Archivo mensual: mayo 2020

Viaje a Grecia: Atenas, luces y sombras

 La actual Atenas, al igual que algunos países de Europa, está en una situación muy delicada y de emergencia. Su posición está muy lejos de aquella polis que vislumbró al mundo entero. Atenas ha tocado fondo, es una sombra estremecida por un mar en penumbra, sumergida en una terrible pesadilla de los tiempos modernos, la New Age y la globalización; su brillo glorioso se ha corroído definitivamente.

La Acrópolis se aúpa sobre tres colinas: la primera de ella se la conoce como el Museión, dedicada a las musas; la segunda colina es la denominada Fix, el lugar sagrado de la Asamblea del Pueblo, cuna de la democracia; y la tercera colina se le llama las Musas.

La Acrópolis vista desde el Ágora

La Acrópolis está esquelética, pero su halito es de nobleza, poder, supremacía y de espíritu indemne. Atenas y la Acrópolis, dos realidades, como dos burbujas que flotan en un mismo plano, que se tocan, pero no se mezclan: Modernidad versus Tradición.

Desde el ático del hotel observaba dos mundos desiguales, dos realidades opuestas y me preguntaba: ¿qué ocurre cuando dos mundos chocan? ¿qué es real? Si digo que la Acrópolis, no lo es; si me inclino por la actual Atenas, me equivoco. Lo que si es cierto es que hay un solo mundo y el mundo es en cada instante lo que no puede dejar de serlo. ¿Son dos realidades en un mismo mundo? Quizá,  pasado y presente unidos por un hilo histórico. Me imaginaba a la temida y severa Átropos cortando el hilo con sus afiladas tijeras, escindiendo nuestro “cordón umbilical” de nuestra civilización…

El Partenón

Desde lo más alto de la planta del hotel ya uno contemplaba que bajo sus pies se asentaba las ruinas de la humanidad. Mi Atenas, pasado y presente, me abrió los ojos, me despertó repentinamente del sueño para concebir la realidad tal como es y no tal como pensamos que es. De esta manera, uno llega a la conclusión que el cosmos es la única realidad que nos incumbe a todos.

Cosmos, κόσμος, (kósmos) significa “Orden”, es una totalidad lo mismo que tú y yo. Todos estamos integrados como células en el organismo que están conectadas a todas las demás, por medio de la sangre, la cual se liga con los demás órganos con sus respectivos sistemas, y así como una máquina perfecta todo está unido y en orden.

¿Está la Acrópolis ligada con la sociedad moderna ateniense? ¿Atenas está conectada con la Acrópolis? ¿La acrópolis es imagen de la actual Atenas? ¿Quién es esclava de quién? La Acrópolis es testigo mudo de la enfermiza Atenas. La Acrópolis es una observadora hierática, testigo mudo de la extenuación de Atenas, del agotamiento de sus ciudadanos, de su debilitamiento económico, de su fragilidad social y de su carencia identitaria. La nueva Atenas es una puerta hacia al abismo, ese abismo llegará al resto de ciudades europea de manera silenciosa y paulatinamente.

Contemplando la Acrópolis desde la terraza del hotel, situada en la última planta, percibía la esencia profunda de lo que es la vida. La realidad es la que es, tal como la contemplaba, no a vista de un turista, evidentemente. La Acrópolis revelaba por sí solo la esencia. No hacía falta abordarla con el pensamiento, tampoco puedes sondearla con el conocimiento, pues si sometemos a la Acrópolis a partir de una conciencia egocéntrica estamos ya en los niveles del dualismo. Por eso, la Acrópolis es infinita y nosotros somos finitos con nuestras múltiples capas que nos impiden conectar con nuestra primigenia naturaleza espiritual porque estamos influidos por referencias culturales, sociales, políticas, familiares y esas capas han de eliminarse de nuestra mente para entrar en un mundo interior desconocido antes de acceder a otro nivel de ser y de conciencia.

