Archivo mensual: diciembre 2015

El origen de la Navidad

Saturno devorando a su hijo. Rubens (1636)

Saturno devorando a su hijo. Rubens (1636)

Las Saturnales o Saturnalia era un antiguo festival romano en honor al dios Saturno que tenía lugar a finales de diciembre. El día de fiesta se celebraba con un sacrificio en el templo de Saturno del Foro Romano y un banquete público, seguido de la entrega de regalos, festejos continuos públicos y privados, y un ambiente de carnaval que anulaba las normas sociales romanas: se permitía el juego, y los amos servían la mesa a sus esclavos.
A comienzos de diciembre, escribió Columela, el granjero debería haber finalizado la plantación de otoño (De Re Rustica, III.14). Poco después, en el momento del solsticio de invierno (el 25 de diciembre en el calendario Juliano), Saturno, el dios de la siembra, era honrado con un festival. La Saturnalia se celebraba oficialmente el 17 de diciembre y, en tiempos de Cicerón, duraba siete días, del 17 al 23 de diciembre. Augusto la limitó a tres días, para que las cortes de justicia no estuvieran cerradas más de lo necesario, Calígula las alargó a cinco días (Suetonio, XVII; Dion Casio, Historia romana, LIX.6), y Claudio las instauró de nuevo tras haber sido eliminadas del calendario festivo (Dion Casio, LX.25). Pese a todo, parece que las fiestas siguieron durando una semana, incluso más allá al unírsele la tradición de la sigilaria, según nos cuenta Macrobio (Saturnalia, I.10.24). En esta fiesta era tradición regalar figuras de terracota como símbolo de buena suerte, al igual que bolsas con nueces.

“De mi tierra te envío, como ves,/ Juvenal, nueces de Saturnalia./ Las otras frutas el dios lascivo/ ya se las dio a muchachas alegres”.-Marcial

En su primer día se celebraba también la Opalia, en honor de Ops, personificación de los frutos de la tierra y esposa de Saturno. Debido a que ambas deidades representaban la producción de los campos y huertos eran identificadas con el cielo y la tierra. Macrobio (I.10.20) decía que por esta razón ambos festivales se celebraban al mismo tiempo, con los seguidores de Ops rezando sentados para poder así tocar la tierra, madre de todo.
En el calendario romano, la Saturnalia era un día sagrado, donde se celebraban sus sagrados ritos. Saturno, identificado con el griego Cronos, recibía sacrificios a la manera griega (ritus graecus), con el sacerdote con la cabeza descubierta. El templo de Saturno, el más viejo del que tenían constancia los romanos, era decorado con vistas a estas fiestas; los pies de la estatua de Saturno eran atados con hilos de lana, los cuales se soltaban en la Saturnalia para simbolizar la liberación del dios. Tras el sacrificio en el templo había un banquete público, según Livio introducido en el 217 a.e.c. para distraer al pueblo de los desastres de la Segunda Guerra Púnica. Posiblemente, en el interior del templo se desarrollase un lectisternium, un banquete sagrado ante la imagen del dios, como si este fuera un invitado más.
saturnaliaLa Saturnalia era, sin duda, la fiesta sagrada más popular del año romano. Séneca se quejaba de que “toda la plebe se dejaba llevar por los placeres” (Cartas, XVIII.3). Plinio el joven escribió que él prefería retirarse a sus aposentos privados mientras el personal de la casa lo celebraba. (Cartas, II.17.24). Durante la Saturnalia se visitaban amigos, se hacían regalos -figuras de barro y velas, que quizás estaban relacionadas con el regreso de la luz tras el solsticio- y se hacían reuniones y competiciones de poesía e ingenio, donde el ganador recibía una corona de laurel dedicada a Saturno.
La moral era relajada y el orden social se invertía. Los juegos de azar quedaban permitidos, se suspendían juicios y ejecuciones e incluso se liberaba a algunos presos, los cuales ofrecían a Saturno sus cadenas como ofrenda. Los esclavos quedaban libres de sus tareas; eran tratados como iguales y se les permitía vestir la ropa de sus amos. Incluso compartían la mesa con ellos, quizás recordando la Edad de oro de Saturno, donde todos los hombres eran iguales, el sustento no se ganaba con el trabajo, reinaba la paz y siempre había comida. El poeta Catulo llamaba a esta fiesta “el mejor de los días.”

La Saturnalia. Ernesto Biondi. (1899)

La Saturnalia. Ernesto Biondi. (1899)

Estacio proclamo: “Esta fiesta, ojalá el tiempo nunca borre tan santo día, mientras que las colinas del Lacio perduren y el Tíber siga siendo el padre, mientras que Roma perdure y el Capitolio mantenga el orden, continuará”(Silvae, I.6.98). Las Saturnales siguieron siendo celebradas como Brumalia (de bruma, “el día más corto,” solsticio de invierno) hasta la era cristiana, cuando, a mediados del siglo IV, sus fiestas habían sido parcialmente absorbidas en la celebración de la Navidad.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS LOS LECTORES DE ANIMASMUNDI!

