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Viaje a Grecia: Corinto

Museo Arqueológico de Corinto

Corinto, una de las urbes más importante de la antigüedad, fue una ciudad-estado (polis) ubicada en el istmo de Corinto, la estrecha franja de tierra que une el Peloponeso con la Grecia continental, a medio camino entre Atenas y Esparta (Véase Imagen 1). Su emplazamiento geográfico la convertía en una ciudad privilegiada al ser un paso obligatorio para ir a la región del Peloponeso.

Imagen 1

Según el mito, Corinto fue fundada con el nombre de Éfira por Sísifo, su primer rey. Os emplazo al mito ampliado de Sísifo comentado en este blog: Sísifo

Efectivamente, y siguiendo el hilo de Homero (Ilíada, Canto VI, 153): hay una ciudad llamada Éfira en el riñón de Argos, criadora de caballos, y en ella vivía Sísifo Eólida, que fue el más ladino de los hombres. Sísifo engendró a Glauco, y éste al eximio Belerofonte, a quien los dioses concedieron gentileza y envidiable valor.

Corinto luchó bajó el mando de Agamenón en la guerra de Troya. Según la tradición, los dorios (acompañado de los heráclidas) conquistaron Corinto tras luchar contra los eolios  que habitaban en la ciudad.

Continuando el hilo mitológico, el hijo de Sísifo fue Glauco y el hijo de éste Belerofonte (algunas tradiciones le hacen hijo de Poseidón) cuyas mayores hazañas fueron matar a la Quimera y domar a Pegaso, el caballo alado. Os emplazo al enlace sobre este héroe mitológico desarrollado en este mismo blog: Belerofonte

Corinto está lleno de mitos (Sisifo, Belerofonte..) y es una ciudad muy peculiar. Para empezar, en la cima del Acrocorinto (Acrópolis de Corinto) se hallaba el templo de Afrodita en el que se realizaban relaciones sexuales con sus sacerdotisas (prostitución ritual como en los templos de Istar y Astarté, diosas fenicias) como método de adoración a la diosa. De aquí que Corinto fuera conocido como la ciudad de Afrodita, pues la diosa disponía de al menos tres santuarios, erigiendo a Afrodita protectora de Corinto.

Como ejemplo, un atleta corintio llamado Jenofonte (a mediados del S. V. a.C.), juró dedicar cien prostitutas al servicio de Afrodita en su ciudad natal si obtenía una victoria olímpica y el joven atleta consiguió una doble victoria en la carrera a pie y en el pancracio (lucha cuerpo a cuerpo). De hecho, se encargó a Pindaro la escritura de una oda para ser cantada en el templo de Afrodita y respondió con su acostumbrado estilo escribiendo un poema que comenzaba: Muchachas amantes de los invitados, sirvientas de Persuasión en la rica Corinto, que quemáis las lagrimas doradas de fresco incienso, que a menudo hacéis volar vuestro juicio hacia Afrodita, celestial madre de amores, que sin reproche os permite recoger, muchachas, sobre amables lechos un fruto de suave sazon (..)

Vista del Acrocorinto, con el golfo de Corinto al fondo. (wikipedia)

Luego, y según Pausanias, Poseidón y Helios se disputaron a Corinto. Briareo, uno de los Hecatónquiros y árbitro de la disputa dictaminó que el istmo de Corinto perteneciera a Poseidón y Acrocorinto  a Helios.

Murallas del acrocorinto

La fuente Pirene (Imagen 2) está ubicada en el recinto delimitado por las murallas de la acrópolis. Pausanias (Descripción de Grecia) expresa: Detrás del templo hay una fuente que, según dicen, es regalo de Asopo. Habiendo visto Sísifo a Zeus raptar a la hija de ese río, se negó a decirle al padre quién era el raptor hasta que le diera un manantial en el Acrocorinto.

Hay que destacar que en la fuente Pirene había una estatua de Apolo y un recinto con una pintura de Ulises atacando a los pretendientes, tal como se relata en la Odisea.

Es cierto que la mayor parte de las ruinas de Corinto corresponden a la época romana, debido  a la devastación de la ciudad llevada a cabo por las legiones romanas en el 146 a.C.

La antigua Corinto se encuentra en la ladera septentrional de la colina de Acrocorinto, alrededor del Templo de Apolo (Imagen 3). Precisamente, en este lugar, Belerofonte capturó al caballo alado Pegaso.

En el interior del Templo de Apolo, obviamente, había una escultura de bronce del dios Apolo, según comenta Pausanias.

Los templos griegos (Olimpia, Atenas, Corinto..) se conciben con un sentido profundamente religioso, considerándolos como casa del dios protector. La Cella o Naos albergaría la estatua del Dios  a la que se dedicaba el templo y el Opistodomos ( cámara cerrada donde se guardaban los objetos de culto y el tesoro) sería utilizado para depositar las ofrendas correspondiente a la deidad. Como rasgo característico, el templo griego no era concebido para acoger fieles o celebrar ritos en su interior así que su construcción era concebida hacia el exterior, por eso a menudo se habla del sentido escultórico de la arquitectura griega. Todos los actos religiosos, desde las procesiones o deposición de ofrendas se celebraban en el exterior por lo que era común encontrar un altar en su exterior.

Imagen 3

Estructura de un templo griego. Fuente: https://www.glosarioarquitectonico.com/

 

Busto de Afrodita (Museo Arqueológico de Corinto)

Para concluir, en Corinto se celebraban los Juegos Ístmicos en honor a Poseidón. Los Juegos Ístmicos tenían lugar cada dos años. Como era habitual, la competición abarcaba la carrera, el pugilato, el pancracio y el pentatlón. Durante los juegos se celebraban rituales religiosos que incluían libaciones, sacrificios y una procesión en honor de Poseidón. El premio para los vencedores consistía en coronas de pino (por hallarse cerca de un pinar) que posteriormente fueron sustituidas por otras de apio y luego se volvieron a usar guirnaldas de pino.

La tradición ateniense menciona a Teseo como fundador de los juegos; y en la versión corintia, mejor colocada, fue el astuto Sísifo quien los fundó.

Referencias:

Grimal, Pierre. Diccionario de mitología griega y romana.

López Saco, J. Mito y religión en el mundo

Para ampliar más información, os recomiendo:

  • Moreno Leoni, Álvaro. Entre el helenismo y el Imperio romano. La visita de Pausanias a Corinto. (PDF)
  • Corinto
  • Juegos Ístmicos

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Viaje a Grecia: Delfos, más allá del mito (Parte II)

Kylix con la representación de Apolo realizando una libación. (Museo de Delfos)

APOLO

Como breve reseña mitológica, Apolo es el hijo de Zeus y de Leto (hija de los titanes Ceo y Febe). Su hermana melliza es Artemisa. Apolo nació sietemesino, pero gracias a Temis que le alimentó con néctar y ambrosía su crecimiento fue rápido. Apolo, a los pocos días de nacer en la isla de Delos (la antigua Ortigia), pidió un arco y flechas, que Hefesto le facilitó inmediatamente. Delos significa “brillante”, (por Apolo, dios de la luz), en otras fuentes la relacionan con “manifiesta, evidente”. Pitón, hijo de Gea, persiguió a Leto para matarla, pero no lo consiguió. Después, Apolo, sin titubeo, fue tras la serpiente Pitón a la que hirió con sus flechas en el Monte Parnaso. Pitón huyó al Oráculo de la Madre Tierra en Delfos (ciudad llamada así en honor del monstruo Delfine, su compañero), pero Apolo continuó su caza hasta que le dio muerte en el interior del santuario.

Gea presentó el ultraje a Zeus, quien no solamente ordenó que Apolo fuese al valle del Tempe para purificarse, sino que además instituyera los Juegos Píticos en honor de Pitón, los cuales debía presidir como penitencia y restaurar el daño causado.

Según otra versión paralela, Apolo visitó Creta y a la vuelta (convertido en delfín) se trajo los primeros sacerdotes y se apoderó del Oráculo de Delfos y retuvo a su servicio a la Pitonisa. Por esta razón, los cretenses legaron su música sagrada, su ritual, sus danzas y su calendario a los helenos, así como el labrys, o hacha doble, que dio nombre a la primera corporación sacerdotal de Delfos, los Labriadas.

Para ampliar más información relevante os remito al siguiente enlace: Apolo

APOLO HIPERBÓREO

La historia de Apolo nos puede resultar a veces confusa, según las fuentes, porque también a Apolo se le conoce como un dios de los Hiperbóreos, es decir, “hombre de más allá del Viento Norte”. Delos (vinculado directamente con Apolo), precisamente, fue también otro centro de culto hiperbóreo.

El origen de los hiperbóreos se sitúa en las regiones septentrionales del noroeste de Europa. La propia etimología de la palabra “hiperbóreos” indica que viven más allá del viento Bóreas, es decir, en algún lugar lejano y desconocido localizado en el norte. Los hiperbóreos estaban organizado bajo una ley divina donde no había guerra y todo el entorno era de paz, de armonía, de justicia y de sabiduría con un vínculo directo con los dioses. En síntesis, una Edad de Oro similar a la que menciona el poeta griego Hesíodo en su obra la Teogonía. Por lo tanto, los hiperbóreos son una raza sagrada, libre de enfermedades y vejez, que no conocían ni el trabajo ni la guerra y pasaban sus vidas danzando, tocando la lira, la flauta. Como bien atestigua las fuentes de la Tradición, el país de los hiperbóreos es la patria original de los pueblos arios e indoeuropeos, foco principal de la Tradición Primordial. La civilización nórdico-polar fue su epicentro espiritual.

Según el mito, Zeus dictó que Apolo residiera en Delfos y trajera las leyes a los helenos, pero el joven dios se marchó volando sobre un carro tirado por cisnes desde Delos hasta el país de los hiperbóreos, donde permaneció un año entero. Sin embargo, como los habitantes de Delfos no dejaron de invocarle con cánticos y danzas, el dios marchó hasta Delfos.

Desde entonces, pasaba los tres meses de invierno entre los hiperbóreos y regresaba con la primavera a Delfos. Durante su ausencia Dioniso reinaba en Delfos como señor del oráculo.

Si Apolo se convirtió en el dios que aleja el mal y purificador por excelencia fue porque él mismo tuvo que purificarse después de haber dado muerte a la serpiente Pitón. Según el mito, Apolo tenía que limpiar su propia mancha, o dicho al estilo griego antiguo tenía que evitar que se produjera el “miasma”, una desgracia que corrompía una sociedad entera. Para ampliar más información sobre el término  ir a: miasma y o catarsis.

