Archivo de la etiqueta: Homero

El ateísmo en la antigua Grecia

Resultado de imagen de acropolis
Acrópolis

La religión griega es un tema con el que estamos obligados a pensar no sólo en la religión, sino también en la política, la antropología, la historia, la moral y la ética, pero no cabe la menor duda que la propia religión era el principal motor que movía la sociedad griega.

Para el griego, la religión era una experiencia más que un dogma, es decir, una forma de vida intrínseca que empezaba justo cuando el individuo nacía y terminaba cuando moría. Por ejemplo, en la religión minoica el culto religioso estaba relacionado con la fertilidad humana y el ciclo de las estaciones. Asimismo, sus orígenes también estaban vinculados a ceremonias funerarias como bien atestiguan los restos arqueológicos.

 Todo este proceso conllevaba a que brotara una conciencia individual religiosa de manera natural, y esa experiencia misma no se podía describir si no era a través del lenguaje ritual, el lenguaje mítico y el lenguaje conceptual, que eran, a la vez, su canal de expresión.  

Como bien sabemos, la civilización griega no conocía conceptos como iglesia o dogma alguno, y, en consecuencia, las conductas religiosas, la piedad o la impiedad no tenían ese carácter definido que pueden tener hoy día las religiones monoteístas. Partiendo de dicha base, ¿podemos imaginar cómo era la vida de un “ateo” en la Grecia a través de toda su historia?

Si hubiese ciertos rasgos de “ateísmo” en la época griega sería muy diferente al de hoy, así que partimos de la idea que el ateísmo griego no es nuestro ateísmo.

El ateísmo antiguo tendría dos enfoques:

  • No dogmático.
  • Indiferencia a la cuestión religiosa (politeísta) de la Polis, es decir, de la ciudad-estado.

Desde los tiempos remotos, la matriz de la religión griega se inició con los santuarios situados en cuevas, como es el caso del Monte Ida, la primera cueva sagrada, en el periodo micénico. Después, pasaría al culto doméstico privado, erigiendo en cada hogar un pequeño santuario, sustentado por unas creencias innatas que fueron heredadas por transmisión oral de padres a hijos. A partir de ahí, sería el prototipo de unidad familiar la que después invitaría a participar a su comunidad en el culto doméstico y a expandir unas creencias acogiendo una deidad como protectora del hogar, de la comunidad y de la ciudad, de manera gradual. Lógicamente, no todo el mundo participaría en su comunidad y declinaría los favores de los dioses, así que el ateísmo sería también un tema estrictamente privado y su conducta privada no preocuparía en absoluto a los poderes públicos que sí tenían una vinculación más estrecha con la religión y con sus tradiciones ancestrales. Es importante destacar que hay que considerar que la religión era principalmente una materia fuertemente vinculada a la tradición. Por ejemplo, los micénicos tenían pautas y concepciones muy afines a los griegos posteriores sobre cómo relacionarse con los dioses. Luego, más tarde, Homero y Hesíodo detallaron en sus obras cómo las fuerzas divinas influenciaban las acciones humanas y cómo evitaría graves castigos a aquellos que les ofendieran. Por esta razón, era sumamente importante eludir la ira de los dioses, no transgrediendo la naturaleza y no vulnerando las leyes del universo. Por eso, era imprescindible llevar los rituales de manera concienzuda.

En suma, si analizamos las civilizaciones griegas a través de sus periodos, el vivir y el sentir del individuo es ya de por sí un suceso religioso continuado, como el trabajar, tomar el alimento, realizar deporte o ir a la guerra. Por consiguiente, sus actos poseían un valor religioso sagrado. Es decir, el hombre se hacía religioso y honraba cada acto como un elemento fundamental y sagrado de su vida. Toda manifestación de lo sagrado era importante para el hombre. Sólo hay que citar los misterios de Eleusis que pervivieron durante dos mil años. También, un elemento básico pero sagrado era el núcleo familiar donde la felicidad conyugal y la armonía de la familia era fundamental para el bienestar de la sociedad. Así, Hestia, diosa del hogar y del fuego, protegía los altares de cada hogar y por analogía también las polis. La última finalidad era que en cada rincón de la tierra y del universo ardiera un fuego sagrado místico que daba vida a toda la naturaleza.

Indudablemente, la religiosidad griega conectaba, de manera inseparable, con el mito. Pero, los mitos se bifurcaban en dos tipos diferenciados: por un lado, aquellos mitos de connotaciones exotéricas que trataban de explicar las circunstancias del entorno cultural de la sociedad y que serían conocidos por todos a través del calendario litúrgico; mientras que, por otro lado, los mitos esotéricos eran aquellos que reportaban un carácter sagrado y donde el individuo pasaba unas pruebas de carácter iniciático y ritual, como es el ejemplo de los doce trabajos de Heracles. Sin embargo, ambas concepciones conllevan a un acto religioso de respeto hacia la naturaleza, las leyes, la ética, la educación, lo que los griegos llamaban paideía, es decir, la formación íntegra del individuo para ejercer sus deberes cívicos dentro del campo de la filosofía, la ciencia, las humanidades y la política. La religión era, sin ninguna duda, el basamento que sostenía la integridad de todos esos saberes del hombre siendo la virtud el último fin.

El término “ateo”, desde el punto de vista social y político, era aquel que de algún modo hacía temblar los pilares de la sociedad y que rechazaba el sistema religioso de las polis, pues podía perturbar la paz pública al no reconocer los dioses que honraba la ciudad o el estado, como pudo ser el caso de Sócrates. La historia de Sócrates es conocida: le obligaron a beber cicuta por no reconocer los dioses de la Polis, aunque hay ciertas teorías que indican que fue por razones políticas más que religiosas.

La sociedad griega no era atea, pero esto no quería decir que hubiera personas que tuvieran un planteamiento “no creyente” y que se resistían a creer en un poder divino. Pero estos caracteres de indiferencia o de resistencia eran un rasgo muy común a lo largo de la historia y que puso en liza varios debates en torno a la impiedad, a la inmoralidad o a desestabilizar la armonía de las polis. De hecho, si repasamos los autores más brillantes de Grecia para ver sus planteamientos religiosos destacamos el ejemplo de Platón: su vida giró en la búsqueda de la Verdad, inmutable, eterna y absoluta, en la que creyó siempre y con constancia, bajo la influencia de Sócrates. Platón expone en sus Leyes (Libro X) su famoso programa de castigo al ateísmo y a la herejía. Por ejemplo, si alguien expresara abiertamente que el universo es producto de la agitación de elementos corpóreos carentes de inteligencia era ateísmo. O bien decir que los dioses eran indiferentes con respecto al hombre iba en contra de las bases religiosas más importantes del pensamiento griego. La base griega era inconcebible una separación hombre-dios y hombre-naturaleza. Platón advertía que, antes de perseguir a alguien bajo la acusación de impío, era fundamental determinar «si el delito lo cometió por convicción o sólo por pueril ligereza». Depende del grado de acusación se podía condenar al ostracismo, ir a la cárcel o, por último, la pena de muerte.

Resultado de imagen de zeus
ZEUS

Platón quería dejar claro que el hombre debía vivir su vida con el dominio de la razón y bajo un arquetipo ideal de vida, pues se intentaba reconocer también que en el Cosmos había un Orden, unas directrices divinas donde operaba el auténtico Espíritu. Por eso, el ateísmo quedaba totalmente rechazado y el orden del mundo se atribuía a la Razón divina que ordenaba el cosmos y que a su vez debía reflejarse en la Polis conforme al plan divino. En suma, El hombre era artífice de la Gran Obra, el arquitecto de ese modelo que había de plasmarse sobre la tierra.

En la otra cara de la moneda, tenemos un ejemplo claro y conciso de rebeldía religiosa. Jenófanes de Colofón (nacido entre el 580 a. C. y el 570 a. C. – muerto entre el 475 a. C. y el 466 a. C) criticó a los dioses antropomórfico como un invento humano que corrompía a la sociedad, pero según que versiones sus doctrinas tenían una base panteísta.

Como panteísta entendemos a:

  • Dios es idéntico a todas las cosas. Dios es el mundo.
  • Todo es divino.
  • Está identificado con el mundo.
  • El universo entero, la naturaleza y Dios son lo mismo: Esto significa que todo es de una sola esencia: Dios, el universo, la materia, las personas, etc.

Sin embargo, otros autores señalan a Jenófanes como politeísta, aunque priorizaba una “divinidad” por encima de las demás de naturaleza incorpórea (de ahí su feroz ataque al antropomorfismo de Homero y Hesíodo).

Jenófanes subraya la expresión “el más grande entre los dioses y los mortales”, que éste utiliza refiriéndose al dios central de su cosmovisión (Zeus), deja claramente abierta la existencia de más dioses, pues el poeta y filósofo griego aclara que en el término que utiliza,  a esos “dioses” no les otorga forma (ni antropológica ni animal), por lo cual hay que pensar en esos dioses como fuerzas sutiles que forman parte del entramado suprasensible cósmico y lo articulan y lo armonizan, y no en dioses exotéricos como el vulgo así lo percibía.

Así, por lo tanto, se podía ubicar a Jenófanes como un filósofo metafísico (y no como un teólogo) de su época.

Para aclarar el crisol de términos relacionados con la metafísica griega de índole indoeuropeísta, Eduard Alcántara expresa que:

el Ser Supremo Incondicionado se manifiesta, primeramente, a través de fuerzas o numens que en momentos dados (en épocas y tradiciones diferentes) fueron caracterizados  –en modo mayoritario- de manera antropomórfica. Así el hombre empezó a hablar de dioses y de esta manera no sucedió que el vulgo devoto cayera en el olvido del hecho de la existencia de la Trascendencia, pues el Conocimiento del Ser Supremo y la Identificación con el mismo sólo están al alcance de unos pocos que ostentan una aptitud o unos impulsos proclives a la transformación real interior, pero la mayoría hubiera dado, por completo, la espalda a lo Espiritual si no se le hubiera hecho más fácil de ´entender´ y ´contemplar´ lo Trascendente gracias a la existencia de divinidades con forma; formas que se diferenciarán para cada etnia y/o cultura con el fin de que se adaptaran mejor a sus respectivos  parámetros existenciales, a sus sensibilidades y a sus idiosincrasias.

En síntesis, hay que considerar el Principio Supremo como origen de todo el Cosmos y sin condicionamiento de ningún tipo (p.ej., de forma antropomórfica) siendo las fuerzas sutiles (que de él derivan) una característica propia del mundo manifestado y trascender hacia una visión metafísica-esotérica que está muy lejana de aquella visión exotérica-religiosa acaecida desde el punto de vista del vulgo.

Hay otros autores que propagaron el monoteísmo de Jenófanes, pero en mi opinión personal está fuera de lugar. El monoteísmo (ligado después al ateísmo) surgiría con el cristianismo y con las religiones monoteístas (judía, cristiana e islámica).

El monoteísmo, sin ningún tipo de vacilaciones. no estaba asentado, ni mucho menos, en la cultura popular del pensamiento griego. Es cierto que hay pensadores relevantes como Jenófanes que postulaba un dios moral, único y todopoderoso, una fuerza unificadora, formador del mundo, pero que defendía a su vez la diversidad dentro de la unidad, pues Jenófanes cita a Dios como “el más grande entre los dioses y los mortales”.

Puede que haya referencias literarias o filosóficas de la idea de un solo Dios, pero es una referencia general como unidad, denominada Theo (Dios) sin indicar un nombre concreto (Zeus, Poseidón, etc.)

Por otra parte, hay que matizar que los griegos no se definieron a sí mismo como politeístas. La palabra politeísta la inventó Filón de Alejandría, filósofo cuya religión de origen fue judía. Una religión politeísta se caracteriza por la pluralidad de fuerzas divinas y de cultos. La diversidad de dioses no era contradictoria con la idea de unidad de lo divino.

En el siglo VI a.C. se produce la transición del mito al Logos, es decir, el paso del pensamiento mítico al racional. Destacamos al panteísta Tales de Mileto (624 a. C.- c. 546 a. C, aproximadamente), que atribuía “alma” a todo lo que pertenecía al Cosmos (minerales, vegetales, animales, personas), siendo para él “lo que anima”, lo que es causa del movimiento. Así surgiría la filosofía, el debate y la crítica.

Los atomistas como Demócrito (S. V-IV a. C.) intentaron explicar el mundo de una manera puramente materialista, sin referencia a lo místico o espiritual. Entre otros filósofos presocráticos que probablemente tenían opiniones ateas se incluyen a Pródico de Ceos y Protágoras. Protágoras de Abdera (485 a. C.- c. 411 a. C) fue el primero que se llamó sofista y fue acusado de ateísmo y tuvo que abandonar Atenas. El propio Protágoras declaró: de los dioses no puedo saber si existen, ni qué forma tienen. En efecto, son muchas las dificultades que obstaculizan tal conocimiento, como la imposibilidad de recurrir a la experiencia sensible, y la brevedad de la vida.

Diágoras de Melos,  también filósofo sofista  griego del siglo V a.C, se llevó de hecho la mala fama del primer “ateo” en la Grecia clásica, y es citado como tal por Cicerón en su De Natura Deorum.

El atomista y materialista Epicuro (341-270 a.C.) disputó muchas doctrinas religiosas, incluyendo la existencia de un más allá o una deidad personal; consideró el alma puramente material y mortal. Aunque el epicureísmo no haya descartado la existencia de dioses, él creía que, si existieran, ellos estaban despreocupados con la humanidad. Pero Platón en su libro Leyes argumenta muy bien sobre estas cuestiones y respondía con maestría estos pensamientos que causaban malestar en la sociedad.

Conforme la sociedad griega asentaba nuevos ramales filosóficos, destacaría a Carnéades de Cirene, que dirigió la Academia de Platón en el siglo II a.C., y que consideraba “la creencia en dioses como algo ilógico”. El filósofo formuló contra la prueba teleológica de la existencia de Dios, inclinándose como un escéptico pues postuló que era imposible un conocimiento auténtico, sino una probabilidad.