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El amor y la muerte en Alcestis

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Admeto, Alcestis de vuelta del Hades y Heracles con la piel del León de Nemea: A Tánatos, dios de la muerte, Hércules le arrebata a Alcestis y la devuelve a Admeto. Óleo en lienzo de Johann Heinrich Tischbein. (1780)

La primera mención de Alcestis y Admeto aparece ya en los poemas homéricos (Ilíada II 711 y 763; XXIII 376). En el verso 766 del canto II de la Ilíada parece haber ya una alusión al mito de Apolo sirviendo de jornalero en casa de Admeto.
Según cuenta la leyenda, el punto de arranque es el castigo que recibió Asclepio de Zeus por haber resucitado a un muerto. Por semejante acto, Zeus lo mató con su rayo. En venganza de ello, Apolo, padre de Asclepio, quitó la vida a los Cíclopes, que eran encargados de fabricar el fuego de Zeus. A pesar de que el sumo dios quería precipitar a Apolo en las profundidades del Tártaro, la intervención mediadora de su madre Leto hizo que solo fuera castigado a servir como jornalero durante un año en la mansión de un mortal, Admeto. Apolo tuvo que ocuparse de los rebaños, como tarea humillante para un dios. Sin embargo, Apolo en seguida prestaría servicios muy superiores a Admeto, concediéndole el deseo de poder casarse con Alcestis. El día de la boda Admeto olvidó de hacer los sacrificios a Ártemis y, en venganza de ello, fue castigado con la muerte. Gracias a la intervención de Apolo, las Moiras aceptan que una persona muera en su lugar. La única persona que se brinda a realizar el sublime sacrificio es su esposa Alcestis. Según la versión popular del mito, tras morir Alcestis, Perséfone, la esposa de Hades e hija de Deméter, compadeciéndose de la muchacha, la devuelve a la vida. Sin embargo, en la versión de Eurípides es salvada por Heracles, que obliga a los dioses infernales a entregarle a Alcestis. En definitiva, el drama, en ambos mito, es satírico, pues tiene un desenlace alegre y placentero,contrario a la cara trágica. La leyenda se hizo muy popular (438 a. C) pues destaca dos temas muy cercanos entre los antiguos: el de la esposa amante que ofrece el sacrificio de su vida para salvar la de su esposo y, unido a éste, el de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
En Animasmundi nos centraremos ahora en un análisis más amplio de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
No sería la primera vez que se gana a la muerte aunque Tánatos actúe cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. Cabe recordar el mito de Sísifo comentado en este blog. Esta vez la situación fue remediada por Heracles que entró en la tumba de Alcetis y luchó contra Tánatos. Tánatos no sólo no pudo vencer al mísmisimo Heracles sino que se vio obligado, por las artimañas de los dioses, en especial de Apolo, de devolver la vida a Alcestis.
Hay que destacar que Tánatos no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
Cuando Alcestis vuelve a la vida es curioso como Heracles le explica a Admeto la nueva situación: Alcestis se esconde tras un velo, en silencio, como un espectro residual. Alcestis deberá recuperar gradualmente su vida, justamente eliminando esa parte consagrada a los dioses infernales, Hades y Perséfone. Heracles, curiosamente, afirma no ser un nigromante.

Tánatos.

Tánatos.

Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos: ¿es natural esta relación de la muerte ligada con la vida? En la sociedad de la antigua Grecia este rol no era para nada extraño. Recordemos por ejemplo el mito de Sísifo. Zeus, para vengarse de la acusación de Sísif,o envió a Tánatos, la Muerte, para que se apoderase de él, pero fue el astuto mortal quien consiguió hacerlo prisionero y lo retuvo cargado de cadenas, librando así a los mortales por un tiempo del funesto genio alado. Tánatos, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte. Esta vez, Sísifo, antes de morir, rogó a su esposa que no le tributase honras fúnebres. Al llegar al Tártaro, Sísifo pudo así pedir a Hades que le permitiera regresar al mundo de los vivos con el pretexto de castigar la impiedad de su esposa. Sísifo regresó  a Corinto y sus días transcurrieron dichosos hasta edad muy avanzada, pero cuando finalmente murió, los escarmentados dioses del Olimpo le impusieron el suplicio de la roca para mantenerlo ocupado sin descanso y que no pudiera así urdir nuevas tretas. En definitiva, el ser humano, desde tiempos remotos, veía la manera de escapar de la muerte como una alternativa real.
Con Alcestis pretendo reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte, porque de esta manera estoy totalmente convencido de que podemos llevar una existencia más tranquila, profunda y en paz. En la Grecia antigua, el tema de la vida y la muerte estaba muy arraigado en su cultura, se hablaba y se meditaba sobre el tema. De hecho, se observaba al universo de manera que el individuo estaba constituido por la misma materia que conformaban los astros. Por eso, cada uno de nosotros está viviendo cada segundo de su vida las etapas del nacimiento y la muerte, como una rueda que gira sin parar.

De esta manera, el mito de Sísifo nos recuerda que no debemos quebrantar las leyes del universo, pero en Alcestis ¿el amor vence a la muerte? Admeto escapa a la muerte, su día estaba escrito, pero Alcestis, por amor, decide cambiar su vida por la de Admeto. Al morir Alcestis, Admeto se sintió condenado a una pena perpetua de vivir solo en la soledad, llevando una existencia pobre sin el amor de su vida. Reflexionó que no hay que intentar alterar el destino; también, aprendió que el que vive, aunque vea el sol salir cada día, ya no vive; que la vida es amor y, al no tener ese ingrediente, se arrepiente de no haber muerto.
En definitiva, para mí Alcestis es una de las mejores obras de Eurípedes porque hoy día sigue tan vigente como entonces. Además, da lugar a muchas interpretaciones, todas muy válidas, eso es realmente espectacular, porque el tema de la muerte aún sigue siendo la asignatura pendiente de la humanidad.

Bibliografía:

  1.  004. Tragedias (Eurípides). Vol. 1.: El cíclope. Alcestis. Medea. Los heraclidas. Hipólito. Andrómaca. Hécuba (BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

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