Por lo tanto, Apolo contribuyó a humanizar las costumbres arcaicas en relación con el homicidio, de ahí las dos máximas inscritas en su templo: “Conócete a ti mismo” y “Nada en exceso”.

Por otra parte, si seguimos las fuentes del mundo Tradicional a través de Eduard Alcántara, el autor indica que Apolo hiperbóreo: simboliza a la perfección, con su actitud mayestática, la inmutabilidad y estabilidad del Principio Supremo; un Principio Supremo que equivale al No-Ser de determinada metafísica o al Motor Inmóvil del que hablaba Aristóteles. (Es lo Insondable e Inindefinible y a partir de lo cual se manifiesta, por emanación, el Universo. Es la Trascendencia pura.) El Apolo hiperbóreo sí que es, por ello, la genuina representación de un tipo de Espiritualidad Solar en sentido puro; tomando, pues, al Sol en el sentido del astro Iluminador (la estrella) que permanece fijo e inmutable y alrededor del cual giran los móviles planetas. ( Ir al enlace de Eduard Alcántara)

Efectivamente, hay datos que confirman que existe una identificación entre Apolo-Helios desde, al menos, la época arcaica (Esquilo, Suplicantes, 212-214). Sin embargo, hay que matizar un aspecto para evitar confusiones. Todas las cualidades positivas son representadas por las divinidades solares, como por ejemplo Ra (símbolo de la luz solar) en la civilización egipcia o Helio y Apolo, entre los griegos. Pero la diferencia es evidente entre Helio y Apolo. Por un lado, Helio simboliza al sol que nos nutre cada día, el que preside las estaciones, la fecundidad y la productividad de la tierra; y, por otro lado, Apolo es el símbolo de la productividad del alma, es decir, los frutos terrestres se convierten en este caso en los “frutos” del alma, de los deseos y de su espiritualización-sublimación. En suma, Apolo representa la armonía del alma, la obra interiorizada; Helio representa el astro solar que fecunda, la obra exteriorizada, es decir, representa una cualidad del espíritu.

Volviendo al hilo del mito, Pitón fue enviado contra Leto por Hera para mortificar a Zeus (leer: Himno homérico a Apolo), y Apolo, después de matar a Pitón y, lo más probable a su compañero Delfine, se apodera del templo oracular de la Madre Tierra, pues Hera era la Madre Tierra o Delfine en su aspecto profético.  Para ganarse a la opinión local de Delfos se instituyeron juegos fúnebres regulares en honor a Pitón y mantuvieron en su puesto a su sacerdotisa. La interpretación sobre la religiosidad en esta época remota del significado de la muerte de Pitón y la relación del hombre-iniciado con la Madre Tierra lo aclara Eduard Alcántara en su blog: “ representa un certero símbolo para clasificar a ese tipo de religiosidades cuyos fundamentos están sometidos a las leyes del devenir, de la caducidad y de la mutabilidad, un certero símbolo para clasificar a esas religiosidades de corte telúrico-matriarcal en las que la Madre Tierra se convierte en la divinidad central, pues los productos que en ella toman vida (las plantas) nacen, crecen, se reproducen y mueren (así como los animales y las personas que de dichos productos dependen); son perecederos. Quien rinde culto a la Madre Tierra como eje principal de sus creencias no concibe más realidad que aquélla del devenir y no podrá, por tanto, aspirar a acceder al Despertar -del que hablaba el Buda- consistente en Identificarse ontológicamente (debido a la transustanciación conseguida por el ya Hombre Superior) con el Principio Supremo que es imperecedero, eterno e inmutable, a diferencia de lo que sucede con el cosmos o mundo manifestado que es caduco, mutable y perecedero”.

Así, se entiende que Gea, la Madre Tierra, representa el mundo del devenir, el arraigo al mundo exterior y la fecundidad, y de tales cualidades nace la serpiente Pitón que busca el beneficio del mundo, la obra exteriorizada; sin embargo, Apolo es la manifestación  suprema del espíritu y del alma,  por eso mata a la serpiente Pitón y cierra un ciclo antiguo y primitivo dominado por una religiosidad telúrico-matriarcal para dar comienzo un ciclo de crecimiento del alma con otras directrices marcadas por el propio Apolo: armonía, serenidad, “nada en exceso” y “conócete a ti mismo”.

 

 

Dioniso (Parte del frontón del templo) Museo de Delfos

DIONISO

Según el mito órfico, Dioniso Zagreo es hijo de Zeus y Perséfone, antes de que esta se convirtiera en reina del Hades. El pequeño creció en Creta, protegido por los mismos guardianes que habían guardado a Zeus de los ojos de Cronos. Pero los Titanes, enemistados con Zeus, esperaron a que los guardianes descansaran para atraer al pequeño con juguetes dorados. Cuando los Titanes se abalanzaron sobre él, el pequeño intentó defenderse tomando la forma de diversos dioses y animales, pero terminaron por despedazarle y devorar su carne cruda. Atenea interrumpió el espantoso banquete justo a tiempo para rescatar el corazón del pequeño, lo encerró en una figura de yeso en la que insufló vida y así Dioniso renació de nuevo y se hizo inmortal. Zeus, preso por la ira, mató a los Titanes con sus rayos. Según el mito de las cenizas nació la especie humana, que es una mezcla de la parte terrena de los Titanes y la parte divina de Dioniso, según la versión órfica.

La forma de  los diversos animales que Dionisio manifestó fueron la de León, Toro y Serpiente, y éstos fueron los emblemas del año tripartito en el calendario. Nacía en invierno como serpiente (de aquí su corona de serpientes), se convertía en león en la primavera y lo mataban y devoraban como toro, cabra o ciervo en el solsticio estival, y a su vez se celebraba su festividad con fervor y júbilo mostrando la tumba de su resurrección anual en Delfos, tal como menciona Plutarco en su tratado (“Sobre Isis y Osiris” 35).

Dionisio tenía rango de divino, así se refleja en unas tablillas micénicas del siglo XIII a. C.  encontradas en Pilos. Es un dios vital de la naturaleza que se manifiesta en múltiples formas, dentro de su ámbito del reino de la naturaleza que le es propio. Por ello es garantía de la nueva vida y renovación porque representa el movimiento cíclico de la naturaleza, la primavera, la vid, la cosecha, el vino, el sacrificio, etc. Por lo tanto, es una vida en continua renovación, con un hálito indestructible fiel reflejo de la naturaleza y de la interacción del hombre con la propia naturaleza.

La lectura que podemos realizar en cuanto a la enseñanza de Dioniso es que el hombre siente la necesidad de comprender la vida humana y ajustarla en esos ciclos de la naturaleza y entender la figura de un dios de salvación, una figura que garantice a los hombres que sus vidas no están limitadas a los márgenes del nacimiento y la muerte, sino que se integrarán en esa dinámica creadora y destructora de la vida cíclica.

Otras versiones del mito de Dioniso lo relacionan como hijo de Zeus y de Deméter, o bien de Io. Sin embargo, la leyenda más popular lo hace hijo de Sémele y Zeus. Os emplazo al siguiente enlace para ampliar el mito: Dioniso.

Por otra parte, siguiendo el hilo del historiador Jacob Burckhardt (Historia de la cultura griega. Vol. I) los griegos tomaron de los tracios el culto de Dioniso y de ahí la complejidad de descomponer el origen de Dioniso, pues era procedente de Tracia, un culto extranjero. La complejidad de Dioniso se debe a que se parte de la idea de una época remotísima en que la religión de los griegos (aún por definir) era todavía un crisol de anhelos e ideas propias tomadas de la fe de algunos pueblos y de otras culturas.

Durante el periodo arcaico de Homero (S. VIII a.C.) empezaría el frenesí dionisíaco por parte de los fieles de Dioniso. No obstante, en la epopeya de Homero, tanto en la Ilíada como la Odisea (S. XIII), hay que ser muy cautos, pues el papel de Dioniso aparece unas cuantas veces, de manera fugaz y como segundo plano del escenario. Cabe destacar, por ejemplo, que en los dos poemas homéricos nunca interviene en la vida y en los destinos del hombre, ni es el quien ofrenda y escancia el vino. Por lo tanto, si no tiene un papel destacado en el mundo homérico nos da a entender que el dios tracio todavía no había alcanzado el pico más alto en la vida y en la fe de los griegos durante el conflicto de Troya, pero no se descarta que haya tenido una significación importante que fuera más allá de unos cuantos cultos locales, como puede ser en el caso de Pilos, en la época micénica (S.XVII-XII a.C.), donde se recoge un registro del dios en una tablilla con su nombre y su culto.

El espíritu griego, al ser poco propenso a abrirse a nuevos dioses, nos hace indicar que Dioniso tuvo que darse a conocer de un modo gradual, paulatino y abriéndose paso como un dios exótico. Aunque hay otras versiones que defienden que, si el dios se presenta como extranjero y lejano, no es porque sea de procedencia exótica, sino porque tenía una tendencia a lo extraño.

Lo que no cabe la menor duda es que, finalmente, el frenesí dionisíaco, el éxtasis de las fiestas orgiásticas causaron furor en la zona de Grecia central y en el Peloponeso siendo presa de su encanto la totalidad de las mujeres y que, a su vez, los griegos sentían, como no podía ser de otro modo, un rechazo contra estos agitados y turbulentos ritos procedentes de los tracios, una aversión nacida de un instinto muy hondo, contrarias a la mesura y el equilibrio del espíritu griego.

Por eso se explica que el Dioniso que pasó a engrosar parte del Olimpo griego junto a los grandes dioses,  no era el antiguo dios tracio, sino una versión suavizada, con un perfil más helenizado y humanizado. Bajo esta nueva corriente, los griegos celebraban su fiesta anual, en la que el dios era adorado como el dios del vino, como el protector de la germinación de la vid y de los campos, como divina encarnación de la plenitud de vida de la naturaleza en todo su esplendor.  Asimismo, Dioniso también tomó relevancia en la tragedia griega y la poesía.  Según Jacob Burckhardt, la cúspide de la poesía griega, el drama, nace en realidad de los coros que animan las fiestas dionisíacas, como es el caso de Atenas, con sus alegres y pomponosas fiestas con gran entusiasmo, lejos de ser aquellas fiestas tracias con que periódicamente se conmemoraba la “epifanía” de Dionisos, su aparición en el mundo de los vivos, su salida del reino de las sombras en medio de las treguas nocturnas. Por eso, la naturaleza originaria de Dionisos, señor de los espíritus y las almas (y no la del dios del vino) tuvo también su continuidad en Delfos y en Atenas. El éxtasis, el desenfreno, el sombrío salvajismo del arcaico culto dionisíaco no desaparecieron del todo, pues en las fiestas trieterias, en las Agrionias y las Nictelias, se conservaban rasgos originales de la antigua barbarie, en medio de toda la finura de la civilización griega.

Los rituales más representativos ofrendados al dios tracio antiguo eran los sacrificios bajo un estado de delirio, comer carne cruda, la furia y la expresión desorbitada con que desgarraban con los manos a los animales destinados al sacrificio.

No eran cultos precisamente privados o que estuvieran ocultos en la sociedad griega. Sin ir más lejos, “Las Bacantes” de Eurípides refleja lo que se detalla en líneas anteriores.  Eurípides presentaba en cada una de las figuras del drama la divina locura a la que están sometidas, el poder de sojuzgamiento de sus almas que vibraban en las orgías dionisíacas y que nos permite imaginar lo que eran aquellos trances del alma.

La finalidad de estas fanáticas fiestas era la “purificación” del alma extáticamente excitadas. Quienes participaban dentro de este círculo mágico, consagraban sus almas, corriendo y danzando furiosamente por las montañas para formar parte de las bendiciones del dios. El mensaje de Dioniso era el de un gran alivio espiritual para el iniciado. En mi opinión, el iniciado debía aceptar el nuevo conocimiento, símbolo de la creación divina, luego interiorizarlo y, por último, soltarlo todo. En otras palabras, era el momento de la abertura a la eternidad, revelando todo lo que había dentro y exaltando que el cuerpo era un templo que contenía la divinidad. Este estallido cósmico representaría, quizá, las constelaciones existentes, el universo trazando el mapa de la humanidad o un instrumento de navegación para alcanzar el cenit espiritual. Las fiestas dionisiacas remiten a una danza de celebración alegre, danzarinas, que evolucionan por un decorado teatral, el monte Parnaso,  un entorno natural perfecto para la consagración de los iniciados. La finalidad última, tal como se detalla en líneas anteriores, era el nacimiento de algo que lleva tiempo incubándose dentro del iniciado y que revelaría la existencia de una potencia divina que necesita manifestarse hacia fuera. Las connotaciones fálicas que se daban en este ambiente eran el símbolo de toda creación y de todas las cuestiones relacionadas con la eyaculación y a la fertilidad.

En suma, el Monte Parnaso era el propio altar sacralizado manifestando que el mundo es divino, que la carne es una celebración viva y la vida una construcción incesante donde el iniciado formaba parte de ella. A través de Dioniso se conocía la alegría a través de un estallido. Dioniso era la vida misma, la transformación y la reconstrucción, la llama perenne de la materia y el espíritu. El dios era sinónimo de alegría cósmica y a su vez de la maravillosa catástrofe, la fuerza innominable, el amor cósmico que sostenía la materia, el huracán que atravesaba todo nuestro ser, etc. Los seguidores dionisiacos conocían el fuego del centro de la tierra, la luz del centro del universo, se alineaban con el eje universal, vibrante, para convertirse en un canal para la manifestación del dios. El iniciado, supongo, estallaría de alegría a sentir la unión: lo alto era lo bajo, lo bajo era lo alto, sería su experiencia propia y sublime cuando llegara al clímax de la exaltación dionisiaca. El iniciado experimentaría que todo lo que había estado encerrado en la materia, en su cuerpo (mental, físico, emocional y espiritual) rompería (como si se tratara de una eyaculación) hacía fuera y sentiría una danza cósmica dentro de sí y un reencuentro con su energía original. Ese sería su apoteosis final.

Apolo y Dioniso no tienen más remedio que compartir una alianza que se fraguó en Delfos, concretamente en el monte Parnaso, en la conocida gruta de Coricia. Ahí se celebraba el solsticio de invierno (un año sí y otro no) la fiesta nocturna de Dioniso, en las cercanías de los altares de Apolo, que era el dios que dominaba sobre Delfos.

Si en el propio templo de Apolo se celebraba una fiesta secreta a los sacerdotes apolíneos, las Tíadas (ménades, más tarde las sacerdotisas de Dionisos) danzaban frenéticamente en los montes. Las tíadas representaban a la luz de las antorchas acompañadas de una danza orgiástica,  el mito del Dionisos-niño desgarrado y devorado por los Titanes y la expulsión de éstos por Zeus, quien guarda los restos del niño que fue posible rescatar en el templo délfico de Apolo. Son las propias tíadas las que representan más tarde, mímicamente, la resurrección del dios.

En cuanto a las fiestas de Delfos se dividían, para satisfacer a ambos dioses. De esta manera hubo una reconciliación por parte de los sacerdotes del Apolo délfico y de los sacerdotes que representaban a Dioniso, como símbolo de universalidad religiosa. Y fue, precisamente el Oráculo de Delfos el que se encargó de introducir el rito de Dioniso en las comarcas colindantes y poco a poco contribuyó a su amplia difusión por toda la Hélade. Es cierto que el culto dionisíaco en Delfos fue disminuyendo hasta convertirse en un culto de versión moderada y suavizada, exentos de orgias y adaptado a la sensibilidad de la vida mesurada y serena de los atenienses. Dioniso, finalmente, se presenta como un dios liberador de las penas, del sufrimiento y de las tristezas de esta vida mundana. Sus cultos y festividades evocan la liberación de los sentimientos, la alegría sin control frente a las duras exigencias del orden establecido.  Cuando Hestia, diosa del hogar, decidió dejar el Olimpo y atender el fuego de las casas de las familias, Zeus eligió a Dioniso para ocupar su lugar como dios inmortal del vino, el jolgorio y las fiestas.

Apolo versus Dioniso, dos caras de una misma moneda. No se puede entender el uno sin el otro. Dos mundos que concebían la espiritualidad de dos formas distintas. Eduard Alcántara lo expresa así: Dionisos juega con lo sensual, con lo embriagador: con las danzas frenéticas, con el vino. Se le asocian rituales orgiásticos: es arquetípica, en atinada expresión evoliana, ‘luz del sur’. Es la agitación, la voluptuosidad, es el mundo de los sentidos, es símbolo del plano sensible y material de la realidad. Es, echando mano del hinduismo, prakriti. Por contra Apolo simboliza la espiritualidad pura, el dominio de uno mismo, el ser descondicionado e Iluminado por la Luz del Espíritu. Es el Primer Principio Eterno: es Purusha. Es Luz del Norte.

En otras palabras, lo dionisíaco como referente espiritual representa uno de los extremos en su oposición a la moderación apolínea. El triunfo de uno de estos principios niega al otro y a su vez supone la destrucción del contrario. La tensión entre lo dionisíaco y lo apolíneo (embriaguez y serenidad) vivificaría el arte griego durante muchos siglos.

Bibliografía:

  1. Ríos, E. J., La naturaleza del mito más allá de la mitología griega (vol. 1), [libro inédito<https://www.academia.edu/19982566/La_Naturaleza_del_Mito_mas_alla_de_la_Mitologia_Griega_Vol._III_&gt;,[consulta el 10-03-2020]
  2. García López J. . La religión griega, Madrid 1975
  3. Graves, R. Los Mitos griegos I. Alianza Editorial
  4. Burckhardt J. Historia de la cultura griega Volumen I. 
  5. Kaplan, M. El mundo griego. Universidad de Granada

Del Mundo Tradicional, me ha sido de gran utilidad para entender la perspectiva de Apolo y Dioniso el siguiente enlace:

Entre las obras literarias griegas os recomiendo:

  1. Las Bacantes-Eurípides
  2. Las Suplicantes- Esquilo

Entre los ensayos relacionados con la temática os recomiendo:

  1. El nacimiento de la tragedia(Friedrich Nietzsche)

 

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Viaje a Grecia: Delfos, el origen del oráculo (Parte I)

Origen del Oráculo

Delfos, santuario oracular por excelencia, comienza a deslumbrar mucho antes de la llegada de Apolo. Al principio, los griegos relacionan Delfos con el término delphis, “matriz”, independientemente de su etimología. El lugar consagrado era una sima, denominada por los griegos stomios, término que sirve también para designar la vagina.

En lo mitológico, la serpiente femenina Delphyne nace de la tierra. A la primera profetisa se le conocía como Dafnis y se sentaba en un trípode donde exhalaba los vapores de la profecía. Después, cede el lugar a la serpiente masculina pitón, cuyas sacerdotisas se conocían como Pítias. De este modo y de manera gradual, el venerable lugar empezó a poner de manifiesto la sacralidad y la potencia de la Tierra Madre. La Madre Tierra después cedió sus derechos a la titánide Febe o Temis  y,  con el paso de los tiempos, acabó siendo una nueva corriente religiosa bajo la tutela de Apolo.

Otra versión dice que Apolo robó el oráculo a la Madre Tierra después de matar a la serpiente Pitón y que sus sacerdotes hiperbóreos, Pagaso y Agieo, establecieron allí su culto.

Siguiendo los versos de las Euménides de Esquilo, por boca de la Pitia conocemos que Gea fue sucedida por su hija Temis y ésta a su vez por otra hija de Gea, la Titánide Febe, que dio su nombre a Febo Apolo, otro epíteto reconocido de Apolo. Sin embargo, el basamento en el que se centra el mito se halla en el Himno Homérico a Apolo Pitio como el epíteto más reconocido y más popular (S. VII a.c). Gracias a este himno se conoce como Apolo construyó su primer templo y el “bosque sagrado” en Delfos. (Ir al enlace Himno Homérico a Apolo)

En cuanto a la arquitectura del templo, se cuenta que la construcción del primer templo fue hecha con cera de abejas y pluma, en forma de colmena; después, con tallos de helecho; la tercera versión con ramas de laurel; luego, que Hefesto construyó uno nuevo de bronce, pero que la tierra se lo tragó; más adelante, fue construido con piedras labradas pero se quemó y fue reemplazado por el último templo que se conoce.

Delfos, para los griegos, es el centro exacto del universo. Según el mito, Zeus soltó dos águilas, una desde el extremo oriental del mundo y otra desde el extremo occidental y ambas se encontraron sobre el ónfalos, el símbolo de Delfos más representativo, que señala el centro del mundo.

Ónfalos. Museo Arqueológico de Delfos.

El ónfalos tiene una forma abovedada y suele estar ligado a las moradas de los espíritus de los muertos que viven bajo tierra y que tienen un poder mántico clarividente. El ónfalos tiene precisamente esa geometría porque está vinculado a la madre Tierra, a Gea, la primera diosa que tuteló Delfos. Dicha geometría se apreciaba, por ejemplo, en las construcciones de los edificios cupulares micénicos, en la que precisamente el Dios-Rey termina uniéndose a la madre Tierra y se conecta también a los cultos de las deidades ctónicas tan cercanas y habituales en tiempos homéricos (Hécate, Perséfone, Hades…). Por lo tanto, el ónfalos se puede interpretar como un “lugar” sagrado (una cueva, un templo…) relacionado con las fuerzas del inframundo.

Como datos de interés, la pieza que se exhibe en el museo de Delfos es una copia helenística del «ónfalos» que representaba la piedra que depositó Zeus en Delfos, el centro de la Tierra.

Para mí, el ónfalos es también símbolo de pureza total, nos revela la parte intacta que no ha sido tocada por el hombre, este testigo puro y celestial que suele ligarse con la parte más íntima y espiritual de nosotros, un centro de purificación, un habitáculo sagrado donde encontrarnos con nosotros mismos.

En el mito se habla de dos águilas. El simbolismo del águila también merece una mención especial y nada desdeñable. Destaca su carácter olímpico, heroico, solar, la representación de la realeza y presagio de victoria. Es el símbolo de Zeus, el padre de todos los dioses. Por eso, Delfos representa un lugar sagrado, especial, un portal donde fluye un tremendo poder con unas energías muy vigorosas y activas en su entorno para desempeñar su función clarividente. Delfos es un lugar inspirador, con unas tremendas rocas, que te evoca una diadema, una joya incrustada en el relieve montañoso que rodea al santuario.

Imagen de “Viajar a Atenas”

En suma, nos encontramos en un enclave natural, único y favorecido por la naturaleza. Delfos fue desde la antigüedad más remota un lugar sagrado; estaba ya consagrado a ser un lugar de peregrinación, un cruce de caminos que iba tejiendo de manera gradual y paulatina su propio destino a través de los siglos.

Uno siempre intenta descubrir cuales son las voluntades de los dioses. El vuelo de un ave o las vísceras de un animal eran el modo de presagiar el futuro, pero en Delfos,  los dioses hablaban directamente a través de las sacerdotisas y es lo que le hacía ser un lugar único y especial. De hecho, su fama duró más de mil años. Para entender el mundo griego, Delfos es un destino obligado para los amantes de la religión y la cultura griega. Sinceramente, ahí es donde reside la propia respuesta a todos nuestros interrogantes. Delfos fue la piedra angular del mundo antiguo occidental y para entender todo el tejido social, político y religioso de la época antigua hay que empezar precisamente en Delfos.

Cuando uno pisa Delfos le impresiona el imponente y erizado monte Parnaso (2459 m.) y la cadena montañosa que hay alrededor. En el Parnaso vivía Apolo, las Musas y los genios de la naturaleza. Justo a los pies de la cumbre había una cueva, con estalacticas y estalagmitas, algo hermoso, único. En definitiva, Delfos ya desde la antigüedad recreaba un ambiente evocador que se prestaba a la religiosidad,  al culto.

Debajo de las montañas se extienden pequeñas llanuras que te recuerda a una alfombra verde que va cubriendo toda la tierra y, justo al fondo, se ve el Golfo de Itea que se abre al Golfo de Corintio. La zona de Delfos está situada a una altura aproximada de 700 metros y está marcada por las Rocas Fedríadas que reflejan los rayos del sol (conocidas como las Resplandecientes). Entre las Rocas corren las finas aguas cristalinas de la fuente Castalia. El nombre de la fuente se toma de la hija del dios-río Aqueloo (una ninfa del Parnaso) que, para huir de la persecución de Apolo, se arrojó a la fuente que desde entonces tomó ese nombre.

Por lo tanto, agua y piedra son los elementos indispensables para que el lugar tomara un valor diferente de otros santuarios, pues el agua era el elemento purificador de la Pitia, antes de tomar contacto con los consultantes y las piedras se tomaban como una adoración, un objeto sagrado, como es el ejemplo del Ónfalos, la piedra sagrada.

Para levantar el lugar sagrado, Apolo tuvo que matar a la Pitón, una enorme serpiente, hija de Gea, que quedó en la tierra después del gran diluvio de Pirra y Deucalión. La pitón custodiaba la fuente profética Casótide, lugar cercano al Templo de Apolo, y vivía dentro de una gruta a los pies del Parnaso.

Apolo, tras matar a la Pitón (de aquí deriva el epíteto Apolo Pítio), tuvo que ir hasta el valle del Tempe y de ahí trajo el laurel con el cual construyó su templo. Apolo recitaba los oráculos en el santuario de Gea por boca de la Sibila, que estaba sentada atada a la “boca” de una “abertura de la tierra” de la cual exhalaba el “espíritu”. La primera Sibila del oráculo de Delfos (bajo el mandato de Apolo) se llamaba Erófila. El mundo de las Sibilas es fascinante y a la vez enigmático. Se cuenta que en una época remota indeterminada había una mujer que se llamaba Sibila y que tenía el don de la profetización y de poseer unas dotes innatas en la clarividencia. Su fama fue tan popular que a partir de entonces las mujeres venideras que hacían premoniciones se les conocía como mujeres sibilas. (Ir al enlace: el don de la profecía)

Como dato curioso, los sacerdotes de Apolo exigían, como requisitos, la virginidad a las pitias de Delfos, pues las consideraban como novias de Apolo; pero, según reza el mito, una de ellas se escapó con un devoto y por eso se decidió que en adelante tuvieran por lo menos cincuenta años para ser admitidas.

También, y siguiendo otras fuentes, hay que nombrar que los primeros sacerdotes de Apolo procedían de Cnosos, en la isla de Creta y que fueron guiado por Apolo convertido en delfín. De ahí que también se le conozca como Apolo délfico.

El modo de adivinación que se ofrecía en Delfos era, como hemos mencionado en líneas anteriores, el mismo dios, Apolo, que hablaba directamente por la boca de la Pitia. En los comienzos, el oráculo daba consejos una vez al año (S. VIII a. C.), coincidiendo con la celebración del aniversario de Apolo, el séptimo día del mes de Bisio (Febrero-Marzo). Pero la fama del oráculo iba aumentando progresivamente y a partir del siglo VI a.C. en adelante el oráculo tuvo que ampliar las consultas al séptimo día de todos los meses, excepto los invernales.

En el invierno Apolo partía hacia el país de los Hiperbóreos y dejaba el santuario bajo la tutela de Dioniso. Así pues, el sereno dios de la luz prestaba, de manera temporal, el santuario al dios del vino y la fiesta, que tenía su templo junto al de Apolo.

Para mí, Delfos es como un pequeño Thesaurus donde se puede hallar la serenidad y la sabiduría del ser. No nos extrañe que en el templo se hallara la famosa frase: “Conócete a ti mismo”, ya que sólo quien puede entrar dentro de sí mismo puede comprender el mensaje.

Los Juegos Píticos

Para conmemorar la victoria de Apolo sobre la Pitón se fundaron los Juegos Píticos.

En su origen, los juegos tenían lugar cada ocho años. Eran certámenes musicales con himnos poéticos a Apolo con acompañamiento de la lira. El premio era una corona de laurel. Os recomiendo la lectura del mito de Apolo y Dafne para vigorizar aún más el símbolo del laurel, además de lo mencionado en párrafos anteriores sobre el laurel.

Los vencedores de los Juegos Píticos ganaban el privilegio de colocar sus estatuas en el recinto sagrado.

Como era habitual en los Juegos había una tregua entre todos los griegos, que duraba tres meses, para que pudieran desplazarse los peregrinos desde sus remotas tierras a Delfos y de nuevo volver a sus lugares de orígenes. Como es lógico, cada Polis enviaba representantes que se llamaban “theoroi”. Las fiestas tenían una duración de una semana, aproximadamente. Se representaba una reconstrucción escénica del mito de la muerte de la serpiente por Apolo y se realizaba una solemne procesión, en la que el séquito principal lo formaban los sacerdotes con todas sus vestimentas ceremoniales, los representantes de las ciudades, los participantes en los juegos, etc. Todos aportando algún obsequio para el dios. Delante del templo se celebraba el famoso sacrificio de los cien toros (hecatombe) que tenía lugar en el gran altar. La festividad estaba dedicada a los certámenes teatrales donde se competían recitando himnos a Apolo con flauta o con lira, que en algunos de los casos se podían representar una tragedia o una comedia. Lógicamente, en los Juegos Píticos tenían competiciones deportivas en el estadio, pero no con la misma categoría que los de Olimpia. Dentro de las competiciones deportivas destacaban el péntantlon que comprendía la carrera de velocidad, lucha, salto, disco y jabalina. Destacaban también y era digno de ver, los combates de lucha y boxeo y una prueba de pancracio, que era una modalidad que unía lucha y boxeo. Y, por último, se celebraban las famosas carreras de caballos. Las Píticas destacaban de entre los juegos panhelénicos por sus certámenes con himnos religiosos con lira y flauta. La música, con un sentido sacro y mucho más amplio del que le damos hoy día, era uno de las aficiones de Apolo.

Para ampliar más información:

Enlaces de interés:

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Crítica sobre “Troya: La caída de una ciudad”

La serie “Troya: La caída de una ciudad” ha sido una de las apuestas que Netflix ha ofrecido en su plataforma para sus clientes. El proyecto ha sido producido por la prestigiosa cadena inglesa BBC con 8 episodios que gira en torno a la figura de Paris, que descubre su verdadera identidad, a Helena de Esparta y a la caída de Troya.

La serie es una estafa, una sarta de mentiras con un producto de calidad pésimo y de mal gusto. Una serie que deja insatisfechos a los amantes de la cultura griega y en estado de shock a los lectores de Homero. No se la recomiendo a nadie. Para los más puristas, ni intenten de visionarla, pues vuestra sangre ardería en el Tártaro.

