Archivo mensual: mayo 2015

Psyché, el alma del difunto

Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson El funeral de Atala (1808), Museo del Louvre.

Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson El funeral de Atala (1808), Museo del Louvre.

Para los antiguos griegos un muerto es un rompecabezas. La persona viva deja de existir y no se le parece en nada. Es en la muerte cuando el hombre deja de funcionar, de tener vitalidad, de sentir…Pero su identidad persiste porque aunque haya muerto, nacen dos cosas nuevas: por un lado,  el sôma o cadáver. Nos referimos con  sôma a la materia inerte. Al no poder autoconservarse, su apariencia comienza a cambiar. Es cuando aparece la psyche. Hemos hablado de psyche en anteriores artículos así como de las diferentes almas que tiene el hombre antes y después de la muerte. La idea principal es que la psyche es inmaterial, no puede tocarse, es más bien un eidolon, una imagen. Sólo puede hablar en los sueños o bien si le proporciona sangre caliente. El eidolon lo podemos asimilar a un negativo de una imagen fotográfica. Sólo la cabeza y el rostro son las partes reconocibles de la persona. Las almas que están en el Hades son precisamente el tipo de almas ausentes de cuerpo, de memoria, de vida. El funeral es la ceremonia de su partida y el ritual de su liberación.
En definitiva,  la división del muerto en psiche y soma indica esta descomposición en el aspecto natural y el cultural en el  pensamiento griego arcaico. Las obras de Homero, la Ilíada y la Odisea, se ocupan de ambos aspectos de la muerte.

Tras irse la psyche, el embalsamiento era una opción a elegir para los micénicos, ya que mediante esta práctica se evita la última indignidad de la muerte. En Homer0 se lava el cuerpo, se unge con aceites, se lo purifica, si hay heridas, con harina (Ilíada XVIII, 350-353; y XXIV, 43-45), y se amortaja. Finalmente, se quema. Este ritual subraya la creencia de que si dejas el cuerpo que se pudra no es un proceso limpio, sin embargo la incineración lo es, ya que lo que se quema deja de existir por completo: el cuerpo quemado ha sido salvado de la decadencia. Lógicamente, los huesos persisten al no tener bastante temperatura para quemarlos; por ellos,  se embalsaman, se envuelven en una capa de grasa, se colocan en una vasija dorada y se entierran profundamente, cubriéndolos con pesadas piedras, donde se espera que no cambien de lugar ni de estado jamás (Ilíada XXII, 238-257 y XXIV, 792-798).
Para el pensamiento griego el muerto realiza un largo viaje, así se refleja que “todo esto es adecuado para el cadáver que tiene que hacer su largo viaje en la neblinosa oscuridad” (Ilíada XXIII, 50-51). La idea del duelo no gira en torno a un recuerdo del pasado, más bien mira al futuro, hacia la situación posterior al funeral  y celebra al difunto no por lo que hizo sino por cuánto se le echará de menos. Al dejar ir a la persona querida, se crea una nueva figura social, la del ausente. Dicha ausencia la llenan con un nombre y una historia para que se queden inmortalizados en los tiempos venideros.
Las almas deambulan por el Hades, pero bajo una condición inerte. No tienen vida, sólo recuerdos. En el Canto XI de la Odisea, visión del inframundo homérico, el difunto puede ser visto como un mensajero de los vivos; por lo demás, los muertos no tienen información sobre los hechos acaecidos después de su fallecimiento. Es decir, están deseosos de noticias sobre los vivos.

Para concluir, podemos destacar que la oración de la psyché antes de enterrar el cuerpo no es una oración para ser admitida en otro mundo; la morada del Hades es un mundo. Por eso, la psyche reza para ser liberada de este mundo, lo cual puede considerarse una admisión en el antimundo. Recordemos que el Hades es el señor de una tercera parte de la herencia de Crono. Su mundo es un no-mundo. Del mismo modo, el funeral es una conversión de la persona en no-persona, en el negativo de una persona. Al cuerpo se le libra de la decadencia aniquilándolo. A la persona social se la libra de la incapacidad convirtiéndola de una persona activa en una persona a la que se recuerda y que tiene recuerdos. En ambos sentidos, el funeral purifica al difunto al establecer el tiempo de su existencia y al convertirlo en algo que no está sometido a cambios.
Para más información sobre los ritos funerarios os dejo los siguientes enlaces de Animasmundi:

  1.  Ritos funerarios en la antigua Grecia
  2. Los ritos funerarios y el alma
  3. Hermes, guía de las almas difuntas

Temas relacionados sobre la psyche:

  1. La concepción del alma en la antigua Grecia
  2. El alma como “sombra”
  3. Las almas del ego
  4. El eidolon

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