Archivo de la etiqueta: Cavafis

ÍTACA

Desde Animasmundi quiero dar apoyo al pueblo griego que está atravesando la peor crisis económica de su historia. Cuando se mira atrás no vemos nada más que una Grecia que creó una brillante cultura que aún está latente en nosotros. Esta gran civilización ahora está en la cuerda floja y entre todos, de una manera u otra, tenemos que extender nuestros corazones hacia ella. Por eso, he recurrido al poeta griego Constantino Petrou Cavafis, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Con su poema “Viaje a Ítaca”  nos recuerda que lo más importante es el camino y lo que aprendemos mientras lo recorremos en cada paso que damos. En este maravilloso “viaje” llamado vida, destaco lo importante que es el viaje interior que realizamos, lo que aprendemos de él y de que manera crecemos interiormente, obteniendo sabiduría y experiencia. Sensibilizarnos con el pueblo griego es para mi algo muy importante y especial  porque nuestras raíces se vinculan estrechamente con su cultura, en general, es decir: filosofía, literatura, historia, matemáticas, astronomía, teatro, medicina, poesía…En definitiva, todos deseamos que Grecia encuentre su “Ítaca” porque todos somos Grecia.

Cuando salgas en el viaje, hacia Itaca

desea que el camino sea largo,

pleno de aventuras, pleno de conocimientos.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al irritado Poseidón no temas,

tales cosas en tu ruta nunca hallarás,

si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta

emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

y al feroz Poseidón no encontrarás,

si dentro de tu alma no los llevas,

si tu alma no los yergue delante de ti.

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

en que con cuánta dicha, con cuánta alegría

entres a puertos nunca vistos:

detente en mercados fenicios,

y adquiere las bellas mercancías,

ámbares y ébanos, marfiles y corales,

y perfumes voluptuosos de toda clase,

cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;

anda a muchas ciudades Egipcias

a aprender y aprender de los sabios.

Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.

Llegar hasta allí es tu destino.

Pero no apures tu viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure:

y viejo ya ancles en la isla,

rico con cuanto ganaste en el camino,

sin esperar que riquezas te dé Itaca.

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieras salido al camino.

Otras cosas no tiene ya que darte.

Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.

Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,

ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Reflexiones Metafísicas

Los caballos de Aquiles

Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan valeroso, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar;
sus naturalezas inmortales se indignaban
por esta obra de la muerte que contemplaban.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con las patas, y lloraban a Patroclo
al que sentían inanimado -destruido una
carne ahora mísera -su espíritu desaparecido indefenso
-sin aliento de vuelto
desde la vida a la gran Nada.
Las lágrimas vio Zeus de los inmortales
caballos y apenóse. “En las bodas de Peleo”
dijo “no debí así irreflexivamente actuar;
¡mejor que no os hubiéramos dado caballos míos
desdichados! Qué buscabais allí abajo
entre la mísera humanidad que es juego del destino.
A vosotros que ni la muerte acecha, ni la vejez
efímeras desgracias os atormentan. En sus padecimientos
os mezclaron los humanos”. -Pero sus lágrimas
seguían derramando los dos nobles animales
por la desgracia sin fin de la muerte.

************************************************

Este poema pertenece al poeta griego Constantino Petrou Cavafis,  una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Analizaremos su poema, “Los caballos de Aquiles

Aquiles vendando a Patroclo.  kílix de figuras rojas, v. 500 a. C., Staatliche Museen (Berlín)

Aquiles vendando a Patroclo. kílix de figuras rojas, v. 500 a. C., Staatliche Museen (Berlín)

Es muy importante destacar la amistad recíproca que unía  Patroclo con Aquiles . Patroclo participó junto a Aquiles en la guerra de Troya, donde llevó a cabo numerosas hazañas. En una de ellas, la más notable, cuando Aquiles se retiró del combate, Patroclo, al ver la situación crítica en que se encontraban los griegos, convenció a su amigo para que le prestase su armadura y le dejase combatir. Así armado, llevó a cabo una verdadera carnicería  entre las filas troyanas, que sólo acabó cuando Héctor, con ayuda de Apolo, consiguió darle muerte. Al conocer la muerte de su compañero de batalla, Aquiles se lanzó sin armas al combate, espantando con un terrible grito a los troyanos, que huyeron despavoridos. Aquiles, destrozado por la pérdida, rindió honras fúnebres a su amigo . La muerte de Patroclo aparece relatada en los cantos XVI a XXIII de la Ilíada.

En el poema de Cavafis confluyen varios temas interesantes para comentar: el destino y la muerte.

El destino es representado por las Moiras, las diosas que han estado trazando la senda que han de seguir los hombres a lo largo de sus vidas y gobiernan desde el comienzo de los tiempos el destino de la humanidad. Ni Zeus, dios de dioses, es capaz de escapar a sus designios. Con la muerte de Patroclo,  su libertad y la seguridad de ser dueño de su propio futuro no eran sino sombra que se diluían en el inevitable transcurrir del tiempo, pensando que el era  dueño de su vida y que su futuro dependía de sus decisiones libremente adoptadas, pero, de repente, la vida le enseña que no es así, que hay un guión previo y que ellos, de manera inconsciente, se ven sometidos a una estructura diseñada, escrita por la necesidad del destino para reestablecer un orden. Es curioso que Patroclo se esconda bajo la armadura de Aquiles para intimidar al enemigo, desempeñando un papel que no es el suyo. Probablemente, pensaría que la batalla estaría ganada llevando la armadura de su compañero, siendo Aquiles el más temible de todos los guerreros. Patroclo se dejó llevar por la desmesura (hybris) aludiendo a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, especialmente cuando se ostenta poder. Sin embargo, en los animales nunca es posible la hybris, ya que les guía el instinto común a su especie y no existe el peligro de que no se hallen en su lugar. No nos podemos imaginar que un caballo se rebele contra su destino y decida ser el león de la selva. Al contrario, los hombres están dotados de un tipo de libertad, de una capacidad de exceso que sin duda los hacen más interesantes que los animales.

En cuanto al tema de la muerte, Homero traza un esquema muy sencillo sobre el pensamiento de la muerte y el destino del alma:

1) La muerte es el fin del hombre entero, aunque sobreviva el alma.

2) La muerte es la única certeza que posee el hombre sobre su futuro.

3) La sombra de la muerte se proyecta sobre el curso entero de la vida.

 

Obras de referencias:

 

 

 

 

 

1 comentario

Archivado bajo Reflexiones Metafísicas

El simbolismo de Troya

TROYANOS
Son los esfuerzos nuestros, de los desventurados,
son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Algo conseguimos; nos reponemos
un poco; y empezamos
a tener coraje y buenas esperanzas.
Pero siempre algo surge y nos detiene.
Aquiles en el foso enfrente a nosotros
sale y con grandes voces nos espanta.
Son los esfuerzos nuestros como los de los troyanos.
Creemos que con decisión y audacia
cambiaremos la animosidad de la suerte,
y nos quedamos afuera para combatir.
Mas cuando sobreviene la gran crisis,
nuestra audacia y decisión desaparecen;
se turba nuestra alma, paralízase;
y en torno de los muros corremos
buscando salvarnos con la fuga.
Empero nuestra caída es cierta. Arriba,
sobre las murallas, comenzó ya el lamento.
 *****************************************
Este poema pertenece al poeta griego Constantino Petrou Cavafis,  una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.
Troya, la “dueña de Asia”, la legendaria ciudad que inmortalizó la epopeya homérica, aparece situada bajo el signo de la gloria y la traición: presentes divinos y promesas no respetadas jalonan su historia desde su fundación hasta su destrucción por la astucia y la fuerza.
La Troya de Príamo

La Troya de Príamo

Fue fundada en la llanura del Escamandro por Ilo, hijo del Rey Tros (a su vez fundador mítico del reino troyano), que la bautizó con el nombre de Ilión. Algún tiempo después de su fundación, Zeus envió una señal para demostrar su favor y protección: una estatua de la diosa Palas Atenea, el Paladio, milagrosamente caída del cielo. Para albergarla, Ilo hizo construir en Troya un gran templo consagrado a Atenea. Ilo es el antepasado común de dos linajes reales troyanos llamados a tener unos destinos tan ilustres como opuestos. Por un lado, la rama encabezada por su hijo Laomedonte (padre de Príamo) condenada a la extinción y la de su hija Temiste (abuela de Eneas), destinada a perpetuarse gloriosamente a través de la fundación de Roma.