Me sentía pequeño desde la terraza del hotel. Tenía a mis pies Atenas. Nuestro hogar es el universo entero, así querían reflejarlo los griegos a través del arte, por medio del lenguaje mítico y del lenguaje conceptual. Pero era inevitable pensar que la Acrópolis tiene un corsé en la falda de su ladera: la actual Atenas. Al bajar la mirada y ver Atenas la vida no es tan bella y alegre como pensamos. Es un contraste ver esa panorámica. Ensamblar la Acrópolis con la actual Atenas, una ciudad demacrada, avejentada y deslucida,  se antojaba difícil.  Desde arriba se veía una óptica arrolladora de sus calles, un núcleo urbano caótico, con un tráfico intenso y descontrolado. Los edificios parecen una estampa antigua de una guerra, en blanco y negro, con esas azoteas de los edificios cargadas de placas solares; o mejor dicho,  una marea de placas solares que arropan las terrazas y tejados haciendo un efecto luminoso artificial horrible. El panorama era negro ahí arriba: se vislumbraba la verdadera dimensión del caos, del desorden, de una ciudad que está en coma profundo sostenida por la respiración artificial de los bancos europeos. Atenas está muerta. Pero no es solamente el canon económico el que ha llevado a Atenas al coma. Recorrer las calles atenienses por los barrios (Plaka, Monastiraki, Kolonaki…) y por los alrededores del mercado central es una experiencia estremecedora, porque sabes, en primera línea, que la crisis jamás va a remitir, sino que es una nueva forma de vivir, otro palpitar, donde el pluriculturismo y las diferentes étnias  tampoco ayudan a reorganizar el caos ateniense. Edificios clásicos abandonados, un viejo teatro esquelético que en su día tuvo que ser un foco cultural y que ahora  está para realizar una película de zombis, calles levantadas, un casco urbano antiguo, viejo y demacrado que me recordaba a las capitales de la vieja  Europa del Este. Esta es la Atenas que vi.

Cuando uno pasea por Atenas se da cuenta que forma parte de una tela-araña que empieza a expandirse por todas partes, abigarrada, caótica, con un tráfico intenso y desordenado. Atenas está colapsada, agotada, paralizada…No hay salida para encontrar un remanso de paz, de tranquilidad, de serenidad. Oler las especias, la comida, oír la música, el jaleo de los comerciantes del zoco, ver los rostros multirraciales de las personas, la manera de vivir sus vidas cotidianas… uno llega a la conclusión de que está en Oriente próximo (Palestina, Siria, Turquía…) en lugar de Occidente. Yo me quedé abrumado paseando por mi Atenas, esa ciudad donde nació el arte, la ciencia, la filosofía, la literatura, el teatro.. Sin embargo, hoy día, es una ciudad sin alma, sin luz, sin brillo, donde se modela la nueva sociedad moderna, bajo la triste y tenue melodía de un acordeonista que perdía su mirada, precisamente, hacia la Acrópolis.

A esto hay que añadir los años de crisis que han paralizado Atenas convirtiéndola en una urbe decadente que sobrevive, por un lado, del surtidor económico de la UE y, por otro lado, del turismo que ansía un selfie en la cotizada Acrópolis y, gracias a estos turistas, por las calles brotan un caudal de personas que llenan los bares, los restaurantes y las pequeñas tiendas de regalos contrastando su alegría con los datos económicos tan paupérrimos y deprimentes  que tienen asfixiado al país. Porque Atenas, en definitiva, sobrevive de la ventilación asistida del el banco central europeo y de los turistas que visitan sus ruinas.

Atenas es un espejo de nuestra sociedad moderna. ¿Qué sería Atenas sin la Acrópolis?

La Atenas moderna es el fiel reflejo de un país que ha enterrado su legado histórico-cultural para sucumbir a la nueva ola de la modernidad. Tan solo hay que recorrer sus arterias principales para darse cuenta que su pulso está débil y que el ritmo frenético que presenta es asistido artificialmente. Atenas es un  alma en pena que vaga en una realidad de luz y de oscuridad, que se aferra a las ruinas de edificios antiguos y lugares míticos que se alzan con debilidad por sus calles y plazas. Atenas vive de la sombra de su pasado, del turismo que busca la luz nostálgica de su historia clásica que dejó de brillar hace muchos siglos. Pero lo más sorprendente es que a pesar de que la mayoría de los yacimientos arqueológicos presentan un estado de debilitamiento, han continuado inspirando al hombre durante siglos, de las más distintas culturas y de todo tipo de corrientes literarias, filosóficas y artísticas. Grecia ha sido y es fuente original de la liberación del hombre que intenta sacudirse las bajezas de su condición, aunque sea mirando muy atrás, al pasado, a una civilización desaparecida, porque mirar a la Atenas de hoy es como mirar la sombra de una vela  que va consumiéndose lentamente.

