea, la sabiduría: así nacen los genios y los héroes, según afirma Orfeo. Asimismo, Orfeo despertó el sentido de la divinidad con su lira de siete cuerdas, que simbolizan el saber vibrar en las siete notas fundamentales del universo, las cuales, en música, corresponden a las siete notas musicales, en el hombre a los siete chakras principales, mientras que en el sistema solar corresponden a los siete planetas sagrados tradicionales.

Por último, aprovecho para recordar que había dos divisiones muy definidas con respecto a los dioses: los dioses del Olimpo (Zeus, Hera, Apolo, Atenea, etc.) y la de las divinidades ctónicas o infernales (Deméter, Perséfone, Hécate, Hades, etc.). Cabe destacar que las divinidades ctónicas son las que atañen a  las profundidades interiores del alma y  que con sus Misterios te introducen en sus secretos (Misterios menores).

Y en las cuatro grandes divinidades se simbolizan los elementos principales: Zeus, el aire, que corresponde a los sentimientos humanos; en Poseidón el agua, que corresponde en el hombre a la sangre; en Hades la tierra, que corresponde a la conciencia del Yo, que está también escondida en la tierra y oculta en el hombre no despertado; Hefesto, el fuego, que corresponde con la purificación y el cambio en el interior en el hombre.

Nota: desde “La Pequeña Grecia” han otorgado el 2º Premio Concurso Literario 2016 a este post. Desde aquí agradezco muchísimo vuestro premio así por el especial cariño que sienten desde Venezuela hacia este blog.

Obras de referencias:
Cultos Mistéricos Antiguos (Paradigmas)
Religion Griega Arcaica Y Clasica (LECTURAS DE HISTORIA)
La Creación De Lo Sagrado (El Acantilado)
De Homero A Los Magos (El Acantilado)
Historia de las creencias y las ideas religiosas I: De la Edad de Piedra a los Misterios de Eleusis (Orientalia)

Enlaces de interés:

  1. La iniciación al culto
  2. Los Misterios de Eleusis

 

 

 

 

 

 

 

 

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La transmigración del alma entre los órficos

OrpheusLos órficos eran seguidores de un movimiento religioso mistérico, es decir, al que se accedía por iniciación, basado en poemas atribuidos a Orfeo. Estos escritos tenían que ver con el origen y el destino del alma. Dichos escritos debieron ser compuestos durante un largo espacio del tiempo por diversos poetas, creadores y seguidores relacionados con este movimiento religioso.

Los órficos nunca configuraron una iglesia estable ni tuvieron una jerarquía que velara por dogmas de ninguna clase. Por eso, las doctrinas atribuidas a Orfeo oscilaron entre interpretaciones filosóficas. Sin embargo, había una serie de principios que permanecieron muy estables a lo largo de su historia. Uno de ellas es la idea de la transmisión de las almas.

La referencia más objetiva y particular es una compilación de fragmentos de las llamadas Rapsodias, un poema en hexámetro atribuido a Orfeo y datado hacia el siglo I. a.C.

SÍNTESIS DE LA TRANSMIGRACIÓN DE LAS ALMAS EN LAS RAPSODIAS:

  1. Hay transmigración de las almas en otros animales.
  2. El alma es inmortal.
  3. Diferentes tratamientos de las almas de los animales con respecto a las de los seres humanos. Base del vegetarianismo practicado por los órficos.
  4. Las almas son llevadas para su purificación y castigo.
  5. Las almas reciben diferentes tratamientos en el otro mundo, donde la justicia y la pureza son dos aspectos fundamentales para la salvación.
  6. Tres centurias es el periodo que lleva el alma en el más allá hasta su génesis (Platón atribuye mil años) periodo completo de la purificación de las almas humanas, de acuerdo con el modo en que han vivido durante su tránsito por la génesis. Aunque este periodo no indica la duración real del proceso, sino que es un número simbólico.
  7. La base sobre el alma es el mito de los Titanes, concebida como un castigo.
  8. Alma animal: al morir, queda en el aire y penetra en otro ser, junto con el aire.
  9. Alma seres humanos: es llevada por Hermes a los Elíseos o al Tártaro.
  10. La liberación del alma depende de Dioniso y de Perséfone.
  11. Para acceder a los Elíseos: iniciación, rituales, justicia, purificación.
  12. Orfeo es mediador en este proceso.
  13. La idea de que el alma es inspirada con el aire la documenta ya Aristóteles.

En suma, la transmigración del alma aparece como un castigo (mito de los Titanes): por un lado, los seres humanos proceden de dioses (los Titanes y Dioniso lo son) con una parte inmortal, divina; por otro lado, de la tierra, mortal y corruptible, el cuerpo. Pero su alma, antes del propio origen de la especie, había sido contaminada por el crimen de los Titanes, un crimen que deja huella en la naturaleza humana una parte de la “naturaleza titánica”, esto es, de la soberbia de sus antecesores, y que debía ser expiado. El alma tiene que liberarse del peso de su parte criminal. En consecuencia, el ingreso del alma en un cuerpo, la expiación y la liberación a la muerte de éste se repiten varias veces, en un proceso muy largo, en el que el alma es alojada sucesivamente en cuerpos que son para ella como una sepultura. Por eso, la metempsicosis para los órficos es la transmigración de alma desde el otro mundo a éste y de un cuerpo a otro, hasta que expiadas sus culpas, en el Hades y en este mundo, pueda lograr su liberación.

Los órficos afirman que el alma es divina, inmortal y poseedora de sus facultades: memoria, inteligencia, voluntad. Es más, sólo está verdaderamente viva cuando muere el cuerpo y se libera de él. En definitiva, el alma está como muerta mientras se encuentra en el cuerpo, ya que su verdadera vida se desarrolla en el Hades y por ello se puede afirmar que el cuerpo es como su sepultura.

Para saber más:

Obra de referencia: Platon Y El Orfismo (LECTURAS DE RELIGIÓN)

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Los misterios de Eleusis – Documental –

Un vídeo muy interesante sobre los misterios de Eleusis. Para ampliar más información se recomienda el siguiente enlace: Eleusis

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octubre 1, 2013 · 5:45 am