Archivo mensual: marzo 2015

Ulises: más allá del mito

Ulises

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Homero nos detalla en la Odisea los viajes de Ulises, que durarán diez años tras la terrible guerra de Troya. Si tenemos en cuenta que ese conflicto bélico ya ha alejado a nuestro héroe de los suyos durante diez largos años, hace al menos veinte años que Ulises no está cerca de su familia, allí donde debería vivir. Hay que recordar que él nunca quiso esta guerra. Hizo todo lo posible para no formar parte de ella y sólo por obligación abandona su patria, Ítaca, la ciudad de la que es rey; a Telémaco, su hijo aún muy pequeño; a su padre, Laertes; a su madre, Anticlea y a Penélope, su amada mujer. En definitiva, se ve arrastrado por una crisis bélica de intereses que a él ni le va ni le viene. Es verdad que se trata de una obligación moral, claro, pero no por eso menos gravosa: a pesar de su deseo de quedarse allí donde está su casa, cerca de los suyos, Ulises no puede por menos que mantener su compromiso con Menelao, rey de Esparta, a quien el joven príncipe Paris acaba de arrebatarle a su esposa, la bella Helena. Imaginaros la situación: Ulises está abatido puesto que le han desplazado de forma violenta de su sitio natural, del lugar que le pertenece y al que asimismo pertenece, alejado a la fuerza de los que lo rodean y que constituyen su mundo humano. Sólo tiene un deseo, volver a casa cuanto antes, recuperar su lugar en el orden del mundo que la guerra ha trastornado. Pero por multitud de razones su viaje de vuelta resultará increíblemente arduo y difícil, sembrado de obstáculos y de pruebas casi insuperables. Además, todo se desarrollará en una atmósfera sobrenatural, en un mundo mágico y maravilloso que no es el mundo humano, un universo poblado de seres demoniacos o divinos, benévolos o maléficos, pero que de todas formas no son una muestra de vida normal y, como tales, representan una amenaza: la de no volver jamás a su estado inicial, ni recuperar nunca una existencia humana auténtica.
Otra perspectiva de la Odisea es la de observar la espiritualidad laica de Ulises. Esto quiere decir que entiende que la vida buena es la vida en armonía con el orden cósmico, estar en equilibrio con la naturaleza. Para los griegos, Ulises es el referente del hombre auténtico, del hombre sabio que sabe lo que quiere y al mismo tiempo adónde va. Os recomiendo la lectura de la Odisea porque no pretendo analizar una a una las diferentes etapas del viaje de Ulises, pero voy a nombrar algunas claves sobre Ulises que nos permitirán darle su verdadero sentido a esta epopeya y percibir toda su hondura filosófica.
Del mismo modo que en la Teogonía de Hesíodo, la historia parte del caos y termina en el cosmos, es decir, en el orden, igualmente, la trayectoria de Ulises comienza por una serie de fracturas, una sucesión de desórdenes que va a ser necesario afrontar y calmar. La guerra de Troya es una máquina de engullir a miles de jóvenes que refleja también un desarraigo sin igual para unos soldados llevados a la fuerza lejos de sus hogares, lejos de toda civilización, de toda dicha, lanzados a un universo que no tiene nada que ver con lo que la vida buena, la vida en armonía con los demás, con el mundo, debería ser. Esta visión es muy importante para entender el universo como parte elemental de nosotros.
Como suele suceder siempre, tras la guerra y, gracias al ardid de Ulises con su famoso caballo de madera, la guerra sigue hollando en el caos con el saqueo de Troya, con el ya famoso sello de la hybris más demencial. Los soldados griegos, tras una devastadora guerra, se han vuelto peores que animales salvajes. Al conquistar la ciudad troyana, los soldados se complacen en matar, violar, torturar y destrozar Troya. Frente a semejante oleada de hybris, Zeus debe obrar con severidad: desencadenará tormentas sobre las naves de los griegos cuando, una vez finalizado el saqueo de Troya, quieran volver a sus hogares. Además, para escarmentarlos y hacerles reflexionar, sembrará cizaña entre los jefes, sobre todo entre los dos reyes más grandes, los dos hermanos: Agamenón, que ha dirigido los ejércitos durante todo el conflicto y Menelao, rey de Esparta y marido engañado de la bella Helena enamorada de Paris.
Imaginaros en el caos que se haya Ulises. Hoy día, podemos encontrar un símil con la situación que se vive. Sin darnos cuenta y lentamente nos apartan de nuestros sueños, perdemos nuestro trabajo y nos encontramos con los bolsillos vacíos. Hay que volver a ordenar nuestro mundo, a empezar de nuevo.

Los viajes de Ulises

Los viajes de Ulises

¿Quién fue realmente Ulises?
Hay que destacar que en la Odisea la visión del mundo se basa en la cosmología, no en la ideología política, donde una existencia lograda se ajusta al orden cósmico, donde la familia y la ciudad no son más que elementos evidentes.
Pero, ¿qué hay detrás de esa cosmología tan importante?
En la Odisea, El propio Zeus nos hace entender que Ulises es el más sabio de todos los humanos, porque su principal destino es comportarse en la tierra como el señor de los dioses a nivel del Gran Todo. Aunque Ulises es mortal, es un Zeus pequeño al igual que Ítaca es un mundo pequeño y el objetivo de su viaje tan penoso, como de su vida entera, es hacer que la justicia, es decir la armonía, reine por las buenas o por las malas si hace falta. Por eso Zeus no permanecerá insensible a este proyecto que le recuerda al suyo, cuando tuvo que reestablecer el orden dentro del caos inicial que había en el universo. (Véase la Teogonía)
¿Qué significa “alcanzar la vida buena”?
Más allá de su dimensión casi iniciática en el plano humano, incluso de los aspectos cosmológicos, esta concepción de la vida buena posee también una dimensión metafísica que guarda relación con el tema de la muerte. Para los griegos, lo que caracteriza a la muerte es la pérdida de la entidad. Para empezar y ante todo, los desaparecidos son los “sin nombres”, “sin rostro”. Todos los que abandonan la vida se convierten en “anónimos”, pierden su individualidad, dejan de ser personas vitales. Es conocido el descenso de Ulises al inframundo, al Hades, donde moran los que ya no tienen vida, se apodera de él una sorda y terrible angustia. Contempla con horror a toda esa gente que deambulan a su alrededor, esas sombras a las que nada permite identificar. A esto hay que añadirle el ruido que hacen: confuso, una especie de rumor sordo en el que ya no es posible reconocer una voz y mucho menos una palabra con sentido. Esa despersonalización caracteriza a la muerte y la vida buena es el polo opuesto, a ojos de los griegos.
Es muy importante pertenecer a una comunidad armoniosa, a una patria (un cosmos). En el exilio no eres nadie por eso el destierro de la ciudad es lo mismo que una condena a muerte, según los griegos. Es importante saber de dónde venimos para saber quiénes somos y adónde tenemos que ir. En este aspecto, el olvido es la peor forma de despersonalización que pueda conocerse en la vida. Es una pequeña muerte dentro de la existencia y el amnésico, el ser más desdichado de la tierra. Por último, hay que aceptar la condición humana, es decir, la finitud: un mortal que no acepta la muerte vive en la hybris, en una desmesura y una forma de orgullo que llevan a la locura.
En los sucesivos pasajes de la Odisea, Ulises tiene que luchar para no caer en el destierro, en el olvido y, por encima de todo, encontrar su verdadero Yo, aquel que perdió cuando lo arrancaron de su patria.
Hay un pasaje muy curioso donde Calipso ofrece la inmortalidad a Ulises siempre y cuando renuncie a su identidad (Canto V). Si Ulises olvida quién es, también olvidará adónde va y nunca alcanzará la vida buena. Supongamos que Ulises aceptase la oferta de Calipso, si cediese a la tentación de ser inmortal, dejaría en ese instante de ser un hombre, no sólo porque se convertiría en un dios sino que eso le llevaría al exilio, renunciar para siempre a vivir con los suyos, por lo que perdería su propia identidad. Con más rotundidad, al aceptar la inmortalidad, Ulises se convertiría en algo parecido a un muerto y ya no sería el Ulises que todos conocemos: rey de Ítaca, el marido de Penélope, el hijo de Laertes…
La lección más importante es que la inmortalidad es para los dioses, no para los humanos y no es lo que uno debe buscar desesperadamente en esta vida.
Por eso, en la Odisea se repiten los terribles obstáculos que amenazan a Ulises a lo largo de todo el viaje y contra los que tiene que luchar para encontrar su verdadero Yo. En otro pasaje de la Odisea, Ulises se verá amenazado por el olvido en el país de los lotófagos, cuyo alimento hace perder la memoria (Canto IX). El olvido, en sus infinitas representaciones, amenazará a Ulises en forma de sueños funestos. Son estas pérdidas de conciencia las que lo harán cometer muchos errores, entre ellas, la tentación de abandonar sus proyectos de vuelta, por lo que corría constantemente el riesgo de perder su lugar en el cosmos.
Por lo tanto, ahora sabemos de dónde viene y adónde va Ulises: del caos al cosmos pero a su nivel, que es humano pero que refleja el orden cósmico. Es un itinerario de sabiduría pero a su vez un camino tortuoso, polvoriento, penoso al máximo, cuyo fin, sin embargo, es el de alcanzar la vida buena aceptando la condición de mortal que es la de todo ser humano.

