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La Estigia

Esta brota sólo de aquella roca, como gran castigo para los dioses. El que de los inmortales que habitan la cumbre del nevado Olimpo, vertiéndola, hace un falso juramento, yace tendido sin aliento hasta que se cumple un año; y no puede acercarse a la ambrosía, néctar ni alimento alguno, sino que yace sin respiración y sin voz en revestidos lechos, le cubre un sopor maligno. Luego, cuando termina la gran enfermedad al cabo de un año, otra prueba más difícil sucede a la anterior. Está apartado de los dioses que siempre existirán durante nueve años, y no asiste nunca al consejo ni a los banquetes durante nueve años; al décimo, de nuevo interviene en las asambleas de los inmortales, que habitan las mansiones del Olimpo. Pues tal juramento lo hicieron los dioses por el agua imperecedera de la Estige dice según algunos. Hesíodo en la Teogonia (792-805)

Gustave Doré: La travesía del Estigia (La Traversée du Styx, 1861).

La Estige, igualmente río de los Infiernos, se presenta después del Aqueronte a los que llegan a los lugares inferiores; diferentes autores creyeron que ella nació de distintos padres. Así, Hesíodo en la Teogonía (776-9) cuenta que la Estige nació de Océano en estos versos: La terrible Estige, hija mayor de Océano, que fluye en sí mismo. Lejos de los dioses habita un espléndido palacio, con techo de grandes rocas, con columnas de plata alrededor de toda ella fijadas hasta el cielo.

 En la Teogonía de Hesíodo la ninfa Éstige aparece como la hija de Tetis y de Océano, pero en general, Éstige aparece identificada con uno de los ríos del Tártaro; es la corriente tenebrosa que amenaza a los violadores de los juramentos. Según cuenta otra versión, Éstige fue la primera gran aliada de Zeus en su batalla contra los Gigantes y agradecido Zeus por su fiel colaboración hizo a Éstige la guardiana absoluta de los juramentos solemnes. De esta manera, Éstige se ocupaba  tan sólo de los juramentos de los dioses. Según Hesíodo, Éstige habita lejos de los dioses en un palacio que coronan rocas elevadas, sustentado por columnas de plata. De tarde en tarde recibe la visita de Iris, la mensajera de Zeus, que viene a buscar el solemne juramento de los dioses; esto supone que hay un conflicto entre los inmortales y Zeus decide resolverlo sometiendo a juramento a los querellantes. Según la tradición Iris recoge agua del manantial helado de Éstige y la lleva al Olimpo en una jarra de oro. Aquel de los dioses que utilice este líquido mágico para apoyar un perjurio sufrirá un castigo terrible: durante un año se verá privado de la respiración y tampoco tendrá acceso al néctar ni a la ambrosía; en los nueves años siguientes habrá de vivir lejos del Olimpo, sin participar en sus asambleas no en sus banquetes.

“¡Hombres ignorantes, ofuscados para prever el destino de lo bueno y lo malo que os acucia. También tú,
efectivamente, por tus insensateces has causado un desastre irreparable. Sépalo, pues, el agua inexorable de
la Estigia, por la que los dioses juran. Inmortal y desconocedor por siempre de la vejez iba a hacer a tu hijo, e
iba a concederle un privilegio imperecedero. Mas ahora no es posible que escape a la muerte y al destino
fatal” (Himno a Deméter)

 Homero en el libro V (184-6) de La Odisea reitera la idea desplegada por Hesíodo: Ahora sepa esto la tierra y el ancho cielo desde arriba y el agua que huye de la Estige, éste es el mayor y más temible juramento para los dioses bienaventurados.

Platón en el Fedón (113b-c) demostró no sólo de qué modo fluye la Estige en los infiernos sino también qué color tiene; El cuarto cae primero en un lugar terrible y agreste, según se dice, con un color en total como el lapislázuli al que llaman Estigio; y a la laguna, que forma el río al desembocar, Estige. Este río, puesto que fluye bajo tierra y tiene un agua muy desagradable, se consideró que bajaba hasta los infiernos y que era el río de los lugares inferiores, el que por lo desagradable fue llamado Estige, como si fuera stygeros, lo que para los griegos significa odioso. Se dice que en este río así como había otros muchos seres monstruosos, así también peces delgados hasta tal punto que parecían semejantes a sombras de peces más que peces, según dice Pausanias en Los asuntos de Fócide (X 28,1). Aquí eran negros todos los animales y negras las ranas, como dice el poeta (Juv. II 149-51): Hay algunos manes y los reinos subterráneos y la pértiga y negras ranas en el torbellino estigio y tantos miles atraviesan el vado en una sola barquilla.

Es muy común también encontrar referencias sobre la Estigia en los epigramas funerarios griegos:

Si el cruel destino permitiera redimir las almas y la salvacion

de otros pudiera ser rescatada con la muerte, todos

los dias que mi vida tiene destinados de buen grado los

 daria a cambio de tu vida, Homonea querida. Mas ahora,

en lo que pueda huire de la luz y de los dioses, para

seguirte a la laguna Estigia cuando la muerte me llegue a su

debido tiempo.

 Para terminar, y como dato curioso, en las frías aguas de la Estigia había bañado Tetis a su hijo Aquiles para hacerlo invulnerable.

 

BIBLIOGRAFÍA
Diccionario de mitología griega y romana (Lexicon)
Enciclopedia ilustrada de mitología (Grandes Temas)

Enlaces de interés sobre la misma temática:

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Minos, Radamanto y Éaco

Cuando alguno de estos cae en manos de Radamanto, no sabe quién es, ni quiénes son sus parientes, y sólo descubre una cosa, que es malo; y después de reconocerle como tal, le relega al Tártaro, no sin marcarle con cierta señal, según se le juzgue capaz o incapaz de curación.
Cuando llega al Tártaro el culpable es castigado según merece. Otras veces, viendo un alma que ha vivido santamente y en la verdad […] se entusiasma por ella y la envía a las Islas Afortunadas.
Éaco hace lo mismo por su parte. Uno y otro ejercen sus funciones de jueces, teniendo en las manos una vara. Minos está sentado solo, vigila a los otros, y tiene un cetro de oro que Odiseo, de Homero, dice haber visto: Teniendo en la mano un cetro de oro y administrando justicia a los muertos (Gorgias, Platón)

Litografía de los tres jueces de los muertos: Minos, Éaco y Radamanto (Ludwig Mack, Die Unterwelt, 1826)

Litografía de los tres jueces de los muertos: Minos, Éaco y Radamanto (Ludwig Mack, Die Unterwelt, 1826)

Como se puede observar, los tres jueces del Hades cumplían una función de torturadores de las almas después de la muerte, obligando a que cada uno confesase sus crímenes para que se le destinara después a cada uno una vida de placer o de sufrimiento, según el dictamen final de los severos jueces.
Sobre Radamanto se dice que juzgaba las almas de los orientales junto a Minos; mientras, Éaco hacía lo propio con los occidentales, teniendo Minos el voto decisivo. Se trataba, sobre todo, de un juicio moral que decide el tipo de existencia de ultratumba.
Pues yo, conociendo estas cosas antes que vosotros, os di como jueces a mis hijos, dos procedentes de Asia, Minos y Radamantis, y uno de Europa, Éaco (Gorgias, 523-524)
Por lo tanto, después de que llegan allí las almas, las juzgan en el prado y en la encrucijada, de donde salen dos caminos: uno, hacia el Tártaro; otro, a las Islas de los Bienaventurados, los Campos Elísios, donde Natale Conti nos relata con precisión lo siguiente:
De otra parte, nos exhortaban los sabios a la honradez con grandes y los más alegres placeres presentados en los Campos Elisios. Pues cualquiera de los hombres buenos que haya observado las reglas y haya vivido santamente, éste era conducido a la compañía de los felices, donde la tierra era productora de toda clase de frutos; y las aguas manaban de las fuentes más limpias y los prados, produciendo una primavera perpetua, se vestían de variadas flores. Allí estaban las asambleas de los filósofos, allí los teatros de los poetas, allí los coros en círculo, allí los placeres de la música, allí los armoniosos y elegantes banquetes y el placer no unido a molestia alguna, pues no se sentía ni calor inmoderado ni frío, sino que el aire era siempre saludable y templado, y no estaba inflamado por muy ardientes rayos del sol. Pues, ¿qué clase hay de las más suaves avecillas que allí no ejercite su admirable canto, o qué árboles olorosos hay que no vistan siempre de las más deliciosas flores? De aquí las luchas, de aquí las enemistades, de aquí los odios, de aquí las bandas de ladrones, de aquí los engaños, de aquí los perjurios, de aquí las envidias estaban desterradas. Aquí la vida más feliz y libre de toda molestia se desarrollaba sin miedo a la muerte o a la enfermedad, según decían. Esta clase de felicidad estaba destinada sólo a aquéllos que hubieran vivido piadosa y santamente o que hubiesen cometido algunos pecados, pero curables y leves, que en otro lugar no lejos de éste eran expiados (Natale Conti, Libro Tercero de la Mitología).

En efecto, cuando durante largo tiempo han dado castigo a las almas según la gravedad de los crímenes, para que sean purificadas de toda suciedad y contagio del cuerpo, después eran enviadas a los Campos Elisios. Por ello, Virgilio, escribió así en el libro VI (739-44): por tanto, reciben los castigos y pagan los suplicios de los viejos males; unas se extienden suspendidas al viento vacío; para otras bajo el vasto remolino se lava su impuro crimen o es purificado el cuerpo (cada cual sufrimos los manes propios; después somos enviados por el amplio Elisio y unos pocos habitamos los felices campos).

