Archivo mensual: enero 2019

El espejo de Atenea

Se cuenta que la diosa Atenea tenía un espejo donde se miraba y estudiaba todas sus actitudes; pero un día, se le cayó de las manos y se rompió en muchos pedazos. Al ruido que el espejo produjo en su caída acudieron las ninfas de la diosa, recogiendo, cada una de ellas, un pedazo del espejo roto.

Al cabo de un tiempo, las hermanas servidoras de Atenea se dispersaron por el mundo, y cada cual se vanagloriaba de poseer el espejo de la diosa.

Pero un sabio que había recorrido varias comarcas, se quedó maravillado ante la posibilidad de que tuviera tantos espejos como ninfas la diosa Atenea. Y para saber la verdad interrogó a una de ellas:

-Dime, ninfa encantadora, ¿es verdad que posees el espejo de la diosa Atenea?

-Sí- contestó la candorosa doncella.

– ¿Y cuántos espejos tenía tu señora? –objetó de nuevo el sabio altamente sorprendido.

-Uno solo.

Y, ¿cómo se explica que sean muchas las ninfas que se vanaglorian de tener el espejo de Atenea?

-No. El espejo de nuestra señora se hizo trizas un día que se cayó al suelo, y nosotras, afanosas de poseer algo de ella, tomamos cada cual un pedazo del espejo roto- replicó la joven.

-Así, pues, ¿lo que vosotras poseéis es un pedazo del espejo roto y no un espejo cada una? ¿No es así?

-Así es- respondió la ninfa algo sonrojada.

Y entonces, el sabio comprendió la elevada enseñanza que encerraba la leyenda, puesto que le hizo ver clara la verdad de las cosas.

Comentario personal

La luz de un amanecer, la serenidad del océano, la templanza del horizonte y la fuerza de la naturaleza fluyen desde otrora. Igualmente, la mente verdadera, la pura, la espontánea, la inefable, no dependen de los objetos de los sentidos ni tampoco participan del mundo de los fenómenos. Nuestra propia naturaleza espiritual es clara, resplandeciente, como un amanecer, serena como el océano y está más allá de las opiniones vertidas desde fuera y que trasciende de las fantasías, de las ilusiones efímeras, del consumismo y del egoísmo de nuestra actual sociedad.

Lamentablemente, nuestras vidas están programadas por la sociedad moderna. Esto quiere decir que ya no somos dueños de nosotros mismos y que nuestras situaciones cotidianas son limitadas. Los espacios se reducen considerablemente y es difícil encontrar la serenidad y la paz. Nos hemos aferrados a las formas, a los conceptos y a las etiquetas impuestas por la sociedad. Nos conformamos con un “pedazo” de cristal, cuando tenemos el espejo del universo dentro de nosotros mismos. Nos hemos ancorado en una mente obtusa, pegado a nuestra propia telaraña. Vivimos en una nubosidad irreal, cegados por el muro infranqueable de una sociedad cada vez más perdida y confundida.

Al final, y bajo la oscura brumosa sociedad, estamos anquilosados a las cosas materiales y a la falsa vida superficial. Ambas nos abocan a la pérdida de nuestra verdadera naturaleza. Sin embargo, el hombre está llamado para trascender los sentimientos sagrados y profanos, pues así se revelará su verdadera identidad que es real y eterna, tal como el cosmos.

La mayoría de las personas son incapaces de comprender y disfrutar de este relato cargado de una gran sabiduría. La sociedad en sí debe reconocer la enfermedad del materialismo y de las apariencias, pues el abismo de la humanidad ha llegado a nuestro mundo, fiel reflejo de nuestros millones de espejos rotos que tenemos en nuestras manos.

Para finalizar, compartiré una sabia reflexión de un maestro Zen: La mente es la facultad; los fenómenos, los datos. Ambos son como simples rasguños en la superficie de un espejo. Cuando un espejo está limpio de polvo y arañazos, su reflejo es impoluto. En el momento en que olvides la mente y los fenómenos, resplandecerá tu verdadera naturaleza.

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¿Por qué el año empieza el 1 de Enero?

Cómo medir el tiempo ha sido una de las grandes incertidumbres de la historia de la humanidad. De hecho, si bien la mayoría de países le dan la bienvenida al año nuevo a las 00 horas del 1 de enero, en muchos otros las celebraciones se retrasan, como es el caso de China, hasta los meses de febrero y marzo; en los países musulmanes, por otro lado, el año arranca con el Muharram, el primer mes del calendario islámico, que en 2019 dará comienzo el 1 de septiembre.

Lo que está claro es que no hay un consenso unánime en todo el mundo para acordar una fecha única del inicio del nuevo año. Entonces, la siguiente pregunta resulta pertinente: ¿por qué en la gran mayoría de países se ha establecido el 1 de enero como el punto de partida del siguiente lapso temporal de doce meses? Para encontrar la respuesta es necesario remontarse hasta los tiempos de la Antigua Roma.

Según los textos del historiador Plutarco, los meses de enero (Ianarius) y febrero (Februarius) fueron añadidos al calendario de Rómulo en el siglo VIII a.C. por su sucesor, Numa Pompilio. Hasta entonces, el calendario de la Antigua Roma se componía de un total de diez meses y comenzaba en el primer día de marzo o Martius, dedicado al dios Marte, el de la guerra. Estaba dividido de esa forma en función de los ciclos lunares y marzo, con la llegada de la primavera, marcaba el inicio de las campañas militares con el nombramiento de los nuevos cónsules.

El mes de febrero fue nombrado así en relación con las fiestas de preparación de la primavera, llamadas Februa (limpieza, purificación); mientras que el de enero fue dedicado al dios Jano. En un principio, ambos se colocaron al final del calendario, como 12º y 11º mes respectivamente. Tendrían que pasar varios siglos más hasta que el inicio del año se trasladase a enero.

Guerras celtíberas, el origen

Hasta el año 153 a.C., Roma nombraba a sus cónsules en los idus de marzo o días de buenos augurios. No obstante, el estallido, en ese entonces, de la segunda guerra celtíbera entre los ejércitos de la República y los habitantes de lo que más tarde sería conocido como Hispania, cambió la distribución del calendario.

Los Belos, una tribu celtíbera asentada en la zona del Sistema Ibérico, había querido ampliar las murallas de su capital, Segeda, enclave situado hoy en día entre los pueblos de Mara y Belmonte de Gracián, en Calatayud (Zaragoza), para acoger los poblados vecinos y defenderlos de las tropas romanas. Este hecho, acaecido en la tregua tras la primera guerra celtíbera, fue interpretado en Roma como una declaración de guerra.

Entonces, por miedo a que las legiones romanas no llegasen a tiempo antes del siguiente invierno, el Senado aceptó la propuesta de adelantar los nombramientos de los cónsules al mes de enero, que se iniciaba con la primera luna llena, para que hubiese tiempo de sobra para preparar la campaña militar y poder adelantar así el traslado de las tropas hasta Hispania. Uno de los principales promotores de esta decisión fue el general Quinto Fulvio Nobilior, que sería enviado a la Península, al mando de 30.000 hombres, con la misión de poner el punto final a la sublevación del pueblo celtíbero.

De esta forma, y por culpa de una acción estratégica defensiva de un pueblo hispano, el año nuevo se celebra desde entonces en el mes de enero y sentaría las bases de los calendarios posteriores. Primero, en el 46 a.C., del juliano con la reforma implantada por el dictador Julio César; y más tarde, en 1582, con la instauración del calendario gregoriano, en el que el papa Gregorio XIII estableció el 1 de enero como primer día del año para todos los países católicos.

Fuente original: el español

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