Archivo de la etiqueta: Heracles

Geras, la personificación de la vejez

Geras, detalle de vasija ateniense, 480 a. C.–470 a. C.

La vejez ocupa un lugar especial en nuestras vidas, un eslabón importante en el desarrollo de la misma, pero en nuestra sociedad, nos hemos empecinado en darle la espalda pues pensamos que la vejez queda lejos y que no es un problema del presente. Sin embargo, día tras día, estamos descuidando una etapa que puede ser plena, aunque la sociedad haya decidido olvidarla. Nos preocupamos en cotizar para tener una pensión en nuestra anhelada jubilación, pero hemos dejado de lado el ingrediente principal para pasar una vejez digna: la humanidad. ¿Por qué? Porque dentro de nosotros sabemos que la senectud va ligada a los padecimientos a nivel físico y mental. No queremos envejecer porque, entre otras cosas, creemos que en la juventud están todas las alegrías, la hermosura nos arranca las sonrisas y el amor nos rodea por doquier. Hemos cerrado esa época en la que los padres morían en casa, acompañados de sus hijos y nietos, dándoles el último adiós y las gracias por haber transmitidos los valores de la vida, por darnos una educación, una vida, una carrera universitaria, por habernos alegrado nuestros momentos en los días de fiestas, en las navidades, por habernos secados nuestras lágrimas en los momentos más dolorosos de nuestras vidas. Los padres han estado ahí, para lo bueno y para lo malo.

Podemos distinguir varios aspectos en nuestra actual sociedad que no queremos aceptar: el miedo a la vejez (por los padecimientos que la acompañan) y el poco respeto a la ancianidad.  Y hay está la otra cara de la moneda:  la juventud. La juventud es la única edad dorada valorada por los medios de comunicación, de hecho, los famosos no quieren envejecer e instan a las visitas continuadas a las clínicas de rejuvenecimientos, que, por cierto, los presupuestos son elevadísimos y fuera del alcance de muchos. Es cierto que en la juventud se encuentran muchas de nuestras primeras alegrías, pero esa juventud se va como una brazada, lo que dura un sueño en la noche, porque lo que después viene es enfermedad y carencia de autonomía. Hoy día los medios de comunicaciones enaltecen la hermosura de la juventud y los cuerpos apolíneos.

La actual sociedad no dista mucho del pensamiento de la antigua Grecia. Un breve recorrido nos hace reflexionar que hoy día, lamentablemente, seguimos sin avanzar en el aspecto humano.

En la mitología griega Geras era la personificación de la vejez y era compañero inseparable de Tánatos, la muerte. Su opuesta, lógicamente, era Hebe, la diosa de la juventud. El equivalente de Geras en la mitología romana era Senectus.

Geras se le representaba como un hombre encogido y arrugado y posteriormente, como una triste mujer apoyada en un bastón y con una copa que mira a un pozo donde hay un reloj de arena, alegoría del poco tiempo que le queda de vida. Algunas vasijas del siglo V a. C. muestran una escena de Geras con Heracles. Al perderse el relato que pretendían plasmar se ha interpretado como una alegoría de la victoria del héroe sobre la vejez (Heracles murió joven) en las vasijas en las que se le pintaba manifiestamente superior a Geras e incluso asiéndole de los cabellos; o como un intento del héroe de conocer qué era hacerse viejo (en una vasija en la que ambos aparecen hablando en posición de igualdad).

Los dioses respetaban a Geras, pues querían recibir sus honores y valoraban la experiencia que aportaba la vejez, por eso le permitían morar en el Olimpo. También se le veía como el que ponía punto final a las tiranías y los hechos injustos que Geras hacía que no fueran eternos. Sin embargo, sus lógicos efectos de debilidad y decadencia eran temidos y aborrecidos por todos.

Algunos autores afirman que cuando Zeus castigó a los hombres enviándoles a Pandora, la primera mujer, quiso extender su maldición y envió con ella a Geras.

Hesíodo (Teogonía 223-225) concibe la vejez como una fuerza o divinidad, hija de Noche y hermana de Engaño, de Afecto, y de Discordia, es decir, nace junto a fuerzas contrarias, lo cual pudiera reflejar que, para este autor, ella participa del bien y del mal: por un lado, la bondad de toda una vida; por otro, el debilitamiento atroz que consume.

Afrodita, diosa del amor y enaltecimiento a la belleza física (Himno a Venus, 246) recalca con énfasis: “también los dioses aborrecen la ancianidad”.