La caída de Troya fue el exterminio de prosperidad  y poder de una ciudad en la que el anciano Príamo, Rey de Troya, tuvo que sufrir la pérdida de sus conciudanos bajo las armas griegas. Cuando Troya cae al fin, el anciano monarca muere degollado por Neoptólemo, el hijo de Aquiles, de quien un oráculo había profetizado que sería el supremo vencedor de la ciudad. Con Príamo y su linaje desaparecería definitivamente la ciudad de Troya.
Hemos comentado en Animasmundi el tema del destino del hombre y las maldiciones que acarrean sobre los linajes de mayor jerarquía. Por eso, para entender el trasfondo de Troya, os invito a leer los siguientes enlaces: la hybris y las maldiciones en la mitología griega. Tampoco tenemos que pasar por alto que Troya también presenta el destino miserable de las mujeres arrastradas como esclavas lejos de su ciudad. Por lo tanto, la guerra de Troya condujo a los hombres a separarse de la sabiduría, esa vanidad o esa desmesura que desafía a los dioses y, a través de ellos, al orden cósmico. Más allá de representar una entidad abstracta y simbólica, este es el valor que se le confiere a la saga de Troya en el mito cosmogónico antiguo: un valor que por ser simbólico continúa siendo hoy día muy actual, pues las condiciones que dieron lugar a esa gran guerra son hoy en día tan actuales como entonces. Así lo vemos en el poema de Cavafis, donde Troya y su trágico destino sirve al poeta para ejemplificar la vida de los hombres, luchando cada día por la felicidad pero que sólo consiguen en momentos determinados pues los obstáculos volverán a surgir…Sin duda un mensaje pesimista que no puede dejar de recordarnos aquellos primeros versos de aquel soneto IV de Garcilaso: Un rato se levanta mi esperanza / mas, cansada de haberse levantado, / torna a caer, (…)
Fuente de información recomendada:

Poesía completa (Alianza Literaria (Al))

Enlaces relacionados con Cavafis:

Ítaca

La muerte de Sarpedón

Deja un comentario

Archivado bajo Reflexiones Metafísicas

La muerte de Sarpedón

LAS EXEQUIAS DE SARPEDON

Profundo dolor tiene Zeus. Ha dado muerte

Patroclo a Sarpedón; y ahora se abalanzan

el hijo de Menecio y los aqueos a arrebatar

el cuerpo y ultrajarlo.

Pero esto no agrada en absoluto a Zeus.

A su hijo amado -al que dejó

morir: tal era la ley al

menos muerto lo honrará.

Y he aquí que envía a Apolo a la llanura

instruido de cómo cuidar el cuerpo.

Con unción y dolor el cadáver del héroe

levanta Apolo y lo lleva hasta el río.

Lo limpia del polvo y de la sangre;

cura las horribles heridas, sin dejar

que aparezca vestigio alguno; vierte sobre él

los aromas de la ambrosía; y con espléndidos ropajes

olímpicos lo viste.

Blanquea su cutis; y con una peineta de perlas

sus cabellos negrísimos peina.

Los hermosos miembros los arregla y recuesta.

Ahora parece un joven rey auriga –

en sus veinticinco años, en sus veintiséis que

reposa después haber ganado,

con un carro de oro y velocísimos caballos,

en un certamen famoso el galardón.

En cuanto Apolo hubo terminado

su misión, llamó a los dos hermanos

al Sueño y a la Muerte, ordenándoles

que el cuerpo llevaran a Licia, ese rico país.

Y hacia allá al rico país, a Licia,

viajaron estos dos hermanos

Sueño y Muerte, y cuando ya llegaron

a la puerta de la casa real,

entregaron el glorificado cuerpo,

y volvieron a sus otras preocupaciones y quehaceres.

Y cuando lo recibieron allí; en la casa, comenzó

con procesiones, y honras, y lamentos,

y con abundantes libaciones en sagradas crateras,

y con todo lo necesario, la triste sepultación;

y después hábiles artesanos de la ciudad

y afamados artífices de la piedra

vinieron a labrar el túmulo y la estela.

*********************************************************

Este poema pertenece al poeta griego Constantino Petrou Cavafis,  una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.

El poema, de carácter épico-narrativo,  se centra en el Canto XVI de la Ilíada, cuando llega la hora de la muerte de Sarpedón, hijo de Zeus, a manos de Patroclo. A pesar de que la muerte de Sarpedón es discutida entre los dioses, finalmente se dictamina lo que está escrito en el destino de Sarpedón:

[Hablando de Sarpedón] deja que muera a manos de Patroclo en reñido combate; y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte y al dulce Hipno que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos.

Hypnos_Thanatos

Hypnos y Thanatos toman al difunto Sarpedón (Londres, British Museum)

Una vez muerto un guerrero, era muy común apoderarse del cadáver, ultrajarle y quitarle la armadura como recompensa por la heroica victoria. Tras un duro combate bajo la mirada de Zeus y tras ser arrebatada la armadura de Sarpedón como premio, Zeus finalmente manda a Apolo a recoger el cuerpo de su hijo para prepararle en el ritual funerario. En la Grecia antigua, un funeral era mucho más complejo que un enterramiento o una cremación del cuerpo. Se llevaban a cabo unos ritos que tenían la propiedad de ayudar al alma muerta en su tránsito del mundo de los vivos al mundo de los muertos. Del perfecto cumplimiento del ritual dependería la salvación del individuo, es decir, el alma no vagaría en una eterna angustia. Por lo tanto, el rito funerario era un eslabón tan importante como el nacimiento y el matrimonio porque los griegos consideraban la muerte un nuevo status.

