Archivo mensual: febrero 2014

Hades: el dios de las almas muertas

Narra el mito de uno de los dioses más temidos de la Antigua Grecia, de quienes intentaron burlarse de él y de los mortales que intentaron cruzar su camino. También se habla de la vida después de la muerte según la versión griega, pero le da al dios un fin sincrético. Os recomiendo el documental además de los artículos de este blog relacionados con el Hades.

Hades

Perséfone

Hécate

Eidôlon

El alma en Homero

Sísifo

Los ritos funerarios y el alma

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febrero 21, 2014 · 5:11 pm

LA LLUVIA ENFRIABA EL ALMA DE ADRIANO

Grand Tour

LA LLUVIA ENFRIABA EL ALMA DE ADRIANO

5904876248_aff5dd0c66Antínoo de Villa Adriana (Tívoli)
La lluvia, afuera, enfriaba el alma de Adriano.
El joven yacía muerto,
en el bajo lecho y sobre su total desnudez,
se vertía la opaca luz del eclipse de la muerte,
ante los ojos de Adriano, cuyo dolor era miedo.

(Fernando Pessoa, Antinous)

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La tierra excavada por las misiones arqueológicas descubridoras de Grecia en el siglo XIX presentó al mundo entero los mármoles del dios Antínoo.

Cubierto con un manto, acompaña al frío Hades en los misterios de Prosérpina en el Inframundo en la tierra sagrada de Eleusis. Ella aún lleva pepitas de granada en sus labios.

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Eleusis (1830) fotografía del arqueólogo François Lenormant

    Igual que Apolo surge del solar de Delfos ante la mirada atónita de sus descubridores, emocionados al ver resucitar al muchacho amado por Adriano.

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“Il semble, tant la chair est…

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¿Qué es el eidôlon?

EDIOLON_animasmundiLa creencia más extendida entre los antiguos griegos era que al morir las almas de los seres humanos, como si de un humo o sombra se tratase, se desvanecían y se dirigían al Hades. Así se la conocía como la psiqué del individuo. En general, las almas (Psiqué) carecen de solidez y firmeza al estar desprovista de la vida. Sin embargo, también podemos encontrar que tras la muerte, el muerto se presenta no sólo como psiqué sino como eidôlon. Las descripciones del eidôlon sugieren que los griegos creían que el alma del muerto tenía también la apariencia del ser vivo y describían las acciones físicas de las almas de los muertos de dos formas contradictorias: por un lado, pensaban que las almas de los muertos se movían y hablaban como un ser vivo; y, por otro lado, que las almas de los muertos no podían hablar o moverse y en su lugar chillaban y revoleteaban de un lado a otro.  Por lo tanto, podemos expresar que la representación material del alma es el eidôlon, el doble de la persona.

Destacaremos varios ejemplos evidentes de eidôlon:

Patroclo se presenta a Aquiles en sueños, tras morir y no estar sepultado, y se quejaba de que las eidôla de los que habían muerto le impedían franquear las puertas del Hades (Ilíada, XXIII). Cuando Patroclo se dispone a partir, Aquiles intenta abrazarle sin éxito, pues la psiqué de Patroclo se desvanece entre chillidos. Aquiles se da cuenta de que se trataba de una psiqué y un eidôlon (Ilíada, XXIII). En este ejemplo, además, añadiría un punto importantísimo: no siempre el eidôlon se originaba tras el ingreso del difunto al Hades.

Ulises, durante su visita al Hades, también habla con el eidôlon de su amigo Elpenor (Odisea, XI). En este ejemplo, me llama la atención que Elpenor, al igual que Patroclo, está insepulto pero Elpenor ha descendido a la vida ultraterrena y representa al individuo, se le ve como un eidôlon y no como una vaga sombra, y a Patroclo, sin embargo, le niegan la entrada al Hades.

No hay que olvidar que Ulises le da de beber la sangre sacrificada de las ovejas a las almas presentes en el Hades, tal como indicó la maga Circe, como brebaje para que  recuperen vigor, consistencia, voz o memoria, entre otras cualidades. Así se aprecia en el pasaje del descenso de Ulises al Hades (Odisea, XI) cuando habla con su madre (no se espera a su madre en el Hades) y ésta reconoce a su hijo tras beber la sangre negra y le responde las intenciones de su esposa Penélope y de su hijo Telémaco así como las razones de su muerte:

Ella permanece todavía en tu palacio con ánimo afligido, pues las noches se le consumen entre dolores y los días entre lágrimas. Nadie tiene todavía tu hermosa autoridad, sino que Telémaco cultiva tranquilamente tus campos y asiste a banquetes equitativos de los que está bien que se ocupe un administrador de justicia, pues todos le invitan.