Este doble valor de la vejez, su paradoja, se ve ejemplificado en la historia narrada en el “Himno homérico a Afrodita” (Himnos homéricos 5, 218 y ss.), donde la diosa Aurora se enamora del apuesto Titono y por ello le ruega a Zeus que lo haga inmortal. El dios accede a la súplica, pero ella olvida pedir también para él la juventud eterna. Cuando a Titono le brotan las primeras canas, Aurora se aleja para siempre y éste es colocado en una alcoba donde envejecerá eternamente. Esto es, si bien los dioses son inmortales, lo son en una determinada edad (dependiendo de lo que representen), por ejemplo, Eros es siempre niño, Afrodita, joven, y Zeus, anciano, por lo que la vejez de los mortales les es totalmente ajena e incluso despreciable.

Si bien la vejez de Titono es rechazada, también la ancianidad es defendida por dioses y héroes: en la Ilíada (canto I) Agamenón ultraja al anciano sacerdote de Apolo, Crises, ordenándole abandonar el campamento; Apolo se venga provocando una gran mortandad. Es decir, el ultraje a un anciano le provoca ira al dios (con mayor razón si se trata de su sacerdote) porque, aunque Crises no tiene las cualidades de los héroes de la guerra de Troya, sí cumple una función importante en ella. Asimismo, el respeto hacia la vejez está expuesto en la escena del encuentro entre Aquiles y Príamo, padre de Héctor, también en la Ilíada (XXIV, 503-6), cuando aquél acepta devolver el cuerpo de su hijo ultrajado por él mismo.

Además, según estos textos homéricos, en la época existía un orden social en el que los ancianos de las familias más ricas ocupaban puestos privilegiados, manteniendo importantes cotos de poder, como el Consejo de Ancianos que participaban activamente en el desarrollo de los centros rurales.

Así mismo, Platón idealiza la vejez, por ejemplo, en la República cuando se alude a unos versos de Píndaro: “porque él (Píndaro), graciosamente dijo que el que ha llevado una vida con justicia y con religiosidad: ‘una dulce esperanza lo acompaña, el corazón le alienta y su vejez alimenta’.” (I. 331a).

Si echamos un vistazo a las obras de Eurípides podemos ver también alusiones a la vejez. Así, un anciano expresa: “Nosotros los viejos no somos más que fantasmas, una apariencia, y vagamos como visiones de un sueño; no tenemos ya inteligencia, aunque presumamos de muy avisados” (Eolo, 18).

Aristóteles (Retórica II, 12, 13) detalla la calidad humana de los jóvenes siendo siempre bondadosos, mientras que los ancianos son descritos con los más negros trazos; los viejos, en efecto, se hallan desesperanzados por su mucha experiencia, lo que ven es casi todo malo, y lo que sucede va de mal en peor. Se solía hablar de los viejos sin ningún respeto. Sófocles dijo: “La inteligencia se ha apagado, la acción es inútil y, por si fuera poco, preocupaciones hueras” (Scyrae, 4).

Hay que recordar que, por otra parte, Platón defiende la idea de que los gobernantes deberían ser filósofos, para lo cual no se necesitaba ni la belleza ni la fortaleza de la juventud, sino más bien, la experiencia y moderación de la vejez. Sin embargo, también él, que vivió 80 años, pensaba que la enfermedad era una vejez prematura y la vejez una enfermedad permanente.

Enlaces de interés:

Referencias:

