Archivo de la etiqueta: Gea

Mnemósine

Mnemósine (Μνημοσύνη) era una Titánide, hija de Urano y de Gea. Con Zeus, engendra a las nueve Musas. Se trata de la “Memoria” (Hesiod. Theog. 134-135; Apollod. Bibl. 1, 1, 1; 3, 1). Sin embargo, otra genealogía que habría sido originada por un poema cosmológico de Alcman (siglo VII a.C.), afirmaba que estas nueve musas habían nacido en el principio de los tiempos como hijas de Urano y Gea. Por eso se afirma que pertenecen al grupo de los Titanes, ya que representan fuerzas del mundo antiguas y fundamentales del origen del cosmos.

Mnemósine visto por Dante Gabriel Rossetti (1875)

Según Hesíodo en la Teogonía:

(..) Gea acostada con Urano, alumbró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febo de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Crono, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre. 

Mnemósine es la memoria y el recuerdo y, por lo tanto, tiene la capacidad de recordar lo ya existente y provocar que regrese el pasado en imágenes procedentes del devenir titánico. No desea el futuro, pues ella misma se inclina sobre sí misma y repite en el pensamiento algo que siempre ha pasado y que a su vez retorna como si se tratase de un círculo interno, una especie de bucle. La memoria tiene como base la experiencia y la experiencia es repetición (acontecimientos) y automatismos.

Como bien atestiguan las fuentes, los poetas de la antigua Grecia estaban adiestrados en la memorización y en la composición oral, quienes desde los comienzos de la épica habían formado y transmitido el saber mitológico. Gracias a Mnemósine la tradición mítica fue un repertorio de transmisión oral que iba heredándose (de manera repetitiva y con ricas imágenes) de padres a hijos.

Homero y Hesíodo son epígonos de una vieja tradición de bardos que componían magistralmente sobre papel y que solicitaban el favor de la Musa o las Musas , la conexión con ese saber memorizado que estas divinidades (las hijas de la Memoria, Mnemósine) transmitían al poeta.

Ambos poetas fueron los responsables de transmitir una antiquísima tradición oral que empezaría a deslumbrar durante el siglo VIII a.C., a poco de introducirse el alfabeto en Grecia. Tanto Homero como Hesíodo son los guardianes de un saber tradicional que no es invención de ellos, sino que repetían temas y evocaban figuras divinas y heroicas de todos conocidas por el pueblo heleno, al tiempo que reiteraban fórmulas épicas y se acogían, como principal valedoras, al patrocinio de las Musas, para que ellas garantizaran la veracidad de sus palabras. Recordemos cómo Homero comienza invocando a la Musa y cómo Hesíodo nos cuenta que fueron las Musas quienes se le aparecieron en el monte Helicón (de la región de Tespias, en Beocia) para confiarle la misión de transmitir el verídico y ordenado mensaje mítico de la Teogonía y de Trabajos y días.

Según el mito, y entre otros lugares, Eleuteras (norte de Ática) había un culto donde se veneraba a Mnemósine y cuentan que en una ocasión en Eleuteras , Mnemósine liberó a Dioniso de su éxtasis, es decir, le devolvió la memoria.

Otro mito relataba que quien deseara descender al santuario y oráculo subterráneo de Trofonio (en Beocia) era llevado, en primer lugar, a las fuentes de aguas donde debería beber del agua del Lete (el río del olvido) para después sumergirse en la fuente de Mnemósine que  le haría recordar lo que había visto en su vida. Digamos que el iniciado tendría una experiencia muy similar cuando la psique (el alma) abandonara el cuerpo y viajara al inframundo, al Hades, pero no sin antes bañarse en los cinco ríos del reino de las sombras: el Aqueronte (el río de la pena); el Cocito (el río de las lamentaciones); el Flegetonte (el río del fuego); el Lete (el río del olvido) y el Estigia (el río del odio). Sin embargo, había otro río, el Mnemósine, donde los iniciados en los Misterios tenían el privilegio de beber para recordar así sus vidas pasadas y alcanzar un status más elevado.

Se supone que Mnemósine acudía a los iniciados en los denominados misterios mayores, en su ayuda, hasta que podían alcanzar la sabiduría y reconocerse a sí mismo, su entorno y volver a su lugar de origen. De hecho, en las tablillas órficas relacionadas con el iniciado y el mundo mistérico expresan:

Ardo de sed y muero: pero dadme, aprisa, la fría agua que mana del pantano de Mnemosine.

El fin de este proceso iniciático era que con la ayuda de la memoria el iniciado sería un dios en vez de un mortal, liberándole de la muerte y dándole la verdadera vida.

