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El alma de los muertos en Homero

Sócrates“La pequeña Grecia” es una comunidad virtual de amigos de Grecia en Venezuela que tienen en común una pasión: la cultura griega en toda su vertiente cultural. Es tal amor hacia la cultura helena que mejor os recomiendo visiten su web: “La pequeña Grecia”
Desde su portal han organizado un concurso literario y el artículo  “El alma de los muertos en Homero” del blog Animasmundi ha sido galardonado con el segundo premio y la dotación de una gran biblioteca digital de clásicos grecolatinos.
Agradezco muchísimo el premio pero sobre todo, lo más importante, que la difusión de la cultura griega sea la protagonista principal de este certamen. Aprovechando dicho concurso, voy a recuperar el artículo premiado: “La concepción del alma de los muertos en Homero”, sin antes recordaros que dicho post se ha ampliado en otros artículos desde varias perspectivas muy interesantes para el lector con las siguientes entradas:
  1. Psyché, el alma del difunto
  2. El eidolon
  3. La concepción del alma en la antigua Grecia
Artículo ganador 2º Premio: “La concepción del alma de los muertos en Homero”
La creencia más extendida era que al morir las almas de los seres humanos, como si de un humo o sombras se tratasen, se desvanecían y se dirigían al Hades. Así se le conocía por la psiqué del individuo. Precisamente, Homero, en el canto XI de la Odisea, ofreció, aprovechando la visita de Ulises al mundo de ultratumba, una imagen muy exacta, que, con el paso del tiempo, condicionará posteriormente la que realizará Virgilio en el libro VI de la Eneida, que, a su vez, adaptada a las doctrinas cristianas, será recreada por Dante en la Divina Comedia. Básicamente, Homero detalla un lugar lúgubre y aciago en el que las almas, desprovistas de toda consistencia física, estaban confinadas y del que, si les fuera permitido, se evadirían.  El pasaje homérico relata la forma en la que las almas acudieron fugaces hacia Ulises con la esperanza de beber la sangre vigorosa y vital de Ulises que traía consigo tras realizar un cruento sacrificio de animales, por indicación de la maga Circe, tras hacer las correspondientes invocaciones y libaciones hacia los muertos.
Ulises se encuentra delante del alma del gran héroe Aquiles que le infunde ánimos diciéndole:
–          Ningún hombre es más feliz que tú, Aquiles, ni de los de antes ni de los de después. Pues antes, en vida, te honrábamos como a los dioses, y ahora, de nuevo, gobiernas poderosamente sobre los muertos.
Aquiles reponde contundemente la amarga desesperanza de las almas de los muertos:
–          No me consueles de la muerte, ilustre Ulises. Preferiría estar en la tierra y servir a un hombre pobre, sin muchos medios de vida, que ser el señor de todos los consumidos.
En definitiva, las almas (Psiqué) carecen de solidez y firmeza al estar desprovistas de la vida, y sienten su reclusión en el Hades como una especia de condena perpetua.
Todo este imaginario escatológico recreado por Homero fue el más aceptado por la mentalidad griega, poco o nada preparada para entender, como sostenía Pitágoras, que el alma, lejos de perder su consistencia, tenía la posibilidad de renacer y volver a vivir una vida integrada en otro cuerpo.
De todos los elementos del alma sólo la psiqué continúa presente en la vida ultraterrena y representa al individuo. Cuando la psiqué muere ya no regresa más a la vida. Tras la muerte, sin embargo, el muerto se presenta no sólo como psiqué sino como un eidôlon. Las descripciones del eidôlon sugieren que los griegos creían que el alma del muerto tenía la apariencia del ser vivo, y describían las acciones físicas de las almas de los muertos de dos formas contradictorias: pensaban simultáneamente que las almas del muerto se movían y hablaban como un ser vivo y que el alma de los muertos no podía hablar o moverse y en su lugar chillaba y revoleteaba de un lado a otro.
Dos pasajes sobre el significado de eidôlon dará vigor al término citado: por un lado, después de que Apolo alejara a Eneas del templo para que fuera curado de sus heridas tras su lucha con Diomedes, “fabricó un eidôlon a imagen y semejanza de Eneas” (Ilíada V); por otro lado, Atenea envía a Penélope un eidôlon hecho a imagen y semejanza de Iftima. De estos ejemplos se desprende que un eidôlon en un ser con idéntico aspecto al de una persona y confirma el hecho de que para los antiguos griegos los muertos tenían el mismo aspecto que los vivos.
La psiqué también abandona el cuerpo durante un desvanecimiento y otras clases de inconsciencia y regresar al cuerpo. La psiqué no puede permanecer en un cuerpo muerto, y persigue una vida de ultraterrena.
¿Qué función tiene la psiqué cuando una persona está viva? En ese estado, la psiqué se encuentra presente sólo de forma pasiva.
Se ha dicho que en Homero la psiqué se encontraba situada en la cabeza, incluso los términos psiqué y “cabeza” son a veces intercambiables. Mentor describe a los pretendientes  de Penélope de “arriesgando sus cabezas”. En el prólogo de la Ilíada, el poeta habla de la cólera de Aquiles al enviar a muchos psiqué al Hades. La expresión es utilizada de nuevo más tarde, aunque entonces el poeta usa “cabezas” en vez de “almas”. No obstante, resulta obvio que el hecho de que cabeza y psiqué se utilicen a veces de forma intercambiable no lleve a la conclusión de que la psiqué estuviera localizada en la cabeza. Se cree que ambas representaran la misma cosa, es decir, la totalidad de la persona.
Las almas de los muertos se muestran que son incapaces de hablar con normalidad. Hay diversidad de pasajes donde se refleja muy bien esta naturaleza del alma: las almas de los pretendientes emiten los mismos sonidos mientras son guiados por Hermes hacia los infiernos, y por esa razón fueron comparados con murciélagos. Sófocles les atribuye un sonido diferente cuando escribe: “aquí llegan los zumbidos del enjambre de los muertos”. Este sonido miserable que emiten las almas de los muertos es sin duda producto de su imposibilidad de hablar. Hesiodo llama a la muerte “la que hurta la voz”
En definitiva, Psiqué y eidôlon están conectadas al inframundo de Homero. Tras la muerte de Patroclo, se aparece a Aquiles tal y como era cuando vivía; y durante todo el tiempo en que está en contacto con él, habla a Aquiles como lo haría una persona normal. Sólo cuando termina el diálogo desaparece chillando.
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La muerte de Sarpedón

