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La iniciación en el culto contra el miedo a la muerte

“Llegué hasta la línea divisoria que separa la vida de la muerte. En el inframundo traspasé el umbral de Perséfone, y después de haber viajado a través de todos los elementos, emprendí de nuevo el regreso”.

Este texto tiene más de dos mil años de antigüedad y procede de un hombre anónimo que había sido iniciado en los antiguos cultos mistéricos, reservados únicamente a los iniciados, un círculo muy elitista. El hombre creía que iniciándose en los misterios participaría del poder divino y podría sacar provecho de ello en la vida después de la muerte. Todos los que no hubieran experimentado una iniciación a través de los misterios, estarían destinados al Hades.

Lo que les sucedía en la iniciación era una vivencia simbólica o ritual de la muerte. Ésta tenía que ver con la oscuridad, el recogimiento y con un retiro completo,  así que los sacerdotes escenificaban hábilmente la “vivencia”. Los creyentes entendían esta escenificación como su propia salvación tan pronto como se produjera su muerte real. El objetivo es que seguirían existiendo en el más allá, de manera consciente, y no como una sombra, un espectro.

En la antigüedad se originaron diferentes cultos mistéricos, como los Misterios eleusinos en Grecia, explicados en Animasmundi en el siguiente enlace: Misterios

El objetivo de la iniciación era adquirir unos conocimientos secretos. Estos conocimientos capacitaban al que participaba de los misterios para distinguir en profundidad lo divino de lo humano, lo terrenal de lo ultraterrenal pero, además, lo capacitaban para que perdiera el miedo a la muerte. En definitiva, al iniciado se le presentaba un camino mejor que al resto de los mortales.

Deméter

Deméter

La iniciación tenía lugar fundamentalmente porque la vida del individuo se hallaba ligada a la de los dioses. Por ejemplo, Deméter se lamentaba porque su hija Perséfone había sido raptada por Hades, dios de la muerte, así, de esta manera, el hombre reconocía en esto que los seres sobrenaturales tenían sentimientos similares a los suyos. De este modo se estrechó el vínculo entre dios y hombre por lo que los hombres se sentían unidos a su dios por encima de su propia muerte. El dios sobre el que se había experimentado en la iniciación se situaba en un plano humano; la persona iniciada se sentía emparentada a este dios en el luto, en el dolor y en el miedo. Esta relación estrecha la experimentaban exclusivamente los iniciados en los cultos mistéricos.

A quien no hubiera sido iniciado le aguardaría otro destino lleno de horrores y peligros. Estar muerto significaba tener que vegetar por toda la eternidad como una sombra.

“ Que la iniciación te permita a ti, hombre, perdurar en el tiempo más allá de la propia muerte. Sin embargo, todos los que no hayan sido iniciados, deberán permanecer hundidos en el fango eternamente filtrando agua con una criba. (…) Los no iniciados no pasan por el filtro y son eliminados. A continuación, serán aniquilados por los demonios guardianes de puertas”.

La iniciación en los cultos mistéricos debía de ser sin duda una vivencia única, especial y penetrante. Se cree que al iniciado le aplicaban determinadas técnicas para alcanzar el éxtais, que le provocaban estados psíquicos hasta entonces nunca experimentados. El éxtasis lo capacitaba para una percepción sobrenatural. En ese estado, el iniciado podía verse cara a cara frente a Deméter. Esta experiencia era percibida como algo completamente real por los iniciados.

Deméter era experimentada del siguiente modo: el hombre embargado por el éxtasis dice: “Yo soy ceniza, la ceniza es tierra, la tierra es una diosa, entonces no estoy muerto”.  La cercanía de la diosa sería felizmente percibida en ese momento. Después el iniciado continuaba: “He entrado en el castillo de la diosa del inframundo”. Él sabía que de estas entrañas brotaría una vida nueva, pues vida y muerte van de la mano. De esta manera, cada iniciado, a través de esta experiencia, se libraría del miedo a la muerte.