Memoria, vida, renacer, dios y plenilunio,  son las conquistas mistéricas contra el olvido, la muerte, lo finito y temporal que pertenecen a este mundo. Al recuperar la memoria del pasado, el hombre se identificaba con Dionisos.

Un ejemplo que haría recordar y conservar la memoria con todas sus facultades intelectuales e intuitivas lo leemos en la Odisea (Libro X), cuando Circe le recomienda a Ulises que para complacer a los dioses tiene que buscar los conocimientos de Tiresias (uno de los adivinos más celebra de la Gran Hélade), y así poder regresar a su patria, a Ítaca. Ulises le pregunta dónde vive y Circe le responde:

  • Tiresias no vive, Ulises, al menos no en este mundo, es una sombra en el reino de Hades. Sin embargo, guarda allí bien entera su mente, pues sólo a él le han permitido conservar sus dones y las facultades de su espíritu, mientras que las demás almas no son sino sombras errantes. (Los viajes de Ulilses. National Geographic. Especial Mitología. Marzo 2020).

En definitiva, Tiresias es presentado por Circe como «el ciego, que no ha perdido nada de su espíritu» (X, 492)  Por lo tanto, Tiresias tuvo el privilegio de bañarse en el río de Mnemósine, pues conocía todo lo relacionado con los misterios, gran profeta, mediador entre los dioses y los hombres y con poder de canalización entre el mundo de los vivos y  los muertos.

Apolo y las Musas. El Parnaso, Anton Raphael Mengs, 1760- 1761.

Para concluir. podemos afirmar que  Mnemósine no sólo contiene la memoria, sino también domina todo lo rítmico. El Cosmos tiene un sonido sutil, inapreciable para nosotros, unas ondas rítmicas (muy parecidas a la corriente del mar) que se apoya en la percepción afinada, etérea y estructuras armoniosas. El ritmo envuelve el espacio y su movimiento es siempre circular y su lenguaje es rítmico. Por ejemplo, las Musas danzan con la música del Cosmos, bailan al son del Cosmos, acompañadas de Apolo. Por lo tanto, Mnemósine tiene un papel fundamental en la construcción progresiva del Cosmos, destinado a ser regido por Zeus.

Fuentes:

Diccionario Etimológico de la Mitología Griega.

Friedich Georg Jünger Los Mitos Griegos. 

García Gual. C. Introducción a la mitología griega. Alianza Editorial.

Enlace de interés:

Este artículo fue traducido al francés el 27 de abril de 2021 en: EURO-SYNERGIES

1 comentario

Archivado bajo Mitología, Reflexiones Metafísicas

Viaje a Grecia: Delfos, el origen del oráculo (Parte I)

Origen del Oráculo

Delfos, santuario oracular por excelencia, comienza a deslumbrar mucho antes de la llegada de Apolo. Al principio, los griegos relacionan Delfos con el término delphis, “matriz”, independientemente de su etimología. El lugar consagrado era una sima, denominada por los griegos stomios, término que sirve también para designar la vagina.

En lo mitológico, la serpiente femenina Delphyne nace de la tierra. A la primera profetisa se le conocía como Dafnis y se sentaba en un trípode donde exhalaba los vapores de la profecía. Después, cede el lugar a la serpiente masculina pitón, cuyas sacerdotisas se conocían como Pítias. De este modo y de manera gradual, el venerable lugar empezó a poner de manifiesto la sacralidad y la potencia de la Tierra Madre. La Madre Tierra después cedió sus derechos a la titánide Febe o Temis  y,  con el paso de los tiempos, acabó siendo una nueva corriente religiosa bajo la tutela de Apolo.

Otra versión dice que Apolo robó el oráculo a la Madre Tierra después de matar a la serpiente Pitón y que sus sacerdotes hiperbóreos, Pagaso y Agieo, establecieron allí su culto.

Siguiendo los versos de las Euménides de Esquilo, por boca de la Pitia conocemos que Gea fue sucedida por su hija Temis y ésta a su vez por otra hija de Gea, la Titánide Febe, que dio su nombre a Febo Apolo, otro epíteto reconocido de Apolo. Sin embargo, el basamento en el que se centra el mito se halla en el Himno Homérico a Apolo Pitio como el epíteto más reconocido y más popular (S. VII a.c). Gracias a este himno se conoce como Apolo construyó su primer templo y el “bosque sagrado” en Delfos. (Ir al enlace Himno Homérico a Apolo)

En cuanto a la arquitectura del templo, se cuenta que la construcción del primer templo fue hecha con cera de abejas y pluma, en forma de colmena; después, con tallos de helecho; la tercera versión con ramas de laurel; luego, que Hefesto construyó uno nuevo de bronce, pero que la tierra se lo tragó; más adelante, fue construido con piedras labradas pero se quemó y fue reemplazado por el último templo que se conoce.

