Archivo mensual: agosto 2017

El mito de Edipo (Parte I)

Edipo y la esfinge de Gustave Moreau (1864).

Edipo era hijo de Layo, rey de Tebas. Un oráculo había vaticinado que Edipo mataría a su padre y se casaría con su madre. Layo, para evitar su destino, abandonó a su hijo recién nacido en el monte Citerón después de perforar y atar sus tobillos  (Edipo significa “pie inflamado”) con el beneplácito de su esposa Yocasta. El niño sobrevivió y fue acogido por el rey de Corinto, Pólibo. Ya adulto, el oráculo de Delfos le reveló la maldición que pesaba sobre él y le aconsejó que se exiliara lo más lejos posible de su patria. Edipo abandonó Corinto siguiendo las indicaciones del oráculo. Sin embargo, Edipo tuvo un enfrentamiento en el camino con un hombre al que mató: aquel hombre era su padre biológico, Layo. Sin saber que había llegado a su verdadera patria, Edipo se adentró en la región de Tebas, donde un monstruo cruel, la Esfinge, devoraba a cuantos caminantes topaban a pasar por sus dominios después de plantearles unos enigmas que eran incapaces de responder. Edipo supo resolverlo: “¿Qué animal tiene cuatro patas por la mañana, dos a mediodía y tres por la noche”? La respuesta era el hombre que en su infancia gatea, de adulto camina sobre dos piernas y ya anciano debe apoyarse en un bastón. Después de matar a la Esfinge fue aclamado como libertador en toda Tebas y los tebanos, llenos de gratitud, le ofrecieron el trono de Layo y la mano de su viuda, Yocasta, que no era otra que su propia madre. El oráculo se había cumplido a espaldas del desdichado, que había hecho todo por evitarlo pero no pudo escapar a la ley inexorable del destino.

Al cabo de un tiempo, una terrible epidemia de peste asoló la ciudad y Edipo, que había intentado averiguar qué criminal había podido suscitar la cólera de los dioses, descubrió horrorizado que ese criminal no era otro que él mismo, culpable de parricidio e incesto. No pudiendo soportar mirar la verdad cara a cara, Edipo se arrancó los ojos mientras Yocasta se ahorcaba. Sus hijos Eteocles y Polinices lo expulsaron de la ciudad y Edipo volvió a tomar el camino del exilio.

¿Quién era Layo?

Layo (del griego Λάϊος o “zurdo”), era del linaje real de la ciudad de Tebas, pero cuando le correspondió ocupar el trono, sus primos lo usurparon y tuvo que exiliarse a Pisa, donde el rey Pélope (de cuyo nombre procede “Peloponeso”) lo acogió como huésped. Pélope quiso que Layo le enseñase a su hijo Crisipo la doma de caballos, con lo cual le confía al niño para formar una pareja maestro-alumno. Sin embargo, Layo profana la sacralidad y el carácter platónico de esa relación y abusa sexualmente de él. Finalmente Crisipo termina suicidándose. La inaudita transgresión de Layo acarrea sobre él la venganza divina. Los dioses traman un plan para canalizar su cólera ante el crimen, a la vez que dan ejemplo para el resto de los mortales, castigando la perversión y maldiciendo a todo el linaje de Layo hasta que desaparezca en un baño de sangre.

Las maldiciones en la antigua Grecia

A través de estas lecturas, descubrimos que la conciencia y el alma también se transmiten de generación en generación. Si el sistema familiar tiene alguna parte desequilibrada, todas las partes quedan afectadas. Pongamos como ejemplos las muertes inexplicables, las normas transgredidas de la familia, la homosexualidad rechazada, los miedos profundos, los acosos sexuales sufridos, en definitiva, los lazos de los progenitores se trasladan y se transmiten a los descendientes hasta que desaparece la totalidad de la estirpe familiar. Es decir, a través del inconsciente estamos ligados a nuestros padres y ellos a los suyos, hasta llegar a la raíz de un problema que conecta con una realidad que pasa desapercibida, pero que nunca se resuelve el conflicto porque no hay una aceptación de su existencia y, por lo tanto, la liberación de la persona nunca pasa por el reconocimiento de sus lazos ancestrales porque no son conscientes. Así pues, las almas de la misma familia sufren una maldición cuyas consecuencias son irreversibles. En la mitología griega hay varios ejemplos sobre este discurso tan interesante y peculiar. Para ampliar más información sobre las maldiciones en la antigua Grecia os recomiendo el siguiente enlace: maldiciones en la antigua Grecia.

BIBLIOGRAFÍA

    1. Diccionario de mitología griega y romana (Lexicon)

ENLACES DE INTERÉS:

 

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Homero: ¡Presente!

El espectáculo que la compañía de teatro “El aedo” ofreció el pasado 28 de julio en Granada (España) fue una pesadilla, un horror, una gran mentira, un montaje hecho al estilo de los programas reality show que arrasan en los medios, porque son productos comerciales y vacíos que sólo aportan basura a nuestra sociedad perjudicando seriamente la salud cultural. La compañía de teatro lapidó a Ulises con miserias, mentiras, calumnias y trapos sucios;  invirtió los simbolismos de Homero, referente de la cultura griega.

