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La sabiduría griega frente a la fe cristiana

San Pablo (El Greco)

El cristianismo, en sus comienzos, distaba de ser homogéneo, pues  sólo consistía en un conjunto de creencias y principios no bien trabados, sin un símbolo de fe definido ni unas escrituras canónicas. En otras palabras, en los primeros siglos de nuestra era concurrían unas interpretaciones religiosas y unos ritos casi tan numerosos como las comunidades cristianas existentes.

Cuando Pablo de Tarso, en el siglo I, anunció en el Areópago de Atenas  a los filósofos griegos al Dios desconocido, aprovechando que los antiguos griegos adoraban a una deidad que ellos llamaban Agnostos Theos, es decir, el dios desconocido, los atenienses y los forasteros allí presentes quisieron oír la nueva doctrina que postulaba Pablo de Tarso. Es cierto que en Atenas hubo un templo dedicado específicamente a este dios y muy a menudo que los atenienses prestaban juramento “en el nombre del dios desconocido”, pero estaba muy lejos del pensamiento que iba a proponer Pablo de Tarso (Hch, 17, 13-34). Pablo de Tarso dio un discurso del que destacaremos los puntos más importantes:

  1. Dios hizo el mundo y todo lo que hay en él. 
  2. Señor del cielo y de la tierra.
  3. Creó el linaje humano.
  4. Dios vive dentro de nosotros.
  5. Se juzgará al mundo según justicia divina.
  6. Resurrección del hombre entre los muertos.

Imaginemos el espíritu griego, aquel que se manifiesta en las tragedias de Sófocles, en el Partenón, en la obra de Homero frente al discurso de Pablo de Tarso. Tras terminar con la evangelización cristiana y el recital de los puntos enumerados en líneas anteriores, los griegos le plantearon a Pablo de Tarso varias cuestiones:

  1. ¿Por qué precisamente era ese momento histórico cuando Cristo viene a salvarlos?
  2. ¿Por qué fue elegido el pueblo judío? ( así como otras cuestiones relacionadas con el pecado del hombre, el fin del mundo y el rechazo, entre otras cosas, como la reencarnación) La explicación del pecado es muy ambigua. El griego común se preguntaba qué pasaba con los miles de años ya pasados , con las generaciones anteriores que habían pecado, si existía salvación para sus antecesores.
  3. ¿Por qué un Cristo, una virgen, unos santos, unos rituales con una iconografía determinada?
  4. ¿Por qué el hombre ha sido creado a partir del polvo, del barro, siendo el hombre un pecador y culpable que se tiene que postrar ante su creador?
  5. ¿Por qué ese mensaje de continua sumisión y a la vez gratitud infinita, aunque se sufra cualquier penalidad, así como el temor a que todo podía ser peor?
  6. ¿Por qué el mayor pecado es desobedecer a Dios?
  7. ¿Por qué pecamos si no se cree en Dios?

Como Werner Jaeger relata en su libro Cristianismo Primitivo y Paideia Griega,  la expansión de la religión y la cultura griega favoreció el surgimiento del cristianismo como religión universal. Sin embargo, la predicación evangelizadora de Pablo de Tarso no pudo satisfacer ninguna de las cuestiones que se planteaban los griegos y fracasó estrepitosamente en su primera aproximación al pueblo ateniense. Lo que no se imaginaba Pablo de Tarso, es que, muchos siglos después, el motor de la religión cristiana lo impulsaría la influencia de la civilización griega sobre el cristianismo, que las implicaciones filosóficas de las doctrinas cristianas son de origen griego, que hay elemento puramente griego en los libros bíblicos mismos, en especial en el Nuevo Testamento. En suma, en el producto final de la tradición cristiana,  la civilización griega ejerció una influencia profunda.

Hay que destacar que la pureza de la religiosidad griega y el espíritu griego auténtico están fuera de cualquier dogma religioso, de libros sagrados y de poderes eclesiásticos. Es cierto que el espíritu ateniense vibra en sintonía con Atenea, protectora de Atenas, pero el manifiesto espiritual del ateniense no tenía nada que ver con las palabras evangelizadoras de Pablo de Tarso sobre Cristo.

Atenea

“Virgen venerable – dice el himno homérico -, tú eres la única guardiana de las ciudades”. Atenea es la patrona de los pueblos que piensan libremente y que aceptan la idea divina sin vanas angustias. Para el griego,  Atenea es la hija del pensamiento divino. “Cuando nace – dice el himno homérico en su honor-, el vasto Olimpo se estremece y la tierra se llena de clamores, el mar bravío infla sus olas profundas, el hijo de Hiperión detiene durante largo tiempo sus rápidos corceles”. Ante ella, en efecto, todo el cimiento de las religiones se desquicia. Atenea, diosa de todas las diosas, no exige ni lágrimas ni estremecimientos, ni tinieblas. Sus mandamientos son consejos, máximas que simplifican el camino del hombre para conseguir encender la luz de la sabiduría interna. Atenea recomienda y ensalza el trabajo, la pureza, la energía, la meditación y la equidad.

Si repasamos la influencia de Atenea a través de nuestra historia destacaría, sin ninguna duda, a Esquilo en la Euménides, pues sintetiza los valores del pueblo ateniense:

«Cuanto sea nobles y leales victorias; y que la tierra y el cielo, y el mar con sus aguas, y los vientos con sus blandas corrientes, y el sol con sus claros rayos traigan sobre este suelo toda suerte de bienes. Que la tierra abunde en frutos y rebaños; que vivan los ciudadanos en prosperidad, jamás derribada a los golpes del tiempo; que se logren y florezcan los tiernos retoños infantiles. Pero a los impíos ya puedes exterminarlos con más furor que nunca. Yo amo a los hombres como el hortelano a las plantas, y quiero que la semilla de los buenos no se dañe con la mala hierba de los malos.» Bienes pedidos por Atenea para el pueblo ateniense.

En su diálogo Crátilo, el filósofo griego Platón da la etimología del nombre de Atenea, a partir del punto de vista de los antiguos atenienses:

Éste, amigo mío, tiene más peso. Ahora bien, parece que los antiguos tenían sobre Atenea la misma idea que los actuales entendidos en Homero. Y es que la mayoría de estos, cuando comentan al poeta, dicen que Atenea es la responsable de la inteligencia (nous) misma y del pensamiento (dianoia). Conque el que puso los nombres pensaba, según parece, algo similar sobre ella; y, lo que es más importante, queriendo designar la «inteligencia de dios» (theoû nóēsis), dice –más o menos— que ella es la «inteligencia divina».

Enrique Gómez, escritor guatemalteco, describe en La Grecia eterna la figura de Atenea, diosa entre las diosas:

«Entre todas las divinidades, realmente ésta es única. Es la Idea, es la Abstracción, es la Conciencia, es la Armonía. Los hombres que la crean a su imagen y semejanza son seres sin vanos temores de tenebroso más allá. […] Las frentes que se inclinan ante ella son frentes libres de prejuicios oscuros […] »

El espíritu griego y su profunda religiosidad se condensa en las palabras de Ernest Renan: «¡Oh, nobleza! ¡Oh, belleza simple y verdadera! ¡Oh, diosa, cuyo culto significa razón y juicio; tú, cuyo templo es un altar eterno de la conciencia!»

Si penetramos al pensamiento de Hegel, el filósofo traza perfectamente el aura de Atenea:

«Cuando la filosofía pinta el claroscuro, ya un aspecto de la vida ha envejecido y en la penumbra no se le puede rejuvenecer, sino sólo reconocer: el mochuelo de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo.» Georg Hegel: Prefacio a Filosofía del Derecho, 1821.

Rafael Spínola, pensador y político, le hace un guiño a Atenea, diosa de la Sabiduría:

«Y nosotros, los que estamos tachados de carecer de creencias religiosas, sólo porque rompimos las ataduras de la superstición y amamos la Libertad, también tenemos nuestro Dios, pero tan puro, que no encontramos ningún símbolo que lo represente, sino que lo adoramos en su esencia misma, que es la SABIDURÍA.»

Continuando con la Sabiduría, tema principal del pensamiento griego, el poeta Rubén Darío ensalza las virtudes de la diosa:

«Dulce y reflexiva Sofía,
Dinámica y omnipresente,
Su luz a todo artista envía,
Al laborioso, al elocuente;
Y anima con su íntimo soplo
A los artífices del fuego,
Al que mueve regla o escoplo,
A la que borda, a la que hila.» Rubén Darío: Palas Athenea, 1915, p. 5.

En síntesis, el espíritu griego, esa esencia pura  que tenía sobre la vida, la muerte, el destino y Dios, fuera de los dogmas cristianos impuestos por Pablo de Tarso, ha sido loada por muchos autores desde los clásicos hasta los más actuales.