Zeus accede a darle este último trato de favor al héroe Sarpedón, ya que no puede salvarle del destino de la muerte:

¡Ea, querido Febo Apolo! Ve y después de sacar a Sarpedón de entre los dardos, límpiale la negra sangre; condúcele a un sitio lejano y lávale en la corriente de un río, úngele con ambrosía, ponle vestiduras divinas y entrégalo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Hipno y la Muerte. Y éstos transportándolo con presteza, lo dejarán en el rico pueblo de la vasta Licia. Allí sus hermanos y amigos le harán exequias y le erigirán un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos (..)Apolo no desobedeció a su padre. Descendió de los montes ideos a la terrible batalla y en seguida, levantó al divino Sarpedón de entre los dardos, y conduciéndole a un sitio lejano, lo lavó en la corriente de un río, ungiólo con ambrosía, púsole vestiduras divinas y entrególo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Hipno y la Muerte. Y éstos, transportándolo con presteza, lo dejaron en el rico pueblo de la vasta Licia.

Además del rito funerario, vamos a destacar dos personificaciones de notable presencia en el pensamiento griego arcaico: Hipno (Sueño) y Tánato (Muerte)

Las fuentes literarias más arcaicas que nos han llegado de Hipno corresponden a la Ilíada donde inicialmente aparece el personaje como hermano de Tánato, ambos encargados de trasladar a Sarpedón  a un lugar donde se le puedan realizar las honras fúnebres para continuar con su viaje al más allá.

Hipno se nos presenta así como el dios del sueño y conduce,  junto a su hermano Tánato, a los difuntos hasta su lugar final de reposo, facilitando el cumplimiento de la premisa de las honras fúnebres heroicas en la patria del difunto, donde los honores serán mayores y ofrecidos no por los extranjeros sino por los miembros del grupo familiar.

Este hecho resalta la complejidad de Hipno como personaje mitológico  incluido en el limbo de los sueños y en el de la muerte, donde ambas presencias (sueño y muerte) estuvieron conectadas en el pensamiento griego antiguo. Durante todo el s. V a.C., se desarrolló un culto funerario destacable en torno a la figura de Hipno y su hermano gemelo Tánato en los que ambas personificaciones son presentadas como intermediarias entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Para concluir, cabe destacar el tema del destino como fuerza sobrenatural que guía la vida humana, que se erige como una ley que está por encima del hombre y de los dioses y no quebrantable bajo ningún concepto. Así, el autor del poema humaniza al mismísimo Zeus que  no puede evitar la trágica muerte de su propio hijo: Profundo dolor tiene Zeus.

Otros poemas de Cavafis en Animasmundi:

Ítaca

El simbolismo de Troya

Enlaces relacionados con la misma temática: Hipno y Tánato; Hermes; los sueños en Homero

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia, Reflexiones Metafísicas

ÍTACA

Strait of Ithaca

Cuando salgas en el viaje, hacia Itaca

desea que el camino sea largo,

pleno de aventuras, pleno de conocimientos.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al irritado Poseidón no temas,

tales cosas en tu ruta nunca hallarás,

si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta

emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

y al feroz Poseidón no encontrarás,

si dentro de tu alma no los llevas,

si tu alma no los yergue delante de ti.

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

en que con cuánta dicha, con cuánta alegría

entres a puertos nunca vistos:

detente en mercados fenicios,

y adquiere las bellas mercancías,

ámbares y ébanos, marfiles y corales,

y perfumes voluptuosos de toda clase,

cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;

anda a muchas ciudades Egipcias

a aprender y aprender de los sabios.

Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.

Llegar hasta allí es tu destino.

Pero no apures tu viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure:

y viejo ya ancles en la isla,

rico con cuanto ganaste en el camino,

sin esperar que riquezas te dé Itaca.

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieras salido al camino.

Otras cosas no tiene ya que darte.

Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.

Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta,

ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.

Poeta: Constantino Cavafis

Otros enlaces relacionados con Cavafis en Animasmundi:

La muerte de Sarpedón

El simbolismo de troya

Para ampliar más información: la Ítaca de Ulises.

Deja un comentario

Archivado bajo Reflexiones Metafísicas