Enlaces de interés:

  1. Eleusis
  2. Los Misterios

 

 

 

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Los Misterios en la antigua Grecia

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Misterios eleusinos

En la antigua Grecia nunca dejaron de lado los Misterios filosóficos y sobrenaturales que fueron la base de sus dogmas. De ellos entresacamos aspectos ocultos de una doctrina denominada esotérica para los eruditos, con unas enseñanzas de mayor profundidad y sentido para los que son capaces de penetrar en la esencia de las cosas. La gran religión de Grecia ofrecía un amplio abanico tanto para sus neófitos como para personas con un desarrollo superior. En otras palabras, había dos marcos de actuación bien definidos: uno público o exotérico, comprensible para todos; y uno secreto o esotérico, comprensible para los iniciados.

Hay que mencionar que en los antiguos Misterios había  pocas ceremonias inmorales u  obscenas. Es cierto que hay algunas clases de Misterios relacionados con el culto a Baco y las festividades populares, que en los últimos tiempos del paganismo degeneraron obscenamente, pero que no tenían nada que ver en absoluto con los Misterios de Eleusis. Por lo tanto, hay que destacar dos clases de misterios: los misterios mayores y los menores. La mayoría de las personas tenían conocimientos de la existencia de los misterios menores, ya que estaban al alcance del pueblo;  también se conocían, a menor escala, los misterios mayores que guardaban determinadas enseñanzas para algunos privilegiados, como por ejemplo los misterios que seguían sigilosamente los pitagóricos. (Para saber más sobre los pitagóricos, pincha en el siguiente enlace: pitagorismo).

Por esta razón, los Misterios de Eleusis tenían dos ceremonias: por un lado, los misterios menores se celebraban en el mes de marzo. Los sacerdotes purificaban a los suplicantes para la iniciación. Sacrificaban un cerdo a Deméter y entonces se purificaban a sí mismos; por otro lado, los misterios mayores tenían lugar en el mes de septiembre y duraban nueve días. El primer acto de los misterios mayores era el traslado de los objetos sagrados desde Eleusis hasta el Eleusinion, un templo en la base de la Acrópolis de Atenas.

Cualquiera de los atenienses o de los demás griegos que lo desea es iniciado. (Heródoto 8.65. 4)

No obstante, sea cual fuere la envergadura de los misterios (eleusinos, pitagóricos, órficos, etc.), la palabra misterios menciona la atracción de lo secreto y la promesa de aportar las respuestas existenciales de la vida. Éste era el elemento principal. Otro elemento muy común es el de que las religiones de los misterios procedían de la antigüedad tardía con una destacada influencia de Oriente, Egipto y Mesopotamia. Por ejemplo,  Dionisio fue destrozado y despedazado, igual que Osiris por los egipcios; también hay un paralelismo  entre Atenea, que salvó el corazón de Dionisio insuflándole de nuevo vida, e Isis, en Egipto, al recoger los miembros de Osiris que Seth, dios de la fuerza bruta de la naturaleza, había esparcido por la tierra, y los volvió a juntar.

Cabe recordar que los misterios de la antigüedad pagana, el culto de Eleusis, floreció sin interrupción desde el siglo VI a.C. hasta el siglo IV d. C. Cuando se menciona que Eleusis era espiritual, se refiere a  un cambio fundamental en la actitud religiosa, en búsqueda de una espiritualidad superior. Esta visión le daba al individuo la Vía de la salvación. La iniciación en Eleusis no suponía la adhesión a una religión en el sentido que nos es familiar, aunque puede haber ciertos perfiles comunes con el judaísmo, cristianismo y el islamismo.

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Deméter y Perséfone celebrando los misterios.