  1. Wikipedia
  2. Salamanca

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología

El simbolismo de Cerbero

cerbero-9-728Una de las más célebres descripciones de Cerbero la encontramos en el canto VI de La Divina Comedia de Dante, donde el poeta nos ofrece una aterradora imagen del monstruo guardián con sus tres fauces babeantes.
Según cuenta el mito cuando las almas se encuentran a Cerbero, que guardaba la entrada del Tártaro, su sola presencia resultaba aterradora, dejando el paso a todos los que iban a entrar y no permitía salir a nadie, sino que a todos los que intentaban salir los aterrorizaba con  horribles ladridos. Este Cerbero nació de Tifón y Equidna, según escribió Hesíodo en la Teogonia (311). Por otra parte, que custodiaba el palacio del Hades lo atestigua así Virgilio en el libro VI (417-8): El enorme Cerbero atruena estos reinos con el ladrido de su triple boca, recostándose temible en la parte delantera de la caverna. Decían que la forma de su cuerpo fue muy semejante a un perro, de cuya cabeza, sin embargo, colgaban numerosísimas serpientes en lugar de pelos, como dice Horacio en el libro III (11, 15-20) de las Odas: El temible portero del palacio, Cerbero, cede ante ti que lo acaricias, aunque su cabeza, como la de las Furias, la fortifican cien serpientes y un hediondo aliento y una baba mana de su boca de tres lenguas. Finalmente, que todo su lomo tiene serpientes en lugar de pelos y está atado por una cadena de serpientes, parece haberlo manifestado Tibulo en el libro III (4,87-8): el perro ceñido en su lomo por una caterva de serpientes, que tiene tres lenguas y triple cabeza. Que aquél tuvo tres cabezas lo atestigua así Sófocles en las Traquinias (1098): Al guardián de tres cabezas del Hades, monstruo irresistible, lo que también afirmó Cicerón en el libro I (5,10) de las Discusiones Tusculanas; en cambio, Hesíodo le atribuyó cincuenta cabezas en la Teogonia (310-3), según se ve claramente en estos versos: En segundo lugar parió un prodigioso hijo que no se puede nombrar. Cerbero, el sanguinario, el perro del Hades, de broncíneo ladrido, de cincuenta cabezas, despiadado y cruel. Horacio escribe que aquél tiene cien cabezas en el libro II (13,34-5) de los Poemas: La bestia de cien cabezas baja sus negras orejas. Hesíodo en la Teogonia (769-73) dice así que Cerbero lisonjea a los que entran y devora las almas que salen: Guarda la entrada un terrible perro, cruel y que actúa con malas artes: a los que entran los saluda alegremente con la cola y a la vez con ambas orejas, pero no les permite salir de nuevo sino que, acechando, devora al que coge en el momento de franquear las puertas. Pero Cerbero y también ya las Furias y la carencia de luz, el Tártaro vomitando por sus fauces llamas que causan terror, los que ni existen en ninguna parte ni pueden existir de hecho.
Los platónicos le consideraron como el principio del mal ya que sus funestas influencias se extienden sobre los tres elementos: aire, tierra y agua, de donde derivan sus tres cabezas. (Diccionario Mitología Universal, Edicocomunicación)

cerberoVarios héroes pudieron reducir al terrible Cerbero, como por ejemplo Orfeo, que consiguió amansar al animal con la música de su lira. Por otra parte, Heracles, cuya duodécima prueba consistía precisamente en traer al perro a Euristeo. Hades había aceptado con la condición de que el héroe redujese a Cerbero sin servirse de sus armas. Heracles lo aferró con sus brazos, impidiéndole respirar y lo llevó medio asfixiado a Euristeo, pero éste se escondió espantado dentro de una tinaja y le rogó que volviera a llevarlo lo antes posible a su lugar.
Para mi opinión, Cerbero simboliza la codicia y la discordia, pero a la vez la oportunidad que tiene el hombre de superarlas y de no vivir bajo la naturaleza animal, de no moverse por el mundo en un estadio primario a nivel emocional, sentimental y mental. Quizás el deseo material del hombre es el de trabajar para que cada deseo, cada disposición de ánimo y cada emoción sean más elevados y conscientes. Relatos como el de Heracles, Orfeo, Eneas muestran una luz y un ejemplo de conciencia más superior y elevada. En su sistema de interpretación moral de lo símbolos, se interpreta una perversión de las tres pulsiones esenciales: conservación, reproducción y espiritualización, dando lugar a la muerte del alma, razón por la cual aparece Cerbero como el guardián de las almas muertas, en el Tártaro, encargado de impedirles la salida y el retroceso hacia el mundo en el que todavía cabe la rectificación y la salvación.

  1. Perséfone
  2. Los jueces infernales
  3. Tártaro
  4. Hécate
  5. Orfeo
  6. Hermes, guía de las almas difuntas

 

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología

El amor y la muerte en Alcestis

400px-J_H_Tischbein_dÄ_Alkeste_2

Admeto, Alcestis de vuelta del Hades y Heracles con la piel del León de Nemea: A Tánatos, dios de la muerte, Hércules le arrebata a Alcestis y la devuelve a Admeto. Óleo en lienzo de Johann Heinrich Tischbein. (1780)