Delfos, para los griegos, es el centro exacto del universo. Según el mito, Zeus soltó dos águilas, una desde el extremo oriental del mundo y otra desde el extremo occidental y ambas se encontraron sobre el ónfalos, el símbolo de Delfos más representativo, que señala el centro del mundo.

Ónfalos. Museo Arqueológico de Delfos.

El ónfalos tiene una forma abovedada y suele estar ligado a las moradas de los espíritus de los muertos que viven bajo tierra y que tienen un poder mántico clarividente. El ónfalos tiene precisamente esa geometría porque está vinculado a la madre Tierra, a Gea, la primera diosa que tuteló Delfos. Dicha geometría se apreciaba, por ejemplo, en las construcciones de los edificios cupulares micénicos, en la que precisamente el Dios-Rey termina uniéndose a la madre Tierra y se conecta también a los cultos de las deidades ctónicas tan cercanas y habituales en tiempos homéricos (Hécate, Perséfone, Hades…). Por lo tanto, el ónfalos se puede interpretar como un “lugar” sagrado (una cueva, un templo…) relacionado con las fuerzas del inframundo.

Como datos de interés, la pieza que se exhibe en el museo de Delfos es una copia helenística del «ónfalos» que representaba la piedra que depositó Zeus en Delfos, el centro de la Tierra.

Para mí, el ónfalos es también símbolo de pureza total, nos revela la parte intacta que no ha sido tocada por el hombre, este testigo puro y celestial que suele ligarse con la parte más íntima y espiritual de nosotros, un centro de purificación, un habitáculo sagrado donde encontrarnos con nosotros mismos.

En el mito se habla de dos águilas. El simbolismo del águila también merece una mención especial y nada desdeñable. Destaca su carácter olímpico, heroico, solar, la representación de la realeza y presagio de victoria. Es el símbolo de Zeus, el padre de todos los dioses. Por eso, Delfos representa un lugar sagrado, especial, un portal donde fluye un tremendo poder con unas energías muy vigorosas y activas en su entorno para desempeñar su función clarividente. Delfos es un lugar inspirador, con unas tremendas rocas, que te evoca una diadema, una joya incrustada en el relieve montañoso que rodea al santuario.

Imagen de “Viajar a Atenas”

En suma, nos encontramos en un enclave natural, único y favorecido por la naturaleza. Delfos fue desde la antigüedad más remota un lugar sagrado; estaba ya consagrado a ser un lugar de peregrinación, un cruce de caminos que iba tejiendo de manera gradual y paulatina su propio destino a través de los siglos.

Uno siempre intenta descubrir cuales son las voluntades de los dioses. El vuelo de un ave o las vísceras de un animal eran el modo de presagiar el futuro, pero en Delfos,  los dioses hablaban directamente a través de las sacerdotisas y es lo que le hacía ser un lugar único y especial. De hecho, su fama duró más de mil años. Para entender el mundo griego, Delfos es un destino obligado para los amantes de la religión y la cultura griega. Sinceramente, ahí es donde reside la propia respuesta a todos nuestros interrogantes. Delfos fue la piedra angular del mundo antiguo occidental y para entender todo el tejido social, político y religioso de la época antigua hay que empezar precisamente en Delfos.

Cuando uno pisa Delfos le impresiona el imponente y erizado monte Parnaso (2459 m.) y la cadena montañosa que hay alrededor. En el Parnaso vivía Apolo, las Musas y los genios de la naturaleza. Justo a los pies de la cumbre había una cueva, con estalacticas y estalagmitas, algo hermoso, único. En definitiva, Delfos ya desde la antigüedad recreaba un ambiente evocador que se prestaba a la religiosidad,  al culto.

Debajo de las montañas se extienden pequeñas llanuras que te recuerda a una alfombra verde que va cubriendo toda la tierra y, justo al fondo, se ve el Golfo de Itea que se abre al Golfo de Corintio. La zona de Delfos está situada a una altura aproximada de 700 metros y está marcada por las Rocas Fedríadas que reflejan los rayos del sol (conocidas como las Resplandecientes). Entre las Rocas corren las finas aguas cristalinas de la fuente Castalia. El nombre de la fuente se toma de la hija del dios-río Aqueloo (una ninfa del Parnaso) que, para huir de la persecución de Apolo, se arrojó a la fuente que desde entonces tomó ese nombre.

Por lo tanto, agua y piedra son los elementos indispensables para que el lugar tomara un valor diferente de otros santuarios, pues el agua era el elemento purificador de la Pitia, antes de tomar contacto con los consultantes y las piedras se tomaban como una adoración, un objeto sagrado, como es el ejemplo del Ónfalos, la piedra sagrada.