Los misterios de Eleusis estuvieron dedicados a Deméter y a su hija Perséfone, conocida también como Core (la Doncella). Estos misterios estaban organizados por la polis de Atenas. Tuvieron un gran prestigio literario lo que aseguró su fama y su continuidad. El famoso mito describe a Deméter buscando a Core, que había sido raptada por Hades, el dios del inframundo. Finalmente, Core regresa sólo por un periodo de tiempo limitado a Eleusis. En resumen, los atenienses celebraban el gran festival de Otoño, los Mysteria. La procesión recorría de Atenas a Eleusis y culminaba con una celebración nocturna en la sala de iniciaciones, el telesterion, albergando a miles de iniciados, donde el hierofante revelaba las respuestas sagradas. Había dos dones que Deméter concedía: el trigo como base de la vida civilizad, y los misterios que guardaban la promesa de las mejores esperanzas para una vida futura más feliz y próspera. El iniciado recibía el don de la eterna bienaventuranza en el más allá en su camino sagrado al otro mundo. Además,  se le otorgaba el sentido de ver en su interior la contemplación de la verdad. Para ampliar más información sobre los Misterios de Eleusis, os recomiendo este enlace: Eleusis.

En síntesis, los misterios son una forma de religión personal, llevado al plano más íntimo, donde se busca una dimensión espiritual más profunda que depende de una decisión privada con el fin de  aspirar a alguna forma de salvación.  También  existe otra forma de religión personal, muy elemental y extendida, que constituye otra vertiente para la práctica de los misterios: la “religión votiva”. Es decir,  la  que practican aquellas personas que están enfermas, en peligro o en cualquier tipo de necesidad y, a la inversa, aquellos que alcanzan cualquier clase de beneficio, realizando promesas a los dioses y normalmente las cumplen ofreciendo donaciones, promesas, más o menos valiosas.

Un ejemplo que sintetiza mis palabras es el miedo a la muerte. El miedo a la muerte es un hecho de la vida inevitable, un cordón común que nos une a todos los seres humano. Cuando uno ve la muerte de cerca, aparece el miedo y la preocupación por cosas que no se pensaban antes. No reflexionamos sobre los acontecimientos hasta que nos toca. Por eso, cuando se llega al último escalón de la vida terrenal, uno piensa que algún tipo de purificación u oración le ayudará. Una vez limpiado su interior, creen que continuarán en el Hades sin que las sombras o la oscuridad le acechen. De este modo, los misterios eran la llave maestra para una vida futura de promesas y de paz. La raíz intrínseca de los misterios podía dividirse en dos líneas: curaciones e inmunizaciones, por un lado; y supuesta beatitud después de la muerte, por otra.

Entre los pitagóricos, la metempsicosis se presenta como la principal novedad en conexión con una auténtica vida ascética; en el orfismo, el culto fue, en lo esencial, a Dionisos como dios del inframundo, del que se esperaba la purificación de las almas y su beatitud final. Los órficos practicaban una vida de asceta muy rigurosa, bien su adherencia fuera por una preocupación del más allá, bien por un sentimiendo de pecado interior que tenían que purificar, perpetrada por una idea de culpa, las opiniones sobre el mal y una vida pesimista. La iniciación órfica debió de ser un misterior privado, ya que no se practicaba en el templo y con ninguna ceremonia popular como la de Eleusis. Más adelante los órficos se fusionarían con los pitagóricos hasta que estas corrientes desembocaron en el neoplatonismo.

Orfeo, cuyo nombre significa “el que cura con la luz” fundó los Misterios de Dionisio y difundió su culto. Dionisio representa el Yo cósmico que fue destrozado y despedazado (Ver siguiente enlace: Titanes) por los Titanes o fuerzas de la naturaleza. Atenea, la sabiduría divina nacida del pensamiento de Zeus, salvó su corazón y le devolvió a la vida entregándoselo a Zeus. De los vapores del cuerpo destrozado de Dionisio que arde en la pira nace la humanidad, caída y sin corazón, que custodia Zeus, y que se puede pues alcanzar por medio de Atenea, la sabiduría: así nacen los genios y los héroes, según afirma Orfeo. Asimismo, Orfeo despertó el sentido de la divinidad con su lira de siete cuerdas, que simbolizan el saber vibrar en las siete notas fundamentales del universo, las cuales, en música, corresponden a las siete notas musicales, en el hombre a los siete chakras principales, mientras que en el sistema solar corresponden a los siete planetas sagrados tradicionales.