La primera mención de Alcestis y Admeto aparece ya en los poemas homéricos (Ilíada II 711 y 763; XXIII 376). En el verso 766 del canto II de la Ilíada parece haber ya una alusión al mito de Apolo sirviendo de jornalero en casa de Admeto.
Según cuenta la leyenda, el punto de arranque es el castigo que recibió Asclepio de Zeus por haber resucitado a un muerto. Por semejante acto, Zeus lo mató con su rayo. En venganza de ello, Apolo, padre de Asclepio, quitó la vida a los Cíclopes, que eran encargados de fabricar el fuego de Zeus. A pesar de que el sumo dios quería precipitar a Apolo en las profundidades del Tártaro, la intervención mediadora de su madre Leto hizo que solo fuera castigado a servir como jornalero durante un año en la mansión de un mortal, Admeto. Apolo tuvo que ocuparse de los rebaños, como tarea humillante para un dios. Sin embargo, Apolo en seguida prestaría servicios muy superiores a Admeto, concediéndole el deseo de poder casarse con Alcestis. El día de la boda Admeto olvidó de hacer los sacrificios a Ártemis y, en venganza de ello, fue castigado con la muerte. Gracias a la intervención de Apolo, las Moiras aceptan que una persona muera en su lugar. La única persona que se brinda a realizar el sublime sacrificio es su esposa Alcestis. Según la versión popular del mito, tras morir Alcestis, Perséfone, la esposa de Hades e hija de Deméter, compadeciéndose de la muchacha, la devuelve a la vida. Sin embargo, en la versión de Eurípides es salvada por Heracles, que obliga a los dioses infernales a entregarle a Alcestis. En definitiva, el drama, en ambos mito, es satírico, pues tiene un desenlace alegre y placentero,contrario a la cara trágica. La leyenda se hizo muy popular (438 a. C) pues destaca dos temas muy cercanos entre los antiguos: el de la esposa amante que ofrece el sacrificio de su vida para salvar la de su esposo y, unido a éste, el de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
En Animasmundi nos centraremos ahora en un análisis más amplio de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
No sería la primera vez que se gana a la muerte aunque Tánatos actúe cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. Cabe recordar el mito de Sísifo comentado en este blog. Esta vez la situación fue remediada por Heracles que entró en la tumba de Alcetis y luchó contra Tánatos. Tánatos no sólo no pudo vencer al mísmisimo Heracles sino que se vio obligado, por las artimañas de los dioses, en especial de Apolo, de devolver la vida a Alcestis.
Hay que destacar que Tánatos no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
Cuando Alcestis vuelve a la vida es curioso como Heracles le explica a Admeto la nueva situación: Alcestis se esconde tras un velo, en silencio, como un espectro residual. Alcestis deberá recuperar gradualmente su vida, justamente eliminando esa parte consagrada a los dioses infernales, Hades y Perséfone. Heracles, curiosamente, afirma no ser un nigromante.

Tánatos.

Tánatos.

Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos: ¿es natural esta relación de la muerte ligada con la vida? En la sociedad de la antigua Grecia este rol no era para nada extraño. Recordemos por ejemplo el mito de Sísifo. Zeus, para vengarse de la acusación de Sísifo envió a Tánatos, la Muerte, para que se apoderase de él, pero fue el astuto mortal quien consiguió hacerlo prisionero y lo retuvo cargado de cadenas, librando así a los mortales por un tiempo del funesto genio alado. Tánatos, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte. Esta vez, Sísifo, antes de morir, rogó a su esposa que no le tributase honras fúnebres. Al llegar al Tártaro, Sísifo pudo así pedir a Hades que le permitiera regresar al mundo de los vivos con el pretexto de castigar la impiedad de su esposa. Sísifo regresó  a Corinto y sus días transcurrieron dichosos hasta edad muy avanzada, pero cuando finalmente murió, los escarmentados dioses del Olimpo le impusieron el suplicio de la roca para mantenerlo ocupado sin descanso y que no pudiera así urdir nuevas tretas. En definitiva, el ser humano, desde tiempos remotos, veía la manera de escapar de la muerte como una alternativa real.
Con Alcestis pretendo reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte, porque de esta manera estoy totalmente convencido de que podemos llevar una existencia más tranquila, profunda y en paz. En la Grecia antigua, el tema de la vida y la muerte estaba muy arraigado en su cultura, se hablaba y se meditaba sobre el tema. De hecho, se observaba al universo de manera que el individuo estaba constituido por la misma materia que conformaban los astros. Por eso, cada uno de nosotros está viviendo cada segundo de su vida las etapas del nacimiento y la muerte, como una rueda que gira sin parar.

