Archivo mensual: septiembre 2018

La religión minoica o cretense

La civilización minoica o cretense está cargada de un indudable interés por su arquitectura,  arte y  religión. En el ámbito religioso está caracterizada por la presencia de una poderosa diosa de la fertilidad a la cual estaba asociado el toro, símbolo de Creta. Los antiguos llamaban a Creta, la mayor isla del Mediterráneo oriental, “Isla de los Bienaventurados”, por su afortunado enclave y  su clima suave.  Cabe destacar que en el III milenio a. C., el primer florecimiento de la cultura cretense, la representación religiosa de los habitantes de Creta era muy primitiva. La base de su religión la constituían:

  1. El totemismo (respecto a animales y plantas).
  2. Los cultos a la divinidad femenina.
  3. Los cultos a los antepasados.

El totemismo es definido como un sistema de creencias religiosas, políticas y sociales, propias de tribus y pueblos primitivos, donde el tótem, figura simbólica de espíritus de animales o vegetales asociadas con el linaje; representa el vínculo de sangre que une a todos los integrantes de esa comunidad. (Enlace sobre el totemismo).

En el II milenio a. C. el culto a la divinidad femenina era todavía el eje principal entre los cretenses. La gran diosa recibía culto de diferentes modos. Ante todo, era diosa de la naturaleza y así se la consagraba en muchos santuarios de cavernas montañosas como en los montes Iuctas e Ida. Principalmente, los árboles sagrados o las ramas eran atributos de la diosa.  El árbol representa el éxito,  la fertilidad. El culto a los dioses de la naturaleza estaba vinculado a los pájaros, sobre todo a las palomas. Se inclinaban a representarlas en danzas rituales que tenían carácter orgiástico. El pino, la palmera, el olivo y el ciprés, son  también honrados en Creta.

Diosa de las serpientes en el Museo Arqueológico de Heraclión.

En los santuarios palaciegos y hogareños a menudo se encuentran representaciones de la divinidad femenina, cuyo principal atributo era la serpiente. Cabe suponer que el culto a la diosa de la serpiente alcanzó particular difusión entre los nobles cretenses en el último siglo de la existencia de su Estado. A la gran diosa se la consideraba como la reina de las fieras. Habitualmente se representaba con esbelta figura, bellas vestimentas y el pecho desnudo. En definitiva, era la diosa de la naturaleza, de la tierra y al parecer, la diosa del mundo subterráneo, el símbolo serpentino así lo atestigua.  Por ello,  hay que interpretar que la gran diosa estaba ligada simultáneamente a las nociones de la vida y la muerte. El animal ctónico por excelencia es la serpiente y no es casualidad que la serpiente es la que figura en el caduceo de Asclepio, dios de la Medicina.

La serpiente es un icono religioso, un vehículo de lo sagrado mediante el cual la realidad metafísica y las verdades primordiales se manifiesta en el imaginario griego.

La serpiente juega un papel destacado con múltiples significados e interpretaciones como que la serpiente se despoja de la vejez renaciendo, la relación con la sanación y la capacidad para devolver la vida, su relación con el falo masculino y la fertilidad femenina, con la eternidad y su configuración tardía como símbolo del tiempo que retorna sobre sí mismo, su papel de custodia de las fuentes de la vida y la inmortalidad, las creencias acerca de su androginia, omnisciencia, agresividad, insomnio, vigilia, así como su unión con las fuerzas oscuras y su consideración como ser que realiza, facilita o dificulta la transición entre niveles, rompiendo así el propio espacio de la realidad presente. Como animal-alma, la serpiente estaba especialmente relacionada con la tumba y sobre todo con la tumba del héroe, siendo un símbolo de fecundidad y supervivencia. Esta función particular de la serpiente se desarrolló a partir de su posición de animal protector del hogar, si bien los mismos griegos sugirieron en ocasiones que el tuétano de los huesos de un cadáver se convertía en serpiente.

