Viaje a Grecia: Eleusis

La religión griega ha sido siempre algo hasta cierto punto familiar, pero está lejos de ser fácil de conocer y comprender. Aparentemente natural y sin embargo atávicamente extraña, al mismo tiempo refinada y bárbara, se ha tomado una y otra vez como guía en la búsqueda del origen de cualquier tipo de religión. Pero como fenómeno histórico es única e irrepetible y es en sí misma producto de una complicada prehistoria. (Walter Burkert)
Walter Burkert resume, en cierto modo, las impresiones de lo que ha sido mi viaje por Grecia. Del mismo modo que el viento siempre sopla a nuestro alrededor, la religión era para el griego el aire que respirar. Estar in situ en algunos de los yacimientos arqueológicos más representativos de la Grecia antigua ha sido una experiencia interiormente transformadora, única e irrepetible. Al pisar por primera vez suelo helénico se te abre dentro de ti una nueva ventana que va más allá de tus lecturas y reflexiones, va más allá de lo aprendido en el mundo académico, mucho más, incluso, de mis experiencias de vida.
La religión brota con fuerza en cada santuario, es el motor de la sociedad griega, es la luz que impregna los recodos de la naturaleza, es el manantial donde saciar la sed interior. En el resplandor natural de cada paisaje, de cada vestigio antiguo, están las huellas imperecederas de la religión. Contemplar este fenómeno es tan fascinante como extraño, pues las sensaciones se mezclan como una paleta de colores que nos hace ver que hay muchas más multiplicidades a nuestro alrededor de la que creemos y nuestra única finalidad es aprehenderlas para entender la base de nuestra civilización y de qué manera se articulaba la religión dentro de la sociedad griega.
Para conectar con la Unidad, primero hay que entender la multiplicidad de las cosas. Después de conocer y entender la multiplicidad, se llega a alcanzar y captar el misterio de las cosas en su identidad única, pero hay que saber desprenderse a su vez de dicha multiplicidad, pues cuando se observa la naturaleza con plena ecuanimidad es cuando regresamos a nuestra naturaleza original. Si te sales de este marco de referencia, es imposible conocer y comprender el mundo griego. Por eso, mencionar Eleusis es precisamente un ejemplo de esta hojarasca religiosa que de la que debemos desprendernos, cuidadosamente, para así poder captar el misterio de su naturaleza original. Para introduciros en el mundo de Eleusis, os remito el siguiente enlace de Animasmundi, fundamental, para entender el paso de la multiplicidad hacia la Unidad. Enlace: Eleusis

En Ática, el corazón arcaico de Grecia, he recorrido y contemplado el arcano santuario de los Misterios en Eleusis, epicentro espiritual ateniense más conocido dentro de la religiosidad de la antigua Grecia. Su ritualidad está plagada de preguntas y dudas sin resolver, debido a la naturaleza hermética y secreta que tenía el culto, solamente visible para los iniciados. Como tal, los misterios estaban totalmente al margen de la religiosidad popular y opuestos, por tanto, a lo que se conoce como religión pública griega. Por lo tanto, los Misterios Mayores de Eleusis son un culto secreto en el que sólo podían participar las personas que se preparaban mediante un ritual iniciático, totalmente diferente de la religión oficial o política, donde participaban todos los ciudadanos atenienses. En el caso de Eleusis era diferente.
Cuando uno se iniciaba en los Misterios Mayores había que acercarse a ellos con gran respeto, pues vienen a ser como las ideas puras, originarias, primigenias, el alma de todo lo que nos rodea, como Platón bien atestiguó. Así pues, mi camino hacia Eleusis empezó desde Atenas con un interrogante: ¿Por qué se teme a la muerte?
En Eleusis, a través de los Misterios Mayores, la única finalidad era la apertura de un mundo suprasensible donde tu alma conectaba directamente con el dios del Hades y su compañera Perséfone.
Para empezar a comprender el mito etiológico de estas iniciaciones, hay que recurrir al Himno Homérico a Deméter. Enlace: Himno Deméter.

En el Himno Homérico se expresa con claridad la bienaventuranza para el iniciado y la cuestión de estos misterios que, principalmente, ofrecen a sus acólitos la esperanza de una vida existencial mejor. Era muy importante realizar un descenso interior espiritual para conectar con las fuerzas sutiles de los planos metafísicos. Sin embargo, para descender a nuestras moradas internas era necesario recorrer un camino tortuoso, angosto, de sombras y peligros. Así se llevó a cabo la vuelta de nuevo a la vida de Perséfone, al mundo superior, con la ayuda de Hermes, Hécate y la propia Deméter. Otro ejemplo que ilustra la importancia de estos Misterios y que tuvo una rimbombancia mitológica y, a la vez, social-religiosa fue cuando Heracles tuvo que iniciarse en los misterios de Eleusis antes de comenzar sus doce trabajos y, concretamente, para emprender la captura de Cerbero. Así, Heracles se inicia en los misterios para entrar, precisamente, en el Hades y traer al mundo de los vivos al perro de tres cabezas. Heracles obtuvo respuestas sobre el Más Allá y le garantizaba a su vez un trato privilegiado por parte de Perséfone, con el fin de alcanzar la sabiduría y la eternidad. El descenso a la morada infernal también lo recorrieron otros héroes como Orfeo y Ulises. Cada uno de ellos, tuvo que prepararse para realizar unos trabajos específicos y diferentes, pero con una misma finalidad: la búsqueda de la sabiduría. Para ampliar información sobre Orfeo y Ulises os remito a los siguientes enlaces: Orfismo, Orfeo y Ulises.
Estamos equivocados si pensamos que la verdadera lucha es solamente externa, con el oleaje de la vida azotándonos cada día, siendo esclavos de la sociedad en la que vivimos. La verdadera lucha está en el campo de batalla de nuestro mundo interior, ésta es la gran guerra; la externa es sólo una pequeña batalla. Por eso, el hombre griego sabía que era más importante ganar la guerra interior que perder varias batallas relacionadas con las vicisitudes de la vida terrenal. En suma, la victoria interior te daba la eternidad, te abría una aurora interior hacia lo infinito, hacia la sabiduría. Este era el mensaje sublime de Eleusis.
Si escudriñamos las civilizaciones del mundo antiguo todas se han cuestionado por el destino, por el Más Allá, por la muerte, por la vida y es en Eleusis donde tienes la oportunidad de consagrarte no solo espiritualmente, a través de sus ritos, sino también de disipar tus dudas existenciales. Por lo tanto, una de las finalidades era la de mitigar el miedo a la muerte. A través de unos relatos sagrados, unas apariciones de luz acompañadas de olores de pétalos, de fragancias de la naturaleza, experimentabas una “muerte virtual” de ti mismo y un nuevo renacer espiritual donde ya no le tendrías miedo a la muerte. ¿Qué simboliza la muerte para el ser humano?
La experiencia del cambio es equivalente a la de la pérdida. El hombre levanta muros, construye sueños, aspira a todo tipo de creencias y de fantasías, con el fin de asegurar el futuro, la estabilidad de una vida feliz y completa. Pero cuando uno se iniciaba en los misterios eleusinos, el camino era otro muy diferente, pues el verdadero camino era la Vía interna, con la cristalización de un nuevo “despertar” como única aspiración.
Los antiguos sabios estaban establecidos en la certidumbre y no tenían que convencer a toda costa a los demás de sus convicciones. Sócrates dijo “Yo sé que no sé nada”. Él era consciente de lo que no sabe, pero permanecía unificado y apacible en un clima de certidumbre inquebrantable. La enseñanza de Sócrates es simple: no busquemos la certidumbre mientras todavía nos asalten las dudas. Hay que superar las dudas, despejar las incógnitas, una tras de otra, superar nuestras barreras mentales y nuestros miedos y, de esta manera, no quedará más que la certidumbre. La certidumbre es un estado de ser estable. Éstos eran los nobles propósitos de Eleusis.
Transitar por Eleusis, para mí, fue como atravesar un puente hacia otro mundo, pues entendí que la verdadera libertad y la búsqueda de la felicidad están estrechamente relacionadas con abandonar el ayer, el mañana y el hoy, para terminar, surcando la otra cara de la orilla más allá de la vida y de la muerte, pues, realmente, no hay fronteras entre este mundo y el más allá, tal como pensamos. Finalmente, ¡eres libre!
La iniciación no se podía detallar, pues era secreta, pero digamos que cuando alcanzabas el pico más alto de la montaña, de repente, llegabas a ver tu alma separada del cuerpo, de la mente y de tus emociones, donde no existían el presente, el futuro y el pasado, pues rompías la atadura de tu cuerpo en varias fases. No es de extrañar que Sócrates, abocado al suicidio, planteaba que no tenía miedo a la muerte, pues había conocido la agonía liberadora. Empédocles dudaba que la muerte y el nacimiento tengan unos límites que los hombres habían trazado con propósito.
Así que los Misterios Mayores te marcaban interiormente, pues te facultaban un don especial para ver el final de la vida, el principio dado por Zeus, la idea de conocimiento, pues era también una experiencia visual, una visión metafísica durante el transcurso de las iniciaciones que infundía el verdadero valor de la vida y de la muerte. Todos los conocimientos y la experiencia espiritual no se desvelaban a oídos profanos, pero si tengo que enfatizar que el iniciado tenía contacto directo con las potestades del mundo del Más Allá, y poseía el mapa cósmico (Sabiduría) que había de trazar en esta vida terrenal y también después de la muerte.
En cuanto al miedo a la muerte, también se reflejaba en los héroes griegos la valentía que encara la muerte con paz y armonía, otorgándole un estatus y unas prerrogativas especiales.
En síntesis, Eleusis es un foco espiritual que atrajo la atención de toda Grecia, un lugar de peregrinación durante toda la antigüedad. Deméter, entre cuyos atributos están la espiga, el narciso y la adormidera, además de las antorchas y una serpiente, es la diosa generadora de estos misterios. Por otra parte, las dos castas sacerdotales (los Cérices y los Eumólpidas) fueron los primeros linajes de los Misterios de Eleusis. Dichos misterios se celebraron anualmente durante unos dos mil años. Entre los iniciados también hubo personalidades influyentes como Sócrates, Platón, Aristóteles, Sófocles, Plutarco o Marco Aurelio, entre otros.
Platón comenta sobre estos misterios en su diálogo Fedón acerca de la inmortalidad del alma, asegurando que “nuestros misterios tenían un significado muy real: aquél que fuese purificado e iniciado viviría junto a los dioses”.
Joshua J. Mark apunta que Plutarco, también un iniciado, escribía al respecto que “a causa de estas devotas y sagradas promesas dadas en los misterios […] nos adherimos firmemente a la verdad incuestionable de que nuestra alma es incorruptible e inmortal”, añadiendo a continuación que “cuando un hombre muere es como aquellos que han sido iniciados en los misterios. Toda nuestra vida es una travesía por caminos tortuosos sin salida.”

Sófocles se inició en ellos:
“Tres veces son felices los mortales que, habiendo contemplado estos ritos, parten para el Hades, pues sólo a ellos les es dado poseer allí una vida verdadera.”
Sófocles marca el carácter del iniciado, pues sólo aquel que poseía un alma receptiva y con espíritu noble recibía esas energías inconmensurables que hacían posible una rearmonización interior en sus cuerpos sutiles que, a su vez, también repercutían en su cuerpo físico, además del despertar espiritual que he mencionado en párrafos anteriores. Pero no todos podían recibir un milagro, aun siendo auténtico el santuario y beneficiosos sus influjos.
El auténtico iniciado se construía desde el interior, pero el lugar sacro donde se celebraban los rituales era en la sala conocida como el Telesterion.
No es de extrañarnos que los Misterios de Eleusis estuvieran vigente durante más de dos mil años y que marcaron una huella en la sociedad griega, pues el hombre está llamado a conectar su naturaleza divina con las leyes naturales del Universo, de los designios divinos de evolución y de los métodos de despertar espiritual e iniciático, hasta alcanzar la ascesis mística. Al fin y al cabo, el Sendero del hombre que ha de hollar es el de superar la condición de su finitud y conquistar lo Eterno.
Grecia, cuna del más puro misticismo, transmitía las doctrinas esotéricas o mistéricas que velaban secretamente el verdadero sentido y significado de la sabiduría divina revelada (sophia) con sus órdenes iniciáticas, pero solo unos pocos estaban preparados para recibirlas.
Los Misterios Eleusinos alcanzaron rápidamente la categoría de culto mistérico más importante y con mayor afluencia de devotos del mundo de habla griega, una posición que mantuvo a lo largo de toda la antigüedad hasta que el emperador Teodosio decretó edictos contra los cultos mistéricos a finales del siglo IV d. C.
Finalmente, el emperador Claudio quiso trasladar el santuario a Roma y el emperador Teodosio I ordenó el cierre del santuario, hasta que, definitivamente, Alarico lo devastó en el año 395 de nuestra Era.

Desde Eleusis a su Museo Arqueológico, fui recorriendo cada uno de sus rincones. A continuación, haré una breve descripción de los enclaves más interesantes:

Imagen 1 (Museo Arqueológico Eleusis)

En la imagen 1 se representa en un relieve del siglo V a.C. a Triptólemo que está entre Deméter y Perséfone. Triptólemo (semidiós) aprendió los secretos de la agricultura de Démeter. De Perséfone asimiló los misterios eleusinos y gracias a estos conocimientos se convirtió en unos de los sacerdotes originales de Eleusis.

Imagen 2 (Museo Arqueológico Eleusis)

En la imagen 2, los cereales, el trigo y la antorcha son los símbolos más destacados relacionados con los misterios. Deméter y Perséfone simbolizan la vida, la muerte y la inmortalidad. Estos símbolos daban al iniciado confianza para afrontar la muerte y la promesa de la dicha en los oscuros dominios de Hades. Los iniciados estaban obligados a pasar primero por la fase preliminar del ritual, la purificación prescrita por Deméter.

Imagen 3. Yacimiento arqueológico de Eleusis, al fondo se observa el golfo de Egina

En la imagen 3 se observa el Telesterion. Fuera lo que fuera lo que ocurría en el Telesterion, los que entraban en él, salían a la mañana siguiente radicalmente transformados y estaba totalmente prohibido pormenorizar el protocolo que se seguía durante las iniciaciones.
Los misterios eleusinos celebraban el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso de las plantas y la vida a la tierra. Perséfone había comido semillas de granada que simbolizan la vida aún por renacer mientras estuvo en el inframundo y su renacimiento es un símbolo del renacimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y de toda la vida sobre la tierra.

 

Imagen 4

En la imagen 4 observamos el acceso al Hades, según los órficos. En uno de los himnos órfico, el dedicado a Hades, se nombra a Eleusis como la ciudad donde están las puertas de Hades.

Imagen 5

Según el mito, y como se narra en el himno homérico, Deméter, diosa de la agricultura, se detuvo en Eleusis para descansar cuando viajaba en busca de su hija Perséfone, raptada por Hades. En la imagen 5, Deméter se disfrazó de anciana y se sentó en esa roca. Llega a Eleusis disfrazada de anciana campesina y es encontrada por unos jóvenes y termina siendo aceptada en casa del rey Céleo y su esposa Metanira. Allí se encargará de ser la nodriza de un hijo recién nacido, Demofonte, quien tenía problemas de salud. Para ampliar el mito, os emplazo al siguiente enlace: Mito Demofonte.

Deméter mandó a edificar un templo y un altar en su honor. Tras la alegría del reencuentro de la diosa con su hija Perséfone, Deméter dio instrucciones de cómo llevar a cabo sus ritos. El culto de Eleusis, según el mito, habría sido enseñado directamente por la propia diosa Deméter.

Según E. Rohde, “sólo a los iniciados les ha sido concedido vivir en el Hades una vida verdadera; al resto de los hombres no les esperan más que males infinitos”. Como bien atestigua el filólogo y helenista alemán, “en Eleusis no se adquirió la convicción sobre la inmortalidad del alma como tal, de acuerdo con su propia naturaleza, lo que se aprende en Eleusis no es que las almas viven cuando se separan del cuerpo, sino cómo será ese vivir”.

Imagen 6

La Via Sacra, que comenzaba en la Puerta Dipylon y llegaba hasta la puerta del templo, era recorrida por los iniciados que tomaban parte en las ceremonias de los Misterios. Se conservan todavía los restos de las diferentes partes del Telesterion, la sala rectangular donde tenían lugar los Misterios, así como sectores del recinto del santuario que datan de diferentes épocas griegas y romanas.
El Telesterion (imagen 6) era una sala rectangular, casi cuadrada, con asientos a lo largo de sus muros, y con el techo soportado por una serie de columnas levantadas en las intersecciones de unas imaginarias líneas paralelas a los cuatro lados. Como clímax en las ceremonias de Eleusis, los iniciados entraban al Telesterion, se les mostraban las sagradas reliquias de Demeter y las sacerdotisas revelaban las visiones obtenidas durante la noche sacra-espiritual.

 

Imagen 7

En la imagen 7 se contempla el “Lugar de Plutón” o denominado Plutonion, santuario dedicado a Plutón, más conocido por Hades, como nombre más antiguo. Dicho santuario está cerca al recinto sangrado denominado temenos. Fue contruido por Pisístrato en el siglo VI a.C.

Imagen 8

En la imagen 8 nos encontramos en el Museo Arqueológico de Eleusis, actual Elefsina, la estatua de Heracles. Heracles se inició en los misterios eleusinos, tal como hemos explicado en párrafos anteriores.

Próximo post: Micenas.

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1 comentario

Archivado bajo Antigua Grecia

Una respuesta a “Viaje a Grecia: Eleusis

  1. Ofelia

    Maravillosas las ruinas de Eleusis y fantástico tu artículo. Si me lo permites , me gustaría señalar que, de ese alo misterioso y místico, también se hicieron eco los poetas, en su afán de captar lo que hay si se traspasa la realidad visible. Así, en su poema ELEUSIS, Manuel Machado o mejor dicho, su alma, siguiendo a Démeter , navega más allá del mundo terrenal:

    ELEUSIS (MANUEL MACHADO)
    Se perdió en las vagas
    selvas de un ensueño,
    y sólo de espaldas
    la vi desde lejos…
    Como una caricia
    dorada, el cabello,
    tendido, sus hombros
    cubría. Y, al verlo,
    siguióla mi alma
    y fuese muy lejos,
    dejándome solo,
    no sé si dormido o despierto.

    Se fue hasta el castillo
    del burgrave fiero,
    que está en la alta roca:
    los puentes cayeron
    y se despertaron
    los sones del hierro.
    Pasamos… Mi alma,
    tras ella corriendo,
    dejándome solo,
    no sé si dormido o despierto.

    Se fue hasta las verdes
    llanuras de Jonia; y el templo
    cruzó de Partenes.
    Del mármol eterno
    dejó las regiones…
    Y se fue más lejos
    con mi alma, dejándome solo,
    no sé si dormido o despierto.

    Oro y negras piedras,
    y muros inmensos,
    y tumbas enormes
    —sepulcro de un pueblo
    que mira hacia Oriente
    con sus ojos muertos—.
    Siguió… Y arrastraba
    mi alma más lejos,
    dejándome solo,
    no sé si dormido o despierto.

    Siguió; entre menhires
    pasamos y horrendos
    despojos de fieras…
    Siguió; y a lo lejos,
    perdióse en las selvas
    oscuras del sueño
    dejándome solo,
    no sé si dormido o despierto.

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