De esta manera, el mito de Sísifo nos recuerda que no debemos quebrantar las leyes del universo, pero en Alcestis ¿el amor vence a la muerte? Admeto escapa a la muerte, su día estaba escrito, pero Alcestis, por amor, decide cambiar su vida por la de Admeto. Al morir Alcestis, Admeto se sintió condenado a una pena perpetua de vivir solo en la soledad, llevando una existencia pobre sin el amor de su vida. Reflexionó que no hay que intentar alterar el destino; también, aprendió que el que vive, aunque vea el sol salir cada día, ya no vive; que la vida es amor y, al no tener ese ingrediente, se arrepiente de no haber muerto.
En definitiva, para mí Alcestis es una de las mejores obras de Eurípedes porque hoy día sigue tan vigente como entonces. Además, da lugar a muchas interpretaciones, todas muy válidas, eso es realmente espectacular, porque el tema de la muerte aún sigue siendo la asignatura pendiente de la humanidad.

Bibliografía:

  1.  004. Tragedias (Eurípides). Vol. 1.: El cíclope. Alcestis. Medea. Los heraclidas. Hipólito. Andrómaca. Hécuba (BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

Enlaces recomendados:

 

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia, Reflexiones Metafísicas

Las Hespérides

Las Hespérides

Las Hespérides

Las Hespérides son las “ninfas del poniente”, hijas de la Niche (Nix) en la Teogonía de Hesíodo, aunque según otras versiones serían hijas de Atlas y Hésperis. Son tres, según la tradición más extendida: Egle (la Brillante), Eritia (la Roja) y Hesperaretusa (la Aretusa del poniente). Con ayuda del dragón Ladón cuidan del jardín de los dioses, donde crecen las manzanas de oro que Gea ofreciera a Hera como presente de bodas. Uno de los últimos trabajos que Euristeo impuso a Heracles consistió en traer dichas manzanas. El héroe tuvo que buscar durante mucho tiempo el jardín, del que la mitología ofrece diversas localizaciones: en el extremo Occidente, en los límites del océano y cerca de las islas de los Bienaventurados, al pie del monte Atlas, o incluso en el país de los hiperbóreos, en el lejano Norte.

Lo esencial en este mito es la relación -fundamental en el pensamiento mágico arcaico- entre el Oeste, región donde se pone el Sol, y el mundo de los muertos. Las manzanas de oro son de hecho frutos de la inmortalidad y la victoria de Heracles en esta prueba prefigura su triunfo final sobre la muerte. Después del robo, Atenea se ocupó de que las manzanas de oro fueran devueltas al jardín del que ya no saldrían.

manzanasLos símbolos

La manzana ha figurado durante mucho tiempo en mitología y en simbología. En el jardín del Edén, como sabemos, la serpiente dio la manzana a Eva y, al dar esa manzana y con su aceptación,  llegó el conocimiento del bien y del mal. Este es un método simbólico de contarnos la historia de la aparición de la mente. Con el advenimiento de la mente llegó también el conocimiento de la dualidad, de la atracción de los pares opuestos, de la naturaleza del alma, que es buena, y de la naturaleza de la forma, que es mala si retiene el alma y le impide su completa expresión.

Es digno de notar que en el jardín del Edén una sola manzana fue dada al ser humano, simbolizando así la separación, la soledad. Heracles tuvo que buscar las manzanas de oro en otro jardín y en el jardín de las Hespérides las manzanas eran el símbolo de la pluralidad, de la síntesis, nutridas por el único árbol de la Vida.

En cuanto al simbolismo de la serpiente, ya hablamos en Animasmundi sobre dicho animal. El enlace es: el simbolismo serpentino. Os recomiendo su lectura. También os recomiendo el siguiente enlace externo sobre un hallazgo en arqueología relacionado con el jardín de las Hespérides: el jardín de las Hespérides

 

Obras de referencias recomendadas:

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología, Reflexiones Metafísicas

Hipno y Tánato

Hipno es la personificación del Sueño y Tánato de la Muerte. Ambos son gemelos e hijos de Érebo, las Tinieblas y Nyx, la Noche. Hipno recorre continuamente la tierra durmiéndolo todo a su paso. A petición de Hera, durmió a Zeus para permitir que Poseidón interviniese en favor de los griegos durante la guerra de Troya (Ilíada, Libro XIV).
A Tánato se le representa como un genio alado, acude a buscar a los mortales cuando el tiempo de su vida ha expirado. Corta entonces un mechón de los cabellos del difunto para entregárselo como presente a Hades y luego lleva su cuerpo al reino de los muertos.
Es notable el episodio de Tánato en el que va a buscar a Alcestis, que por amor había ocupado en el féretro el lugar de su esposo muerto, simbolizando el amor conyugal. Heracles, cuando descendió al Hades, la liberó y la acompañó de vuelta a la tierra, tan bella y joven como en el momento de su muerte.
Tánato también fue el encargado por Zeus de castigar a Sísifo, pero el astuto mortal consiguió engañarlo y hacerlo prisionero, librando así, por un tiempo, de su funesta presencia a los hombres. Tánato, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte.
Hay que destacar que Tánato no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
 

Lécito de Hipno y Tánato

Lécito de Hipno y Tánato

Es muy conocida la historia de Hipno y Tánato en la que llevaron hasta Licia el cuerpo del valeroso Sarpedón, muerto al pie de las murallas de Troya. Las fuentes literarias más arcaicas que nos han llegado de Hipno corresponden a la Ilíada donde inicialmente aparece el personaje como hermano de Tánato, ambos encargados de trasladar a Sarpedón  a un lugar donde se le pudiera realizar las honras fúnebres para continuar con su viaje al más allá. (Ilíada,  canto XVI). Hipno se nos presenta así como el dios del sueño y conduce,  junto a su hermano Tánato, a los difuntos hasta su lugar final de reposo, facilitando el cumplimiento de la premisa de las honras fúnebres heroicas en la patria del difunto, donde los honores serán mayores y ofrecidos no por los extranjeros sino por los miembros del grupo familiar.Este hecho resalta la complejidad de Hipno como personaje mitológico  incluido en el limbo de los sueños y en el de la muerte, demostrando que ambas presencias (sueño y muerte) estuvieron conectadas en el pensamiento griego antiguo. Durante todo el s. V a.C., se desarrolló un culto funerario destacable en torno a la figura de Hipno y su hermano gemelo Tánato en los que ambas personificaciones son presentadas como intermediarias entre el mundo de los vivos y el de los muertos:
[El poeta habla de Sarpedón, caudillo licio, muerto por Patroclo] […] y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte (Thanatos) y al dulce Sueño (Hypnos) que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos. (Ilíada, XVI)
Hypnos_ThanatosHipno y Tánato, en algunos casos, están cumpliendo un papel que corresponde a los familiares del difunto: se trata de la deposición del cadáver en la tumba y del acto posterior de enterramiento de los restos del muerto.
Sólo una causa puede justificar que esta deposición no la realicen los familiares al pie de una tumba en los alrededores de la ciudad en la que vivía el difunto, y es que el fallecimiento no se haya producido en el lugar en el que la persona residía y en el que se localizaban sus familiares. Así, el paralelo del Sarpedón homérico no sería sólo un medio de identificar al muerto con el héroe y hacerlo partícipe de la prestigiosa analogía mítica, sino que tendría su raíz incluso en una analogía de circunstancias con la muerte del caudillo licio. Sarpedón, lejos de su patria y sin posibilidad de recibir sepultura en ella, fue transportado míticamente por los aires para tener las honras fúnebres debidas en Licia; del mismo modo, el difunto, muerto lejos de su patria, sería transportado imaginariamente por los genios hasta la tumba en la que sus familiares le rendirían honras fúnebres.
A Hipno se le atribuyen cien hijos, entre ellos Morfeo. Cuenta un relato mítico que concedió a Endimión, dotado de extraordinaria belleza, el don de dormir eternamente, imagen que vendría a simbolizar la felicidad eterna. A menudo reducido a una pura abstracción, a Hipno se le atribuyen diversas moradas: la isla de Lemnos, según Homero; el Tártaro, según Virgilio; la lejana orilla de los cimrios, en el Ponto Euxino (actual Mar Negro), según Ovidio, que además le atribuye un palacio encantado donde todo duerme.
 Los escultores griegos representa a Hipno como un joven de rostro grave, a veces provisto de un par de alas unidas a sus sienes o bien a sus hombros, recordándonos entonces  las figuras de los ángeles.

Os recomiendo los siguientes enlaces relacionados con Hipno y Tánato: La muerte de Sarpedón; Sísifo.

1 comentario

Archivado bajo Antigua Grecia, Mitología