Destacaría, sin lugar a dudar, el ejemplo de la importancia del tejido religioso en la antigua Grecia en la organización en torno al culto de Eleusis, como motor político que impulsaba el ideario griego.

La profanación de este culto supondría un delito de asebeia (impiedad) porque más allá del terreno religioso sus tentáculos se extendían a la esfera política y social.

La religiosidad en torno a Eleusis daba, principalmente, mucha importancia a la ritualidad y a la práctica religiosa. Había un profundo respeto hacia los misterios de Eleusis y transgredir sus tradiciones suponía romper con los moldes socio-político de la sociedad.

Es bien conocido que Esquilo (525 a.C.- 456 a.C.) fue juzgado por haber revelado los secretos de los Misterios de Eleusis en una de sus obras. Cabe destacar, que su defensa se fundamentó en una falta de intencionalidad, debido a su ignorancia sobre el rito.  Fue finalmente absuelto precisamente por declararse ignorante.

Básicamente había que preservar los valores cívicos de la comunidad entre los ciudadanos de las polis. Si se vulneraba dichos valores, el individuo le daba la espalda a la sociedad, y el poder político podía tomar las medidas pertinentes, desde el destierro hasta la pena de muerte. Por lo tanto, poder político y poder religioso era el mismo corpus, pues las magistraturas políticas ejercían poder en el campo religioso, teniendo como fin la defensa de las tradiciones religiosas y el respeto al estado social. El aviso principal para el ciudadano era claro y conciso: se desgranaba los valores éticos y morales de la comunidad con una misma creencia. En otras palabras, si un ciudadano vulnerase los valores o cualquier actividad relacionada con el rito, sería castigado, siendo el tipo de delito la asebia, en sus diferentes grados y acepciones.

Los motivos de asebia eran muy heterogéneos, pues no sólo se refería a romper una estatua o profanar un templo, sino que también se utilizaba el término para acusar a un ciudadano por no creer en los dioses, o que enseñaban otras áreas del conocimiento fuera de los parámetros dictados por las polis, como por ejemplo el caso de Sócrates, donde Meleto (poeta trágico del siglo V a.C.) le acusó por investigar sobre las cosas del subsuelo así como las cosas celestes. Meleto creía que Sócrates incurría en delito y traspasaba las líneas marcadas por la sociedad ateniense. (Plutarco. Ap.19b)

Sin embargo, existen casos en la segunda mitad del s. V a.C. como el caso de Diágoras de Melos (465- 410 a.C.), también conocido como el ateo, según Diodoro Sículo fue acusado por profanar los Misterios y condenado a muerte en Atenas, aunque murió en el exilio.

En suma, y sin entrar en profundidad, el pensamiento ateniense preservaba el mundo religioso, cuyo canal de transmisión más poderoso era la política y que, junto a la Tradición,  formaban un triángulo equilátero en pro de la comunidad. Así, se evitaría que la comunidad entrase en una crisis o cuestionara los conceptos del bien, la justicia, la verdad, etc. que fue, precisamente, lo que Sócrates quiso discutir a la política ateniense. Pero, la historia griega está llena de grietas, y ya en la segunda mitad del siglo V a. C. fue una época agitada donde las convulsiones sociales y políticas estaban al orden del día con temas relacionados con las creencias de fe, conspiraciones políticas, desprecio a los valores, etc. Sólo hay que analizar los acontecimientos tras la cruenta y devastadora Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), como las polis pertenecientes a la Liga de Delos comandada por Atenas perdieron su esplendor y hegemonía y cayeron en un gobierno oligárquico mucho más sangriento: el gobierno de los Treinta Tiranos. Bajo este gobierno, destacamos a Critias (discípulo de Sócrates y pariente de Platón) y un ateo declarante que solidificó un sistema antidemocrático. Probablemente, durante este periodo la brújula religiosa oscilaba entra una nueva reforma social política y la confusión. Más adelante, con la entrada en el poder de Alejandro Magno (S. IV a. C.) el núcleo religioso se diseminaría con otros movimientos religiosos y finalizaría con la entrada de la primera globalización del mundo occidental. Cabe destacar que durante el periodo helenístico se iría modificando la vida helénica hacia una nueva apertura al influjo oriental y a un confuso y desorientado sincretismo que sepultó al modelo tradicional griego pasando definitivamente a la conquista romana, testimoniando con ello una pérdida del sentimiento religioso griego, el cierre definitivo de una etapa y el comienzo de otra religión apartada de la ciudad y los lazos políticos.

Con este nuevo panorama, el hombre, en general, se planteó otros horizontes religiosos, otra perspectiva a su existencia y, no menos importante, encontrar su lugar en el mundo. Indudablemente con otro rumbo a lo desconocido la percepción del hombre comenzaría con otros planteamientos éticos-religiosos bajo un marco globalizado y cosmopolita donde la metafísica, por ejemplo, se había enterrado para preocuparse del problema de la conducta humana. Con la muerte de Alejandro Magno, la sociedad griega entró en diferentes estadios de inseguridad e incertidumbre a pesar de que surgieron dos escuelas notables como el estoicismo y el epicurismo. Con el epicureísmo, por ejemplo, se daba solución, precisamente, al problema de la felicidad. Los epicúreos anhelaban la paz consigo mismos desarrollando un método que huía de la tristeza, la melancolía, la angustia y las preocupaciones diarias que llegaban a apesadumbrar al ser humano en este periodo. Con el estoicismo, destacamos a Epicteto (50-135 d. C.) que expresó «A propósito de la religión para con los dioses, sábete que lo principal es tener respecto a ellos opiniones justas: se ha de considerar que existen y que lo gobiernan todo según el orden y la justicia, y además hay que rendírseles con obediencia y someterse a ellos en todos los sucesos, aceptando de buen grado cuanto ocurra, puesto que representa el cumplimiento de los más elevados designios.» Epicteto condenaba el ateísmo y la negación de la divina Providencia.

Con la caída de los valores tradicionales griegos, Atenas y Esparta irían perdiendo poder y solemnidad religiosa, y el espíritu de antaño terminaría su ciclo de existencia dando paso un flujo de corrientes individualistas que rechazaban la religión olímpica, aunque, es cierto, que seguía manteniéndose cultos importantes como lo fue Eleusis. Pero, concretamente, Eleusis tuvo que competir con otros estándares de creencias como fue la de Isis, Serapis, Attis, por mencionar algunos ejemplos. De Serapis se puede destacar que representaba ese nuevo sentimiento religioso, uniendo la cultura greco-egipcia bajo el mandato de Ptolomeo I, vinculando con ello Grecia y Egipto. Así, Eleusis pasaría a ser un culto mistérico subterráneo, de segunda clase. De este modo, y de manera gradual y paulatina, la clase social más representativa (media-baja) les faltó un basamento seguro y sereno para su vivir cotidiano. Al no encontrar un refugio espiritual ni tampoco poder alcanzar el entendimiento de una filosofía elevada como la de Platón (la escuela de Platón continuó la obra filosófica y la Academia sobrevivió hasta el siglo I a. C) o la de Zenón de Citio, fundador del estoicismo, buscaban apoyo en otras creencias religiosas que les garantizaban una promesa de mejor vida después de la muerte, aunque para muchos le surgiera nuevos temores: el temor al más allá, la angustia del juicio tras la muerte, entre otras inquietudes y zozobras.

A través de este texto, se ha comprobado que desde la antigua Grecia, desde un enfoque espiritual-metafísico, el hombre a través de los diferentes periodos entraría en un proceso de decadencia, pues, básicamente, había abandonado la experiencia directa y sublime de lo Trascendente para sustituirla por otros métodos más caviloso y racional-científico creado por la mente humana, encontrándose ésta en otro plano diferente al del espíritu. La iniciación, como vía elevada, habría quedado anulada en la postrimería cercana al periodo romano y nunca pudo mantener el Ser como lo Eterno y Trascendente. Así, los misterios dionisiacos, apolíneos, eleusinos fueron apagando su fuego eterno para pasar a otra realidad más mundana y terrenal, la filosofía discursiva y especulativa y canalizar mentalmente la idea de ateísmo, pecado y sufrimiento.

Fuentes:

Bruit Zaidman L. “La religión griega en la polis de la época clásica”. Editorial AKAL (2002)

Fernández Monterrubio, M. “Testimonios de divinidades no griegas en las inscripciones micénicas”. Departamento de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media Universidad Autónoma de Barcelona. (2014)

Eliade, M.  “Historia de las creencias y las ideas religiosas: de la Edad de Piedra a los Misterios de Eleusis” Vol. I. Editorial PAIDOS.

Ríos, E.J. “La naturaleza del mito más allá de la mitología griega”. Vol I. Semper Eadem Ediciones.

Copleston, F. “Historia de la filosofía”. Tomo I. Editorial Ariel.

Abbagnano, A. “Historia de la filosofía” Vol 1. Hora S.A. (1994)

DICCIONARIO AKAL DE FILOSOFÍA

Fuentes/Internet:

La concepción panteísta. Recuperado de: http://www.armandfbaker.com/book/chapter_1.pdf

Sobre Jenófanes. Recuperado de: https://www.uv.es/~japastor/jenofa.htm

Tradición y metafísica. Recuperado de: https://septentrionis.wordpress.com/2015/07/18/numen-numina/


Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia, Filósofos

Breve introducción a la doctrina del emanacionismo en la mitología griega

La mitología griega tiene una doble cara: por un lado, detalla el relato tradicional y arcaico del origen de los dioses, del universo, del hombre y de qué manera interactúan entre sí. Son relatos que provienen de un periodo remoto y que han ido creciendo sobre una base “mítica”; por otro lado, la otra cara (desconocida y alejada de nuestra actual sociedad) es la interpretación de la carga simbólica de acuerdo con sus orígenes y el lenguaje derivado del mismo y que permite una lectura y reflexión desde un punto de vista tradicional e indoeuropeo. Sin embargo, ambas caras coinciden en que la mitología viene de tiempos remotos, legendarios y es aceptada y transmitida de generación en generación. No son, pues, relatos inventados o de modas fugaces. De hecho, la tradición mítica detalla los aspectos más importantes de la vida de una raza y de cómo se produjeron los hechos más determinantes, lo que le hace tener un sello de autenticidad, como por ejemplo los seres primigenios que dieron lugar al mundo y los dioses que intervinieron en el orden de las cosas y, lógicamente, de la vida humana. No tenemos que olvidar tampoco a los héroes que nos marcan el camino y nos enseñan de qué manera se relacionan con los dioses. En suma, la identidad de un pueblo nos explica (por medio de la narración mítica) por qué sucedieron estos procesos originales.

Ulises atado al mástil de su barco tratando de vencer la atracción de las sirenas. Cuadro de Leon Belly Las sirenas (Museo de l’Hotel Sandelin, Saint Omer, Francia).

En el horizonte (pero no tan lejanos como pensamos) el mito, los dioses y los héroes van trazando los fundamentos de nuestros orígenes; asimismo, explican y detallan las causas de las cosas desvelando los orígenes sacros de la emanación y los sucesos que han dejado huella en nuestro mundo que, lamentablemente, están ahora apagados, mudos, aletargados, donde el hombre, sin sensibilidad a lo sagrado, le ha dado la espalda a la chispa divina de nuestros orígenes.

Cabe destacar que es un rasgo muy distintivo que la base de las fuerzas naturales en formas próximas a lo humano sea de tipo antropomórfico, pero ¿el antropomorfismo de los dioses es una de las características más distintivas del origen de la mitología?

Si repasamos los orígenes de la mitología griega, éstos nos ofrecen una explicación minuciosa del universo animado por fuerzas sutiles y figuras de rostros humanos. Sin embargo, el eslabón principal sobre el origen y estructura ontológica del mundo griego es la del emanacionismo. Esto quiere decir que todo aquello que existe no es sino una emanación que procede de una unidad primordial, lo que Plotino denominó “lo uno”. Después de lo Uno y, siguiendo con la visión griega, es la Inteligencia o Nous (también se le nombra como espíritu, intuición), lo que sería el mundo platónico de las Ideas. Estos rasgos se observan en el mundo indoeuropeo de la Tradición que explica el sentido sacro sobre el mundo ordenado bajo las leyes del cosmos.

Algunas de las características más representativas del emanacionismo son:

  • Lo Uno no mengua y no se ve afectado por la emanación.
  • Lo Uno Está ajeno al tiempo.
  • Lo Uno está por encima de toda multiplicidad.

Por otra parte, el término Nous está ligado a Zeus como la mente suprema, pensante, observadora, reflexiva y meditativa.

Las características más representativas del Nous son:

Ø Es eterno y atemporal.

Ø No tiene ni pasado ni futuro, sino que lo ve todo en un eterno presente.

Ø Es alma del mundo: incorpórea e indivisible.

Ø Constituye el puente entre el mundo suprasensible y el mundo de los sentidos.

Ø Está orientada hacia arriba pero también hacia abajo, hacia el mundo de la naturaleza. (Lo que es arriba es abajo).

Ø Está fuera del mundo sensorial.

Para Platón, el Nous es la parte más elevada del alma, que permite el conocimiento directo, la intuición de la Ideas; es el acto primero del Bien, la visión inteligible vuelta sobre sí misma, la visión del principio, de lo Uno.

Plotino considera al Nous (la mente divina, el Logos, la razón) como un principio casi absoluto y como la primera emanación del Uno.

En Homero, el Nous se relaciona con una forma de inteligencia divina. En la Ilíada, “el Nous de Zeus es siempre más poderoso que el de los hombres” (XVI, 688).

