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La mujer griega en la religión

A las mujeres de la Grecia clásica se les negaba toda función política y jurídica, pues se daba por sentado que estas funciones la asumían los varones. Su papel estaba focalizado en el terreno doméstico, dentro de la casa. Sin embargo, en el terreno de lo religioso desempeñaron importantes cometidos que eran percibidos como decisivos a los ojos del conjunto de la comunidad.

Algunos ejemplos son:

  • Las jóvenes solteras servían como portadoras de cestas en las procesiones de las festividades. Por ejemplo, la procesión de las Panateneas.
  • Las mujeres adultas actuaban como sacerdotisas ante el altar de una divinidad y presidían el sacrificio de animales a los dioses. Por ejemplo, Cidipe, sacerdotisa de Hera.
  • Las mujeres casadas llevaban a cabo rituales secretos en los que no podían participar los hombres, ceremonias importantes para obtener la bendición de los dioses sobre los campos y las cosechas. Se creía que las mujeres tenían una relación íntima y especial con la fertilidad de la tierra, que en definitiva estaba representada por la diosa Gea.
  • Las mujeres también se involucraron en la adoración de divinidades “nuevas” como Adonis, que en el periodo clásico no formaban parte de la estructura formal de la ciudad. Era un rito privado fuera del calendario religioso oficial. Adonis es una divinidad oriental que nunca fue del todo aceptaba en el panteón griego. Cuenta el mito que Afrodita, la diosa del amor, se enamoró perdidamente del joven y hermoso Adonis, pero este pereció a manos de un jabalí mientras cazaba. En los últimos momentos de su vida, Afrodita lo tendió en un lecho hecho con lechugas.
  • Las mujeres de Dioniso. En Atenas, lejos de la presencia de los hombres, algunas mujeres se congregaban en un recinto cerrado y bailaban descalzas con desenfreno ante una efigie del dios Dioniso, con el pelo suelto. El hecho de ir descalzas o desmelenadas indican que han renunciado a su condición normal, sosegada, para adorar al dios en un estado de entusiasmo, que simboliza “tener el dios dentro de sí”
  • Profecías y profetisas: uno de los oficios femeninos más conocidos de la antigua Grecia era el de la pitia, la profetisa-sacerdotisa de Apolo en Delfos. Ostentaba la posición más prominente que podía ocupar una mujer en un cargo de tipo religioso en la Grecia clásica.
  • La religión en el ámbito doméstico: una de las tareas particulares de las mujeres consistía en hacer pastelillos para los sacrificios rituales. También, se encargaban de las estatuas, que eran cuidadosamente lavadas por mujeres (las únicas que podían ver a la diosa “desnuda” sin vestido de culto) y se les daba un nuevo atuendo para llevar. Un ejemplo claro sería la “ceremonia de aseo” en ella, las mujeres tejían  cada año un nuevo vestido para Atenea (Jenofonte, Helénicas, 1.4.12).
  • Sacrificios: las mujeres jóvenes estaban presentes en los sacrificios, incluso antes del matrimonio, pero además también lo estaban las sacerdotisas, que conducían el propio acto. Cuando el hacha golpeaba a la víctima, las mujeres entonaban un llanto ritual para llamar la atención de los dioses sobre aquello que se les ofrendaba. La presencia de mujeres eran tan importante en los rituales públicos que estas debían asistir tan pronto como fuera posible después de haber dado a luz o incluso inmediatamente después de haberse librado de la contaminación que suponía la participación en un funeral.
  • Ofrendas a los dioses: muchas veces las mujeres expresaban su piedad a través de regalos que ofrecían a los dioses. La más antigua de las dedicaciones conocidas entre las realizadas por mujeres es la de Nicandra de Naxos, quien en torno al 650 a.C. ofreció una estatua de Artemisa de gran tamaño en el templo de esta diosa en la isla de Delos, y en ella inscribió su propio nombre.
  • Rituales funerarios: las mujeres eran quienes preparaban el cuerpo del difunto, lo lavaban, lo vestían y lo dejaban listo para llevarlo hasta la carreta que lo conduciría hasta el cementerio. Es común ver a las mujeres golpeándose la cabeza, tirándose del pelo o arañándose las mejillas hasta sangrar. Los varones se lamentaban en silencio, sin mostrar emociones, de pie en torno al cadáver, levantando las manos en un silencioso gesto de respeto. Son famosas las plañideras: mujeres enérgicas con un exceso de luto. De hecho, en Atenas y Delfos decretaron leyes para prevenir estos hábitos excesivos en el luto femenino limitando los lamentos o prohibiendo lacerar sus mejillas.

Enlaces sobre la misma temática:

  1. Sacerdotisa griega
  2. Sibila, el don de la profecía
  3. Religión griega
  4. La iniciaciación en el culto
  5. Los Misterios
  6. El sacerdocio en la antigua Grecia
  7. Rituales funerarios
  8. La importancia de los rituales
  9. El rito griego
  10. El culto a los difuntos
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Breve caracterización de los cultos mistéricos antiguos

Por Leandro Tejerina

Nada más alejado para aproximarnos al significado real de la religiosidad antigua que nuestro actual concepto de religión. Estamos acostumbrados a entender la adhesión a una religión como una elección personal que excluye por sí misma la posibilidad de participar en cualquier otra. Ya desde su origen, las principales religiones contemporáneas de occidente –el judaísmo, el cristianismo y el islamismo– han presentado un insistente carácter autodefinitorio, así como un énfasis permanente en la delimitación de una religión frente a las otras. Esto no pasaba en el mundo precristiano: Las distintas formas de culto de la antigüedad nunca fueron mutuamente excluyentes, incluso en los casos de dioses nuevos y extranjeros en general y en la institución de los misterios en particular. Eran distintas variantes, corrientes o alternativas dentro del conjunto único y homogéneo de la religión antigua.

Hablar de “religiones mistéricas”, como se hizo frecuentemente hasta los 80s aproximadamente, ya no resulta viable. Ni los misterios báquicos ni la iniciación en Eleusis, o los cultos de Isis o Mitra, tienen nada que ver con la adhesión a una religión en el sentido arriba mencionado. Existen numerosas diferencias entre ellos que nos impiden englobarlos bajo una única categoría. Pero es posible mostrar que pese a la magnitud de la diversidad se observan algunas constantes. Por razones de espacio abarcaremos sólo cinco modalidades (a nuestro criterio las más importantes) de los cultos mistéricos antiguos, comenzando por el más arcaico de ellos y más extendido en sentido territorial: El culto de Dioniso.

Bacco Caravaggio

Baco, Caravaggio, oleo sobre lienzo, 1598 ?

Al popular dios del vino y el éxtasis se le rendía culto en todas partes. Cualquier bebedor podía enorgullecerse de ser adorador de este dios. La tablilla de Hiponion, que menciona a los mystai y los bakchoi en su “camino sagrado” al otro mundo, da cuenta de la existencia de misterios dionisíacos, iniciaciones personales secretas con la promesa de la felicidad eterna en el más allá. Pero en contraste con los misterios eleusinos (sólo practicados en Eleusis), no parecen haber tenido un centro localizado de celebración. Los misterios de Dioniso aparecen por todos lados desde el Mar Negro hasta Egipto y desde Asia Menor al sur de Italia. Los más famosos, paradójicamente por su mala fama, fueron las Bacanales de Roma e Italia, reprimidas brutalmente por el senado romano en 186 a. C. El fresco de la Villa de los Misterios, en Pompeya, es el documento artístico más fascinante sobre los misterios báquicos, data de la época de Cesar. A veces se relaciona con estos misterios el mito del desmembramiento de Dioniso, pero no es seguro que se aplicara a todos ellos. Otro problema recurrente es el del vínculo del culto al dios con los textos y grupos “órficos”, aparentemente surgidos del mítico Orfeo, el cantor.

Senatus consultum de bacchanalibus

Senatus consultum de bacchanalibus, de 186 a. C.Reproducción de la tablilla de bronce encontrada en 1640, en Tiriolo (Calabria, Italia), con el Decreto senatorial sobre la prohibición de las fiestas bacanales y el castigo de la pena capital para sus organizadores. La original se encuentra en el Museo de Historia del Arte de Viena

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Fresco de la Villa de los misterios en Pompeya (primera mitad del siglo II a. C.)

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villa_de_los_misterios_08_desvelado_de_la_,mistica_vannus_flagelante_y_bacante

Los misterios de Eleusis estaban dedicados a las “Dos Diosas”: Démeter, diosa del trigo, y su hija Perséfone, conocida también como Ferefata o “la Doncella”, Core. Eran organizados por la polis de Atenas y supervisados por elarchon basileus, el “rey”. Fueron los misterios por excelencia de los atenienses, y la fama literaria de Atenas se encargó de que pasaran a la posteridad. Existe además documentación importante procedente de la iconografía, las inscripciones y las excavaciones. El conocido mito narra la búsqueda de la diosa Démeter de su hija Perséfone, que había sido raptada por Hades y llevada al inframundo. “La Doncella” consigue finalmente regresar a Eleusis pero por un período de tiempo limitado, para luego volver al inframundo. Es entonces cuando los atenienses celebraban los Mysteria, el gran festival de otoño, con una peregrinación que se iniciaba en Atenas y terminaba en Eleusis. Allí culminaban los festejos en la sala de iniciaciones (telesterion) por la noche, y el hierofante revelaba “las cosas sagradas”. Démeter favorecía a la ciudad con dos dones en Eleusis: el trigo, como base de la vida civilizada, y los misterios, que llevaban en sí la promesa de las “mejores esperanzas” para una vida futura bienaventurada. Como hemos dicho antes, estos misterios sólo se celebraban en Eleusis y en ningún otro sitio.

La Diosa Madre de Asia menor (Mater Magna, en latín)  era llamada por los griegos Méter. Mucho tiempo antes de la escritura se puede encontrar el culto a una Diosa Madre en Anatolia, remontándose hasta el neolítico. Su nombre frigio, Matar Kubileya, fue el más influyente para los griegos. Se la llamó Kybeleia o Kybele en griego, pero fue más conocida como “Madre de la montaña”, a veces con el agregado del nombre propio de una montaña local: Méter Idaia, Méter Dindimene… En este culto llamó la atención principalmente la institución de sacerdotes eunucos, los galloi, autocastrados que vivían sobre todo en Pesinunte. El correlato mitológico de estos sacerdotes es Atis, el paredro amante de la Madre, que es castrado y muere bajo un pino. En el año 204 a. C., el culto fue llevado a Roma por orden de los oráculos y se expandió luego a partir de allí. Tuvo varias formas de ritos personales y secretos (teletai y mysteria); la forma más espectacular conocida fue eltaurobolium (conocido desde el siglo II d. C.), donde el iniciado permanecía en cuclillas dentro de un pozo cubierto con vigas de madera sobre las que se daba muerte a un toro y quedaba empapado por la sangre que manaba a borbotones del toro.

Los griegos siempre dieron mucha importancia a los dioses egipcios, pero entre ellos destacaron Isis y Osiris desde la época arcaica en adelante. Desde el principio los identificaron con Démeter y Dioniso respectivamente. Los santuarios de los dioses egipcios, con sacerdotes egipcios o egipcianizantes, se establecieron por todas partes. El mito base de este culto es conocido principalmente por el libro de Plutarco, De Isis y Osiris. Relata la muerte de Osiris desmembrado por su hermano Set, buscado, encontrado y reunido por Isis, que luego concibió y dio a luz a Horus. En el último libro de El asno de oro, de Apuleyo, el texto sobre misterios más extenso que disponemos de la antigüedad pagana, están descritos los misterios de Isis.

Por último, imposible dejar de reconocer a Mitra. Deidad indoirania muy antigua, atestiguada ya en la Edad de Bronce y venerada desde entonces por todas partes donde la tradición irania ejerció influencia. No tenemos información de los misterios característicos de Mitra antes del 100 a. C., y no deja de ser problemática la manera en que se fundaron o su relación exacta con la tradición irania. Estos misterios se celebraban en cuevas subterráneas por pequeños grupos de varones que se reunían delante del mitreo (representación de Mitra dando muerte al toro que ocupaba el ábside de la cueva) para la comida sacrificial y las iniciaciones. Era un culto exclusivo del sexo masculino. En especial contaba con numerosos adeptos entre los soldados y oficiales romanos, aunque también se sabe de algunos comerciantes que practicaron el culto. El mito no nos ha sido transmitido por la literatura, pero la iconografía mitraica es sorprendentemente uniforme. Había siete grados de iniciación: Córax, Ninfis, Miles, Leo, Persa, Heliodromo y Pater. Un último título parece aludir a la autoridad central: pater patrum. Para inaugurar un nuevo Mitreo, debía estar presente un pater. Así, el mitraísmo estaba dirigido por un sanctissimus ordo, lo que explica la llamativa uniformidad de los santuarios y la iconografía. Se extendió el culto desde el Rin al Danubio y de allí a Dura-Europos, y hasta África. La movilidad de las legiones romanas fue sustancial para la expansión del mitraísmo.

Fuente

Walter Burkert, Cultos mistéricos antiguos, Madrid, Trotta, 2005. ISBN: 978-84-8164-725-9

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