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Homero: ¡Presente!

El espectáculo que la compañía de teatro “El aedo” ofreció el pasado 28 de julio en Granada (España) fue una pesadilla, un horror, una gran mentira, un montaje hecho al estilo de los programas reality show que arrasan en los medios, porque son productos comerciales y vacíos que sólo aportan basura a nuestra sociedad perjudicando seriamente la salud cultural. La compañía de teatro lapidó a Ulises con miserias, mentiras, calumnias y trapos sucios;  invirtió los simbolismos de Homero, referente de la cultura griega.

Ulises atado al mástil de su barco tratando de vencer la atracción de las sirenas. Cuadro de Leon Belly Las sirenas (Museo de l’Hotel Sandelin, Saint Omer, Francia).

El mundo homérico tiene una forma de ver la verdad que ha llegado a nosotros  convirtiéndose en una tradición poética, en parte por reflejar su sociedad, no tan distante y lejana como podemos creer. En Homero, por ejemplo, se puede destacar las relaciones del hombre con la naturaleza, del hombre con el hombre, del hombre con dios, donde la ética, la moral y la psicología son las herramientas fundamentales del hombre para posicionarse ante la vida. Nuestro mundo, tal como se ve hoy día, está desequilibrado, desmoralizado, desestructurado y hay una carencia de valores humanos en cada rincón de la tierra. Así son los dioses homéricos, que se presentan en el mundo real tal como los vemos, con sus objetivos irracionales y sus intervenciones más bien erráticas. Homero  ha llegado a nosotros porque nos muestra, en cierto modo, la verdad, una verdad con la que yo me identifico plenamente y que trato de ensalzar y a la vez de desmenuzar.

¿Qué se aprende con Homero? Con Homero se aprende un camino: el hombre tiene que ser fiel a sí mismo, sin más.

De la obra de Homero emana una sabiduría que llama poderosamente la atención: una crítica a una sociedad y una comprensión de esta. Homero  nos presenta la cruda realidad tal como es, no acorde con nuestros deseos y sueños que anhelamos diariamente. Por eso, nosotros, como lectores, como observadores de la vida, de la naturaleza, de nuestro entorno,  debemos usar la inteligencia (Nous) en su más alta esfera porque las exigencias de la vida son tal como nos las presenta Homero. Por eso, hay que penetrar dentro de dicho pensamiento para discernir el papel que el hombre juega en esta vida.

La compañía de teatro El aedo le puso una máscara al Ulises de Homero con trapos sucios de Sófocles y Píndaro.

En la obra que vi,  los valores homéricos quedan adulterados, falseados, impuros y manipulados, además de mezclados con otros ingredientes que no corresponde con la magna obra de Homero. Por ejemplo la alusión a Sófocles que trató la muerte de Ulises en Ulises herido, de la que sólo se han conservado algunos fragmentos. En esta obra, Telégono, el hijo que Ulises había tenido con Circe llega a Ítaca y mata a su padre ignorando su identidad. Telélogo se casa con Penélope y Telémaco con Circe. Mi pregunta es: ¿Por qué no se han escogido a  los estoicos que proponen a Ulises como ejemplo de buena conducta? Es «el héroe paciente» por excelencia. Horacio celebra la templanza de Ulises (Epístolas, 1,7) y Séneca su prudencia (Cartas a Lucilo, XX, 123). ¿Por qué no se destacó esas virtudes? ¿Por qué caricaturizar de manera mísera a  Ulises? Homero y Ulises son una bella enseñanza para la vida de hoy, una forma de conciencia para superar el fracaso, no una pesadilla donde no se  nos muestra salida alguna. Ya tenemos suficiente con lo que se ve en los medios de comunicaciones manipuladores y corrosivos para ahora manipular al Ulises de Homero. Ulises no es un mediocre, no es un barrio bajero sin compasión, no es el hombre “de las mil mentiras” como se quisó vender en la obra de teatro. Ulises es luz, un faro que ilumina desde un extremo de la civilización humana hasta el opuesto. Pero el Ulises de la versión de la compañía de teatro tiene el alma oscura y los sentimientos opacos:  muestra la cara ácida de la antigua Grecia; para mi Ulises es luz, no es un muerto viviente como pasa hoy en nuestra sociedad que se dirige en masa uniformada sin reflexionar sobre la vida. ¡Ulises es reflexivo e intuitivo!

La compañía no sólo invirtió los valores de la cultura griega sino que fue más allá: violaron  la mitología, el mito. Fue tal bajeza que ya mi indignación fue máxima. Destriparon los pasajes de Homero explicando empíricamente los mitos de Circe, Calipso, Polifemo, las Sirenas…Ningún hombre debería tratar de obtener beneficio a costa de la ignorancia de otra persona. Cicerón  (106 AC-43 AC).

El error de la compañía teatral fue querer interpretar  los mitos de Ulises de manera racional y lógica:  Homero utiliza el mito de manera alegórica. El mito es uno de los fenómenos culturales que más directamente ha influido sobre el pensamiento del hombre y su conciencia. Han llegado a nosotros porque tienen la peculiaridad de responder a las preguntas más profundas que una comunidad científica o religiosa pueda plantearse. Detrás del mito hay una respuesta a los orígenes del hombre, a su destino  y a todos los elementos que envuelven nuestro entorno, a las estructuras fundamentales de la existencia, el mundo con todos sus movimientos sociales y políticos. Detrás del mito se esconden realidades transempíricas, intuiciones (a través del simbolismo) y metafísicas. La compañía se cagó en el mito y borró toda huella de simbolismo trascendente y dicha lectura sobre el mito y los mitos son reflejos de una mentalidad manipuladora, tóxica, depredadora e inculta.

Homero

Homero, ¡Presente!

 

 

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La religión griega en Homero y Hesíodo

La religión griega es un tema con el que estamos obligado a pensar no sólo en  la religión, sino también en la política, la antropología, la historia, la moral y la vida cotidiana. Para el griego, la religión era una experiencia más que un dogma, es decir, una forma de vida intrínseca que empieza justo cuando el individuo nace y termina cuando muere. Todo este proceso conlleva a que brote la conciencia individual y esa experiencia misma no se puede describir si no es a través del lenguaje ritual, el lenguaje mítico y el lenguaje conceptual, que son, a la vez, su expresión y su instrumento.

Hay que destacar que la religión griega no fue prescrita al pueblo por una fuerza exterior ni por una revelación sagrada, sino más bien nace de la fantasía del pueblo, originaria de sus supersticiones, miedos y temores. En otras palabras: la comunidad no tiene libros sagrados, ni dogmas ni tampoco levantan una iglesia con su jerarquía. La única finalidad es la de  encumbrar templos para rendir culto a una divinidad y a través del mito, transmitir el significado natural de los hechos que rodean al hombre.

Homero

Más adelante, Homero y Hesíodo modelan las fuerzas de la naturaleza de los demonios primitivos de manera antropomórfica, convirtiéndolos en dioses maravillosos, leyendas que unen a los hombres y a los dioses. Aunque hay un desprendimiento de los demonios primitivos, siguen siendo fuerzas naturales. Ambos autores fueron los transmisores de la religión griega, del canto épico, de los himnos, recabando las fantasías populares de los campesinos, así como la tradición religiosa de los distintos pueblos, los cultos a la naturaleza, etc. Fueron los rapsodas, poetas, primeros maestros de la lengua griega, los creadores del dialecto épico, sintetizando con ello la base de todas las leyendas, mitos y héroes.

El mundo homérico tiene una forma de ver la verdad que ha llegado a nosotros,  convirtiéndose en una tradición poética, en parte por reflejar su sociedad, no tan distante y lejana como podemos creer. En Homero, por ejemplo, se puede destacar las relaciones del hombre con la naturaleza, del hombre con el hombre, del hombre con dios, donde la ética, la moral y la psicología son las herramientas fundamentales del hombre para posicionarse ante la vida. Nuestro mundo, tal como se ve hoy día, está desequilibrado, desmoralizado, desestructurado y hay una carencia de valores humanos en cada rincón de la tierra. Así son los dioses homéricos, que se presentan en el mundo real tal como los vemos, con sus objetivos irracionales y sus intervenciones más bien erráticas. Homero y Hesíodo han llegado a nosotros porque nos muestran, en cierto modo, la verdad, una verdad con la que yo me identifico plenamente y que trato de ensalzar y a la vez de desmenuzar.

¿Qué se aprende con Homero y Hesíodo? Con Homero y Hesíodo se aprende un camino: el hombre tiene que ser fiel a sí mismo, sin más.

De la obra de Homero emana una sabiduría que llama poderosamente la atención: una crítica a una sociedad y una comprensión de esta. Homero  nos presenta la cruda realidad tal como es, no acorde con nuestros deseos y sueños que anhelamos diariamente. Por eso, nosotros, como lectores, como observadores de la vida, de la naturaleza, de nuestro entorno,  debemos usar la inteligencia (Nous) en su más alta esfera porque las exigencias de la vida son tal como nos las presentan Homero y Hesíodo. Por eso, hay que penetrar dentro de dicho pensamiento para discernir el papel que el hombre juega en esta vida.

Hesíodo

Homero y Hesíodo, entre otros, eran los sabios de la época arcaica, poetas que hacían de magos, de videntes, presentándonos mundos irreales e imposibles de entender a través de los sentidos, pero ellos consiguen con su gran maestría que nos lo creamos, porque ese mundo irreal, mítico, casi surrealista, que nos presentan es para nosotros una forma de ver la realidad y de reconciliarnos con ella.

¿Cuál es su llave maestra para hacernos creer en ese mundo? El mito. El mito es la expresión (vehículo) simbólica de algo que está más allá. Ambos poetas crearon la teogonía y cosmogonía, dando como producto final la visión de todo el pueblo, en moral y ética.

Por lo tanto se crea una teogonía y una cosmogonía fiel al pensamiento griego. No es de extrañarnos: cada pueblo indígena se encuentra el mismo ideario sobre la creación del hombre, su destino y la formación del universo. Esto se debe a que la naturaleza humana siente una necesidad profunda de encontrar una justificación de todas las cosas. De hecho, Rodas y Creta, por ejemplo, tenían también su propia teogonía; Eleusis y Samotracia eran fuentes de misticismo.

Dioses

La idea principal es que los dioses no existen desde siempre, no han creado el mundo, han surgido del seno oscuro de las fuerzas naturales; los elementos engendran al dios, por ejemplo, el Ponto crea a Nereo, los hombres no han sido creados por los dioses. Los dioses han nacido pero no mueren. Se alimentan de ambrosía, néctar y humo (el que sube de los altares cuando se realizan sacrificios). Por sus venas no corre sangre, sino un líquido especial: el ícor.

Los dioses son fuerzas no personas. El pensamiento religioso organiza y clasifica estas fuerzas; distingue varios tipos de poderes sobrenaturales con su propia dinámica, su modo de acción, sus dominios y sus límites. Cada divinidad tiene su nombre, sus atributos, sus aventuras. Además, son antropomórfico, es decir, a la divinidad se le atribuyen la apariencia y las cualidades del hombre, porque consideran que la figura más bella es la humana, Aunque los dioses sean invisibles para el hombre, éstos se manifiestas de manera indirecta: disfraces, sueños, fenómenos atmosférico (lluvia, trueno…), animales (cisne, toro…)

Los dioses simbolizan la eterna juventud, llevan una vida fácil, teóricamente son omniscientes, prevén el futuro pero no pueden desviarlo, dominan a los hombres y a la naturaleza, pero  la única fuerza que se les escapa es el destino. Por ejemplo, dirigen la guerra de Troya, Zeus conoce de antemano la caída de Troya, pero no puede evitar el destino de su hijo Sarpedón: su muerte. Cada dios elige un bando, pero ¡ojo!, del mismo modo que el hombre depende de los dioses, los dioses también dependen de los hombres. Deméter (disfrazada de anciana) le pide ayuda a los vecinos de Eleusis y éstos le dicen quién raptó a su hija Perséfone. Los hombres intervienen en los conflictos de los dioses, por ejemplo, con el asunto de la manzana de la discordia, en el que Paris decide quién es la más bella.

En definitiva, la religión griega hace algo más que amparar la vida cívica del ciudadano griego, cala cada uno de sus gestos desde que nace hasta que muere. Otra peculiar seña de identidad es que no conocen  la diferencia, que a nosotros nos resulta familiar, entre lo sagrado y lo profano, el ámbito religioso y el ámbito laico. Esas distinciones no tienen sentido para el ciudadano griego ya que la mayoría de sus actos humanos tienen una dimensión religiosa en la cual la comunidad vibra en una perfecta sintonía.

Enlaces de interés

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El origen de los démones

La sociedad griega es totalmente opuesta a la nuestra y los términos que nosotros usamos hoy día no tienen nada que ver con los de la época griega. Por ejemplo, la función de la religión de nuestra época está secularizada a nivel social; en la sociedad griega la religión está inserta en todos los campos de la vida pública, social y política. Igualmente, el término démones (demonios) ha ido cambiando a lo largo de los diferentes periodos de la literatura griega. Para entender las variantes que ha adoptado dicho término debemos remontarnos a la religión prehelénica, minoica y micénica donde la naturaleza cobra un cariz notable al representar los fenómenos atmosféricos (lluvia, trueno, etc) como demonios, fuerzas que dominan la naturaleza y al hombre y a la que hay que respetar. Asimismo, el sol, la luna, los ríos, el mar, las estrellas, representan démones que guían el curso de la vida del hombre.

Hesíodo

Después, en Los trabajos y los días de Hesíodo se cuenta el relato de las cinco edades del mundo (v. 109-201). Es en la edad de oro donde los hombres vivían como los dioses, sin saber lo que eran las enfermedades ni la vejez, sin conocer el sufrimiento ni el hambre. Eran, pues, hombres ricos y poderosos. Tras llegar la inevitable muerte,  los hombres de la edad de oro morían vencidos por el sueño y eran  depositados en la tierra, por voluntad de Zeus, como demonios benignos y, concretamente, como demonios que moraban sobre la tierra, convertidos en guardianes de los hombres, que acompañaban y guiaban entre ellos, sin ser vistos, envueltos en nubes, observando la justicia y la injusticia y repartiendo la riqueza, como reyes. Así pues, los hombres de la generación de oro eran entes protectores, que no van al más allá, a otro plano, sino que moraban y actuaban sobre la tierra con los vivos. Hesíodo le da el nombre de “démones”.

Por otra parte, Daimon es sinónimo de Theos (Dios), pero en Homero y en Hesíodo se refiere a los dioses o a la divinidad, en general. Por ejemplo: Cuando Homero dice de Licaón que un dios “lo lanzó en las manos de Aquiles” (Ilíada XXI, 47), no se refiere a un dios en concreto, sino a un demonio (daimon). En Homero la palabra daimon se aplicaba a los dioses en cuanto poder indefinido; sin embargo Hesíodo es el primero en referirse con esta palabra a divinidades menores (Trabajos y días v. 123).

Por lo tanto, los démones de Hesíodo no actuaban como seres intermedios entre los dioses y los hombres. Eran concebidos como seres inmortales y que moraban en un plano intermedio,  participando de la acción invisible y la vida eterna de los dioses. En Homero, el demonio ejercía sobre la humanidad una acción bienhechora o funesta (Ilíada, XV, 418, 468; XXI, 93). De aquí surgió el término  polidemonismo, es decir, la creencia en muchos demonios que circundan la vida del individuo.

En el ámbito filosófico, Pitágoras expresa “el aire está todo lleno de almas a las que se llama demonios y héroes. Son ellas las que envían a los hombres los sueños y los signos de la enfermedad y la salud” (cf. D. L., VIII 32). Aquí el término cambia drásticamente, con respecto a Hesíodo y Homero, pues, los pitagóricos enfatizaban la idea de que el alma recibía en cada renacimiento un nuevo daimon.

En Platón el término demonio va oscilando por matices muy concretos: el demonio asesor que guía al hombre durante su vida y conduce su alma ante los jueces después de su muerte (Fedro, 242); el demonio-alma, alma razonable dada a cada hombre (Timero, 41ª); y, por último, el producto de un dios y una mortal (Leyes, IV, 717b).

En Sócrates, se refiere al guía del alma durante la vida y después de ella, es un protector personal que acompaña y conduce.

“Me sucede no sé qué divino y demoníaco…Es una voz que se hace oír por mí y que, cada vez que eso me ocurre, me aparta de lo que eventualmente estoy a punto de hacer, pero que nunca me empuja a la acción” (Apología de Sócrates, 31d)

Empédocles  elabora, al parecer, su versión de la caída de los daimones en términos decididamente míticos. Empédocles explica la manera en que un daimon podía, en cada vida sucesiva, ascender a reinos más altos de la creación (plantas, bestias, hombres), padecer la mejor forma de encarnación posible en cada uno de ellos y reconquistar su estado original de dios. (Empédocles)

En la literatura mágica y pseudocientífica atribuida a Orfeo hay una destacada obra titulada Dodecaetérides donde hay varios versos que declaran que su contenido fue dictado por un demonio, una revelación. Asimismo, en el Papiro de Derveni (S. IV a. C.), rollo de papiro que contiene comentarios órficos, menciona invocaciones y sacrificios que apaciguan las almas. Afirma que mediante un encantamiento de los magos se puede cambiar la actitud de los daimones que salen al encuentro y son almas vengativas. Estamos, pues, muy probablemente, ante algún ritual funerario que pretendía tranquilizar las almas de los difuntos y evitar que los daimones las hostigasen por las faltas cometidas expiando así sus culpas. También, se alude a la existencia de daimones en el más allá, servidores de los dioses y que podrían tener como misión castigar a los hombres injustos.

En cuanto a la tragedia destacamos el Áyax de Sófocles y al personaje de Casandra de la guerra de Troya. En ambos casos se le atribuye una locura, causada por un daimon externo, que le llega como un castigo divino y la designación fatalista e inevitable del destino.

  • ¡ay de mí!, poseído de divina locura (Áyax, v 610)
  • Nunca, por propio impulso, hijo de Telamón, te has apartado de tu razón, como para arrojarte entre rebaños. Un mal divino debe haberte llegado (Áyax, v 183).

En definitiva, a través de este blog  y examinando los versos de Homero,  encontramos bastantes huellas del culto al alma, las cuales nos hace admitir que los descendientes de los antiguos griegos creían en una vida consciente del alma (psique) separada del cuerpo y  que ejercía una notable y destacada influencia sobre los hombres. Dicha creencia, siendo la fe el principio activo, les llevaba a cumplir diferentes clases de culto a las almas de los muertos. Con Hesíodo se continúa, de manera viva y fresca, la creencia en la exaltación de las almas de los muertos y su paso a una vida superior. Además, hay que tener presente, ante todo, el motor personal y familiar, los rituales que desempeñaron en sus prácticas privadas, predominando, en todo momento, el culto a los muertos, a los antepasados, a los daimones o a los héroes estrictamente locales.

FUENTES PRIMARIAS:

Obras: Teogonía; Trabajos y días; Escudo (Alma Mater)

Ilíada (Clásicos de la literatura)

Áyax. Las Traquinias. Antígona. Edipo Rey (El Libro De Bolsillo – Clásicos De Grecia Y Roma)

Obras completas de Platón. III. Diálogos dogmáticos: Fedón, Gorgias, El banquete, El político, Timeo, Critias: Volume 3 (Platón. Obras completas)

Apología de Sócrates (Cultura Clasica)

BIBLIOGRAFÍA

La religión griega en la polis de la época clásica (Universitaria)

Diccionario crítico de esoterismo (2 vols.) (Diccionarios)

ENLACES DE INTERÉS

Empédocles

El démon

Áyax

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Los sueños en el pensamiento homérico

"La muerte y el sueño" 1874, John W. Waterhouse

“La muerte y el sueño” 1874, John W. Waterhouse

En las obras de Homero, La Ilíada y La Odisea, hay un tema que no tenemos que dejar pasar por alto: los sueños. Por eso, vamos a analizar los tipos de sueños que se dan y sus características generales más comunes, así como algunos datos reveladores que nos llamen más la atención.

En primer lugar, observamos la figura que aparece en sueños y que se dirige al soñador, se coloca sobre su cabeza y le dirige unas palabras. El contenido de este mensaje es siempre el mismo: le recuerda que está dormido y luego le trasmite una orden, una petición o unas palabras que pretenden servir de consuelo. Tras el mensaje, o bien la figura se retira y el soñador se despierta como bien se refleja en el sueño de Agamenón (La Ilíada, Libro II), o bien el soñador responde y reacciona con algún gesto, provocando que la figura se esfume como por ejemplo cuando aparece el alma de Patroclo en sueños y Aquiles intenta abrazarlo (La Iíada, Libro XXIII), o bien, sin solución de continuidad, el soñador se levanta y la figura le ayuda a llevar a cabo el mensaje como es el caso del sueño de Príamo con Hermes, (La Ilíada, Libro XIV).

También puede ocurrir que el soñador —todavía dormido— responda a la figura e incluso se entable una conversación entre ambos, tras la cual la figura desaparece y el soñador despierta, como por ejemplo en el sueño de Penélope con el fantasma de Iftima, (La Odisea, Libro XXIV). De ninguno de los casos parece desprenderse que se produzca el despertar a resultas del sueño, por la impresión que éste causa.

 El esquema resultaría de esta manera:

1. La imagen del sueño se dirige hacia el durmiente ( es muy común que se pose encima de la cabeza).

2. Presentación y leyenda de la imagen del sueño.

3. Consecuencia del sueño.

Se deduce que en Homero el sueño se concibe como algo externo al soñador, con una entidad propia y autónoma, independiente de quien sueña.

Por lo tanto, los sueños que aparecen narrados con detalle en Homero son sueños directos, en los que la figura onírica se presenta al soñador y le dirige un mensaje.

Tan sólo tenemos un ejemplo de un sueño simbólico, el de Penélope con las ocas (La Odisea, Libro XIX) que, por otra parte, es el sueño narrado más extensamente.

El sueño simbólico es un tipo que, con toda seguridad, conocía Homero porque además era un tipo de sueños bien atestiguado en civilizaciones más antiguas. A consecuencia de este sueño, Penélope invoca al comienzo del pasaje al mendigo para que interprete el sueño que a continuación y sin especificar las circunstancias en las que se ha producido, pasa a describir. A lo largo de la narración, Penélope hace hincapié en el hecho de que se trata de un sueño, lo que llamaban los griegos óneiros (somnium, en latín). En La Odisea, Penélope refiere a este mendigo (Ulises) la visión que ha tenido, expresando al finalizar:

Hay sueños inescrutables y de lenguaje oscuro y no se cumple todo lo que anuncian a los hombres. Hay dos puertas para los leves sueños: una, construida de cuerno, y otra, de marfil. Los que vienen por el bruñido marfil nos engañan, trayéndonos palabras sin efecto, y los que salen por el pulimentado cuerno anuncian al mortal que los ve cosas que realmente han de verificarse

Por otra parte, Homero dota al sueño de un mensaje de carácter divino: “—Escuchad, amigos míos; mientras dormía, he tenido un sueño divino. Ahora estamos muy lejos de las naves; que uno de vosotros vaya a decirle al hijo de Atreo, al divino Agamenón, pastor de pueblos, que haga venir a este lugar, lejos de las naves, un mayor número de guerreros” (La Odisea, Libro XIV)

Como se puede observar, en los antiguos griegos los sueños adivinatorios son ya signos de acontecimientos futuros.

Según los griegos, hay cinco tipos diferentes para definir los sueños. Tenemos el óneiros, que los latinos llaman somnium, explicado en líneas anteriores.

Después, el hórama, que es denominado propiamente visión (visio). Pongamos un ejemplo: Pisístrato estaba sumido en un profundo sueño; pero Telémaco no podía disfrutar del placer del sueño, y en su alma, durante toda la noche, el pensamiento de su padre le tenía desvelado. La diosa entonces se acerca al héroe y le habla en los siguientes términos:

—Telémaco, no es conveniente que estés por más tiempo alejado de tu casa (La Odisea, Libro XV)

 Por lo tanto, los sueños no siempre se dan en el dormir y éste se caracteriza como un estado durante el cual el sujeto pierde contacto sensorial con el mundo externo. Los griegos consideraban que las visiones tienen su origen en la misma facultad que produce las ilusiones durante la vigilia, es decir, en la imaginación o fantasía. Se los debe considerar, pues, actos del alma sensitiva.

Otro tipo es el krematismós, que se conoce por oráculo (oraculum). Existen lugares llamados oráculos donde se dirigían para interpretar sueños o señales enviadas por los dioses. Quien los interpreta es el sacerdote. Si se desobedece a un sacerdote se esta desobedeciendo a un dios (los dioses pueden otorgar dones a los hombres). “Canta, oh diosa, la cólera pélida Aquilea” así da comienzo el canto I de La Ilíada. Ya que Agamenón, jefe de los aqueos, había provocado la ira de Apolo, al faltarle al respeto a su sacerdote, Crises. A veces, a través del sueño canalizaban el mensaje que interpretaba la sacerdotisa.

Asimismo, En la Ilíada (Libro I) Aquiles se cuestiona la actitud del dios Apolo, para lo cual consulta a un intérprete de sueños (oneiropólos), mencionándose a su vez a Euridamante, viejo practicante de dicho arte.

Hay que destacar que es muy común que los dioses intervengan directamente en los sueños para comunicarle algo a cada individuo.

Otro tipo de sueño es el denominado el enýpnion, que designamos por ensueño (insomnium); este término expresa única y exclusivamente el sueño en cuanto al acto de dormir, al igual que Hipno. “El divino Sueño vino a mí en sueños durante la inmortal noche. (La Ilíada, Libro II). “Así habló, y el Ensueño partió después de oír estas palabras. Llegó velozmente a las rápidas naves de los aqueos y se dirigió al Atrida Agamenón; lo encontró durmiendo en la tienda, y a su alrededor se extendió el inmortal Sueño” (La Ilíada, Libro Il).

Por último, el phántasma, que se le puede asignar el nombre de aparición. En La Ilíada (Libro XXIII), quien se aparece es un difunto. Cuando el muerto Patroclo se aparece en sueños a Aquiles, le pide que haga incinerar su cuerpo, ya que, al no haber sido enterrado, no podría cruzar el río que le separa del Hades.

En definitiva, el sueño fue en la Antigüedad una incógnita más de cuantas rodeaban al ser humano. En un primer momento, la aproximación del hombre griego al fenómeno onírico debió plasmarse en la tradición oral, basada en la experiencia práctica e influenciada por corrientes orientales. Las fuentes antiguas confirman un conocimiento muy difundido a nivel popular, juzgándose el sueño como el vehículo idóneo para la expresión de la voluntad divina, realizándose a su vez la interpretación de las visiones portadoras de un mensaje alegórico.

Enlace recomendado sobre la misma temática: Hypno y Tánato;

Obras de referencias recomendadas:
Iliada (B. BÁSICA GREDOS)
Odisea (CLÁSICA)
Los libros griegos de interpretacion de sueños

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Jenófanes de Colofón

Jenófanes de Colofón fue un poeta y filósofo griego, nació en Colofón, ciudad costera de Asia Menor. Su nacimiento y muerte es un debate abierto aún por cerrar, pero lo sitúan en el periodo presocrático. Según Aristóteles, Parménides fue su discípulo. El pensamiento de Jenófanes engloba una visión del mundo y de los dioses opuesta a los planteamientos de la épica homérica y hesiódica.

Jenófanes

Jenófanes

Jenófanes afirma que estos dioses no son más que una invención humana, creada a imagen y semejanza del ser humano, además de poseer todos los vicios más representativos, tales como la mentira, la corrupción, la traición, la venganza, entre otras cualidades, por lo que en ningún momento deberían ser referencia en el tejido social de la cultura griega. Cabe destacar, por lo tanto, que Jenófanes es un filósofo moralista preocupado por las posibles influencias que las creencias tradicionales podían tener sobre la sociedad griega. Jenófanes planteó una idea muy sencilla al criticar el antropomorfismo destacando que en cada región del mundo los dioses tienen las características de los habitantes de la zona: los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros, mientras que los tracios dicen que los suyos tienen ojos azules y son pelirrojos. Por lo tanto, Jenófanes destaca la existencia de un único Dios, sin apariencias y atributos de los seres humanos, siendo supremo y perfecto, oponiéndose totalmente a los planteamientos de los dioses homéricos. Sin entrar en cuestiones filosóficas más profundas, al plantearse muchas ideas controvertidas sobre la filosofía de Jenófanes, el autor manifiesta los límites humanos diciendo: ningún hombre conoció ni conocerá nunca la verdad sobre los dioses y sobre cuantas cosas digo; pues aun cuando por azar resultara que dice la verdad completa, sin embargo no lo sabe. Sobre todas las cosas no hay más que parecer.La interpretación tradicional afirmaba que Jenófanes se limitaba a expresar meramente la relatividad del conocimiento, al considerar que éste depende de cada individuo.Para terminar, unos versos de Jenófanes aclaran perfectamente el pensamiento aquí planteado:

Hay un Dios Supremo encima de todos los dioses, más divino que los mortales,cuya  forma no es parecida a la de los hombres como tampoco es semejante a su naturaleza;

pero los fútiles mortales imaginan que, tal como ellos mismos,

los dioses son procreadoscon sensaciones humanas,

con voz y miembros corpóreos. 

De esa forma, si los bueyes y los leones tuviesen manos

y pudiesen trabajar al modo de los hombres, 

y pudiesen esculpir con cincel o pintar su concepción de la divinidad, 

entonces los caballos retratarían a los dioses como caballos,

a los bueyes, los representarían como bueyes,

cada tipo de animal representaría lo divino con su forma,

y dotado con su naturaleza.

En relación con los dioses (Teología), sus ideas principales son las siguientes:
1. Crítica a los dioses de la religión convencional por su inmoralidad y su naturaleza antropomórfica. Jenófanes, descubre con claridad que los dioses son una creación y un reflejo de los hombres. Según él, las diferentes razas atribuyen a los dioses sus propias características particulares, lo que, por reducción al absurdo, debería llevarnos a pensar que los animales harían también lo mismo.
2. Existe una sola divinidad que no es antropomórfica. Cuando en los textos se afirma que dios es el mayor entre los dioses y los hombres, no debería interpretarse literalmente el plural referido a los dioses. De todos modos existen otros pasajes en donde Jenófanes habla de los dioses (plural) tal vez en una concesión a la terminología popular, sin que ello signifique adhesión a cierto monoteísmo.
3. Jenófanes afirma que dios es uno y no semejante a los hombres ni en cuerpo ni en pensamiento. Esta afirmación parece implicar que dios debía tener cuerpo (aunque distinto al humano). Que debía tener cuerpo se deduce también de que, el dios de Jenofánes es un ser que ve y que oye.

solReflexión personal

En los tiempos que corren actualmente seguimos en la misma cuerda floja religiosa que en la antigua Grecia. Hoy hay otra clase de politeísmo y no me refiero a que cada religión tenga un predicador, un profeta o un dios, con sus elencos de santos, ángeles y vírgenes en sus diferentes advocaciones. Me refiero, concretamente, a  que la sociedad se mueve sobre arenas movedizas,  un barco que hace aguas por todas partes, también en el nivel interior, en la esfera más íntima y personal. Todo esto se refleja en nuestro entorno, donde vivimos: violencia, crímenes, robos, fracturas sociales, pérdida de valores (educación, ética, perdón, respeto, deshumanización).

La angustia es comprender que nos falta algo en nuestro interior y no sabemos lo que es. Miramos dentro de nosotros y hay un pozo sin fondo que pensamos  llenar con cosas materiales muy deseadas pero que, una vez conseguido, vemos como el fondo del pozo se ha agrandado más y sigue pues, medio vacío. Éste es el hombre, según creo yo que pensaba Jenófanes. Al final de los días, el tiempo  será tan implacable como un fuerte oleaje que se lleva a los hombres y las civilizaciones. ¿Y nuestros pequeños “dioses” que nos rodean diariamente? Los dioses que creamos nosotros mismos tienen el mismo vacío que un pozo sin fondo. Incluso sufren más que nosotros: artistas, cantantes, futbolistas, políticos, religiosos, modelos…La sociedad crea alrededor de ellos un banco de niebla de ilusiones efímeras. Jenófanes pensaba que los dioses no crearon al hombre, más bien fueron los hombres quienes crearon a los dioses. El dios de Jenófanes era el ser humano, como lo era también para Sócrates, Platón y Aristóteles.

Jenófanes denunciaba que los dioses cometían adulterios, robaban, engañaban unos a otros, eran inmorales, caprichosos, crueles, al igual que los humanos. ¿Cómo pueden en verdad ser dioses? ¿Cómo podemos seguir creyendo en nuestros “dioses”? La idea central de Jenófanes era la creencia de una única divinidad para todos, abstracta y más justa. ¿Qué piensas tú?

 

Obra recomendada: Los filósofos presocráticos (GRANDES OBRAS CULTUR)

Enlaces recomendados de Animasmundi sobre la misma temática:

Los filósofos presocráticos

El alma en Epiménides

Empédocles

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El alma de los muertos en Homero

Sócrates“La pequeña Grecia” es una comunidad virtual de amigos de Grecia en Venezuela que tienen en común una pasión: la cultura griega en toda su vertiente cultural. Es tal amor hacia la cultura helena que mejor os recomiendo visiten su web: “La pequeña Grecia”
Desde su portal han organizado un concurso literario y el artículo  “El alma de los muertos en Homero” del blog Animasmundi ha sido galardonado con el segundo premio y la dotación de una gran biblioteca digital de clásicos grecolatinos.
Agradezco muchísimo el premio pero sobre todo, lo más importante, que la difusión de la cultura griega sea la protagonista principal de este certamen. Aprovechando dicho concurso, voy a recuperar el artículo premiado: “La concepción del alma de los muertos en Homero”, sin antes recordaros que dicho post se ha ampliado en otros artículos desde varias perspectivas muy interesantes para el lector con las siguientes entradas:
  1. Psyché, el alma del difunto
  2. El eidolon
  3. La concepción del alma en la antigua Grecia
Artículo ganador 2º Premio: “La concepción del alma de los muertos en Homero”
La creencia más extendida era que al morir las almas de los seres humanos, como si de un humo o sombras se tratasen, se desvanecían y se dirigían al Hades. Así se le conocía por la psiqué del individuo. Precisamente, Homero, en el canto XI de la Odisea, ofreció, aprovechando la visita de Ulises al mundo de ultratumba, una imagen muy exacta, que, con el paso del tiempo, condicionará posteriormente la que realizará Virgilio en el libro VI de la Eneida, que, a su vez, adaptada a las doctrinas cristianas, será recreada por Dante en la Divina Comedia. Básicamente, Homero detalla un lugar lúgubre y aciago en el que las almas, desprovistas de toda consistencia física, estaban confinadas y del que, si les fuera permitido, se evadirían.  El pasaje homérico relata la forma en la que las almas acudieron fugaces hacia Ulises con la esperanza de beber la sangre vigorosa y vital de Ulises que traía consigo tras realizar un cruento sacrificio de animales, por indicación de la maga Circe, tras hacer las correspondientes invocaciones y libaciones hacia los muertos.
Ulises se encuentra delante del alma del gran héroe Aquiles que le infunde ánimos diciéndole:
–          Ningún hombre es más feliz que tú, Aquiles, ni de los de antes ni de los de después. Pues antes, en vida, te honrábamos como a los dioses, y ahora, de nuevo, gobiernas poderosamente sobre los muertos.
Aquiles reponde contundemente la amarga desesperanza de las almas de los muertos:
–          No me consueles de la muerte, ilustre Ulises. Preferiría estar en la tierra y servir a un hombre pobre, sin muchos medios de vida, que ser el señor de todos los consumidos.
En definitiva, las almas (Psiqué) carecen de solidez y firmeza al estar desprovistas de la vida, y sienten su reclusión en el Hades como una especia de condena perpetua.
Todo este imaginario escatológico recreado por Homero fue el más aceptado por la mentalidad griega, poco o nada preparada para entender, como sostenía Pitágoras, que el alma, lejos de perder su consistencia, tenía la posibilidad de renacer y volver a vivir una vida integrada en otro cuerpo.
De todos los elementos del alma sólo la psiqué continúa presente en la vida ultraterrena y representa al individuo. Cuando la psiqué muere ya no regresa más a la vida. Tras la muerte, sin embargo, el muerto se presenta no sólo como psiqué sino como un eidôlon. Las descripciones del eidôlon sugieren que los griegos creían que el alma del muerto tenía la apariencia del ser vivo, y describían las acciones físicas de las almas de los muertos de dos formas contradictorias: pensaban simultáneamente que las almas del muerto se movían y hablaban como un ser vivo y que el alma de los muertos no podía hablar o moverse y en su lugar chillaba y revoleteaba de un lado a otro.
Dos pasajes sobre el significado de eidôlon dará vigor al término citado: por un lado, después de que Apolo alejara a Eneas del templo para que fuera curado de sus heridas tras su lucha con Diomedes, “fabricó un eidôlon a imagen y semejanza de Eneas” (Ilíada V); por otro lado, Atenea envía a Penélope un eidôlon hecho a imagen y semejanza de Iftima. De estos ejemplos se desprende que un eidôlon en un ser con idéntico aspecto al de una persona y confirma el hecho de que para los antiguos griegos los muertos tenían el mismo aspecto que los vivos.
La psiqué también abandona el cuerpo durante un desvanecimiento y otras clases de inconsciencia y regresar al cuerpo. La psiqué no puede permanecer en un cuerpo muerto, y persigue una vida de ultraterrena.
¿Qué función tiene la psiqué cuando una persona está viva? En ese estado, la psiqué se encuentra presente sólo de forma pasiva.
Se ha dicho que en Homero la psiqué se encontraba situada en la cabeza, incluso los términos psiqué y “cabeza” son a veces intercambiables. Mentor describe a los pretendientes  de Penélope de “arriesgando sus cabezas”. En el prólogo de la Ilíada, el poeta habla de la cólera de Aquiles al enviar a muchos psiqué al Hades. La expresión es utilizada de nuevo más tarde, aunque entonces el poeta usa “cabezas” en vez de “almas”. No obstante, resulta obvio que el hecho de que cabeza y psiqué se utilicen a veces de forma intercambiable no lleve a la conclusión de que la psiqué estuviera localizada en la cabeza. Se cree que ambas representaran la misma cosa, es decir, la totalidad de la persona.
Las almas de los muertos se muestran que son incapaces de hablar con normalidad. Hay diversidad de pasajes donde se refleja muy bien esta naturaleza del alma: las almas de los pretendientes emiten los mismos sonidos mientras son guiados por Hermes hacia los infiernos, y por esa razón fueron comparados con murciélagos. Sófocles les atribuye un sonido diferente cuando escribe: “aquí llegan los zumbidos del enjambre de los muertos”. Este sonido miserable que emiten las almas de los muertos es sin duda producto de su imposibilidad de hablar. Hesiodo llama a la muerte “la que hurta la voz”
En definitiva, Psiqué y eidôlon están conectadas al inframundo de Homero. Tras la muerte de Patroclo, se aparece a Aquiles tal y como era cuando vivía; y durante todo el tiempo en que está en contacto con él, habla a Aquiles como lo haría una persona normal. Sólo cuando termina el diálogo desaparece chillando.

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Los orígenes de los oráculos

250px-Themis_Aigeus_Antikensammlung_Berlin_F2538Si leemos a Heródoto, el primer escritor en prosa y fundador de la historia como género literario, nos damos cuenta que es un buen representante de lo mejor de la ilustración del siglo V a.C. El historiador destaca que habían sido las sacerdotisas de Dodona quienes le habían facilitado el siguiente testimonio: “dos palomas negras, que emprendieron el vuelo en Tebas de Egipto, llegaron la una a Libia y la otra a su propio territorio. Esta última se posó sobre una encina y, con voz humana, señaló que en aquel lugar tenía que haber un oráculo de Zeus; los de Dodona, entonces, comprendieron que la orden que se les daba tenía un carácter divino y obraron en consecuencia (…) La paloma que fue a Libia ordenó a los libios que fundaran un oráculo de Amón, oráculo que también pertenece a Zeus”. (Historia I 344-345)
En la Odisea (XIV 327-328)en el oráculo de Dodona la voz de Zeus se dejaba oír con el ruido que hacía el follaje de una encina agitada por el viento. De acuerdo con el murmullo de las hojas se pronunciaban los oráculos a los fieles, aunque no era el único procedimiento adivinatorio que allí se empleaba. Por ejemplo, también se basaba en la interpretación del gorjeo de las palomas que se posaban en la encina sagrada (Sófocles Traquinias 171-172), de ahí que las profetisas del dios fueran llamadas palomas.
Por otro lado, las fuentes arqueológicas sugieren que Dodona, situada entre las montañas del suroeste de Ionnina, estuvo poblada ya en los comienzos de la Edad del Bronce y, en Homero, el oráculo de Dodona era el santuario oracular por excelencia ( Ilíada XVI 233; Odisea XIV 327 y XIX 296). Las fuentes clásicas son unánimes en afirmar la antigüedad del oráculo (Esquilo, Suplicantes 249); Platón (Fedro 275 b; Aristóteles (Meteorología I 14, 352 a).
Al parecer en el oráculo de Dodona, Zeus parece haber heredado un santuario previamente consagrado a Gea, la diosa de la Madre Tierra donde eran adorados al aire libre en torno a la encina sagrada. Los restos de un altar de piedra y bronce y los trípodes de hierro dan mucho testimonio sobre la tradición de los sacerdotes de Zeus, los Selli. El santuario de Zeus se convirtió en un monumento de piedra. Un pequeño templo fue construido al lado del árbol de encina y un muro rodeaba el complejo, atravesado por una pasarela ornamental.

Oráculo de Delfos

Oráculo de Delfos

En cuanto al santuario oracular de Apolo, era muy respetado por los griegos que resolvían las preocupaciones derivadas de las incertidumbres de los humanos, pero más allá de dichas preocupaciones también era empleado para aclarar conflictos éticos y judiciales y aclarar conflictos políticos.

Por otra parte, el emplazamiento arqueológico de Delfos fue uno de los lugares más importantes del mundo griego. Está situado cerca del golfo de Crisa, rodeado por el monte Parnaso, que la mitología considera como la morada de las musas. Dentro de este emplazamiento se encontraban distintos monumentos, pero todo giraba en torno al templo de Apolo, el lugar que albergaba el oráculo donde la pitia hablaba en nombre de Apolo para responder  las preguntas de los visitantes.
Por él pasaron personajes como Filipo II, rey de Macedonia;  Pirro, rey de Épiro; Cicerón, Juliano, etc. Sin embargo, no todos podían comprender las palabras y los mensajes. La respuesta de la sibila era ambigua, se tenía que interpretar. “El oráculo no oculta ni revela la verdad, solo la insinúa” (Heráclito, siglo VI a.C.).
Y no por casualidad en el templo de Apolo estaba la famosa frase “Cónocete a ti mismo”, ya que sólo quien puede entrar dentro de sí mismo puede comprender el mensaje. En el adyton (el lugar del templo en el que se hallaba la sabia mujer) se encontraba la siguiente inscripción:
pitonisa“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”
La pitia o pitonisa se encontraba en el recinto del templo que se llamaba “adyton” (del griego τὸ ἄδυτον, literalmente «lugar en el que no se puede entrar»). Recibía al consultante sentada sobre un trípode de madera de laurel. Las patas simbolizaban el pasado, el presente y el futuro, lo cual venía a significar otra enseñanza interesante: “Sin aceptar el pasado, sin conocer el presente, ningún futuro puede construirse”.
Los autores están de acuerdo con la existencia de una fuerza en el interior, sobre la que la pitonisa inhalaba los vapores que allí se desprendían, o tomaba del agua de la fuente que allí se ubicaba, para poder transmitir los juicios, frecuentemente ambiguos, que determinaba el dios Apolo.
Tanto en la República como en las Leyes, Platón insiste en la importancia del culto a Apolo, necesario para satisfacer a las masas populares que reclaman una magia ritual. Fuera del ámbito adivinatorio, recientemente al leer a Eurípedes, encontré otro epíteto para Apolo:
“- ¡Ay, ay, vuelve el dolor, me vuelve! ¡Dejadme a mí desdichado! ¡Ojalá me venga la Muerte Sanadora! (Eurípedes Hipólito, 1370)
En este caso, “Sanador” es el epíteto común de Apolo, considerado médico de los dioses y de los hombres, pero aquí se aplica a la Muerte (masculino en griego), que, para Hipólito, en esos momentos, es su salvación.”

Los Oráculos de Delfos y Dodona siguieron funcionando hasta el siglo IV, cuando la creciente popularidad del cristianismo llevó finalmente al cierre del santuario de Apolo y de la tala y desarraigo de la encina sagrada de Zeus en Dodona.
Estas son las referencias  a los oráculos en la Ilíada y la Odisea:
La Ilíada, canto 16 (233):
“¡Zeus soberano, Dodoneo, Pelásgico, que vives lejos y reinas en Dodona, de frío invierno, donde moran los Selos, tus intérpretes, que no se lavan los pies y duermen en el suelo! Escuchaste mis palabras cuando te invoqué, y para honrarme oprimiste duramente al pueblo aqueo. Pues ahora, cúmpleme este voto: Yo me quedo en el recinto de las naves y mando al combate a mi compañero con muchos mirmidones: haz que le siga la victoria, longividente Zeus, e infúndele valor en el corazón para que Héctor vea si mi escudero sabe pelear solo, o si sus manos invictas únicamente se mueven con furia cuando va conmigo a la marcial contienda. Y cuando haya apartado de los bajeles la gritería y la pelea, vuelva incólume con todas las armas y con los compañeros que de cerca combaten”.
La Odisea, canto 19 (296):
“También me dijo que Odiseo había marchado a Dodona para escuchar la voluntad de Zeus, el que habla desde la divina encina de elevada copa, para enterarse si debía volver a las claras u ocultamente a su tierra patria, después de tantos años de ausencia. Así pues, él está a salvo y vendrá muy pronto, no permaneciendo ya largo tiempo lejos de los suyos y de su tierra patria”.

Para terminar, recientemente se ha descubierto un antiguo oráculo en el centro de Atenas, un pozo en el cual se realizaba un ritual de hidromancia, un método de adivinación por medio del agua.  En el pozo aparece una inscripción que dice: “Ven a mí, oh Peán, trae el oráculo verdadero”. El término “Peán” es uno de los epítetos con que se designaba también al dios Apolo, el hijo de Zeus. Hasta ahora se conocía el oráculo de Delfos, dedicado a Apolo, pero ninguno en Atenas.

Referencias biliográficas:

  1. Historia (Letras Universales)
  2. Revista “Esfinge”
  3. Los preceptos de Delfos o una filosofía de la vida
  4. Oráculo de Apolo

 

Para ampliar más información:

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