Archivo mensual: abril 2014

Empédocles

Empédocles

Empédocles

En este blog el debate central lo ocupa el alma humana y su destino. Por eso, creo muy importante destacar la figura de Empédocles pues expresa que el cuerpo es sólo “la tierra que envuelve al hombre”, puesto que la naturaleza vistió el alma de una “extraña cobertura de carne”. Mientras el cuerpo, después de la muerte, se desintegra en los cuatro elementos que lo componen (tierra, agua, fuego y aire), el alma humana, por el contrario, tiene origen divino.

El alma, en su existencia preterrena, fue un espíritu bienaventurado en el reino de los dioses, en inalterable unión con el Uno. Pero por la culpa del “odio violento”, que intenta en todas las partes del mundo convertir la unidad en multiplicidad, el alma es desgarrada de su unidad feliz, del “cielo”, y lanzada a la infame tierra, a este “lugar sin alegría, donde la muerte, el rencor, y una multitud de males semejantes, enfermedades agotadoras, poderes destructores, obras perecederas, van de un lado para otro, en lo oscuro, sobre el valle de la desgracia”. El alma tiene que hacer una larga peregrinación a través de toda clase de cuerpos de animales y plantas, hasta que al fin por medio del amor puede volver de nuevo a la unidad divina. De esta manera, el alma del hombre es un peregrino en la tierra, un extranjero que va errante sin reposo, que ha sido expulsado de su patria celeste y empujado a las ciudades de los pecados y de la impiedad. A la caída del alma corresponde una elevación gradual, ya que le ha sido concedido poder expiar la culpa sometida en su existencia preterrena; esto sólo puede conseguirse con una vida purificada, es decir, con una vida limpia.

A través de la doctrina de la transmigración de las almas adquiere su peculiar significación la estrecha relación que existe entre hombre y animal que resulta de la filosofía natural de Empédocles. Tienen importancia extraordinaria las consecuencias de este parentesco: un lazo común abraza a todo lo animado, un mismo derecho válido para todos. De aquí se deduce lógicamente un mandato categórico: el respeto y la consideración ante todo lo viviente. Por lo tanto, es una injuria horrible matar animales y comer su carne. Los cuerpos de animales que los impíos devoran son “morada de almas en pena”´.

El alma de Empédocles se merece un lugar especial en este blog porque surge de la doctrina pitagórica sobre el alma que hemos mencionado varias veces en el blog. Además,  es muy relevante su concepto sobre el “Daimon” que también lo hemos estudiado con anterioridad.

Artículos relacionados con la misma temática:

Transmigración del alma

Daimon

Metempsicosis

Los órficos

Orígenes de la religión órfica

 

 

 

 

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Hipno y Tánato

Hipno es la personificación del Sueño y Tánato de la Muerte. Ambos son gemelos e hijos de Érebo, las Tinieblas y Nyx, la Noche. Hipno recorre continuamente la tierra durmiéndolo todo a su paso. A petición de Hera, durmió a Zeus para permitir que Poseidón interviniese en favor de los griegos durante la guerra de Troya (Ilíada, Libro XIV).
A Tánato se le representa como un genio alado, acude a buscar a los mortales cuando el tiempo de su vida ha expirado. Corta entonces un mechón de los cabellos del difunto para entregárselo como presente a Hades y luego lleva su cuerpo al reino de los muertos.
Es notable el episodio de Tánato en el que va a buscar a Alcestis, que por amor había ocupado en el féretro el lugar de su esposo muerto, simbolizando el amor conyugal. Heracles, cuando descendió al Hades, la liberó y la acompañó de vuelta a la tierra, tan bella y joven como en el momento de su muerte.
Tánato también fue el encargado por Zeus de castigar a Sísifo, pero el astuto mortal consiguió engañarlo y hacerlo prisionero, librando así, por un tiempo, de su funesta presencia a los hombres. Tánato, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte.
Hay que destacar que Tánato no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
 

Lécito de Hipno y Tánato

Lécito de Hipno y Tánato

Es muy conocida la historia de Hipno y Tánato en la que llevaron hasta Licia el cuerpo del valeroso Sarpedón, muerto al pie de las murallas de Troya. Las fuentes literarias más arcaicas que nos han llegado de Hipno corresponden a la Ilíada donde inicialmente aparece el personaje como hermano de Tánato, ambos encargados de trasladar a Sarpedón  a un lugar donde se le pudiera realizar las honras fúnebres para continuar con su viaje al más allá. (Ilíada,  canto XVI). Hipno se nos presenta así como el dios del sueño y conduce,  junto a su hermano Tánato, a los difuntos hasta su lugar final de reposo, facilitando el cumplimiento de la premisa de las honras fúnebres heroicas en la patria del difunto, donde los honores serán mayores y ofrecidos no por los extranjeros sino por los miembros del grupo familiar.Este hecho resalta la complejidad de Hipno como personaje mitológico  incluido en el limbo de los sueños y en el de la muerte, demostrando que ambas presencias (sueño y muerte) estuvieron conectadas en el pensamiento griego antiguo. Durante todo el s. V a.C., se desarrolló un culto funerario destacable en torno a la figura de Hipno y su hermano gemelo Tánato en los que ambas personificaciones son presentadas como intermediarias entre el mundo de los vivos y el de los muertos:
[El poeta habla de Sarpedón, caudillo licio, muerto por Patroclo] […] y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte (Thanatos) y al dulce Sueño (Hypnos) que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos. (Ilíada, XVI)
Hypnos_ThanatosHipno y Tánato, en algunos casos, están cumpliendo un papel que corresponde a los familiares del difunto: se trata de la deposición del cadáver en la tumba y del acto posterior de enterramiento de los restos del muerto.
Sólo una causa puede justificar que esta deposición no la realicen los familiares al pie de una tumba en los alrededores de la ciudad en la que vivía el difunto, y es que el fallecimiento no se haya producido en el lugar en el que la persona residía y en el que se localizaban sus familiares. Así, el paralelo del Sarpedón homérico no sería sólo un medio de identificar al muerto con el héroe y hacerlo partícipe de la prestigiosa analogía mítica, sino que tendría su raíz incluso en una analogía de circunstancias con la muerte del caudillo licio. Sarpedón, lejos de su patria y sin posibilidad de recibir sepultura en ella, fue transportado míticamente por los aires para tener las honras fúnebres debidas en Licia; del mismo modo, el difunto, muerto lejos de su patria, sería transportado imaginariamente por los genios hasta la tumba en la que sus familiares le rendirían honras fúnebres.
A Hipno se le atribuyen cien hijos, entre ellos Morfeo. Cuenta un relato mítico que concedió a Endimión, dotado de extraordinaria belleza, el don de dormir eternamente, imagen que vendría a simbolizar la felicidad eterna. A menudo reducido a una pura abstracción, a Hipno se le atribuyen diversas moradas: la isla de Lemnos, según Homero; el Tártaro, según Virgilio; la lejana orilla de los cimrios, en el Ponto Euxino (actual Mar Negro), según Ovidio, que además le atribuye un palacio encantado donde todo duerme.
 Los escultores griegos representa a Hipno como un joven de rostro grave, a veces provisto de un par de alas unidas a sus sienes o bien a sus hombros, recordándonos entonces  las figuras de los ángeles.

Os recomiendo los siguientes enlaces relacionados con Hipno y Tánato: La muerte de Sarpedón; Sísifo.

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