Por último, aprovecho para recordar que había dos divisiones muy definidas con respecto a los dioses: los dioses del Olimpo (Zeus, Hera, Apolo, Atenea, etc.) y la de las divinidades ctónicas o infernales (Deméter, Perséfone, Hécate, Hades, etc.). Cabe destacar que las divinidades ctónicas son las que atañen a  las profundidades interiores del alma y  que con sus Misterios te introducen en sus secretos (Misterios menores).

Y en las cuatro grandes divinidades se simbolizan los elementos principales: Zeus, el aire, que corresponde a los sentimientos humanos; en Poseidón el agua, que corresponde en el hombre a la sangre; en Hades la tierra, que corresponde a la conciencia del Yo, que está también escondida en la tierra y oculta en el hombre no despertado; Hefesto, el fuego, que corresponde con la purificación y el cambio en el interior en el hombre.

Nota: desde “La Pequeña Grecia” han otorgado el 2º Premio Concurso Literario 2016 a este post. Desde aquí agradezco muchísimo vuestro premio así por el especial cariño que sienten desde Venezuela hacia este blog.

Obras de referencias:
Cultos Mistéricos Antiguos (Paradigmas)
Religion Griega Arcaica Y Clasica (LECTURAS DE HISTORIA)
La Creación De Lo Sagrado (El Acantilado)
De Homero A Los Magos (El Acantilado)
Historia de las creencias y las ideas religiosas I: De la Edad de Piedra a los Misterios de Eleusis (Orientalia)

Enlaces de interés:

  1. La iniciación al culto
  2. Los Misterios de Eleusis

 

 

 

 

 

 

 

 

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Los misterios de Eleusis – Documental –

Un vídeo muy interesante sobre los misterios de Eleusis. Para ampliar más información se recomienda el siguiente enlace: Eleusis

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octubre 1, 2013 · 5:45 am

Los misterios de Eleusis

Eleusis (actualmente Elefsina) fue una pequeña población a unos 30 kilómetros al noroeste de Atenas. Era una pequeña ciudad agrícola productora de trigo y cebada. Albergaba un santuario, dedicado a la diosa Deméter y su hija Perséfone, en ella los misterios habrían empezado en torno al 1500 a.C., durante la época micénica.
Se celebraron anualmente durante unos dos mil años. El templo llegó a adquirir gran importancia por ser la sede de uno de los mayores cultos de la Grecia antigua, en ella los peregrinos acudían en gran número de toda Grecia y más allá para participar en ellos.

Yacimiento arqueológico de Eleusis

En el siglo VIII a. C. el santuario adquirió su máximo esplendor y su festejo llegó a ser uno de los más importantes de Atenas. A partir del año 300 a.C., el Estado tomó el control de los misterios, esto provocó un vasto incremento en el número de iniciados. Los únicos requisitos para participar en los misterios era carecer de «culpas de sangre», lo que significaba no haber cometido asesinato alguno, y no ser un bárbaro (es decir, saber hablar griego). Se permitía iniciar a hombres, mujeres e incluso esclavos. Pero la expansión del cristianismo y la invasión de los ostrogodos condujeron al total abandono del santuario. El emperador romano Teodosio I cerró los santuarios por decreto en el 392, en un esfuerzo por destruir la resistencia pagana a la imposición del cristianismo como religión estatal. Los últimos vestigios de los misterios fueron aniquilados en 396, cuando Alarico I, rey de los godos, realizó una invasión acompañado por cristianos, trayendo con él el cristianismo arriano y profanando los antiguos ritos sagrados.

El fin de los misterios eleusinos en el S. IV fue narrado por Eunapio, un historiador y biógrafo de los filósofos griegos, quien había sido iniciado por el último hierofante legítimo.

