Viaje a Grecia: el santuario de Delfos (Parte III)

En la antigua Grecia, el culto se celebra en lugares concretos llamados santuarios, a los que la presencia de la divinidad convierte en lugares sagrados e inviolables. Algunas prohibiciones eran, por destacar las más llamativas: entrar de manera impura, morirse en ellos o cortar ramas (olivo, sobre todo). Otro aspecto a tener en cuenta es la imposibilidad de cambiarlos de lugar o modificarlos  sin haber tomado las precauciones pertinentes. Estos lugares presentan unas características comunes determinadas por las necesidades naturales del ritual: fuentes, bosques, rocas;así como las necesidades arquitectónicas:  un muro de piedra o una valla vegetal podían delimitar su perímetro y diferenciarlos de la tierra profana. Los santuarios podían estar localizados en el centro urbano o en el campo. Pero todos tienen un elemento común: el altar. Diríamos que es el elemento principal e indispensable para la vida religiosa que transforma cualquier espacio en un lugar sagrado.

Maqueta del Santuario de Delfos

El santuario de Delfos puede tomarse como ejemplo para entender las características particulares de la religión griega que se han mencionado en el párrafo anterior. Lógicamente, Delfos se convirtió no sólo en un lugar de culto, sino también un lugar de referencia para la realización de otras prácticas no menos importante, como es el deporte y la música. La música, el deporte y la religión eran los basamentos que definían a Delfos.

El funcionamiento del oráculo empezó en el siglo VIII a.C., un poco antes de la época de Homero. Los restos no nos permite hacer una lectura anterior debido a su complejidad. Anterior al siglo VIII a.C., o sea, en el periodo micénico rendían culto de algún modo a una fuerza natural relacionada con Gea. Gea tuvo como icono a la serpiente pitón y una adivina (Temis, la diosa de la Justicia). Pero poco más se puede decir sobre el santuario.

Como referencia a mi visita a Delfos, Pausanias nos marca la ruta que se ha de seguir.  A continuación, detallo una breve descripción de mi visita al santuario oracular por excelencia:

  1. Atenea Pronaia: edificio redondo, reconstrucción de una obra muy importante (siglo IV a.C.) por Teodoro de Fódice. El acceso se realizaba desde la parte baja de la ciudad, conocida como Marmaria, donde se observa el tholos o templo circular de Atenea Pronaia. El templo antiguo estaba dedicado a Atenea y era uno de los más antiguos templos griegos, sobre el 650 a.C. El Tholos es un edificio circular poco frecuente en otros santuarios. Su finalidad sigue siendo objeto de controversia. Nos los podemos encontrar también en Epidauro. Son los dos únicos santuarios con Tholos.   

     

    Vista panorámica de el Gimnasio (Wikipedia).

    2. Gimnasio: Pausanias no le da importancia, solo menciona que Ulises fue herido en el pie por un jabalí. Es el gimnasio más antiguo que nos encontramos (S.IV a.C.). Al lado hay otra pista que servía para entrenarse cuando no llovía. Delfos tenía unas instalaciones cubiertas y no cubiertas para paliar las necesidades durante todo el año. También, contaba con una piscina (cisterna), su finalidad era exclusivamente para refrescarse. Era circular de 1o metros de diámetros. También se contaba con una palestra, una zona de entrenamiento para los atletas. Subiendo del gimnasio por el camino que conduce al santuario nos encontramos:

    1. Fuentes Castalia: es la inspiración de la poesía pues los poetas bebían mentalmente de sus aguas cristalinas que le ofrecía Apolo. Antes de entrar en el santuario, los peregrinos tenían que purificarse en dicha Fuente. Píndaro afirmó: “suprema es el agua”. La fuente aún es hermosa, pues el paraje natural, como podéis imaginar, la embellece mucho más.