Ulises2Para terminar, destacaremos otras cualidades de Ulises:

La Ilíada concede a Ulises una atención nada desdeñable. Aparece como un terrible guerrero (Canto X y XI) que en varias ocasiones convence a las tropas griegas para que no abandonen la llanura (Canto II, XIV). Se le presenta también como un hábil diplomático que, aunque fracasa en su primera tentativa de apaciguar a Aquiles (Canto IX), furioso contra Agamenón porque este le había arrebatado a su cautiva Briseida, logra finalmente llevar a buen puerto la negociación que devolverá a Aquiles al campo de batalla (Canto XIX); anteriormente Ulises había conseguido que Agamenón restituyera a la cautiva Criseida a su padre sacerdote de Apolo (Canto I).
Como hemos explicado en líneas anteriores, la figura del héroe queda definitivamente consagrada en la Odisea. Todo el relato se organiza en torno a Ulises, «el hombre de los mil recursos» (Canto I): es el ausente que busca a su hijo (II, III, IV) antes de que su presencia le sitúe en el centro del relato; narra sus propias aventuras a Alcínoo (Canto V a XII) y el lector asiste a su regreso de Ítaca y a su venganza (Canto XIII a XXIII). En todas las circunstancias el héroe se muestra «magnánimo», fiel a sus amigos y a su familia, sagaz y valeroso.
Esta misma imagen es la que refleja la pieza de Sófocles Áyax, que opone a un Ulises prudente y comedido a un Áyax atacado por una locura asesina. En la pieza de Sófocles Filoctetes, Ulises, entregado en cuerpo y alma a la causa griega, consigue con su astucia habitual que el último compañero de Heracles les entregue el arco y las flechas necesarias para la victoria griega. Sófocles trató la muerte de Ulises en Ulises herido, de la que sólo se han conservado algunos fragmentos. En esta obra, Telégono, el hijo que Ulises había tenido con Circe (XII), llega a Ítaca y mata a su padre ignorando su identidad.
En el siglo IV a. C. Aristóteles pone la Odisea (Poética, VIII, XVII) como modelo de relato organizado en torno a un tema único: Ulises. Platón, sin embargo, la condena como ficción (La República, III). Los estoicos proponen a Ulises como ejemplo de buena conducta: es «el héroe paciente» por excelencia. Virgilio se inspira en la invocación de los muertos que hace Ulises (Odisea, XI) para escribir el canto VI de la Eneida, donde se desarrolla el descenso al Hades de Eneas. Horacio celebra la templanza de Ulises (Epístolas, 1,7) y Séneca su prudencia (Cartas a Lucilo, XX, 123). Los libros XIII y XIV de las Metamorfosis de Ovidio presentan al elocuente Ulises vencedor de Áyax, la rabia de Polifemo, engañado por el héroe y los maleficios de Circe.

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