Perséfone

Perséfone

Perséfone

Hija de Zeus y Deméter, recibió primero el nombre de Core (en griego “doncella”). Después de ser raptada por  Hades se convirtió en su esposa y reina del Tártaro, cambiando entonces su nombre por el de Perséfone (la que lleva la muerte). El relato detallado de esta aventura forma parte del mito de Deméter. Zeus, como reparación, estableció que Perséfone regresaría en primavera junto a su madre y volvería a descender al mundo de las tinieblas al llegar la época de la siembra. Su unión con Hades no tuvo hijos. Homero la muestra como “la terrible Perséfone”, sentada en un trono al lado de su esposo, pero puede también mostrarse benévola, como por ejemplo con Orfeo. El temerario Piritoo, acompañado de Perseo, tuvo la osadía de querer raptarla, siendo condenado por ello a permanecer por toda la eternidad en el Hades soldado a “la silla del olvido”. Perséfone experimentó una única pasión extramatrimonial por el bello Adonis, a quien Afrodita había pedido que raptara y del que luego ya no quiso separarse. Él también tuvo que repartir su tiempo entre la Tierra y el Tártaro.

En los mitos órficos, Perséfone se une a Zeus, que la sedujo metamorfoseado en serpiente. De su unión nació Zagreo que, perseguido por los implacables celos de Hera, fue despedazado por los titanes y más tarde resucitado con el nombre de Yaco.

XXIX. HIMNO A PERSÉFONE

Perséfone, hija del gran Zeus, ven, afortunada, unigé­nita diosa, acepta estas agradables ofrendas , veneran­da esposa de Plutón, diligente, vivificadora, que posees las puertas del Hades en las profundidades de la tierra , Praxídice, de agradables trenzas, sagrado retoño de Deo , madre de las Euménides; soberana del mundo sub­terráneo, muchacha a la que, en procreación secreta, engendró Zeus, madre del atronador y multiforme Eubuleo , compañera de juegos de las Estaciones, lúcida, de espléndida belleza, venerable, todopoderosa, muchacha re­bosante de frutos, luminosa, cornuda. Tú sola eres grata a los mortales, que disfrutas en primavera con las brisas que recorren los prados, manifestando tu sagrada figura a los vástagos de verdes frutos, llevada a la fuerza al lecho como esposa en el otoño. Tú sola, Perséfone, eres vida y muerte para los muy sufridos mortales, porque constan­temente todo lo alimentas y aniquilas. Escúchame, biena­venturada diosa, y envíanos los frutos de la tierra, tú, que prosperas en paz, en deliciosa salud y en existencia dichosa que aporta una próspera vejez, soberana, a tu reino y al poderoso Plutón.­

En Roma, Perséfone fue asimilada a Proserpina.

Para ampliar más información: Hécate

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