Archivo mensual: junio 2019

Sátiros y Ménades

Los Sátiros y los Ménades eran seguidores de Dioniso. Los sátiros tenían una parte de hombres y otra parte de jabalíes (con pezuñas y orejas puntiagudas) y tenían cola de caballo. Eran criaturas horribles, retorcidas y amantes del vino, a las que solía representar en continua excitación sexual, acosando a Ninfas y Ménades. Su lujuria era extrema, y una de las funciones de la representación de los Sátiros era la de definir los límites de la conducta masculina. A diferencia de los Sátiros, según el mito, el hombre griego debería mostrar sentimientos moderados en su búsqueda de placer, tal como decía la máxima griega “Nada en exceso”. Nada en exceso invita a los hombres a encontrar su justa medida en el orden cósmico para protegerse de la hybrisese arquetipo de la falta de sabiduría, esa vanidad o esa desmesura que desafía a los dioses y, a través de ellos, al orden cósmico, pues todo es uno.

Sátiro portando una columna. (Wikipedia)

Según Vernant ( Mito y pensamiento en la Grecia antigua) afirma que la religión de Dionisio aporta a los fieles  una experiencia religiosa contraria del culto oficial: no ya la sacralización de un orden al cual es preciso integrarse, sino la emancipación de este orden, la liberación de las sujeciones que supone en algunos aspectos. El culto cívico se sujeta a un ideal de armonía y  de control, de dominio de sí, ocupando cada ser su puesto dentro de los límites que le son asignados. Lo dionisiaco aparece por el contrario como un culto del delirio y de la locura

El arte solía retratar con frecuencia a los Sátiros y también eran objeto de obras satíricas en Atenas, comedias desenfrenadas que en los festivales teatrales se representaban normalmente tras una trilogía trágica.

Algunas tradiciones consideran a Sileno padre de la tribu de los sátiros. Los tres mayores de estos, llamados Marón, Leneo y Astreo, eran iguales a su padre, y por ellos fueron también conocidos como silenos.

Sátiro y ménade en una vasija en torno al 500 a. C (Wikipedia)

Por otra parte, las Ménades (significa posesión de un dios) eran mujeres inducidas al frenesí religioso por Dioniso, tal como ejemplifica Eurípides en su obra “Las Bacantes”. Las Ménades abandonaban sus hogares y deambulaban frenética por el campo. Cada una de ellas llevaba una vara especial, el tirso. Se habían liberado tanto de las convenciones humanas que desgarraban animales vivos y comían su carne cruda con las manos. Las Ménades, por lo tanto, transgredían el orden masculino a través de la violación a las normas asignadas a las mujeres viéndose incitadas a saltarse las normas cívicas y sus deberes, con el fin de sumergirse en la locura del éxtasis dionisiaco. No era de extrañar que esta corriente asustaba al hombre griego que preferían tener a sus mujeres orando a los dioses y realizando las labores propias de su sexo.

Obras de referencias:

Diccionario de Mitología Clásica 2. Alianza Editorial.

Enciclopedia de Mitología Universal.

Vernant, J. P., Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Editorial Ariel.

 

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