Para empezar, han buscado una épica y una presentación con un presupuesto bajísimo, comparado con “Juego de Tronos”, “Roma”, “Vikingos”, entre otras. Por lo tanto, se parte de un presupuesto de segunda línea. Después, no han sido fieles a los textos homéricos, pecando de inexactitudes y de falta de rigor en su presentación. Han envasado la Ilíada con la tendencia modernista de hoy día. Es una serie que está al mismo nivel que la basura cinematográfica de “Troya”, la película de Brad Pitt. En esa película, la figura de Aquiles está tergiversada y manipulada intencionadamente, fiel a los principios de inmundicia de la meca de Hollywood.

Destaquemos los gravísimos errores de la serie:

  • Zeus, Aquiles, Patroclo, Néstor y Eneas son de raza negra. Han “maquillado” a los dioses y héroes y lo han globalizado para que encajen en nuestra sociedad. Lógicamente no me refiero que moleste por temas raciales, sino por las imprecisiones culturales, raciales y mitológicas que suponen estas diversificaciones. Entiendo que hay que vender la serie, a nivel internacional, pero han tocado la “tecla” incorrecta.
  • La homosexualidad de Aquiles y Patroclo, un clásico que empezó en el cine y eso vende mucho, muchísimo. Pero esta vez, en los tiempos modernos que vivimos, han añadido un nuevo elemento, acorde a la tendencia actual: hacer un trío en una playa exótica con Briseida, la esclava de Aquiles. ¿Dónde está entonces la homosexualidad de ambos? Después de que un oráculo obligara a Agamenón a renunciar a Criseida, el rey ordenó a sus heraldos que tomasen a Briseida, esclava de Aquiles como compensación. Aquiles se ofendió por este embargo y, como resultado, se retiró de la batalla, a la que no regresaría hasta la muerte de Patroclo. En cuanto a la orientación sexual, en la obra homérica no existe ninguna mención homosexual entre Aquiles y Patroclo de manera directa, clara y concisa. Los dos héroes tienen una amistad profunda y extremadamente significativa, pero la evidencia de un elemento romántico o sexual es equívoca. La Ilíada describe a ambos héroes como «compañeros de guerra» no sexuales. En el canto IX de la Iliada se presenta a Aquiles y Patroclo durmiendo cada uno con una mujer, Aquiles con Diomeda y Patroclo con Ifis, mujer que, por cierto, el propio Aquiles entregó a Patroclo. ¿Dónde está la homosexualidad?
  • La falta del retrato de cada personaje. No te identificas con ellos, no están bien trabajado a nivel psicológico. Se salva Ulises y el padre de Héctor, Príamo. Es horrible la interpretación de Helena, sin palabras. En general, la interpretación es cutre y no empatizas con ningún personaje.
  • El guion es de segunda mano, una versión para los tiempos decadentes que estamos atravesando, un instrumento desafinado y mal compuesto.
  • Por falta de presupuesto la puesta de escena de los dioses es secundaria, sin actuar de manera directa con los héroes. La relación héroe-dioses es fría, distante y sin aliciente alguno. En la obra homérica la presencia de los dioses es opuesta a la de la serie.
  • Las batallas no son espectaculares, por la falta de presupuesto mencionada anteriormente.
  • La química es inexistente entre Paris y Helena, esa frialdad no se entiende, pero bueno, es normal no se han leído las fuentes originales para crear la serie.

La serie en sí es un castigo para los amantes de la cultura griega, sin tensión, con una dirección a nivel de aficionados, una coctelera llena de mentiras y manipulaciones. Se puede realizar una serie de bajo presupuesto, pero lo más fiel posible. Han sido ocho episodios insoportables, ocho episodios manipulando los textos homéricos.

Desmintiendo los mitos que salen en la serie:

  1. En la serie cuenta que fue Aquiles quien perpetra el asalto a la ciudad de Troya, disfrazado, para hablar con Helena y tejer un plan de conquista en caso de que ella no regrese a Esparta. En las fuentes originales, es Ulises el que se disfraza de mendigo para adentrarse en Troya.
  2. Eetión, padre de Andrómaca, muere a manos de Aquiles, pero los troyanos le hacen una ridícula exequias funeraria con el sacrificio de…¡un caballo! El rito funerario a nivel patriarcal estaba lleno de excesos, no escatimaban en gastos y en sacrificios. Pero, de todas formas, el mito es falso porque en realidad, Aquiles mata a Eetio y es el propio Aquiles quien lo entierra por temor religioso.
  3. Pándaro es un personaje de ficción que sale en la serie, como otros muchos. No voy a entrar en detalles de los múltiples personajes de ficción que no están en el mundo homérico. Otros personajes inventados por la serie: Telémono y Atio. Por lo tanto, todo lo que se relata de la historia de ambos, conectado al ciclo troyano, y relacionado con los episodios de la serie es mentira, lógicamente.
  4. Paris muere en el campo de batalla, pero en la serie muere en sus aposentos a mano de Menelao, bajo la indiferencia y fría mirada de su esposa Helena. El personaje de Paris lo presentan como débil, inseguro, temeroso y propenso al suicidio. Otro invento más de la BBC.
  5. Helena vuelve con Menelao. Abre las puertas de Troya y casi siempre juega a dos bandas en la serie, para darle más emoción e impulso a la trama. La interpretación de Helena es horrible y no es fiel al mito, pues Helena, al morir Paris en el campo de batalla, se casa de nuevo con un hermano de Paris (Deífobo) y lo mata delante de Menelao, por eso, Menelao la perdona.
  6. En cuanto al nacimiento de Alejandro fue Andrómaca, su madre, la que tuvo el sueño revelador de la maldición de su hijo y no Casandra.
  7. La puesta de escena de los dioses es ridícula, distante, sin conexión directa con los héroes de cada bando. En la serie, el mito de la famosa manzana de la discordia es ridículo, una parodia absurda y fuera de lugar. En general, la participación de los dioses nunca es relevante. ¿Qué puede pensar Homero de la serie? Vergüenza. ¿Qué pueden pensar los héroes de la serie? Pensarán que cuando pasen mil años por delante, ellos seguirán reinando las constelaciones y que nadie hablará de esta serie ni de nosotros.
  8. La serie enfoca con luz propia a las amazonas. Destacan con un papel en la serie. Es cierto que en la obra homérica la mencionan, pero no tienen un papel vital como en la serie. Es verdad que cuenta la leyenda que Aquiles tuvo un combate directo con Pentesilea, reina amazona. Pero de este combate, en la obra de Homero no hay rastro alguno. No es una invención de la serie, pues dicho combate se menciona en un poema perdido titulado “Etiópida”, narrando la breve participación de las amazonas en la guerra de Troya, casi un siglo después de la obra homérica. Sobre Etiópida: pinchar aquí.

Aquiles, junto a Zeus. Fuente: hipertextual.com

Vamos a tratar el tema racial con sumo interés, pues he visto en muchos foros que es el tema más conflictivo.

¿Por qué Zeus no puede ser negro? ¿Por qué los héroes de Homero no son negros?

Los rasgos fundamentales de la religiosidad griega fueron propios de todos los pueblos de lengua indoeuropea que nos proporcionaron un arquetipo de su espiritualidad. Si nos remontásemos a Zeus como figura indoeuropea, como el “Padre Celeste”, afortunadamente, podemos encontrar rasgos que nos permiten remontarnos más profundamente al mundo griego, zambullirnos en lo más profundo para alcanzar una originaria religiosidad con sello indoeuropeo. Concretamente, en Grecia, es posible identificar aquellos elementos y atributos espirituales necesarios para comprender la religiosidad indoeuropea en sus picos más elevados. Gracias al pueblo griego se refleja en aguas puras y cristalinas unos de nuestros legados más hermoso, donde podemos contemplar con orgullo y alegría el espíritu primigenio impregnado en sus expresiones más puras.

El estudio sobre la religión micénica (aprox. 1580-1150 a.C.) se basa casi por completo en las excavaciones e investigaciones arqueológicas. Bajo esos resultados, la comunidad científica llegó a la conclusión de que había afinidad entre la religión micénica y la cretense.

Si nos basamos en las tabillas halladas en Pilos, se leen los nombres de los dioses, bien conocidos por nosotros, de la religión posterior de los griegos: Zeus, Hera, Poseidón, Ares, entre otros. La conclusión fue que, a pesar de que el panteón de los dioses del Olimpo no comenzó a crearse en la época micénica, sí existió los primeros vestigios de una estirpe de dioses destacando la presencia de nombres divinos de origen indoeuropeo en el mundo micénico, poniendo de manifiesto que la religión micénica no provenía completamente de la minóica o cretense, aunque sí compartían algunos rasgos comunes. Por lo tanto, el sincretismo de elementos indoeuropeos y micénicos lo tenemos bien atestiguado en algún caso como es el del culto de la Madre Tierra, o el culto a Zeus, con un nombre de claro linaje indoeuropeo y no de procedencia africana.

Otros rasgos fundamentales de dicha semilla indoeuropea de la que Homero es un perfecto canalizador de tradiciones, son las relaciones entre hombres y dioses, pues éstas no eran relaciones incompatibles y dioses y hombres no estaban tan alejados. Como ya sabemos, los dioses son superiores e inmortales, y los hombres de estirpes selectas (Aquiles, Agamenón, Heracles, entre otros) pueden vanagloriarse por su linaje de una afinidad con los dioses. ¿Y por qué esa conexión hombre-dios tan estrecha en el mundo griego? Se basa, fundamentalmente, en que ambos están ligados a los mismos valores, a la verdad y a la virtud, tal como Platón expresa reiteradamente en sus Leyes (X, 889).  Por otra parte, tenemos que destacar que los griegos tuvieron siempre clara la finitud del hombre ante la infinitud de la divinidad, así como la relación de dependencia de los hombres con los seres divinos. Un ejemplo sería el oráculo “Conócete a ti mismo”, inscrito en Delfos, en el Templo de Apolo. O como bien destaca Píndaro en la quinta Oda Ístmica: “no intentes nunca llegar a ser Zeus”. En la serie hay un vacío entre el héroe y los dioses, fiel reflejo de la actual sociedad que ha dado la espalda a lo Sagrado, a lo meramente espiritual.