Tu padre permanece en el campo, y nunca va a la ciudad, y no tiene sábanas en la cama ni cobertores ni colchas espléndidas, sino que en invierno duerme como los siervos en el suelo, cerca del hogar, y visten su cuerpo ropas de mala calidad, mas cuando llega el verano y el otoño … tiene por todas partes humildes lechos formados por hojas caídas, en la parte alta de su huerto fecundo en vides. Ahí yace doliéndose, y crece en su interior una gran aflicción añorando tu regreso, pues ya ha llegado a la molesta vejez.

En cuanto a mí, así he muerto y cumplido mi destino: no me mató Artemis, la certera cazadora, en mi palacio, acercándose con sus suaves dardos, ni me invadió enfermedad alguna de las que suelen consumir el ánimo con la odiosa podredumbre de los miembros, sino que mi nostalgia y mi preocupación por ti, brillante Odiseo, y tu bondad me privaron de mi dulce vida (..) ésta es la condición de los mortales cuando uno muere: los nervios ya no sujetan la carne ni los huesos, que la fuerza poderosa del fuego ardiente los consume tan pronto como el ánimo ha abandonado los blancos huesos, y el alma anda revoloteando como un sueño.

Por otra parte, me atrevería a enfatizar que el significado de eidôlon no siempre va asociado con el alma del difunto. Hay varios ejemplos, pero uno de ellos es cuando  Apolo aleja a Eneas del templo para que fuera curado de sus heridas tras su lucha con Diomedes: y fabricó un eidôlon a imagen y semejanza de Eneas (Ilíada, V).

De este ejemplo se observa que un eidôlon es un ser con idéntico aspecto al de una persona, pero que no siempre está relacionado con el alma de un difunto y se menciona, además, una mano divina para moldear el doble de esa persona.

Para finalizar, hay que recalcar otro ejemplo, el de Heracles, cuyo eidôlon fue visto por Ulises en los infiernos y, al mismo tiempo, vivía entre los dioses inmortales (Odisea, XI). Otra observación que destacar,  puesto que sería un caso inédito que dos almas se encontrasen en dos reinos de los muertos. Desconozco las razones de este insólito argumento y no voy a sacar conclusiones personales porque lo más probable es que acabara en un debate inconcluso.

Obra de referencia recomendada:

La Eneida
Iliada y odisea (estuche) (Historia (la Esfera))

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Orfeo, más allá de la muerte

Orfeo

Orfeo

Orfeo es uno de los personajes míticos que con más fuerza ha influido en el panorama artístico y científico de Occidente, siendo uno de los héroes más ricos en significado y a la vez más enigmáticos de la cultura griega. Es imposible  desarrollar una base sólida histórica sobre dicho personaje y abrir el extenso abanico que se ciñe sobre él a la hora de desarrollar sus conceptos en el orfismo con el que  se le suele identificar, porque su trayectoria se remonta a tiempos anteriores al pensamiento griego antiguo.

Sin embargo, para mi blog, me interesa una cuestión muy concreta, que siempre me ha llamado la atención y que ha supuesto para mi muchas horas de reflexión: el tema del descenso al Hades.

El tema del descenso al Hades aparece ligado desde sus orígenes al mito de Orfeo, que sin duda se remonta a estructuras religiosas y sociales muy antiguas. Posteriormente se asoció a un tema sentimental (el amor más allá de la muerte) que se convertiría en fuente de inspiración literaria sobre todo a partir de la época helenística.

Orfeo había tomado por esposa a la ninfa Eurídice y la amaba apasionadamente. Un día, cuando Eurídice corría descalza sobre la hierba para escapar de Aristeo, hijo de Apolo, fue mordida por una serpiente, a consecuencia de lo cual murió. Inconsolable por su pérdida, Orfeo decidió ir a buscarla al Hades. El reino de los muertos se sometió al hechizo de sus cantos: el terrible Cerbero se amansó, los suplicios se detuvieron. Hades y Perséfone, también conmovidos, consintieron en dejar que Eurídice regresara con su esposo a condición de que fuera detrás de él y de que este no volviese la mirada hacia atrás hasta que no hubieran llegado al mundo de los vivos. Pero poco antes de alcanzar la luz, Orfeo, incapaz de resistirse, se volvió hacia Eurídice y el alma de ésta desapareció, perdida esta vez para siempre.

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Orfeo y Eurídice/ Rubens

¿Por qué desobedeció la orden del dios del inframundo? ¿Qué se la pasó por la mente en ese preciso instante para mirar hacia atrás?