    Fuentes Castalia

    Vía Sacra

  2. Entrada del Santuario de Apolo: Plutarco es otro guía para entender Delfos, sus escritos narran muy bien el trazado de todo el recinto. De hecho, fue Sacerdote de Delfos (95 d. C. ) y sus apuntes hacen mucho más interesantes la visita a Delfos. (Para ampliar más información: Plutarco). Digamos que la entrada principal del santuario de Apolo comenzaría  desde la Vía Sacra (véase imagen de arriba). Cuando uno entra al recinto sagrado no tenemos que perder de vista todos los ángulos, porque según avancemos tenemos que recrear las imágenes sucesivas que las obras de arte nos ofrecen. Impresiona contemplar tantas obras de arte originales en un ambiente natural, un museo al aire libre. El santuario acoge otros edificios directamente relacionado con el culto, los llamados tesoros, o con las necesidades comunes para los visitantes, como por ejemplo, el teatro, el gimnasio o el estadio. Para todas las ofrendas y tesoros expuestos hay siempre detrás un mito o una historia de guerra vinculada con el santuario, en agradecimiento o bien como una demostración de poder y riqueza de las diferentes ciudades estados. Como me es imposible mencionar todas, citaré aquellas que más me han gustado:El tesoro de los atenienses: es uno de los ex votos más conocidos y el que tiene una distinción especial sobre los demás. Las principales escenas que presenta son: la Amazonomaquía, las heroicidades de Teseo y los trabajos de Hércules. Dentro se guardaban los ex votos que donaba la ciudad. El tesoro de los Atenienses se erigió para conmemorar una victoria ateniense, un acontecimiento histórico de la polis o bien, como otros autores atestiguan, para manifestar en el sagrado recinto de Delfos, la devoción y la riqueza de la ciudad que lo donaba. Otros monumentos del mismo calado serían: el tesoro de los Beocios, el de los Megarenses, el de los Sifnios, el de los Etolios, el de los Corintios, entre otros. Todos ellos con la misma finalidad que el Tesoro de los Atenienses. El ónfalos (reconstrucción) está situado en la parte lateral de la Vía Sacra, al lado del Tesoro de los Atenienses.

    El ónfalo, en primer plano.

    Me encuentro en la plaza, frente al Templo de Apolo, justamente en la rampa de entrada al pronao (reconstruida), ¡¡Qué maravilla!!

En la pronao estaban las dos frases lacónicas y cargadas de sabiduría: “Conócete a ti mismo” y “Nada en exceso”. Sabios principios. Sin embargo, había otra inscripción, muy curiosa y que ha sido fruto de debate durante siglos y siglos: la “E”, la que dio más controversia a los sabios griegos. Concretamente, Plutarco escribió un tratado titulado “Sobre la E”. La “E” es la quinta letra del alfabeto griego (epsylon). Sin embargo, fue Amonio, el maestro-filosófico de Plutarco, quien expuso que la “E”  significa “Eres” , en una palabra, la divinidad Apolo “Es” mientras que el hombre se mueve en el devenir de los tiempos. Esta reflexión nos recuerda a la formulación bíblica de quién es Dios y la respuesta es rotunda: Dios es el que es. El planteamiento de Plutarco resulta muy interesante y reflexivo para abrir un hilo de debate sobre  la “E”.

 

El templo de Apolo, visto desde la parte superior del santuario.

El teatro tenía una capacidad para 5.000 espectadores. Las representaciones eran dramáticas y líricas. Como dato curioso, al ser un lugar muy frecuentado, sobre sus muros tenían grabados diferentes actas y decretos que necesitaban divulgación.

El Estadio

La primera construcción del estadio se remonta al s. V a.C, así lo confirma la inscripción grabada en la parte externa del muro sur del estadio. Como era normal, al principio no había asientos; los asientos de piedra del Parnaso fueron construidos gracias a la portación de Herodes Ático en los tiempos del emperador Adriano. Este estadio (178, 35m) es un poco más pequeño que el de Olimpia (212, 54 m) pues la pista de Olimpia se midió con los pies de Hércules (697,3 pies), como cita el mito.

Ahora se entiende que Delfos  se le conoce como “ómfalos”, el “centro” u “ombligo” del mundo durante más de mil años. Ciudadanos de todo el mundo y reyes de todas las patrias acudían desde los lugares más remotos para consultar a la sacerdotisa del oráculo, para construir monumentos a los dioses en oro, mármol, bronce y piedra y para participar en competiciones atléticas o musicales. A partir de hoy, espero que Delfos sea una visita obligada para los amantes de la cultura griega, para aquellos que quieran descubrir algo nuevo y diferente y, sobre todo, sentir esa fuerza que había allí presente, sin igual, y que pululaba alrededor del santuario.

Delfos me conquistó, me desbordó y me abrió un nuevo horizonte para entender el pensamiento griego.

Tomo prestadas las palabras de la autora literaria Aurora Luque para concluir mi viaje   a Delfos:

Cómo podría desintoxicarme. Dependo de por vida de una droga. De Grecia.

 

Bibliografía:

  • Petsas F. M. Delfos. Sus monumentos y su museo. Ediciones CRINI, 2004.
  • Kaplan M. El mundo griego. Universidad de Granada.

Me ha sido de gran utilidad para ampliar más información sobre Delfos:

  • Conferencia sobre Delfos realizada por Miguel Ángel Elvira Barba (Canal Youtube Fundación Juan March)

 

 

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