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Los sueños en el pensamiento homérico

"La muerte y el sueño" 1874, John W. Waterhouse

“La muerte y el sueño” 1874, John W. Waterhouse

En las obras de Homero, La Ilíada y La Odisea, hay un tema que no tenemos que dejar pasar por alto: los sueños. Por eso, vamos a analizar los tipos de sueños que se dan y sus características generales más comunes, así como algunos datos reveladores que nos llamen más la atención.

En primer lugar, observamos la figura que aparece en sueños y que se dirige al soñador, se coloca sobre su cabeza y le dirige unas palabras. El contenido de este mensaje es siempre el mismo: le recuerda que está dormido y luego le trasmite una orden, una petición o unas palabras que pretenden servir de consuelo. Tras el mensaje, o bien la figura se retira y el soñador se despierta como bien se refleja en el sueño de Agamenón (La Ilíada, Libro II), o bien el soñador responde y reacciona con algún gesto, provocando que la figura se esfume como por ejemplo cuando aparece el alma de Patroclo en sueños y Aquiles intenta abrazarlo (La Iíada, Libro XXIII), o bien, sin solución de continuidad, el soñador se levanta y la figura le ayuda a llevar a cabo el mensaje como es el caso del sueño de Príamo con Hermes, (La Ilíada, Libro XIV).

También puede ocurrir que el soñador —todavía dormido— responda a la figura e incluso se entable una conversación entre ambos, tras la cual la figura desaparece y el soñador despierta, como por ejemplo en el sueño de Penélope con el fantasma de Iftima, (La Odisea, Libro XXIV). De ninguno de los casos parece desprenderse que se produzca el despertar a resultas del sueño, por la impresión que éste causa.

 El esquema resultaría de esta manera:

1. La imagen del sueño se dirige hacia el durmiente ( es muy común que se pose encima de la cabeza).

2. Presentación y leyenda de la imagen del sueño.

3. Consecuencia del sueño.

Se deduce que en Homero el sueño se concibe como algo externo al soñador, con una entidad propia y autónoma, independiente de quien sueña.

Por lo tanto, los sueños que aparecen narrados con detalle en Homero son sueños directos, en los que la figura onírica se presenta al soñador y le dirige un mensaje.

Tan sólo tenemos un ejemplo de un sueño simbólico, el de Penélope con las ocas (La Odisea, Libro XIX) que, por otra parte, es el sueño narrado más extensamente.

El sueño simbólico es un tipo que, con toda seguridad, conocía Homero porque además era un tipo de sueños bien atestiguado en civilizaciones más antiguas. A consecuencia de este sueño, Penélope invoca al comienzo del pasaje al mendigo para que interprete el sueño que a continuación y sin especificar las circunstancias en las que se ha producido, pasa a describir. A lo largo de la narración, Penélope hace hincapié en el hecho de que se trata de un sueño, lo que llamaban los griegos óneiros (somnium, en latín). En La Odisea, Penélope refiere a este mendigo (Ulises) la visión que ha tenido, expresando al finalizar:

Hay sueños inescrutables y de lenguaje oscuro y no se cumple todo lo que anuncian a los hombres. Hay dos puertas para los leves sueños: una, construida de cuerno, y otra, de marfil. Los que vienen por el bruñido marfil nos engañan, trayéndonos palabras sin efecto, y los que salen por el pulimentado cuerno anuncian al mortal que los ve cosas que realmente han de verificarse

Por otra parte, Homero dota al sueño de un mensaje de carácter divino: “—Escuchad, amigos míos; mientras dormía, he tenido un sueño divino. Ahora estamos muy lejos de las naves; que uno de vosotros vaya a decirle al hijo de Atreo, al divino Agamenón, pastor de pueblos, que haga venir a este lugar, lejos de las naves, un mayor número de guerreros” (La Odisea, Libro XIV)

Como se puede observar, en los antiguos griegos los sueños adivinatorios son ya signos de acontecimientos futuros.

Según los griegos, hay cinco tipos diferentes para definir los sueños. Tenemos el óneiros, que los latinos llaman somnium, explicado en líneas anteriores.

Después, el hórama, que es denominado propiamente visión (visio). Pongamos un ejemplo: Pisístrato estaba sumido en un profundo sueño; pero Telémaco no podía disfrutar del placer del sueño, y en su alma, durante toda la noche, el pensamiento de su padre le tenía desvelado. La diosa entonces se acerca al héroe y le habla en los siguientes términos:

—Telémaco, no es conveniente que estés por más tiempo alejado de tu casa (La Odisea, Libro XV)

 Por lo tanto, los sueños no siempre se dan en el dormir y éste se caracteriza como un estado durante el cual el sujeto pierde contacto sensorial con el mundo externo. Los griegos consideraban que las visiones tienen su origen en la misma facultad que produce las ilusiones durante la vigilia, es decir, en la imaginación o fantasía. Se los debe considerar, pues, actos del alma sensitiva.

Otro tipo es el krematismós, que se conoce por oráculo (oraculum). Existen lugares llamados oráculos donde se dirigían para interpretar sueños o señales enviadas por los dioses. Quien los interpreta es el sacerdote. Si se desobedece a un sacerdote se esta desobedeciendo a un dios (los dioses pueden otorgar dones a los hombres). “Canta, oh diosa, la cólera pélida Aquilea” así da comienzo el canto I de La Ilíada. Ya que Agamenón, jefe de los aqueos, había provocado la ira de Apolo, al faltarle al respeto a su sacerdote, Crises. A veces, a través del sueño canalizaban el mensaje que interpretaba la sacerdotisa.

Asimismo, En la Ilíada (Libro I) Aquiles se cuestiona la actitud del dios Apolo, para lo cual consulta a un intérprete de sueños (oneiropólos), mencionándose a su vez a Euridamante, viejo practicante de dicho arte.

Hay que destacar que es muy común que los dioses intervengan directamente en los sueños para comunicarle algo a cada individuo.

Otro tipo de sueño es el denominado el enýpnion, que designamos por ensueño (insomnium); este término expresa única y exclusivamente el sueño en cuanto al acto de dormir, al igual que Hipno. “El divino Sueño vino a mí en sueños durante la inmortal noche. (La Ilíada, Libro II). “Así habló, y el Ensueño partió después de oír estas palabras. Llegó velozmente a las rápidas naves de los aqueos y se dirigió al Atrida Agamenón; lo encontró durmiendo en la tienda, y a su alrededor se extendió el inmortal Sueño” (La Ilíada, Libro Il).

Por último, el phántasma, que se le puede asignar el nombre de aparición. En La Ilíada (Libro XXIII), quien se aparece es un difunto. Cuando el muerto Patroclo se aparece en sueños a Aquiles, le pide que haga incinerar su cuerpo, ya que, al no haber sido enterrado, no podría cruzar el río que le separa del Hades.

En definitiva, el sueño fue en la Antigüedad una incógnita más de cuantas rodeaban al ser humano. En un primer momento, la aproximación del hombre griego al fenómeno onírico debió plasmarse en la tradición oral, basada en la experiencia práctica e influenciada por corrientes orientales. Las fuentes antiguas confirman un conocimiento muy difundido a nivel popular, juzgándose el sueño como el vehículo idóneo para la expresión de la voluntad divina, realizándose a su vez la interpretación de las visiones portadoras de un mensaje alegórico.

Enlace recomendado sobre la misma temática: Hypno y Tánato;

Obras de referencias recomendadas:
Iliada (B. BÁSICA GREDOS)
Odisea (CLÁSICA)
Los libros griegos de interpretacion de sueños

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