Templo de Zeus

Templo de Zeus (Atenas)

Viajar a nuestra civilización occidental ha supuesto para mi hacer un peregrinaje hasta al pico más alto de la cultura occidental, un bálsamo espiritual para poder entender lo que fuimos y en lo que nos hemos convertido hasta llegar a nuestra era moderna y progresista, en un mundo actual que ha traído consigo la confusión, la violencia, la depresión y la caída del hombre hacia lo banal.

La otra cara de la moneda, sin embargo, es la marca del hombre griego antiguo que está impregnada en cada resto arqueológico, como si se tratara de una huella particular, genuina y única. Los antiguos sabios de Grecia expresaron que el movimiento, las transformaciones de los seres y de los fenómenos que siempre han rodeado al hombre son siempre de carácter circular. El punto final coincide exactamente con el inicio del proceso. Así lo reflexionaban los filósofos: las cosas, a través de los diferentes procesos de cambio, vuelven al final a su estado original. El retorno al origen tiene que ser, como principal premisa, un retorno al reposo, a la quietud, a la serenidad. En cada rincón de Grecia, en cada paisaje, su entorno natural está lleno de dioses que nos hacen recordar que fuimos una cultura y una raza humana inteligente que procede de una luz perenne que se aloja en nuestro interior y que nos hace descubrir, en cada paso, que somos parte del universo, de ese Orden. La sabiduría, precisamente, no es una patente exclusiva de Oriente, pues con el nacimiento de la sabiduría de occidente el hombre ha construido en su interior un puente para alcanzar lo sublime. Occidente (el mundo griego, el espíritu indoeuropeo) representa la base de nuestra civilización. En mi anteriores escritos sobre Grecia he querido persistir en la idea de nuestras raíces, pues las considero fundamentales como hilo conductor para llegar a alcanzar nuestro estado original. Este estado original debe manifestarse en nuestra sociedad, pero no sin antes conocer cuál es nuestra verdadera naturaleza, aquella naturaleza divina que defendía Sócrates, Platón y Aristóteles en sus diferentes suposiciones.

Mi periplo por Grecia coincidió con los 50 años del aniversario de la llegada del hombre a la luna. Precisamente mi viaje a Grecia me hizo descubrir que el verdadero sentido del hombre no es conquistar la luna, sino alcanzar la cima más alta de la espiritualidad, fuente original de luz perenne y solar (apolínea) que se halla dentro de nosotros y que solamente se descubre cuando olvidamos pensar en pisar la luna. Esto viene al hilo de que el hombre sigue en su egoísmo en creerse superior a la naturaleza, que somos el rey Midas y que nuestro deber es saciarnos a través del materialismo, en anhelar el poder terrenal, en dominar y explotar al prójimo para beneficio nuestro. Existe en nuestros tiempos una cultura dominante, manipuladora y extorsionista sobre nuestros orígenes. Nos quieren lanzar al abismo de la nada, al caos de la inconsciencia.  Nada que ver con la sabiduría que exhalaban los griegos en la que su principal tarea consistía en conocernos a nosotros mismos como lo que realmente somos y no como quieren que seamos en nuestra actual y demacrada sociedad. Por esta razón, debemos mirar hacia el Cosmos, a nuestro origen, a la fuente primigenia de nuestro verdadero Ser, antes que escudriñar la Luna.

A través del nacimiento de la antigua civilización griega, y desde diferentes ramas del conocimiento, como el teatro, la literatura, la filosofía, el arte, nuestro principal enfoque consiste en pulir nuestro propio espejo para que se pueda reflejar el cosmos entero en toda su plenitud, pues somos luz perenne que ilumina y lo unifica todo. Pero nuestra sociedad va a contra corriente y no nos extrañe, por ejemplo, que las materias de humanidades, como el griego, el latín o la filosofía quieran ser eliminadas de la educación académica, borrarlas de nuestra educación y así debilitar nuestra cultura. La sociedad actual va cambiando de un día para otro, no hay control, no hay una brújula interior que nos guíe, una estrella que marque nuestra ruta…El mundo de ahora es esclavo de la materia, de la exaltación de la vanidad, del egoísmo y de las alucinaciones mentales más perversas.

La antigua sociedad ateniense viene a recordarnos que la cultura consiste, ante todo, en el cultivo de la naturaleza interior y en alcanzar la sabiduría con un propósito elevado por el cual el hombre va perfeccionándose a sí mismo, esculpiendo su alma en cada instante de su vida, manifestando su parte divina en los momentos más loables de su vida. Por esta razón, el arte era para ellos un canal de expresión de su alma. El arte griego nos enseña la perfección humana siendo la armonía y la belleza sus principales basamentos. El arte nos conmina a unificar con nuestro ser más íntimo y personal superando barreras y dicotomías. Contemplar esculturas, cerámicas, orfebrerías de los periodos más representativos que expresan un estilo de vida, unas creencias religiosas, me hace reflexionar de cómo el hombre ha ido buscando la excelencia a través del arte.

Atenas, germen de sabiduría, es un tesaurus de sabiduría occidental que muchos han olvidado o quieren lapidar el brillo y el esplendor de su sello originario tan genuino. Sin embargo, Atenas  se resiste a morir porque  los millones de visitas que recibe cada año sirve para sostener los latidos de una cultura que no deja de asombrarnos.

Imagen: Twitter

El viaje a Grecia ha sido para mí un aliento de los dioses para encontrar dentro de mí una perla que late con el mismo retumbo que el primer día que Grecia abrió su alma al resto del mundo.

¿Qué seríamos nosotros sin la antigua civilización griega? ¿Es hora de renovar una estructura política-social acorde con los recientes tiempos? ¿Volvemos la mirada al pasado y recuperamos nuestras raíces? ¿Qué es un árbol sin sus raíces? Atenas es como un árbol sin raíces. Depende de nosotros recuperar nuestras raíces. Esta es la reflexión que me traigo de mi Atenas.

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia, Reflexiones Metafísicas

Mito y rito en los ritos dionisiacos

La primera mención a Dioniso, el dios del vino, se encontró en varias tablillas micénicas de los siglos XIV-XII a. C. En la mayoría de los casos, las mujeres eran sus grandes adoradoras y la manifestación del culto se producía en forma de danzas y músicas, en lo que suponía para la sociedad griega una transgresión y un abandono momentáneo de la cordura necesarios para poder contradecir las costumbres diarias. El ritual, que pretendía la alteración de la conciencia en los participantes y un acercamiento a la naturaleza –pero donde no habría alcohol, sacrificios de animales o sexo desenfrenado, como expone el profesor emérito de Filología Griega Alberto Bernabé–, se celebraba durante unos días, tras los cuales Dioniso abandona la ciudad y el orden social se recobraba enseguida.

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Viaje a Grecia: el santuario de Delfos (Parte III)

En la antigua Grecia, el culto se celebra en lugares concretos llamados santuarios, a los que la presencia de la divinidad convierte en lugares sagrados e inviolables. Algunas prohibiciones eran, por destacar las más llamativas: entrar de manera impura, morirse en ellos o cortar ramas (olivo, sobre todo). Otro aspecto a tener en cuenta es la imposibilidad de cambiarlos de lugar o modificarlos  sin haber tomado las precauciones pertinentes. Estos lugares presentan unas características comunes determinadas por las necesidades naturales del ritual: fuentes, bosques, rocas;así como las necesidades arquitectónicas:  un muro de piedra o una valla vegetal podían delimitar su perímetro y diferenciarlos de la tierra profana. Los santuarios podían estar localizados en el centro urbano o en el campo. Pero todos tienen un elemento común: el altar. Diríamos que es el elemento principal e indispensable para la vida religiosa que transforma cualquier espacio en un lugar sagrado.

Maqueta del Santuario de Delfos

El santuario de Delfos puede tomarse como ejemplo para entender las características particulares de la religión griega que se han mencionado en el párrafo anterior. Lógicamente, Delfos se convirtió no sólo en un lugar de culto, sino también un lugar de referencia para la realización de otras prácticas no menos importante, como es el deporte y la música. La música, el deporte y la religión eran los basamentos que definían a Delfos.

El funcionamiento del oráculo empezó en el siglo VIII a.C., un poco antes de la época de Homero. Los restos no nos permite hacer una lectura anterior debido a su complejidad. Anterior al siglo VIII a.C., o sea, en el periodo micénico rendían culto de algún modo a una fuerza natural relacionada con Gea. Gea tuvo como icono a la serpiente pitón y una adivina (Temis, la diosa de la Justicia). Pero poco más se puede decir sobre el santuario.

Como referencia a mi visita a Delfos, Pausanias nos marca la ruta que se ha de seguir.  A continuación, detallo una breve descripción de mi visita al santuario oracular por excelencia:

  1. Atenea Pronaia: edificio redondo, reconstrucción de una obra muy importante (siglo IV a.C.) por Teodoro de Fódice. El acceso se realizaba desde la parte baja de la ciudad, conocida como Marmaria, donde se observa el tholos o templo circular de Atenea Pronaia. El templo antiguo estaba dedicado a Atenea y era uno de los más antiguos templos griegos, sobre el 650 a.C. El Tholos es un edificio circular poco frecuente en otros santuarios. Su finalidad sigue siendo objeto de controversia. Nos los podemos encontrar también en Epidauro. Son los dos únicos santuarios con Tholos.   

     

    Vista panorámica de el Gimnasio (Wikipedia).

    2. Gimnasio: Pausanias no le da importancia, solo menciona que Ulises fue herido en el pie por un jabalí. Es el gimnasio más antiguo que nos encontramos (S.IV a.C.). Al lado hay otra pista que servía para entrenarse cuando no llovía. Delfos tenía unas instalaciones cubiertas y no cubiertas para paliar las necesidades durante todo el año. También, contaba con una piscina (cisterna), su finalidad era exclusivamente para refrescarse. Era circular de 1o metros de diámetros. También se contaba con una palestra, una zona de entrenamiento para los atletas. Subiendo del gimnasio por el camino que conduce al santuario nos encontramos:

    1. Fuentes Castalia: es la inspiración de la poesía pues los poetas bebían mentalmente de sus aguas cristalinas que le ofrecía Apolo. Antes de entrar en el santuario, los peregrinos tenían que purificarse en dicha Fuente. Píndaro afirmó: “suprema es el agua”. La fuente aún es hermosa, pues el paraje natural, como podéis imaginar, la embellece mucho más.

    Fuentes Castalia

    Vía Sacra

  2. Entrada del Santuario de Apolo: Plutarco es otro guía para entender Delfos, sus escritos narran muy bien el trazado de todo el recinto. De hecho, fue Sacerdote de Delfos (95 d. C. ) y sus apuntes hacen mucho más interesantes la visita a Delfos. (Para ampliar más información: Plutarco). Digamos que la entrada principal del santuario de Apolo comenzaría  desde la Vía Sacra (véase imagen de arriba). Cuando uno entra al recinto sagrado no tenemos que perder de vista todos los ángulos, porque según avancemos tenemos que recrear las imágenes sucesivas que las obras de arte nos ofrecen. Impresiona contemplar tantas obras de arte originales en un ambiente natural, un museo al aire libre. El santuario acoge otros edificios directamente relacionado con el culto, los llamados tesoros, o con las necesidades comunes para los visitantes, como por ejemplo, el teatro, el gimnasio o el estadio. Para todas las ofrendas y tesoros expuestos hay siempre detrás un mito o una historia de guerra vinculada con el santuario, en agradecimiento o bien como una demostración de poder y riqueza de las diferentes ciudades estados. Como me es imposible mencionar todas, citaré aquellas que más me han gustado:El tesoro de los atenienses: es uno de los ex votos más conocidos y el que tiene una distinción especial sobre los demás. Las principales escenas que presenta son: la Amazonomaquía, las heroicidades de Teseo y los trabajos de Hércules. Dentro se guardaban los ex votos que donaba la ciudad. El tesoro de los Atenienses se erigió para conmemorar una victoria ateniense, un acontecimiento histórico de la polis o bien, como otros autores atestiguan, para manifestar en el sagrado recinto de Delfos, la devoción y la riqueza de la ciudad que lo donaba. Otros monumentos del mismo calado serían: el tesoro de los Beocios, el de los Megarenses, el de los Sifnios, el de los Etolios, el de los Corintios, entre otros. Todos ellos con la misma finalidad que el Tesoro de los Atenienses. El ónfalos (reconstrucción) está situado en la parte lateral de la Vía Sacra, al lado del Tesoro de los Atenienses.

    El ónfalo, en primer plano.

    Me encuentro en la plaza, frente al Templo de Apolo, justamente en la rampa de entrada al pronao (reconstruida), ¡¡Qué maravilla!!

En la pronao estaban las dos frases lacónicas y cargadas de sabiduría: “Conócete a ti mismo” y “Nada en exceso”. Sabios principios. Sin embargo, había otra inscripción, muy curiosa y que ha sido fruto de debate durante siglos y siglos: la “E”, la que dio más controversia a los sabios griegos. Concretamente, Plutarco escribió un tratado titulado “Sobre la E”. La “E” es la quinta letra del alfabeto griego (epsylon). Sin embargo, fue Amonio, el maestro-filosófico de Plutarco, quien expuso que la “E”  significa “Eres” , en una palabra, la divinidad Apolo “Es” mientras que el hombre se mueve en el devenir de los tiempos. Esta reflexión nos recuerda a la formulación bíblica de quién es Dios y la respuesta es rotunda: Dios es el que es. El planteamiento de Plutarco resulta muy interesante y reflexivo para abrir un hilo de debate sobre  la “E”.

 

El templo de Apolo, visto desde la parte superior del santuario.

El teatro tenía una capacidad para 5.000 espectadores. Las representaciones eran dramáticas y líricas. Como dato curioso, al ser un lugar muy frecuentado, sobre sus muros tenían grabados diferentes actas y decretos que necesitaban divulgación.

El Estadio

La primera construcción del estadio se remonta al s. V a.C, así lo confirma la inscripción grabada en la parte externa del muro sur del estadio. Como era normal, al principio no había asientos; los asientos de piedra del Parnaso fueron construidos gracias a la portación de Herodes Ático en los tiempos del emperador Adriano. Este estadio (178, 35m) es un poco más pequeño que el de Olimpia (212, 54 m) pues la pista de Olimpia se midió con los pies de Hércules (697,3 pies), como cita el mito.

Ahora se entiende que Delfos  se le conoce como “ómfalos”, el “centro” u “ombligo” del mundo durante más de mil años. Ciudadanos de todo el mundo y reyes de todas las patrias acudían desde los lugares más remotos para consultar a la sacerdotisa del oráculo, para construir monumentos a los dioses en oro, mármol, bronce y piedra y para participar en competiciones atléticas o musicales. A partir de hoy, espero que Delfos sea una visita obligada para los amantes de la cultura griega, para aquellos que quieran descubrir algo nuevo y diferente y, sobre todo, sentir esa fuerza que había allí presente, sin igual, y que pululaba alrededor del santuario.

Delfos me conquistó, me desbordó y me abrió un nuevo horizonte para entender el pensamiento griego.

Tomo prestadas las palabras de la autora literaria Aurora Luque para concluir mi viaje   a Delfos:

Cómo podría desintoxicarme. Dependo de por vida de una droga. De Grecia.

 

Bibliografía:

  • Petsas F. M. Delfos. Sus monumentos y su museo. Ediciones CRINI, 2004.
  • Kaplan M. El mundo griego. Universidad de Granada.

Me ha sido de gran utilidad para ampliar más información sobre Delfos:

  • Conferencia sobre Delfos realizada por Miguel Ángel Elvira Barba (Canal Youtube Fundación Juan March)

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia