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Hipno y Tánato

Hipno es la personificación del Sueño y Tánato de la Muerte. Ambos son gemelos e hijos de Érebo, las Tinieblas y Nyx, la Noche. Hipno recorre continuamente la tierra durmiéndolo todo a su paso. A petición de Hera, durmió a Zeus para permitir que Poseidón interviniese en favor de los griegos durante la guerra de Troya (Ilíada, Libro XIV).
A Tánato se le representa como un genio alado, acude a buscar a los mortales cuando el tiempo de su vida ha expirado. Corta entonces un mechón de los cabellos del difunto para entregárselo como presente a Hades y luego lleva su cuerpo al reino de los muertos.
Es notable el episodio de Tánato en el que va a buscar a Alcestis, que por amor había ocupado en el féretro el lugar de su esposo muerto, simbolizando el amor conyugal. Heracles, cuando descendió al Hades, la liberó y la acompañó de vuelta a la tierra, tan bella y joven como en el momento de su muerte.
Tánato también fue el encargado por Zeus de castigar a Sísifo, pero el astuto mortal consiguió engañarlo y hacerlo prisionero, librando así, por un tiempo, de su funesta presencia a los hombres. Tánato, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte.
Hay que destacar que Tánato no dio lugar a un mito propiamente dicho y la mayoría de las veces aparece reducido a una simple abstracción, al igual que a su gemelo Hipno. En el teatro griego aparece cubierto por una túnica roja y blandiendo una espada (Alcestis de Eurípides).
 

Lécito de Hipno y Tánato

Lécito de Hipno y Tánato

Es muy conocida la historia de Hipno y Tánato en la que llevaron hasta Licia el cuerpo del valeroso Sarpedón, muerto al pie de las murallas de Troya. Las fuentes literarias más arcaicas que nos han llegado de Hipno corresponden a la Ilíada donde inicialmente aparece el personaje como hermano de Tánato, ambos encargados de trasladar a Sarpedón  a un lugar donde se le pudiera realizar las honras fúnebres para continuar con su viaje al más allá. (Ilíada,  canto XVI). Hipno se nos presenta así como el dios del sueño y conduce,  junto a su hermano Tánato, a los difuntos hasta su lugar final de reposo, facilitando el cumplimiento de la premisa de las honras fúnebres heroicas en la patria del difunto, donde los honores serán mayores y ofrecidos no por los extranjeros sino por los miembros del grupo familiar.Este hecho resalta la complejidad de Hipno como personaje mitológico  incluido en el limbo de los sueños y en el de la muerte, demostrando que ambas presencias (sueño y muerte) estuvieron conectadas en el pensamiento griego antiguo. Durante todo el s. V a.C., se desarrolló un culto funerario destacable en torno a la figura de Hipno y su hermano gemelo Tánato en los que ambas personificaciones son presentadas como intermediarias entre el mundo de los vivos y el de los muertos:
[El poeta habla de Sarpedón, caudillo licio, muerto por Patroclo] […] y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte (Thanatos) y al dulce Sueño (Hypnos) que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos. (Ilíada, XVI)
Hypnos_ThanatosHipno y Tánato, en algunos casos, están cumpliendo un papel que corresponde a los familiares del difunto: se trata de la deposición del cadáver en la tumba y del acto posterior de enterramiento de los restos del muerto.
Sólo una causa puede justificar que esta deposición no la realicen los familiares al pie de una tumba en los alrededores de la ciudad en la que vivía el difunto, y es que el fallecimiento no se haya producido en el lugar en el que la persona residía y en el que se localizaban sus familiares. Así, el paralelo del Sarpedón homérico no sería sólo un medio de identificar al muerto con el héroe y hacerlo partícipe de la prestigiosa analogía mítica, sino que tendría su raíz incluso en una analogía de circunstancias con la muerte del caudillo licio. Sarpedón, lejos de su patria y sin posibilidad de recibir sepultura en ella, fue transportado míticamente por los aires para tener las honras fúnebres debidas en Licia; del mismo modo, el difunto, muerto lejos de su patria, sería transportado imaginariamente por los genios hasta la tumba en la que sus familiares le rendirían honras fúnebres.
A Hipno se le atribuyen cien hijos, entre ellos Morfeo. Cuenta un relato mítico que concedió a Endimión, dotado de extraordinaria belleza, el don de dormir eternamente, imagen que vendría a simbolizar la felicidad eterna. A menudo reducido a una pura abstracción, a Hipno se le atribuyen diversas moradas: la isla de Lemnos, según Homero; el Tártaro, según Virgilio; la lejana orilla de los cimrios, en el Ponto Euxino (actual Mar Negro), según Ovidio, que además le atribuye un palacio encantado donde todo duerme.
 Los escultores griegos representa a Hipno como un joven de rostro grave, a veces provisto de un par de alas unidas a sus sienes o bien a sus hombros, recordándonos entonces  las figuras de los ángeles.