Hay que destacar que Orfeo se negó a aceptar la muerte de la mujer amada, desafiando a las potencias infernales. Lo más probable es que el amor absoluto ignorara la muerte en ese punto del pasaje. Orfeo supera a la muerte y según el mito, es un héroe que muere por su amor, pues es su fidelidad al recuerdo de Eurídice lo que provoca el furor asesino de las mujeres tracias. Sin embargo, es un amor que lleva en sí mismo su propia debilidad: Orfeo no es capaz de superar la última prueba y es el propio exceso de su pasión impaciente la causa de la pérdida definitiva de la amada. Y lo que es más, no es su amor lo que le permite entrar en el Hades, sino el poder de su canto. Entonces, Orfeo aparece como la figura del poeta que no teme enfrentarse a la muerte para encontrar en ella su más fecunda inspiración. En definitiva, le pudo más su Yo inferior (la parte humana con todas sus debilidades, entre ellas, la impaciencia) que su  Yo superior (relacionado con la divinidad), aquel que cuando se manifestó decidió bajar al inframundo seguro de su victoria, aquel que con su música hechizaba a los animales salvajes que le seguían subyugados, los árboles inclinaban las ramas a su paso, las mismas rocas se conmovían con los dulces acentos de su lira. El mismo Orfeo tomó parte en la expedición de los Argonautas marcando el ritmo de los remeros y calmando con su voz las olas impetuosas. Gracias a su ayuda, sus compañeros pudieron librarse de perecer cerca de la roca de las sirenas, pues la belleza de su canto anuló el embrujo de las voces de las traicioneras sirenas.

Sin embargo, el otro Orfeo, el que perdió a su amada a regresar de nuevo a la aurora de la vida, manifestó una debilidad  en el último momento. Aunque está siete días más en el Hades, tras perder nuevamente a Eurídice, no se le acepta de nuevo la propuesta. Orfeo la lloró desesperadamente y tuvo un trágico fin sobre el que divergen las distintas tradiciones.

En este artículo, nos centramos solamente en el mito del descenso al Hades que cristalizó una corriente de pensamiento, original en el mundo griego, que convirtió a Orfeo en el profeta de una religión (el orfismo) articulada en torno al tema del alma, su salvación y sobre el trayecto que debía seguir el alma en el más allá.

El orfismo es ante todo un modo de vida específico, representado por ritos de purificación, la utilización de fórmulas mágicas y numerosas prohibiciones, entre ellas la de comer carne, vegetarianismo que lo situaba al margen de las prácticas religiosas. Esta “vida órfica” estaba asociada a una idea que no solo presenta su propia explicación del origen del mundo, sino también la de los orígenes del hombre y de su destino espiritual. El mundo, según esta concepción, surgió de un huevo primordial del que nació el primer ser vivo, macho y hembra a la vez, que engendró todo lo que existe. Esta entidad primigenia era Fanes, “el brillante” (o Eros, según otras versiones). La parte superior del huevo se convirtió en la bóveda celeste y la parte inferior en la Tierra.

Se cree que al menos parte del orfismo consistía en creencias sobre la reencarnación. El orfismo parece girar en torno a la idea de la resurrección y toma como modelo a Dionisios: lo mismo que murió y resucitó el niño, así podía hacerlo el iniciado en sus misterios gracias a la reencarnación. El alma, por otra parte, se puede librar de los ciclos de nacimientos y muertes, que siempre hacen que acabe encerrada en un cuerpo, y regresar a su origen divino.

Para terminar, y a modo de darle más vigor al orfismo, tanto Platón como Pitágoras, estuvieron muy influidos por las doctrinas órficas ya que estas respondían a necesidades espirituales que la religión tradicional no podía satisfacer. Su preocupación central en la salvación del alma y su tendencia al monoteísmo contribuyeron también de forma importante al paso del paganismo al cristianismo. De este modo, en el arte paleocristiano Orfeo aparece a menudo como una prefiguración pagana de Cristo. Los mitos que sobre Orfeo se transmitían acabaron por convertirse en una literatura esotérica que reflejaba una teología particular y estas creencias e imágenes de alguna manera participaron no sólo en el desarrollo de los cultos mistéricos, sino también en la formación del cristianismo primitivo, como se puede ver en la iconografía de las catacumbas de Roma, donde Orfeo es una figura cristológica.

Para ampliar más información sobre el orfismo, os recomiendo los siguientes enlaces: los orígenes de la religión órficael mito de los Titanes, la transmigración del alma entre los órficos y Metempsicosis.

Además, os invito a leer (emborráchate de literatura porque tu resaca será la cultura) a los autores griegos que evocan al mito de Orfeo: los trágicos Esquilo (Agamenón; Eurípides, Ifigenia en Áulide, Alcestis, Las bacantes); Platón (La República; El banquete). Y, por supuesto, no debemos olvidarnos de los poetas latinos que volvieron a pronunciarse sobre el mito de Orfeo, entre ellos, Ovidio (Metamorfosis) y Virgilio, en el conmovedor relato de la IV Geórgica.

Obra de Referencia: La sabiduría griega I: Diónisos, Apolo, Eleusis, Orfeo, Museo, Hiperbóreos, Enigma (Estructuras y Procesos. Filosofía)

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