En definitiva, la serpiente representa la creencia en una fuerza especial, residente, emanada, inherente o simbolizada en la propia serpiente, una energía alineada en el lado de lo primordial, la fuerza pura y sola: en suma, la vida, con todas sus paradojas y complejidades.

Resultado de imagen de minotauro arte creta

Hacia mediados del II milenio a. C. adquirió significación en Creta la honra del dios en forma de hombre-toro, conocido popularmente por Minotauro.

En el culto del dios-toro se introdujeron juegos con toros, cuya representación fue también muy frecuente en el arte de Creta. En su honor se celebraban ritos de iniciación de la juventud, que vaticinaban una especie de tauromaquia incruenta, en el transcurso de la cual los jóvenes tenían que hacer todo tipo de piruetas desafiando a la naturaleza del enfurecido toro. El toro tenía una fuerte asociación con los conceptos de fortaleza, virilidad y fertilidad. Los jóvenes, bajo un rito de iniciación, anhelaban dominar y someter a esta criatura notoriamente salvaje y forzar a su voluntad, así como trabajar con ella.  Los cuernos de consagración aparecen frecuentemente sobre los altares y lugares de culto. Es un objeto formado por dos puntas córneas reunidas en pareja sobre un grueso travesaño.

Igualmente, los cretenses reverenciaban a dioses secundarios, menos significativos, como protectores de diferentes sectores de la producción artesanal. Así se mostró cómo los puntos de vista religiosos de los alfareros cretenses estaban relacionados con las profesiones de los mismos: existían cultos a dioses particulares protectores del oficio del alfarero.

El mundo de ultratumba estaba relacionado para los cretenses con la idea de una existencia ultraterrena. A los difuntos se les proveían de armas y utensilios y se les levantaban construcciones fúnebres. En honor de los dioses se sacrificaban animales, toros y cabras; junto con el difunto se ponían figuras de toros. El ritual fúnebre se representa muy cuidadosamente, como, por ejemplo, en los sarcófagos de arcilla de Hagia-Tríada, que pertenecen al siglo XIV o al siglo XIII a. C. Se exponen en ellos escenas de marchas fúnebres, sacrificios y libaciones dedicados a los dioses, conducción del muerto a la tumba. Las ceremonias religiosas de los cretenses, a juzgar por las representaciones que se conservan, se distinguían por su gran diversidad. Se puede suponer que consistían en danzas, canciones, procesiones solemnes semejantes a la marcha de los que recogen el olivo en la escena que aparece en un jarrón de esteatita de Hagia-Tríada, holocaustos en los santuarios públicos y privados. A juzgar por las inscripciones de Cnosos, en algunas fiestas se sacrificaban decenas de animales. En las ceremonias religiosas de los cretenses, el papel dominante característico lo desempeñaba la mujer, que se ocupaba de las actividades del culto. La representación de los hombres raramente aparece en las escenas del culto, sólo en los más tardíos.

Cabe destacar que los cretenses no elevaron templos a sus dioses, en su lugar aprovechaban las cuevas como recintos sagrados, tan abundantes en el territorio montañoso de la isla. No olvidemos que, en el posterior culto de Zeus, el mito lo relacionaba con el monte Ida, en una de las cuevas en las que encontró refugio al escapar de su padre Cronos.

La cultura cretense y las representaciones religiosas ejercieron una gran influencia en la cultura de los que posteriormente habitaron Grecia. El recuerdo de la época del florecimiento de Creta encontró su reflejo en muchos mitos griegos, en la época homérica y en las tradiciones históricas. En la cultura de los griegos del I milenio a. C. se encuentra una serie de rasgos heredados de la rica civilización minoica. En la misma Creta, a lo largo del período romano, se veneraron las cavernas que habían servido para el culto local de los dioses minoicos. En la religión de los helenos se utilizaron objetos sagrados, que tenían significación en los cultos cretenses del período anterior, por ejemplo, el hacha y el cuerno sagrado.

