Las Keres

(Átropos/Las Parcas), Atropos (The Fates), 181...

(Átropos/Las Parcas), Atropos (The Fates), 1819-1823 (Photo credit: Wikipedia)

En la mitología griega, las Keres (en singular, Ker) eran espíritus femeninos de la muerte. En algunos textos, Ker es la diosa de la muerte violenta. Según Hesíodo, las Keres eran hermanas del Destino (las Moiras), la Condenación (Moros), la Muerte y el Sueño (Tánatos e Hipnos), la Discordia (Eris), la Vejez (Geras), y la Venganza (Némesis).
En la bajada de Ulises al Hades le pregunta a su madre ¿Qué Ker de la terrible muerte te dominó?
También, eran descritas como seres oscuros, con dientes y garras rechinantes, sedientos de sangre humana. Sobrevolaban el campo de batalla buscando hombres moribundos o heridos. Una descripción de las Keres se encuentra en el libro titulado El Escudo de Heracles:
Las negras Fatalidades rechinando sus dientes blancos, ojos severos, fieras, sangrientas, aterradoramente se enfrentaron a los hombres agonizantes, pues estaban deseosas de beber su sangre oscura. Tan pronto como agarraban a un hombre que había caído o acababa de ser herido, una de ellas apretaba sus grandes garras en torno a él y su alma bajaba al Hades, al frío Tártaro. Y cuando había satisfecho sus corazones con sangre humana, arrojaban a ése tras ellas y se apresuraban de vuelta a la batalla y el tumulto.
El término Keres también se ha usado para describir el destino de una persona. Un ejemplo de esto puede hallarse en la Ilíada cuando Aquiles tiene que hacer la elección (o Keres) entre una larga y anónima vida en su hogar o la muerte en Troya y la gloria eterna. También, cuando Aquiles y Héctor van a enfrentarse en una pelea a muerte, Zeus pesa las keres de ambos guerreros para determinar quién morirá. Como la ker de Héctor se consideró más pesada, se le destinó a morir.
Para terminar, durante el festival conocido como Antesteria, las Keres eran ahuyentadas. Sus equivalentes romanas eran Letum (‘muerte’) o las Tenebrae (sombras).
El festival tenía lugar en primavera, durante el undécimo, duodécimo y decimotercer día del mes de Antesterio. Estaba dedicado a Dioniso y recibía su nombre de la floración de los zarcillos de las viñas. El proverbio: “Fuera de aquí, Keres, las Antesterias han terminado” surgió como fórmula para alejar a los espíritus de los muertos, que aparecían en la ciudad durante las celebraciones.
Según las fuentes eruditas, el día comenzaba con la masticación de hojas de espino cerval, una planta de sabor bastante desagradable, que tenía la reputación de detener a las apariciones.

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