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El sacerdocio en la antigua Grecia

La religión griega no fue prescrita al pueblo por una fuerza exterior, ni por una revelación sagrada. Es el producto de la fantasía del pueblo, de sus supersticiones, sus miedos y sus temores. Así, de manera paulatina, la religión griega alcanza una dimensión social y política, siendo propiedad de los ciudadanos. Básicamente, las creencias residen en la propia naturaleza, con una fuerte costumbre arraigada entre los pueblos, con una base firme en el culto doméstico y una fuerte adoración a las potencias de la naturaleza. Cabe destacar que cada región posee su culto, sus ritos y no pretenden enseñar nada, por lo tanto no hay contradicción. De este modo, la religión empieza a calar profundamente en la vida política social de los ciudadanos.

La religión griega se inicia con el culto doméstico privado, erigiendo en cada hogar propio un pequeño santuario, sustentado por unas creencias, unas supersticiones innatas y transmitidas por vía familiar. A partir de ahí, sería el prototipo de unidad familiar la que después invitaría a participar a su comunidad en el culto doméstico y a expandir unas creencias acogiendo una deidad como protectora del hogar, de la comunidad y de la ciudad. De esta manera, la ciudad acabará reclamando una persona familiarizada con el culto, sacrificio y ofrendas a la divinidad elegida.  Por lo tanto, se crea el oficio de sacerdote responsable no solamente del santuario y todo lo que rodeaba a las actividades religiosas, sino  también el responsable de que el pueblo creciera de manera próspera, evitando que los dioses descargaran una epidemia, una sequía, una guerra o una crisis social, como posibles amenazas.

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Escena de sacrificio, crátera del pintor de Pothos, 430–420 a. C., Museo del Louvre.

La figura del sacerdote implicaba conectar con la vida social, y disponía de unos privilegios como, por ejemplo, tener un asiento de honor en el teatro y una presencia destacada en la Asamblea. Otras de las peculiaridades de la religión griega era que el  sacerdocio no implicaba una jerarquía, ni se levantaba sobre una base política, ni  difundía sermones favorables de los dioses, ni tampoco acataban una doctrina sagrada. El sacerdote heredaba su oficio bien por vía familiar, bien por elección popular o en algunos casos por sorteo.  La mayor parte de los sacerdocios eran anuales, pero al igual que las magistraturas, estaban abiertos a todos los ciudadanos y prohibidos para los metecos y los extranjeros. La premisa que se exigía para alcanzar el puesto de sacerdocio era que el aspirante debía pasar un examen para comprobar, en primer lugar, si estaba física y psicológicamente apto y era hijo legítimo y, en segundo lugar, que en la medida de lo posible, procediera de una familia intachable. Por último, si sus manos estaban limpias de sangre homicida o de cualquier delito análogo contra las cosas sagradas, no sólo él sino también su padre y su madre, quienes tenían que haber vivido conforme a tales normas. Como dato curioso, nada impedía al sacerdote o a la sacerdotisa el contraer matrimonio —la obligación de la castidad, salvo casos especiales, es solamente temporal y está vinculada a las exigencias inmediatas del culto (períodos de fiestas, por ejemplo). Asimismo, las funciones del sacerdote tampoco le obligaban a residir en el santuario.

La principal función del sacerdote no sólo era la litúrgica al describir el desarrollo del sacrificio, también enfatizaba por su papel en la consagración de las víctimas, en la pronunciación de las fórmulas de invocación y las oraciones. El mismo sacerdote podía degollar a la víctima, pero también podía delegar este cometido en uno o varios de los sacrificantes, y  no era en absoluto necesario ser sacerdote para llevar a cabo un sacrificio.

Al no existir una jerarquía religiosa que representase a los dioses, es decir, la figura del clero, tal como hoy la entendemos en nuestra sociedad, cualquier ciudadano podía en su hogar, o en un templo, realizar las acciones que representaban la piedad del hombre griego. Sin embargo, fuera de la práctica privada,  alrededor del sacerdote había un determinado números de ciudadanos que asumían otros cargos religiosos delegados por el pueblo. Podemos destacar:

  1. Para organizar fiestas especiales y controlar los ingresos y los gastos estaban los epimeletas.
  2. Para dirigir, de manera especial, los sacrificios de los cultos heredados de los antepasados, según la tradición y tener una responsabilidad judicial, es decir, tratar los asuntos de impiedad, responsable del calendario litúrgico estaba la figura arconte. En Atenas, por ejemplo, era el encargado de los cultos heredados de los antepasados y presidía los Misterios de Eleusis.
  3. Para mantener la estatua de culto, que representa al dios en su morada, así como la limpieza del edificio o de las distintas estancias y también controlar la actividad administrativa y garantizar el correcto funcionamiento del santuario estaban los neócoros.

 Como se ha visto en líneas anteriores, la figura del sacerdote es totalmente opuesta a la nuestra y los términos que nosotros usamos hoy día en relación con la iglesia y la religión no tienen nada que ver con los de la época griega. Igualmente, la función de la religión de nuestra época está secularizada a nivel social; en la sociedad griega, la religión está solapada en todos los campos de la vida pública, social y política.

