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La sabiduría griega frente a la fe cristiana

San Pablo (El Greco)

El cristianismo, en sus comienzos, distaba de ser homogéneo, pues  sólo consistía en un conjunto de creencias y principios no bien trabados, sin un símbolo de fe definido ni unas escrituras canónicas. En otras palabras, en los primeros siglos de nuestra era concurrían unas interpretaciones religiosas y unos ritos casi tan numerosos como las comunidades cristianas existentes.

Cuando Pablo de Tarso, en el siglo I, anunció en el Areópago de Atenas  a los filósofos griegos al Dios desconocido, aprovechando que los antiguos griegos adoraban a una deidad que ellos llamaban Agnostos Theos, es decir, el dios desconocido, los atenienses y los forasteros allí presentes quisieron oír la nueva doctrina que postulaba Pablo de Tarso. Es cierto que en Atenas hubo un templo dedicado específicamente a este dios y muy a menudo que los atenienses prestaban juramento “en el nombre del dios desconocido”, pero estaba muy lejos del pensamiento que iba a proponer Pablo de Tarso (Hch, 17, 13-34). Pablo de Tarso dio un discurso del que destacaremos los puntos más importantes:

  1. Dios hizo el mundo y todo lo que hay en él. 
  2. Señor del cielo y de la tierra.
  3. Creó el linaje humano.
  4. Dios vive dentro de nosotros.
  5. Se juzgará al mundo según justicia divina.
  6. Resurrección del hombre entre los muertos.

Imaginemos el espíritu griego, aquel que se manifiesta en las tragedias de Sófocles, en el Partenón, en la obra de Homero frente al discurso de Pablo de Tarso. Tras terminar con la evangelización cristiana y el recital de los puntos enumerados en líneas anteriores, los griegos le plantearon a Pablo de Tarso varias cuestiones:

  1. ¿Por qué precisamente era ese momento histórico cuando Cristo viene a salvarlos?
  2. ¿Por qué fue elegido el pueblo judío? ( así como otras cuestiones relacionadas con el pecado del hombre, el fin del mundo y el rechazo, entre otras cosas, como la reencarnación) La explicación del pecado es muy ambigua. El griego común se preguntaba qué pasaba con los miles de años ya pasados , con las generaciones anteriores que habían pecado, si existía salvación para sus antecesores.
  3. ¿Por qué un Cristo, una virgen, unos santos, unos rituales con una iconografía determinada?
  4. ¿Por qué el hombre ha sido creado a partir del polvo, del barro, siendo el hombre un pecador y culpable que se tiene que postrar ante su creador?
  5. ¿Por qué ese mensaje de continua sumisión y a la vez gratitud infinita, aunque se sufra cualquier penalidad, así como el temor a que todo podía ser peor?
  6. ¿Por qué el mayor pecado es desobedecer a Dios?
  7. ¿Por qué pecamos si no se cree en Dios?

Como Werner Jaeger relata en su libro Cristianismo Primitivo y Paideia Griega,  la expansión de la religión y la cultura griega favoreció el surgimiento del cristianismo como religión universal. Sin embargo, la predicación evangelizadora de Pablo de Tarso no pudo satisfacer ninguna de las cuestiones que se planteaban los griegos y fracasó estrepitosamente en su primera aproximación al pueblo ateniense. Lo que no se imaginaba Pablo de Tarso, es que, muchos siglos después, el motor de la religión cristiana lo impulsaría la influencia de la civilización griega sobre el cristianismo, que las implicaciones filosóficas de las doctrinas cristianas son de origen griego, que hay elemento puramente griego en los libros bíblicos mismos, en especial en el Nuevo Testamento. En suma, en el producto final de la tradición cristiana,  la civilización griega ejerció una influencia profunda.

Hay que destacar que la pureza de la religiosidad griega y el espíritu griego auténtico están fuera de cualquier dogma religioso, de libros sagrados y de poderes eclesiásticos. Es cierto que el espíritu ateniense vibra en sintonía con Atenea, protectora de Atenas, pero el manifiesto espiritual del ateniense no tenía nada que ver con las palabras evangelizadoras de Pablo de Tarso sobre Cristo.