Del pueblo griego emanaba siempre la herencia de aquellos siglos de historia de cada uno de los pueblos que representaba la gran Hélade, en la que el alma indoeuropea se expresaba en toda su magnitud, queriendo con ello conservar unas tradiciones rica y pura. Un ejemplo ilustrativo sería la nobleza que se plasma en la Procesión de las Panateneas del friso del Partenón. Así, para aprehender la mentalidad originaria de la religión griega era muy necesario inmortalizar sobre el friso del Partenón las tradiciones más arraigadas de un pueblo con sello indoeuropeo, de aquellos verdaderos helenos, llegados desde Europa Central durante el Neolítico y la Edad del Bronce. En otras palabras, desde Homero, Hesíodo, pasando por Píndaro, sin olvidarnos de Esquilo y Sófocles tenían presentes la religiosidad de sus antepasados con el único fin de aprehender el sentido de la vida religiosa indoeuropea.

En los foros en los que se debate sobre el tema racial, he visto que han incluido a los etíopes como claro ejemplo de que hubo héroes de raza negra y que, de algún modo, de ahí se explica la hipótesis de la mezcolanza de raza negra con los aqueos, de esta manera se justifica que la serie no haya visto agravio alguno en destacar a Aquiles o a Patroclo como de raza negra. En primer lugar, la raza negra no componía los pueblos que representaban la gran Hélade, tal como he desarrollado en líneas anteriores, por lo tanto, los dioses no eran negros ni tampoco se mezclaban culturas y etnias de otros pueblos durante la época homérica. En segundo lugar, resulta difícil situar a Etiopía en un enclave geográfico debido a las contradicciones de los textos griegos antiguos, existiendo diversas interpretaciones de donde se hallaba realmente Etiopía según que texto se consulte. Para unos autores Etiopía estaba en Israel, para otros en el Alto Nilo. Así que no podemos divagar con este tipo de inexactitudes. Por otra parte, hay una mención de un rey de Etiopía, Memnón, que cuenta que se alió con los troyanos para la defensa de Troya y que murió a manos de Aquiles, pero dicha muerte se relata en la Etiópida, escrito después de la Ilíada. En la serie, lógicamente, Memnón no aparece, pues es más fácil hablar de  Aquiles, Patroclo, Ulises que de Memnón, personaje menos conocido.

Para cerrar el debate, destaco una célebre frase de Miguel de Cervantes: La historia, testigo de lo pasado, es cosa sagrada, porque ha de ser verdadera.

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Febe, Ceo y Hécate

Febe es, tal y como lo expresa su nombre, portadora de un gran brillo. Por medio del titán Ceo se convierte en madre de Asteria y Leto; sus sobrinos son Apolo y Ártemis. La luz que irradia esta titánide también irrumpe con fuerza de su descendencia. Es la predecesora del oráculo de Delfos, que primero correspondía a Gea y después a la titánide Temis. El oráculo de Delfos estuvo desde un principio custodiado por mujeres. De él se dice que «hasta donde llega la memoria, el oráculo estuvo reservado a mujeres». En un primer momento se anunciaban allí las sentencias de Gea y de sus sucesoras, después las de Apolo por medio de su sacerdotisa. El oráculo titánico es un oráculo de las madres; el apolíneo, de las vírgenes que son boca, receptáculo y crátera de Apolo. Apolo se encarga de administrar el oráculo por encargo de Zeus. La sentencia de Dodona reza así:

Gea nos trae los frutos, por ello

venerad a la tierra como madre.

Zeus fue, Zeus es, Zeus será.

¡Oh tú, todopoderoso Zeus!

Se han formulado conjeturas sobre los inicios del oráculo de Apolo. En un primer momento parece que fueron pastores, caros a Apolo, quienes dieron con el lugar, se entusiasmaron con el vapor que ascendía de él y, bajo la inspiración de Apolo, pronunciaron las respuestas del oráculo. Boio, una délfica, dice que fueron los hiperbóreos quienes prepararon el oráculo para el dios. Se atribuye a Femónoe, la primera sacerdotisa de Apolo en Delfos, la invención del hexámetro, y se dice que fue la primera en componer las sentencias de Apolo en estos versos. Al parecer, la muerte del dragón pítico es el acontecimiento que pone punto final al antiguo oráculo ctónico. En Febe se advierte claramente que el oráculo pasa a pertenecer a Apolo.

Febe y Asteria representadas en un relieve del Altar de Pérgamo.

Asteria, hija de Febe y de Ceo, es la madre de Hécate, a la que engendra con el titán Perses. El himno a Hécate inserto en la Teogonía muestra la veneración que se le tributaba y el poder de que disponía. En Hécate hay algo que todo lo une, de manera que con sus poderes y dones impera y entreteje a través de vastos espacios; en todos los lugares sale al encuentro del hombre y el hombre tiene acceso a ella desde múltiples ámbitos y en todos los caminos de la vida. De ahí que se la llame «la que actúa desde la distancia». La Teogonía dice de Hécate que ya en la época de los titanes ejercía un triple dominio: sobre la tierra, sobre el cielo y sobre el mar. No sólo es de origen titánico, sino que ella misma es una titánida. Su ascendencia se remonta a tiempos inmemoriales y permanece incólume a través de todas las convulsiones. De ella se dice que tiene una parte en todo y que todo lo disfruta. Zeus la venera por encima de cualquier otra, jamás la ofende y no la priva de los honores de los que ya disfrutaba en gran medida bajo Crono. Antes bien, la respeta mucho y multiplica sus dignidades.

¿Qué significa que Hécate participa de todos los seres y todos los poderes titánicos y qué calidad tiene esta participación? Con ella nos encontramos ante una dominadora de un poder peculiar. No se limita a una determinada función; su acción atraviesa y cruza cualquier otra acción y une aquello que es opuesto o que parece serlo. Su poder interviene espacialmente en todo, en la tierra firme, en el espacio celeste y marino. No obstante, no es reina sobre la tierra, ni es soberana del cielo y del mar. Como Gea, abarca los espacios luminosos del día y la oscuridad subterránea. Pero no impera sobre el día ni sobre la noche. No es fácil pensar como una forma a la plural Hécate, que actúa en las correspondencias y en los antagonismos, pues se diluye de un modo fantasmagórico y se sustrae a toda mirada. Este diluirse es propio de ella. Como su poder, también ella tiene algo de trimorfo, su lugar predilecto es el cruce de tres caminos.

Hécate, ilustración de Stéphane Mallarmé.

Lo titánico en Hécate se manifiesta de un modo diferente al de los grandes titanes, como misterio de la naturaleza en el oscuro retorno de las conexiones y uniones. Hécate ama los caminos, sobre todo cuando se entrecruzan y entrelazan. A esto se debe que se haga escuchar en las reuniones, las contiendas, los juicios, las competiciones donde se cruzan muchas voluntades y opiniones; que asegure la victoria, el botín y la gloria; que otorgue protección a los navegantes, puesto que conoce incluso los desconocidos caminos del mar y guía con seguridad. Bajo su dominio están los juramentos; el juramento de aquel que la invoca es vinculante en cualquier lugar, puesto que Hécate está en todas partes. En sus manos está el saber hacer, es capaz de todo y de incentivar a todos.

Debido a que su poder actúa de múltiples maneras en las bifurcaciones, conexiones y cruces, al final de cada mes y en las encrucijadas de los caminos se colocaba en su honor y en el de los dioses que alejan las desgracias una comida con la que se confortaban los pobres. Como tiene parte en todo, está en contacto con todos los titanes y dioses, preferentemente con Rea, con Ártemis, protectora de los jóvenes, y con Selene y Perséfone. Bajo su dominio se encuentra toda la naturaleza elemental, pero siempre en las uniones, conexiones y perspectivas que existen entre los diferentes ámbitos y círculos. En el Himno homérico encuentra y acompaña a Deméter; sigue los pasos de Perséfone, que conducen de la oscuridad hacia la luz y de la luz hacia la oscuridad. Es también soberana del mundo inferior y al mismo tiempo diosa de las expiaciones y purificaciones, pues a través de ella se abre el buen camino. Como diosa nocturna que conduce a lo más subterráneo está, al igual que Selene, bañada de un brillo plateado. Saca a las almas del Hades inaccesible, pues entra y sale de él volando libremente. También, vagabundea fantasmagóricamente en las encrucijadas con las almas de los difuntos, es de ahí donde se comprende bien que guarde relación con el mensajero Hermes, conocedor de los caminos.

Por otra parte, Hécate es la madre ancestral de los magos y las magas, la instructora de Medea y Circe. Por esta característica suya la invocan aquellos que se ocupan de la magia y los conjuros, y los que en las noches de luna recolectan las hierbas en las que han penetrado los poderes de Hécate. A Hécate le seducen la noche, las tumbas, la sangre de los asesinados; en su honor se sacrifican ovejas de color negro, perros jóvenes y miel. El perro es un animal inseparable de Hécate. No sólo se presenta acompañada por perros estigios cuando asciende del submundo, sino que los perros que vagan por los caminos nocturnos anuncian su cercanía con aullidos y alaridos. La relación del perro con Hécate da una idea de la naturaleza de este animal.

Para ampliar más información: Hécate

Bibliografía:

Friedrich Georg Jünger: Mitos griegos. Carlota Rubies (tr.). Barcelona: Herder, 2006.

Datos de interés:

Friedrich G. Jünger, pensador alemán hermano del conocido Ernst Jünger, dedicó la mayor parte de su obra al estudio de la antigüedad clásica y las implicaciones filosóficas de la era técnica. Este es el primero de sus libros traducidos al castellano.

Friedrich Jünger estima que el mito no es sólo algo que ocurrió en un pasado imaginario sino que es una protohistoria que cíclicamente se manifiesta en el tiempo histórico del hombre. Por ello realiza una descripción de los dioses griegos, no tanto movido por una curiosidad filológica, sino por el interés de descifrar la naturaleza profunda de nuestra época. Jünger lleva a cabo retratos filosóficamente densos de los principales dioses de la mitología griega buscando su reflejo en el momento actual. Por ejemplo, estima que detrás de los titanes hay una forma de entender el tiempo que es la propia de la era técnica: un tiempo cavernario, mecánico y repetitivo. Son excelentes, y de clara influencia nietzscheana, los artículos dedicados a Apolo y Dioniso.

Texto recomendable para los interesados en la mitología griega y la filosofía de la técnica inspirada en Heidegger o Ernst Jünger.