Os recomiendo los siguientes enlaces relacionados con Hipno y Tánato: La muerte de Sarpedón; Sísifo.
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La muerte de Sarpedón

LAS EXEQUIAS DE SARPEDON

Profundo dolor tiene Zeus. Ha dado muerte

Patroclo a Sarpedón; y ahora se abalanzan

el hijo de Menecio y los aqueos a arrebatar

el cuerpo y ultrajarlo.

Pero esto no agrada en absoluto a Zeus.

A su hijo amado -al que dejó

morir: tal era la ley al

menos muerto lo honrará.

Y he aquí que envía a Apolo a la llanura

instruido de cómo cuidar el cuerpo.

Con unción y dolor el cadáver del héroe

levanta Apolo y lo lleva hasta el río.

Lo limpia del polvo y de la sangre;

cura las horribles heridas, sin dejar

que aparezca vestigio alguno; vierte sobre él

los aromas de la ambrosía; y con espléndidos ropajes

olímpicos lo viste.

Blanquea su cutis; y con una peineta de perlas

sus cabellos negrísimos peina.

Los hermosos miembros los arregla y recuesta.

Ahora parece un joven rey auriga –

en sus veinticinco años, en sus veintiséis que

reposa después haber ganado,

con un carro de oro y velocísimos caballos,

en un certamen famoso el galardón.

En cuanto Apolo hubo terminado

su misión, llamó a los dos hermanos

al Sueño y a la Muerte, ordenándoles

que el cuerpo llevaran a Licia, ese rico país.

Y hacia allá al rico país, a Licia,

viajaron estos dos hermanos

Sueño y Muerte, y cuando ya llegaron

a la puerta de la casa real,

entregaron el glorificado cuerpo,

y volvieron a sus otras preocupaciones y quehaceres.

Y cuando lo recibieron allí; en la casa, comenzó

con procesiones, y honras, y lamentos,

y con abundantes libaciones en sagradas crateras,

y con todo lo necesario, la triste sepultación;

y después hábiles artesanos de la ciudad

y afamados artífices de la piedra

vinieron a labrar el túmulo y la estela.

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Este poema pertenece al poeta griego Constantino Petrou Cavafis,  una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna.

El poema, de carácter épico-narrativo,  se centra en el Canto XVI de la Ilíada, cuando llega la hora de la muerte de Sarpedón, hijo de Zeus, a manos de Patroclo. A pesar de que la muerte de Sarpedón es discutida entre los dioses, finalmente se dictamina lo que está escrito en el destino de Sarpedón:

[Hablando de Sarpedón] deja que muera a manos de Patroclo en reñido combate; y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte y al dulce Hipno que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos.

Hypnos_Thanatos

Hypnos y Thanatos toman al difunto Sarpedón (Londres, British Museum)

Una vez muerto un guerrero, era muy común apoderarse del cadáver, ultrajarle y quitarle la armadura como recompensa por la heroica victoria. Tras un duro combate bajo la mirada de Zeus y tras ser arrebatada la armadura de Sarpedón como premio, Zeus finalmente manda a Apolo a recoger el cuerpo de su hijo para prepararle en el ritual funerario. En la Grecia antigua, un funeral era mucho más complejo que un enterramiento o una cremación del cuerpo. Se llevaban a cabo unos ritos que tenían la propiedad de ayudar al alma muerta en su tránsito del mundo de los vivos al mundo de los muertos. Del perfecto cumplimiento del ritual dependería la salvación del individuo, es decir, el alma no vagaría en una eterna angustia. Por lo tanto, el rito funerario era un eslabón tan importante como el nacimiento y el matrimonio porque los griegos consideraban la muerte un nuevo status.

Zeus accede a darle este último trato de favor al héroe Sarpedón, ya que no puede salvarle del destino de la muerte:

¡Ea, querido Febo Apolo! Ve y después de sacar a Sarpedón de entre los dardos, límpiale la negra sangre; condúcele a un sitio lejano y lávale en la corriente de un río, úngele con ambrosía, ponle vestiduras divinas y entrégalo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Hipno y la Muerte. Y éstos transportándolo con presteza, lo dejarán en el rico pueblo de la vasta Licia. Allí sus hermanos y amigos le harán exequias y le erigirán un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos (..)Apolo no desobedeció a su padre. Descendió de los montes ideos a la terrible batalla y en seguida, levantó al divino Sarpedón de entre los dardos, y conduciéndole a un sitio lejano, lo lavó en la corriente de un río, ungiólo con ambrosía, púsole vestiduras divinas y entrególo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Hipno y la Muerte. Y éstos, transportándolo con presteza, lo dejaron en el rico pueblo de la vasta Licia.