Atenea

“Virgen venerable – dice el himno homérico -, tú eres la única guardiana de las ciudades”. Atenea es la patrona de los pueblos que piensan libremente y que aceptan la idea divina sin vanas angustias. Para el griego,  Atenea es la hija del pensamiento divino. “Cuando nace – dice el himno homérico en su honor-, el vasto Olimpo se estremece y la tierra se llena de clamores, el mar bravío infla sus olas profundas, el hijo de Hiperión detiene durante largo tiempo sus rápidos corceles”. Ante ella, en efecto, todo el cimiento de las religiones se desquicia. Atenea, diosa de todas las diosas, no exige ni lágrimas ni estremecimientos, ni tinieblas. Sus mandamientos son consejos, máximas que simplifican el camino del hombre para conseguir encender la luz de la sabiduría interna. Atenea recomienda y ensalza el trabajo, la pureza, la energía, la meditación y la equidad.

Si repasamos la influencia de Atenea a través de nuestra historia destacaría, sin ninguna duda, a Esquilo en la Euménides, pues sintetiza los valores del pueblo ateniense:

«Cuanto sea nobles y leales victorias; y que la tierra y el cielo, y el mar con sus aguas, y los vientos con sus blandas corrientes, y el sol con sus claros rayos traigan sobre este suelo toda suerte de bienes. Que la tierra abunde en frutos y rebaños; que vivan los ciudadanos en prosperidad, jamás derribada a los golpes del tiempo; que se logren y florezcan los tiernos retoños infantiles. Pero a los impíos ya puedes exterminarlos con más furor que nunca. Yo amo a los hombres como el hortelano a las plantas, y quiero que la semilla de los buenos no se dañe con la mala hierba de los malos.» Bienes pedidos por Atenea para el pueblo ateniense.

En su diálogo Crátilo, el filósofo griego Platón da la etimología del nombre de Atenea, a partir del punto de vista de los antiguos atenienses:

Éste, amigo mío, tiene más peso. Ahora bien, parece que los antiguos tenían sobre Atenea la misma idea que los actuales entendidos en Homero. Y es que la mayoría de estos, cuando comentan al poeta, dicen que Atenea es la responsable de la inteligencia (nous) misma y del pensamiento (dianoia). Conque el que puso los nombres pensaba, según parece, algo similar sobre ella; y, lo que es más importante, queriendo designar la «inteligencia de dios» (theoû nóēsis), dice –más o menos— que ella es la «inteligencia divina».

Enrique Gómez, escritor guatemalteco, describe en La Grecia eterna la figura de Atenea, diosa entre las diosas:

«Entre todas las divinidades, realmente ésta es única. Es la Idea, es la Abstracción, es la Conciencia, es la Armonía. Los hombres que la crean a su imagen y semejanza son seres sin vanos temores de tenebroso más allá. […] Las frentes que se inclinan ante ella son frentes libres de prejuicios oscuros […] »

El espíritu griego y su profunda religiosidad se condensa en las palabras de Ernest Renan: «¡Oh, nobleza! ¡Oh, belleza simple y verdadera! ¡Oh, diosa, cuyo culto significa razón y juicio; tú, cuyo templo es un altar eterno de la conciencia!»

Si penetramos al pensamiento de Hegel, el filósofo traza perfectamente el aura de Atenea:

«Cuando la filosofía pinta el claroscuro, ya un aspecto de la vida ha envejecido y en la penumbra no se le puede rejuvenecer, sino sólo reconocer: el mochuelo de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo.» Georg Hegel: Prefacio a Filosofía del Derecho, 1821.

Rafael Spínola, pensador y político, le hace un guiño a Atenea, diosa de la Sabiduría:

«Y nosotros, los que estamos tachados de carecer de creencias religiosas, sólo porque rompimos las ataduras de la superstición y amamos la Libertad, también tenemos nuestro Dios, pero tan puro, que no encontramos ningún símbolo que lo represente, sino que lo adoramos en su esencia misma, que es la SABIDURÍA.»

Continuando con la Sabiduría, tema principal del pensamiento griego, el poeta Rubén Darío ensalza las virtudes de la diosa:

«Dulce y reflexiva Sofía,
Dinámica y omnipresente,
Su luz a todo artista envía,
Al laborioso, al elocuente;
Y anima con su íntimo soplo
A los artífices del fuego,
Al que mueve regla o escoplo,
A la que borda, a la que hila.» Rubén Darío: Palas Athenea, 1915, p. 5.

En síntesis, el espíritu griego, esa esencia pura  que tenía sobre la vida, la muerte, el destino y Dios, fuera de los dogmas cristianos impuestos por Pablo de Tarso, ha sido loada por muchos autores desde los clásicos hasta los más actuales.

La esencia de la religiosidad griega se puede resumir de la siguiente manera:

  • No nace de ninguna forma de temor.
  • No teme a la muerte.
  • No teme a Dios. Su Dios no es un dios castigador.
  • No cree que Dios concibiera el mundo.
  • Para el griego el mundo era antes un orden fuera del tiempo: hombres y dioses tienen su sede, su camino y su misión.
  • Creen en una eterna alternancia de mundos que nacen y desaparecen, en “reiterados crepúsculos de los dioses”, ej.: cataclismos, catástrofe cósmica.
  • No creen en el juicio final, ni en el advenimiento de un reino de dios…
  • No han sido creado por Dios, ni a la voluntad de un creador.
  • El origen del hombre, al igual que el Cosmos, es por  Manifestación del Principio Supremo de emanación. (Para ampliar más información: el emanantismo. )
  • No está sumiso a Dios.
  • La religiosidad griega no es servidumbre.
  • Dios se concibe como la Suprema Razón que se manifiesta en el Orden del Mundo, un vínculo Dios-Hombre, Idea esencia del mundo griego, siendo una común racionalidad. No dudaban de una Realidad Superior que les era evidente.
  • Los griegos buscaban la sabiduría, los judeocristianos buscan ansiosamente las revelaciones y la obediencia para llegar a Dios.
  • El griego confía en  una comunidad que abarca a hombres y dioses, la Polis de Atenas. Los dioses, como el hombre, han de encontrar el origen de su existencia en la Manifestación (por emanación) del Principio Supremo. Héroes como Teseo (Rey sacro de Atenas) y Ulises (Rey sacro de Ítaca) representan el guerrero espiritual, restaurando, equilibrando y armonizando el microcosmos que hay dentro de ellos, así forman parte del entramado mundo suprasensible del macrocosmos. La enseñanza de ambos héroes es  superar cualquier tipo de barrera que suponga un obstáculo para el recorrido iniciático que lleve a la Gran Liberación y de volver a nuestra génesis primera: incondicionada, eterna, divina…
  • La unión de los dioses en torno a una ciudad en los momentos críticos debía responder a la unión de los hombres, unión en la que la fuerza y la eficacia simbólica se expresaban en momentos como las Panateneas. Tanto en las Panateneas en Atenas y las Jacintias en Esparta, por poner el ejemplo de las fiestas más fastuosas de dos ciudades, es la manera de volver a renovar el pacto que une a la ciudad con sus dioses y que garantiza el orden y la prosperidad.
  • La cultura griega que precede a la era cristiana no tiene como ideal la santidad, sino la armonía tanto espiritual como corporal: el justo medio. En la medida en que los deseos espirituales y los deseos corporales corresponden a un deseo natural, ambos son conciliables; sin embargo, la exaltación y la pasión de Cristo los hace contradictorios.
  • Los griegos no se definieron a sí mismo como politeístas. La palabra politeísta la inventó Filón de Alejandría, filósofo cuya religión de origen fue judía… Una religión politeísta se caracteriza por la pluralidad de fuerzas divinas y de cultos. La diversidad de dioses no es contradictoria con la idea de unidad de lo divino. El politeísmo se parece al sistema de la “muñecas rusas”.
  • El griego honraban a una divinidad con respeto, educación, rezan de pie con la mirada dirigida al cielo, brazos extendidos: «A Palas Atena, ilustre diosa, comienzo a cantar, la de ojos de lechuza, rica en industrias, que un indómito corazón posee, doncella venerable, que la ciudad protege, valerosa, Tritogenia, a la que solo engendró el industrioso Zeus en su santa cabeza, de belicosas armas dotada, doradas, resplandecientes.» 28º Himno Homérico, c. s. VII a. C.
  • La religiosidad griega, de base indoeuropea, es la religiosidad de nuestro mundo y una de sus semillas más características es que no conocían el sentimiento del pecado, no se sentían víctima, para ellos no existía el miedo ni el sufrimiento, ni la mortificación para elevarse ante Dios.
  • El tema del alma es universal, pero es una célebre desconocida en nuestra sociedad. En veintiún siglos que llevamos las religiones nos hablan de Dios pero se les ha pasado un detalle muy grave: enseñarnos a hablar con Dios y entrar en comunión con nuestra alma. No importan sus mil nombres: Yavé, Padre, Tao, Zeus, Olorum. Lo más importante es conectar con nuestra fuente originaria y unirnos a su presencia. A  Pablo de Tarso se le pasó revisar las fuentes originarias del hombre griego que empezaba a hablar de dioses y estrechar un lazo de conexión íntima donde se identificaba profundamente con el el Ser Supremo y nunca dejaba en el olvido la existencia de la trascendencia. Por ejemplo, los dorios ejercían un tipo de espiritualidad Solar, pues para ellos la búsqueda de la Trascendencia no era ajena ellos. El pueblo griego conocía, gracias a sus ancestros, la Iniciación Espiritual, como era el caso de los Misterios Mayores de Eleusis, la mística de Samotracia, los misterios de Delfos, con una notable influencia de la escuela pitagórica, cuyos misterios constituyeron una de las más prestigiosas iniciaciones en la antigüedad.
  • El hombre griego quiere honrar a la Divinidad manteniéndose en medio de la fatalidad de la vida humana. Honraban la divinidad que hay en él.

Para concluir, citaré un poema de  Ricardo Reis que resume muy bien el espíritu griego:

Vosotros que, creyentes en Cristos y Marías,
turbáis de mi fuente el agua clara
sólo para decirme
que hay aguas más alegres
bañando prados con mejores horas.
¿De las otras regiones para que hablarme
si estas aguas y praderas
son de aquí y me agradan?

Esta realidad los dioses dieron
y para bien real la dieron externa.
¿Que serán mis sueños
más que la obra de los dioses?
Dejadme la Realidad del momento
Y mis dioses tranquilos e inmediatos
que no moran en lo Incierto
sino en los campos y ríos.
Dejad ir mi vida paganamente
acompañada por avenas tenues
con que los juncos de los márgenes
se confiesan de Pan.
Vivid vuestros sueños y déjame
el altar natural donde es mi culto
y la visible presencia
de mis cercanos dioses.
Inútiles procos de lo mejor de la vida,
dejad la vida a los creyentes más antiguos
que Cristo y a su cruz
y María llorando.
Deméter, dueña de los campos, me consuela
Y Apolo y Venus, y Urano antiguo
Y los truenos, con la ventaja
de ir de la mano de Júpiter.

Para saber más:

Jaeger, Werner. Cristianismo primitivo y paideia griega. 

Filosofía griega y cristianismo

Pablo en Atenas

Religiosidad Nórdica

El Emanatismo (Eduard Alcántara)

Enlaces de interés:

Filosofía versus cristianismo

El origen de las religiones

La destrucción de la cultura griega por el fanatismo religioso

 

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Filosofía griega y cristianismo

Mitología griega

Mitología griega

Durante el período de la Grecia antigua existía un crisol  de cuestiones filosóficas, científicas y religiosas que giraban en torno a las creencias sobre mitos. La mayoría de la población griega basaba sus afirmaciones en supersticiones, rituales, leyendas heroicas de poderes  sobrenaturales. La religión, de carácter politeísta, tenía un peso muy arraigado en sus vidas cotidianas. El griego común vibraba en sintonía con las obras de Hesíodo y Homero y esto les llevaba hasta el cenit de sus pensamientos más profundos, a direccionar su esfera más íntima hacia el mito. La hondura de este pensamiento ha llegado a nosotros, hoy día,  a través de la cultura, el arte, la música, incluso en nuestro argot popular existen infinidades de referencias a la cultura griega que es muy distintivo de nuestra sociedad.

Hay que destacar que los problemas de los antiguos pensadores griegos surgen a partir de tres eslabones que se relacionan directamente con los sucesos de la vida humana y que siempre han ocupado el interés de los hombres, desde el más humilde hasta el docto más reconocido: nacimiento-desarrollo-muerte.

Por lo tanto, el hombre ha estado bajo una nube de interrogantes, dudas, crisis, que se hallan ligados a un sistema de mitos y creencias cuya función, a menudo no explícita, es canalizar y , en última instancia, disipar las poderosas y perturbadoras emociones de alegría y de pena, de esperanza y de temor. Pero a veces, cualquiera que sea la razón de ello, queda en la mente una especie de emoción residual, un sentido del misterio de la vida, que es la curiosidad o asombro en los cuales los filósofos veían el comienzo de la filosofía.

Neoplatonismo

Neoplatonismo

¿Cómo fue el encuentro entre el cristianismo y el pensamiento de una cultura que vio florecer la filosofía en su máximo apogeo?

El encuentro entre cristianismo y filosofía se plantea como confrontación entre dos actitudes que cabe adoptar ante los problemas suscitados por el ser del hombre y del mundo: la actitud que se basa fundamentalmente en la fe y la actitud que se basa en los logros de la razón. Considerado de este modo, el encuentro entre cristianismo y filosofía, entre las exigencias de la fe y las imposiciones de la razón, es inevitable y perenne en nuestra cultura, no ha terminado ni terminará jamás mientras existan el uno y la otra. Siempre la filosofía interpelará al cristianismo y éste se verá siempre obligado a definirse al contestar a la filosofía.

A partir del siglo III después de Cristo, la única doctrina con fuerza y con filósofos de categoría es el neoplatonismo. El neoplatonismo fue la última corriente filosófica a la que hubieron de enfrentarse los filósofos cristianos. Durante este tiempo de construcción, los cristianos adoptaron varias doctrinas neoplatónicas para la formulación de sus ideas teológicas en algunos aspectos; si bien, en otros, el cristianismo se opuso radicalmente a ellas. Aquí no expondremos los aspectos que suscitaron ciertos interrogantes que no se habían quedado suficientemente contestados con la corriente platónica, que fue la principal corriente filosófica que resultó ser la más fuerte, puesto que nos desvía del tema sobre el alma en el pensamiento griego y entraríamos en el debate sobre Dios, su naturaleza, el origen de los seres humanos…

Esquematizaremos los puntos divergentes entre el cristianismo con la filosofía griega:

  • El Cristianismo pone a Dios en relación con la Historia.
  • La filosofía griega había puesto a Dios en relación con el Cosmos, con el Universo: inteligencia ordenadora (Platón) ; como motor y fin (Aristóteles) y como razón cósmica (estoicismo).
  • Dios se hizo hombre y decide aceptar su propio sacrificio, siendo un determinado momento histórico.
  • La filosofía griega se caracteriza por insistir en los límites del conocimiento humano.
  • El cristianismo proclamaba la verdad revelada por Dios mismo. Asimismo, el cristianismo se presentaba como la verdad a secas y sus criterios se situaban en un plano distinto y superior al de las doctrinas filosóficas.
  • La filosofía griega no alcanzó nunca el monoteísmo en sentido estricto.
  • Los cristianos defendieron siempre y de forma radical el monoteísmo, siendo Dios el que creó el mundo de la nada.
  • Según el pensamiento griego,el curso natural de los acontecimientos procede del Cosmos.
  • Dios es omnipotente. Dios es Padre.
  • La filosofía griega jamás formuló semejantes afirmaciones. Demiurgo (Platón) “Padre y hacedor de todo” no pasa de ser una expresión de la benevolencia del Demiurgo; no se especifica la relación de Dios con el hombre, sino una actitud genérica de aquél con el universo.
  • El hombre fue hecho a imagen de Dios; el alma es inmortal y los cuerpos resucitarán.
  • El pensamiento griego concebía el aconteceder universal como un proceso cíclico (los periodos del hombre y de la vida se repiten, vuelven a nacer y a vivir la misma vida.)
  • El cristianismo se acaba con la resurrección final (proceso lineal).
  • La teoría moral griega es intelectualista; el pecado no es sino ignorancia.
  • En el cristianismo moral hay dos factores: la maldad humana (que inclina al pecado) y la libertad del individuo que cede a tal inclinación. Ideas de culpa y arrepentimiento.

JesusANÁLISIS DE LA CONFRONTACIÓN DEL CRISTIANISMO CON LA FILOSOFÍA

Como hemos puntualizado en el apartado anterior, el cristianismo trajo consigo doctrinas radicalmente nuevas, diferentes a cuanto habían afirmado los filósofos griegos. Entre ellas, la más radical es colocar a Dios en relación con la historia. En general, la filosofía griega había puesto a Dios en relación con el cosmos, con el universo. El cristianismo anunciaba que Dios se había hecho hombre en un lugar determinado y preciso. Este hecho histórico constituye el eje de la historia, desde la creación del mundo hasta el juicio final.

Los filósofos criticaron este hecho, no entendían cómo Dios puede ser afectado por sufrimientos y dolores y,  por su dignidad,  cómo puede encarnarse en un personaje insignificante y oscuro para su entorno, además de lo que suponía para un  Dios la predilección inexplicable por una raza, un lugar del mundo en concreto y un jalón de la historia humana. Se preguntaban por qué fue elegido el pueblo judío, así como otras cuestiones relacionadas con el pecado del hombre, el fin del mundo y el rechazo, entre otras cosas, a la reencarnación.

Otro punto a destacar es que según el cristianismo, Dios creó el mundo de la nada. Para los  griegos, desde Parménides, la imposibilidad de que surja algo de la nada absoluta fue siempre considerada como un prinicipio racional incuestionable.

En cuanto al debate sobre  la paternidad divina,  la filosofía griega nunca llegó a formular semejante afirmación; Platón calificaba al Demiurgo como “padre y hacedor de todo” aplicando la relación o actitud genérica de aquél con el universo pero nunca llegando a denominarlo padre como lo hacía el cristianismo.

El punto central a destacar, en mi opinión, es que la concepción cristiana del hombre incluía tres elementos fundamentales: que el hombre fue hecho a imagen de Dios, que el alma es inmortal y que al final de los tiempos los cuerpos resucitarán. Esta última afirmación resultaba especialmente extraña para el pensamiento griego. Los griegos habían concebido el acontecer universal como un proceso cíclico. De acuerdo con esta idea, agotado un periodo, comienza otro de la misma duración, en el cual los acontecimientos del periodo anterior se repiten y lo que sucedió a lo largo de un periodo vuelve a suceder en el siguiente: los hombres vuelven a vivir la misma vida con el mismo cuerpo y en el mismo sitio, una y otra vez: esta teoría, sin embargo, no tiene nada que ver con la doctrina de los cristianos. Para los griegos no se trata de que los muertos resuciten, sino de que vuelven a nacer y a vivir la misma vida. Según la teoría de los ciclos, la historia se repite, pero para el cristianismo, la historia se acaba con la resurrección final.

El cambio drástico del pensamiento filosófico con la llegada del cristianismo trajo también una importante novedad en el terreno de la teoría moral. La filosofía griega es básicamente intelectualista respecto a la moral.  En el intelectualismo, el pecado no es sino ignorancia; en el cristianismo, el pecado no es ignorancia sino el resultado de dos factores: la maldad humana, que inclina al pecado, y la libertad del individuo, que cede a tal inclinación. Cobran así sentido pleno y dramático la ideas de culpa y arrepentimiento, de pecado y redención.

LA INMORTALIDAD DEL ALMA EN EL PENSAMIENTO CRISTIANO-PLATÓNICO

El encuentro del cristianismo con la filosofía griega permitió que aquél se formulara en un cuerpo doctrinal cuyos conceptos fueron básicamente platónicos. No podía ser de otro modo por dos razones: la primera, la corriente platónica era entonces la más vigorosa y dominante; la segunda, porque era la que ofrecía más puntos de contacto con la doctrina cristiana. Algunos puntos son:

  1.  Formulación de un pensamiento cristiano-platónico
  • TEOLOGÍA
  • ANTROPOLOGÍA

TEOLOGÍA

  • La existencia de otro mundo.
  • El mundo sensible hecho a imagen y semejanza de las ideas. El mundo como vestigio de Dios será una expresión permanente en el cristianismo.
  • Creación Demiurgo. De mente ordenadora pasó a mente creadora. Dios creador
  • La transcendencia del Bien, de lo Uno . El cristianismo aprovechó este planteamiento para expresar con rotundidad el monoteísmo.

ANTROPOLOGÍA

  • Inmortalidad del alma. El Cristianismo rechazó la reencarnación y la teoría de la preexistencia pero no la inmortalidad de ésta.
  • El hombre tiene que purificar el alma y prepararse para la muerte. Este pensamiento, en el cristianismo, ayudó a configurar la tensión inherente entre dos actitudes: la actitud de huida del mundo y la actitud del compromiso con él.
  • Se juzgan las almas después de la muerte y son premiadas y castigadas de acuerdo con la conducta observada a lo largo de la vida. El cristianismo añade un juicio universal, además de terminar violentamente por el fuego.

EL ALMA EN EL PENSAMIENTO CRISTIANO-PLATÓNICO

La interpretación filosófica de alma por parte del pensamiento cristiano es fundamentalmente platónica. Sin embargo, un aspecto de la concepción platónica del hombre que no parece fácilmente compatible con el cristianismo fue la relación del alma con el cuerpo. La incompatibilidad con el platonismo procede de dos elementos específicos de la doctrina cristiana. Por un lado, es el hombre entero y no solamente el alma lo que fue hecho a imagen de Dios; por otro lado, la doctrina de la resurrección de los cuerpos no permite afirmar que el estado natural y definitivo del alma sea el de una existencia descarnada, puesto que para Platón la unión del alma con el cuerpo es un estado no solamente accidental, sino antinatural para aquélla. Algunos pensadores cristianos parecen olvidar estas dos peculiaridades de la doctrina cristiana y las expresiones que utilizan dan a menudo la impresión de ser más platónicas que cristianas.

La BiblioaCRISTIANISMO Y FILOSOFÍA. REFLEXIONES

El cristianismo ha tomado muchos elementos de la especulación helenística pero sometiéndolos a un proceso de asimilación y transformación del que ha resultado una síntesis cristiana, una cultura cristiana que ha influido y determinado históricamente el pensamiento filosófico occidental.

Por otra parte, puede hablarse de “filosofía cristiana” en cuanto que han existido y existen cristianos que son filósofos. La fe cristiana aporta al filósofo creyente un concepto de Dios, del mundo y del hombre que no puede menos que reflejarse en su manera de filosofar y en su actitud ante los problemas de la filosofía.

También históricamente, el influjo del cristianismo en el desarrollo de la cultura europea es una realidad innegable, para bien o para mal, según la perspectiva que se adopte. Esta presencia real y efectiva del cristianismo (más el poder ideológico de las Iglesias dominantes) en la cultura occidental, es lo que queremos decir al hablar de “filosofía cristiana”

La aportación filosófica de Tomás de Aquino es la de fundir la filosofía con la fe, es decir, reconciliar la obra de Aristóteles con las verdades que Dios ha revelado a los hombres. Es un modo de clarificar las relaciones Razón-Fe; Filosofía-Teología

La aportación filosófica de San Agustín acoge a la filosofía como fuente de saber racional y a la fe como fuente de la verdad revelada. Según él, Dios es la verdad,  y se apoya en la filosofía como herramienta útil, necesaria, tal que no se oponga a la verdad revelada en el cristianismo, con la cual hay que contrastar las doctrinas de los filósofos. “Razón y fe no deben excluirse sino complementarse” matizó San Agustín.

EL FIN DE LA FILOSOFÍA GRIEGA. REFLEXIONES.

El declive de la filosofía griega fue aprovechado por el cristianismo. Roma se expandió a través del Mediterráneo pero no fue capaz de comprender, ni menos asimilar, el ideal filosófico griego. El cristianismo se afianzó de manera paulatina y aunque a partir del S.III, reapareció con renovado vigor la filosofía griega en el neoplatonismo, el cual representaba un último esfuerzo del pensamiento pagano para sobrevivir frente a la creciente fe cristiana,  la filosofía griega tocó su fin. Temas como la verdad y las relaciones fe-razón, la búsqueda de Dios, la creación y el tiempo, el hombre y el alma, la libertad y el problema del mal, el estado y la historia, estuvieron sostenidos por la fe y el entusiasmo religioso.

El cristianismo adhirió al neoplatonismo al tener puntos comunes , sometiéndolo a pequeños retoques, y no se duda en subordinar la filosofía al cristianismo, como es el caso de San Agustín, que nunca le consideraron un neoplatónico cristiano, sino un filósofo cristiano que utilizó elementos platónicos para expresar sus creencias.

Para ampliar más información, pinche en el siguiente enlace:

El origen de las religiones.

Sabiduría griega frente a la fe cristiana

 

Fuente de referencias recomendadas:

 

Enlaces de referencias:

  1. El mito en el pensamiento griego
  2. Religión en la antigua Grecia
  3. Religión en tiempos de cólera
  4. El origen de las religiones
  5. El nacimiento de la Navidad
  6. La sabiduría griega frente a la fe cristiana
  7. La destrucción del mundo antiguo por el fanatismo religioso

 

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