 

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El suicidio de Áyax

escultura-del-ayax-el-grande-heroe-de-la-mitologia-griega-373001-MLM20253308450_022015-OÁyax Telamón o Áyax el Grande es, para mí, uno de los héroes más vibrantes de la épica griega. Al ser un personaje admirado y a la vez odiado, nadie duda de su talento innato en el manejo de las armas y con un espíritu luchador e incansable, destaca entre las filas griegas, tras Aquiles, sin dejar a nadie indiferente. Para bien o para mal,  Áyax ha llegado a nuestros días. Sin duda fue la eficacia de Áyax en el combate lo que motivó que unos fabricantes de detergentes domésticos bautizaran con el nombre del héroe a uno de sus productos, el Áyax, destinado a luchar…contra la suciedad. También, un equipo de fútbol holandés laureado  a nivel internacional, el Áyax de Ámsterdam, presume de llevar en su escudo su imagen. Sin embargo, ahondando en la personalidad de Áyax, uno descubre que muchos autores terminan desprestigiando al héroe de Salamina y por esta razón, estoy de acuerdo con la obra trágica de Sófocles, Áyax,  donde el autor ofrece una salida al héroe cuyo resultado final es impecable. Dicha tragedia resulta muy interesante, porque, sin omitir los defectos del héroe y sus graves acciones, Sófocles consigue redimirlo.

Para aquellos que desconocen la historia de Áyax, al morir Aquiles, víctima de la flecha lanzada por Paris y guiada por Apolo, fue el propio Áyax el que, junto a Ulises, recogió su cuerpo y sus armas del campo de batalla. Como era costumbre, tras el funeral,  ambos héroes convocaron una asamblea de jefes para reclamar como recompensa la preciada armadura de Aquiles, la cual había sido forjada personalmente por el dios Hefesto. Las armas, finalmente, son adjudicadas a Ulises. Áyax se creía merecedor de tal premio y se sintió deshonrado por sus compañeros de armas. Áyax, con todo su odio y rencor de su alma, entró en una locura descontrolada. En su delirio, trama matar a sus propios compañeros de batalla y a Ulises. Sin embargo, gracias a la intervención divina de Atenea, la protectora de Ulises, Áyax confunde un rebaño de ovejas con sus compañeros y mata a todos los animales. Cuando Áyax despertó de su locura, vio que había deshonrado su espada de guerrero con sangre de animales y decidió quitarse la vida antes que vivir en la vergüenza y la indignidad de un guerrero de su linaje. Para ello utilizó la espada de Héctor, que éste le había entregado como una ofrenda de honor tras su primer duelo.

El suicidio en la antigua Grecia se consideraba una muerte maldita, pues no permite que el alma encuentre su remanso de paz, considerándose una muerte impura. Curiosamente, Áyax es el único guerrero de la guerra de Troya que se suicida. En la sociedad griega, los hombres mueren en el campo de batalla cumpliendo el ideal de civismo. La ciudad les concede un hermoso sepulcro y una elogiosa oración fúnebre con varios días de rituales. En la tragedia griega el suicidio se ve no como un “acto heroico” sino una “solución trágica” que la moral reprueba. Aristóteles afirma que “una especie de deshonor acompaña al suicida, que es mirado como culpable para con la sociedad” y define el morir por mano propia como un acto injusto que la ley no permite y un deshonor que acompaña al que se mata. La situación es delicada. Los jefes griegos discutieron qué hacer con el cadáver del héroe. El hermanastro de Áyax, Teucro, deseaba sepultarlo pero Agamenón y Menelao decidieron que no se debía enterrar, dejando su cuerpo expuesto para que lo buitres acabaran con él. No obstante, Ulises, sintiéndose en parte responsable de su muerte, actuó a favor del fallecido y convenció a sus compañeros para que permitiera los actos fúnebres. Y así fue enterrado, en vez de incinerarlo como era la costumbre. Ulises conmovido, depositó sobre su tumba las armas de Aquiles.

Sin embargo, la traición pesa sobre el héroe sin justificación alguna. La traición se consideraba uno de los peores delitos en Atenas, un delito que merecía las más severas sanciones. Más concretamente podemos decir que la ley para los traidores que encontramos recogida en Jenofonte (Helénicas 1.7.22) era la misma que existía para los ladrones de las propiedades sagradas y probablemente era así porque la comisión de estos dos delitos recibía el mismo castigo, a saber, la prohibición de ser enterrados en el Ática; o, en el caso de la traición, en el territorio al que se había traicionado y la confiscación de los bienes. En este caso, Áyax no había sido castigado por su traición de intentar matar a sus compañeros, ya que se suicidó antes de ser juzgado.

Áyax preparando su suicidio. Reproducción de un ánfora de figuras negras pintada por Exequias (530 – 525 a. C.).

¿Por qué se suicida Áyax? Es la cuestión que siempre me ha hecho reflexionar. No me vale con el último enfrentamiento entre Ulises y Áyax por la disputa de las armas de Aquiles.  Por eso, hay que amplificar el campo de visión más allá de aquel funesto episodio y realizar un análisis con más recorrido y de manera exhaustiva sobre la vida de Áyax.

Hay varios momentos en la vida de Áyax que se deberían tener en cuenta para entender de qué manera llega el héroe de Salamina al suicidio:

  1. Antes de la guerra de Troya, el padre de Áyax, Rey de Salamina, le recomienda que luche con sus armas, pero también con la ayuda de los dioses. Áyax le responde, con arrogancia, que tan sólo los cobardes ganan la victoria con el auxilio de los dioses.
  2. Atenea quiso alentar al héroe de algunos peligros, pero lo desechó con insolencia, diciéndole que no se mezclase en su conducta de la cual daría buena cuenta, y que reservase sus favores para sus compañeros de batalla.
  3. En otra ocasión, rehusó el ofrecimiento que la propia Atenea le hizo para proteger su carro.
  4. Ayáx borró de su escudo el búho, ave favorita de Atenea, temiendo que esta imagen fuese tomada como un acto de respeto hacia ella y, por consecuencia, como una prueba de desconfianza en su propio valor.

No cabe duda de que Áyax es un príncipe valiente e intrépido que prestó grandes servicios a los griegos; pero de un carácter temperamental y al mismo tiempo cruel. Es de destacar que se valió de su fuerza humana más que de la divina y que nunca fue herido en combate, pero el mundo moral de Áyax es desastroso. En una sociedad en la cual la religión, el respeto a los dioses y  los rituales eran una parte indisociable de la moral griega, Áyax decide rebasar las líneas rojas de la moral griega poniendo la unidad social a la que pertenece en peligro, como fue el caso de la disputa de las armas de Aquiles. La sociedad ateniense acogía en su seno, sin problemas, la incredulidad, quizá con la única condición de que no diera lugar a gestos de impiedad, pero los actos de Áyax van más allá de la incredulidad, por lo que el héroe está siempre bajo amenaza de los dioses, especialmente de Atenea.

Igualmente, no hay que olvidar que la base fundamental de la sociedad griega es que a los dioses se les tiene que respetar ya que son impredecibles y, a la vez, te hace ver que el ser humano vive en un mundo hecho de fuerzas extrañas, de fenómenos sobrenaturales que te afectan para bien y para mal. Cabe recordar que la Ilíada comienza con un alejamiento del hombre de los dioses y las consecuencias son nefastas:

¿Qué dios sembró entre ellos la discordia? El hijo de Zeus y Leto (Ilíada, 8-9)

En dicho pasaje, Agamenón había ofendido al sacerdote de Apolo y como  consecuencia de las oraciones del sacerdote, Apolo mandó una plaga contra el ejército de Agamenón.

Recordemos que Áyax desoye las palabras sabias de su padre, Rey de Salamina, sobre el culto y respeto que hay que ofrecer a los dioses. Pero más allá de no atender las palabras de su padre, la actitud del héroe con los dioses no era la más adecuada, en concreto con Atenea, con la que siempre tuvo un pulso beligerante. La condición moral de Áyax va desgastándose  hasta llegar a su último episodio cuando se disputan las armas de Aquiles y Áyax es el perdedor. Para mí, Áyax fue merecedor de llevar las armas de Aquiles, porque estaba más ligado a él que Ulises, además de ser un héroe que se entregó a la batalla sin miramientos. Pero las circunstancias que rodearon a la disputa de las armas favorecieron a Ulises.

Recordemos también que Áyax es el único guerrero de Troya que rechaza a los dioses y el único que acaba suicidándose. La pregunta es la siguiente: ¿los dioses te garantizan la protección y la gloria en el campo de batalla? Indudablemente no. De hecho, el Olimpo de los dioses se divide en la guerra de Troya, defendiendo a troyanos y griegos y, como en cualquier guerra, siempre hay muerte, dolor, enfermedad y sufrimiento en ambos lados. Pero es curioso que Áyax sea el único que se postula en contra de los dioses y el único que corta el hilo de su muerte con el suicidio.

Por otra parte, en la Ilíada, en mi opinión, los hombres no son considerados libres, sino personas incrustadas en un tejido social rígido e inflexible, que no se cuestionan en absoluto las normas sociales que les envuelven. Es decir, el único punto de referencia que tienen es la sociedad en la que viven. Aceptan y viven sus vidas por muy grande que sean sus sufrimientos. A la vez, el hombre homérico, sobre todo en la Ilíada, carece de interioridad. Sin embargo, son muy expresivos, no esconden nada, por lo que es totalmente conocido, no tienen secretos, hablan y actúan tal como son, diríamos que es un campo de fuerzas al descubierto con todas sus pasiones incontroladas, un volcán en plena erupción sin dejar nada en su interior. Áyax carece de dicha interioridad pero a su vez tampoco se preocupa de cultivar los valores morales de su época por lo que su laberinto interior le lleva al suicidio. No tiene otra vía de escape, porque de otra manera habría pedido redimirse a sus compañeros, o bien buscar la complacencia de los dioses para encontrar otra salida distinta al suicidio.  Sin embargo, en la Odisea, con Ulises como protagonista, aparecen una clase de individuos con un desarrollo personal más evolucionado y con una interioridad mucho más profunda. De este modo, Áyax representa la parte incompleta del ser, infringiendo los valores de su sociedad incesantemente y no aprendiendo de  las oportunidades que le va surgiendo en cada episodio de su vida; Ulises sería la parte completa del ser que termina por culminar su camino espiritual, personal y psicológico. En suma,  son dos héroes con un desarrollo interior distinto y con unos resultados antagónicos visibles y palpables. Pongamos un ejemplo que refuerce mis palabras, cuando Ulises desciende al Hades y se encuentra con Áyax, en el Canto XI de la Odisea:

tartaro

El Hades

Las demás almas de los difuntos estaban entristecidas y cada una preguntaba por sus cuitas. Sólo el alma de Áyax, el hijo de Telamón, se mantenía apartada a lo lejos, airada por causa de la victoria en la que lo vencí contendiendo en el juicio sobre las armas de Aquiles, junto a las naves. Lo estableció la venerable madre y fueron jueces los hijos de los troyanos y Palas Atenea. ¡Ojalá no hubiera vencido yo en tal certamen! Pues por causa de estas armas la tierra ocultó a un hombre como Áyax, el más excelente de los dánaos en hermosura y gestas después del irreprochable hijo de Peleo.