Para levantar el lugar sagrado, Apolo tuvo que matar a la Pitón, una enorme serpiente, hija de Gea, que quedó en la tierra después del gran diluvio de Pirra y Deucalión. La pitón custodiaba la fuente profética Casótide, lugar cercano al Templo de Apolo, y vivía dentro de una gruta a los pies del Parnaso.

Apolo, tras matar a la Pitón (de aquí deriva el epíteto Apolo Pítio), tuvo que ir hasta el valle del Tempe y de ahí trajo el laurel con el cual construyó su templo. Apolo recitaba los oráculos en el santuario de Gea por boca de la Sibila, que estaba sentada atada a la “boca” de una “abertura de la tierra” de la cual exhalaba el “espíritu”. La primera Sibila del oráculo de Delfos (bajo el mandato de Apolo) se llamaba Erófila. El mundo de las Sibilas es fascinante y a la vez enigmático. Se cuenta que en una época remota indeterminada había una mujer que se llamaba Sibila y que tenía el don de la profetización y de poseer unas dotes innatas en la clarividencia. Su fama fue tan popular que a partir de entonces las mujeres venideras que hacían premoniciones se les conocía como mujeres sibilas. (Ir al enlace: el don de la profecía)

Como dato curioso, los sacerdotes de Apolo exigían, como requisitos, la virginidad a las pitias de Delfos, pues las consideraban como novias de Apolo; pero, según reza el mito, una de ellas se escapó con un devoto y por eso se decidió que en adelante tuvieran por lo menos cincuenta años para ser admitidas.

También, y siguiendo otras fuentes, hay que nombrar que los primeros sacerdotes de Apolo procedían de Cnosos, en la isla de Creta y que fueron guiado por Apolo convertido en delfín. De ahí que también se le conozca como Apolo délfico.

El modo de adivinación que se ofrecía en Delfos era, como hemos mencionado en líneas anteriores, el mismo dios, Apolo, que hablaba directamente por la boca de la Pitia. En los comienzos, el oráculo daba consejos una vez al año (S. VIII a. C.), coincidiendo con la celebración del aniversario de Apolo, el séptimo día del mes de Bisio (Febrero-Marzo). Pero la fama del oráculo iba aumentando progresivamente y a partir del siglo VI a.C. en adelante el oráculo tuvo que ampliar las consultas al séptimo día de todos los meses, excepto los invernales.

En el invierno Apolo partía hacia el país de los Hiperbóreos y dejaba el santuario bajo la tutela de Dioniso. Así pues, el sereno dios de la luz prestaba, de manera temporal, el santuario al dios del vino y la fiesta, que tenía su templo junto al de Apolo.

Para mí, Delfos es como un pequeño Thesaurus donde se puede hallar la serenidad y la sabiduría del ser. No nos extrañe que en el templo se hallara la famosa frase: “Conócete a ti mismo”, ya que sólo quien puede entrar dentro de sí mismo puede comprender el mensaje.

Los Juegos Píticos

Para conmemorar la victoria de Apolo sobre la Pitón se fundaron los Juegos Píticos.

En su origen, los juegos tenían lugar cada ocho años. Eran certámenes musicales con himnos poéticos a Apolo con acompañamiento de la lira. El premio era una corona de laurel. Os recomiendo la lectura del mito de Apolo y Dafne para vigorizar aún más el símbolo del laurel, además de lo mencionado en párrafos anteriores sobre el laurel.

Los vencedores de los Juegos Píticos ganaban el privilegio de colocar sus estatuas en el recinto sagrado.

Como era habitual en los Juegos había una tregua entre todos los griegos, que duraba tres meses, para que pudieran desplazarse los peregrinos desde sus remotas tierras a Delfos y de nuevo volver a sus lugares de orígenes. Como es lógico, cada Polis enviaba representantes que se llamaban “theoroi”. Las fiestas tenían una duración de una semana, aproximadamente. Se representaba una reconstrucción escénica del mito de la muerte de la serpiente por Apolo y se realizaba una solemne procesión, en la que el séquito principal lo formaban los sacerdotes con todas sus vestimentas ceremoniales, los representantes de las ciudades, los participantes en los juegos, etc. Todos aportando algún obsequio para el dios. Delante del templo se celebraba el famoso sacrificio de los cien toros (hecatombe) que tenía lugar en el gran altar. La festividad estaba dedicada a los certámenes teatrales donde se competían recitando himnos a Apolo con flauta o con lira, que en algunos de los casos se podían representar una tragedia o una comedia. Lógicamente, en los Juegos Píticos tenían competiciones deportivas en el estadio, pero no con la misma categoría que los de Olimpia. Dentro de las competiciones deportivas destacaban el péntantlon que comprendía la carrera de velocidad, lucha, salto, disco y jabalina. Destacaban también y era digno de ver, los combates de lucha y boxeo y una prueba de pancracio, que era una modalidad que unía lucha y boxeo. Y, por último, se celebraban las famosas carreras de caballos. Las Píticas destacaban de entre los juegos panhelénicos por sus certámenes con himnos religiosos con lira y flauta. La música, con un sentido sacro y mucho más amplio del que le damos hoy día, era uno de las aficiones de Apolo.