«Allí está Minos», La divina comedia (Inferno, canto V, línea 4). Ilustración de Gustave Doré.

«Allí está Minos», La divina comedia (Inferno, canto V, línea 4). Ilustración de Gustave Doré.

Continuando con los jueces infernales, en Homero en el libro XI (568-71) de La Odisea describe: Y bien aquí vi a Minos, ilustre hijo de Zeus, que tiene cetro de oro, administrando justicia a los muertos, sentado. Estos, unos sentados y otros en pie a su alrededor, exponían sus causas al soberano en la casa de amplias puertas de Hades.
Según Virgilio, Minos era el juez de aquellos a los que se había aplicado la pena de muerte tras ser acusados falsamente. Minos se sienta en una urna gigante, y decide si las almas deben ir al Elíseo o al Tártaro con la ayuda de un jurado mudo.
Radamantis era el juez especializado en investigar los crímenes que cada uno había cometido en vida, así lo atestigua Virgilio: posee estos muy crueles reinos el Gnosio Radamantis, y castiga y oye los crímenes, y obliga a confesar los delitos que cada uno, cuando estaba entre los hombres, alegrándose por la vana astucia, dejó para expiar en la tardía muerte. (La Eneida, libro VI 566-9)
Los jueces infernales de la antigua Grecia no sólo tuvieron una fuerte connotación en la mitología romana, con Virgilio como referente, sino también En La Divina Comedia de Dante, donde Minos se sienta en la entrada al segundo círculo del Inferno, que es el comienzo del Infierno propiamente dicho. Ahí juzga los pecados de cada alma y le asigna su justo castigo indicando el círculo al que debe descender. Hace esto dando el número apropiado de vueltas a su cola alrededor de su cuerpo. También puede hablar para aclarar la ubicación del alma dentro del círculo indicado por las vueltas de su cola.

Por último, en la antigua mística griega, entre ellas el orfismo, una de las doctrinas principales es el juicio final de las almas en el Hades, donde a los piadosos se les concede su premio en un banquete sublime y a los impíos se les da el castigo en un pantano, donde tienen que echar agua en una cuba y llevar a cabo otros trabajos sin sentido, indefinidamente. En este caso, junto al trono de Zeus, está la Dike, la diosa de la Justicia, inflexible vengadora de todo delito. Por lo tanto, la creencia órfica era pensar en una retribución en el más allá y para escapar de los terribles castigos en el Hades, ofrecían a los dioses infernales, sacrificios y plegarias con los cuales esperaban no sólo expiación de las culpas para los vivos, sino también para los que ya estaban muertos. Por otra parte, es curioso que los pitagóricos tuvieran como símbolo una Y, el signo del cruce de caminos, en el que el hombre debía elegir qué camino tomar: el del bien o el del mal. (Scripta Minora, I). De esta manera, el alma no se la jugaba después de la muerte.

Lecturas recomendadas:

Enlaces recomendados sobre la misma temática

  1. Hades
  2. Perséfone
  3. Hermes, guía de las almas difuntas
  4. Lete
  5. Caronte
  6. Hécate
  7. Cerbero

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El amor y la muerte en Alcestis

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Admeto, Alcestis de vuelta del Hades y Heracles con la piel del León de Nemea: A Tánatos, dios de la muerte, Hércules le arrebata a Alcestis y la devuelve a Admeto. Óleo en lienzo de Johann Heinrich Tischbein. (1780)

La primera mención de Alcestis y Admeto aparece ya en los poemas homéricos (Ilíada II 711 y 763; XXIII 376). En el verso 766 del canto II de la Ilíada parece haber ya una alusión al mito de Apolo sirviendo de jornalero en casa de Admeto.
Según cuenta la leyenda, el punto de arranque es el castigo que recibió Asclepio de Zeus por haber resucitado a un muerto. Por semejante acto, Zeus lo mató con su rayo. En venganza de ello, Apolo, padre de Asclepio, quitó la vida a los Cíclopes, que eran encargados de fabricar el fuego de Zeus. A pesar de que el sumo dios quería precipitar a Apolo en las profundidades del Tártaro, la intervención mediadora de su madre Leto hizo que solo fuera castigado a servir como jornalero durante un año en la mansión de un mortal, Admeto. Apolo tuvo que ocuparse de los rebaños, como tarea humillante para un dios. Sin embargo, Apolo en seguida prestaría servicios muy superiores a Admeto, concediéndole el deseo de poder casarse con Alcestis. El día de la boda Admeto olvidó de hacer los sacrificios a Ártemis y, en venganza de ello, fue castigado con la muerte. Gracias a la intervención de Apolo, las Moiras aceptan que una persona muera en su lugar. La única persona que se brinda a realizar el sublime sacrificio es su esposa Alcestis. Según la versión popular del mito, tras morir Alcestis, Perséfone, la esposa de Hades e hija de Deméter, compadeciéndose de la muchacha, la devuelve a la vida. Sin embargo, en la versión de Eurípides es salvada por Heracles, que obliga a los dioses infernales a entregarle a Alcestis. En definitiva, el drama, en ambos mito, es satírico, pues tiene un desenlace alegre y placentero,contrario a la cara trágica. La leyenda se hizo muy popular (438 a. C) pues destaca dos temas muy cercanos entre los antiguos: el de la esposa amante que ofrece el sacrificio de su vida para salvar la de su esposo y, unido a éste, el de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
En Animasmundi nos centraremos ahora en un análisis más amplio de la lucha victoriosa de Admeto con la muerte.
No sería la primera vez que se gana a la muerte aunque Tánatos actúe cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. Cabe recordar el mito de Sísifo comentado en este blog. Esta vez la situación fue remediada por Heracles que entró en la tumba de Alcetis y luchó contra Tánatos. Tánatos no sólo no pudo vencer al mísmisimo Heracles sino que se vio obligado, por las artimañas de los dioses, en especial de Apolo, de devolver la vida a Alcestis.
Hay que destacar que Tánatos no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
Cuando Alcestis vuelve a la vida es curioso como Heracles le explica a Admeto la nueva situación: Alcestis se esconde tras un velo, en silencio, como un espectro residual. Alcestis deberá recuperar gradualmente su vida, justamente eliminando esa parte consagrada a los dioses infernales, Hades y Perséfone. Heracles, curiosamente, afirma no ser un nigromante.

Tánatos.

Tánatos.

Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos: ¿es natural esta relación de la muerte ligada con la vida? En la sociedad de la antigua Grecia este rol no era para nada extraño. Recordemos por ejemplo el mito de Sísifo. Zeus, para vengarse de la acusación de Sísifo envió a Tánatos, la Muerte, para que se apoderase de él, pero fue el astuto mortal quien consiguió hacerlo prisionero y lo retuvo cargado de cadenas, librando así a los mortales por un tiempo del funesto genio alado. Tánatos, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte. Esta vez, Sísifo, antes de morir, rogó a su esposa que no le tributase honras fúnebres. Al llegar al Tártaro, Sísifo pudo así pedir a Hades que le permitiera regresar al mundo de los vivos con el pretexto de castigar la impiedad de su esposa. Sísifo regresó  a Corinto y sus días transcurrieron dichosos hasta edad muy avanzada, pero cuando finalmente murió, los escarmentados dioses del Olimpo le impusieron el suplicio de la roca para mantenerlo ocupado sin descanso y que no pudiera así urdir nuevas tretas. En definitiva, el ser humano, desde tiempos remotos, veía la manera de escapar de la muerte como una alternativa real.
Con Alcestis pretendo reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte, porque de esta manera estoy totalmente convencido de que podemos llevar una existencia más tranquila, profunda y en paz. En la Grecia antigua, el tema de la vida y la muerte estaba muy arraigado en su cultura, se hablaba y se meditaba sobre el tema. De hecho, se observaba al universo de manera que el individuo estaba constituido por la misma materia que conformaban los astros. Por eso, cada uno de nosotros está viviendo cada segundo de su vida las etapas del nacimiento y la muerte, como una rueda que gira sin parar.

De esta manera, el mito de Sísifo nos recuerda que no debemos quebrantar las leyes del universo, pero en Alcestis ¿el amor vence a la muerte? Admeto escapa a la muerte, su día estaba escrito, pero Alcestis, por amor, decide cambiar su vida por la de Admeto. Al morir Alcestis, Admeto se sintió condenado a una pena perpetua de vivir solo en la soledad, llevando una existencia pobre sin el amor de su vida. Reflexionó que no hay que intentar alterar el destino; también, aprendió que el que vive, aunque vea el sol salir cada día, ya no vive; que la vida es amor y, al no tener ese ingrediente, se arrepiente de no haber muerto.
En definitiva, para mí Alcestis es una de las mejores obras de Eurípedes porque hoy día sigue tan vigente como entonces. Además, da lugar a muchas interpretaciones, todas muy válidas, eso es realmente espectacular, porque el tema de la muerte aún sigue siendo la asignatura pendiente de la humanidad.

Bibliografía:

  1.  004. Tragedias (Eurípides). Vol. 1.: El cíclope. Alcestis. Medea. Los heraclidas. Hipólito. Andrómaca. Hécuba (BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

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