Aunque en la Odisea, Homero puntualiza que el Nous también es exclusivo del ser inteligente, de aquel que se guía interiormente, a través de la intuición. El ejemplo que se puede citar es cuando Circe desea hechizar a Odiseo con un brebaje para convertirle, al igual que a sus compañeros, en cerdos. Pero el astuto Ulises tomó un antídoto gracias a la ayuda de Hermes y Circe, con gran asombro, exclamó: “sin duda en tu entraña se encierra un Nous indomable” (X, 329). En suma, el Nous es el “cordón umbilical” que une el hombre a los dioses, la esfera más íntima y personal que relaciona el hombre con los dioses.

El camino iniciático está trazado en el cosmos, entre las Constelaciones, como vía de desarrollo espiritual. Este camino ha sido transmitido en los doce trabajos de Heracles.

Para entender la estructura de la emanación el planteamiento sería el siguiente:

SER SUPREMO

  • Incondicionado con respecto al atributo, a la forma o a la raza.
  • Inmanifiesto e Incognoscible (Deus Absconditus).
  • Principio Primero y Eterno, la Realidad Superior del Universo (conocido también como Brahman en el hinduismo).
  • Principio Divino.

MANIFESTACIÓN POR EMANACIÓN DEL PRINCIPIO SUPREMO

  • Dioses
  • Demons
  • Seres vivos
  • Naturaleza
  • Minerales

¿Cuál sería la primera manifestación del Ser Supremo, según el esquema?

Las fuerzas sutiles o numens que:

  1. Dinamizan y armonizan el entramado cósmico.
  2. Cada numens tienen una dinámica diferente.
  3. Forman parte del mundo manifestado.
  4. Emanan del Principio Supremo.

Durante el periodo anterior a los dioses antropomórficos, es decir, hablamos del conocimiento exclusivos de las fuerzas sutiles, el hombre era consciente de:

  1. Su origen sacro.
  2. Vivía de acuerdo a ÉL.
  3. No dudaba de su existencia de una realidad superior que le era evidente.
  4. El origen del hombre era el mismo que el del cosmos.

¿Quiénes fueron las fuerzas sutiles o numens en la mitología griega?

Las fuerzas sutiles o numens en la mitología griega fueron:

  1. Caracterizados de manera antropomórfica (los dioses olímpicos).
  2. El hombre empieza a hablar de dioses con el fin de no caer en el olvido de la existencia de la trascendencia.
  3. Conocimiento relacionado con el Ser Supremo.
  4. Identificación del Ser Supremo.
  5. Las divinidades se adaptaron a cada cultura, según sus valores existenciales, a sus sensibilidades y a su idiosincrasia (formas, atributos, razas).

El rol del hombre griego que dicta Homero:

  • Está supeditado a las potencias del universo. Siempre tiene presente estas potencias.
  • Reconoce y vive bajo esos poderes mágicos, bajo un orden general del universo, de una ordenación de los embrollados acaecimientos de la vida de los individuos.
  • Su certidumbre considera el mundo como un cosmos, una organización cósmica, como lo que pretende instaurar en sus organizaciones sociopolíticas con el fin de establecer el orden macrocósmico en el mundo de aquí abajo.
  • Se resigna a su suerte, y en eso reside su poder, su fuerza, pero a la vez interactúa con el plano sutil de la realidad; no adopta, pues, una actitud pasiva hacia el mundo Suprasensible.
  • La religión de Homero vive en el mundo de lo racional, sus dioses son perfectamente comprensible para el espíritu griego. De la misma manera, también se puede acceder a ellos, interactuar con los mismos y Conocerlos (gnosis) con las herramientas Suprarracionales que se dan, por ejemplo, la Iniciación en los Misterios mayores, tales como sucedía en Eleusis o en Samotracia.(Veáse ambos enlaces).

Según van avanzando los periodos históricos junto a los mitos de las edades, la erosión de los dioses se ajustaría a los siguientes parámetros:

  • Antropomórficos.
  • De Carácter religioso-exotérico, fiel reflejo de las creencias del pueblo griego.
  • Adaptados a culturas-etnias, según sus sensibilidades e idiosincrasias.
  • De base politeísta.

El hombre, dada las circunstancias y según sus tradiciones, rebajó aquellas fuerzas sutiles o numens al grado más grosero (con cualidades muy reconocidas entre los dioses como la envidia, la cólera, la inmoralidad, los caprichos…) con el antropomorfismo, ya que no supo entender aquellas fuerzas sutiles o numens como origen sacro, viviendo de acuerdo con Él, pues no era necesario transformar las fuerzas sutiles a divinidades con formas humanas y con unas cualidades mezquinas y poco adecuadas a sus orígenes divinos y sacralizados.

En cuanto a los vegetales y los minerales:

  • Son formas burdas de la Manifestación del Principio Supremo.
  • No contienen el Principio de la Eternidad (Atman), por lo tanto, son otros tipos de realidad.
  • Al no tener el Principio Divino, el panteísmo, por ejemplo, sería inviable en estos casos.

En suma, y según el esquema, hay una emanación con una jerarquía clara, definida, descendente y sucesiva de entidades espirituales intermedias entre la cúspide divina y el mundo material que nos rodea.

Atman

El Atman solamente anida en el hombre, en estado aletargado, es la semilla divina. La finalidad del hombre es el despertar de la semilla divina a través de la iniciación. Heracles (con la realización de los doce trabajos), Jasón (en la búsqueda del Vellocino de Oro), Ulises en su odisea, son ejemplos claros donde se da el proceso iniciático para el despertar de la divinidad en nosotros; los numens y demons no tienen Atman.

En síntesis, el Principio Supremo se manifiesta por Emanación, y el hombre comparte el principio activo de la eternidad (el Atman). Así se entiende que el hombre se considere eterno, pero no inmortal; todo lo contrario que los dioses.

Por otra parte, Atman comparte esencia con Nous y no se aprecia diferencia ontológica entre ambos. Nos referimos a Nous cuando lo ubicamos en el origen y más allá del mundo manifestado; sin embargo, tal como se menciona en líneas anteriores, Atman está en el interior del hombre y, los héroes griegos (por medio de un trabajo espiritual e interiorizado) nos muestran la forma de activar esta semilla divina. Atman y Nous comparten esencia en el interior del hombre, ambos puentes nos unen con nuestro origen divino, sagrado y eterno.

En la Ilíada nos encontramos, por ejemplo, a Sarpedón cuyo padre es Zeus (Divino) y su madre (mortal) la bella Europa. Según el emanacionismo, de su madre hereda el Atman, de Zeus el linaje divino. Por esta razón, los héroes se jactaban de ser descendientes (pequeños microcosmos) e iguales a lo Uno y no una creación por la voluntad de Dios. Se trata, en definitiva, de que el hombre recorra el camino ascendente hasta conseguir despertar ese Atman que se halla como aletargado en su fuero interno. Gracias a esa paternidad divina a Sarpedón le proporcionaría la posibilidad privilegiada de activar los poderes (numina) que le faciliten esa activación, la del Atman,

Pneuma

Pneuma viene del griego y significa soplo, viento; aliento, respiración; espíritu o soplo divino. Pneuma se colocaría dentro del cosmos como fuerza sutil dentro del mundo manifestado (al mundo celeste, al Olimpo) y no con el principio supremo inmanifestado.

Por lo tanto, nos referimos a un principio de vida activo que, tras el fallecimiento, regresa al mundo celeste. De este modo, unos pocos héroes tenían el privilegio de estar con los dioses, como es el caso de Heracles, cuyo eidôlon fue visto por Ulises en el Hades pero que, al mismo tiempo, vivía entre los dioses inmortales (Odisea, XI-601). La parte que vivía en el Olimpo sería el pneuma del héroe. Esta naturaleza (pneuma: espíritu o soplo divino) atrapada dentro de nosotros debe ser recordada y redimida ante la orden divina superior.

También, y según el mito órfico, Dioniso es hijo de Zeus y Perséfone, antes de que esta se convirtiera en reina del Hades. El pequeño creció en Creta, protegido por los mismos guardianes que habían guardado a Zeus de los ojos de Cronos. Pero los Titanes, enemistados con Zeus, esperaron a que los guardianes descansaran para atraer al pequeño con juguetes dorados. Cuando los Titanes se abalanzaron sobre él el pequeño intentó defenderse tomando la forma de diversos dioses y animales, pero terminaron por despedazarle y devorar su carne cruda. Atenea interrumpió el espantoso banquete justo a tiempo para rescatar el corazón del pequeño, lo encerró en una figura de yeso en la que insufló vida (pneuma=aire) y así Dioniso se hizo inmortal. Zeus, preso de ira, mató a los titanes con sus rayos. Según el mito de las cenizas nació la especie humana, que es una mezcla de la parte terrena de los titanes y la parte divina de Dioniso. Esta parte divina es la que debe quedar libre y redimirse.

Para las corrientes filosóficas-sectarias, como los pitagóricos o los órficos, el pneuma era la sustancia primordial que el cosmos respiró antes de que nada parecido al aire existiera, principalmente porque en sus cosmologías los elementos estaban en este estadio primigenio aún por diferenciar y separar.

Mencionamos el término eidolon cuando es la representación material del alma, muy atestiguado en la sociedad arcaica y en la épica de Homero. La psique (alma) sería como el negativo de la imagen, una “sombra” que revolotea en el Hades; mientras que el eidolon es la representación más indiscutible del alma del difunto.

En las fuentes homéricas, Ulises, durante su visita al Hades, habla con el eidolon de su amigo Elpenor (Odisea, XI). De lo contrario, si fuera la psique de Elpenor, ésta produciría un sonido como el de un zumbido, ininteligible y su manifestación sería como un humo opaco y escabroso.

Aunque hay que enfatizar que, el significado de eidolon, no siempre va asociado con el alma del difunto. Un ejemplo es cuando Apolo aleja a Eneas del templo para que fuera curado de sus heridas tras su lucha con Diomedes: y fabricó un eidôlon a imagen y semejanza de Eneas (Ilíada, V).

Referencias:

Del Mundo Tradicional me ha sido de gran utilidad:

La teoría del emanacionismo o emanatismo

Es de lectura obligatoria para entender el Mundo Tradicional los siguientes enlaces:

Septentrionis numen-numina

Septentrionis Interpretación-metafísica de los mitos

Para ampliar más información relacionado con la temática:

Santa-María, A. Plotino, las formas platónicas y el noûs aristotélico (2013)

Otras referencias de interés:

Nous

Pneuma 

Eidolon

Agradezco a Eduard Alcántara por tamizar el texto y compartir sus conocimientos e interpretación de la Tradición. Para ampliar más información sobre el autor, os emplazo:

Alcántara, E. (Metapedia)

Alcántara, E. (Septentrionis)

1 comentario

Archivado bajo Reflexiones Metafísicas

Viaje a Grecia: Micenas

Maqueta de la ciudad de Micenas

Es inevitable relacionar Micenas con el mundo homérico, concretamente con Agamenón, pues el eco de la guerra de Troya aún resuena con fuerza y frescura en nuestra sociedad actual. El enclave de Micenas está situado en la parte noriental del Peloponeso, con una interminable secuencia de relieves de colinas y montes. Su ubicación está sobre una colina escarpada frente a la llanura de Argos y del golfo de Nauplia. Está muy bien protegida a sus espaldas por montañas. Su enclave estratégico no es casualidad, pues la elección encajaba con el ideario griego para levantar un asentamiento para defenderse en una sociedad guerrera y hostil. Es el yacimiento arqueológico más famoso de la región, vinculado a algunos de los mitos más destacados y significativos del mundo homérico, pues el nombre de Micenas va estrechamente relacionado también con el linaje de los Atreo que son las referencias no solamente del mundo micénico, sino también de las tragedias clásicas griegas, como es el caso de La Orestíada de Esquilo.

Puerta de Los Leones

Puerta de Los Leones (Imagen 1)

 

Micenas es un campo prolífero en mitología y en historia, tiene un halo diferente al de Tirinto, pues solamente cuando uno está en el palacio de Micenas,  la sensación es que te colma de gloria y te consideras el rey del mundo, pues la propia fortaleza inexpugnable tiene fuerza, poder y domina, de manera concienzuda, el punto más alto de la ciudadela, donde uno puede admirar su exuberancia y poderío. Para acceder a la insuperable fortaleza, atravesé por una gran rampa que comienza en la Puerta de los Leones (Imagen 1).

Una vez que entras, el recinto está reforzado con murallas enormes y puertas monumentales y colosales. Dicho estilo tuvo su apogeo en el siglo XIII a.C., cuando las murallas ciclópeas presentaban un aparejo poligonal de grandes proporciones, cuyo mejor ejemplo es Micenas.

En el edificio principal del palacio destaca un gran patio, una casa de huéspedes y, en su centro, el famoso megaron, que a su vez consta de tres partes: un pórtico de columnas, un vestíbulo y el domo o la cámara principal que albergaba el trono del wanax, el rey micénico, y por debajo de él aparecen dos grupos cuyas funciones , roles y responsabilidades están poco definidas, pero en cualquier caso parecen constituir formas diversas de nobleza: los telestai (terratenientes) y los hequetais (funcionarios reales). Otra figura a destacar era la del lawagetas, que pudiera ser el comandante del ejército.