LAS EXEQUIAS DE SARPEDON

Profundo dolor tiene Zeus. Ha dado muerte

Patroclo a Sarpedón; y ahora se abalanzan

el hijo de Menecio y los aqueos a arrebatar

el cuerpo y ultrajarlo.

Pero esto no agrada en absoluto a Zeus.

A su hijo amado -al que dejó

morir: tal era la ley al

menos muerto lo honrará.

Y he aquí que envía a Apolo a la llanura

instruido de cómo cuidar el cuerpo.

Con unción y dolor el cadáver del héroe

levanta Apolo y lo lleva hasta el río.

Lo limpia del polvo y de la sangre;

cura las horribles heridas, sin dejar

que aparezca vestigio alguno; vierte sobre él

los aromas de la ambrosía; y con espléndidos ropajes

olímpicos lo viste.

Blanquea su cutis; y con una peineta de perlas

sus cabellos negrísimos peina.

Los hermosos miembros los arregla y recuesta.

Ahora parece un joven rey auriga –

en sus veinticinco años, en sus veintiséis que

reposa después haber ganado,

con un carro de oro y velocísimos caballos,

en un certamen famoso el galardón.

En cuanto Apolo hubo terminado

su misión, llamó a los dos hermanos

al Sueño y a la Muerte, ordenándoles

que el cuerpo llevaran a Licia, ese rico país.

Y hacia allá al rico país, a Licia,

viajaron estos dos hermanos

Sueño y Muerte, y cuando ya llegaron

a la puerta de la casa real,

entregaron el glorificado cuerpo,

y volvieron a sus otras preocupaciones y quehaceres.

Y cuando lo recibieron allí; en la casa, comenzó

con procesiones, y honras, y lamentos,

y con abundantes libaciones en sagradas crateras,

y con todo lo necesario, la triste sepultación;

y después hábiles artesanos de la ciudad

y afamados artífices de la piedra

vinieron a labrar el túmulo y la estela.

*********************************************************

Este poema pertenece al poeta griego Constantino Petrou Cavafis,  una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.

El poema, de carácter épico-narrativo,  se centra en el Canto XVI de la Ilíada, cuando llega la hora de la muerte de Sarpedón, hijo de Zeus, a manos de Patroclo. A pesar de que la muerte de Sarpedón es discutida entre los dioses, finalmente se dictamina lo que está escrito en el destino de Sarpedón:

[Hablando de Sarpedón] deja que muera a manos de Patroclo en reñido combate; y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte y al dulce Hipno que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos.