Ulises se acerca a Áyax:

Áyax, hijo del irreprochable Telamón. ¿Ni siquiera muerto vas a olvidar tu cólera contra mí por causa de las armas nefastas? Los dioses proporcionaron a los argivos aquella ceguera, pues pereciste siendo tamaño baluarte para los aqueos. Los aqueos nos dolemos por tu muerte igual que por la vida del hijo de Peleo. Y ningún otro es responsable, sino Zeus, que odiaba al ejército de los belicosos dánaos y a ti te impuso la muerte. Ven aquí, soberano, para escuchar nuestra palabra y nuestras explicaciones. Y domina tu ira y tu generoso ánimo. Así dije, pero no me respondió.

 Como hemos observado, Áyax y Ulises son dos polos opuestos en carácter, temperamento y actitud no sólo durante la vida sino que, después de su muerte, Áyax continúa con su egoísmo, su soberbia y falta de perdón. A su vez, está tocado por la hybris, un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que alude a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, especialmente cuando se ostenta poder. La ausencia de la hybris  determina una moral de la mesura, la moderación y la sobriedad, obedeciendo al proverbio pan metron, que significa literalmente ‘la medida en todas las cosas’, o mejor aún ‘nunca demasiado’ o ‘siempre bastante’. En una sociedad tan jerarquizada como la griega, Áyax no se da cuenta conscientemente de su lugar en el universo y de los múltiples elementos que dominan su entorno social, muy ligado a los dioses y a las fuerzas de la naturaleza, de ahí su voluntad propia de suicidarse.

Por otra parte, justo antes del suicidio y continuando con el argumento de la obra de Sófocles, Áyax invoca a varios dioses: a Zeus para que llame a su hermano Teucro e impida que su cadáver sea profanado; a Hermes, para que lo conduzca a las mansiones infernales; a las Erinias (la Venganza), para que atormenten a los griegos; al Sol, para que lleve sus noticias a Salamina (patria de Áyax); a la Muerte, para que venga a recibirle. Y enviando un último adiós a Salamina, a Atenas, a las fuentes, ríos y llanuras de Troya, se da la muerte echándose sobre su espada.

La obra de Sófocles termina con un  Áyax como un buen soldado y, sobre todo, como un soldado siempre al servicio de su ejército, arriesgando su vida en todo momento ante las necesidades de éste. Nunca temió arriesgar su vida en la defensa de los suyos. Y es esto finalmente lo que Sófocles enfatiza y lo que permite que Áyax pueda seguir siendo considerado un gran héroe en la Atenas del s. V a. C.

Como dato curioso y según la mitología, tras la muerte del héroe brotó una flor de jacinto en el punto donde cayó su sangre cuyos pétalos llevaban marcadas las dos primeras letras del nombre de Áyax (AY) como si fueran un lamento. En su nombre se celebraban en Salamina las fiestas Aiantes.

Obras de Referencias:

  1. Los mitos griegos (Ariel)
  2. Diccionario de mitología griega y romana (Lexicon)
  3. Diccionario abreviado de literatura clásica (El Libro De Bolsillo – Granbolsillo)
  4. La iliada, naturaleza y cultura (B. NUEVA CULTURA)
  5. El Mundo Trágico De Sófocles (B. ESTUDIOS CLÁSICOS)
  6. Áyax. Las Traquinias. Antígona. Edipo Rey (El Libro De Bolsillo – Clásicos De Grecia Y Roma)
  7. Ilíada – Odisea

 

Enlaces sobre la misma temática:

 

 

 

 

 

 

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Sibila: el don de la profecía

Sibila délfica, fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

La Sibila es una mujer inspirada por lo dioses que, según los antiguos, tenía el poder de predecir el futuro. Originariamente, Sibila era el nombre de una muchacha legendaria dotada del don de la profecía, pero pasó luego a designar a todas las profetisas. Este sistema de adivinación estaba extendido por toda Grecia y luego se desarrolló en Italia. Aunque se  desconozca el significado original de la palabra sibila, se cree que fue el nombre de una vidente de Marpeso, cerca de Troya, que expresaba sus oráculos en forma de acertijos, escribiéndolos en hojas de plantas. Lo cierto es que la tradición de las sibilas fue trasmitida a los griegos, y de ellos a los romanos, localizándose en lugares concretos. De esta manera, sibila se convirtió en un término genérico, aplicado a muy distintas profetisas, especialmente inspiradas por Apolo y encargadas de dar a conocer sus oráculos.  Por ejemplo, en el oráculo de Delfos, en Grecia, la profetisa, llamada pitia o pitonisa, era sacerdotisa de Apolo. Masticaba hojas de laurel (el árbol de Apolo) para sumirse en trance profético o inhalaba vapores volcánicos tóxicos  para tales fines proféticos.

Las más conocidas eran la sibila de Eritras, en Lidia (Asia Menor), y sibila de Cumas, en Campania (Italia), a las que la leyenda confunde a menudo. La sibila de Cumas, según la leyenda, fue una mujer llamada Amalthaea que se escondía en una cueva en los Campos Flegrei (Nápoles). Ella había sido joven y hermosa, lo suficiente como para atraer la atención del dios Apolo, quien le ofreció un deseo a cambio de su virginidad. Tomando de su mano un montón de polvo, Amalthaea pidió un año de vida por cada grano, pero por desgracia olvidó pedirle también la eterna juventud. A medida que iba envejeciendo, fue encogiéndose y resecándose hasta parecer una cigarra, entonces la metieron en una pequeña jaula que colgaron en el templo de Apolo en Cumas. Virgilio la representa escribiendo el futuro en las hojas de roble que había en la entrada de su cueva, esta cueva ocultaba una entrada al inframundo.

En suma, las sibilas estaban vistas como el símbolo de la sabiduría antigua. Según cuenta una tradición cristiana, habían predicho el advenimiento del cristianismo. Asimismo, hay que mencionar los Libros sibilinos: una recopilación de oráculos, escritos en griego, que los latinos llamaron libris fatales o fata sibilina. Según refiere la tradición, una anciana (se dice que fue la sibila de Cumas) propuso al rey romano Tarquino “el Soberbio” venderle los nueve volúmenes de estos libros. Tarquino no aceptó, pues la cantidad que pedía la anciana le pareció demasiado elevada. Ella entonces quemó tres volúmenes y le pidió la misma suma por los restantes. El rey volvió a negarse y la mujer quemó otros tres. Sorprendido por tanta obstinación, el rey terminó comprándole los tres últimos. Estos libros se conservaban en el Capitolio al cuidado de una secta de sacerdotes encargados, por orden del Senado, de consultarlos en caso de prodigios o calamidades públicas. En el siglo I fueron quemados, aunque más tarde se restauraron y pasaron al templo de Apolo, en el Palatino.

Por otra parte, también tenemos que destacar a los Oráculos sibilinos: recopilación del siglo VI d.C. compuesta por diatribas y profecías griegas de inspiración judeocristiana.

En el área literaria, Virgilio describe el antro de la sibila de Cumas y la convierte en la guía de Eneas en su descenso al Hades (Eneida, III y VI). El culto de Apolo era nigromántico, dedicado a los difuntos y al otro mundo. En el sexto libro de la Eneida, de Virgilio, la sibila de Cumas aparece como guía al más allá. Eneas, el héroe troyano, acude en consulta a su santuario, “una caverna enorme y oscura” situada bajo el templo de Apolo. Ella le entrega la Rama Dorada, credencial mágica para el más allá, y luego les guía, a él y a sus hombres, a las puertas del mismo, en el lago Averno.

También se menciona en la Metamorfosis de Ovidio (XIV):

Cuando éstas hubo preterido y a la diestra de Parténope las murallas abandonó, por la izquierda parte del canoro Eólida en el túmulo y, lugares preñados de palustres ovas, en los litorales de Cumas y en las cuevas de la vivaz Sibila entra y que a los manes paternos él acuda a través de los Avernos, le ruega. Mas ella su rostro, largo tiempo en la tierra demorado, erigió, y, al fin, delirante del dios por ella recibido: “Grandes cosas pretendes”, dijo, “varón por tus hechos el más grande, cuya diestra a través del hierro, su piedad a través de los fuegos se han contemplado. Deja aun así, Troyano, el miedo: dueño serás de tus pretensiones y las Elisias moradas y los reinos postreros del mundo conmigo de guía conocerás y las efigies amadas de tu padre. Inviable para la virtud ninguna vía hay”, dijo y fulgente de oro una rama en el bosque de la Averna Juno le mostró y le ordenó desgajarla de su tronco.

También, Petronio, en el Satiricón  presenta a la sibila convertida en juguete de unos niños que le preguntan: “Sibila, sibila ¿qué quieres?”. Ella responde: “Quiero morir…”

 

Sibila  pintada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Sibila pintada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

En el área iconográfica, destaca, entre otras obras, la sibila de Cumas que fue pintada por Miguel Ángel que la retrató en la capilla Sixtina en el Vaticano.

Es preciso señalar la frecuente presencia de sibilas en el arte cristiano que se explica, como ya hemos indicado, por la tradición según la cual la venida de Cristo habría sido anunciada por oráculos sibilinos. Como mención especial destacaremos a Rodrigo Alemán (S.XVI): en la Sillería del coro de la catedral de Zamora, aparecen, junto a la figura del Antiguo y el Nuevo Testamento, otras de las sibilas, y en particular de la de Delfos.

 

 

Obras de referencias recomendadas:
Las Sibilas: Oráculos Divinos Entre Los Gentile Documentos Científicos e Históricos Recogidos y Dados a Luz…
La Eneida…
Las Metamorfosis
Satiricón

 

 

 

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