EL MITO

Los misterios de Eleusis tienen su origen en la diosa maternal de la Tierra, hija de Crono y Rea, diosa del grano, la diosa Deméter. Ella originó estos misterios como agradecimiento por haber vuelto a encontrar a su hija Perséfone. Ésta había sido secuestrada por Hades, el dios de la muerte y el inframundo, y como muestra de agradecimiento la diosa del grano regaló a la humanidad los cereales, así como los Misterios de Eleusis. Mientras Deméter buscaba a su hija, habiendo tomado la forma de una mujer anciana llamada Doso, recibió la hospitalaria bienvenida de Céleo, el rey de Eleusis en Ática. Céleo le pidió que cuidase a Demofonte y Triptólemo, los dos hijos que había tenido con Metanira. Como regalo, Deméter planeó convertir a Demofonte en un dios, pero no pudo completar el ritual porque Metanira gritó asustada al ver a su hijo sobre el fuego. En otras versiones es Eleusis o Eleusino el héroe epónimo de la ciudad de Eleusis y sería él quien descubriría a su hijo Triptólemo sobre el fuego. Deméter lamentó que los mortales no entendiesen el concepto de ritual y decidió enseñar a Triptólemo el arte de la agricultura y, a través de él, el resto de Grecia aprendió a plantar y segar cultivos. Cruzó el país volando en un carro alado mientras Deméter y Perséfone cuidaban de él.

Deméter era la diosa de la vida, la agricultura y la fertilidad. Descuidó sus deberes con la humanidad mientras buscaba a su hija, por lo que la tierra se heló y la gente pasó hambre: el primer invierno. Durante este tiempo Deméter enseñó los secretos de la agricultura a Triptólemo. Finalmente Deméter se reunió con su hija y la tierra volvió a la vida: la primera primavera. Perséfone no podía permanecer perennemente en la tierra de los vivos, pues había comido unas pocas semillas de una granada que Hades le había dado, y aquellos que prueban la comida de los muertos, ya no pueden volver. Se llegó a un acuerdo por el que Perséfone permanecía con Hades durante un tercio del año, el invierno, puesto que los griegos sólo tenían tres estaciones, omitiendo el otoño, y con su madre los restantes ocho meses.

Los misterios eleusinos celebraban el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra. Perséfone había comido semillas (símbolos de la vida) mientras estuvo en el inframundo (el subsuelo, como las semillas en invierno) y su renacimiento es un símbolo del renacimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y de toda la vida sobre la tierra.

Deméter, Perséfone y Triptólemo, relieve votive, ca. 440-430 a. C., Museo Arqueológico de Atenas.

A lo largo de milenios, Eleusis fue el centro espiritual más importante de la antigüedad Griega. En los misterios eleusinos se enseñaban una serie de reflexiones sobre la vida y la muerte; se servían como ejemplo del mismo grano del centeno; el grano del centeno es plantado en la tierra y muere allí para dar pie a nueva vida.

LOS RITOS

El ritual comprendía dos grupos de ceremonias: los «Misterios menores» celebrados en primavera (consistentes en ayunos, purificaciones y sacrificios, acompañados por explicaciones a los peregrinos), y los «Misterios mayores» celebrados en otoño, cuyo momento culminante consistía en la ceremonia iniciática nocturna, donde los peregrinos eran conducidos a la cámara más profunda (Telesterion) y recibían una pócima (el kykeón), de la cual sólo se sabe que contenía agua “con harina” y menta. Esta era la parte más reservada de los misterios y aquellos que eran iniciados tenían prohibido hablar de los sucesos que allí tenían lugar. Nada ha podido llegar a saberse de lo que acontecía en esa ceremonia nocturna.

