El alma a través del mito

Cupid and Psyche

Cupid and Psyche (Photo credit: Wikipedia)

La sociedad de la antigua Grecia se apoyaba en el mito cuando hablaba del alma y de otras divinidades. Por ejemplo, a Psique se le conocía como la personificación del alma (psiqué en griego). Este relato simboliza el destino del alma humana, dividida por la atracción opuesta que sobre ella ejercen el amor divino y el amor terrestre. El mito de Psique aparece por primera vez  en el Cuento de Amor y de Psique, relato inserto en las Metamorfosis o El asno de oro de Apuleyo (siglo II d. C.). Este mito aparece repetidas veces en autores platónicos y neoplatónicos, que veían en el mito la promesa de una felicidad eterna en el más allá. En la iconografía antigua, Psique aparece representada como una mariposa, quizás simbolizando la ascensión del sujeto a la consciencia.
Por otra parte, Se puede hablar de transmigración de una entidad personal que cambia de cuerpo a lo largo de las generaciones. A esta entidad, que otros autores denominan “alma”, Empédocles le da el nombre de demon, lo que subraya su carácter divino, ya que en la tradición griega la palabra “demon” (daimón) se aplica siempre a entidades divinas:  ¿Cómo es que has vuelto, Ulises? ¿Qué demón maligno ha caído sobre ti? (La Odisea)

  Es cierto que los grandes pensadores de la época no admitían elementos míticos, por lícitos que estos fueran , en todas las discusiones; aún así, solían utilizarlos cuando hablaban del alma o del éter.

Los mitos (mythos, en griego, fabulae en latín), expresan un grado de falsedad, tal como indica su nombre. Fueron creados para causar placer a los oyentes o también para exhortarlos a llevar a cabo buenas acciones. Sin embargo, en otros mitos el argumento se basa en una sólida interpretación de la naturaleza aunque esa misma objetividad es presentada por medio de algunos elementos inventados. Entonces, se les llama relato mítico (no fábula) como los rituales religiosos, lo que relatan Hesíodo y Orfeo sobre la genealogía y las andanzas de los dioses o, por ejemplo, los conceptos místicos que desarrollan los pitagóricos. Ellos sostenían la idea de que el universo entero se podía explicar y entender con números. Consideraban al Uno como la mónada, es decir, la unidad, la fuente y el origen de los números. Esta mónada, hacía referencia al dios supremo. Cuando el tema giraba en torno al dios supremo, soberano de los demás dioses, que los griegos denominaban el Bien (tagathón) y la Causa Primera (prôton aítion), o a la Mente, llamada noûs por los griegos, no empleaban ningún elemento mítico. Por esta razón, los antiguos no levantaron ninguna estatua del Bien, mientras que las erigían en honor de los otros dioses, ya que el dios supremo y la Mente nacida de él estaban más allá del Alma, así como por encima de la naturaleza, por lo cual sería irreverente acceder a ellos a partir de los mitos.

Por último, a la hora de exponer el relato mítico sobre el alma, la exposición nunca se presentaba como ofensa alguna a la cuestión que se debatía. Sin embargo, la fábula podía componerse de obscenidades, como Zeus amputando los genitales a su padre, o Hefesto abriéndole la cabeza a Zeus y Atenea saliendo de ella.

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