Ulises atado al mástil de su barco tratando de vencer la atracción de las sirenas. Cuadro de Leon Belly Las sirenas (Museo de l’Hotel Sandelin, Saint Omer, Francia).

El mundo homérico tiene una forma de ver la verdad que ha llegado a nosotros  convirtiéndose en una tradición poética, en parte por reflejar su sociedad, no tan distante y lejana como podemos creer. En Homero, por ejemplo, se puede destacar las relaciones del hombre con la naturaleza, del hombre con el hombre, del hombre con dios, donde la ética, la moral y la psicología son las herramientas fundamentales del hombre para posicionarse ante la vida. Nuestro mundo, tal como se ve hoy día, está desequilibrado, desmoralizado, desestructurado y hay una carencia de valores humanos en cada rincón de la tierra. Así son los dioses homéricos, que se presentan en el mundo real tal como los vemos, con sus objetivos irracionales y sus intervenciones más bien erráticas. Homero  ha llegado a nosotros porque nos muestra, en cierto modo, la verdad, una verdad con la que yo me identifico plenamente y que trato de ensalzar y a la vez de desmenuzar.

¿Qué se aprende con Homero? Con Homero se aprende un camino: el hombre tiene que ser fiel a sí mismo, sin más.

De la obra de Homero emana una sabiduría que llama poderosamente la atención: una crítica a una sociedad y una comprensión de esta. Homero  nos presenta la cruda realidad tal como es, no acorde con nuestros deseos y sueños que anhelamos diariamente. Por eso, nosotros, como lectores, como observadores de la vida, de la naturaleza, de nuestro entorno,  debemos usar la inteligencia (Nous) en su más alta esfera porque las exigencias de la vida son tal como nos las presenta Homero. Por eso, hay que penetrar dentro de dicho pensamiento para discernir el papel que el hombre juega en esta vida.

La compañía de teatro El aedo le puso una máscara al Ulises de Homero con trapos sucios de Sófocles y Píndaro.

En la obra que vi,  los valores homéricos quedan adulterados, falseados, impuros y manipulados, además de mezclados con otros ingredientes que no corresponde con la magna obra de Homero. Por ejemplo la alusión a Sófocles que trató la muerte de Ulises en Ulises herido, de la que sólo se han conservado algunos fragmentos. En esta obra, Telégono, el hijo que Ulises había tenido con Circe llega a Ítaca y mata a su padre ignorando su identidad. Telélogo se casa con Penélope y Telémaco con Circe. Mi pregunta es: ¿Por qué no se han escogido a  los estoicos que proponen a Ulises como ejemplo de buena conducta? Es «el héroe paciente» por excelencia. Horacio celebra la templanza de Ulises (Epístolas, 1,7) y Séneca su prudencia (Cartas a Lucilo, XX, 123). ¿Por qué no se destacó esas virtudes? ¿Por qué caricaturizar de manera mísera a  Ulises? Homero y Ulises son una bella enseñanza para la vida de hoy, una forma de conciencia para superar el fracaso, no una pesadilla donde no se  nos muestra salida alguna. Ya tenemos suficiente con lo que se ve en los medios de comunicaciones manipuladores y corrosivos para ahora manipular al Ulises de Homero. Ulises no es un mediocre, no es un barrio bajero sin compasión, no es el hombre “de las mil mentiras” como se quisó vender en la obra de teatro. Ulises es luz, un faro que ilumina desde un extremo de la civilización humana hasta el opuesto. Pero el Ulises de la versión de la compañía de teatro tiene el alma oscura y los sentimientos opacos:  muestra la cara ácida de la antigua Grecia; para mi Ulises es luz, no es un muerto viviente como pasa hoy en nuestra sociedad que se dirige en masa uniformada sin reflexionar sobre la vida. ¡Ulises es reflexivo e intuitivo!

La compañía no sólo invirtió los valores de la cultura griega sino que fue más allá: violaron  la mitología, el mito. Fue tal bajeza que ya mi indignación fue máxima. Destriparon los pasajes de Homero explicando empíricamente los mitos de Circe, Calipso, Polifemo, las Sirenas…Ningún hombre debería tratar de obtener beneficio a costa de la ignorancia de otra persona. Cicerón  (106 AC-43 AC).

El error de la compañía teatral fue querer interpretar  los mitos de Ulises de manera racional y lógica:  Homero utiliza el mito de manera alegórica. El mito es uno de los fenómenos culturales que más directamente ha influido sobre el pensamiento del hombre y su conciencia. Han llegado a nosotros porque tienen la peculiaridad de responder a las preguntas más profundas que una comunidad científica o religiosa pueda plantearse. Detrás del mito hay una respuesta a los orígenes del hombre, a su destino  y a todos los elementos que envuelven nuestro entorno, a las estructuras fundamentales de la existencia, el mundo con todos sus movimientos sociales y políticos. Detrás del mito se esconden realidades transempíricas, intuiciones (a través del simbolismo) y metafísicas. La compañía se cagó en el mito y borró toda huella de simbolismo trascendente y dicha lectura sobre el mito y los mitos son reflejos de una mentalidad manipuladora, tóxica, depredadora e inculta.

Homero

Homero, ¡Presente!

 

 

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