Hypnos_Thanatos

Hypnos y Thanatos toman al difunto Sarpedón (Londres, British Museum)

Una vez muerto un guerrero, era muy común apoderarse del cadáver, ultrajarle y quitarle la armadura como recompensa por la heroica victoria. Tras un duro combate bajo la mirada de Zeus y tras ser arrebatada la armadura de Sarpedón como premio, Zeus finalmente manda a Apolo a recoger el cuerpo de su hijo para prepararle en el ritual funerario. En la Grecia antigua, un funeral era mucho más complejo que un enterramiento o una cremación del cuerpo. Se llevaban a cabo unos ritos que tenían la propiedad de ayudar al alma muerta en su tránsito del mundo de los vivos al mundo de los muertos. Del perfecto cumplimiento del ritual dependería la salvación del individuo, es decir, el alma no vagaría en una eterna angustia. Por lo tanto, el rito funerario era un eslabón tan importante como el nacimiento y el matrimonio porque los griegos consideraban la muerte un nuevo status.

Zeus accede a darle este último trato de favor al héroe Sarpedón, ya que no puede salvarle del destino de la muerte:

¡Ea, querido Febo Apolo! Ve y después de sacar a Sarpedón de entre los dardos, límpiale la negra sangre; condúcele a un sitio lejano y lávale en la corriente de un río, úngele con ambrosía, ponle vestiduras divinas y entrégalo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Hipno y la Muerte. Y éstos transportándolo con presteza, lo dejarán en el rico pueblo de la vasta Licia. Allí sus hermanos y amigos le harán exequias y le erigirán un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos (..)Apolo no desobedeció a su padre. Descendió de los montes ideos a la terrible batalla y en seguida, levantó al divino Sarpedón de entre los dardos, y conduciéndole a un sitio lejano, lo lavó en la corriente de un río, ungiólo con ambrosía, púsole vestiduras divinas y entrególo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Hipno y la Muerte. Y éstos, transportándolo con presteza, lo dejaron en el rico pueblo de la vasta Licia.

Además del rito funerario, vamos a destacar dos personificaciones de notable presencia en el pensamiento griego arcaico: Hipno (Sueño) y Tánato (Muerte)

Las fuentes literarias más arcaicas que nos han llegado de Hipno corresponden a la Ilíada donde inicialmente aparece el personaje como hermano de Tánato, ambos encargados de trasladar a Sarpedón  a un lugar donde se le puedan realizar las honras fúnebres para continuar con su viaje al más allá.

Hipno se nos presenta así como el dios del sueño y conduce,  junto a su hermano Tánato, a los difuntos hasta su lugar final de reposo, facilitando el cumplimiento de la premisa de las honras fúnebres heroicas en la patria del difunto, donde los honores serán mayores y ofrecidos no por los extranjeros sino por los miembros del grupo familiar.

Este hecho resalta la complejidad de Hipno como personaje mitológico  incluido en el limbo de los sueños y en el de la muerte, donde ambas presencias (sueño y muerte) estuvieron conectadas en el pensamiento griego antiguo. Durante todo el s. V a.C., se desarrolló un culto funerario destacable en torno a la figura de Hipno y su hermano gemelo Tánato en los que ambas personificaciones son presentadas como intermediarias entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Para concluir, cabe destacar el tema del destino como fuerza sobrenatural que guía la vida humana, que se erige como una ley que está por encima del hombre y de los dioses y no quebrantable bajo ningún concepto. Así, el autor del poema humaniza al mismísimo Zeus que  no puede evitar la trágica muerte de su propio hijo: Profundo dolor tiene Zeus.

Otros poemas de Cavafis en Animasmundi:

Ítaca

El simbolismo de Troya

Enlaces relacionados con la misma temática: Hipno y Tánato; Hermes; los sueños en Homero

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¿Qué es el eidôlon?

EDIOLON_animasmundiLa creencia más extendida entre los antiguos griegos era que al morir las almas de los seres humanos, como si de un humo o sombra se tratase, se desvanecían y se dirigían al Hades. Así se la conocía como la psiqué del individuo. En general, las almas (Psiqué) carecen de solidez y firmeza al estar desprovista de la vida. Sin embargo, también podemos encontrar que tras la muerte, el muerto se presenta no sólo como psiqué sino como eidôlon. Las descripciones del eidôlon sugieren que los griegos creían que el alma del muerto tenía también la apariencia del ser vivo y describían las acciones físicas de las almas de los muertos de dos formas contradictorias: por un lado, pensaban que las almas de los muertos se movían y hablaban como un ser vivo; y, por otro lado, que las almas de los muertos no podían hablar o moverse y en su lugar chillaban y revoleteaban de un lado a otro.  Por lo tanto, podemos expresar que la representación material del alma es el eidôlon, el doble de la persona.

Destacaremos varios ejemplos evidentes de eidôlon:

Patroclo se presenta a Aquiles en sueños, tras morir y no estar sepultado, y se quejaba de que las eidôla de los que habían muerto le impedían franquear las puertas del Hades (Ilíada, XXIII). Cuando Patroclo se dispone a partir, Aquiles intenta abrazarle sin éxito, pues la psiqué de Patroclo se desvanece entre chillidos. Aquiles se da cuenta de que se trataba de una psiqué y un eidôlon (Ilíada, XXIII). En este ejemplo, además, añadiría un punto importantísimo: no siempre el eidôlon se originaba tras el ingreso del difunto al Hades.

Ulises, durante su visita al Hades, también habla con el eidôlon de su amigo Elpenor (Odisea, XI). En este ejemplo, me llama la atención que Elpenor, al igual que Patroclo, está insepulto pero Elpenor ha descendido a la vida ultraterrena y representa al individuo, se le ve como un eidôlon y no como una vaga sombra, y a Patroclo, sin embargo, le niegan la entrada al Hades.

No hay que olvidar que Ulises le da de beber la sangre sacrificada de las ovejas a las almas presentes en el Hades, tal como indicó la maga Circe, como brebaje para que  recuperen vigor, consistencia, voz o memoria, entre otras cualidades. Así se aprecia en el pasaje del descenso de Ulises al Hades (Odisea, XI) cuando habla con su madre (no se espera a su madre en el Hades) y ésta reconoce a su hijo tras beber la sangre negra y le responde las intenciones de su esposa Penélope y de su hijo Telémaco así como las razones de su muerte:

Ella permanece todavía en tu palacio con ánimo afligido, pues las noches se le consumen entre dolores y los días entre lágrimas. Nadie tiene todavía tu hermosa autoridad, sino que Telémaco cultiva tranquilamente tus campos y asiste a banquetes equitativos de los que está bien que se ocupe un administrador de justicia, pues todos le invitan.

Tu padre permanece en el campo, y nunca va a la ciudad, y no tiene sábanas en la cama ni cobertores ni colchas espléndidas, sino que en invierno duerme como los siervos en el suelo, cerca del hogar, y visten su cuerpo ropas de mala calidad, mas cuando llega el verano y el otoño … tiene por todas partes humildes lechos formados por hojas caídas, en la parte alta de su huerto fecundo en vides. Ahí yace doliéndose, y crece en su interior una gran aflicción añorando tu regreso, pues ya ha llegado a la molesta vejez.

En cuanto a mí, así he muerto y cumplido mi destino: no me mató Artemis, la certera cazadora, en mi palacio, acercándose con sus suaves dardos, ni me invadió enfermedad alguna de las que suelen consumir el ánimo con la odiosa podredumbre de los miembros, sino que mi nostalgia y mi preocupación por ti, brillante Odiseo, y tu bondad me privaron de mi dulce vida (..) ésta es la condición de los mortales cuando uno muere: los nervios ya no sujetan la carne ni los huesos, que la fuerza poderosa del fuego ardiente los consume tan pronto como el ánimo ha abandonado los blancos huesos, y el alma anda revoloteando como un sueño.

Por otra parte, me atrevería a enfatizar que el significado de eidôlon no siempre va asociado con el alma del difunto. Hay varios ejemplos, pero uno de ellos es cuando  Apolo aleja a Eneas del templo para que fuera curado de sus heridas tras su lucha con Diomedes: y fabricó un eidôlon a imagen y semejanza de Eneas (Ilíada, V).

De este ejemplo se observa que un eidôlon es un ser con idéntico aspecto al de una persona, pero que no siempre está relacionado con el alma de un difunto y se menciona, además, una mano divina para moldear el doble de esa persona.

Para finalizar, hay que recalcar otro ejemplo, el de Heracles, cuyo eidôlon fue visto por Ulises en los infiernos y, al mismo tiempo, vivía entre los dioses inmortales (Odisea, XI). Otra observación que destacar,  puesto que sería un caso inédito que dos almas se encontrasen en dos reinos de los muertos. Desconozco las razones de este insólito argumento y no voy a sacar conclusiones personales porque lo más probable es que acabara en un debate inconcluso.

Obra de referencia recomendada:

La Eneida
Iliada y odisea (estuche) (Historia (la Esfera))

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