Además del rito funerario, vamos a destacar dos personificaciones de notable presencia en el pensamiento griego arcaico: Hipno (Sueño) y Tánato (Muerte)

Las fuentes literarias más arcaicas que nos han llegado de Hipno corresponden a la Ilíada donde inicialmente aparece el personaje como hermano de Tánato, ambos encargados de trasladar a Sarpedón  a un lugar donde se le puedan realizar las honras fúnebres para continuar con su viaje al más allá.

Hipno se nos presenta así como el dios del sueño y conduce,  junto a su hermano Tánato, a los difuntos hasta su lugar final de reposo, facilitando el cumplimiento de la premisa de las honras fúnebres heroicas en la patria del difunto, donde los honores serán mayores y ofrecidos no por los extranjeros sino por los miembros del grupo familiar.

Este hecho resalta la complejidad de Hipno como personaje mitológico  incluido en el limbo de los sueños y en el de la muerte, donde ambas presencias (sueño y muerte) estuvieron conectadas en el pensamiento griego antiguo. Durante todo el s. V a.C., se desarrolló un culto funerario destacable en torno a la figura de Hipno y su hermano gemelo Tánato en los que ambas personificaciones son presentadas como intermediarias entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Para concluir, cabe destacar el tema del destino como fuerza sobrenatural que guía la vida humana, que se erige como una ley que está por encima del hombre y de los dioses y no quebrantable bajo ningún concepto. Así, el autor del poema humaniza al mismísimo Zeus que  no puede evitar la trágica muerte de su propio hijo: Profundo dolor tiene Zeus.

Otros poemas de Cavafis en Animasmundi:

Ítaca

El simbolismo de Troya

Enlaces relacionados con la misma temática: Hipno y Tánato; Hermes; los sueños en Homero

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El destino de Sísifo

Sisyphus by Titian, 1549

Sisyphus by Titian, 1549 (Photo credit: Wikipedia)

¿Debemos imaginar a Sísifo feliz? Sísifo era hijo de Éolo y Enareta. Se le consideró uno de los fundadores de Corinto. Cada episodio de su leyenda es la historia de una de sus artimañas.

Cuenta la leyenda que Sísifo fue testigo casual del rapto de Egina, la hija del dios fluvial Asopo, y reveló al desconsolado padre la identidad del raptor (que no era otro que Zeus) a cambio de que este hiciese brotar un manantial en Corinto. La delación atrajo sobre Sísifo la cólera del señor del Olimpo, que le impuso un castigo ejemplar y eterno: arrojado al Tártaro, fue condenado a empujar un enorme bloque de piedra hasta lo alto de la colina, desde donde caía nuevamente hasta la base, viéndose obligado Sísifo  a empezar una y otra vez, un esfuerzo eternamente frustrado.

Una tradición diferente explica el tormento de Sísifo como castigo a otra de sus supercherías. Zeus, para vengarse de la delación de Sísifo envió a Tánato, la Muerte, para que se apoderase de él, pero fue el astuto mortal quien consiguió hacerlo prisionero y lo retuvo cargado de cadenas, librando así a los mortales por un tiempo del funesto genio alado. Tánato, liberado finalmente por Ares, reemprendió la persecución de su víctima y le dio muerte. Esta vez, Sísifo, antes de morir, rogó a su esposa que no le tributase honras fúnebres. Al llegar al Tártaro, Sísifo pudo así pedir a Hades que le permitiera regresar al mundo de los vivos con el pretexto de castigar la impiedad de su esposa. Sísifo regresó por tanto a Corinto y sus días transcurrieron dichosos hasta edad muy avanzada, pero cuando finalmente murió, los escarmentados dioses del Olimpo le impusieron el suplicio de la roca para mantenerlo ocupado sin descanso y que no pudiera así urdir nuevas tretas.

El castigo de Sísifo aparece en la Odisea (Canto XI) cuando Ulises baja al Tártaro y relata lo siguiente:

Y vi a Sísifo, que soportaba pesados dolores, llevando una enorme piedra entre sus brazos. Hacía fuerza apoyándose con manos y pies y empujaba la piedra hacia arriba, hacia la cumbre, pero cuando iba a trasponer la cresta, una poderosa fuerza le hacía volver una y otra vez y rodaba hacia la llanura la desvergonzada piedra. Sin embargo, él la empujaba de nuevo con los músculos en tensión y el sudor se deslizaba por sus miembros y el polvo caía de su cabeza.

¿Qué representa este mito?

Su castigo puede aparecer como símbolo del alma incapaz de elevarse sobre la materialidad de las cosas. Este castigo nos recuerda que no debemos quebrantar las leyes del universo y si en nuestra vida las acciones se repiten, una y otra vez, y volvemos al mismo punto, sin poder salir de una espiral negativa y fatalista, con un continuo subir para volver a caer, no debemos aceptar ese destino y transformar un castigo eterno condenado por los dioses en un afán de superación . En la vida no se vive celebrando victorias sino superando derrotas.

¿Debemos imaginar a Sísifo feliz?

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