Enlaces de interés:

Obras de referencias:

  1. La religión griega en la polis de la época clásica (Universitaria)
  2. Religion Griega Arcaica Y Clasica (LECTURAS DE HISTORIA)
  3. La Religión Griega. Dioses Y Hombres: Santuarios, Rituales Y Mitos (Mundo griego)
  4. El imaginario griego: Los Contextos De Mitologia (Religiones y mitos)

 

 

 

 

 

 

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El rito en la antigua Grecia

En la Grecia arcaica, como en otras muchas civilizaciones antiguas, los ritos eran muy importantes, ya que en una época en la que todavía jugaban un papel muy destacado los elementos mágicos y religiosos, se creía en la eficacia de la ceremonia para propiciar  las fuerzas naturales y sobrenaturales. Por lo tanto, no nos debe extrañar que hubiese especialistas en estas cuestiones y que su rango fuese elevado y muy considerado.

El rito era una parte vital y sumamente importante pero además, se consideraba una señal de jerarquía, de poder. La conservación de estos antiguos ritos, por otra parte,  tenía que ver con los valores morales de una sociedad que mostraba respeto a los dioses y a la naturaleza.

Los ritos son un método de autodisciplina, de dominio de uno mismo y de la naturaleza, ya que el individuo se ve a obligado a hacer las cosas de una manera precisa y determinada. Igualmente, tenían la responsabilidad de la ritualización de la sociedad y del Estado garantizando un perfecto funcionamiento de los mismos.

Sintetizando, el ritual sirve para organizar el espacio y el tiempo, para definir las relaciones entre los hombres y los dioses, los hombres con la naturaleza y los hombres con los hombres. El rito no está construido en base a unas doctrinas ni es fiel a un dogma o a una creencia, sino más bien la continuidad de una tradición y una conexión de la comunidad que es la observancia. Pero, por otra parte, esto no excluye un pensamiento religioso o unas creencias, ya que se basan en un sistema de organización que conecta la sociedad humana con el universo que la rodea, incluyendo a los dioses.

Degollamiento de víctima sacrificial.

Degollamiento de víctima sacrificial

La vida pública y privada de un ciudadano griego estaba organizada en torno a un conjunto de ritos de todas clases, desde su nacimiento hasta su muerte, por lo que la religión se mezcla, de manera natural y orgánica, en todos los momentos y todas las etapas de la vida del ciudadano griego. Cualquier falta de cumplimiento en la práctica incitaba la ira divina, y cualquier cambio y alteración debía ser sancionada. En la antigüedad, uno de los fines de los oráculos, portadores de la palabra divina, por ejemplo, el oráculo de Delfos, era castigar o sancionar a aquellas personas que podían reformar la práctica del ritual.

La observancia de los ritos ya se encuentra codificada en época muy temprana por medio de unas leyes escritas. La multiplicación y la publicación de estas «leyes sagradas», grabadas en piedra y colocadas a las puertas de los templos y en los lugares públicos, es uno de los fenómenos que acompañan al nacimiento de la ciudad-estado al comienzo del siglo VIII a.C.

Para concluir, destacaremos un texto muy ilustrativo donde  refleja lo cotidiano que era realizar un ritual, siendo la libación y la plegaria fundamental en dicho rito:

«ELECTRA.— Heraldo supremo de cuantos viven sobre la tierra o debajo de ella, dame tu ayuda, Hermes, Hermes subterráneo; llévame el mensaje, para que los dioses de bajo la tierra, deidades tutelares de la morada de mi padre, presten oído a mis plegarias, y también la tierra, la que todo lo pare y, después de haberlo criado, lo recibe de nuevo en su seno.

Yo, al derramar estas libaciones en honor del muerto, digo, invocando a mi padre: «Ten compasión de mí y de mi amado Orestes y enciende de nuevo la luz en palacio, porque, en cierto modo, ahora andamos nosotros errantes, vendidos por la misma que nos parió, mientras que ella ha tomado, en tu lugar, por marido a Egisto, precisamente el que fue cómplice de tu asesinato. Yo ocupo el lugar de una esclava, y, lejos de tus riquezas, Orestes, está desterrado, en tanto que ellos, con arrogancia, se refocilan en grande con lo que ganaste Con tus fatigas. ¡Qué venga aquí Orestes —te ruego— por una fortuna feliz! Y escúchame, padre, concédeme que llegue yo a ser mucho más casta de lo que es mi madre y más piadosa con mi mano.

Éstas son mis plegarias en nuestro favor. Para los culpables, yo digo, padre, que se presente un vengador tuyo y que, con justicia, a los que mataron, se lo haga pagar con la muerte. Esto lo coloco en el centro de mi plegaria, diciendo, en perjuicio de aquellos, esta imprecación. Para nosotros, en cambio, envía aquí arriba bienes con ayuda de las deidades, la tierra y la justicia vengadora»

Con tales plegarias hago la ofrenda de estas libaciones. Exige el rito que vosotras lo coronéis con gritos de duelo, entonando el peán por el muerto.» (Esquilo, Las Coéforas, vv. 123-150.)

Obra de referencia:
El origen salvaje: Ritos de sacrificio y mito entre los griegos (Acantilado (edición digital))

Enlaces de interés sobre el mismo tema:

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