La esencia de la religiosidad griega se puede resumir de la siguiente manera:

  • No nace de ninguna forma de temor.
  • No teme a la muerte.
  • No teme a Dios. Su Dios no es un dios castigador.
  • No cree que Dios concibiera el mundo.
  • Para el griego el mundo era antes un orden fuera del tiempo: hombres y dioses tienen su sede, su camino y su misión.
  • Creen en una eterna alternancia de mundos que nacen y desaparecen, en “reiterados crepúsculos de los dioses”, ej.: cataclismos, catástrofe cósmica.
  • No creen en el juicio final, ni en el advenimiento de un reino de dios…
  • No han sido creado por Dios, ni a la voluntad de un creador.
  • El origen del hombre, al igual que el Cosmos, es por  Manifestación del Principio Supremo de emanación. (Para ampliar más información: el emanantismo. )
  • No está sumiso a Dios.
  • La religiosidad griega no es servidumbre.
  • Dios se concibe como la Suprema Razón que se manifiesta en el Orden del Mundo, un vínculo Dios-Hombre, Idea esencia del mundo griego, siendo una común racionalidad. No dudaban de una Realidad Superior que les era evidente.
  • Los griegos buscaban la sabiduría, los judeocristianos buscan ansiosamente las revelaciones y la obediencia para llegar a Dios.
  • El griego confía en  una comunidad que abarca a hombres y dioses, la Polis de Atenas. Los dioses, como el hombre, han de encontrar el origen de su existencia en la Manifestación (por emanación) del Principio Supremo. Héroes como Teseo (Rey sacro de Atenas) y Ulises (Rey sacro de Ítaca) representan el guerrero espiritual, restaurando, equilibrando y armonizando el microcosmos que hay dentro de ellos, así forman parte del entramado mundo suprasensible del macrocosmos. La enseñanza de ambos héroes es  superar cualquier tipo de barrera que suponga un obstáculo para el recorrido iniciático que lleve a la Gran Liberación y de volver a nuestra génesis primera: incondicionada, eterna, divina…
  • La unión de los dioses en torno a una ciudad en los momentos críticos debía responder a la unión de los hombres, unión en la que la fuerza y la eficacia simbólica se expresaban en momentos como las Panateneas. Tanto en las Panateneas en Atenas y las Jacintias en Esparta, por poner el ejemplo de las fiestas más fastuosas de dos ciudades, es la manera de volver a renovar el pacto que une a la ciudad con sus dioses y que garantiza el orden y la prosperidad.
  • La cultura griega que precede a la era cristiana no tiene como ideal la santidad, sino la armonía tanto espiritual como corporal: el justo medio. En la medida en que los deseos espirituales y los deseos corporales corresponden a un deseo natural, ambos son conciliables; sin embargo, la exaltación y la pasión de Cristo los hace contradictorios.
  • Los griegos no se definieron a sí mismo como politeístas. La palabra politeísta la inventó Filón de Alejandría, filósofo cuya religión de origen fue judía… Una religión politeísta se caracteriza por la pluralidad de fuerzas divinas y de cultos. La diversidad de dioses no es contradictoria con la idea de unidad de lo divino. El politeísmo se parece al sistema de la “muñecas rusas”.
  • El griego honraban a una divinidad con respeto, educación, rezan de pie con la mirada dirigida al cielo, brazos extendidos: «A Palas Atena, ilustre diosa, comienzo a cantar, la de ojos de lechuza, rica en industrias, que un indómito corazón posee, doncella venerable, que la ciudad protege, valerosa, Tritogenia, a la que solo engendró el industrioso Zeus en su santa cabeza, de belicosas armas dotada, doradas, resplandecientes.» 28º Himno Homérico, c. s. VII a. C.
  • La religiosidad griega, de base indoeuropea, es la religiosidad de nuestro mundo y una de sus semillas más características es que no conocían el sentimiento del pecado, no se sentían víctima, para ellos no existía el miedo ni el sufrimiento, ni la mortificación para elevarse ante Dios.
  • El tema del alma es universal, pero es una célebre desconocida en nuestra sociedad. En veintiún siglos que llevamos las religiones nos hablan de Dios pero se les ha pasado un detalle muy grave: enseñarnos a hablar con Dios y entrar en comunión con nuestra alma. No importan sus mil nombres: Yavé, Padre, Tao, Zeus, Olorum. Lo más importante es conectar con nuestra fuente originaria y unirnos a su presencia. A  Pablo de Tarso se le pasó revisar las fuentes originarias del hombre griego que empezaba a hablar de dioses y estrechar un lazo de conexión íntima donde se identificaba profundamente con el el Ser Supremo y nunca dejaba en el olvido la existencia de la trascendencia. Por ejemplo, los dorios ejercían un tipo de espiritualidad Solar, pues para ellos la búsqueda de la Trascendencia no era ajena ellos. El pueblo griego conocía, gracias a sus ancestros, la Iniciación Espiritual, como era el caso de los Misterios Mayores de Eleusis, la mística de Samotracia, los misterios de Delfos, con una notable influencia de la escuela pitagórica, cuyos misterios constituyeron una de las más prestigiosas iniciaciones en la antigüedad.
  • El hombre griego quiere honrar a la Divinidad manteniéndose en medio de la fatalidad de la vida humana. Honraban la divinidad que hay en él.

Para concluir, citaré un poema de  Ricardo Reis que resume muy bien el espíritu griego:

Vosotros que, creyentes en Cristos y Marías,
turbáis de mi fuente el agua clara
sólo para decirme
que hay aguas más alegres
bañando prados con mejores horas.
¿De las otras regiones para que hablarme
si estas aguas y praderas
son de aquí y me agradan?

Esta realidad los dioses dieron
y para bien real la dieron externa.
¿Que serán mis sueños
más que la obra de los dioses?
Dejadme la Realidad del momento
Y mis dioses tranquilos e inmediatos
que no moran en lo Incierto
sino en los campos y ríos.
Dejad ir mi vida paganamente
acompañada por avenas tenues
con que los juncos de los márgenes
se confiesan de Pan.
Vivid vuestros sueños y déjame
el altar natural donde es mi culto
y la visible presencia
de mis cercanos dioses.
Inútiles procos de lo mejor de la vida,
dejad la vida a los creyentes más antiguos
que Cristo y a su cruz
y María llorando.
Deméter, dueña de los campos, me consuela
Y Apolo y Venus, y Urano antiguo
Y los truenos, con la ventaja
de ir de la mano de Júpiter.

Para saber más:

Jaeger, Werner. Cristianismo primitivo y paideia griega. 

Filosofía griega y cristianismo

Pablo en Atenas

Religiosidad Nórdica

El Emanatismo (Eduard Alcántara)

Enlaces de interés:

Filosofía versus cristianismo

El origen de las religiones

La destrucción de la cultura griega por el fanatismo religioso

 

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El mito de Medusa

Medusa, de Caravaggio.

Medusa significa “sabiduría femenina soberana”, en sánscrito es Medha, Metis en griego y en egipcio Met o Maat. Medusa fue importada a Grecia desde Libia, donde era adorada por las amazonas de la región como su diosa serpiente. Medusa (Metis) fue el aspecto destructor de la Gran Diosa Triple, también llamada Neith, Anat, Atenea o Ath-enna en el norte de África, y Athana en 1400 a.C., en la Creta minoica.

En las imágenes, el cabello de Medusa se asemeja en ocasiones a las trenzas cerradas, lo que muestra sus orígenes en África, donde tenía un rostro oculto y peligroso. Fue inscrito que nadie podía levantar su velo, y que al que miraba a la cara le permitía ver su propia muerte y su futuro.

El arquetipo

Históricamente, Medusa ha sido considerada el arquetipo de la madre mala; sin embargo, es mucho más compleja, pues simboliza lo siguiente:

  1. Soberana de la sabiduría femenina. Los misterios femeninos. Todas las fuerzas primordiales de la Gran Diosa: los ciclos del tiempo como pasado, presente y futuro. Los ciclos de la naturaleza como la vida, la muerte y el renacimiento. Es la creatividad y la destrucción universales en la transformación eterna. Es la guardiana de los umbrales y la mediadora entre los reinos del cielo, la tierra y el inframundo. Es la señora de las bestias. La energía latente y la energía activa.
  2. Es la conexión a la tierra. La unión del cielo y la tierra. Destruye para recrear el balance. Ella purifica.
  3. Es la verdad última de la realidad, la totalidad más allá de la dualidad. Ella rompe nuestras ilusiones mortales.
  4. Es la sabiduría prohibida pero liberadora. Las fuerzas indomeñables de la naturaleza. Como mujer joven y hermosa es la fertilidad y la vida. Como bruja, consume devorando todo en el plano terrestre. A través de la muerte tenemos que volver a la fuente, al abismo de la transformación, al reino eterno. Debemos someternos a ella y a sus términos de mortalidad. Ella refleja una cultura en armonía con la naturaleza.

 Constelación de imágenes

En su imagen podemos encontrar esta constelación de significado arquetípico. A lo largo de la historia arqueológica se han producido los patrones de correspondencia de su impronta en todo el mundo, como los antiguos poderes traducidos del mundo natural en una imagen orgánica que era accesible, práctica, ceremonial, mística y potente. Al principio su iconografía representa una poderosa fuerza natural que es adorada y venerada por las culturas como algo sagrado y santo, como símbolo de la potencia total de la Gran Diosa Triple.

Las imágenes de la medusa en la antigua Europa comenzaron varios miles de años antes de su reinvención en la mitología griega clásica. En el paleolítico superior su poder está representado en el laberinto, en la vagina, en lo uterino y en otros designios femeninos. A lo largo del neolítico, su fuerza es simbolizada por la figura femenina colocada en posturas y gestos sagrados de empoderamiento, con la presencia de animales, principalmente aves y serpientes a las que ella está íntimamente conectada. Esas imágenes aparecen en el área mediterránea y continúan extendiéndose hasta finales de la edad de bronce de la Creta minoica, (1600 a.C.), donde es representada como la diosa-serpiente.

Las aves que aparecen en su cabeza u hombro significan su generación, así como los poderes de la muerte en su aspecto oscuro, de bruja. También representan el firmamento.

Las serpientes enrolladas sus brazos, piernas o entrelazadas en su cabello son representadas susurrando en su oído. La serpiente es un tótem de los ciclos de la vida, la muerte y renacimiento, y de las estaciones. Es la conexión con la tierra fértil y el inframundo. También simbolizan la inmortalidad, ya que la serpiente cambia de piel constantemente.

Asimismo, la serpiente era relacionada con las mujeres en la antigüedad por su correspondencia con las propiedades inmortales de la sangre de la menstruación. En aquel entonces las mujeres en su periodo de menstruación eran temidas con reverencia por los hombres, debido a que sangraban inexplicablemente sin herida, y por su sincronización con los ciclos de la luna.

La serpiente era también un emblema del océano, cuando el mar era representado como una serpiente que rodea a la tierra. Siglos más tarde, los mitos de la Grecia clásica categorizaron a la serpiente como un mal, engañosa, como un personaje repugnante asociado con las “brujas” y las sabias.

En el año 750 a.C., la imagen de cuerpo completo de Medusa en Grecia es una pieza central de uno de los antiguos templos sobrevivientes, el de Artemisa, una de sus diosas ancestrales. Ella es la Señora de las Bestias, quien resguarda los recuerdos de Creta y Angolia. Al igual que Medusa, mata de una manera sagrada para que la vida pueda continuar. En esta imagen de Medusa las serpientes están atadas alrededor de la cintura en un nudo sagrado de curación, ya que esos reptiles eran utilizados con fines medicinales. Está representada con el cabello ensortijado, grandes alas de ave en la espalda e incluso sus pies en ocasiones aparecen con garras. Las alas simbolizan la libertad y el movimiento dinámico entre los mundos. Incluso hay imágenes sobrevivientes de Artemisa usando la máscara de Medusa, llamada también la máscara de la Gorgona o Hécate.

 La máscara

El símbolo ampliamente reconocido de la sabiduría femenina de las antiguas medusas era su atemorizante máscara ceremonial. Tenía grandes ojos que reflejaban su inmensa sabiduría. Representaban todo lo que se conocía, los ojos que ven a través de nosotros, hurgando en nuestras ilusiones y mirando hacia el abismo de la verdad. Su boca es mortal y semeja a una calavera. Devora toda la vida, devolviéndonos a la fuente. En ocasiones muestra amenazantes colmillos de jabalí, que significan que están destinados a asustar a los hombres, aunque aquellos más bien se remiten a los cerdos, un antiguo símbolo de la matriz del renacimiento. Su lengua sobresale como la de una serpiente y su rostro está rodeado por un halo de pelo en espiral, serpentinas que simbolizan los grandes ciclos y la sabiduría de la serpiente.

La máscara se utilizaba para guardar y proteger a las mujeres y el conocimiento secreto de la divinidad femenina. Literalmente advertía a los hombres “Aléjate de los misterios femeninos”. Fue erigida en piedra (correspondiente a su mirada de piedra), en cuevas y puertas de enlace a los lugares sagrados dedicados a la diosa. También aparecía en pilares de piedra levantados en honor de sus amantes muertos. Incluso tras la degradación de la cultura de la Medusa ateniense después del VII d.C. Antes de esa fecha, su imagen se siguió utilizando hasta el reinado de la cristiandad.

Su contaminación comenzó en Grecia en los siglos VII y VI a.C. Sin embargo, para ese entonces aún existían imágenes que veneraban a Medusa en su plena potencia. Se encontró una de la Gorgona Medusa como las de Creta en un carro de guerra flanqueado por leones. Se parece mucho a Cibeles, la Gran Diosa Madre, deidad de las fieras y de la fertilidad de la naturaleza. Al mismo tiempo fue hallado un relieve de una mujer con la máscara de Gorgona en una posición erótica o de alumbramiento, una representación de poder en las imágenes de las mujeres del neolítico. Pero su rostro y la máscara se siguieron utilizando en los templos y santuarios, y ser colocada comúnmente en columnas, puertas y corredores, reafirma su papel como guardiana de los umbrales y mediadora entre los senderos.

 La Grecia patriarcal

El patriarcado comenzó en las edades de bronce y hierro del primer milenio griego. Bajo esta concepción del mundo, Medusa ya no nació de una madre sagrada, sino de un padre supremo. Tierra y el cielo se dividen eternamente. En el mito, héroes y dioses son creados para dominar y subyugar a las fuerzas femeninas y naturales una y otra vez en diversas formas, la más común de ellas en forma de monstruosas serpientes gigantes. Un ejemplo de lo anterior es la serpiente-dragón llamada Eurinaes, quien es dominada por Apolo.

El dios Apolo representa el ascenso del patriarcado y de los intereses masculinos contemporáneos. La Eurinaes es una fuerza dinámica femenina que representa lo antiguo, las civilizaciones matrifocales y los valores femeninos anteriores a los dioses del Olimpo. Eurinaes es subordinada, dominada y domada por Apolo cuando se ve forzada a abandonar su santuario para establecerse en el templo de Delfos. A través de la dominación el héroe constantemente conquista el patrón cíclico de la naturaleza y trata de hacerlo lineal. Amansa las fuerzas femeninas salvajes y hace que las mujeres se ajusten a los roles de servicio del género masculino.

Pronto, la santa imagen de la Gorgona Medusa como símbolo antiguo de poder y sabiduría femeninos se volvió totalmente inaceptable. Para el VI a.C. sus ritos fueron interrumpidos, sus santuarios invadidos, los bosques sagrados fueron talados, sus sacerdotisas violadas y su imagen manchada. Su iconografía –al igual que las mujeres—fue dominada y domesticada. Su máscara se utilizó en elaborar linternas y estufas etruscas, probablemente por su relación con el fuego alquímico. Aunque la máscara fue ampliamente usada por la gente del campo, su sabiduría femenina, su fuerza natural, sus poderes creativos, de destrucción y regeneración fueron demonizados y se la consideró maligna. Medusa se convirtió en un monstruo horrible, (la mayoría de los monstruos eran mujeres o habían nacido de la Tierra). Su imagen más popular fue la de su derrota en el mito ateniense de Perseo.

En el arte arcaico, el momento en la historia representado más frecuentemente es la persecución después de la decapitación, cuando Perseo huye con la cabeza cortada, perseguido por las hermanas gorgonas de Medusa. En 550-450 a.C., pintada principalmente en jarrones, aparecía la imagen del héroe acechando a su víctima mientras esta duerme o cortando su garganta, mientras los dioses observan. En esas vasijas, Medusa es representada como una serpiente, un monstruo horrible. En esa época, los pocos rituales a Medusa se reservaban exclusivamente para el aspecto militar, y su imagen aparecía en armaduras o escudos.

En el curso del siglo V emergerá nuevamente como una mujer hermosa en su aspecto de doncella. Pero cuando los persas introdujeron la serpiente emplumada, sus poderes se transformaron otra vez en un dragón, el cual es fálicamente empalado por la boca, una imagen que fue muy popular en la Edad Media.

 Atenea, diosa patrona

El mito ateniense fragmentó y redujo el original libio de la triple diosa Atene a Atenea, Metis, Medusa y sus hermanas gorgonas. Gorgo, Gorgona o Gorgopis era la del “Rostro horrible y además Medusa (Metis) era el título de Atenea como diosa de la muerte. La hermana mayor era Medusa, quien representaba la sabiduría femenina; sus hermanas menores eran Esteno (la fuerza) y Euríale (la universalidad). Todas eran hijas de Ceto y Forcis, pero Medusa era la única mortal. Originalmente eran hermosas. Como Medusa, tenían alas en la espalda y en los tobillos, y llevaban la máscara de Hécate, la máscara de la Gorgona.

En el siglo VII a.C. los atenienses adoptaron a Atenea como su diosa patrona. A través del mito, los griegos cortaron las raíces de la antigua cultura de las mujeres, separándola de los aspectos oscuros de Medusa y Metis. Al separar a Atenea de Medusa, las dos se superponen: Metis se convirtió en su madre y Medusa en su enemiga.

Su madre, Metis, la cambiante de forma, se dice que es la madre original y la más sabia y grandiosa de todos los dioses. Para los atenienses, ella fue violada y devorada por Zeus. Así, Zeus obtuvo el poder sobre los demás dioses, consumiendo el antiguo linaje de Metis junto con su inmensa sabiduría. [Zeus utilizó su capacidad de cambiar de forma sobre todo para seducir y violar mujeres]. La sabiduría de Metis era tan grande que impregnó la cabeza de Zeus y de ella surgió la nueva Atenea.

Al traicionar su antiguo linaje, Atenea se convirtió en la hija obediente que conservó su aspecto virginal, fértil. Ella era la diosa municipal de la inteligencia de Zeus, al servicio del ego masculino-solar, haciendo a los hombres héroes que dominan a las mujeres y a la naturaleza, y que representan los valores patriarcales, los roles e ideales de Atenea. Ella ofrece a las mujeres un nuevo papel bendito, ausente de la esfera pública y al servicio del hombre. Las mujeres son prescritas en los roles de la virgen, esposa y madre. Como virgen, la prueba de su paternidad está confirmada. Como madre, ella es la nodriza de sus hijos. Y como esposa es devota de su hombre.

En 458 a.C. rechaza descaradamente a su madre Metis en la Orestíada de Esquilo, cuando justifica la prioridad de los hombres sobre las mujeres: “Es mi obligación dictar un fallo final aquí… No hay madre en algún lugar que me haya dado a luz… Yo estoy siempre para el hombre con todo mi corazón, y fuertemente al lado de mi padre. Por lo tanto, en los casos donde la mujer ha asesinado a su esposo, al señor de la casa, la muerte de ella no significará nada para mí”.

Sin embargo, el personaje de Atenea contiene muchas contradicciones que muestran la lucha del hombre para manejar su potente pasado. Un ejemplo de lo anterior es que el animal favorito de la diosa es la lechuza, un antiguo símbolo del ave de la muerte y de su regeneración, así como de sabiduría femenina, oscuridad, noche, luna y misterio.

La nueva enemiga de Atenea, Medusa, rivalizaba con ella en belleza y poder. Incluso Perseo acepta que admiró la belleza de Medusa cuando ella estaba muerta, por lo que llevó la cabeza con él para mostrarla a los griegos. Cuando Medusa se convirtió en un monstruo mitológico, fue la propia Atenea quien la hizo fea. De acuerdo con la Metamorfosis de Ovidio, cuando Medusa era virgen fue violada por Poseidón en el templo de Atenea. Ésta culpó a Medusa por el acto sacrílego y la castigó, transformando el elemento más bello de su persona, su cabello, en serpientes (en ese entonces las serpientes eran consideradas repugnantes). Pero incluso el monstruo Medusa responde al abuso con rabia, con una vitalidad de fuego para proteger la vida. A partir de entonces ella siempre usa su poderosa mirada para convertir a sus enemigos hombres en piedra; entre otros, Atlas fue convertido en una montaña de piedra.

Perseo con la cabeza de Medusa, por Benvenuto Cellini

El asesinato

En el mito ateniense del héroe griego Perseo, la sabiduría femenina de Medusa, junto con las potencialidades de las mujeres en general, es silenciada y las fuerzas de la naturaleza son conquistadas en un último acto de dominación y venganza.

Perseo es enviado en una misión por Polidectes, rey de Sérifos, y la propia Atenea, para recuperar la cabeza de la Gorgona, un hecho que exige las máximas heroicidad y habilidades masculinas. Se le proporcionan sandalias mágicas aladas, una capa y una bolsa de Hermes. Guiado por Atenea todo el tiempo, vuela sobre el océano hasta el lago Tritonis en Libia, donde continúa su camino a través de bosques de gran espesor. En la ruta al palacio de Medusa ve varias estatuas de hombres y bestias. También hay columnas de piedra erigidas en honor a los amantes muertos del monstruo. Perseo se encuentra a las gorgonas durmiendo. Mientras que Atenea sostiene un escudo a manera de espejo, Perseo decapita a Medusa con su espada. Enfurecidas, las hermanas gorgonas corren tras él, pero es en vano, ya que el casco lo hace invisible.

Perseo no pudo haber completado esa tarea sin la ayuda de la traidora diosa guerrera Atenea. Es ella la que lo guía e instruye a lo largo de su viaje y asesinato. Ya que el mito simboliza la usurpación de sus poderosas raíces en una cultura donde ella y Medusa eran una, fue muy útil que sólo Atenea conociera los secretos para encontrar y derrotar a Medusa.

 El poder de la sangre

Incluso muerta, la sangre de Medusa conserva sus poderes. Da vida a Pegaso, el militante corcel alado de Zeus que crea serpientes en la tierra con el toque de su pezuña, y que también introdujo el culto dionisíaco a Atenas. También Crisaor, el gigante de la espada de oro, nace de su cuello sangrante. La sangre de Medusa es drenada de su cuerpo y luego se utiliza para resucitar a los muertos (haciendo de Asclepio un gran sanador). Extraída de su vena derecha sana y alimenta la vida; de su serpiente izquierda, mata.

Las serpientes, el rostro terrible, su mirada de piedra y su sangre mágica se correlacionan con el antiguo tabú menstrual. El folklore primitivo creía que la mirada de una mujer que está menstruando podía convertir a un hombre en piedra. También se creía que la sangre menstrual era la fuente de toda vida mortal y también de la muerte, ya que ambas son indisolubles.

 Ritual militar

Perseo colocó la cabeza de Medusa en su bolsa. Utilizó la extremidad como arma en otro enfrentamiento y, cuando llega a casa, se la devuelve a Atenea. La cabeza de Medusa es entonces forjada en el centro de la égida de Atenea y en el escudo de Zeus, el cual es dado a Atenea. Incluso después de su derrota, el rostro de Medusa conserva su poder de Gorgona para proteger a la diosa de los enemigos, convirtiéndolos en piedra. Es la imagen llamativa, central de las representaciones de Atenea. El rostro de Medusa  continúa como símbolo de su fuerza en el ritual militar y en la armadura de los guerreros en la batalla.

La decapitación mitológica de Medusa simboliza el silencio final de la sabiduría y de expresión femeninas. Es el acto que se detiene su crecimiento, que limita su potencial, su movimiento y sus contribuciones culturales. Ella es eliminada y su cabeza cortada es ostentada en la Acrópolis y en obras de arte como orgullo del sometimiento de ella y de todas las mujeres en manos de los hombres violentos. Ella es rota y su cuerpo esclavizado. Su espíritu, mente, sus poderes espirituales son asesinados. Sus fuerzas de creatividad femenina y de destrucción alguna vez honradas se detienen. Su papel como mediadora dinámica es degradado. Las fuerzas salvajes de la naturaleza son controladas, domesticadas y caen bajo el yugo del orden masculino. Los ciclos de la vida y de la naturaleza se arreglan para cumplir con la perspectiva lineal de ellos.

 Detrás de las raíces libias

El mito de Perseo se inventó para explicar la aparición del rostro de la gorgona Medusa, o la máscara, en el escudo y en la égida de Atenea. No resulta sorprendente que las primeras imágenes de Atenea tuvieran un parecido asombroso con la venerada diosa-serpiente cretense. En el arte, los cambios de Atenea están asociados de manera consistente con las serpientes, tal y como aparecen en los hombros y sobre su armadura, junto con el rostro de Medusa como imagen central.

El mito de Perseo fue también un intento de ocultar las raíces libias de Atenea en la trinidad amazona-serpiente-diosa. En los mitos prehelénicos se decía que Atenea provenía del útero del lago Tritonis (que significa Tres Reinas), el mismo lugar en el que se decía que Medusa había gobernado, cazado y dirigido las tropas en el mito ateniense. Los mitos más antiguos son a su vez más específicos, y dicen que Atenea nació de las Tres Reinas de Libia, con Metis-Medusa como su aspecto destructor.

Fuente: operamundi

Enlace de interés: el simbolismo serpentino

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La fe en la inmortalidad

Campos Elíseos

El pensamiento homérico sobre el alma refleja la resignación y no el deseo del hombre, cuya existencia después de la muerte, se reduce a vagar como un alma en pena, existiendo sin duda, pero carente de todo sentido. Pero la cuestión es: ¿no existía ningún deseo de poder alcanzar otro tipo de vida más vivificante y estimulante a la hora de morir? En los poemas de Homero, la concepción del alma, después de la muerte, es la de no descansar siquiera de las extenuaciones de la vida (el alma de Sísifo, la de Tántalo, por mencionar algunos ejemplos que hemos comentado en este blog) pero tampoco sigue existiendo. Parece que el reino del Hades no ofrece una luz de esperanza, aunque sea una llamita tenue y ligera. El Hades es el fin para el hombre, cerrando así cualquier vestigio de luz y esperanza.

La única vía de esperanza para eludir el lóbrego reino del Hades era que los dioses te enviaran a los Campos Elíseos, un lugar donde la luz es eterna, nunca hay nieve, ni largo invierno, ni vientos ni lluvias, acompañado de una paz inquebrantable y eterna.

Según la creencia más popular, un dios podía, de repente, sustraer a un mortal protegido suyo y llevárselo a la eternidad, bien sea a los Campos Elíseos o al Olimpo. De manera arbitraria, en algunos casos, y otras por parentesco directo con el dios, el mortal pasaría a ser inmortal.

En la Odisea (Canto IV. 560) Proteo, que tenía el don de leer el porvenir, le profetisa a Menelao que los inmortales te enviarán a los Campos Elíseos y le enfatiza que es un lugar donde los hombres viven dichosos. Proteo le hace ver que, cuando llegue su hora, no acabará su vida, dice de él el poema; en otras palabras, Menelao no tendrá que morir para ir a los Campos Elíseos pues irá vivo y tampoco le arrebatará la muerte una vez alcanzado los Campos Elíseos. Entendemos que el alma de Menelao (Psique) no tiene que separarse de su cuerpo ni ser sepultado. Por lo tanto, los Campos Elíseos es un lugar inasequible para los demás mortales, solamente para algunos privilegiados: a Menelao le garantizan un lugar especial de bienaventuranza e inmortalidad. La inmortalidad de los dioses tiene además otros disfrutes como el néctar y la ambrosía. Así pues, el hombre que se alimente de estos divinos regalos se convierte en dios, en inmortal. En suma, Menelao es transportado vivo a la eterna vida gozosa y plena de felicidad, a un lugar especial.

Zeus, dios soberano.

¿Es la virtud y el mérito los que dan derecho a la futura bienaventuranza? En los poemas homéricos no hay el menor rastro de que sea así. Menelao no se distingue especialmente por ninguna virtud concreta, será transportado a los Campos Elíseos simplemente porque su matrimonio con Helena lo hace yerno de Zeus, tal como lo anuncia Proteo; en la otra cara de la moneda nos encontramos a Aquiles hundido y desolado en el reino de las sombras en el Libro XI de la Odisea:

No me consueles de la muerte, ilustre Ulises. Preferiría estar en la tierra y servir a un hombre pobre, sin muchos medios de vida, que ser el señor de todos los consumidos.

Esquema de dos mundos opuestos:

Aquiles

Tártaro, la muerte, separación de la psique del cuerpo, desolado, hundido, una sombra vagando. Aquiles es virtuoso, como guerrero y persona.

Menelao

En los Campos Elíseos, permanencia de la psique en el cuerpo, la evitación de la muerte, un privilegio. La virtud no es su fuerte.

Hay que precisar que aquellos inmortales que terminen su vida en los Campos Elíseos llevan una vida consciente interminable, eterna, pero no se les confiere ningún poder divino, ni salir más allá de los confines de la tierra.

Por otro lado, en el ámbito religioso, los héroes de la epopeya homérica no están a la altura de los dioses. Es decir, en la época homérica no hay indicios de que se realicen rituales en honor a Menelao o a Heracles para que sean los intermediarios entre los dioses y los hombres, sino que son fuerzas divinas de pleno derecho que tienen un trato de culto propio, unos santuarios florecientes y, por supuesto, detrás, una mitología indeleble e inquebrantable. Es muy común que, casi siempre, cada héroe es conocido solamente en su territorio, excepto Heracles que traspasó fronteras.

Pero, entonces, ¿qué virtudes tiene que tener un héroe para terminar su vida en los Campos Elíseos? Probablemente, en el caso de Menelao, fuera más un anhelo del espíritu poético de Homero que una necesidad de orden religioso, incluso dicha decisión iba más allá de una creencia popular. Es decir, sólo se subraya el deseo poético, apoyándose en la libertad de la poesía. Lo que sí podemos estar seguro es que el culto religioso no tuvo un peso influyente en la decisión de mandar a Menelao a los Campos Elíseos, sino más bien Homero intenta revelarnos el tema del tránsito hacia la eternidad.

Igualmente, hay otros casos en el que los dioses se llevan a los mortales a la morada de los dioses, al Olimpo, como un regalo exclusivo, que puede ser un don especial que los dioses aprecian y quieren compartir. En este caso, destacamos la figura de Ganímedes.

Ganímedes, el más bello de los mortales, de quien se dice que fue arrebatado por los dioses para ser transportado al Olimpo y vivir allí eternamente, como copero de Zeus. Fue el propio Zeus quien, transformado en águila, se lo llevó por los aires hasta el Olimpo. El rapto de Ganímedes ha sido una fecunda fuente de inspiración para la literatura griega y romana desde Homero (Ilíada V, 265; XX, 232) hasta Ovidio (Metamorfosis, X, 155).

¿Por qué la leyenda de Ganímedes tuvo tanta repercusión en aquella época? En mi opinión, la creencia según la cual un dios o una diosa podía, de repente, despojar a un mortal de su vida sin ser visto por nadie, como es el caso de la joven Core (conocida como Perséfone después de que Plutón la raptara al Hades) o Ganímedes, servía para explicar las desapariciones de individuos que jamás regresaban a su hogar, por circunstancias imprevistas, o de soldados que desaparecían en combate. Imaginaos salir de casa a dar un paseo y desaparecer de la faz de la tierra. ¿Qué impacto tendría en su familia? Era pues una justificación, de carácter divino, para exponer las desapariciones en combate, los raptos, la fuga premeditada, etc. Sin embargo, según la creencia antigua, los raptos de Ganímedes y Orión reflejarían los astros que se observan en los fenómenos del cielo y que debían ser explicados. En estas leyendas cabe destacar que a los fenómenos celestes se les consideraban seres animados y dotados de alma como a los hombres. El significado de estos mitos refleja que si los dioses elevan a Orión a su reino, cualquier mortal puede llegar a gozar de la misma suerte, contando con el favor de un dios. En el caso de Perséfone, después de ser raptada por Hades, Zeus, como intermediario, estableció que Perséfone volvería con su madre, Deméter, llegando con ella la primavera y volvería a descender al mundo de las tinieblas al llegar la época de la siembra.

En síntesis, la inmortalidad ofrece más ventajas que desventajas. Sin embargo, escudriñando los poemas de Homero, hay que ver la inmortalidad desde otra óptica. En la Odisea (Canto V. 209) la ninfa Calipso, enamorada de Ulises, le ofrece la inmortalidad siempre y cuando renuncie a su identidad. La reflexión de Ulises es la siguiente: si olvida quién es, también olvidará adónde va y nunca alcanzará su logro espiritual. Supongamos que Ulises aceptase la oferta de Calipso, si cediese a la tentación de ser inmortal, dejaría en ese instante de ser un hombre, no sólo porque se convertiría en un dios sino porque eso le llevaría al exilio, renunciando para siempre a vivir con los suyos, por lo que perdería su propia identidad. Con más rotundidad, al aceptar la inmortalidad, Ulises dejaría de ser Ulises y ya no sería el Ulises que todos conocemos: rey de Ítaca, marido de Penélope, hijo de Laertes…

El propio Zeus nos hace entender que Ulises es el más sabio de todos los humanos; Atenea es su escudo protector (Odisea, Canto V. 7). Ambos ven que su principal destino es comportarse en la tierra como el representante de los dioses a nivel del Gran Todo. Aunque Ulises es mortal, es un Zeus pequeño al igual que Ítaca es un mundo pequeño y el objetivo de su periplo en la Odisea se le hace tortuoso, retorcido, doloroso, con muchas pérdidas alrededor suya. Pero Ulises continúa hacia delante y declina la inmortalidad que le ofrece Calipso. Su único anhelo es hacer que la justicia reine por las buenas o por las malas, si hace falta y alcanzar la armonía, su destino. Por eso Zeus no permanecerá insensible a este proyecto que le recuerda al suyo, cuando tuvo que reestablecer el orden dentro del caos inicial que había en el universo (Teogonía). Ulises, por fin, después de diez años preso en la isla de Calipso, y gracias a la intervención de Atenea, pudo seguir el impulso de su espíritu.

Ahora sabemos de dónde viene y adónde va Ulises: del caos al cosmos pero a su nivel, que es humano, pero que a su vez refleja el orden cósmico. Es un itinerario de sabiduría pero a su vez un camino tortuoso, polvoriento, de mucho sufrimiento, cuyo fin, sin embargo, es el de alcanzar la sabiduría aceptando la condición de mortal que es la de todo ser humano.

Ulises

Ulises nos enseña la lección más importante: la inmortalidad es para los dioses no para los humanos y no es lo que uno debe buscar desesperadamente en esta vida. En síntesis, las líneas maestras que Ulises nos enseña son:

  1. Es muy importante pertenecer a una comunidad armoniosa, a una patria (un cosmos).

  2. Dar la espalda a nuestra naturaleza y arrancar nuestras raíces que están conectadas con los verdaderos valores e hilvanadas a nuestras tradiciones ancestrales es desviarnos de los propósitos del cosmos y, por lo tanto, representa la peor forma de despersonalización que pueda conocerse en la vida. No podemos caer en el olvido. Ulises tiene que luchar para no bajar al destierro, al olvido y, por encima de todo, su único fin es alinearse con su verdadero Yo, aquél que perdió cuando lo arrancaron de su patria.

  3. La guerra de Troya, fiel reflejo de nuestro mundo actual, es una máquina de engullir a miles de jóvenes, un desarraigo sin igual para unos soldados llevados a la fuerza lejos de sus hogares, lejos de toda civilización, de toda dicha, lanzados a un universo que no tiene nada que ver con la vida en armonía y equilibrio. Esta visión es muy importante para entender el universo como parte elemental de nosotros. Hoy día, nos están arrancando nuestras raíces, el desorden y el caos son esos grandes agujeros negros de nuestras vidas.

  4. Más allá de su dimensión casi iniciática en el plano humano, incluso de los aspectos cosmológicos, esta concepción de la búsqueda de la armonía, una reconciliación con el cosmos, posee también una dimensión metafísica que guarda relación con el tema de la muerte. Para los griegos, lo que caracteriza a la muerte es la pérdida de la entidad. Aquí la muerte no sería física: Ulises nos alienta a que jamás dejemos de ser personas trascendentales para convertirnos en zombis de la sociedad, sombras carentes de identidad, en masas ignorantes que abandonan su verdadera patria, para terminar siendo anónimos, luces y sombras que parpadean sin brillo llevando consigo la pérdida de nuestra individualidad.

  5. Ulises busca la inmortalidad en la sabiduría. Se sacude de todas las irrealidades, de sueños utópicos y de fluctuaciones inestables que va sorteando a su paso.

 

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El suicidio de Áyax

escultura-del-ayax-el-grande-heroe-de-la-mitologia-griega-373001-MLM20253308450_022015-OÁyax Telamón o Áyax el Grande es, para mí, uno de los héroes más vibrantes de la épica griega. Al ser un personaje admirado y a la vez odiado, nadie duda de su talento innato en el manejo de las armas y con un espíritu luchador e incansable, destaca entre las filas griegas, tras Aquiles, sin dejar a nadie indiferente. Para bien o para mal,  Áyax ha llegado a nuestros días. Sin duda fue la eficacia de Áyax en el combate lo que motivó que unos fabricantes de detergentes domésticos bautizaran con el nombre del héroe a uno de sus productos, el Áyax, destinado a luchar…contra la suciedad. También, un equipo de fútbol holandés laureado  a nivel internacional, el Áyax de Ámsterdam, presume de llevar en su escudo su imagen. Sin embargo, ahondando en la personalidad de Áyax, uno descubre que muchos autores terminan desprestigiando al héroe de Salamina y por esta razón, estoy de acuerdo con la obra trágica de Sófocles, Áyax,  donde el autor ofrece una salida al héroe cuyo resultado final es impecable. Dicha tragedia resulta muy interesante, porque, sin omitir los defectos del héroe y sus graves acciones, Sófocles consigue redimirlo.

Para aquellos que desconocen la historia de Áyax, al morir Aquiles, víctima de la flecha lanzada por Paris y guiada por Apolo, fue el propio Áyax el que, junto a Ulises, recogió su cuerpo y sus armas del campo de batalla. Como era costumbre, tras el funeral,  ambos héroes convocaron una asamblea de jefes para reclamar como recompensa la preciada armadura de Aquiles, la cual había sido forjada personalmente por el dios Hefesto. Las armas, finalmente, son adjudicadas a Ulises. Áyax se creía merecedor de tal premio y se sintió deshonrado por sus compañeros de armas. Áyax, con todo su odio y rencor de su alma, entró en una locura descontrolada. En su delirio, trama matar a sus propios compañeros de batalla y a Ulises. Sin embargo, gracias a la intervención divina de Atenea, la protectora de Ulises, Áyax confunde un rebaño de ovejas con sus compañeros y mata a todos los animales. Cuando Áyax despertó de su locura, vio que había deshonrado su espada de guerrero con sangre de animales y decidió quitarse la vida antes que vivir en la vergüenza y la indignidad de un guerrero de su linaje. Para ello utilizó la espada de Héctor, que éste le había entregado como una ofrenda de honor tras su primer duelo.

El suicidio en la antigua Grecia se consideraba una muerte maldita, pues no permite que el alma encuentre su remanso de paz, considerándose una muerte impura. Curiosamente, Áyax es el único guerrero de la guerra de Troya que se suicida. En la sociedad griega, los hombres mueren en el campo de batalla cumpliendo el ideal de civismo. La ciudad les concede un hermoso sepulcro y una elogiosa oración fúnebre con varios días de rituales. En la tragedia griega el suicidio se ve no como un “acto heroico” sino una “solución trágica” que la moral reprueba. Aristóteles afirma que “una especie de deshonor acompaña al suicida, que es mirado como culpable para con la sociedad” y define el morir por mano propia como un acto injusto que la ley no permite y un deshonor que acompaña al que se mata. La situación es delicada. Los jefes griegos discutieron qué hacer con el cadáver del héroe. El hermanastro de Áyax, Teucro, deseaba sepultarlo pero Agamenón y Menelao decidieron que no se debía enterrar, dejando su cuerpo expuesto para que lo buitres acabaran con él. No obstante, Ulises, sintiéndose en parte responsable de su muerte, actuó a favor del fallecido y convenció a sus compañeros para que permitiera los actos fúnebres. Y así fue enterrado, en vez de incinerarlo como era la costumbre. Ulises conmovido, depositó sobre su tumba las armas de Aquiles.

Sin embargo, la traición pesa sobre el héroe sin justificación alguna. La traición se consideraba uno de los peores delitos en Atenas, un delito que merecía las más severas sanciones. Más concretamente podemos decir que la ley para los traidores que encontramos recogida en Jenofonte (Helénicas 1.7.22) era la misma que existía para los ladrones de las propiedades sagradas y probablemente era así porque la comisión de estos dos delitos recibía el mismo castigo, a saber, la prohibición de ser enterrados en el Ática; o, en el caso de la traición, en el territorio al que se había traicionado y la confiscación de los bienes. En este caso, Áyax no había sido castigado por su traición de intentar matar a sus compañeros, ya que se suicidó antes de ser juzgado.

Áyax preparando su suicidio. Reproducción de un ánfora de figuras negras pintada por Exequias (530 – 525 a. C.).

¿Por qué se suicida Áyax? Es la cuestión que siempre me ha hecho reflexionar. No me vale con el último enfrentamiento entre Ulises y Áyax por la disputa de las armas de Aquiles.  Por eso, hay que amplificar el campo de visión más allá de aquel funesto episodio y realizar un análisis con más recorrido y de manera exhaustiva sobre la vida de Áyax.

Hay varios momentos en la vida de Áyax que se deberían tener en cuenta para entender de qué manera llega el héroe de Salamina al suicidio:

  1. Antes de la guerra de Troya, el padre de Áyax, Rey de Salamina, le recomienda que luche con sus armas, pero también con la ayuda de los dioses. Áyax le responde, con arrogancia, que tan sólo los cobardes ganan la victoria con el auxilio de los dioses.
  2. Atenea quiso alentar al héroe de algunos peligros, pero lo desechó con insolencia, diciéndole que no se mezclase en su conducta de la cual daría buena cuenta, y que reservase sus favores para sus compañeros de batalla.
  3. En otra ocasión, rehusó el ofrecimiento que la propia Atenea le hizo para proteger su carro.
  4. Ayáx borró de su escudo el búho, ave favorita de Atenea, temiendo que esta imagen fuese tomada como un acto de respeto hacia ella y, por consecuencia, como una prueba de desconfianza en su propio valor.

No cabe duda de que Áyax es un príncipe valiente e intrépido que prestó grandes servicios a los griegos; pero de un carácter temperamental y al mismo tiempo cruel. Es de destacar que se valió de su fuerza humana más que de la divina y que nunca fue herido en combate, pero el mundo moral de Áyax es desastroso. En una sociedad en la cual la religión, el respeto a los dioses y  los rituales eran una parte indisociable de la moral griega, Áyax decide rebasar las líneas rojas de la moral griega poniendo la unidad social a la que pertenece en peligro, como fue el caso de la disputa de las armas de Aquiles. La sociedad ateniense acogía en su seno, sin problemas, la incredulidad, quizá con la única condición de que no diera lugar a gestos de impiedad, pero los actos de Áyax van más allá de la incredulidad, por lo que el héroe está siempre bajo amenaza de los dioses, especialmente de Atenea.

Igualmente, no hay que olvidar que la base fundamental de la sociedad griega es que a los dioses se les tiene que respetar ya que son impredecibles y, a la vez, te hace ver que el ser humano vive en un mundo hecho de fuerzas extrañas, de fenómenos sobrenaturales que te afectan para bien y para mal. Cabe recordar que la Ilíada comienza con un alejamiento del hombre de los dioses y las consecuencias son nefastas:

¿Qué dios sembró entre ellos la discordia? El hijo de Zeus y Leto (Ilíada, 8-9)

En dicho pasaje, Agamenón había ofendido al sacerdote de Apolo y como  consecuencia de las oraciones del sacerdote, Apolo mandó una plaga contra el ejército de Agamenón.

Recordemos que Áyax desoye las palabras sabias de su padre, Rey de Salamina, sobre el culto y respeto que hay que ofrecer a los dioses. Pero más allá de no atender las palabras de su padre, la actitud del héroe con los dioses no era la más adecuada, en concreto con Atenea, con la que siempre tuvo un pulso beligerante. La condición moral de Áyax va desgastándose  hasta llegar a su último episodio cuando se disputan las armas de Aquiles y Áyax es el perdedor. Para mí, Áyax fue merecedor de llevar las armas de Aquiles, porque estaba más ligado a él que Ulises, además de ser un héroe que se entregó a la batalla sin miramientos. Pero las circunstancias que rodearon a la disputa de las armas favorecieron a Ulises.

Recordemos también que Áyax es el único guerrero de Troya que rechaza a los dioses y el único que acaba suicidándose. La pregunta es la siguiente: ¿los dioses te garantizan la protección y la gloria en el campo de batalla? Indudablemente no. De hecho, el Olimpo de los dioses se divide en la guerra de Troya, defendiendo a troyanos y griegos y, como en cualquier guerra, siempre hay muerte, dolor, enfermedad y sufrimiento en ambos lados. Pero es curioso que Áyax sea el único que se postula en contra de los dioses y el único que corta el hilo de su muerte con el suicidio.

Por otra parte, en la Ilíada, en mi opinión, los hombres no son considerados libres, sino personas incrustadas en un tejido social rígido e inflexible, que no se cuestionan en absoluto las normas sociales que les envuelven. Es decir, el único punto de referencia que tienen es la sociedad en la que viven. Aceptan y viven sus vidas por muy grande que sean sus sufrimientos. A la vez, el hombre homérico, sobre todo en la Ilíada, carece de interioridad. Sin embargo, son muy expresivos, no esconden nada, por lo que es totalmente conocido, no tienen secretos, hablan y actúan tal como son, diríamos que es un campo de fuerzas al descubierto con todas sus pasiones incontroladas, un volcán en plena erupción sin dejar nada en su interior. Áyax carece de dicha interioridad pero a su vez tampoco se preocupa de cultivar los valores morales de su época por lo que su laberinto interior le lleva al suicidio. No tiene otra vía de escape, porque de otra manera habría pedido redimirse a sus compañeros, o bien buscar la complacencia de los dioses para encontrar otra salida distinta al suicidio.  Sin embargo, en la Odisea, con Ulises como protagonista, aparecen una clase de individuos con un desarrollo personal más evolucionado y con una interioridad mucho más profunda. De este modo, Áyax representa la parte incompleta del ser, infringiendo los valores de su sociedad incesantemente y no aprendiendo de  las oportunidades que le va surgiendo en cada episodio de su vida; Ulises sería la parte completa del ser que termina por culminar su camino espiritual, personal y psicológico. En suma,  son dos héroes con un desarrollo interior distinto y con unos resultados antagónicos visibles y palpables. Pongamos un ejemplo que refuerce mis palabras, cuando Ulises desciende al Hades y se encuentra con Áyax, en el Canto XI de la Odisea:

tartaro

El Hades

Las demás almas de los difuntos estaban entristecidas y cada una preguntaba por sus cuitas. Sólo el alma de Áyax, el hijo de Telamón, se mantenía apartada a lo lejos, airada por causa de la victoria en la que lo vencí contendiendo en el juicio sobre las armas de Aquiles, junto a las naves. Lo estableció la venerable madre y fueron jueces los hijos de los troyanos y Palas Atenea. ¡Ojalá no hubiera vencido yo en tal certamen! Pues por causa de estas armas la tierra ocultó a un hombre como Áyax, el más excelente de los dánaos en hermosura y gestas después del irreprochable hijo de Peleo.

Ulises se acerca a Áyax:

Áyax, hijo del irreprochable Telamón. ¿Ni siquiera muerto vas a olvidar tu cólera contra mí por causa de las armas nefastas? Los dioses proporcionaron a los argivos aquella ceguera, pues pereciste siendo tamaño baluarte para los aqueos. Los aqueos nos dolemos por tu muerte igual que por la vida del hijo de Peleo. Y ningún otro es responsable, sino Zeus, que odiaba al ejército de los belicosos dánaos y a ti te impuso la muerte. Ven aquí, soberano, para escuchar nuestra palabra y nuestras explicaciones. Y domina tu ira y tu generoso ánimo. Así dije, pero no me respondió.

 Como hemos observado, Áyax y Ulises son dos polos opuestos en carácter, temperamento y actitud no sólo durante la vida sino que, después de su muerte, Áyax continúa con su egoísmo, su soberbia y falta de perdón. A su vez, está tocado por la hybris, un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que alude a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, especialmente cuando se ostenta poder. La ausencia de la hybris  determina una moral de la mesura, la moderación y la sobriedad, obedeciendo al proverbio pan metron, que significa literalmente ‘la medida en todas las cosas’, o mejor aún ‘nunca demasiado’ o ‘siempre bastante’. En una sociedad tan jerarquizada como la griega, Áyax no se da cuenta conscientemente de su lugar en el universo y de los múltiples elementos que dominan su entorno social, muy ligado a los dioses y a las fuerzas de la naturaleza, de ahí su voluntad propia de suicidarse.

Por otra parte, justo antes del suicidio y continuando con el argumento de la obra de Sófocles, Áyax invoca a varios dioses: a Zeus para que llame a su hermano Teucro e impida que su cadáver sea profanado; a Hermes, para que lo conduzca a las mansiones infernales; a las Erinias (la Venganza), para que atormenten a los griegos; al Sol, para que lleve sus noticias a Salamina (patria de Áyax); a la Muerte, para que venga a recibirle. Y enviando un último adiós a Salamina, a Atenas, a las fuentes, ríos y llanuras de Troya, se da la muerte echándose sobre su espada.

La obra de Sófocles termina con un  Áyax como un buen soldado y, sobre todo, como un soldado siempre al servicio de su ejército, arriesgando su vida en todo momento ante las necesidades de éste. Nunca temió arriesgar su vida en la defensa de los suyos. Y es esto finalmente lo que Sófocles enfatiza y lo que permite que Áyax pueda seguir siendo considerado un gran héroe en la Atenas del s. V a. C.

Como dato curioso y según la mitología, tras la muerte del héroe brotó una flor de jacinto en el punto donde cayó su sangre cuyos pétalos llevaban marcadas las dos primeras letras del nombre de Áyax (AY) como si fueran un lamento. En su nombre se celebraban en Salamina las fiestas Aiantes.

Obras de Referencias:

  1. Los mitos griegos (Ariel)
  2. Diccionario de mitología griega y romana (Lexicon)
  3. Diccionario abreviado de literatura clásica (El Libro De Bolsillo – Granbolsillo)
  4. La iliada, naturaleza y cultura (B. NUEVA CULTURA)
  5. El Mundo Trágico De Sófocles (B. ESTUDIOS CLÁSICOS)
  6. Áyax. Las Traquinias. Antígona. Edipo Rey (El Libro De Bolsillo – Clásicos De Grecia Y Roma)
  7. Ilíada – Odisea

 

Enlaces sobre la misma temática:

 

 

 

 

 

 

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Metamorfosis

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Zeus y Leda

Como bien sabemos, en la mitología la metamorfosis de los dioses o de los hombres es un recurso común en numerosas leyendas: Narciso en flor, Procne en ruiseñor, Aracne en araña, etc. Los dioses son los únicos que pueden decidir su propia transformación. Por ejemplo, en la Odisea vemos a Atenea transformarse en pájaro o adoptar la apariencia de Mentor. Sin embargo, es Zeus quien aparece como el dios de las mil formas. Su leyenda es casi exclusivamente el relato de sus múltiples metamorfosis en animal, en fuerza de la naturaleza o en simple mortal. Por ejemplo, toma la forma de un cisne para unirse a Leda o la de un radiante toro blanco para raptar a Europa y llevarla sobre su lomo hasta Creta. Se presenta ante Dánae, encerrada en su torre, como una lluvia de oro que atraviesa una grieta del techo para caer en el regazo de la joven. En compañía de Hermes, se presenta bajo la apariencia de un simple viajero en casa de Filemón y Baucis. Estas transformaciones, como las de Proteo o las de Nereo, son siempre voluntarias y, sobre todo, reversibles. Proteo, por ejemplo, después de haberse transformado en león, serpiente, pantera, jabalí, agua o árbol, recupera su forma humana para responder a aquellos que, viniendo a consultarle, consiguen apresarle a pesar de su cambiante apariencia.

En el caso de los mortales, por el contrario, el cambio de forma es impuesto: la metamorfosis es el signo de poder de un dios irritado o, en ocasiones, benévolo. Es el procedimiento de intervención divina más corriente para vengar la moral escarnecida, castigar la hibris (desmesura) de los orgullosos o las afrentas personales a algún dios. La benevolencia mueve a los dioses, por ejemplo, a transformar a Filomena en pájaro para que así pueda escapar de Tereo que, después de violarla, la perseguía con un hacha para matarla. Inverso sería el caso de Licaón, convertido en lobo por haber dado de comer a Zeus carne humana cuando este vino a pedirle hospitalidad, o el de Acteón, convertido en ciervo por Artemisa y destinado a ser devorado por sus propios perros por haber sorprendido a la diosa desnuda.

Rapto de Europa

Rapto de Europa

Como se puede observar, allí donde existe el misterio brota el mito. Ahora bien, la metamorfosis se presenta la mayoría de las veces como una explicación del mundo poética, pero también simbólica y religiosa, como una justificación de cada una de las presencias familiares que rodean al hombre: convirtiendo a Dafne en laurel, queda justificada no sólo la existencia de esta planta, sino también sus características (su brillante follaje, su resistencia al invierno..). Por lo tanto, la metamorfosis es la expresión de una relación profunda del hombre con la naturaleza y la huella del pensamiento animista del hombre de los primeros tiempos. El animismo es un concepto que engloba diversas creencias en las que tanto objetos (útiles de uso cotidiano o bien aquellos reservados a ocasiones especiales) como cualquier elemento del mundo natural (montañas, ríos, el cielo, la tierra, determinados lugares característicos, rocas, plantas, animales, árboles, etc.) están dotados de alma y son venerados o temidos como dioses.

La metamorfosis aparece tanto en los llamados mito etiológicos (de los orígenes) como el de Níobe, cuyo cuerpo petrificado puede explicar la forma de una roca; como en los mitos cosmogónicos: Pirra y Deucalión, únicos seres humanos salvados del diluvio enviado por Júpiter, lanzan tras de sí los “huesos de su madre”, Gea, que al transformarse en mujeres y hombres permitirán el segundo nacimiento de la humanidad. También, el mito de la metamorfosis suele aparecer por tanto como un mito antropogónico y genésico (relacionado con el nacimiento) que proporciona al hombre una respuesta no solo a los misterios del mundo que le rodea, sino también al de su propia existencia.

En Homero, los dioses se metamorfosean para intervenir en la vida de los hombres, particularmente en el campo de batalla.

La metamorfosis fue también objeto de una reflexión filosófica sobre la transmigración de las almas y la reencarnación. Así, en el Timeo de Platón, el primer nacimiento del hombre es debido a una acción del demiurgo, pero sus reencarnaciones sucesivas dependen únicamente del buen o mal comportamiento que haya regido la existencia de las almas de los individuos; así, por ejemplo, las aves son la reencarnación de hombres sin maldad, mientras que los imbéciles se transforman en reptiles y gusanos, y los cobardes…¡en mujeres!.

Obras de referencias recomendadas:
Metamorfosis (Clásica)
Platon Timeo (LECTURAS DE FILOSOFÍA)

Enlaces recomendados de Animasmundi relacionado con la misma temática:

Mitos sobre el origen del Cosmos y de los Dioses

Teogonía

Metempsicosis

El mito de los Titanes

 

 

 

 

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Prometeo: una inmortalidad de dolor y angustia

El nombre Prometeo tiene su origen griego y significa el “Pre-Vidente” o que se anticipa a los hechos. Prometeo no es un dios olímpico; es un titán (hijo de Japeto y Climene).

Prometeo sabía que en el suelo de la tierra reposaba la simiente de los cielos, por eso recogió arcilla, la mojó con sus lagrimas y la amasó, formando con ella varias imágenes semejantes a los dioses, los Señores del Mundo. “Los Hombres”.

Atenea, diosa de la sabiduría, que era su amiga, admiró la obra del hijo de los titanes e insufló en las imágenes el espíritu o soplo divino (alma divina) Enseguida, les dio a ellos para beber de un néctar mágico para que pudiesen recuperar su pureza, regenerarse, en el caso de que un día la perdiesen.

El término castellano alma proviene del término latino anima, el cual, a su vez, deriva del griego ánemos (viento). En el mundo griego, como en muchas culturas primitivas, se entendía el alma fundamentalmente como el principio de vida de todo ser viviente. Este hálito, soplo o principio vital se encuentra en todos los seres vivos (incluidos también los animales y las plantas) y desaparece cuando el cuerpo muere.

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junio 7, 2013 · 5:13 pm

El espejo de Atenea

Palas Atenea, Louvre, Paris.

Palas Atenea, Louvre, Paris. (Photo credit: purolipan)

Se cuenta que la diosa Atenea tenía un espejo donde se miraba y estudiaba todas sus actitudes; pero un día, se le cayó de las manos y se rompió en muchos pedazos. Al ruido que el espejo produjo en su caída acudieron las ninfas de la diosa, recogiendo, cada una de ellas, un pedazo del espejo roto.

Al cabo de un tiempo, las hermanas servidoras de Atenea se dispersaron por el mundo, y cada cual se vanagloriaba de poseer el espejo de la diosa.

Pero un sabio que había recorrido varias comarcas, se quedó maravillado ante la posibilidad de que tuviera tantos espejos como ninfas la diosa Atenea. Y para saber la verdad interrogó a una de ellas:

-Dime, ninfa encantadora, ¿es verdad que posees el espejo de la diosa Atenea?

-Sí- contestó la candorosa doncella.

-¿Y cuántos espejos tenía tu señora? –objetó de nuevo el sabio altamente sorprendido.

-Uno solo.

Y, ¿cómo se explica que sean muchas las ninfas que se vanaglorian de tener el espejo de Atenea?

-No. El espejo de nuestra señora se hizo trizas un día que se cayó al suelo, y nosotras, afanosas de poseer algo de ella, tomamos cada cual un pedazo del espejo roto- replicó la joven.

-Así, pues, ¿lo que vosotras poseéis es un pedazo del espejo roto y no un espejo cada una? ¿No es así?

-Así es- respondió la ninfa algo sonrojada.

Y entonces, el sabio comprendió la elevada enseñanza que encerraba la leyenda, puesto que le hizo ver clara la verdad de las cosas.

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