Para ampliar más información:

Enlaces de interés:

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Febe, Ceo y Hécate

Febe es, tal y como lo expresa su nombre, portadora de un gran brillo. Por medio del titán Ceo se convierte en madre de Asteria y Leto; sus sobrinos son Apolo y Ártemis. La luz que irradia esta titánide también irrumpe con fuerza de su descendencia. Es la predecesora del oráculo de Delfos, que primero correspondía a Gea y después a la titánide Temis. El oráculo de Delfos estuvo desde un principio custodiado por mujeres. De él se dice que «hasta donde llega la memoria, el oráculo estuvo reservado a mujeres». En un primer momento se anunciaban allí las sentencias de Gea y de sus sucesoras, después las de Apolo por medio de su sacerdotisa. El oráculo titánico es un oráculo de las madres; el apolíneo, de las vírgenes que son boca, receptáculo y crátera de Apolo. Apolo se encarga de administrar el oráculo por encargo de Zeus. La sentencia de Dodona reza así:

Gea nos trae los frutos, por ello

venerad a la tierra como madre.

Zeus fue, Zeus es, Zeus será.

¡Oh tú, todopoderoso Zeus!

Se han formulado conjeturas sobre los inicios del oráculo de Apolo. En un primer momento parece que fueron pastores, caros a Apolo, quienes dieron con el lugar, se entusiasmaron con el vapor que ascendía de él y, bajo la inspiración de Apolo, pronunciaron las respuestas del oráculo. Boio, una délfica, dice que fueron los hiperbóreos quienes prepararon el oráculo para el dios. Se atribuye a Femónoe, la primera sacerdotisa de Apolo en Delfos, la invención del hexámetro, y se dice que fue la primera en componer las sentencias de Apolo en estos versos. Al parecer, la muerte del dragón pítico es el acontecimiento que pone punto final al antiguo oráculo ctónico. En Febe se advierte claramente que el oráculo pasa a pertenecer a Apolo.

Febe y Asteria representadas en un relieve del Altar de Pérgamo.

Asteria, hija de Febe y de Ceo, es la madre de Hécate, a la que engendra con el titán Perses. El himno a Hécate inserto en la Teogonía muestra la veneración que se le tributaba y el poder de que disponía. En Hécate hay algo que todo lo une, de manera que con sus poderes y dones impera y entreteje a través de vastos espacios; en todos los lugares sale al encuentro del hombre y el hombre tiene acceso a ella desde múltiples ámbitos y en todos los caminos de la vida. De ahí que se la llame «la que actúa desde la distancia». La Teogonía dice de Hécate que ya en la época de los titanes ejercía un triple dominio: sobre la tierra, sobre el cielo y sobre el mar. No sólo es de origen titánico, sino que ella misma es una titánida. Su ascendencia se remonta a tiempos inmemoriales y permanece incólume a través de todas las convulsiones. De ella se dice que tiene una parte en todo y que todo lo disfruta. Zeus la venera por encima de cualquier otra, jamás la ofende y no la priva de los honores de los que ya disfrutaba en gran medida bajo Crono. Antes bien, la respeta mucho y multiplica sus dignidades.

¿Qué significa que Hécate participa de todos los seres y todos los poderes titánicos y qué calidad tiene esta participación? Con ella nos encontramos ante una dominadora de un poder peculiar. No se limita a una determinada función; su acción atraviesa y cruza cualquier otra acción y une aquello que es opuesto o que parece serlo. Su poder interviene espacialmente en todo, en la tierra firme, en el espacio celeste y marino. No obstante, no es reina sobre la tierra, ni es soberana del cielo y del mar. Como Gea, abarca los espacios luminosos del día y la oscuridad subterránea. Pero no impera sobre el día ni sobre la noche. No es fácil pensar como una forma a la plural Hécate, que actúa en las correspondencias y en los antagonismos, pues se diluye de un modo fantasmagórico y se sustrae a toda mirada. Este diluirse es propio de ella. Como su poder, también ella tiene algo de trimorfo, su lugar predilecto es el cruce de tres caminos.

Hécate, ilustración de Stéphane Mallarmé.

Lo titánico en Hécate se manifiesta de un modo diferente al de los grandes titanes, como misterio de la naturaleza en el oscuro retorno de las conexiones y uniones. Hécate ama los caminos, sobre todo cuando se entrecruzan y entrelazan. A esto se debe que se haga escuchar en las reuniones, las contiendas, los juicios, las competiciones donde se cruzan muchas voluntades y opiniones; que asegure la victoria, el botín y la gloria; que otorgue protección a los navegantes, puesto que conoce incluso los desconocidos caminos del mar y guía con seguridad. Bajo su dominio están los juramentos; el juramento de aquel que la invoca es vinculante en cualquier lugar, puesto que Hécate está en todas partes. En sus manos está el saber hacer, es capaz de todo y de incentivar a todos.

Debido a que su poder actúa de múltiples maneras en las bifurcaciones, conexiones y cruces, al final de cada mes y en las encrucijadas de los caminos se colocaba en su honor y en el de los dioses que alejan las desgracias una comida con la que se confortaban los pobres. Como tiene parte en todo, está en contacto con todos los titanes y dioses, preferentemente con Rea, con Ártemis, protectora de los jóvenes, y con Selene y Perséfone. Bajo su dominio se encuentra toda la naturaleza elemental, pero siempre en las uniones, conexiones y perspectivas que existen entre los diferentes ámbitos y círculos. En el Himno homérico encuentra y acompaña a Deméter; sigue los pasos de Perséfone, que conducen de la oscuridad hacia la luz y de la luz hacia la oscuridad. Es también soberana del mundo inferior y al mismo tiempo diosa de las expiaciones y purificaciones, pues a través de ella se abre el buen camino. Como diosa nocturna que conduce a lo más subterráneo está, al igual que Selene, bañada de un brillo plateado. Saca a las almas del Hades inaccesible, pues entra y sale de él volando libremente. También, vagabundea fantasmagóricamente en las encrucijadas con las almas de los difuntos, es de ahí donde se comprende bien que guarde relación con el mensajero Hermes, conocedor de los caminos.

Por otra parte, Hécate es la madre ancestral de los magos y las magas, la instructora de Medea y Circe. Por esta característica suya la invocan aquellos que se ocupan de la magia y los conjuros, y los que en las noches de luna recolectan las hierbas en las que han penetrado los poderes de Hécate. A Hécate le seducen la noche, las tumbas, la sangre de los asesinados; en su honor se sacrifican ovejas de color negro, perros jóvenes y miel. El perro es un animal inseparable de Hécate. No sólo se presenta acompañada por perros estigios cuando asciende del submundo, sino que los perros que vagan por los caminos nocturnos anuncian su cercanía con aullidos y alaridos. La relación del perro con Hécate da una idea de la naturaleza de este animal.

Para ampliar más información: Hécate

Bibliografía:

Friedrich Georg Jünger: Mitos griegos. Carlota Rubies (tr.). Barcelona: Herder, 2006.

Datos de interés:

Friedrich G. Jünger, pensador alemán hermano del conocido Ernst Jünger, dedicó la mayor parte de su obra al estudio de la antigüedad clásica y las implicaciones filosóficas de la era técnica. Este es el primero de sus libros traducidos al castellano.

Friedrich Jünger estima que el mito no es sólo algo que ocurrió en un pasado imaginario sino que es una protohistoria que cíclicamente se manifiesta en el tiempo histórico del hombre. Por ello realiza una descripción de los dioses griegos, no tanto movido por una curiosidad filológica, sino por el interés de descifrar la naturaleza profunda de nuestra época. Jünger lleva a cabo retratos filosóficamente densos de los principales dioses de la mitología griega buscando su reflejo en el momento actual. Por ejemplo, estima que detrás de los titanes hay una forma de entender el tiempo que es la propia de la era técnica: un tiempo cavernario, mecánico y repetitivo. Son excelentes, y de clara influencia nietzscheana, los artículos dedicados a Apolo y Dioniso.

Texto recomendable para los interesados en la mitología griega y la filosofía de la técnica inspirada en Heidegger o Ernst Jünger.

 

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología

Caos

PANGEANos referimos a una inmensidad vacía que, según los antiguos griegos, había precedido a la formación del Universo. En el seno de este abismo primordial coexistían en cierto modo, estrechamente unidas, dos entidades difícil de definir para nosotros: Érebo, por un lado, la Tiniebla, y, por otra lado, la Noche, relacionada con Nix. La Noche tuvo reconocimiento entre los antiguos, que la consideraron la más antigua de todos los dioses, puesto que ocupó un lugar antes del nacimiento de todos los dioses y la informe materia que se llamó Caos. Algunos pensaron que ella nació de esa misma materia informe, según atestigua Hesíodo en la Teogonia (123): De Caos nació Érebo y la negra Noche. Al separarse ambos del Caos, dieron lugar al nacimiento de Urano, el Cielo y de Gea, la Tierra. La concepción judeocristiana de la formación del universo es fruto de una intervención divina denominada la Creación; para los griegos, sin embargo, el universo no fue creado por un Dios trascendente, sino que se formó por sí solo, por un impulso espontáneo. Por eso, los dioses griegos, empezando por Urano y Gea forman parten integrante del Universo. En definitiva, los dioses son inmortales y poseen unos poderes de los que carecen los hombres, pero, como estos, forman parte del mundo y están en el mundo, mientras que el Dios bíblico es exterior al mundo, que es su criatura, e independiente de él.
Por otra parte, el Caos no sólo está presente dentro de la Cosmogonía griega, sino también en algunos personajes representativos de la esfera de la antigua Grecia.

En la Odisea, El propio Zeus nos hace entender que Ulises es el más sabio de todos los humanos, porque su principal destino es comportarse en la tierra como el señor de los dioses a nivel del Gran Todo. Aunque Ulises es mortal, es un Zeus pequeño al igual que Ítaca es un mundo pequeño, y el objetivo de su viaje tan penoso, como de su vida entera, es hacer que la justicia, es decir la armonía, reine por las buenas o por las malas si hace falta. Por eso, Zeus no permanecerá insensible a este proyecto que le recuerda al suyo, cuando tuvo que reestablecer el orden dentro del Caos inicial que había en el universo. Por eso se interpreta que en el personaje de Ulises hay una transición del caos al cosmos, a escala suya, que es humana pero que refleja el orden cósmico. Es un itinerario de sabiduría, pero a su vez un camino tortuoso, polvoriento, penoso al máximo, cuyo fin, sin embargo, es alcanzar la vida buena, el equilibrio, el orden, aceptando la condición de mortal que es la de todo ser humano.
En la tragedia griega tanto el universo divino como el humano, son presentados como un gran conjunto permanentemente en conflicto, de Caos; en continua tensión, sin posibilidad alguna de alcanzar un reposo o una quietud que sea la manifestación de una conciliación o una elevación que recoja y supere el estado anterior. Tensión y conflicto que expresan la realidad de la polis; el deseo de hacerse cargo de sus dilemas y no de encubrirlos, de recoger sus disputas, problemas y necesidades.

Recomendamos:

  1. El gran libro de la mitología griega: basado en el manual de mitología griega de H. J. Rose (Historia)
  2.  Mitología griega y romana
  3.  Diccionario de mitología griega y romana (Lexicon)
  4. Breve historia de la mitología griega
  5. Introducción A La Mitología Griega (El Libro De Bolsillo – Humanidades)
  6. Diccionario de mitología griega y romana: Con referencias sobre la influencia de los temas y motivos antiguos en las artes plásticas, la literatura y la música de Occidente hasta la actualidad

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología

La Teogonía

nacimiento del olimpoLa teogonía griega, según el poeta Hesíodo, es ante todo el relato del nacimiento de “toda la raza de los eternos Inmortales” y de su descendencia, pero aparece también como la epopeya de los combates que enfrentaron a las diferentes generaciones de las divinidades por la conquista del poder, pues los dioses, al ser inmortales, sólo pueden sucumbir a la violencia de otros dioses más fuertes que ellos. La historia de estos cambios de reinado conduce al poeta a enumerar las tres generaciones de Urano, luego la de Crono y por último la de los Olímpicos, a cuya cabeza se sitúa Zeus. El poeta exalta la potencia soberana del señor del Olimpo, el último que conquistó el poder y reina todavía sobre los dioses y sobre los hombres.

La teogonía, ciñéndonos al sentido literal de la palabra, debería ser únicamente el relato del “nacimiento de los dioses”. Sin embargo, en Hesíodo, la teogonía se abre a una cosmogonía (“nacimiento del Universo organizado”), ya que relata primero el nacimiento de las primeras divinidades (personificaciones de elementos), luego el de los primeros dioses y la tarea emprendida por estos para organizar el mundo y poder finalmente reinar en el Olimpo.

La teogonía comienza por tanto, relatando el nacimiento del universo. En los orígenes del mundo existía el Caos, la vida indiferenciada, un abismo sin fondo donde erraban los elementos sin norte ni dirección. Más tarde aparecieron Gea, la Tierra, elemento de estabilidad, la Madre Universal que se enfrenta al estado de confusión de Caos y engendrará todo lo que existe y Eros, el Amor, el principio creador de la vida. Caos engendró de sí mismo a dos entidades contrarias, Érebo (las tinieblas) y Nicte (la noche), que a su vez engendraron sus opuestos y complementarios:  Éter y Hémera (la Luz del día). El Día y la Noche se unieron para formar el Tiempo; Érebo y Éter forman una pareja de opuestos, el negro y el blanco. Gea, por su parte, hizo nacer de sí misma, sin intervención de principio masculino alguno, lo que todavía faltaba en el Universo. Trajo primero al mundo a Urano, el Cielo, “igual a sí misma”, para que la cubriera y fecundase, envolviéndola por entero. La pareja Cielo-Tierra, por fin constituida, organiza el mundo en un Cosmos simétrico y equilibrado. Luego, Gea engendra de sí misma a las montañas y a su contrario líquido, Ponto, el elemento marino.

Aquí termina la primera parte de la cosmogonía, una vez que han aparecido todos los elementos primordiales del Cosmos: la Tierra y el Cielo.

En lo sucesivo, Gea ya no engendrará de sí misma, sino que será fecundada por elementos masculinos. Se une a su hijo Urano y concibe a los Titanes y las Titánides (los primeros dioses que no son meras personificaciones de los elementos), así como a los tres cíclopes y a los tres hecatonquiros (gigantes de cien brazos), seres violentos y primitivos. Ninguno de estos hijos, sin embargo, consigue ver la luz del día porque su padre, Urano, tendido sobre Gea en un incesante acto de procreación, no les deja salir del vientre de su madre. El nacimiento de los dioses del Universo ha quedado interrumpido por la potencia sexual desordenada y excesiva de Urano. Gea crea entonces el metal y con él, fabrica una hoz que entrega a su último hijo, Crono, para que la libere del peso de su incansable esposo. Crono corta entonces los testículos de su padre. Sobre las aguas de Ponto caen gotas de semen que fecundan su espuma, engendrando a Afrodita; sobre la Tierra caen gotas de sangre, de las que nacen las Erinias y las ninfas de los árboles. Gea, esta vez unida a Ponto, trae al mundo a Nereo, padre de las nereidas y a varios monstruos marinos.

La castración de Urano significó también una ruptura en el Universo: el Cielo se separó definitivamente de la Tierra y se fijó en la cima del Cosmos. Este acontecimiento marcó el fin de la primera generación divina pero permitió que el mundo se poblara con los hijos nacidos de ambos. Sin embargo, en el nuevo mundo así establecido, aparecerán fuerzas nuevas: la violencia y el odio (simbolizados por el acto castrador de Crono y por el nacimiento de las Erinias, divinidades de la venganza) pero también el amor con el nacimiento de Afrodita.

La segunda generación, la de los Titanes, será a partir de entonces la dueña del mundo, con Crono como cabeza suprema. Algunos titanes y titánides se unen entre sí: Océano y Tetis engendran los ríos y manantiales; Hiparión y Tía a Helio, Selene y Eos; Ceo y Febe a dos hijas, Leto y Asteria. La pareja más importante será la que formen Crono y Rea, que, tendrán la siguiente descendencia: Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón y Zeus. Pero Crono suprime a su descendencia, como hiciera su padre Urano, devorando a sus hijos uno a uno apenas nacen, por temor a que uno de ellos le arrebate el poder.

Desde el acto sacrílego que Crono cometió contra su padre, la teogonía aparece marcada por la ley del Talión. El dominio de Crono, establecido por la fuerza, arrastrará a este al inevitable engranaje que establece que toda falta va seguida de su castigo: su poder puede serle arrebatado como él lo hizo. Zeus, el único hijo que Crono no había llegado a suprimir gracias a un engaño de Rea, que le había dado una piedra envuelta en pañales para que la devorara en lugar del niño, crecerá en la isla de Creta y, ya adulto, se rebelará contra su padre y le destronará después de una larga guerra.

El reinado de Zeus y de sus hermanos y hermanas significa el dominio de la tercera generación de los dioses, los Olímpicos. El orden del mundo queda establecido en lo sucesivo. La supremacía de Zeus es soberana pues, a diferencia de su padre, ha basado su poderío en la justicia y en el derecho. Reparte honores y los poderes con sus hermanos Hades, que reinará en los infiernos, y Poseidón, a quien corresponderá el reino del mar.

Para terminar, esta teogonía va seguida en Hesíodo de una hérôogonia, catálogo de semidioses nacidos de un dios y una mortal o de una diosa y un mortal. De las uniones de los dioses entre sí nacerán a continuación muchas divinidades, pero estos nacimientos suceden ya en un mundo organizado que no tiene, por tanto, una relación directa con la teogonía.

Temas relacionados con la misma temática en animasmundi: Mitos sobre el origen del cosmos y los dioses

Referencia bibliográfica recomendada:013. Obras y fragmentos. Teogonía. Trabajos y Días. Escudo. Fragmentos. Certamen. (BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología