Archivo de la etiqueta: Hermes

Hermes, guía de las almas difuntas

Y Hermes llamaba a las almas de los pretendientes, el Cilenio, y tenía entre sus manos el hermoso caduceo de oro con el que hechiza los ojos de los hombres que quiere y de nuevo los despierta cuando duermen. Con éste los puso en movimiento y los conducía, y ellas le seguían estridiendo. Como cuando los murciélagos en lo más profundo de una cueva infinita revolotean estridentes cuando se desprende uno de la cadena y cae de la roca, pues se adhieren unos a otros, así iban ellas estridiendo todas juntas y las conducía Hermes, el Benéfico, por los sombríos senderos. Traspusieron las corrientes de Océano y la Roca Leúcade y atravesaron las puertas de Helios y el pueblo de los Sueños, y pronto llegaron a un prado de asfódelo donde habitan las almas, imágenes de los difuntos (La Odisea, XXIV)

Hermes

Hermes

Así empieza Homero el canto 24 de la Odisea. Hermes es una divinidad que presenta atributos muy variados entre los griegos, una figura que rehúsa las explicaciones globales y simples. Divinidad de la ambigüedad, es el señor de los mundos poco establecidos, es dios de las puertas, de los goznes, de los caminos, señor de los animales, enviado y acompañante. Se le conocen casi ochenta epítetos que matizan algunos de estos aspectos. Sin poder entrar en la ardua (e irresoluble) discusión de cuál es su cometido más primitivo, interesa puntualizar uno de sus aspectos principales: el encargado de escoltar a las almas de los difuntos (Hermes psychopompe).

Hermes conoce los caminos de la muerte y en los que se inicia el difunto que se aventura en el umbral del inframundo, siendo éste el cometido que más nos interesa. El carácter psicopompo de Hermes, a pesar de que puede parecer reciente, está conectado perfectamente con el resto de las especializaciones del dios y sus funciones en el campo de la mediación presentan una coherencia estructural grande: de dios viajero y protector de los territorios ambiguos y limítrofes pasa fácilmente a ser divinidad que ayuda en el trance del acceso al más allá. La propia limitación de su cometido al momento justo del tránsito, sin que se adentre más allá del límite externo del Inframundo, es característica de la preeminencia de Hermes no sobre los espacios establecidos, sino sobre los espacios de transición.

El dios no actúa, por tanto, en el mundo atemporal del mito sino que se persona imaginariamente ayudando al difunto en su viaje al más allá. Cumple un papel reconfortante en la ideología funeraria, pues se asegura que el muerto no emprenda en soledad su viaje ya que lo espera como un amigo, un dios para guiarlo en los caminos de la muerte.

La posición de Hermes, central en todas las representaciones, es una demostración de su papel intermediario entre el difunto y el barquero Caronte, lo que corresponde perfectamente con su cometido de divinidad de los umbrales.

Por lo tanto, nos podemos imaginar a Hermes tomando al difunto de la mano y llevándolo en presencia de Caronte que espera al difunto para realizar el último viaje: el embarque.

Hermes se nos presenta, en definitiva, como un dios que ayuda y si su papel en las escenas en las que también se figura Caronte se limita a un mínimo trayecto (el paso desde la estela funeraria a la barca infernal), sirve imaginariamente para insistir en que el difunto no estará solo ni siquiera en el primer tramo del camino de la muerte.

Además de actuar como un psicopompo o guía de los difuntos, a quienes ayudaba a encontrar su camino hasta el inframundo, en muchos mitos griegos, Hermes es representado como el único dios (además de Hades y Perséfone) que podía entrar y salir del Hades sin dificultad. Por ejemplo, en el mito de Orfeo, Hermes llevó de vuelta a Eurídice al Hades después de que Orfeo mirase atrás para ver a su esposa por segunda vez. Asimismo, en el himno homérico a Deméter, Hermes guiaba a Perséfone de vuelta con Deméter.

LVII. A HERMES INFERNAL

Olorosa reina de incienso

Tú, que habitas el inexorable sendero del Cocito, im­puesto por el destino, que guías las almas de los mortales al fondo de la tierra, Hermes, hijo de Dioniso, que danza con delirio báquico, y de la doncella pafia, esto es, de Afro­dita de ojos vivos, que frecuentas la sagrada mansión de Perséfone, asistiendo a las almas de funesto sino, bajo tie­rra, como acompañante, a las que conduces, cuando les llega el día fijado de su destino, porque todo lo seduces, hipnotizador, con tu caduceo mágico, y de nuevo des­piertas a los que están dormidos. Pues te dio la diosa Perséfone el honor de acompañar a las almas eternas de los mortales por el camino que lleva al ancho Tártaro. Bie­naventurado, envía, pues, te lo ruego, a tus iniciados un fausto final a sus labores.

Os recomiendo los siguientes artículos relacionados con el tema:

Caronte

El Hades

Los ritos funerarios

Hipno y Tánato

Cerbero

Los jueces infernales

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología

Las maldiciones en la antigua Grecia

Una tumba con los restos incinerados de una joven que vivió en Atenas hace 2.400 años llamó la atención de los arqueólogos. Hallada en el año 2003, en la sepultura había cuatro tablillas de plomo con inscripciones que demuestran que en la antigua Grecia era muy importante llevarse bien con la gente y no granjearse enemigos.

Un reciente estudio de las tablillas demostró que fueron creadas para enviar mala suerte o energía destructiva a cuatro matrimonios de taberneros que podrían haber enfurecido a sus rivales comerciales.

Es posible que la difunta no tuviera nada que ver con las maldiciones, escribe el portal Live Science. Jessica Lamont, profesora de la Universidad John Hopkins de Baltimore, EE.UU. explica que “las tablillas de maldiciones funcionan de la siguiente manera: se supone que han de depositarse en algún lugar bajo tierra, como una tumba o un pozo. Se creía que estas localizaciones subterráneas ofrecían un canal a través del cual las maldiciones alcanzaban el inframundo”.

De manera que la muerte de la joven habría proporcionado un fácil acceso a los dioses a los que iban dirigidas las órdenes escritas en la maldición. Hécate, Artemisa y Hermes, las deidades invocadas en la tablilla, estaban relacionadas con el inframundo, el lugar al que iban a parar las almas de los muertos. En la antigüedad a menudo se asociaba a estos dioses con rituales de sacrificio.

Lamont destaca que “los taberneros eran conocidos a menudo por su tendencia a las trampas y a las maquinaciones”, por lo que supone que los autores de la maldición estaban motivados por “una rivalidad comercial”. Fuente original: RT

sarcofago-griego

Sarcófago griego

En los relatos míticos nos podemos encontrar un tema que siempre me ha llamado la atención: las maldiciones. A través de estas lecturas, descubrimos que la conciencia y el alma también se transmiten de generación en generación. Si el sistema familiar tiene alguna parte desequilibrada, todas las partes quedan afectadas. Pongamos como ejemplos las muertes inexplicables, las normas transgredidas de la familia, la homosexualidad rechazada, los miedos profundos, los acosos sexuales sufridos, en definitiva, los lazos de los progenitores se trasladan y se transmiten a los descendientes hasta que desaparece la totalidad de la estirpe familiar. Es decir, a través del inconsciente estamos ligados a nuestros padres y ellos a los suyos, hasta llegar a la raíz de un problema que conecta con una realidad que pasa desapercibida, pero que nunca se resuelve el conflicto porque no hay una aceptación de su existencia y, por lo tanto, la liberación de la persona nunca pasa por el reconocimiento de sus lazos ancestrales porque no son conscientes. Así pues, las almas de la misma familia sufren una maldición cuyas consecuencias son irreversibles. En la mitología griega hay varios ejemplos sobre este discurso tan interesante y peculiar.

CementerioLas maldiciones en Grecia y Roma seguían un protocolo muy formalizado. Llamadas katadesmoi (ataduras) por los griegos y tabulae (defixiones) por los romanos, se escribían en tablillas de plomo u otros materiales. Generalmente, invocaban la ayuda de un espíritu (una deidad, un demonio o un muerto prematuro) para cumplir con su objetivo y eran colocadas en algún lugar considerado eficaz para su activación, como en una tumba, cementerio, pozo o manantial sagrado.

En el texto de la maldición, el peticionario expresaba su deseo de que el enemigo sufriese daño de alguna forma específica. Con frecuencia se añadía la falta que había cometido la persona maldita: un robo, una infidelidad, no haber correspondido al amor del malediciente, haberle faltado al respeto, haberle robado el amor de su vida, etc.

Los griegos practicaban con frecuencia este tipo de maldiciones. De hecho, los griegos tenían en la edad heroica unos sacerdotes especiales llamados areteos, o sea, ‘maldecidores’.

Conservamos un corpus importante de este tipo de textos que nos permite saber cómo lo hacían. Abundan en la Ilíada estas imprecaciones, como la de Crises contra Agamenón y los griegos en el canto I. También abundan en las tragedias de Sófocles. Cuando Alcibíades fue desterrado después de la mutilación de Hermes, todos los sacerdotes del Ática excepto uno lanzaron contra él las más terribles imprecaciones. Fuente original: Animasmundi-Maldiciones

Enlaces relacionados con la temática:

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

La transmigración del alma entre los órficos

OrpheusLos órficos eran seguidores de un movimiento religioso mistérico, es decir, al que se accedía por iniciación, basado en poemas atribuidos a Orfeo. Estos escritos tenían que ver con el origen y el destino del alma. Dichos escritos debieron ser compuestos durante un largo espacio del tiempo por diversos poetas, creadores y seguidores relacionados con este movimiento religioso.

Los órficos nunca configuraron una iglesia estable ni tuvieron una jerarquía que velara por dogmas de ninguna clase. Por eso, las doctrinas atribuidas a Orfeo oscilaron entre interpretaciones filosóficas. Sin embargo, había una serie de principios que permanecieron muy estables a lo largo de su historia. Uno de ellas es la idea de la transmisión de las almas.

La referencia más objetiva y particular es una compilación de fragmentos de las llamadas Rapsodias, un poema en hexámetro atribuido a Orfeo y datado hacia el siglo I. a.C.

SÍNTESIS DE LA TRANSMIGRACIÓN DE LAS ALMAS EN LAS RAPSODIAS:

  1. Hay transmigración de las almas en otros animales.
  2. El alma es inmortal.
  3. Diferentes tratamientos de las almas de los animales con respecto a las de los seres humanos. Base del vegetarianismo practicado por los órficos.
  4. Las almas son llevadas para su purificación y castigo.
  5. Las almas reciben diferentes tratamientos en el otro mundo, donde la justicia y la pureza son dos aspectos fundamentales para la salvación.
  6. Tres centurias es el periodo que lleva el alma en el más allá hasta su génesis (Platón atribuye mil años) periodo completo de la purificación de las almas humanas, de acuerdo con el modo en que han vivido durante su tránsito por la génesis. Aunque este periodo no indica la duración real del proceso, sino que es un número simbólico.
  7. La base sobre el alma es el mito de los Titanes, concebida como un castigo.
  8. Alma animal: al morir, queda en el aire y penetra en otro ser, junto con el aire.
  9. Alma seres humanos: es llevada por Hermes a los Elíseos o al Tártaro.
  10. La liberación del alma depende de Dioniso y de Perséfone.
  11. Para acceder a los Elíseos: iniciación, rituales, justicia, purificación.
  12. Orfeo es mediador en este proceso.
  13. La idea de que el alma es inspirada con el aire la documenta ya Aristóteles.

En suma, la transmigración del alma aparece como un castigo (mito de los Titanes): por un lado, los seres humanos proceden de dioses (los Titanes y Dioniso lo son) con una parte inmortal, divina; por otro lado, de la tierra, mortal y corruptible, el cuerpo. Pero su alma, antes del propio origen de la especie, había sido contaminada por el crimen de los Titanes, un crimen que deja huella en la naturaleza humana una parte de la “naturaleza titánica”, esto es, de la soberbia de sus antecesores, y que debía ser expiado. El alma tiene que liberarse del peso de su parte criminal. En consecuencia, el ingreso del alma en un cuerpo, la expiación y la liberación a la muerte de éste se repiten varias veces, en un proceso muy largo, en el que el alma es alojada sucesivamente en cuerpos que son para ella como una sepultura. Por eso, la metempsicosis para los órficos es la transmigración de alma desde el otro mundo a éste y de un cuerpo a otro, hasta que expiadas sus culpas, en el Hades y en este mundo, pueda lograr su liberación.

Los órficos afirman que el alma es divina, inmortal y poseedora de sus facultades: memoria, inteligencia, voluntad. Es más, sólo está verdaderamente viva cuando muere el cuerpo y se libera de él. En definitiva, el alma está como muerta mientras se encuentra en el cuerpo, ya que su verdadera vida se desarrolla en el Hades y por ello se puede afirmar que el cuerpo es como su sepultura.

Para saber más:

Obra de referencia: Platon Y El Orfismo (LECTURAS DE RELIGIÓN)

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia