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¿Hay una vida? Antes de la muerte

English: Prometeo (O/C, 193,5 x 155,5)

Prometeo

La creencia más extendida en la sociedad griega era que al morir las almas de los seres humanos, como si de un humo o sombras se tratasen, se desvanecían y se dirigían al Hades. Homero ofrece un mundo escatológico que condicionaría posteriormente a Virgilio en La Eneida (Libro VI). Homero detalla un lugar oscuro, de paisajes nebulosos, de temperatura gélida donde las almas, desprovistas de toda consistencia física, se confinan entre ellas (El alma de los muertos en Homero).

Cuando Ulises baja al Hades y se encuentra a Aquiles, éste le responde contundentemente la amarga desesperanza de las almas de los muertos: no me consueles de la muerte, Ulises. Preferiría estar en la tierra y servir a un hombre pobre, sin muchos medios de vida, que ser el señor de todos los consumidos. (La Odisea, Canto XI)

Por lo tanto, se creía que el alma llega a su fin  al término de la vida y no perdura después de la muerte. Sin embargo, la sabiduría de algunos privilegiados (pitagóricos, órficos..) suscitaron una cuestión sobre el tema del alma: si la muerte consiste en ir al Tártaro, y la vida, en estar con los dioses, ¿qué hay que entender por muerte del alma y por vida si se establece lo que se entiende por infiernos y teniendo en cuenta la creencia de que el alma muere cuando está presa en el cuerpo y de que, por el contrario, goza de la vida y sobrevive realmente cuando está lejos de él?

Antes de que la filosofía surgiera como una actitud crítica y racionalizadora, los órficos y los pitagóricos, a través de los ritos iniciáticos, abogaron por la idea de que los infiernos no eran más que los propios cuerpos, en los que las almas, encerradas, sufrían una prisión temporal a causa de los placeres de la tierra. A este cuerpo le denominaron “sepulcro del alma”, o “cavidades de Plutón” haciéndonos ver que el alma olvida su verdadera naturaleza divina que posee antes de ser precipitada al cuerpo, anulando sus principales facultades: memoria, inteligencia y voluntad.

Igualmente, la cúpula de la sabiduría griega creía que el mito sobre castigos del alma había sido tomado de la propia experiencia de las relaciones humanas: el águila que devora el hígado inmortal, en el mito de Prometeo, es la viva imagen de los tormentos de la conciencia, que hiende las entrañas de nuestro interior, por conductas vergonzosas, despedazando las partes vitales evocando infatigablemente el crimen cometido, avivando las preocupaciones, si acaso éstas tienden a calmarse, agarrándose a ellas como al hígado renaciente. También dicen que aquellos que se mueren de hambre y desfallecen de inanición, aun cuando tienen manjares situados delante  de sus ojos, como en el mito de Tántalo, son los hombres a quienes el deseo de poseer más y más cosas incita a no darse cuenta de la abundancia presente; miserables en la opulencia, sufren en la abundancia los males de la pobreza, incapaces de reparar en sus posesiones mientras codician nuevas riquezas. La historia se repite en el mito de Sísifo para hacer rodar una enorme roca hasta la cima de la montaña para volver nuevamente a caer, por aquellos que ambicionan altos cargos con fines corruptos.

¿Hay una vida?En definitiva, en la sociedad griega no sospecharon en vano todo esto y los cultivadores verdaderos de la filosofía añadieron después estas consideraciones. Por esta razón, los pitagóricos manifestaron que existían dos muertes: la de alma y la del ser animado, afirmando que el ser animado muere cuando el alma sale del cuerpo, en tanto que la propia alma muere cuando deja la fuente única e indivisible de la naturaleza divina para dispersarse por el organismo del cuerpo. La primera de estas afirmaciones es evidente y conocida por todos; la segunda no es admitida más que por los sabios, mientras que la sociedad cree que es la vida.

Obras de referencias recomendadas:

 Enlaces sobre la misma temática:
  1. El Orfismo
  2. La transmigración del alma
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El alma a través del mito

Cupid and Psyche

Cupid and Psyche (Photo credit: Wikipedia)

La sociedad de la antigua Grecia se apoyaba en el mito cuando hablaba del alma y de otras divinidades. Por ejemplo, a Psique se le conocía como la personificación del alma (psiqué en griego). Este relato simboliza el destino del alma humana, dividida por la atracción opuesta que sobre ella ejercen el amor divino y el amor terrestre. El mito de Psique aparece por primera vez  en el Cuento de Amor y de Psique, relato inserto en las Metamorfosis o El asno de oro de Apuleyo (siglo II d. C.). Este mito aparece repetidas veces en autores platónicos y neoplatónicos, que veían en el mito la promesa de una felicidad eterna en el más allá. En la iconografía antigua, Psique aparece representada como una mariposa, quizás simbolizando la ascensión del sujeto a la consciencia.
Por otra parte, Se puede hablar de transmigración de una entidad personal que cambia de cuerpo a lo largo de las generaciones. A esta entidad, que otros autores denominan “alma”, Empédocles le da el nombre de demon, lo que subraya su carácter divino, ya que en la tradición griega la palabra “demon” (daimón) se aplica siempre a entidades divinas:  ¿Cómo es que has vuelto, Ulises? ¿Qué demón maligno ha caído sobre ti? (La Odisea)

  Es cierto que los grandes pensadores de la época no admitían elementos míticos, por lícitos que estos fueran , en todas las discusiones; aún así, solían utilizarlos cuando hablaban del alma o del éter.

Los mitos (mythos, en griego, fabulae en latín), expresan un grado de falsedad, tal como indica su nombre. Fueron creados para causar placer a los oyentes o también para exhortarlos a llevar a cabo buenas acciones. Sin embargo, en otros mitos el argumento se basa en una sólida interpretación de la naturaleza aunque esa misma objetividad es presentada por medio de algunos elementos inventados. Entonces, se les llama relato mítico (no fábula) como los rituales religiosos, lo que relatan Hesíodo y Orfeo sobre la genealogía y las andanzas de los dioses o, por ejemplo, los conceptos místicos que desarrollan los pitagóricos. Ellos sostenían la idea de que el universo entero se podía explicar y entender con números. Consideraban al Uno como la mónada, es decir, la unidad, la fuente y el origen de los números. Esta mónada, hacía referencia al dios supremo. Cuando el tema giraba en torno al dios supremo, soberano de los demás dioses, que los griegos denominaban el Bien (tagathón) y la Causa Primera (prôton aítion), o a la Mente, llamada noûs por los griegos, no empleaban ningún elemento mítico. Por esta razón, los antiguos no levantaron ninguna estatua del Bien, mientras que las erigían en honor de los otros dioses, ya que el dios supremo y la Mente nacida de él estaban más allá del Alma, así como por encima de la naturaleza, por lo cual sería irreverente acceder a ellos a partir de los mitos.

Por último, a la hora de exponer el relato mítico sobre el alma, la exposición nunca se presentaba como ofensa alguna a la cuestión que se debatía. Sin embargo, la fábula podía componerse de obscenidades, como Zeus amputando los genitales a su padre, o Hefesto abriéndole la cabeza a Zeus y Atenea saliendo de ella.

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