Dentro de la fortificación, el palacio incluye talleres, almacenes, edificios de culto, residencias de altos funcionarios. Destaca también las tumbas reales, y la entrada de un manantial subterráneo donde una cisterna almacenaba el agua. Ya fuera de las murallas destacan los famosos tesoros o tumbas del tipo tholos, que consiste en un corredor de acceso, una entrada y una cámara abovedada. La Tumba de Agamenón o Tesoro de Atreo fue una tumba destacada con respecto a las demás tumbas. En su interior albergaba placas de metal que en la actualidad no se conservan. (Ver imagen 2 y 3)

Imagen 2-3: Tumba de Agamenón, del tipo tholos

Micenas , ya en el siglo XIII a.C., era un enclave estratégico con un poder predominante sobre las fortificaciones rivales de la zona, como Argos, Pilos o Tirinto. A pesar de que cada una de estas ciudades fueran independientes, se cree que el rey Micenas era considerado el soberano supremo de todos los demás reinos. Este sería el motivo por el cual, en los poemas homéricos, Agamenón, rey de Micenas, apareciera como el líder de una poderosa alianza de reinos griegos que lanzó contra Troya  más de mil naves de guerra. De todas formas, las pruebas arqueológicas evidencian que hay que remontarse al siglo XVI a.C,   cuando surgen los primeros centros de poder micénicos. A este periodo pertenece la famosa “Máscara de Agamenón” (Imagen 4) y la guerra de Troya data del siglo XIII a.C,   mientras que  La Ilíada fue compuesta en el siglo VIII a.C. Entre el ajuar había armas, corazas de oro, perlas de ámbar, un ritón y una caja hexagonal de madera recubierta de láminas de oro decoradas con relieves.

Máscara de Agamenón. Museo Nacional Atenas (Figura 4)

Figura 5

 

En las excavaciones de las tumbas, se encontraron dos niños cubiertos de joyas de oro y rodeados de hojas con adornos de mariposa y espirales, cetros de plata, gemas de ágata y amatista y una diadema de oro con motivos florales. También había balanzas de oro. Encima de los dos niños hay una diadema de oro. El ajuar funerario estaba cubierto de ornamentos de oro, correspondiente con la figura 5.

 

El gran hallazgo se lo debemos a Heinrich Schliemann, descubridor de Troya y Micenas. En 1876, encontró, con la obra de Pausanias  Descripción de Grecia, las tumbas reales y pudo identificar los restos de la ciudad, como la muralla y la famosa Puerta de los Leones que había permanecido perdida en el olvido. A partir de ahí, se ha vuelto a recuperar gran parte de la acrópolis de la ciudad. Schliemann descubre los restos de tres hombres en una tumba de Micenas, dos de ellos tenían el rostro cubierto por una máscara de oro. Cuando Schliemann levantó las máscaras, una de las calaveras se deshizo al instante, pero la otra se mantuvo lo suficiente para ver su carne y sus “treinta y dos hermosos dientes”. El arqueólogo, al descubrir la belleza del hallazgo, proclamó ante el mundo que había contemplado el rostro de Agamenón. Sin embargo, sabemos que aun en el caso de que Agamenón hubiera existido, la tumba precedía en varios siglos a la fecha estimada de la supuesta guerra de Troya, tal como hemos comentado en párrafos anteriores.

Hay que destacar que el hallazgo de las dos máscaras funerarias de oro, junto con otras cuatro, son una confirmación única y exclusiva de una tradición que no tiene parecido en el resto del mundo minoico-micénico y se trata de objetos sin antecedentes por lo que se considera una práctica ritual exclusiva de los reyes de Micenas entre los siglos XVI y XV a.C. Por lo que se deduce que en Micenas alcanzó una amplia difusión la creencia en la vida de ultratumba y el culto a los muertos, de los cuales son testimonios las tumbas micénicas. A juzgar por algunos hallazgos de restos de cadáveres en estas tumbas, es probable que los antiguos micénicos conocieran algunos métodos de embalsamamiento del sistema egipcio.

Para el estudio de la religión micénica contamos con información proporcionada por las inscripciones en lineal B sobre tablillas encontradas en las excavaciones. Estas tablillas fueron redactadas por escribas anónimos para contabilizar la economía de los centros palaciales; no encontramos en ellas mitos, himnos, plegarias, descripciones de rituales ni de santuarios, ni tampoco leyes sagradas. Las fuentes son limitadas, aunque también hay que contar con otras influencias como las tomadas de la cultura minoica y de algunos sustratos pregriegos de la península.

Las tablillas encontradas del periodo micénico (Figuras 6 y 7) registran fundamentalmente el envío de materias primas a una serie de destinatarios, entre los que se encuentran tanto deidades como individuos: el problema, pues, es identificar si una tablilla tiene o no fines religiosos, es decir, si interpretar las entregas de productos como ofrendas a los dioses o envíos a santuarios para su manutención. En cualquier caso los recursos obtenidos se concentraban en el palacio, que los utilizaba para el mantenimiento del aparato de poder y de las élites micénicas.

Figura 6

Figura 7

Figura 7

Las tablillas van relacionadas con la organización del culto: ofrendas de productos agrícolas e industriales, ofrendas de animales de sacrificio, banquetes de estado, ofrendas y raciones para festividades religiosas, personal de culto y otros aspectos económicos del sector religioso.

A grandes rasgos, la religión es un sistema de pensamiento basado en la creencia de un mundo invisible e inmaterial que interactúa con el mundo real; la religión funciona como un sello cultural propio de la época, una unión de creencias y prácticas que une a una comunidad. La religión griega tenía un amplio sistema de creencias y rituales, pero no era fijo, y nada indica que la religión micénica fuese diferente.

No se conserva himnos ni mitos, gran parte de las creencias y prácticas se han perdido para siempre, por lo que únicamente podemos especular. Sin embargo, probablemente los micénicos tenían concepciones similares a los griegos posteriores sobre su relación con los dioses.

Hay que recordar que la religión griega no fue prescrita al pueblo por una fuerza exterior ni por una revelación sagrada, sino más bien nace de la fantasía del pueblo, originaria de sus supersticiones, miedos y temores. En otras palabras: la comunidad no tiene libros sagrados ni dogmas, ni tampoco levantan una iglesia con su jerarquía.

La religión griega no es una religión rígidamente establecida, sino que fue evolucionando a través de tiempo, de la misma manera que otras manifestaciones culturales humanas, y por este motivo, si queremos avanzar en el estudio de esta compleja disciplina, debemos tener en cuenta las influencias y los sincretismos, como por ejemplo el fetichismo.

El fetichismo religioso es de carácter espiritual y tiene que ver con creencias religiosas que dan culto a objetos inanimados o animados conocidos como “fetiches” a los que se les presumen propiedades sobrenaturales. De este modo, el hombre puede protegerse de las fuerzas naturales a través de los fetiches, medio del que se supone dispone para actuar sobre los elementos que no es capaz de controlar. Los dioses micénicos no son dioses divinos reconocibles, son más bien rasgos genéricos: “diosa madre” “diosa de la vegetación”, etc. Destacamos, por lo tanto, la ausencia de templos independientes y la ausencia de imágenes dedicadas al culto. Pongamos el ejemplo del salón del trono (megaron), donde ardía un fuego que recuerda al que se encendía en los hogares griegos del periodo clásico en honor de Hestia, diosa que no se atestigua en las tablillas debido a que no había adquirido todavía una forma antropomórfica y se concebía como un elemento concreto, el fuego del hogar. Los mismos centros palaciegos servían como punto de referencia para rituales unificadores y de aplacamiento de los dioses que cada rey micénico, o wanax, llevaba a cabo en nombre de su ciudad.

En los textos en lineal B se encuentren dioses olímpicos conocidos en Época Clásica, como son Zeus, Hera, Ártemis, Poseidón, Dioniso, Hermes, Ares, Hefesto (indirectamente atestiguado en un tipo de antropónimo llamado nombre teofórico), y, aunque es dudoso, quizás también Deméter. Destaca, curiosamente, la ausencia de dos dioses: Apolo y Afrodita. Algunos dioses olímpicos, como Zeus, Poseidón, Dioniso y Hermes, se documentan tanto en el continente como en Creta, mientras que otros, como Ártemis, sólo aparecen en la Grecia continental.

Textos en Lineal B

Se puede partir de la idea de que la religión micénica era politeísta, pero no se trataba de una religión politeísta típica, más bien eran nombres minoicos, seres sobrehumanos (de tipo primitivo) transformados en dioses con el surgir de una religión politeísta en una segunda época, afianzado en la veneración de una pluralidad de seres divinos complejos, diferenciados e incluidos en un panteón. Asimismo, cabe destacar la presencia de nombres divinos de origen indoeuropeo en el panteón micénico, poniendo de manifiesto que la religión micénica no provenía completamente de la minoica o cretense, aunque sí comparten algunos rasgos comunes. Hay que precisar que los griegos no se definieron a sí mismo como politeístas. La palabra politeísta la inventó Filón de Alejandría, filósofo, cuya religión de origen, el judaísmo, es monoteísta.

Una religión politeísta se caracteriza por la pluralidad de fuerzas divinas y de cultos. La diversidad de dioses no es contradictoria con la idea de unidad de lo divino. El politeísmo se parece al sistema de las “muñecas rusas”. Más adelante (Siglo VIII a.C.) Homero y Hesíodo modelan dichas fuerzas de la naturaleza de manera antropomórfica, siendo dioses maravillosos, leyendas que unen a los hombres y a los dioses. Aunque hay un desprendimiento de los demonios primitivos, siguen siendo todavía fuerzas naturales.

Si algo queda claro durante el periodo micénico y, a través de las fuentes religiosas, es que la religión estaba enraizada en la vida cotidiana, formando el mismo “corpus” que la vida política y social. La religión era omnipresente,  con un esplendor cultural y una amplia diversidad de cultos, creencias y prácticas y cuando nos referimos a religión micénica , nos referimos a algo fundamentalmente sincrético: los elementos griegos coexistieron y se fusionaron con un componente minoico predominante en Creta, así como con un componente heládico en el Peloponeso y en la Grecia central. Por otra parte, y, por encima de este sincretismo, hay una divinidad micénica que posee una relevancia muy destacada, conocida como “Potnia”, pero no se sabe con exactitud si se trata de una diosa o de varias. Lo que no se pone en duda es que es una palabra indoeuropea que designa una divinidad femenina y puede ser entendida en términos griegos, pero esto no impide que las diferentes diosas (pues no se trata de una única diosa con varias advocaciones) a las que se refiere tuvieran, en algunos casos, algunas de las funciones de una Diosa Madre.

Fuera del terreno arqueológico y según las fuentes mitológicas, Micenas, conocida como la rica en oro, fue fundada por Perseo, hijo de Zeus y Dánae, y fue en este preciso lugar donde el pomo de la espada de Perseo, “mýkes”, había caído al suelo y se tomó este hecho como señal divina. De este modo, Micenas se convertiría en el centro político y artístico de primer nivel durante la Edad del Bronce. Su popularidad no sólo crecía por su fama de rica en oro sino también gracias a las hazañas de sus héroes que bien reflejó Homero.

Próximo post: Esparta-Leónidas

 

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Citas célebres de Homero

Resultado de imagen de Homero

Homero

  • Ningún hombre o mujer nacido, cobarde o valiente, puede eludir su destino.
  • La vida es en gran medida una cuestión de expectativas.
  • De todas las criaturas que respiran y se mueven sobre la tierra, no hay nada que sea más agonizante que el hombre.
  • Las palabras vacías son malvadas.
  • La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil.
  • Odio a ese hombre que esconde una cosa en su corazón y habla otra.
  • Su descenso fue como la caída de la noche.
  • Llevadera es la labor cuando muchos comparten la fatiga.
  • Si sirves a muchos maestros, pronto sufrirás.
  • El sueño es el hermano gemelo de la muerte.
  • Incluso las penas son una alegría para alguien que recuerda todo lo que forjó y soportó.
  • Fuera de la vista, fuera de la mente.
  • Por las buenas o por las malas, este peligro también será algo que recordaremos.
  • ¿No es sagrado, incluso para los dioses, el hombre errante que viene cansado?
  • Hay un tiempo para muchas palabras, y también hay un tiempo para dormir.
  • No sé lo que depara el futuro, pero sé quién tiene el futuro en sus manos.
  • Un hombre que ha pasado por experiencias amargas y ha viajado lejos, disfruta incluso de sus sufrimientos después de un tiempo.                    Imagen relacionada
  • Un amigo con un corazón comprensivo no vale menos que un hermano.
  • Demasiados reyes pueden arruinar un ejército.
  • Una pequeña roca retiene una gran ola.
  • El esclavo pierde la mitad de su alma cuando entra en servidumbre.
  • No hay mayor fama para un hombre que la que él gana con el trabajo de sus pies o la destreza de sus manos.
  • No sigas cantando este amargo cuento que desgasta mi corazón.
  • Incluso un tonto aprende algo una vez que lo golpea.
  • Sé fuerte, dice mi corazón; soy un soldado; he visto peores lugares que este.
  • Permítanme no morir sin gloria y sin lucha, pero permítanme primero hacer algo grande que se contará entre los hombres en el más allá.
  • No envidies la riqueza del prójimo.
  • El vino puede engañar el ingenio del sabio, pero hacer que el sabio se divierta.
  • Los inmortales nunca son ajenos el uno al otro.
  • Pocos hijos son como sus padres; la mayoría son peores, algunos mejores.
  • Las almas generosas son dóciles.
  • Él sabía cómo decir muchas cosas falsas que eran como verdaderos dichos.
  • Ni el hombre más bravo puede luchar más allá de lo que le permiten sus fuerzas.
  • ¡Cuán propensos a dudar, cuán cautos son los sabios!
  • La desgracia no es tan grande como para morir por un amigo, como para encontrar un amigo por el que valga la pena morir.
  • No digas una palabra a favor de la muerte; prefiero ser un siervo pagado en la casa de un pobre y estar por encima del suelo, que el rey de reyes entre los muertos.
  • La caridad que es insignificante para nosotros puede ser preciosa para los demás.
  • Ni el hombre más bravo puede luchar más allá de lo que le permiten sus fuerzas.
  • Nosotros los hombres somos miserables.
  • ¡Cuán tedioso es un cuento contado de nuevo!
  • Le corresponde a un padre ser intachable si espera que su hijo lo sea.
  • Zeus no presta su ayuda a los embusteros.
  • No hay mejor aguijón que la necesidad.
  • Los mares rugientes y muchas montañas oscuras se encuentran entre nosotros.
  • La raza de los hombres es como la de las hojas: cuando una generación florece, la otra decae.
  • ¡No mentí! ¡Acabo de crear ficción con mi boca!
  • Todo hombre sabio ama a la esposa que ha elegido.
  • Cualquier momento puede ser el último. Todo es más hermoso porque estamos condenados. Nunca serás más adorable de lo que eres ahora. Nunca vamos a estar aquí de nuevo.
  • Ah, qué descarado, la forma en que estos mortales culpan a los dioses. De nosotros solos, dicen que vienen todas sus miserias, pero ellos mismos con sus propias maneras imprudentes agravan sus dolores más allá de lo que les corresponde.
  • Los excelsos regalos de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni pueden hacer ceder a sus fuerzas.
  • Cada hombre se deleita en el trabajo que más le conviene.
  • Algunas cosas pensarás de ti mismo,… algunas cosas que Dios te pondrá en la mente.
  • Nadie puede apresurarme a ir a Hades antes de mi tiempo, pero si llega la hora de un hombre, sea él valiente o sea cobarde, no tendrá escapatoria.
  • La espada misma incita a actos de violencia.
  • Los hombres se cansan antes de dormir, de amar, de cantar y bailar que de hacer la guerra.
  • Aunque en la casa de Hades los muertos se olvidan de sus muertos, aun así tendré en cuenta a mi querido camarada.