Doble hacha (labris) cretense de bronce

La doble hacha o bipennis es un símbolo muy característico de la religión cretense. Es significativo que la palabra con la que se designaba la doble hacha sagrada, símbolo del poderío minoico, fuese labrys, de la que para muchos  deriva  la palabra «laberinto», relacionado con el mito del Minotauro y el famoso laberinto construido por Dédalo bajo el palacio de Minos en Cnosos.  En Labraunda, en Caria (Asia Menor), se adoraba en tiempos históricos a Zeus Labrandeo, el dios de la doble hacha. Es posible interpretar que la doble hacha fuera el instrumento destinado al sacrificio de los animales consagrados a la divinidad. No es casualidad que la doble hacha se mantuvo viva entre los hititas, así como en Mesopotamia como atributo de Teshub, dios hurrita de la tempestad. Como dato de interés, la doble hacha se mantuvo durante toda la Antigüedad como símbolo de Júpiter Doliqueno. (Más información sobre Júpiter Doliqueno).

 Plutarco (Moralia)  recuerda  un mito que explicaría el origen de esta hacha doble:

Hércules, después de haber matado a Hipólita, le quitó, con el resto de la armadura, un hacha que entregó como presente a Ónfale. Los reyes de Lidia, sucesores de Ónfale, la llevaron después como un ornamento sagrado hasta Candaules, quien poco preocupado por esta señal de dignidad, se la hizo llevar a uno de sus cortesanos. Cuando Giges se reveló contra este príncipe y le declaró la guerra, Arselis, rey de Milasa, fue con sus tropas en ayuda del rebelde, mató a Candaules y al magistrado que llevaba el hacha. Arselis la llevó a Caria, junto con otros muchos objetos, mandó erigir una estatua a Zeus, con esta hacha en la mano, y dio al dios el sobrenombre de Labrandeo. Labra, en lidio, significa hacha.

La doble hacha simbolizaba con seguridad el ciclo de la vida y de la muerte y las fases de la luna, pues el hacha sacrificial de doble hoja representaría el creciente y el menguante, y el círculo en el que se puede inscribir la doble hoja, la luna llena. Siempre se ha especulado que la doble hacha podría tener que ver con una asociación tardía al rayo.

En síntesis, la religión cretense era una religión naturalista, adoraban las montañas, las grutas, las piedras, los árboles, los pilares, las palomas y los toros. El contacto con la naturaleza era para el hombre minoico el contacto con lo divino y a menudo los rituales se realizaban en santuarios al aire libre, levantados en las montañas o en los bosques sagrados. La imagen externa de la religión cretense se completa con las existencias de numerosos démones y seres mixtos.

El dios-hijo, el Zeus cretense, identificado con la lluvia, moría anualmente en el otoño y renacía en primavera, símbolo del renacer de la naturaleza. Al volver a la vida se celebraban las fiestas agrarias. Es de notar la similitud con los cultos mesopotámicos de Dummuzi-Tammuz, con los de Siria (Adonis), con los de los hititas (Telepinu) y con el de Osiris entre los egipcios.  El Zeus niño era adorado en las cavernas sagradas. Los primitivos habitantes de Creta, como otros pueblos neolíticos, vivieron en cavernas. Cuando las abandonaron siguieron usándolas como cementerios y lugares de devoción.

El culto comprendía oraciones, sacrificios y diversas ceremonias y era presidido posiblemente por sacerdotisas. Se celebraba en altares levantados en las cumbres de las montañas, en grutas sagradas o en los patios de los palacios. Estos santuarios constaban de una mesa para las libaciones y sacrificios y estaban adornados con ídolos diversos. En todos los palacios cretenses se han encontrado rastros de elementos rituales, quizás el propio rey los oficiara como sacerdote, como intermediario entre los dioses y los fieles, siendo los sacrificios a los dioses el engranaje fundamental de la religión.

Para más información:

Mitos relacionados con la cultura cretense:

  1. Dédalo e Ícaro
  2. Laberinto de Minos
  3. El rapto de Europa
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