Se sabía que los adeptos que peregrinaban a Eleusis después de largas preparaciones, al final de su viaje recibían una bebida sagrada; esta bebida era la que les proporcionaba la iluminación. En toda la cuenca mediterránea crece entre la hierba salvaje un cornezuelo de centeno muy especial con ergot. Los sacerdotes de Eleusis recogían este cornezuelo de centeno, lo trituraban y lo mezclaban en la bebida para convertirla en una bebida sagrada.

La procesión comenzaba en el Cerámico (el cementerio ateniense) y la gente caminaba hasta Eleusis, siguiendo el llamado «Camino Sagrado», balanceando ramas (bakchoi) por el camino. Mientras caminaban gritaban obscenidades en conmemoración de Yambe (o Baubo, una vieja que, contando chistes impúdicos, había hecho sonreír a Deméter cuando ésta lloraba la pérdida de su hija).
Tras llegar a Eleusis, había un día de ayuno en conmemoración al que guardó Deméter mientras buscaba a Perséfone. El ayuno se rompía para tomar una bebida especial de cebada y menta-poleo llamada kykeon. Posteriormente los iniciantes entraban en una gran sala llamada Telesterion donde les eran mostradas las sagradas reliquias de Deméter. Esta era la parte más reservada de los misterios y aquellos que eran iniciados tenían prohibido hablar jamás de los sucesos que allí tenían lugar.

Los sacerdotes eran los que revelaban las visiones de la sagrada noche, consistentes en un fuego que representaba la posibilidad de la vida tras la muerte, y varios objetos sagrados. Otros afirman que esta explicación resulta corta para explicar el poder y la longevidad de los misterios, y que las experiencias debían haber sido internas y provocadas por un ingrediente fuertemente psicoactivo contenido en el kykeon.

Dioses eleusinos, ca. 335-325 a. C., Hermitage Museum, San Petersburgo

Como hemos leído anteriormente, los aspirantes a iniciación juraban por su vida guardar en absoluto secreto el detalle de la experiencia, y así lo hicieron. La celosa custodia del secreto, y la falta de cualesquiera testimonios de decepción, cobra su auténtico relieve recordando que acudieron en calidad de peregrinos a Eleusis hombres como Platón, Aristóteles, Pausanias, Píndaro, Esquilo, Sófocles, Cicerón, Adriano o Marco Aurelio. Aunque es probable que el número de aspirantes a iniciación fuese aumentando con el transcurso del tiempo, hasta llegar a cifras de millares cada año desde el siglo IV a. C. Lo allí impartido se ofrecía una única vez en la vida de cada persona, y los peregrinos esperaban varios lustros y décadas para incorporarse al grupo que sería iniciado cada año. Los sacerdotes permanecían en el santuario, sin mantener ningún tipo de relación posterior con los iniciados. No había credo ni dogma alguno. No había organización administrativa del culto fuera de las ceremonias bianuales; nadie era invitado u obligado a iniciarse. Aún así durante un milenio y medio acudieron reyes y cortesanas, comerciantes y poetas, esclavos y gentes de toda posición y procedencia. En la base del rito había una promesa de inmortalidad dentro de un marco que apunta más bien a una modalidad de muerte y renacimiento místico.
Cicerón cuenta que «los Misterios nos dieron la vida, el alimento; enseñaron a las sociedades las costumbres y las leyes, enseñaron a los hombres a vivir como tales». Todo apunta a una experiencia tan breve como intensa, donde el aspirante a iniciación era introducido al «término» y al «comienzo» de la vida, a morir y renacer, purificando así su concepto de lo real. Y lo ofrecido por los sacerdotes constituía una “visión trascendental” e “iluminación”. Autora: Helena María Martínez Mesa

Para profundizar más sobre el tema, os recomiendo visitar: “Eleusis: un culto de dos mil años”

Obra de referencia: La sabiduría griega I: Diónisos, Apolo, Eleusis, Orfeo, Museo, Hiperbóreos, Enigma (Estructuras y Procesos. Filosofía)

Enlaces sobre la misma temática:

  1. La iniciación al culto
  2. La percepción del más allá
  3. Los misterios en la antigua Grecia

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