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Crítica sobre “Troya: La caída de una ciudad”

La serie “Troya: La caída de una ciudad” ha sido una de las apuestas que Netflix ha ofrecido en su plataforma para sus clientes. El proyecto ha sido producido por la prestigiosa cadena inglesa BBC con 8 episodios que gira en torno a la figura de Paris, que descubre su verdadera identidad, a Helena de Esparta y a la caída de Troya.

La serie es una estafa, una sarta de mentiras con un producto de calidad pésimo y de mal gusto. Una serie que deja insatisfechos a los amantes de la cultura griega y en estado de shock a los lectores de Homero. No se la recomiendo a nadie. Para los más puristas, ni intenten de visionarla, pues vuestra sangre ardería en el Tártaro.

Para empezar, han buscado una épica y una presentación con un presupuesto bajísimo, comparado con “Juego de Tronos”, “Roma”, “Vikingos”, entre otras. Por lo tanto, se parte de un presupuesto de segunda línea. Después, no han sido fieles a los textos homéricos, pecando de inexactitudes y de falta de rigor en su presentación. Han envasado la Ilíada con la tendencia modernista de hoy día. Es una serie que está al mismo nivel que la basura cinematográfica de “Troya”, la película de Brad Pitt. En esa película, la figura de Aquiles está tergiversada y manipulada intencionadamente, fiel a los principios de inmundicia de la meca de Hollywood.

Destaquemos los gravísimos errores de la serie:

  • Zeus, Aquiles, Patroclo, Néstor y Eneas son de raza negra. Han “maquillado” a los dioses y héroes y lo han globalizado para que encajen en nuestra sociedad. Lógicamente no me refiero que moleste por temas raciales, sino por las imprecisiones culturales, raciales y mitológicas que suponen estas diversificaciones. Entiendo que hay que vender la serie, a nivel internacional, pero han tocado la “tecla” incorrecta.
  • La homosexualidad de Aquiles y Patroclo, un clásico que empezó en el cine y eso vende mucho, muchísimo. Pero esta vez, en los tiempos modernos que vivimos, han añadido un nuevo elemento, acorde a la tendencia actual: hacer un trío en una playa exótica con Briseida, la esclava de Aquiles. ¿Dónde está entonces la homosexualidad de ambos? Después de que un oráculo obligara a Agamenón a renunciar a Criseida, el rey ordenó a sus heraldos que tomasen a Briseida, esclava de Aquiles como compensación. Aquiles se ofendió por este embargo y, como resultado, se retiró de la batalla, a la que no regresaría hasta la muerte de Patroclo. En cuanto a la orientación sexual, en la obra homérica no existe ninguna mención homosexual entre Aquiles y Patroclo de manera directa, clara y concisa. Los dos héroes tienen una amistad profunda y extremadamente significativa, pero la evidencia de un elemento romántico o sexual es equívoca. La Ilíada describe a ambos héroes como «compañeros de guerra» no sexuales. En el canto IX de la Iliada se presenta a Aquiles y Patroclo durmiendo cada uno con una mujer, Aquiles con Diomeda y Patroclo con Ifis, mujer que, por cierto, el propio Aquiles entregó a Patroclo. ¿Dónde está la homosexualidad?
  • La falta del retrato de cada personaje. No te identificas con ellos, no están bien trabajado a nivel psicológico. Se salva Ulises y el padre de Héctor, Príamo. Es horrible la interpretación de Helena, sin palabras. En general, la interpretación es cutre y no empatizas con ningún personaje.
  • El guion es de segunda mano, una versión para los tiempos decadentes que estamos atravesando, un instrumento desafinado y mal compuesto.
  • Por falta de presupuesto la puesta de escena de los dioses es secundaria, sin actuar de manera directa con los héroes. La relación héroe-dioses es fría, distante y sin aliciente alguno. En la obra homérica la presencia de los dioses es opuesta a la de la serie.
  • Las batallas no son espectaculares, por la falta de presupuesto mencionada anteriormente.
  • La química es inexistente entre Paris y Helena, esa frialdad no se entiende, pero bueno, es normal no se han leído las fuentes originales para crear la serie.

La serie en sí es un castigo para los amantes de la cultura griega, sin tensión, con una dirección a nivel de aficionados, una coctelera llena de mentiras y manipulaciones. Se puede realizar una serie de bajo presupuesto, pero lo más fiel posible. Han sido ocho episodios insoportables, ocho episodios manipulando los textos homéricos.

Desmintiendo los mitos que salen en la serie:

  1. En la serie cuenta que fue Aquiles quien perpetra el asalto a la ciudad de Troya, disfrazado, para hablar con Helena y tejer un plan de conquista en caso de que ella no regrese a Esparta. En las fuentes originales, es Ulises el que se disfraza de mendigo para adentrarse en Troya.
  2. Eetión, padre de Andrómaca, muere a manos de Aquiles, pero los troyanos le hacen una ridícula exequias funeraria con el sacrificio de…¡un caballo! El rito funerario a nivel patriarcal estaba lleno de excesos, no escatimaban en gastos y en sacrificios. Pero, de todas formas, el mito es falso porque en realidad, Aquiles mata a Eetio y es el propio Aquiles quien lo entierra por temor religioso.
  3. Pándaro es un personaje de ficción que sale en la serie, como otros muchos. No voy a entrar en detalles de los múltiples personajes de ficción que no están en el mundo homérico. Otros personajes inventados por la serie: Telémono y Atio. Por lo tanto, todo lo que se relata de la historia de ambos, conectado al ciclo troyano, y relacionado con los episodios de la serie es mentira, lógicamente.
  4. Paris muere en el campo de batalla, pero en la serie muere en sus aposentos a mano de Menelao, bajo la indiferencia y fría mirada de su esposa Helena. El personaje de Paris lo presentan como débil, inseguro, temeroso y propenso al suicidio. Otro invento más de la BBC.
  5. Helena vuelve con Menelao. Abre las puertas de Troya y casi siempre juega a dos bandas en la serie, para darle más emoción e impulso a la trama. La interpretación de Helena es horrible y no es fiel al mito, pues Helena, al morir Paris en el campo de batalla, se casa de nuevo con un hermano de Paris (Deífobo) y lo mata delante de Menelao, por eso, Menelao la perdona.
  6. En cuanto al nacimiento de Alejandro fue Andrómaca, su madre, la que tuvo el sueño revelador de la maldición de su hijo y no Casandra.
  7. La puesta de escena de los dioses es ridícula, distante, sin conexión directa con los héroes de cada bando. En la serie, el mito de la famosa manzana de la discordia es ridículo, una parodia absurda y fuera de lugar. En general, la participación de los dioses nunca es relevante. ¿Qué puede pensar Homero de la serie? Vergüenza. ¿Qué pueden pensar los héroes de la serie? Pensarán que cuando pasen mil años por delante, ellos seguirán reinando las constelaciones y que nadie hablará de esta serie ni de nosotros.
  8. La serie enfoca con luz propia a las amazonas. Destacan con un papel en la serie. Es cierto que en la obra homérica la mencionan, pero no tienen un papel vital como en la serie. Es verdad que cuenta la leyenda que Aquiles tuvo un combate directo con Pentesilea, reina amazona. Pero de este combate, en la obra de Homero no hay rastro alguno. No es una invención de la serie, pues dicho combate se menciona en un poema perdido titulado “Etiópida”, narrando la breve participación de las amazonas en la guerra de Troya, casi un siglo después de la obra homérica. Sobre Etiópida: pinchar aquí.

Aquiles, junto a Zeus. Fuente: hipertextual.com

Vamos a tratar el tema racial con sumo interés, pues he visto en muchos foros que es el tema más conflictivo.

¿Por qué Zeus no puede ser negro? ¿Por qué los héroes de Homero no son negros?

Los rasgos fundamentales de la religiosidad griega fueron propios de todos los pueblos de lengua indoeuropea que nos proporcionaron un arquetipo de su espiritualidad. Si nos remontásemos a Zeus como figura indoeuropea, como el “Padre Celeste”, afortunadamente, podemos encontrar rasgos que nos permiten remontarnos más profundamente al mundo griego, zambullirnos en lo más profundo para alcanzar una originaria religiosidad con sello indoeuropeo. Concretamente, en Grecia, es posible identificar aquellos elementos y atributos espirituales necesarios para comprender la religiosidad indoeuropea en sus picos más elevados. Gracias al pueblo griego se refleja en aguas puras y cristalinas unos de nuestros legados más hermoso, donde podemos contemplar con orgullo y alegría el espíritu primigenio impregnado en sus expresiones más puras.

El estudio sobre la religión micénica (aprox. 1580-1150 a.C.) se basa casi por completo en las excavaciones e investigaciones arqueológicas. Bajo esos resultados, la comunidad científica llegó a la conclusión de que había afinidad entre la religión micénica y la cretense.

Si nos basamos en las tabillas halladas en Pilos, se leen los nombres de los dioses, bien conocidos por nosotros, de la religión posterior de los griegos: Zeus, Hera, Poseidón, Ares, entre otros. La conclusión fue que, a pesar de que el panteón de los dioses del Olimpo no comenzó a crearse en la época micénica, sí existió los primeros vestigios de una estirpe de dioses destacando la presencia de nombres divinos de origen indoeuropeo en el mundo micénico, poniendo de manifiesto que la religión micénica no provenía completamente de la minóica o cretense, aunque sí compartían algunos rasgos comunes. Por lo tanto, el sincretismo de elementos indoeuropeos y micénicos lo tenemos bien atestiguado en algún caso como es el del culto de la Madre Tierra, o el culto a Zeus, con un nombre de claro linaje indoeuropeo y no de procedencia africana.

Otros rasgos fundamentales de dicha semilla indoeuropea de la que Homero es un perfecto canalizador de tradiciones, son las relaciones entre hombres y dioses, pues éstas no eran relaciones incompatibles y dioses y hombres no estaban tan alejados. Como ya sabemos, los dioses son superiores e inmortales, y los hombres de estirpes selectas (Aquiles, Agamenón, Heracles, entre otros) pueden vanagloriarse por su linaje de una afinidad con los dioses. ¿Y por qué esa conexión hombre-dios tan estrecha en el mundo griego? Se basa, fundamentalmente, en que ambos están ligados a los mismos valores, a la verdad y a la virtud, tal como Platón expresa reiteradamente en sus Leyes (X, 889).  Por otra parte, tenemos que destacar que los griegos tuvieron siempre clara la finitud del hombre ante la infinitud de la divinidad, así como la relación de dependencia de los hombres con los seres divinos. Un ejemplo sería el oráculo “Conócete a ti mismo”, inscrito en Delfos, en el Templo de Apolo. O como bien destaca Píndaro en la quinta Oda Ístmica: “no intentes nunca llegar a ser Zeus”. En la serie hay un vacío entre el héroe y los dioses, fiel reflejo de la actual sociedad que ha dado la espalda a lo Sagrado, a lo meramente espiritual.

Del pueblo griego emanaba siempre la herencia de aquellos siglos de historia de cada uno de los pueblos que representaba la gran Hélade, en la que el alma indoeuropea se expresaba en toda su magnitud, queriendo con ello conservar unas tradiciones rica y pura. Un ejemplo ilustrativo sería la nobleza que se plasma en la Procesión de las Panateneas del friso del Partenón. Así, para aprehender la mentalidad originaria de la religión griega era muy necesario inmortalizar sobre el friso del Partenón las tradiciones más arraigadas de un pueblo con sello indoeuropeo, de aquellos verdaderos helenos, llegados desde Europa Central durante el Neolítico y la Edad del Bronce. En otras palabras, desde Homero, Hesíodo, pasando por Píndaro, sin olvidarnos de Esquilo y Sófocles tenían presentes la religiosidad de sus antepasados con el único fin de aprehender el sentido de la vida religiosa indoeuropea.

En los foros en los que se debate sobre el tema racial, he visto que han incluido a los etíopes como claro ejemplo de que hubo héroes de raza negra y que, de algún modo, de ahí se explica la hipótesis de la mezcolanza de raza negra con los aqueos, de esta manera se justifica que la serie no haya visto agravio alguno en destacar a Aquiles o a Patroclo como de raza negra. En primer lugar, la raza negra no componía los pueblos que representaban la gran Hélade, tal como he desarrollado en líneas anteriores, por lo tanto, los dioses no eran negros ni tampoco se mezclaban culturas y etnias de otros pueblos durante la época homérica. En segundo lugar, resulta difícil situar a Etiopía en un enclave geográfico debido a las contradicciones de los textos griegos antiguos, existiendo diversas interpretaciones de donde se hallaba realmente Etiopía según que texto se consulte. Para unos autores Etiopía estaba en Israel, para otros en el Alto Nilo. Así que no podemos divagar con este tipo de inexactitudes. Por otra parte, hay una mención de un rey de Etiopía, Memnón, que cuenta que se alió con los troyanos para la defensa de Troya y que murió a manos de Aquiles, pero dicha muerte se relata en la Etiópida, escrito después de la Ilíada. En la serie, lógicamente, Memnón no aparece, pues es más fácil hablar de  Aquiles, Patroclo, Ulises que de Memnón, personaje menos conocido.

Para cerrar el debate, destaco una célebre frase de Miguel de Cervantes: La historia, testigo de lo pasado, es cosa sagrada, porque ha de ser verdadera.

2 comentarios

Archivado bajo Antigua Grecia

Thymós, Noos y Menos

sEn la tradición épica las partes principales del alma del ego eran el thymós, el noos y el menos. El modelo del alma más común en el texto homérico es el thymós. El thymós se encuentra activo sólo en el cuerpo despierto. Una cualidad del thymós es que puede impulsar a las personas a realizar una actividad determinada. Por ejemplo, cuando Aquiles causa estragos entre los troyanos y se dirige al encuentro de Eneas, “su valeroso thymós impulsaba su ánimo” (XX 174). El thymós se destaca, principalmente, por ser la fuente de las emociones y de los sentimientos. Por ejemplo, Héctor reprocha a Paris que no se una a la lucha expresando: “Loco, te equivocas al almacenar amargo rencor en tu thymós” (VI- 326).

Según las fuentes eruditas se creía que el thymós residía principalmente en el pecho, siendo el phrén su ubicación principal. Hera pregunta a Poseidón: “ ¿no siente el thymós de tu phrén piedad por los agonizantes troyanos? (VIII. 202).

En el momento de un desvanecimiento, el thymós se anula, pierde su energía, pero al despertar, el thymós recupera su incesante actividad. Por ejemplo, cuando Adrómaca se desvanece al ver cómo el cuerpo de Héctor es arrastrado por toda la ciudad, su recuperación se describe de la siguiente manera: “ Una vez que hubo recobrado el aliento y que su thymós volvió a concentrarte en su phrén…” (XXII.475).

Por otra parte, el término vacila y el thymós  parece que abandona el cuerpo o de lo contrario se queda disperso por el cuerpo. Hay varios ejemplos que pueden interpretarse de las dos maneras:

  1. Menelao se dio cuenta de que no estaba herido de gravedad, “el thymós volvió a concentrarse en su pecho” (IV. 152). Aquí alude que hubo una acción de dispersión de dicha energía que después volvió a su lugar de origen.
  2. Cuando Sarpedón se desvanece parece indicar un abandono del cuerpo ya que dice que el viento “devolvió la vida a la que había arrebatado su thymós” (V. 697 s.). Aquí el thymós se representa como una especie de aliento (sin identificarse con la psiqué), aunque   dicho concepto podría haber sido influido por el concepto de la psiqué.

El nous es intuición o aprehensión inmediata y tiene un doble objeto: a) el Uno, y b) él mismo. En el nous existen las Ideas, no sólo de clases, sino también de individuos, aunque toda la multitud de las Ideas está contenida en el nous indivisiblemente. Pero una marca distintiva y exclusiva del nous es que el Uno está por encima de toda multiplicidad. Otro rango a subrayar es que el nous es eterno y atemporal, porque su estado de beatitud no es algo que adquiera, sino perpetua posesión. Goza, pues, el nous de aquella eternidad de la que el tiempo es solamente un remedo. El nous conoce todas las cosas juntas, simultáneamente, puesto que no tiene ni pasado ni futuro sino que lo ve todo en un eterno presente. El  nous es el alma del mundo: incorpórea e indivisible. Constituye el vínculo entre el mundo suprasensible y el mundo de los sentidos, y así no sólo está orientada hacia arriba, hacia el nous, sino también hacia abajo, hacia el mundo de la naturaleza. El nous escapa a todo pensamiento, no podemos llegar ni a imaginarlo, pues surgiría lo opuesto, lo múltiple. En síntesis, el nous es la forma primera y más intensa de unidad después del Uno, y refleja la unidad pura y absoluta.

En Homero, el  nous es la parte más intelectual. El nous es exclusivo del ser inteligente, de aquel que se conduce según un objetivo anteriormente fijado.  El noûs es una visión intelectual distinta de la visión sensorial, aunque en la literatura arcaica, en ocasiones, su sentido está más próximo a esta última. En este término se relacionan la facultad de pensar, la capacidad reflexiva y la meditación con la comprensión, la percepción e incluso con la memoria. Estos atributos son puestos en conexión con un pensamiento objetivo, con una forma de inteligencia divina. De ahí que en el griego posterior, sobre todo en escritos filosóficos, el nous se utilizara para designar la Inteligencia Suprema, el principio ordenador del universo. Hay que distinguir que  el «alma» es un principio «vivificante» mientras que el nous es un principio «pensante».

Por ejemplo, haga lo que haga Patroclo “el noos de Zeus es siempre más poderoso que el de los hombres” (XVI. 668)

El noos se localiza siempre en el pecho, pero nunca se considera algo material y tampoco se contempla en su origen como un órgano del cuerpo. Por otra parte, Platón, Aristóteles, entre otros filósofos, desarrollan el concepto de nous de manera sobresaliente, destacando, sobre todo, su estatus divino. Para la escuela filosófica el nous sería el componente imperecedero y trascendente.

Resultado de imagen de nous griego

Anaxágoras (Wikipedia)

Para Anaxágoras es un principio organizador y de animación del universo. Platón distinguió un “Nous” cósmico de la razón común. Para él es la intuición intelectual más elevada sin necesidad de argumento. Aristóteles lo consideró una facultad involucrada en la adquisición de conocimientos en general. Él distingue el “Nous poietikos” (la razón activa) del “Nous pathetikos (la razón pasiva). Los Oráculos Caldeos lo consideran como el “Hijo o Intelecto paterno” que retiene los inteligibles del Dios Padre e introduce la sensación en los mundos. Plotino consideró al “Nous” (la mente divina, el Logos, la razón) como un principio casi absoluto y como la primera emanación del Uno. La hipóstasis derivada del Nous es el Alma del Mundo.

El menos se utiliza, principalmente, para designar el ardor de un guerrero. Se localizaba bien en el pecho o en el thymós. También se localizaba en el phren. Cuando un hombre siente menos en su pecho es consciente de un misterioso aumento de energía; la vida en él es fuerte, y se siente lleno de una confianza y ardor nuevos. En el calor de la batalla Heleno describe a Eneas y a Héctor la desesperada situación creada por Diomedes, porque “muestra todo su furor y ningún hombre puede competir con su menos” (VI. 101)

Para ampliar más información sobre el tema, os remito al siguiente enlace: Epifanía de Atenea

Obra de referencia recomendada:

EL CONCEPTO DEL ALMA EN LA ANTIGUA GRECIA

Enlace de interés:

Este artículo fue traducido al francés el 29 de abril de 2021 en: EURO-SYNERGIES

2 comentarios

Archivado bajo Antigua Grecia, Reflexiones Metafísicas

La Epifanía de Atenea

Con el nombre de «Epifanía de Atenea» se conoce el momento en que esta diosa se aparece al bravo Aquiles en el primer capítulo de la Ilíada de Homero. Aquiles y Agamenón discuten acaloradamente sobre la conveniencia de emprender la guerra contra la amurallada Troya; en un momento de la discusión, Aquiles, encolerizado, está a punto de desenvainar la espada que lleva junto al muslo, para matar a Agamenón. Entonces, descendida del cielo por orden de Hera, se le aparece Palas Atenea para hacerle desistir de su intención; nadie de los presentes la ve, tan sólo Aquiles. El fragmento que narra este episodio es el siguiente:

Sacó de la vaina la gran espada; del cielo vino Atenea, / pues la había enviado la diosa Hera, la de blancos brazos, / que por igual amaba a ambos en su corazón, y se preocupaba por ellos. / Se puso detrás de Aquiles, y cogió al Pelida de la rubia cabellera, / apareciéndosele a él sólo; de los demás, ninguno la veía. / Se quedó estupefacto Aquiles; se volvió seguidamente, y al punto reconoció a Palas Atenea: sus ojos brillaban de un modo terrible. (Ilíada I,194- 200).

Todas las exégesis que se conservan sobre este fragmento coinciden en el comentario, por lo que es fácil advertir su carácter tradicional. Los versos de Homero, como todos los textos revelados, esconden una verdad mucho más amplia y rica de la que aparentan; por ello los comentaristas son necesarios para interpretarlos, más allá de su sentido histórico y anecdótico. Por ejemplo, Heráclito, el homérico, o el rétor, dice lo siguiente al introducir su glosa sobre el fragmento de la Epifanía de Atenea: Un saber brillante y eminentemente filosófico, expresado en forma alegórica, subyace en estas reflexiones. Incluso Platón, tan ingrato para con Homero en la República, tiene que reconocer, a partir de estos versos, que se ha apropiado de la teoría homérica sobre el alma.

Heráclito, como la mayoría de comentaristas, utiliza las palabras de Platón para desvelar el sentido oculto de los versos de Homero, ya que este autor sistematiza discursivamente un saber que, en su origen, no era el fruto de una especulación mental, sino el desarrollo de la ciencia tradicional que el divino Homero conocía.

Los antiguos filósofos griegos no intentaban establecer las diferentes categorías del ser, ni tan siquiera, mediante la teoría del alma, establecer una psicología del hombre; su intención, más bien, era enseñar la doctrina unitiva sobre la inmortalidad del alma, la divinización del hombre. Debemos tener esto muy en cuenta al aproximarnos a la teoría del alma que subyace en los versos de Homero y que es uno de los motivos básicos del presente estudio.

Los sabios griegos diferenciaban dos almas (psykhe) en el hombre, dos principios; uno de ellos sería el alma racional (logisticon), o el intelecto (nous), el otro el alma irracional (alogiston). La primera pertenece al Dios originario y Uno, la segunda proviene de los astros. Plotino explica la diferencia establecida por Platón de la siguiente manera: En el Timeo, el Dios hacedor es quien provee el principio del alma, mientras que los dioses móviles son los que deparan las pasiones temibles y necesarias, iras, apetitos, placeres y penas y otras especies de almas de las que resultan las pasiones de aquí. En efecto, esta doctrina nos vincula a los astros, puesto que de ellos tomamos un alma y nos sometemos a la Fatalidad cuando venimos aquí.

Jámblico, recurriendo explícitamente a las concepciones herméticas, escribe lo siguiente sobre esta división del alma: El hombre tiene dos almas: una salida del Primer Inteligible, que participa también del poder del demiurgo; la otra, introducida en nosotros a partir de la revolución de los cuerpos celestes; es sobre ésta, que se desliza el alma que ve a Dios.

Es importante comprender, según aparece en el escrito anterior, que no se trata dos partes de una misma alma sino de dos almas diferentes; esto queda muy claro en el pensamiento pitagórico: Otros, empero, y entre ellos también Numenio [importante representante del pitagorismo], no atribuyen tres partes a un alma única, o al menos dos, racional e irracional, sino que piensan que tenemos dos almas, como también otras cosas, [se refiere a la paridad de nuestros miembros, sentidos, etc.], la racional y la irracional.

Según la teoría platónica, el alma irracional se divide, a su vez, en dos partes (eide, propiamente: ‘forma’, ‘imagen’) que son: el alma irascible (thymos) y el alma concupiscible (epithymia). Heráclito, el rétor, cita a Platón para explicar la división ternaria del alma cuando éste la compara a dos caballos (las partes irracionales) y un auriga (el alma racional). Las tres almas se ubican en el cuerpo humano de la manera siguiente: la parte racional en la cabeza, como la acrópolis en las ciudades, la parte irascible en el corazón y la parte concupiscible en el hígado o, según otros, en las zonas adyacentes.

Sobre la significación exacta de lo que Homero y Platón llaman thymos, el alma irascible, se ha escrito mucho, por eso intentaremos resumir y precisar a qué se referían con este término. Pseudo Plutarco siguiendo a los estoicos, define al thymos como un pneuma connatural, una exhalación sensible, dependiente de la humedad corpórea.  Se trata del principio de vida encarnada, un hálito, un soplo, que desaparece con la muerte, por eso, cuando Homero se refiere al fallecimiento de un héroe dice: Exhaló su thymos (Ilíada IV, 524, XIII, 654). Sobre él se sustenta la vida en el hombre y en los animales y, también, el psiquismo. Rige y gobierna sobre la voluntad, por eso, a veces se traduce thymos por ‘voluntad’. También es el motor de los deseos y las pasiones; su origen etimológico parece ser thymiao, que significa ‘quemar incienso’, ‘producir humo’; es propiamente un calentamiento de la sangre en la zona del corazón, por lo que no nos puede extrañar que sus manifestaciones más evidentes sean el arrebato, la cólera, la ira, la agresividad, etcétera, pero también el coraje, el valor, la ambición. Otra de las traducciones de la palabra thymos sería la de ‘sentimiento’, o el pensamiento propio del corazón, es decir, del hombre. La vida encarnada se asienta sobre el thymos. Aquiles, como iremos viendo a lo largo de este estudio, representa el alma del hombre.

La otra parte del alma irracional, la epithymia, la parte concupiscible, gobierna y dirige las funciones propias del cuerpo; equivaldría al alma vegetal, genera los impulsos irracionales que conducen al hombre a comer, beber, reproducirse, etcétera.

Los primeros cristianos recogieron la herencia homérica  sobre la teoría del alma y la vincularon sin dificultad a los misterios evangélicos. Clemente de Alejandría escribe: Tres son, ciertamente, las facultades del alma: la intelectual, que recibe el nombre de logisticón, es el hombre interior, que guía al hombre que vemos, y que, a su vez, es guiado por otro, Dios; la irascible, que es salvaje, cercana a la locura; y, en tercer lugar, la concupiscible, que adopta muchas más forma que Proteo, el multiforme genio marino, quien, revistiendo ahora una forma y luego otra, incitaba al adulterio, a la lascividad y a la corrupción […]. En cambio, el hombre en quien el logos habita no cambia, no se transforma, tiene la forma del logos, es semejante a Dios, es bello, no es pendenciero.

También en la cábala judía medieval encontramos las influencias directas de la tradición homérica; el autor delZohar escribía: Dijo Rabí Yehuda: Existen en el hombre tres direcciones [motores, conductas]: primero la dirección de la pasión, que es el deseo entre todos los malos deseos, y es la fuerza de la pasión, y, finalmente, la dirección que mueve y fortifica el cuerpo, que es llamada ánima corporal (nefech ha-guf).

Retornando al mundo clásico, comprobamos que el gran misterio y el interés de la teoría del alma reside en la constatación de que hay en el hombre un alma que es propia y exclusiva del Dios primero, y que no puede ni debe confundirse con los otros principios motores, se trata de la nechamah santa de la que nos habla el Zohar, el logos, semejante a Dios, de Clemente, el nous de los griegos. Respecto a ella escribe Sinesius: Yo lo afirmo ardientemente: nos consumimos en vanos esfuerzos cuando no tenemos en nosotros el Nous del que hablamos, ya sea natural o adquirido; pues no hay duda de que si Dios habita en alguna parte de nosotros es en el Nous y en ninguna otra parte; es el único templo que conviene a Dios.

Y Hermes Trismegisto afirma: Sólo la parte razonable del alma, escapando de la potestad de los genios, permanece estable, presta a volverse el Tabernáculo de Dios.

Es esa alma la que permite que el hombre caído en la materia y la corrupción vuelva a su patria originaria, y, así, volverse inmortal; como explicaba Platón: Esta alma nos eleva por encima de la tierra, a causa de su afinidad con el cielo, ya que somos una planta celeste. Por medio de ella podemos escapar de la influencia de los astros y de la fatalidad; como lo describe Jámblico: No está todo en la naturaleza ligado a la fatalidad, existe otro principio del alma que es superior a toda la naturaleza y a todo conocimiento, por medio del cual podemos unirnos a los dioses, estar por encima del orden cósmico y participar de la vida eterna y de las actividades de los dioses supracelestes.

Pero este nous no gobierna normalmente en el hombre; el hombre en su condición terrenal está subyugado a las directrices del alma irracional, es, como decía san Pablo, su esclavo.  Las dos partes del alma irracional se apoderan de lo esencial del hombre y lo conducen hacia la dispersión y la muerte, alejándolo del Principio, del Dios creador. Según los comentaristas que vamos siguiendo, este alejamiento es lo que ocurre a Aquiles en el preciso momento anterior a la Epifanía de Atenea: el héroe dominado por el thymos, se precipita sobre su espada, nublada su facultad de razonar por el furor que anida en su pecho. En este momento aparece Palas Atenea, la diosa guerrera de los grandes ojos, para cambiar la dirección que gobierna sobre Aquiles. La diosa apacigua el acaloramiento de su corazón, haciéndolo depender del poder de la razón, del alma divina.

Los comentaristas describen esta transformación, producida por la Epifanía de Atenea, de la manera siguiente; Heráclito, el rétor dice: [Atenea] le arranca de la embriaguez de la ira y le restituye a un estado mejor. Este cambio operado en él gracias a la razón es lo que en los poemas homéricos, con toda justicia, se identifica con Atenea. Casi puede decirse que la diosa no es sino una denominación de la inteligencia (nous) […]. Tras las llamaradas de cólera de Aquiles, aparece la diosa como un remedio para apagar el mal: Tomó al Pelida de la rubia cabellera (II. 1, 197).Durante el tiempo en el que Aquiles es presa de la cólera, el thymos está alojado en su pecho, pues, mientras desenvaina su espada, dentro de su velludo pecho, su corazón se debatía entre dos alternativas (II. 1, 189). Pero, cuando el furor se apacigua, y la facultad de razonar va poco a poco apoderándose de él, que estaba ya en trance de arrepentirse, la cordura comienza a tomar posesión de su cabeza.

Pseudo Plutarco comenta el sentido alegórico de la escena resumiendo la interpretación tradicional que estamos estudiando; dice así: El alma consta, como también es opinión de los filósofos, de una parte racional, con sede en la cabeza, y otra parte irracional, y a su vez ésta de una parte irascible, con sede en el corazón, y otra concupiscible, con sede en el vientre. Pues bien, ¿no fue Homero el primero que captó su diferencia, cuando a propósito de Aquiles representó en lucha su parte racional con la cólera y simultáneamente reflexionando sobre si vengarse de quien le había vejado o hacer cesar su cólera? «Mientras tales pensamientos revolvían en su mente y en su corazón» (II, 1, 193), esto es, la razón y su opuesto, la ira del corazón, sobre la que representó triunfante la razón, esto es lo que significa desde su punto de vista la Epifanía de Atenea».

La metamorfosis que transforma a Aquiles se produce tan sólo gracias a la intervención de Palas Atenea; debemos tenerlo muy en cuenta, ya que, a menudo, al interpretar profanamente los textos clásicos, se suele confundir la acción del alma racional con un interés y un producto propio y exclusivo del hombre, en el que los dioses no son sino invenciones inexistentes que representan diferentes aspectos de la psicología humana. La razón de la que hablan los comentaristas de Homero pertenece a Dios, es como hemos visto, diferente, esencialmente, del alma irracional. El cambio de Aquiles no es posible sin la manifestación de la divinidad, de la diosa de la sabiduría. Platón explica la etimología de Atenea como Theonoa, esto es, ‘el nous de Zeus’ o bien ‘la inteligencia divina’.

La inspiración que, proveniente del cielo se manifiesta a Aquiles y que sólo él recibe, es el suplemento del nous divino que el hombre necesita para acercarse a la morada de los dioses. Dicho suplemento, que viene del cielo por orden de Hera, es lo que despierta la parte divina que existe en cualquier hombre, pero que sin esta ayudo permanece impotente. Es el Alma del Mundo, el Espíritu Santo de los cristianos, que viene a socorrer y a guiar al hombre hacia la divinidad. Los pitagóricos decían que Atenea era el número siete, el número del Alma del Mundo, del Espíritu Santo, llamado en la liturgia: septiformis munere.

Así pues, la Epifanía de Atenea parece referirse a la iniciación  de aquél que puede contemplarla y recibir su nous. Entonces, el hombre ya no depende de los astros y de la fatalidad, sino que es conducido por el Buen Pastor. El cambio que se produce en Aquiles es realmente una conversión, lo que los hebreos llaman techuvah y los griegos metanoia, que se traduce equívocamente en un sentido moral por ‘arrepentimiento’, ‘penitencia’, ‘pesar’. La metanoia sería el cambio del pensamiento rector, girarse hacia el otro lado, encontrar el nous.

Cuando, por la iniciación de Atenea, el nous gobierna en el hombre, se engendra la virtud; al contrario, si es el alma irracional la que domina, como en Aquiles antes de la Epifanía de Atenea, entonces se engendra el vicio, se trata de la misma fuerza según ésta suba o baje; así lo explica Salustio: El alma irracional es la vida sensitiva e imaginativa, mientras que el alma racional es la vida que gobierna sobre la sensibilidad e imaginación y que se sirve de la razón. El alma irracional depende de las pasiones corpóreas, ella desea y se irrita irracionalmente, mientras que el alma racional con la razón desdeña el cuerpo, y, entablando combate contra el alma irracional, si vence, engendra la Virtud, pero, si es vencida, engendra el Vicio.

Porfirio expresa lo mismo con las siguientes palabras: La diferencia entre el hombre virtuoso y el malvado parece consistir en que el uno tiene en todo lugar el razonamiento a su lado como dominador y regulador del elemento irracional y el otro realiza la mayoría de sus actos omitiendo en todos ellos el reconocimiento y la cooperación de la razón. Por ello el uno se denomina irracional y llevado por la irracionalidad y el otro razonador y dominador de todo elemento irracional.

Hermes Trismegisto describe esta pelea entre el alma divina –recordemos que los griegos se refieren siempre a la razón divina y no humana- y el alma irracional como sigue: Empieza una lucha de uno [el alma racional] contra dos [las parte irracionales], la primera procurando huir, las otras empujándola hacia abajo; gran discordia y combate se derivan de ello entre estas partes, la primera queriendo escapar, las otras esforzándose por retenerla. Que venza la primera o las otras no es lo mismo, pues la primera tiende al bien, las otras habitan la región del mal; la primera suspira por la liberación, las otras aman la esclavitud. Si las dos partes [del alma irracional] han sido vencidas, permanecen confinadas en sí mismas, privadas incluso de la compañía de la parte rectora; pero si el alma racional ha perdido, es llevada, conducida en cautividad por las otras dos y encuentra su castigo en la vida que lleva aquí abajo. He aquí, hijo mío, tu guía para la ruta hacia lo alto. Es preciso, antes de alcanzar el final, abandonar el cuerpo, vencer el combate de la vida y, una vez vencedor, empezar la ascensión.

La virtud, en el sentido hermético, que es el que nos interesa, está lejos de ser un concepto moral, es decir, el feliz aunque doloroso cumplimiento de unos preceptos o de unas prohibiciones, es decir, el triunfo de la razón, gracias a nuestra voluntad, sobre el alma irracional. Pero es obvio que si esta razón no viene directamente del Espíritu Santo, nunca dejará de ser una razón exclusivamente humana. La virtud, según el profundo pensamiento de Homero y los siete sabios griegos, es el alma irascible que sigue las órdenes de la razón incorporada en el hombre por la visita de Palas Atenea; entonces la fuerza del alma irascible sirve para la ascensión del alma divina hacia su fuente originaria; es el hombre erguido. Escribe M. Pselo comentando los antiguos Oráculos caldeos: El alma irracional, que es imagen del alma racional, purificada en su vida por la Virtud, asciende al lugar supralunar.

El thymos purificado en la virtud se convierte en el camino ascendente, como el humo del incienso (recordemos la etimología del thymos que hemos visto), por medio del cual el alma divina, caída en lo profundo del hombre retorna hacia el cielo. La Epifanía de Atenea convierte la cólera en amor. Proclo, en su Himno a Atenea Sapientísima, le pide: Da a mi corazón tanto amor como sea necesario para que pueda de lo más profundo de los abismos terrenales retornar de nuevo al Olimpo, morada del Padre lleno de bondad.

En el proceso de la caída y la regeneración del hombre, Palas Atenea cumple la función de ayuda para que el héroe pueda retornar a su patria original. Olimpiodoro resume este peregrinaje, motivo de todos los misterios antiguos, de esta brillante manera: A modo de Core, el alma desciende al génesis; a modo de Dionisos es dividida por el génesis; a modo de Prometeo y de los Titanes, es atada al cuerpo; pero teniendo la fuerza suficiente, a modo de Heracles, ella se libera; filosofando realmente de forma pura, se recompone gracias a Apolo y a Atenea la Salvadora; y vuelve a subir con Deméter hacia sus propias causas.

Atenea conduce el alma hacia sus propias causas; sus atributos y epítetos lo manifiestan claramente, ya que es a la vez diosa de la guerra y diosa de la sabiduría.  Por su carácter guerrero vence al viejo vicio y conduce a sus héroes queridos hacia la victoria de la nueva virtud, transformando el thymos colérico en un thymos de amor, subyugado a la razón; en los ‘Himnos órficos’ es llamado gorgonicida, pues ayudó a Perseo a matar a la temible Gorgona.

Atenea es también la diosa de la Sabiduría, cosa que se significa en el mito por su nacimiento de la cabeza del Padre Zeus; para los antiguos, el nacimiento de la Sabiduría se produce en el pecho del hombre y al igual que la voz, que sale por la cabeza, a ella se la llama «nacida de la cabeza», gracias a la intervención de Hefaistos.

Esta voz nacida en el corazón (recordemos que el thymos tiene su asiento en esta parte del cuerpo) y manifestada y expresada en la cabeza es, sin lugar a dudas, la palabra verdadera del Sabio.

Palas Atenea, en su doble vertiente de diosa de la guerra y de la sabiduría, resume el sentido fundamental de la filosofía de los pitagóricos. Heriocles, lo confirma al comentar los Versos dorados de PitágorasLa filosofía tiene por finalidad purificar la vida humana y conducirla a su fin. La purifica liberándola de los desórdenes confusos de la materia y de las pasiones de los cuerpos mortales; la conduce a su fin haciéndole reencontrar la pura felicidad a la que es susceptible, dándole la semejanza de los dioses. La Verdad y la Virtud son los medios particularmente eficaces para obtener, por una vía natural, este doble resultado: la Virtud, reprimiendo los excesos de las pasiones, y la Verdad, dando, a aquellos que se preparan convenientemente, la posibilidad de recuperar la forma divina.

El auténtico filósofo es quien posee la virtud y la verdad, quien ha actualizado en su propia encarnación el mito de Atenea, es decir, quien ha realizado la plenitud de la obra hermética. La sabiduría es inseparable del hombre. El retorno del nous a su origen, la divinización del hombre, significa la actualización del mito.

Los poemas de Homero, sus divinas palabras, explican alegóricamente la regeneración del hombre, que es lo mismo que la realización del magisterio de los sabios alquimistas. El autor de la ‘Concordancia mito-físico-cábalo-hermética’ describe esta realización utilizando el mito del nacimiento de Atenea; escribe lo siguiente: Baco [Dioniso], que salió del muslo de Júpiter [Zeus], unido a Minerva [Atenea], que salió del cerebro de este Dios Todopoderoso por obra de Vulcano [Hefaistos] o fuego central, forman la quintaesencia milagrosa cuyos efectos colocan al Sabio por encima de la naturaleza humana.

El nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus esconde un misterio del que los auténticos filósofos han hablado muy poco; sin embargo, hemos encontrado algunas alusiones a una enigmática Hija de los Sabios que parece tener relación con la hija de Zeus. El Cosmopolita habla del resultado de su Obra citando la ‘Aurore apparaissante’y dice: Ella [la Piedra] es la hija de los Sabios, que tiene en su poder la autoridad, el honor la virtud y el imperio […]. ¡Oh, feliz Ciencia!, ¡Oh, feliz Sabio!, pues quien la conoce posee un tesoro incomparable, porque es rico delante de Dios y honrado por todos los hombres.

En la tradición cabalística encontramos también a esta misteriosa hija cuando se explica que Abraham, cuyo nombre significa «padre-elevado», tuvo una hija llamada Ba-col, un nombre que puede traducirse por ‘en-todo’, ya que en ella, él tenía todas las riquezas y todas las bendiciones. Algunas veces también se la llama Bat-Rochi, que significa ‘hija-de-mi-cabeza’.

Fuente original: arsgravis

 

Deja un comentario

Archivado bajo Reflexiones Metafísicas

El triunfo de Homero

Homero

La Odisea de Homero ha sido votada como la historia más influyente que ha dado forma al mundo, según una encuesta a más de 100 autores, académicos, periodistas y críticos internacionales realizada por la BBC británica.

La Odisea es, en parte, una secuela de la Ilíada, la otra gran obra atribuida a Homero, y es la segunda obra más antigua existente en la literatura occidental.

Los estudiosos creen que la Odisea fue compuesta a finales del siglo VIII a.C. en algún lugar de Jonia, la región costera griega de Anatolia.

El poema se centra principalmente en el héroe griego Odiseo, rey de Ítaca, y en su viaje a casa después de la caída de Troya. Odiseo tarda una década en llegar a Ítaca después de diez años de guerra en Troya.

Al explicar por qué ha votado por La Odisea de Homero, Natalie Haynes, escritora y locutora del Reino Unido, ha dicho:

“Porque es uno de los grandes mitos fundacionales de la cultura occidental, porque se pregunta qué significa ser un héroe, porque tiene grandes personajes femeninos, así como hombres, porque está lleno de dioses y monstruos y es propiamente épico y porque nos obliga a cuestionar las suposiciones que podríamos tener sobre las misiones, la guerra y el tema siempre actual de lo que significa el retorno a casa”.

Bethanne Patrick, editora colaboradora de Lit Hub, ha añadido: “Creo que el viaje de Odiseo definió una vena de individualismo particular de la cultura occidental que ha llevado a muchos cambios en el mundo, buenos y malos”.

Las 10 mejores historias son:

  • La Odisea (Homero, siglo VIII a.C.)
  • La cabaña del tío Tom (Harriet Beecher Stowe, 1852)
  • Frankenstein (Mary Shelley, 1818)
  • 1984 (George Orwell, 1949)
  • Todo se desmorona (Chinua Achebe, 1958)
  • Las mil y una noches (varios autores, siglos VIII-XVIII)
  • Don Quijote (Miguel de Cervantes, 1605-1615)
  • Hamlet (William Shakespeare, 1603)
  • Cien años de soledad (Gabriel García Márquez, 1967)
  • La Ilíada (Homero, siglo VIII a.C.)

 

Para saber más sobre la Odisea os invito a que leáis: Ulises, más allá del mito

Deja un comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Ultraje a los clásicos griegos

Tras 24 horas de espectáculo en que 27 artistas bailaron, sufrieron y durmieron, cuestionando casi todas las reglas narrativas del arte del teatro, la expectación en Madrid era máxima. La obra «Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy», en la que el director Jan Fabre intenta reconstruir la cara más oscura de la tragedia griega en una abrumadora puesta en escena, desató la polémica por las continuas escenas sangrientas, bacanales de sexo explícito y violencia implícita a través de los eternos monólogos en los que sus protagonistas hablan, por ejemplo, de sacar los ojos y asesinar a sus hijos, todo ello entremezclado con coreografías obscenas. Para ampliar la información: abc

Así empezó mi semana. El corazón se me hizo un nudo, sin más. Sentí vergüenza profunda. Nuestra cuna, nuestra civilización, nuestra cultura occidental fue ultrajada, violada, denigrada, mancillada y desacreditada. ¿Por qué? Porque hay que vender y lo que se demanda  hoy día es basura, mentira, inmundicia, excremento e impureza. Pero, ¿por qué la sociedad consume esa basura? Porque la actual sociedad está invertida y las personas están carentes de valores, de ética, de pureza, de conocimiento, de sabiduría…Nuestra brújula,  en lugar de orientarnos hacia adentro, está educada hacia lo superficial y lo material, rigiéndonos por sentimientos frívolos, de desenfreno, de lujuria,  donde el caos devora, sin tapujos, la verdad. ¿Por qué se elige a los griegos y no a otra cultura?

Sófocles

Los clásicos nos humanizan: desde Homero a Cervantes. Ellos fueron los que nos libraron de la miseria y de la barbarie. Los clásicos se encargan de los grandes temas de la humanidad: la vida, la muerte, la corrupción, la ambición, el amor, el destino, el miedo. Han dado respuestas a nuestros interrogantes, siendo nuestro refugio, nuestra insignia, el referente humanístico del hombre. Otra característica de los clásicos es que son eternos. Sin embargo,  los mejores Best Sellers, con relatos y reseñas históricas clásicas, tienen fecha de caducidad. También nosotros tenemos  fecha de caducidad y nadie hablará de nosotros después de muerto. Homero, Sófocles, Eurípides, entre otros ilustres literatos, siempre estarán con nosotros, porque esa luz eterna nadie la va a cubrir de mierda, ni mucho menos 24 horas de espectáculo bochornoso, vergonzoso, totalmente opuesto al mundo clásico. Homero no se hizo rico, Cervantes tampoco. Ellos cambiaron el éxito fugaz de la basura superficial del mundo por la eternidad, por la verdad, por la belleza, por ser los hilos conductores de la sabiduría.

Se elige a los griegos porque vivimos en una sociedad ignorante que no se ha leído a Homero, a Sófocles, a Eurípides, a los grandes clásicos de la literatura griega y es mucho más fácil de controlar al rebaño de zombis para conducirlos al establo de nuestra demacrada y sucia sociedad. Desgraciadamente, los familiares de las grandes obras trágicas no están para denunciar estas basuras de obras que se crean. ¿Quién defiende nuestra cuna? Afortunadamente nuestra cuna cultural clásica se defiende sola porque es eterna, es inmortal, es imperecedera, es indestructible. Los únicos mortales, míseros, perecederos, infelices, desdichados somos nosotros.  Nuestra barbarie tendrá algún día fin. Es lo que me alivia.

La  cultura de nuestra sociedad está tan contaminada como el poder. Al poder no le gusta que sus ciudadanos sean libres, cultos, autónomos y críticos. El poder se ha casado con la cultura,  siendo la política globalizadora  su estafadora mecenas, y el resultado final es que la cultura de hoy día está podrida, al igual que los ciudadanos que beben como burros de la fuente de la ignorancia. Así es el actual sistema. La cultura de hoy busca a consumidores pasivos, personas sin cerebro y con un alma vacía de sensibilidad y piedad. El poder quiere rehacer la cultura clásica. Es como si pretendieran derruir una escultura de Miguel Ángel y usar los cascajos  para levantar otra. El poder le da igual que se pierda obras únicas e irrepetibles, quieren moldear las suyas propias y hacernos ver que son las verdaderas. Así está montado el circo de nuestra sociedad. Nuestros valores  están siendo extirpados desde la raíz. ¡Por eso se ataca al mundo griego!

El fruto de la cultura griega es rico, bello, limpio, hermoso, variado…pero preferimos consumir literatura basura, programas de televisión sensacionalistas, revistas de folletines y seguir bajo el dominio del poder actual. Perdonadme, pero yo no nací para  seguir a las masas. Mi camino va por otro cauce diferente a la inmensa mayoría.

No hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción. (Johann W. Goethe)

Otros artículos relacionados con la sociedad-basura actual en los que doy mi opinión son:

2 comentarios

Archivado bajo Reflexiones Metafísicas

La Estigia

Esta brota sólo de aquella roca, como gran castigo para los dioses. El que de los inmortales que habitan la cumbre del nevado Olimpo, vertiéndola, hace un falso juramento, yace tendido sin aliento hasta que se cumple un año; y no puede acercarse a la ambrosía, néctar ni alimento alguno, sino que yace sin respiración y sin voz en revestidos lechos, le cubre un sopor maligno. Luego, cuando termina la gran enfermedad al cabo de un año, otra prueba más difícil sucede a la anterior. Está apartado de los dioses que siempre existirán durante nueve años, y no asiste nunca al consejo ni a los banquetes durante nueve años; al décimo, de nuevo interviene en las asambleas de los inmortales, que habitan las mansiones del Olimpo. Pues tal juramento lo hicieron los dioses por el agua imperecedera de la Estige dice según algunos. Hesíodo en la Teogonia (792-805)

Gustave Doré: La travesía del Estigia (La Traversée du Styx, 1861).

La Estige, igualmente río de los Infiernos, se presenta después del Aqueronte a los que llegan a los lugares inferiores; diferentes autores creyeron que ella nació de distintos padres. Así, Hesíodo en la Teogonía (776-9) cuenta que la Estige nació de Océano en estos versos: La terrible Estige, hija mayor de Océano, que fluye en sí mismo. Lejos de los dioses habita un espléndido palacio, con techo de grandes rocas, con columnas de plata alrededor de toda ella fijadas hasta el cielo.

 En la Teogonía de Hesíodo la ninfa Éstige aparece como la hija de Tetis y de Océano, pero en general, Éstige aparece identificada con uno de los ríos del Tártaro; es la corriente tenebrosa que amenaza a los violadores de los juramentos. Según cuenta otra versión, Éstige fue la primera gran aliada de Zeus en su batalla contra los Gigantes y agradecido Zeus por su fiel colaboración hizo a Éstige la guardiana absoluta de los juramentos solemnes. De esta manera, Éstige se ocupaba  tan sólo de los juramentos de los dioses. Según Hesíodo, Éstige habita lejos de los dioses en un palacio que coronan rocas elevadas, sustentado por columnas de plata. De tarde en tarde recibe la visita de Iris, la mensajera de Zeus, que viene a buscar el solemne juramento de los dioses; esto supone que hay un conflicto entre los inmortales y Zeus decide resolverlo sometiendo a juramento a los querellantes. Según la tradición Iris recoge agua del manantial helado de Éstige y la lleva al Olimpo en una jarra de oro. Aquel de los dioses que utilice este líquido mágico para apoyar un perjurio sufrirá un castigo terrible: durante un año se verá privado de la respiración y tampoco tendrá acceso al néctar ni a la ambrosía; en los nueves años siguientes habrá de vivir lejos del Olimpo, sin participar en sus asambleas no en sus banquetes.

“¡Hombres ignorantes, ofuscados para prever el destino de lo bueno y lo malo que os acucia. También tú,
efectivamente, por tus insensateces has causado un desastre irreparable. Sépalo, pues, el agua inexorable de
la Estigia, por la que los dioses juran. Inmortal y desconocedor por siempre de la vejez iba a hacer a tu hijo, e
iba a concederle un privilegio imperecedero. Mas ahora no es posible que escape a la muerte y al destino
fatal” (Himno a Deméter)

 Homero en el libro V (184-6) de La Odisea reitera la idea desplegada por Hesíodo: Ahora sepa esto la tierra y el ancho cielo desde arriba y el agua que huye de la Estige, éste es el mayor y más temible juramento para los dioses bienaventurados.

Platón en el Fedón (113b-c) demostró no sólo de qué modo fluye la Estige en los infiernos sino también qué color tiene; El cuarto cae primero en un lugar terrible y agreste, según se dice, con un color en total como el lapislázuli al que llaman Estigio; y a la laguna, que forma el río al desembocar, Estige. Este río, puesto que fluye bajo tierra y tiene un agua muy desagradable, se consideró que bajaba hasta los infiernos y que era el río de los lugares inferiores, el que por lo desagradable fue llamado Estige, como si fuera stygeros, lo que para los griegos significa odioso. Se dice que en este río así como había otros muchos seres monstruosos, así también peces delgados hasta tal punto que parecían semejantes a sombras de peces más que peces, según dice Pausanias en Los asuntos de Fócide (X 28,1). Aquí eran negros todos los animales y negras las ranas, como dice el poeta (Juv. II 149-51): Hay algunos manes y los reinos subterráneos y la pértiga y negras ranas en el torbellino estigio y tantos miles atraviesan el vado en una sola barquilla.

Es muy común también encontrar referencias sobre la Estigia en los epigramas funerarios griegos:

Si el cruel destino permitiera redimir las almas y la salvacion

de otros pudiera ser rescatada con la muerte, todos

los dias que mi vida tiene destinados de buen grado los

 daria a cambio de tu vida, Homonea querida. Mas ahora,

en lo que pueda huire de la luz y de los dioses, para

seguirte a la laguna Estigia cuando la muerte me llegue a su

debido tiempo.

 Para terminar, y como dato curioso, en las frías aguas de la Estigia había bañado Tetis a su hijo Aquiles para hacerlo invulnerable.

 

BIBLIOGRAFÍA
Diccionario de mitología griega y romana (Lexicon)
Enciclopedia ilustrada de mitología (Grandes Temas)

Enlaces de interés sobre la misma temática:

Deja un comentario

Archivado bajo Mitología